Ficha de personaje
Delisse Yestariel
Jugador: Indil

- Personaje
- Delisse Yestariel
- Clan
- Señores de Nurn
- Raza
- Maiar
- Otros nombres
- Dama del Odio, Doncella del Deseo
- Ingreso en el Clan
- 09-09-2004
- Armas y/o poderes
- Lleva una espada templada en una aleación descubierta para ella por el mismísimo Aule, llamada Airacil, Destello Cobrizo.
Descripción del personaje
Delissë tiene una abundante y larga cabellera de color castaño claro que cae sobre su espalda y su frente. Piel blanca y brillante, alta y esbelta. Su rostro es ligeramente redondeado, con unos labios carnosos de color rosa intenso, y unos brillantes ojos de color violeta. Su mirada despierta el recuerdo de misterios encerrados en el alma.
Suele vestir como una ninfa de los bosques y las aguas. Largas cuentas de hilo caen desde su cadera hasta los pies a modo de falda, engastados con pequeñas cadenas de mithril y piedras preciosas, dejando entrever sus largas piernas.
Cubre su pecho un ligero corsé de finos tirantes, de tela con bordados de russanar, que realza su busto. En los brazos lleva esclavas también de cobre y mithril.
En la cadera, lleva un cinturón hecho de cadenas de mithril superpuestas. Del lado derecho pende la vaína de Airacil, tallada en cobre con unas runas mágicas en relieve, y pintadas de rojo, que representan la energía, fuerza, pasión, amor, metas, objetivos y coraje.
Lleva altas botas de ante, y en la bota derecha lleva escondida su Daga Blanca. Pero la Daga Negra, la que utiliza para los rituales de magia negra, la lleva escondida y nadie sabe donde.
Historia del personaje
Yestariel llegó a la Tierra Media en un tiempo ya olvidado, cuando los Valar bajaron a Arda y comenzaron a preparar la morada de los Hijos de Iluvatar. Como otros muchos Maiar, ella ayudó en la construcción de la belleza de Arda, y quedó prendada de ella.
A través de los años, sirvió a Yavanna por encima de cualquier otro Valar, a quien ella consideraba la Diosa suprema, pues era la dadora de vida tanto de los olvar como de los kelvar. Pero un gran poder le fue dado a esta Ainu, y para controlar su poder, tanto Manwë como Varda y Aulë ayudaron a conformar su espíritu y a dotarle de una parte del conocimiento superior que ellos tenían.
Cuando las Torres cayeron y la Primavera de Arda fue mancillada, los primeros nacidos vieron la luz de las estrellas de Varda por primera vez. Y Oromë encontró a los Quendi, asustados de la oscuridad de Morgoth, bellos y hermosos, con sus blancas voces buscando un sentido a su existencia. La historia llevó a muchos de ellos, los más valientes tal vez, a una larga marcha para morar a los pies de los Dioses bajo la Luz de los Árboles de Valinor. Pero muchos otros huyeron, por miedo, o por deseos de encontrar un lugar propio, o se perdieron en los bosques de Arda.
Fue entonces cuando Yavanna buscó a Yestariel que por entonces se encontraba sirviendo a Estë en Lorien. Pasearon a la luz de las estrellas que brillaban allí con más fuerza que en ningún otro lugar de Arda, y Yavanna dijo:
- Una nueva misión tengo para ti, Yestariel. Y esta vez tu sola deberás afrontar tu destino. Mas sabes que allí donde estés, yo estaré en tu pensamiento. Viajarás más allá de las Pélori, y morarás entre los Quendi. Ellos aprenderán de ti la magia de la vida, y esto será bueno en lo que habrá por venir. Las Edades avanzan deprisa para nosotros Yestariel. Sabemos que los Atani han de venir, mas no cuando, y temo que sea demasiado pronto. Temo de los Atani. Ellos serán tu gran misión, pues preveo que ellos serán la causa de una gran destrucción, y aún cuando no podamos evitarla, si podemos intentar que su efecto sea el menor posible. Cuando llegue el momento, recibirás dos señales luminosas en el cielo. Entonces sabrás, que tu verdadera tarea ha comenzado.
Y Yestariel miró en el corazón de la Diosa y le dijo:
- Parto ahora Señora, con el Amor que os profeso en el alma, mas tardaremos en encontrarnos, pues el corazón me dice que cuando vuelva, el camino estará cerrado.
Y partió hacia la noche eterna de Arda, más allá de la Luz de los Árboles. Y cumplió su misión, y enseñó a los Quendi la magia y el poder que encerraba cada rincón de Arda, las hierbas, las piedras, las runas, el color.... Y les habló de la Luz de Arda y del Poder de Erú, y del gran don de la Diosa.
El tiempo pasó, y los años pasaron lentos para Yestariel, pero una nueva Edad se había completado para ella y no había encontrado a los Segundos Nacidos, cuando se elevó la Luna por primera vez en Arda, y Yestariel vio en ella la Primera Señal del inicio de su segunda misión. Y se preparó para ella.
Siete veces la Luna apareció en los cielos de Arda, cuando al fin llegó la Segunda Señal. Y el Sol se elevó en los cielos en el mismo momento en que los Hombres despertaron de su sueño. Y Yestariel bailó en los bosques verdes de la Diosa, pues muchas de las criaturas dormidas despertaron entonces en ellos. Y entonó con voz dulce las palabras de un ancestral ritual dedicado a Yavanna:
\"Soy la belleza de la tierra verde y la luna blanca entre las estrellas, y el misterio de las aguas y el deseo del corazón de los hombres.
Invoco tu alma, levántate y ven a mi, porque soy el alma de la naturaleza que da vida al universo. De mi proceden todas las cosas y todas tendrán que volver a mi y, ante mi rostro amado por los dioses y los hombres, se abrazará tu ser divino más íntimo al éxtasis del infinito.
Que mi adoración esté en el corazón al que regocija. Sabed que todos los actos de amor y placer son mis rituales. Así, que la belleza y la fuerza, el poder y la compasión, el honor y la humildad, la alegría y la reverencia estén entre vosotros. Y tú, que quieres buscarme, debes saber que no has de dejar de buscar y anhelar hasta que conozcas el misterio; que, si eso que buscas no lo encuentras en ti, jamás lo encontrarás fuera de ti. Pero mira que he estado contigo desde el principio y soy lo que se alcanza al final del deseo.\"
Así fue como inició entonces la búsqueda de los Hombres. Y el tiempo se aceleró en guerras y luchas contra Morgoth hasta que los encontró. Y habitó entre ellos enseñándoles todo aquello que estaba en sus manos enseñarles. Y los Quendi y los Atani enlazaron sus destinos, y ella quedó ligada a ellos. Pero la voluntad de los hombres tiende a la flaqueza, y la maldad de Morgoth hizo mella en ella muy profundamente. Con el tiempo los hombres comenzaron a llamarla bruja, y muchos otros nombres le dieron. Para algunos una Diosa, para otros un Demonio. Y la llamaban clamando por ella:
\"Escucha ahora las palabras de la Gran Madre, a la que antiguamente llamaron Artemisa, Artarté, Atenea, Dione, Melusine, Afrodita, Cerridwen, Dana, Arianrhod, Isis, Bride y muchos nombres más.\"
Fue entonces cuando la misión fracasó, y se dice que Morgoth mismo tuvo gran parte de culpa en los acontecimientos que condujeron a ello, consciente del poder de Yestariel y de que era una enviada de aquellos a quienes más odiaba.
Pues Yestariel se encontró una noche celebrando el final del Invierno y el principio de la Primavera, cuando el niño Sol esta en brazos de la Diosa, el Ritual de la Luz. Y esa misma noche una horda de hombres procedentes del Norte capturó a Yestariel y a todos aquellos que se encontraban con ella. Y los llevaron a la ciudad, donde al amanecer fueron condenados por hechicería. De nada sirvieron los ruegos de Yestariel a Yavanna, y junto con sus compañeros, fue llevada a una enorme hoguera donde prendieron fuego a sus pies y sus cabellos y fueron devorados por las llamas.
El dolor de Yestariel se elevó con un grito espeluznante, y una luz envolvió los cuerpos, dejando tan sólo cenizas blancas. Pero Yavanna no había estado ociosa, y envió a la mente de Yestariel un enorme poder de Vida y Renacimiento, cual Fénix que renace de sus cenizas. Y la luz se elevó en el cielo un segundo, cegando a todos aquellos que contemplaban la escena para siempre.
Cuando la luz se concentró en un punto lejano, las cenizas se agruparon en torno a ella, y con un gran estallido, el cuerpo desnudo de Yestariel fue devuelto a la Tierra.
El tiempo pareció detenerse entonces, y entre figuras errantes de seres ciegos a todo, Yestariel huyó desnuda a los bosques.
Allí tardó en recuperarse, y el dolor del fuego y de la perdida de sus compañeros no lo olvidó nunca. Y el miedo creció en ella, de modo que abandonó su misión para vagar sola por los bosques amados, huyendo de elfos y hombres.
Mientras Yavanna sabía de esta circunstancia, y envió numerosos mensajeros a Yestariel, que nunca dieron con ella, y desapareció para siempre de la Historia de la Tierra Media.
Y mientras tanto, Yestariel rumiaba su dolor y su odio hacia aquellos que habían sido los causantes de su dolor y su pérdida. De tal manera, que su alma pura hasta entonces comenzó a albergar siniestros anhelos de venganza que deseaba cumplir a cualquier precio.
Mientras el Mundo Conocido cambiaba a su alrededor aquellas nuevas tierras ignotas albergaron por mucho tiempo la paz y el amor hacia la vida sencilla. Pueblos de hombres que vivían del bosque y de aquello que este les proporcionaba, pequeños pero fuertes de carácter, y de gran valor.
Pero vientos de cambio llegaron también a aquellas tierras, y una noche especialmente fría una sombra se instaló sobre ellos. Y el bosque entero se agitó inquieto mientras un viento cálido tomaba la forma de una mujer de apariencia dulce, pero de mirada terrible.
Sus cabellos ondeaban al viento, mientras sus labios murmuraban frases entre las callejuelas vacías. Y sus habitantes, ajenos al destino incierto que les acechaba, dormían plácidamente sin que nada turbara su sueño. Poco a poco, la noche fue dando paso al día, y aquella mujer desapareció sigilosamente antes del amanecer, tan misteriosamente como había llegado.
Al despuntar los primeros rayos de sol, hombres y mujeres despertaron a un nuevo día. Un día como otro cualquiera. Un día para sembrar, para recoger. Un día lleno de vida, como fueron tantos otros días antes. Pero ya todo había cambiado.
El primer grito de dolor traspasó las débiles paredes de las cabañas, y se dejó oír por todo el poblado. Un segundo se unió al primero, y después uno a otro, parecieron fundirse en uno sólo. Un sordo grito de dolor, de aquel dolor profundo que se haya en la pérdida de aquello que es para un ser lo más amado. Todos los niños varones del pueblo murieron aquella noche de sombra. Y el poblado se sumió en la desesperación.
Reunidos en Consejo, entre el llanto y la desesperación, intentaban buscar una causa a todo aquello. Un motivo por el cual los dioses se habían llevado a sus hijos, dejando tan sólo a sus hijas mudas testigos de su dolor y miseria.
Fue entonces cuando volvió la mujer. Tan misteriosamente como antes, una sombra apareció ante ellos y poco a poco tomó la forma de una bella mujer de dulce aspecto. Su vestido parecía irradiar el mismísimo fuego del Infierno, y sus ojos delataban lo más oscuro de su corazón.
- He escuchado vuestro dolor - dijo - Y también han llegado a mis oídos vuestras preguntas. Los Dioses no se preocuparán más por vosotros, nunca lo hicieron, y he aquí la prueba.
- ¿Qué deseáis de nosotros? - preguntó el Jefe del poblado con voz temblorosa.
- Busco forjar mi propio Reino. Y he aquí que ya he elegido a mis súbditos.
- ¡Jamás te serviremos, bruja! - exclamó el hombre con convicción. Un grito al que se unieron varios más, a cada cual más furioso. Pero todos ellos denotaban el miedo que sentían en el fondo de sus corazones.
La mujer estalló en carcajadas, que pronto hicieron callar a la multitud.
- No quiero tus servicios, gusano - dijo a continuación - Sólo quiero tu muerte.
Un silencio sepulcral siguió a sus palabras... y nadie pareció entenderla. Pero ella sólo miro al hombre fijamente, mientras sus ojos de color violeta se tornaban de fuego líquido. El hombre tembló en su asiento. En su mirada, un leve toque de incredulidad asomaba bajo el pánico que transmitían. Sus labios se movían espasmódicamente, como intentando decir algo, pero de su garganta sólo salía un desagradable sonido de borboteo. Y después, sangre y más sangre saliendo de su boca. Como si de repente todo su ritmo sanguíneo se hubiera vuelto loco, y expulsara la sangre al exterior en lugar de mantenerla dentro del cuerpo.
El resto de pueblo gritaba y lloraba mientras observaba impotente como la vida se escapaba de aquel hombre, y pronto sólo quedó un cuerpo vacío y un gran charco de sangre que llegaba hasta los pies desnudos de la mujer.
Acompañada por el lamentable coro de llanto, ella... siempre con una sonrisa en los labios, avanzó descalza sobre la sangre salpicándose el bajo del vestido, hasta el improvisado trono del muerto. Con un leve empujón lo arrojó al suelo, y después se sentó reclinándose ligeramente.
- No quiero ningún hombre en mi Reino - señaló mirando al cielo - Vosotras, las mujeres de este pueblo. Tenéis una gran oportunidad. La Barca del Sol no ha llegado aún a su cenit. Tenéis hasta medianoche para limpiar vuestro pueblo del lastre que representan los hombres. Si entonces no volvéis aquí cada una con una cabeza cortada en vuestra mano... esta noche me llevaré al resto de vuestra descendencia. Y lo seguiré haciendo hasta el Fin de los Días.
El pueblo entero retrocedió asustado, y marchó de la Sala del Consejo dejando a la mujer sola con el cadáver. Y mientras observaba cómo salían huyendo, ella sonreía.
Las horas se esfumaban como si de segundos se tratara... mientras el pueblo reunido deliberaba qué hacer al respecto. Pero a medida que pasaba el tiempo, el coro de voces se fue apagando, y la reunión se llenaba cada vez más de incómodos silencios.
Estaban contra las cuerdas, y todos lo sabían. Quizás sólo quedaba pensar en la mejor manera de hacerlo...
Al filo de la medianoche, la mujer seguía recostada en el trono de madera, mientras a su alrededor el olor a muerte era cada vez más penetrante. Entreabrió los ojos al sentir movimiento en la puerta, y observó a las mujeres del poblado entrar poco a poco en la cabaña, cada una con la cabeza cortada de un hombre en la mano. Sus cuerpos, manchados de sangre no dejaban lugar a dudas de la matanza... Y de las cabezas cortadas caía un reguero de sangre que dejaba un rastro de muerte allí donde fueran. Poco a poco las mujeres fueron depositando las cabezas a los pies de la mujer... mientras ésta las observaba con rostro imperturbable.
- Ahora marchad y dormid - dijo la mujer - Mañana hablaremos.
Ellas marcharon silenciosas, mientras la mujer... simplemente meditaba rodeada de aquellas cabezas de miradas vacías.
- He aquí el que será mi pueblo... y sobre él he de reinar. Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.
Fue aquel el comienzo cruel de un pueblo que años más tarde sería temido y maldecido, conocido como Nairelie, el Pueblo del Corazón de la Llama. Mujeres crueles todas ellas, guerreras feroces, Señoras de la Muerte, Damas del Miedo. Mujeres que ahogaron a sus hijos varones nada más nacer... pues entre ellas sólo las féminas tenían derecho a la vida.
Y fue Delisse su diosa, a quien veneraban por encima de todo. Y a quien seguían hasta la muerte, ciegamente y sin miedo alguno.
[B]DE CÓMO DELISSË LLEGÓ AL CLAN DE LOS SEÑORES DE NURN:[/B]
Veloces como los días pasaron las generaciones de aquellas que fueron conocidas como Naireli, Hijas del Corazón de la Llama, y aquella historia que las convirtió en lo que eran fue olvidada y se convirtió en leyenda. Pero sobre todas ellas, siempre presente, la Dama del Odio regía su mundo.
Pero ella no había estado ociosa en absoluto. Largos caminos recorrió en busca de aquella venganza anhelada, y el tiempo pasó para descubrir que aquél que causó en primer término su caída, había caído también bajo el peso de otro poder. Perdurar en el tiempo para cumplir sus deseos de venganza sería ahora su fin, pues sabía que aquel habría de volver algún día... Cuando el destino de Arda estuviera cercano a cumplirse.
Pero entretanto, aún quedaba en ella el odio inmenso hacia Sauron, y también hacia aquellos a quienes consideraba débiles seguidores de aquél, incluidos hombres y elfos. La pureza fingida por Sauron no la engañó, pero si dio alas a su odio hacia aquellos a quienes sedujo.
Pero he aquí que un día sus pasos la llevaron algo más lejos de lo habitual, y mientras su mente deambulaba buscando la manera de llevar a cabo sus deseos, sus ojos toparon con los ojos negros de un hombre enteramente vestido de negro.
Delissë ladeo la cabeza, observándolo detenidamente, mientras el hombre la miraba con una torva sonrisa en los labios. Pero más allá de lo que sus ojos observaban, Delissë descubrió en él el poder oculto que ella también tenía, y por un momento dudó...
- Gran sorpresa la mía encontrar en estos tiempos una Señora de la Casa de Yavanna - dijo el hombre, sin cambiar su semblante - Aún cuando el lugar sea especialmente propicio para ello, Yestariel, Dama del Deseo.
- Gran sorpresa la mía también, pues encontrar un Señor de la Casa de Tulkas en estos tiempos no ha de ser menos sorprendente para mí, y además el lugar no es especialmente propicio para ello, Arattalion. - contestó ella - Pero creo que el mundo ha cambiado mucho desde que ambos fuimos lo que cada uno recordamos del otro, pues veo una concordancia en nuestra alma que entonces nunca existió.
Él pareció sorprendido, pues la imagen que recordaba de ella no había cambiado en absoluto, sólo su corazón. Y él en cambio, había oscurecido su imagen a su antojo. Rió, y su risa fue relajada y serena.
- Hablemos pues, Señora, del tiempo pasado y futuro. Pues veo que más allá de nuestros deseos, hemos encontrado algo que no buscábamos, pero que la fortuna ha querido que encontráramos.
Y ella sonrió por primera vez, con aquella sonrisa dulce que engañaba al mundo entero. Y se acercó a él despacio. Y juntos, emprendieron un camino de recuerdos, de tiempos lejanos y de afrentas pasadas, de odios presentes y venganzas futuras.
Y cuando la noche se hizo presente sobre ellos, él se detuvo y, tomándola de la mano, le dijo:
- Señora, el destino nos ha unido y nos ha dado una gran oportunidad que no debemos desaprovechar. Unamos nuestras fuerzas, y creemos un nuevo poder de sombra. Nuestra venganza entonces será segura, y el tiempo de nuestra victoria vendrá sin duda a nosotros.
Y ella se detuvo junto a él, silenciosa por un momento. Y su corazón tuvo un gran alegría al escuchar sus palabras...
- Así sea entonces. Un nuevo poder ha nacido, y en base a él forjaremos nuestra venganza.
Y él la instó a seguirle a sus tierras, pero ella, consciente de que no podía dejar a aquello en lo que había invertido tanto esfuerzo y trabajo, le instó a esperarla.
- He de recorrer nuevamente el camino de vuelta. En cuanto aquellas a quienes dirijo estén listas, emprenderemos el viaje que deseo, en pos de un nuevo futuro. Esperadme entonces, cuando la luna llena acaricie vuestra oscuridad por segunda vez.
Él asintió entonces, y emprendieron nuevamente caminos separados. Pero Delissë sabía que él se mantendría fiel a su palabra, y pasado el tiempo volverían a encontrarse.
Y meses después, cuando la luna llena iluminaba el camino de sombra a través del Bosque del Silencio, llegó Delissë a Nurn, acompañada de un ejército que la seguía, fiel como siempre, y peligroso como nunca. Y fueron también conocidas desde su llegada como Lomereli, Hijas de la Noche, o Silie, el Pueblo de la Luna.
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PODERES: El Poder de los Elementos esta en ella concentrado. Tierra, Aire, Fuego y Agua, situados en el Pentagrama que es su símbolo. La punta superior del pentagrama representa el elemento del espíritu, representa lo etéreo, lo eterno, y la inmanencia de la Diosa. Representa nuestras almas; representa a las partes de nosotros que se dedican a una conexión espiritual a la tierra y el uno al otro. Simboliza el amor espiritual. Todas las puntas restantes del pentagrama se relacionan con la experiencia humana, nuestras vidas como criaturas puramente profanas, hechas de cuerpo y mente. El pentagrama entero representa al ser humano; la punta superior es la cabeza y las cuatro inferiores el cuerpo.
La punta izquierda superior del pentagrama representa la tierra. La tierra es el elemento de la madre. Simboliza la seguridad, crecimiento, alimento, todas las cosas que la madre de la tierra proporciona para nosotros. Los elementales de la tierra son los que nos ofrecen la capacidad de explorar el espíritu. Sin tierra tendríamos siempre nuestra cabeza en las nubes.
La punta de la derecha superior del pentagrama representa al Aire. El Aire es el elemento de la mente. Representa el pensamiento, inteligencia, análisis razonamiento. Es el elemento que permite que examinemos el espíritu y que descubramos dónde cabe en nuestras vidas.
La punta izquierda inferior en el pentagrama representa el fuego. El fuego representa la pasión. Representa a esa parte de nosotros que desea derrocar a la razón, lanzarse sin pensar en nuestras acciones. El fuego es símbolo de la adrenalina, de la testosterona, del ímpetu. El fuego reemplaza la intelecto.
La punta derecha inferior, es el elemento agua. El agua representa el ciclo de la vida: vinimos de la oscuridad acuosa de la matriz, y volvemos a las lágrimas de la muerte. El agua es el elemento de la emoción. El agua es el elemento que valida nuestra existencia como seres sensibles, porque permite que tengamos sensaciones, pero las sensaciones no temerarias, injustificables del fuego. El agua es la emoción que viene junto con el entendimiento y después de que todo se haya descubierto. El agua es el amor puro, la alegría pura, la tristeza pura, la cólera pura. El agua es el elemento que calma el fuego, combina la emoción con la razón.
Cuando el pentagrama está inscrito en un círculo (un pentáculo) une todos los aspectos del hombre. Une el cuerpo con la mente, lo espiritual con lo profano. Nos recuerda que necesitamos todos nuestros aspectos para satisfacer nuestras vidas como seres humanos. Nos recuerda también que todo es un ciclo, que no experimentaremos alegría sin dolor, pero el dolor nos llevará otra vez a la alegría. La punta hacia arriba en el pentáculo representa la supremacía del espíritu sobre el cuerpo y el poder que este tiene por sobre nuestro cuerpo.
ARMAS: Lleva una espada templada en una aleación descubierta para ella por el mismísimo Aule, llamada russanar, pues su brillo es de cobre con matices de fuego. Es un metal absolutamente indestructible producto de una aleación de acero y cobre. La espada se llama Airacil, Destello Cobrizo, y el mango esta tallado en un enorme zafiro índigo, que representa la energía cósmica. Además, lleva dos pequeñas dagas. Un Athame, es decir, una daga ritual que generalmente tiene una hoja con bordes irregulares y filo por los dos lados, aunque este no se use mucho. también tiene mango negro casi simple. Se utiliza para dirigir las energías y para trazar el círculo mágico. Representa el lado masculino de la divinidad y se asocia con los elementos aire y fuego. Y un bolline, una daga de doble filo cuyo mango es blanco y que utiliza para cortar el mundo físico.
Su montura es Míre. Un hermoso caballo absolutamente negro, de piel brillante y mirada de muerte. Los avíos de cobre realzado en rojo destacan sobre su piel, dándole un aspecto oscuro y terrible.
Firma
Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.
