Inicio Foros La Obra de JRR Tolkien El Silmarillion La lujuria de Morgoth Re: La lujuria de Morgoth

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Ilunen
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Y esto es para las restantes íngeles de Mandos, en especial para Nazgwen, para ver si se inspira y algún dí­a nos dibuja su versión especial del Thangorodrim que un dí­a nos prometió (esto, no es mí­o, es una traducción de un original en inglés "The Vain Songs")

ESCENAS DE AMOR I

“Esto… realmente”, dice Fingon

Indignado

“Ese bestia

Podrí­a haber usado algo mas blando.

¿Me pregunto si recuerdas

nuestras tiras de terciopelo…?”

“Amado”, grita temerariamente

“Amado, amado

Amado

Hermano

Amigo

Mi pretensión no es otra que morir aquí­. Serás

Tan amable como para ayudarme a conseguirlo

O de lo contrario, marchar y

Dejarme perecer en paz”

Fingon, cerniéndose ansioso sobre su cabeza

Al águila mira confuso.

“Un ruego es un ruego” Thorontor sacude su emplumada cabeza.

“Has obtenido aquello que pediste.

Con una condición: usa lo que se te ha concedido

O esfúmate.

¿Acaso crees que Manwë administra,

Además de Arda, una empresa de transporte?”

“Bien, lo que yo he pedido es morir”, brama él

(O lo intenta, su voz

En un tiempo suave y oscura como el vino

Ahora suena reseca y quebrada

– Ciertas princesas élficas

Podrí­an sin duda sentirse atraí­das. Sin duda -)

“Conflicto de intereses”, dice la altamente diplomática ave.

“Yo, si por mi fuera, te dejarí­a colgando sin problemas

Pero aquí­ el joven Findekano tiene otros planes, según parece”

“Y no podrí­a simplemente…” gruñe él

“Findekano, amado, jodido idiota

Maldigo tu corazón heroico

Ahora márchate, te lo ruego, márchate

Haz de tu padre el rey

Di a todos los demás que así­ lo he querido yo

Y, mi amor, cuando tengas un hijo

Condúcelo hasta aquí­ en cuanto tenga la edad

A través de las rocas y los orcos y el polvo susurrante

Y háblale de mi fuerza, de mi valor, de mi determinación

Pero por encima de todo, acuérdate de

Hablarle de mi belleza”

“Y tanto”, suelta decidido Fingon,

Las lágrimas obstruyéndole la nariz, “ya que estamos

En plan melodramático y todo eso, dejemos que yo tenga un hijo. Si, ¿por qué no?.

Vete a la mierda.

Dime, Russandol,

¿Acaso te parece que he puesto

Un huevo élfico

Mientras atravesaba el Hielo?.

No. Entonces cierra la boca por un momento

Mientras yo sesgo tu-

Mira, con mi cuchillo de plata

De genuina hechura telerin

De doble filo”

“Estupendo”, dice él con calma

“Que te jodan si de verdad piensas

que voy a dejar que me toques con eso”

La superficie de la roca es escarpada,

Callada y ominosa. Ellos son tan solo dos

Blancas, agotadas motas en ella,

Apenas visibles, pero el recuerdo enciende,

Incluso desde la distancia

Una mecha en los ojos de Fingon, afilados como navajas.

Dulce y cortante y amargamente habla.

“Durante todo este camino, Maitimo, durante todo este camino

Yo podrí­a haber perdido mas de cien trozos de mi cuerpo

Podrí­a haber muerto.

Podrí­a haber olvidado.

Pero aun tengo los muslos despellejados de la marcha

Y estoy vivo

Y recuerdo.

Un mugriento, asqueante proto-hippy pareces ahora,

Tus palabras igualmente estúpidas, tan estúpidas.

Pero yo

Te amo.

Te

Amo.

Luego elige, tu mano, o yo”.

Llora. Levanta la cabeza. Asiente.

Fingon procede.

Por decir algo, comenta:

“Tendrás un nuevo nombre, Maedhros.

Ya nunca más el bien formado. Por supuesto” meditativamente

“Habrí­a sido irónico

Dadas las circunstancias. ¿Te gusta “Maedhros”?”

“Eru Eru Eru Eru Eru”, grita Maedhros

ferviente como el deseo de un águila.

Pero Thangorodrim, ay, es una tierra hermética.

Mas adelante, se demostrará que no estaba hecha a prueba de Valar

(ya nada nunca más fue lo mismo después de Luthien)

pero hoy Thangorodrim está a salvo de Dios.

“Pobre pelirrojo”, suspira Él

procediendo a tachar “Maitimo”

“Era un violonchelista excelente, por cierto”.