La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Seron

Jugador: Tasartir

Avatar de Seron
Personaje
Seron
Clan
Señores de Nurn
Raza
Elfo
Otros nombres
Lumnelda (Opresor de elfos)
Ingreso en el Clan
09-09-2004
Armas y/o poderes
Armas: Espada larga (Mornakarne), Dagas negras, Arco. Emplea especialmente la espada.
Armadura laminada, muy ligera a la vez que resistente.
Como hijo de un orco, ha heredado de esta raza la capacidad para oler la carne humana y la sangre.

Descripción del personaje

Altura: 1,95 mt.

Pelo plateado, piel oscura, ojos rojizos

Historia del personaje

Estaba muerta. Las gotas de sangre resbalaban por todo su cuerpo desde la base del cráneo, el lugar en el que el mordisco había desgarrado y arrancado la carne. Aquella no era la primera vez que mataba, pero Seron sentía que en el fondo era diferente a las veces anteriores. Mientras desgarraba el cuerpo de la mujer comenzó a pensar en su pasado, en lo ocurrido antes de aquella muerte.

Desde que era muy joven, Seron se había mostrado como un gran arquero, sin embargo, su carácter en exceso agresivo le había mantenido lejos de la gente de su pueblo, quienes además le miraban siempre como si no perteneciera a ese lugar.

Cuando aun era apenas un niño, disfrutaba matando animales en los bosques, los cuales devoraba en el lugar en que los daba caza. Aquellos actos se veian agravados por la violencia que mostraba ante los suyos. Esa violencia aumentaba cada dia, haciendole buscar cada vez más poder entre los suyos. Ese ansia de poder fue lo que le llevó a cometer su primer asesinato, a descubrir su verdadera naturaleza: asesino. Su locura se acrecentó poco a poco, hasta que comenzó a matar. El motivo de ese acto fue unicamente el reproche que le hizo la victima por devorar un caballo mientras todos le observaban. Al dia siguiente, el cuerpo fue hallado con el corazon arrancado, cubierto con su propia sangre.

Con el tiempo, Seron habia perdido sus ya escasos escrupulos, y la sangre con la que se alimentaba, de los de su propia raza, le hacia enloquecer cada día más. Con cientos de muertos a sus espaldas, la inexistente cordura de Seron le llevó a cazar a los de otra razas. Los orcos fueron sus victimas, hasta que fue capturado.....

Fue llevado a una cueva, después de soportar un dia de torturas. Debido al cansancio que los orcos observaron en él, ni siquiera se molestaron en maniatarlo. Cuando todos dormian, Seron, con el cuerpo machacado por las palizas recibidas de los orcos, se preguntaba porque no le habrian matado, ¿cual seria el motivo por el que seguía vivo?. En medio de sus pensamientos, decidió salir de allí, llevándose por delante a todos los orcos que alli moraban. Se levantó despacio, procurando no hacer ruido. Buscó sus armas, que se hallaban ocultas entre los brazos de un orco cercano a él. Se acercó a él, y le partió el cuello, recogió sus armas y dio inicio a la matanza. Rapidamente calculó los orcos que había allí, y viendo que no habría más de diez o doce, fue acabando con ellos uno a uno, en completo silencio. Se dio un festín, cogió varios de los cuerpos, los descuartizo, y con ellos se alimentó durante varios dias, con su cuerpo y su sangre.

Cuando se recuperó por completo, volvió a la caza de cualquier raza que se cruzara en su camino. Fue así como asesinó a elfos, orcos, humanos, y cualquier raza animal. Sus ojos rojizos cada dia brillaban con más locura, el ansía de poder se había apoderado de él, y ya unicamente buscaba alguien que le ayudara a dominar a todas las razas conocidas. Sin embargo, había algo que aun no sabía y necesitaba saber. Jamás había conocido a su padre, ni nadie le había hablado de él. Antes de lanzarse a la búsqueda de alguien con su misma ansiedad y ambición, decidió volver a ver a los suyos.

Llegó temprano, demasiado temprano. Los cazadores de su pueblo salian a cazar cuando se cruzaron con él. Las miradas que le lanzaron dejaban ver una mezcla de temor y amenaza, sabian que no debía estar allí, que el motivo de su vuelta no era suficientemente importante como para perturbar la paz de los elfos. Inmediatamente fue a buscar a su madre, con la locura en sus ojos, inyectados en sangre. La encontró descansando en su cama, con la expresión de tristeza que siempre la había caracterizado. Ella se volvió hacia él:

- ¿Qué haces aquí?

- Buscar respuestas. Buscar mi pasado. Quiero saber porque la gente me odia, ¿porqué desde que nací me han mirado como si no perteneciera a este lugar?

- Tu pasado siempre te ha perseguido y siempre te perseguira.

- ¿Qué quieres decir?- Seron hablaba intentando controlar la colera de su interior.

- Si te lo cuento jamás volverás, lo sé.

- ¿En serio piensas que yo quisiera volver?

Con lágrimas en los ojos, la madre de Seron comenzó a contarle la verdad, una verdad que siempre la atormentaría, que acabaría con ella: Poco antes de que nacieras, un grupo de elfas fue capturado por Melkor. Buscaba experimentar con ellas, y asi lo hizo. Ordenó a sus orcos que se encargaran de ello. Algunas de nosotras conseguimos escapar, pero solo una llevaba dentro de sí una nueva vida, el fruto de una mente perversa. Nadie sabía que yo estaba embarazada, y que el padre de mi hijo era un orco. Eres resultado de un experimento malvado, fruto del mal, y esa es tu maldición. Solo por fuera eres elfo, pero tu corazón es malvado y cruel, esa es la herencia de tu padre, ese es el motivo de tu rechazo y de tu locura.

- Tu ocultamiento de la verdad me ha destruido, y ahora te destruira a ti.

Seron sacó su daga, y antes de que su madre pudiera reaccionar la había cortado la lengua, impidiéndola hablar. Delante de ella se la comió, saboreando cada gota de sangre. La cortó tambien los brazos, desgarrando y saboreando su carne. Finalmente la atravesó el corazón, un corazón que mucho tiempo atrás se había roto. Cuando ya estaba casi muerta, la mordió en torno a la base del cráneo, desgarrando la carne. La contempló. Estaba muerta. Y era su madre, por eso aquella vez sentía que era diferente.

El odio contra Melkor, a quien culpaba de su nacimiento creció en su interior. Y cuando llegó la noche abandonó para siempre a su pueblo.

Cuando se encontraba por fin lejos de su antiguo hogar, ya muchos dias después, distinguió a dos figuras. El hambre empezaba a torturarle, y se abalanzó sobre ellos. Observó que eran un elfo y una elfa. “Sangre fresca”, pensó. Desenvainó a Mornakarne, su espada y atacó directamente. Le sorprendió la destreza con la que se defendieron, y unicamente un mal paso acabó con él. Descubrió asi que el cansancio le había llegado, al caer, se golpeó con la cabeza contra una piedra, y antes de perder el conocimiento, escuchó al elfo al que había intentado atacar: “parece ansioso por gobernarnos. Atémosle y llevémosle con nosotros”. Seron perdió el conocimiento, pensando que había en el mundo seres con los que podria convivir.

Vida

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