Ficha de personaje
Shulak
Jugador: Elfo_Negro

- Personaje
- Shulak
- Clan
- Señores de Nurn
- Raza
- Dragón
- Otros nombres
- Se le ha llamado \"El Destructor\".
- Ingreso en el Clan
- 09-09-2004
- Armas y/o poderes
- Los Hombres-dragón (hombres gusano los llaman los hobbits) son 5 veces más fuertes que los hombres fuertes y unas 10 veces más resistentes a golpes, cortes, calor...
Lleva una espada de un único filo.
Descripción del personaje
Tiene la piel muy blanca y terribles ojos amarillos de Dragón. Tiene una figura estilizada y una belleza andrógina. Los sentimientos le son ajenos, aunque los finje con arte para introducirse entre aquellos a los que pretende destruir.
Ni ama ni odia,... ni goza de ningún placer salvo la contemplación de la belleza. Es frio y despiadado. Su único propósito es la destrucción de todo tipo de civilización.
Viste ropas sencillas: unos pantalones y una chaqueta larga y ligera sin mangas, todo de suave cuero marrón. Calza unas botas altas (también marrones).
De su espalda cuelga una espada sencilla, encajada en una sencilla vaina. La espada fué forjada a principios de la segunda edad por diestros herreros orientales. Es de hoja ancha y un solo filo; es ligeramente curva. Tiene una pequeña guarda que no la capacita como arma defensiva. Es sin duda un arma poderosa, forjada para matar, forjada para ser usada por alguien diestro.
Se dice que los hombres dragón tienen la capacidad de transformarse en un dragón frio (quizá sólo sea una leyenda).
Historia del personaje
-Sobre los Hombres Dragón-
Sólo las negras crónicas de Angband hablaban de ellos. Se llamaban Hombres-Dragón (hombres-Gusano los llamaron los hobbits en sus canciones... pero nada sabían de ellos, sólo su nombre de terror).
Entre la creación del primero de los dragones, Glaurung, y el más poderoso de ellos, Ancalagon, Melkor se dedicó a muchas y horribles obras. Entre ellas destacan, por su maldad, el hacer con malas artes y gran poder a los hombres-Dragón.
Melkor no tenía el poder de la \"creación\", pero su espíritu retorcido y su mente malsana se dedicaban día y noche a emular a Eru el Creador.
Así, en las negras profundidades de Angband, Melkor dio vida a una de sus más horribles criaturas. Utilizó para ello a un hombre del norte y a un dragón frío. En esa hechura volcó su maldad como no lo hiciera antes.
Este nuevo ser tenía apariencia humana, pero una fuerza y una resistencia superiores a la de los humanos más fuertes. Tenía la capacidad de transformarse a voluntad en un terrible y poderoso dragón frío, de impenetrables escamas y garras como el acero.
Melkor creó, además de este primer hombre-gusano, a otros 9, cada vez más poderosos y terribles: al último de ellos lo llamó Shulak.
Después de la creación de Shulak y, después de ver con mirada divertida y un tanto contrariada cómo se destrozaban los unos a los otros, Melkor decidió separarlos. Los seis que quedaron con vida fueron enviados a extender el mal y la muerte por toda la Tierra.
Sólo unos pocos de los habitantes de la Tierra Media supieron de su existencia, porque no gustaban de mostrar su \"transformación\" y sólo los veían como hombres o como dragones.
En las crónicas de Angband se los decribía. Decía así: \"las nuevas criaturas del Señor se parecen a los hombres del norte pero con fieros ojos amarillos de Dragón. Son fuertes y malvados, tanto, que el Señor no los quiere aquí. Cuando se convierten en Dragón aún son peores. [Siguen una serie de descripciones morbosas... pero no quiero alargar el relato; luego ofrece un detalle curioso]... Ese al que llaman Shulak es el peor, se comió a dos de sus hermanos y ni siquiera pareció disfrutar.\"
Y así era, los hombres-Dragón no hacen el mal, no matan, no mutilan por placer, lo hacen por necesidad, su naturaleza monstruosa se lo exige.
Una de las características principales de los hombres-Dragón, y que no se recoge en los anales de Angband, es su extrema inteligencia. No son unos brutos que se dediquen a matar a diestro y siniestro. Son sutiles en su maldad suprema. Si bien ante una amenaza directa, como el caso que relata los anales de la muerte de los hermanos, se lanzan salvajes y sanguinarios, prefieren otros métodos.
Los hombres como individuos les pueden servir de alimento (aunque se ha comprobado que no es su preferido), pero su \"misión\" principal no es la destrucción de individuos, sino de sociedades enteras. Y para ello utilizan todos sus recursos: el engaño, la incitación a la rebelión... y otras menos sutiles, como puede ser el formar pequeños ejércitos que arrasan cuantos poblados se ponen en su camino.
Una última cosa, una curiosidad: estos seres extremadamente malvados de sentimiento único y negro, aman con fervor la belleza. En sus cuevas (no sólo poseen una, sino que disponen de varias repartidas por amplios territorios) se han descubierto abundantes esqueletos de jóvenes y abundantes tesoros. Si bien se podría pensar que esos cadáveres son el resultado de algún acto macabro, las pocas fuentes de las que contamos nos llevan a pensar que pertenecen a jóvenes doncellas secuestradas por el Hombre-Dragón para contemplar su belleza. Eso sí, parece también que mata a la doncella en cuanto se cansa de ella o en cuanto otra doncella u otro fabuloso objeto vienen a sustituirla.
-Shulak-
En el año 302 de la Primera Edad, tomó existencia Shulak, el último y más poderoso de los hombres dragón. Era hermoso como pocos seres en la Tierra Media, hermoso como una tempestad, como un rayo resgando la noche, pero su corazón era negro como la muerte.
En la oscuridad helada de Angband fue instruido, junto a sus nueve hermanos, en el arte de la guerra. Aprendieron rápido. En unos 5 años habían adquirido conocimientos amplios del uso de las armas y las técnicas de combate. El señor oscuro se complacía en sus creaciones. Eran guerra, eran muerte negra... sus ojos amarillos hacían temblar a quien se atrevía a cruzar su mirada con alguno de ellos. Los orcos les reuían e incluso los dragones se apartaban ante su paso.
El señor de Angband en persona les contaba sus secretos. De él aprendieron las debilidades de los elfos y de los hombres y a penetrar en sus débiles corazones.
Fue entonces, en el 307, cuando todo se precipitó. Los 10 hermanos salieron por primera vez de Angband. Sembraron la muerte y la destrución por doquier, unos con forma humana y otros con su poderosa forma de dragón. No mataban por placer, sino por necesidad, siguiendo su naturaleza fría. Los sentimientos les eran ajenos pero, de forma extraordinaria, de su corazón muerto brotó un sentimiento, primero débil... luego abrasador. Sus hazañas brutales eran rencompensadas con joyas brillantes y hermosa orfebrería élfica. Y los hermanos dejaron de ser iguales; sobre ellos, destacó Shulak, y la mayoría lo envidió con furia. Y él lo vio en sus ojos. Y se anticipó: junto a sus dos hermanos más jóvenes se lanzó brutal contra los demás. Las sombras se tiñeron de sangre. Eran más fuertes, más astutos... y más malvados. Habían matado ya a cuatro de sus hermanos cuando Melkor los detuvo. Miró en sus almas y supo que eran más negras que Angband, y eso lo complació, pero también vio que, si permanecían juntos, acabarían matándose los unos a los otros. Y, sabiamente, el Señor Oscuro mandó que se dispersaran por todo Arda y ordenó que destruyeran con astucia o con fuerza el mundo de los hombres y el de los elfos.
Era el año 308 de la Primera Edad del sol, cuando Shulak salió de Angband hacia las tierras del lejano Oriente.
Se había afeitado la cabeza (su rubia cabellera no volvería a derramarse jamás sobre sus hombros), había abandonado sus tesoros, vestía ropas sencillas y una sencilla y pesada espada colgaba de su espalda como única arma.
Sólo en casos de extrema necesidad, recurría Shulak a su forma de dragón: prefería su apariencia humana, le permitía desplegar toda su maldad con más eficacia. Sus palabras suaves envenenaron cientos de corazones nobles y corrompieron cientos de almas, pero ni siquiera una leve sonrisa afloraba en su alma muerta cuando una ciudad caía podrida por la traición y la desconfianza mutua. Simplemente, abandonaba ese lugar en búsqueda de otro que destruir.
Pero no siempre era las palabras envenenadas sus armas. En algunas épocas, cuando su alma se lo exigía, era la espada la que guiaba su vida.
En el año 382 reunió un grupo de unos 200 jinetes. Eran bárbaros de las praderas: grandes jinetes y mejores guerreros, astutos y brutales. Shulak los comandaba con mano de hierro, no les permitía la más mínima debilidad, la más mínima compasión. Atacaban con brutalidad las ciudades más débiles, las caravanas comerciales. No dejaban a nadie con vida: hombres, mujeres, niños... todos caían bajo la espada inmisericorde. Shulak participaba, indiferente, en la matanza.
Con los años, el grupo creció, cientos de jinetes se unieron a ellos. Se movían con rapidez en la llanura. Atacaban cualquier sitio y nadie podía detenerlos. La horda llegó a contar con 2000 jinetes. Primero la tierra temblaba, parecía un terremoto, luego descubrían que eran caballos al galope,... Cuando en la lejanía podían atisbar el brillo de las cimitarras desenvainadas, ya era demasiado tarde. Nadie sobrevivía. La sangre se deslizaba densa y roja, formando pequeños riachuelos, empapando la tierra, anegando el aire con el olor de la muerte.
Su poder se hizo inmenso. El nombre de su capitán se extendió, terrorífico: Shulak el Destructor lo llamaron.
Y sus hombres pusieron a sus pies un imperio y una corona y Shulak supo que había llegado el momento. Con un grito que hizo temblar las piedras, se encaró a sus capitanes, los miró con su mirada de dragón y les arrancó el corazón. El resto de \"soldados\" huyó aterrorizado, se desperdigó, y la más terrible de las hordas se diluyó en la nada.
Y Shulak volvió a empezar, lentamente, con sutileza y crueldad, su misión de acabar con toda civilización.
