La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Ian Jeckyl

Jugador: Thauld

Avatar de Ian Jeckyl
Personaje
Ian Jeckyl
Clan
Concilio de Nan-Tasarion
Raza
Hobbit
Otros nombres
Celvarán \"Señor de las Bestias\" <br>Duende Negro <br>Amo del Calabozo <br>Adorno de Jardín
Ingreso en el Clan
09-09-2004
Armas y/o poderes
Carente de poderes solo cuenta con su sabiduría e ingenio. Inventor de profesión, usa como arma su Lancera Celestial, su Lanzavirotes y en ocasiones la armadura y armas del Thauld \"el Grande\" regalo del rey enano de Khazâd-Angroth.

Descripción del personaje

En su forma mediana posee una estatura de 1,53 metros, pelo castaño oscuro y erizado y piel un tanto bronceada con ojos de verde oscuro. En su forma humanoide su estatura es de 1,92 metros su cuerpo es musculoso y velludo, de cabellera es generalmente larga al igual que su barba cuando la porta, sus ojos son de un gris plateado y en ocasiones un tanto azulado. En la forma licántropa su cuerpo crece aún más tanto en altura y musculatura convirtiendose en un ser de 2,32 metros de altura en posición bipeda aparentando un gigantesco lobo cuando se encuentra a cuatro patas, su pelaje es de un castaño y sus ojos de un intenso dorado. Sin embargo esta apariencia también puede ser influida por la llamada de la sangre licantropa convirtiendole en un humanoide de la mismas carecteristica anteriores pero de aun mas vello, ojos desiguales (uno verde y otro azul), manos que son casi garras y permanente sonrisa psicopatas, que si alcanza la forma licantropa, mayor de la habitual, en vez del pelaje castaño este se tiñe de un intenso negro azabache mientras que sus ojos inyectados en sangre se convierten en dos esferas rojizas.

Historia del personaje

Ya hace mucho tiempo, cuando hombres, elfos y enanos comenzaban a habitar Arda, otro pueblo menguado comenzaba a dar sus primeros pasos. Al principio muchos pensaron entonces que aquel pueblo era el mismo que el de los enanos, pues en un inicio ambos eran de igual estatura. Los medianos, o hobbits, aparecieron mucho antes de lo que se ha contado, tomados por naugrims antaño, y pasando desapercibidos para el resto del mundo, gracias a sus habilidades, de sigilo muchos años después.

Fue durante la primera edad cuando a una aldea mediana situada cerca de una mina enana, pues enanos y medianos fueron grandes camaradas por antaño, llegó a través de un sendero quizás el único mago mediano que Arda jamás haya conocido. Jan Jeckyl era un joven hobbit de pelo castaño y erizado, de tez pálida y ojos de un ardiente verdoso. Aquel hobbit solo lo era quizás por naturaleza, pues desde su infancia había sido criado por una maga, esta le había encontrado en el bosque envuelto en trapos junto a lo que había quedado de un carro tras ser éste atacado. La maga jamás supo de si los padres del chico habían muerto o solo desaparecido, pues nada más tenerlo en brazos su espíritu materno le impulso a tenérselo que quedar. Jan Jeckyl no era por lo tanto el típico hobbit que adoraba una vida tranquila, quizás fue eso lo que le hizo enamorarse de Ilaira Jansen, una joven inventora. Los Jansen era una familia de inventores que se dedicaban a recorrer el mundo para ampliar cada vez más sus conocimientos, eran mal visto por los suyos pues no entendían a aquellos que no deseaban vivir de manera tranquila y con sus narraciones y excentricidades motivaban a otros a lanzarse a la aventura. Con el tiempo Jan consiguió conquistar el corazón de Ilaira, pues ambos eran de corazones inquietos y de su unión nació Ian, un hobbit a total semejanza de su padre a excepción de su ingenio y tez bronceada más de su madre que de su padre. Pero en Ian crecía de forma secreta la misma semilla del mal que crecía en su padre, pues años antes de su llegada Jan había curioseado con licantropía, una magia que ilimitaba la vida mortal, que estrechaba los lazos del alma con la naturaleza y otorgaba los poderes ocultos de ésta, con estos fundamentos muchos magos antiguos habían abrazado la senda de la licantropía engañados por la sombra, y todos ellos acabaron por caer en ella.

Los años pasaban apaciblemente en la aldea y el pequeño Ian crecía con rapidez al igual que lo hacían sus conocimientos. Ian era un crío inquieto y hambriento de saber, deseaba comprenderlo y saberlo todo, y pronto su madre se quedo sin cosas que enseñarles, y al igual le pasó a su padre, el cual le había enseñado todo excepto el arte arcano, pues la magia era algo demasiado serio para enseñárselo a un pequeñajo. Fue por entonces cuando la licantropía irrumpió en Jan y todo cuanto había sido hasta entonces desapareció en él. Tras atacar a su propio pueblo y ser expulsado hacia el bosque, Jan desapareció para siempre en la oscuridad, pero el daño causado hizo que los aldeanos arremetieran también contra su mujer e hijo, los cuales tuvieron que abandonar rápidamente aquellas tierras.

Montados en un carro con todas sus pertenencias, madre e hijo, atravesaban la espesura del bosque en busca de un nuevo hogar. Bajo la luna llena el bosque se lleno de sombras y de entre estas una manada de lobos surgió y atacó a los hobbits que habían acampado. Ilaira intentaba mantener a los lobos lejos de su hijo el cual era aún demasiado pequeño para poder defenderse, pero a pesar de todos sus intentos ninguno daba resultado y acabó siendo herida de un zarpazo. Desesperada Ilaira veía cerca el fin de ambos, pero un aullido tras de si le sobresaltó y un lobezno se interpuso entre ella y el lobo atacante defendiéndola de este. Ilaira comprendió con horror que la locura de su marido no solo había afectado a este sino también a su propio hijo, el cual había se había vuelto licántropo en aquel momento de peligro. A pesar de su ferocidad Ian era demasiado pequeño para mantener a tantos lobos alejados y solo fue gracias a la aparición de un inmenso oso cuando su suerte dio un cambio, y la manada de lobos fue rechazada. Aquel oso resulto ser un viejo cambiapieles llamado Daevon. Tras explicarle Ilaira sus preocupaciones por el mal que envolvía a su hijo, Daevon tranquilizó a la mediana.

-La licantropía amiga mía no es más que un burdo arte para poseer el poder de un cambiapieles. La sombra ha engañado a muchos con este beneficio, y con ella a doblegado a grandes magos, pero no temas por tu hijo, él no es mago, y mientras que se mantenga alejado de la magia el mal no crecerá más en él.-

Pero aquellas palabras no parecían conseguir convencer a la mediana que había visto como su propio hijo se había convertido en una bestia y ahora descansaba desnudo entre sus brazos tras haber quedado aparentemente exhausto. Aquel extraño quería convencerle de algo que ella misma había visto, que Ian no fuera mago ella ya lo sabía como también sabía que ahora su hijo era un autentico desconocido, se había convertido en lo que se había convertido su padre. Ilaira temblaba solo de pensarlo.

-Tu hijo como todo ser de estas tierras esta tocado por la magia, todo lo que aquí crece esta impregnada de ella, y por eso la licantropía forma parte de su naturaleza, pero si consigue llegar a entenderla y a dominarla no será un peligro que la posea. La licantropía se alimenta de la magia y esta no será grande en vuestro hijo mientras que no se dedique a la magia, es más sería fatal que siguiera la senda de su padre pues sería la perdición para el y una nueva fuente de problemas para todos nosotros, el mal ya es demasiado grande para irlo cebando con nuevos servidores. Por ello te pediré que dejes a tu hijo a mi servicio, yo intentare enseñarle a conocerla y manejarla, y puede que así no sea jamás una amenaza.-

Así fue como Ian llego a manos de Daevon, y de su mano aprendió a conocer y dominar la naturaleza, pero sobre todo la suya propia. Los días, meses y años pasaron y Ian comenzaba a separase de la senda del mal, lo que alegro los corazones del maestro y del aprendiz, pero el destino es implacable y su fuerza cayó duramente sobre ellos una noche. La luna llena se alzaba majestuosa en el cielo y ambos descansaban junto al fuego. Ian aquella noche sentía como su cuerpo ardía, era una noche fresca sin embargo sudaba y tenia toda la cara colorada, Daevon preocupado tendió a su pupilo en el lecho y mediante el arte de las hierbas comenzó a tratarle. Fue tras girarse una vez encontró lo que creía el definitivo medicamento cuando Daevon dio de bruces con la realidad, sobre la cama su aprendiz comenzaba a moverse convulsivamente a la vez que soltaba frases incoherentes. El vello del cuerpo comenzó a aumentar así como su tamaño, en lo que pareció un instante, su aprendiz se había convertido en un ser totalmente nuevo, su pelaje negro azabache, sus ojos rojos llameantes de tan inyectados que estaban de sangre, sus dientes duros y puntiagudos. Poco pudo hacer Daevon por escapar de las garras del licántropo, y así fue como acabaron sus días presa del joven Ian.

\"El gélido viento vino

con él, ella también vino

todos vinimos

tú, yo, él, nosotros

rojo y blanco

tras el maestro

delicioso rojo y blanco

la dama de plata nos vio y sonrió

llena de felicidad está su blanca cara

ella odiaba a maestro

maestro ser dos pies

ama odia a dos pies

nosotros obedecemos ama

ama nos guía en sombras

nosotros odiamos sombras

pasos, voces

gruñidos y golpes

pero ama acompaña

no miedo de sombras con ama\"

Las voces retumbaban en su cabeza por la mañana, eran ecos incesantes que acompañaban el olor nauseabundo de la habitación y de él mismo. Ian quería despertar, fijara la vista donde la fijara se encontraba con manchas de sangre y restos de carne. \"Delicioso rojo y blanco, delicioso\". Las voces retumbaban mientras los ojos recorrían una y otra vez la habitación desecha hasta que el estómago le dio un vuelco. Tras regurgitar a escasos palmos, se tambaleo y calló al suelo frente a restos de un cráneo desecho, él cual fijo la mirada de su único orbe conservado proyectando en Ian los recuerdos de la noche antes. Levantándose de golpe tras el espanto resbaló en sus desechos golpeándose en la cabeza con el perchero de la pared. Con la brecha sangrante abrió la puerta y salió corriendo por ella, cuanto tiempo estuvo corriendo no lo supo, solo pensaba en huir, huir de allí, huir de si mismo, huir de lo que se había convertido.

Así fue como Ian vivió durante años casi siempre en los bosques, viviendo de la caza, y del robo y el engaño cuando se internaba en alguna ciudad. Ni la honradez ni la honestidad le iban a dar de comer, puede que fuera vía moral, pero era una vía que le llenaba la barriga. Fue en este vagar perdido cuando un día sobre una loma de un espeso bosque se encontró con un enorme lobo, su apariencia era de un haskin y rebosaba inteligencia en su mirada. El lobo se acerco a Ian pacíficamente, y rodeando al hobbit lo acarició tiernamente con su pelaje. Ian que había superado su inicial miedo acarició al animal descubriendo en su pescuezo un collar, este era de oro con un rubí engarzado con un grabado élfico en el dorso, \"Annawen\".

-¿Te llamas Annawen, o es así como se llama tu ama?- dijo Ian, a lo que el lobo ladró animadamente.

-¿Pero lo primero o lo segundo?- preguntó Ian seguido del ladrido del lobo.

-¿Lo primero?- dijo por última vez Ian, contestando el lobo ya con menos ánimo.

Ian agachó la mirada para volverla a subir rápidamente al inicio de los gruñidos.- Tranquila, solo quería comprobar que eras hembra, pues no me había dando antes cuenta - dijo el hobbit rápidamente. La loba volvió a gruñir de nuevo.

\"Lo que me faltaba, si ya no estuviera lo suficientemente loco, ahora me da por hablar con animales, y lo peor es que creo que me comprenden\" se dijo para si el hobbit.

Los años fueron pasando en compañía de Annawen que se había convertido en compañera inseparable desde entonces. Ian Jeckyl notaba como cada nueva luna llena todo su cuerpo entraba en ebullición y que a la mañana siguiente solo podía visionar fragmentos sueltos de todo lo que la noche pasada había hecho. Aquella era una pesadilla que el perseguía y pronto busco refugio en la bebida, un lugar donde olvidar, un lugar donde ahogar las penas que le provocaba su propia naturaleza. Litros y litros de alcohol se deslizaban por su garganta las noches siguientes a la luna llena mientras que el humo de la hierba nublaba los recuerdos de su mente. Pero ello no mejoraba las cosas, es más las empeoraba, pues Ian se convertía en aquello que detestaba, pero con la única diferencia de que entonces no tenía aquella sed asesina, pues era aún un ser consciente de sus actos. Celvarán se hizo llamar en aquella forma, en ocasiones la de un licántropo, y en otras las de un humanoide semejante a él pero mucho más alto, un ser que le daba a Ian poder y seguridad, un poder al que Ian a veces recurría por necesidad, pero no solo cuando se encontraba en peligro, sino cuando necesitaba de su fuerza.

Ian parecía caer más y más en el abismo en el que cayó su padre, solo la compañía de Annawen parecía mantenerlo lo suficientemente cuerdo para mantenerlo justo en el filo, pues mientras que allí se encontrará recorrería toda Arda si fuera falta en busca de algo que le permitiera burlar su destino.

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Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Vida

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