Ficha de personaje
Faeryôl Yármore
Jugador: necknor

- Personaje
- Faeryôl Yármore
- Clan
- Señores de Nurn
- Raza
- Vampiro
- Otros nombres
- Lónaserke, Yármorna.
- Ingreso en el Clan
- 09-09-2004
- Armas y/o poderes
- Posee a Oirahetha, una espada de filo mágico, conocimientos en hechicería y la fuerza y rapidez típica de los sobrenaturales. Escondida en una bota lleva una daga Noldor de Mithril. A la espalda lleva a Menyár, Estela de Sangre.
Descripción del personaje
En el mundo de la luz se presenta como un Ser alto y delgado, de tez pálida y manos largas y habilidosas. Sus ojos son de color azul profunfo, pero cuando se transforma en su verdadero yo, el Vampiro, estos se tornan rojos y despiadados, frios como la misma muerte. Su cabello es negro como la Noche, quizás un reflejo de su alma o un capricho del Destino. En la batalla viste una larga túnica negra, bajo la cual se encuentra Oirahetha. Su sola visión de esa guisa provocó su día la huida de muchos de sus enemigos, los débiles de corazón. Calza unas botas negras de caña alta, tras las que esconde una daga élfica, aunque nunca ha tenido que utilizarlas. Atado a la espalda lleva a Menyár, largo tiempo temido en las tierras del Norte por su fuerza y por la habilidad de su portador.
Historia del personaje
Esta historia se centra en tiempos mas plácidos de los que ahora vivimos, un tiempo donde la guerra solo se conocia en los cuentos de las viejas, y la gente asi se lo tomaba, cuentos de viejas. La historia de la forja de su negra historia. Empezaremos esta historia con los hechos que le acontecieron a su familia, antes de que el naciera. Su padre era un próspero tabernero. Todos los viajeros de aquella parte del mundo conocian su taberna, La Espina Dorada. Siempre habia gente en la posada. Su madre era una hija de una acomodada familia, una de las mas ricas del pueblo. Se conocieron una noche, cuando su padre, llamado Durzalas, salió de la taberna tras un dia agotador y se dirigió al bosque, pues alli habia un pequeño lago, y le gustaba ir alli a pensar. Pero ese dia el destino mandaba, pues se encontro con su madre, Lirovindil, que habia ido al bosque a recoger flores y la noche se le habia echado encima. Cuando vió a Durzalas se sentó a su lado, y su pusieron a charlar. Llegada la hora de irse, Lirovindil besó en la mejilla a Durzalas. Este se sintió cautivado por su inteligencia y hermosura, y cada vez que podia hacia una escapa al lago, donde casualmente siempre la encontraba, mirandolo divertida, al verlo llegar sudando. Asi poco a poco se fueron conociendo. Al poco tiempo de producirse estos encuentros ya sentían un gran amor por el otro, pues parecía casi inhumano que sintieran tantas sensaciones mientras conversaban, mientras se quedaban largo tiempo mirando como la luz poniente se reflejaba en múltiples matices en los ojos del ser amado, en la forma que tomaba su boca mientras sonreía y lloraba, hablaba y callaba. Muy pronto decidieron casarse, pues se querían mucho, y sabían que ese amor no se extinguiría, que ni el tiempo ni el dolor borrarían de su mente aquel rostro tan infantil y a la vez tan maduro, aquel rostro tan dispuesto siempre a la risa. El padre de Lirovindil, un viejo decrépito que insistía en controlar cada momento donde estaba su hija. La boda se celebró por todo lo alto, con un banquete espléndido, que se celebró en la posada de Durzalas. A partir del casamiento las cosas le fueron muy bien a Durzalas, que siempre tenía llena la taberna, ya había tenido que contratar a algunos camareros, pues apenas tenía tiempo para estar en casa. Pero eran felices. Lirovindil iba por las mañanas al bosque, a recoger flores silvestres, pues siempre fue una amante de las flores. Pasados dos años, una mañana nublada, Lirovindil sintió algo que se revolvía en el estomago, y luego una patada, y supo que estaba embarazada. Y esto hizo muy feliz a la pareja, pues ambos habían deseado tener hijos, intentándolo sin éxito hasta el momento. Por eso prepararon con gran celo la llegada del bebé, comprando todo tipo de accesorios para la mayor comodidad del mismo. Y al fin nació el niño, pues era un niño, y lo llamaron Faeryôl, tenía una tez pálida
, y unos ojos de color azul profundo, y muchas veces desconcertaba a la gente que un niño tan pequeño pudiera mirar tan profundamente las cosas que le rodeaban, como si entendiera el misterio mismo de la Vida. El chico creció feliz en el seno de su familia, sin apenas relacionarse con el Exterior. Al cumplir los 78 años, edad en la que aún se considera joven a un Elfo, pidió al herrero que le forjara una espada, y salió en busca de aventuras, pues no aguantaba más la aburrida vida del pueblo, con su incesante monotonía.
Duranto largos años vagó por tierras desconocidas, habitadas por seres extraños de tez oscura y corazones malignos. Cada vez gustaba menos de la compañía de seres de su misma raza, y pocas veces volvía a su pueblo natal. Paulatinamente se fue volviendo mas hosco y salvaje, y brutal en la batalla. Cazaba orcos en aquellas tierras, pues en aquella época estaban empezando a aperecer en mayor número. Tras 50 años de vagar alejado de toda civilización muy pocos podían competir con el en el manejo de la espada y el arco, y en aquellas tierras le llamaban el Cazador, pues pocos se habían cruzado con el y habían salido con vida. La negrura fué llenando los recovecos solitarios de su corazón, ya no sentía aprecio por ninguna forma de vida. Y por estos actos atrajo la atención del Vampiro, un ser de leyenda del que raramente se hablaba, pues apenas llegaban rumores sobre el, pero los pocos rumores que llegaban hablaban de cuerpos sin un rastro de sangre, y de un poder sobrenatural. Este Ser fijó su atención en Faeryôl, y cuando este salía de caza lo seguía, pues le encantaba ver batallar al Elfo.
Pero una noche se selló su destino. Faeryôl estaba dormitando en un lecho de paja que tenía al fondo de la caverna que utilizaba como guarida, pero tenía un sueño ligero, y al escuchar un ruido extraño abrió los ojos. Y lo que vió mirándole desde las sombras lo dejó helado. Un Ser alto, pálido como la misma Muerte, de cabello largo y desgreñado y uñas muy largas y sucias. El Elfo se levantó rápidamente y desenvainó a Oirahetha. Pero el Ser siguió avanzando, y con la rapidez propia de un dios, esquivó la acometida de Faeryôl y le quitó la espada de las manos con un puntapié. Cuando el Elfo se dió cuenta, ya estaba atenazado por la irresistible fuerza del Vampiro, pues eso era, Faeryôl así lo dedujo por su aspecto y su rapidez. El Ser hundió los colmillos en el cuello, y bebió de el hasta saciarse, dejándolo medio muerto. Posó el cuerpo del Elfo en el lecho de paja, y acto seguido se marchó de la cueva, con una rapidez que pocos ojos podrían seguir.
A la mañana siguiente, Faeryôl despertó recordando un mal sueño, en el que un Vampiro le mordía y luego lo dejaba desangrado, tendido en el lecho de paja. Pero entonces tuvo un presentimiento, y se llevó las manos al cuello como buscando algo, pero ay, lo encontró. En su blanco cuello había dos marcas, y entonces Faeryôl comprendió que estaba Maldito, que habría de alimentarse de la sangre de sus hermanos y hermanas, y que no sentiría remordimiento por ello, pues apenas tenía relación con nadie que no fuese el bosque.
Algo raro le estaba pasando, sentía una comezón que le retorcía por dentro, pero no sabía que podía ser. Al menos hasta encontrarse con una pandilla de orcos que vagaba por su territotio. Entonces la sintió con toda nitídez, la Sed Oscura. Sin siquiera desenvainar la espada se lanzó al ataque por la retaguardia, y antes de que el grupo se diera cuenta ya había acabado con la vida de dos, bebiendo de su sangre hasta saciarse. Sintió un éxtasis incomparable, mucho mayor al éxtasis que proporciona cualquier placer humano o carnal. Desenvainó su espada y se lanzó contra los tres que quedaban, haciendo gala de una fuerza monstruosa, que ni el mismo creía conocer. De un sesgo rompió la espada de uno de los malhadados orcos, llevándose medio brazo en el proceso. Combinando su antigua destreza con la increible rapidez y fuerza que poseía ahora fué muy fácil acabar con ellos. Actos horribles cometió en aquellos momentos de su vida, pues la Sed lo impulsaba a cometer asesinato tras asesinato, pero nunca se saciaba. Al final, tras largos siglos de dolor, de sufrimiento y soledad, decidió volver a su pueblo natal, aunque sabía que solo vivirían alli los hijos de sus hermanos, si es que sus padres habían engendrado más hijos. Llegó al pequeño poblado poco antes de la medianoche, y tuvo toda la noche para darse cuenta de que el ya no pertenecía a aquel lugar, que no encontraría sosiego en compañía de otros elfos o humanos, pues estos se espantarían ante su aspecto sobrenatural, y escaparían sabiendo que acabaría con sus vidas a la más mínima oportunidad.
Así vagó durante años, y se internó en Haldanóri, aunque no lo sabía. Oyó hablar de seres malvados y poderosos, y decidió ir al encuentro de aquellos seres, los Señores de Nurn, y sintió que era su Destino quitar las vidas de inocentes por su negra causa, que pronto sería también la suya.
Firma
Vosotras insignificantes criaturas estais dispuestas a sangrar por vuestra tierra. Yo estoy dispuesto a derramar vuestra sangre en ella. Señores de Nurn
