La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Jeîsilark

Jugador: Blackpearl

Avatar de Jeîsilark
Personaje
Jeîsilark
Clan
Orden de Telpe
Raza
Humana
Otros nombres
Ingreso en el Clan
09-09-2004
Armas y/o poderes
Una daga, hacha de abordaje,y alfanaje.
Pero lo que siempre llevo encima es mi espada junto con mi brújula.

Descripción del personaje

Jeîsilark inspira belleza como el mar pero a la vez desconfianza. De pelo largo y negro como una noche sin luna, adornado por unas trenzas que se hacen entrever con su cabello liso. Al final de cada trenza un pequeño caucho de madera pintado de rojo y azul ayuda a que no se deshaga.

De labios finos y ojos negros; su piel es morena, siempre tostada por el sol.En el ojo derecho lleva un parche, debajo del qual esconde una quemada fruto de una tortura.

Es de estatura mediana y su cuerpo es delgado pero esbelto, lo cual la hace muy escurridiza y ágil. Sus manos finas y delgadas, como sus muñecas, con las que es capaz de cojer todo tipo de espada por muy pesada que sea. Entre sus dedos luce un anillo de plata con una pequeña gema azulada que recuerda el color de un atardecer. Su vida y aventuras le han permitido desarrollar unas piernas fuertes como robles, capaces de saltar y escalar los más recónditos lugares.

Tiene 20 años, y lleva siempre en su cuello un hilo de cuero con una garra de lobo. Lleva una pulsera de plata en cada brazo y por encima de su camisa blanca, al final de su cintura un pañuelo ancho y largo de color marron cojido con un nudo y dejado caer, y sobre este un pequeño cinto donde cualga la vaina para su espada.

Visre unos pantalones negros ajustados que le permiten unos ágiles movimientos y bajo los cuales se esconde una cicatriz. Calza unas botas marron oscuro que tapan el pantalon hasta casi las rodillas.

Más sobre las armas...

La daga es el arma más sencilla, se puede ocultar fácilmente y es muy útil en asaltos a corto espacio ya que la espada es más complicada de utilizar en pequeños espacios.

El hacha de abordaje, muy útil a la hora de llegar a la cubierta del barco enemigo, una vez en la cubierta del barco se utiliza para derribar las velas.

El alfanje, para cortar la carne, su pequeño tamaño es ideal para el cuerpo a cuerpo y reducirlos en los espacios menores. Su manejo es sencillo, consiste en dar sablazos al enemigo hasta causarle la muerte. Aunque no mi preferida suelo tener una en mi navio por si acaso.

Y como no mi querida espada, liviana com una pluma y con una una bandera pirata forjada en la empuñadura, que junto con mi brújula siempre llevo a mano, nadie osa desenfundar ante mi presencia, nadie excepto los corsarios.

Historia del personaje

Morgan: dime capitana a qué es debido ese parche en el ojo ?

Jeîsilark: entonces se más galán Morgan y pregúntame que es de mi pasado.

Morgan: ( irónicamente) Cuál es su pasado ?

Jeîsilark: está bien amigo, siéntate, pues el relato es largo—mientras decía estas palabras, Jeîsilark sacó una botella con un líquido un tanto amargo pero que mantenía en pie a cualquiera.

Sabes de sobra que la vida de un marinero de agua salada es a todas luces miserable, así que lo último que un caballero de fortuna deseaba era verse atado a cualquier tipo de juramento o lealtad. Por ello un capitán debía ser un individuo al que se debía tener un gran aprecio por su carisma o un miedo horrendo, con el fin de que la tripulación realizara con eficiencia sus tareas y se mantuviera calmada. Ese era mi padre, Edward, una persona justa e imparcial, con dotes de liderazgo, con una habilidad diplomática tanto para con sus hombres como para cualquier persona ajena a la Compañía, hábil con las armas pues debía dar ejemplo de valor al resto de la tripulación y por supuesto capaz de hacer prosperar a todos los integrantes de la nave.

Las leyes o más bien directrices que regían en su barco hacían que él tuviera más autoridad que cualquiera de los otros marineros en lo que se refería a decisiones como el asalto o no de una nave, el rumbo que se debía seguir o el castigo que se debía dar a un marinero por una infracción.

A grandes rasgos, ese era mi padre, un hombre respetado entre piratas claro.

Arriesgaba el pellejo para conseguir el botín y se guardaba mucho de dejarlo enterrado en algún lugar donde cualquiera lo podría encontrar. Normalmente dilapidaban sus ganancias en el menor tiempo posible o hasta que pudieran emprender una nueva expedición. No recuerdo una estancia de la nave llena de oro y plata como mucha gente cree. Solo mi padre en la popa del navío con sus cabellos largos y negros siempre adornados con alguna joya que había robado, con pulseras y brazaletes que se extendían entre sus brazos, quemados por el sol. A través de los años su único propósito fue obtener tesoros de cualquier forma. Inestimables riquezas fueron gastadas por él, por mí y por los marineros de la tripulación.

Recuerdo mi infancia rodeada de asaltos, contrabando de bebidas como la que ahora estas tomando Morgan, y siempre rodeada de hombres. Quizá la inexistencia de una presencia femenina en aquel entonces hizo de mí una mujer dura como una roca, intrépida, ocurrente y pícara. A diferencia de mi padre, yo prefería conseguir las cosas con mis dotes para la palabra y el convencimiento, así que siempre tuve una relación algo escabrosa con mi padre por lo que se refiere a este tema. Poco a poco iba creciendo, y cada vez sentía en mi interior que no podía encontrar la paz si no era al timón de una nave, al mando de un barco. La libertad extrema, la capacidad de construirme y mantenerme una identidad sin la reafirmación de los otros, y especialmente de mi padre, para el que siempre fui la pequeña Jeîsilark.

Pero mi padre a la vez que mantenía batallas, también hacia prisioneros, una chiquilla entro en nuestro navío, nunca crucé una palabra con ella, yo era la hija del capitán y futura capitana, no podía tener ningún tipo de relación con los prisioneros, excepto presenciar algún que otro castigo. El tiempo pasó hasta que llego esa noche, la noche en que perdí todo lo que había conseguido gracias a mis lazos de sangre.

Yo dormía plácidamente, las olas eran regazo de mis sueños y la costa de una isla nos esperaba para seguir con nuevos asaltos y convertir a nuestro navío comité de inmensas sumas que permanecían enterradas en esos lugares, a la vez que el Oro Negro se convertía en la mayor amenaza de todo el océano. Todos los hombres estaban ansiosos, amotinándose, peleándose por el poder, intentando ser tan rudos y bastos que no se atrevieran a echarles de las tabernas.

De repente, gritos. Algo estaba pasando. Salí inmediatamente de mi estancia y contemplé como uno a uno se desplomaban un gran número de marineros, entre ellos mi padre. Fije mi vista en las manos de la pequeña pero ya mayor prisionera de nuestro buque, entre sus manos sostenia un extraño frascó.

Inmediatamente intenté salir por la ventana de la estancia y mantenerme agarrada pero resbalé entre la madera mojada y caí al agua, sin que me viera nadie.

Aprovechando mis dotes para la natación me mantuve en el agua tres horas hasta que el cansancio pudo conmigo y la cercanía de una cuerda entre mis brazos me hizo cometer el mayor error de mi vida, cogerme a ella.

Me subieron a bordo... y noté como mi piel rozaba la madera y el olor a ron impregnaba mis ropas.

Capitán Silver: vaya, vaya que tenemos aquí? Pero si es Jeîsilark, veamos que hace en estas aguas y sin su navío? Dijo el capitán de abordo.

Jeîsilark: dando un paseo—dijo con tono irónico.

C.Silver: veo que sigues con un humor irónico, igual que tu padre. ¿No es ese su navío? ese que se aleja hacia el horizonte... ¿A que es debido?

Jeîsilark: no es asunto suyo.

De repente el capitán cogió por el cuello a Jeîsilark y la estampó contra el palo de madera.

C.Silver: dime entonces si no es asunto mío, estos tres dedos que no ves en mi mano y que tu padre que arrebató.

Jeîsilark: Los asuntos con mi padre no son mis asuntos.

C.Silver: tienes razón, y sería honrado dejarte libre pero prefiero que pases un tiempo con nosotros.

Jeîsilark: estaré encantada de compartir su comida y ron—dijo siguiendo la ironía.

C.Silver: llevadla a las estancias para invitados… jajaja.

El brazo derecho del capitán me llevó hasta unas celdas del navío, donde quedé rendida y dormí unas cuatro o cinco horas.

De repente una voz de chiquillo me despertó. Llevaba una botella de ron y un poco de pan ...

Jeîsilark: ¿Cómo te llamas hijo?

Chiquillo: Me llaman Morean, soy el hijo del cocinero.

Jeîsilark: uhmm… así que Morean. Que tal si me consigues un manjar como este dos veces al día y te prometo que serás mi cocinero cuando tenga mi propio navío o incluso el viejo truhán capitán de un barco que tenga por bandera un par de tibias y una calavera pero te aseguro que no tendrás que servir comida, tendrás una vida idílica, como la mía.

Morean, que apenas tenía 10 años aceptó mi propuesta y me sirvió dos veces al día una botella de ron. A veces agua y pollo.

Largas charlas mantuve con él, sobre el mar, los asaltos, mientras iba ganando su confianza y sacando información sobre la localización de las llaves de la prisión. Hasta que una noche pedí cita con el capitán, que me visitó personalmente.

C.Silver: dime Jeîsilark, ¿Somos o no somos unos grandes amfritiones?

Jeîsilark: por supuesto, pero acércate, tengo una propuesta para ti, mi gran capitán. .

Silver asintió con la cabeza.

Jeîsilark: sé de la localización de un tesoro, la noche que me encontraste íbamos hacia él. Si me dejas libre prometo decirte su rumbo.

C.Silber: no veo porqué no.

Seguidamente Silber habló con su mano derecha, un tal Olinbert.

C.Silber: Olinbert, lleva a Jeîsilark al timón, sigue mis órdenes, y cuando yo te lo diga aplicaremos el maroon.( consistía en abandonar a alguien en un islote o isla desierta apartada de las rutas de navegación)

Por fin tenía un timón en mis manos. Estaba dispuesta a asociarme con quien fuera, para lograr vencer a Silber de una vez por todas.

Cuando llegamos al islote, todos fueron a por el tesoro, todos menos yo y Morean que quedó encargado de vigilarme. Así con Morean a mi favor puse velas al viento y deje a Silber y su tripulación en la isla. Esta vez fui yo quien aplico el maroon.

Morgan: fascinante, pero aún no me has contado el porque de tu parche en el ojo.

Jeîsilark: Bueno, aún no he terminado.

Moran en un principio pensó que era la típica canalla que no tiene nada que perder, pero al pasar las horas se dio cuenta de lo que me movía, el deseo de venganza, vengar la muerte de mi padre.

Así que reuní una tripulación, nombrándome capitana, pero en cierto modo Moran no terminaba de fiarse de mi, quizá porque la vida hasta ese momento le había enseñado a no fiarse de nadie.

Así que esa noche entró en mi camarote y con un hierro ardiendo me quemó el ojo derecho, dejándome sin vista durante unas horas, durante las cuales intentó mantener una pelea de espadas contra mí, pero yo me sentía responsable de él y no me atrevía a defenderme. Pero el seguía y seguía… hasta que con un movimiento rápido de espada intenté intimidarle, pero había perdido la vista momentáneamente así que me desvié y se la clavé en el corazón.

A partir de ese momento seguí reuniendo a gente, entre ellos tú, Morgan, y tapé mi ojo con este parche negro para disimular la quemadura y la traición. La mejor capitana del mundo no puede tener pasado, Morgan.

Morgan entendió entonces por qué su capitana era tan desconfiada y se quedó pensativo mirándola fijamente a los ojos.

¡¡Venga muévete!! ¡¡Viento en popa y a toda vela Morgan!! Todos a sus puestos!—gritó Jeîsilark—pues grandes cofres están cerrados con grandes candados y cadenas, pero todos estos grandes tesoros están escondidos de tal forma que aún no han sido descubiertos. ¡¡Nos están esperando!!

Vida

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