
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Historia de Heren Fanyarëa
1- Génesis Nublado
(Ha sido dicho que) ...en tiempos aun más remotos, tras una larga y feroz batalla, un águila y un vampiro cedieron (...) El águila consideró (...) y el vampiro negó (...)
Entonces es probable que existan seres que hayan entregado su alma a este mito. Es probable, tanto que en el interior de algunos vivan ambas fuerzas enfrentadas en inconcebible hermandad, como es posible que haya quienes hayan asumido ambas pieles, ambas sangres y ambos apetitos...
Avari, de los Quendi y Glinhari, de los Naugrim fueron los primeros en servir al culto de la Unión Sibilina. Más tarde los Avari recibieron y cultivaron a los Atani, mientras los Glinhari se dedicaban a sus prodigiosas obras de la tierra, la piedra y el metal.
El tiempo abandonó a la Unión a la providencia. El origen se volvió abstruso, y perdió la forma de entidad a la que admirar y de quien aprender, pasó a ser un oscuro mito en el cual por pasión creer y envolverse, y por fe, servir. Quedaron ocultos aquellas (...) contra el viento de fanyarë. También pasaron a verse con recelo y curiosidad aquellos quienes por casta tenían facultades de metamorfosis. Sólo quedó el misterio y un grupo de hijos de Iluvatar que se entregaba a él.
Los elfos vivieron en el desenfreno de los instintos, librando la conciencia a la voluntad de las pulsiones del cuerpo y la mente. También elaboraron un alto sentimiento de aristocracia y nobleza reflejado en su porte de orgullo y esplendor. Tal cultura la heredaron a los hombres quienes, nacidos de cuna más noble e ingenua, asumieron la palabra de aquellos que no morían como la Afirmación de lo que era y de lo que debía ser. Los enanos sin embargo, pareciendo ser los más apartados de la comunidad, fueron quienes mayor alteración sufrieron en su ser, estando tan dentro y tan fuera de la relación entre elfos y mortales; perdieron la sacralidad de la tierra para mirar hacia los cielos, hacia el aire, las nubes y el viento, y el deseo de modelarlos.
La carne de los hombres, independiente de fortunas, fue objeto voluntario de experimentos. Las mentes de los elfos elaboraron un juego de progenie y una vida política basada en una religión mistérica que primeros dominaron.
El primer revés llegaría a causa del olvido...
2- Levedad y Orgullo, La Bruma
En el monte reinaban los reyes elfos, los nobles humamos y los señores enanos. En relativa armonía, sostenida por la Querencia, así llamaban entonces a lo que hubiera sido una vez un severo culto. Los habitantes del monte vivían en constante derroche de dones y placeres, una felicidad que se servía tanto del día como de la noche, del calor como del frío, de la vida... como de la muerte...
Entonces llegó la sombra.
Entre amistades y promiscuidad, las castas que habían heredado la señoría gracias al culto antiguo, estaban envueltas en sí mismas.
El rey elfo Vilwë, a quien se llamaba Tarinya, desposaba a la reina avari Kharsinna.
El rey humano Hanad, o Hanahir, de los hombres desposaba a la reina Neneara de los hombres.
Las versiones son todas dudosas y probables, la verdad cierta quedó en pocas manos. Pero en todas intervino la sombra, oscureciendo uno o más espíritus. Poco se sabrá de todas formas, sólo que había un malévolo interés tras los hechos de aquellos tiempos que escapó a las pericias y perspicacias de quienes vivieron esos días en la reflexión y el razonamiento, en la búsqueda de un veredicto justo: (...)
Tarinya, dicen amaba a su mujer en extremo. Habían compartido inolvidables momentos y aventuras, y habían encontrado una misma visión en la vida. Además adoraba su forma de ser y de comportarse, y tenían una excelente relación romántica y amorosa. Tarinya también había estrechado lazos muy profundos con Neneara, eran amigos, aunque muchos han hablado de algo más, algo intenso, o algo perverso. Lo que sí es sabido es que Tarinya se compadecía en extremo del don de los hombres, en su mente había dejado de ser un don para ser una condena, por eso protegía mucho a los hombres, y sobreprotegía en demasía a la mujer que reinaba sobre ellos. Esto cercenó la relación con su mujer... nunca pudo comprobarse, pero al menos es lo que algunos dijeron. Se habló también de que Vilwë no toleraba los amoríos de su mujer con Hanad.
Kharissnna era una escultural elfa, en ella residían muchas de las facultades sacerdotales de la comunidad. Era alta y su piel tenía un tono broncíneo que la distinguía del resto. Voluptuosa y libertina dedicaba tanto tiempo a los placeres como a las obsesiones. Ella fue quien reclutó humanos para ensayos, dedicó su cuerpo a los instintos y su mente a carnalizar el culto. Cautivada por la religión, y obsesiva, tal vez haya cometido atrocidades innombrables. Dicen que era bella y gentil, aunque pasional, y que su mirada inspiraba encanto. Pero también dicen que sus ojos se convertían en la vista de Neneara, y dicen que los ojos de la mujer humana también cambiaban cuando se enfrentaban a los suyos. Había cierto hambre allí, y cierto terror, como cierto terrible resentimiento. Era más condescendiente que con nadie con Hanahir, a quien hizo conocer muchos de sus secretos y otorgó muchos tesoros. Por supuesto, es muy probable que hayan sido amantes. Si había un humano al que Kharissnna respetaba, este era Hanahir. Algo en él destacaba para ella, que veía mucho mas allá de lo superficial. Como sacerdotisa, Kharissnna dijo que la tierra allí donde se consumieran los cuerpos de los humanos, sería entonces su propio reino. Y aquel dicho tomó calidad sagrada... para unos.
Hanad cultivaba la diplomacia, veía la unión de la comunidad como una merced, como un poder en sí mismo. Un poder que beneficiaba a los suyos. Hanad se había hecho un gran líder, y se sentía orgulloso, pero tenía una terrible flaqueza. Hanad temía a la muerte, le temía con desesperación, y en el camino hizo lo imposible para encontrar la fórmula que lo acercara a esa deseada eterna vida élfica. Hanad cultivaba mucha amistad, tanto con humanos, como con elfos, pero estos últimos siempre le inspiraban mas atracción, era como si rodeándose de ellos le contagiarían su inmortalidad. Hanad estaba atrapado por Kharissnna, amaba a Neneara, pero la elfa era inevitable. Además en su porte poderoso, le había ofrecido dones en los que divisaba la eternidad terrenal. Y eso lo había atado a ella sin vuelta atrás.
Y la delicada Neneara, doncella y reina de los hombres. Aterrada por vivir entre elfos, amada y servidora de su gente. Gustosa de la belleza y la delicadeza, apreciaba los materiales y se encantaba con la naturaleza y la música. Así frágil, era fuerte de corazón, y había sabido llevar a su pueblo de la mano de Hanad a tiempos de bienestar inolvidables. Con el tiempo se había acercado a Vilwë, quien la había cubierto y había logrado que se sintiera más segura allí. Temía y odiaba a Kharissnna por muchos motivos, y jamás la enfrentó ni la habría enfrentado. No tenía fervientes seguidores, ni practicaba la manipulación, quienes la amaban la amaban por quien era. Pero ese no era el lugar donde más tranquila se sentía viviendo.
Los atani y los avari se alejaron el día que ocurrió un asesinato. Desde el cielo, como arrastrado por las nubes, había caído un cuerpo, habían consumido su sangre y desgarrado los lugares de donde la agarraron para cargarla. Un grupo de hombres fue capturado esa noche con las pruebas necesarias. Fueron acribillados inmediatamente. Nadie supo nunca quien o qué los instigó.
3- Donde acaba el Exilio comienza la Purificación, La Purga de Estirpes
Dos centurias transcurrieron aproximadamente. Los hombres fueron exiliados y partieron juntos a Beleriand. Allí combatieron en las guerras que se sucedieron, en unos y otros bandos. Los elfos se resintieron, decepcionados por los seguidores, se refugiaron en su estirpe y en su tierra.
Hubo un tiempo entonces en que llegó una elfa de procedencia vanyar. Con altos conocimientos sobre el este y el oeste, y más que nada sobre (...) y su fragilidad. La resistencia que podría haber habido se acalló y en el transcurso de sus días allí forjó un poder. Majestuosa, Naredhel, fue llamada sacerdotisa, y sin que nadie dijera sí o no ya cumplía funciones de tal. Hizo levantar un Templo y desde allí alcanzó a rivalizar, con astucia diplomática, con el mismo Vilwë.
Cuando hubieron transcurrido considerables años, Naredhel ya había llenado suficiente los oídos del pueblo con palabras que hablaban del derrumbamiento. Y hablaba de que los espíritus del pueblo Ramalië estaban atados a (...). Así que llegado el día los acontecimientos se conjugaron...
Arda había sido reformada. Tras la Guerra de la Cólera, hubo innumerables migraciones de todos los pueblos de Beleriand. (...) Entre los Ramalië, elfos y enanos, se decidió, no sin influencia de la sacerdotisa, partir al sur, y al sudeste, a parajes que los conducirían las Montañas Cobrizas. Pocos daban llamativa importancia a aquel lugar, que había sido cementerio de hombres, y de algunos elfos, que habían caído en otras eras. Allí partieron... Y se establecieron en un nuevo reino, en el que Tarinya confiaba, reverdecería la gloria del culto. Allí cerca del mar, en uno de los territorios que formaron parte de lo que se conoció como Arador.
Los hombres despertaron en el hielo extremo de los puntos más boreales de la nueva tierra. Allí donde nadie había sobrevivido, en una necrópolis de águilas y vampiros desgarrados en batalla y acabados por el frío. Sobrevivieron gracias a sus carnes, pieles y huesos. Pero poco a poco el sentimiento de amparo fue disminuyendo. Y los hombres que habían formado parte del pueblo ramalië, comenzaron a morir... Dos generaciones más tarde sería que (...) y alejarían de allí a sus descendientes.
Naredhel sabía, o hasta se dice que participó (...), para rescatar a los últimos humanos del hielo. Fueron traídos a Fanyarëa. Y el supuesto reencuentro de la familia fue menos amistoso que la partida. Seis días de batalla hicieron estragos en los más débiles. Desoyendo aún las palabras de los prudentes, los habitantes del bosque y los recién llegados del desierto helado, se destruían con terrible odio. Al final fue que la sacerdotisa, el rey de los elfos, y el rey de los hombres lograron detener la necia matanza.
Hubo tregua y los líderes se reunieron. Vilwë, aún resentido, no dejaba de pensar en las palabras de la sacerdotisa sobre la Unión; Alsenot, señor de los hombres, aspiraba a la supervivencia y protección de su gente; Kain Logareth, chamán de los hombres, saboreaba olores que habían estado fuera de su alcance mucho largo tiempo; el Señor enano se divertía en las asambleas de estos rivales, moderando y aportando soluciones. Al fin fue que Vilwë, o dicen que la sacerdotisa, estableció el precio de la expiación: una doncella de sangre real humana sería la nueva esposa del rey elfo. Así que, evitando Alsenot exponer a su extraña hija, se dispuso que la hija de Kain, Marelaeth, fuera la elegida. Y éste, por sus adentros, sonrió de placer.
4- El Camino
Siete años llevó la reunión y con mucho esfuerzo, los pueblos pudieron lograr una convivencia pacifica. Al año nació un hijo mestizo del rey y la reina. Sería un heredero que despertaría la mayor disputa de intereses conocida en aquellos días. Un pueblo élfico, en tierras bendecidas a los hombres, un niño, y la imposibilidad de separarse, a costa de las propias vidas. Aunque no han dejado de circular personajes entre ellos, quienes secretamente pretenden la destrucción y el divorcio de las fuerzas esenciales.
La discordia entre los pueblos que rodeaban el mar de Arador, se convirtió en la mayor amenaza externa. Y eso sirvió para que haya paz interna. Aunque ocurriría lo impensado...
Un grupo de músicos había acordado reunirse con el Rey Tarinya por la tarde para organizar la fiesta del quinto cumpleaños del heredero. Fueron bien recibidos en la ciudad y accedieron al palacio. Tan solo para hallar a Vilwë muerto, sin explicación ni rastro alguno, y a Marelaeth, con una daga en el pecho desangrada sobre su señor, aparentemente en un acto de suicidio.
Tras aquello, de inmediato, Naredhel asumió la regencia del reino de la Orden Fanyarëa, ya que el infante no estaba en facultades de ser rey aún.
Y desde allí comenzaron a develarse las miserias, y a desenvolverse la verdad. Fueron los tiempos en que Heren Fanyarëa habría de encontrar un camino, haya sido como haya sido.