La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Nyárel

Jugador: -Enyalie-

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Personaje
Nyárel
Clan
Alianza de Eithel-Glîn
Raza
Elfa Noldo
Otros nombres
Lómëwen, Alassë y Náryanna.
Ingreso en el Clan
17-09-2004
Armas y/o poderes
Un arco y una espada. Es sanadora y hechicera, puede invocar el fuego y conoce la alquimia. Puede leer las mentes y transmitir su pensamiento. Conoce el quenya, el sindarin y el adûnaic.

Descripción del personaje

Tiene el pelo liso y negro como la noche, es alta (mide 1,85), delgada y de tez pálida, como la mayoría de los Noldor. Sus ojos tienen el brillo del mar, pues son de un azul profundo con tonos violetas cuando el fuego se refleja en ellos, y físicamente son el único rasgo que delata su ascendencia Teleri. Normalmente suele ir vestida en colores claros, en especial el blanco y el gris plata, pero cuando viaja o se encuentra en tierras extrañas se cubre con una capa larga de color azul intenso con bordados en plata. Porta una tiara de mithril con una gema blanca en la frente, sencilla a simple vista, pero que la distingue como hechicera. Siempre lleva encima una pequeña bolsa donde guarda los objetos que utiliza para curar así como las hierbas necesarias. Tiene un carácter alegre y normalmente se muestra amable, pero en los casos en que es necesario que acuda a la batalla se torna fría y temible para todos sus enemigos. Siempre viaja en compañía de su caballo Mornië, un magnífico ejemplar de color negro como la noche descendiente de los antiguos caballos del Oeste.

Historia del personaje

Mi historia comienza hace ya mucho... en Beleriand, durante el principio de la Primera Edad... Nací el año de la Mereth Aderthad en Nevrast, hija de una elfa Noldo del pueblo de Turgon, Súrelinde, y de un elfo Falathrim del pueblo de Cirdan, Síleär. Poco después Turgon comenzó la construcción de la más bella ciudad al este del mar: Ondolindë, que sería conocida como Gondolin; y allí fui a vivir con mi familia.

Mi vida en Gondolin fue feliz, allí no dependíamos del exterior ni temíamos por nuestra seguridad porque nadie sabía en dónde nos encontrábamos. Allí comencé mi aprendizaje como sanadora cuando mi madre me reveló que la habilidad en la sanación de las mujeres de mi linaje se debía a un don que la valië Estë nos había concedido. Con las enseñanzas de mi madre, la jefa de sanadoras de la ciudad llegué a ser considerada al menos tan buena como ella por los habitantes de Gondolin.

Dejadme que os hable de Súrion... mi gran amigo de la infancia, hasta que un día ambos nos dimos cuenta que lo nuestro iba más allá de la simple amistad. Él pertenecía a la casa de los herreros, y era alto y con el pelo y los ojos oscuros; tenía un gran carácter, pero con las personas más cercanas a él cambiaba completamente, se volvía dulce y atento; además poseía el don de la premonición. Él me dio el nombre de Alassë, alegría, porque siempre decía que lo mejor de mí era mi carácter alegre y sociable. Finalmente nos comprometimos y acordamos casarnos a la primavera siguiente. Pero aquella boda nunca se llegó a celebrar. Morgoth, el mayor de nuestros enemigos consiguió averiguar el lugar donde se ubicaba la Ciudad Escondida gracias a un traidor, y Gondolin se preparó para hacer frente al ataque: las forjas trabajaban día y noche fabricando armas y armaduras, las enormes máquinas de guerra ocupaban lo que antes eran bellos parques o jardines, los ejércitos se reunieron para tramar estrategias...

Finalmente estalló la guerra, y yo quise quedarme en la ciudad, podía manejar el arco como cualquier otro elfo, pero mis deberes como sanadora me lo impidieron, aunque no fue solo eso... Súrion me pidió que abandonara la ciudad porque el sabía que no teníamos ninguna oportunidad de salir victoriosos, así que no tuve más remedio que hacerle caso y me fui con la Dama Idril y su esposo Tuor a través del pasaje montañoso que llevaba al exterior. Antes de irme, Súrion me entregó un colgante que había fabricado él, de mithril y esmeralda, con la forma de una estrella de mar y con el nombre que él me había dado, Alassë, grabado. Al dármelo me prometió que volvería a verme tras la batalla y ya tras esto me fui de la ciudad.

La guerra fue cruenta e intensa, y poco después el enemigo logró arrasar la ciudad; sólo unos pocos soldados pudieron huir cuando todo estaba ya perdido, con la intención de salvar sus vidas. Por ese entonces ya habíamos partido a la desembocadura del Sirion, y habíamos perdido ya toda esperanza de encontrar a alguno de nuestros soldados con vida; entonces fue cuando llegaron los que se habían salvado. En cuanto oí la noticia fui corriendo a verlos, y allí encontré a Súrion, que había conseguido cumplir la promesa que me hizo, aunque se encontraba bastante grave. Con mucho esfuerzo consegui sanarlo, pero aunque su cuerpo estaba bien, las ponzoñas de Morgoth afectan al feä de los elfos y Súrion no consiguió sanar del todo. Antes de que su espíritu partiera hacia Mandos, Súrion me hizo prometerle que no abandonaría la vida ni partiría aún hacia el Oeste, porque él sabía que yo aún tenía un papel que cumplir en la Tierra Media.

Al terminar la Primera Edad los Valar le ofrecieron el perdón a los Noldor y les permitieron volver al Oeste, pero yo no me fui, aún debía cumplir la promesa que le hice a Súrion antes de que se fuera; por tanto me trasladé a Lindon hasta la construcción de Ost-in-Edhil, la Fortaleza de los Eldar, donde trabajé muchos años como sanadora jefe del Gwaith-i-Mirdaín, donde conocía a muy buena gente de las que aún conservo un grato recuerdo, especialmente de Telemmaitë, herrero y Melissë, su esposa que era astróloga y una gran hechicera. Esto lo guardaba en secreto y solo lo sabían las personas más cercanas a ella, pero acabó contándomelo porque observó que yo tenía cualidades por lo que me tomó como aprendiz para poder manejar esas artes: ahora soy capaz de invocar al elemental del fuego gracias a ella, pero son unas artes que sólo pueden usarse en caso de necesidad por lo que mantendré el secreto tal y como he estado haciendo todos estos años. Sobre mis dotes con la alquimia, además de aprender con Melissë, su marido Telemmaitë consigió sacar algunos libros del Mírdaithrond, porque los herreros y orfebres saben más que nadie de ese tema. Mi espada, Helkarussë, forjada por él, está hecha de una aleación de mithril la cual puede brillar como el hielo pero a la vez quema como el fuego más intenso que puedas imaginar.

Todo iba bien hasta que Annatar llegó a Eregion y sedujo a Celebrimbor para que fabricara los anillos. Por esas fechas Melissë me dijo que según las predicciones de las estrellas Annatar iba a llevar a la ciudad a la ruina, y entonces planeamos, ella, Telemmaitë y yo, de irnos de allí, porque Melissë estaba embarazada y dentro de poco no podría viajar. Entonces nos dirigimos a Lothlórien, al este de las Montañas Nubladas, donde encontramos refugio en el pueblo que regía el rey sinda Amdír.

En Lothlórien la vida fue muy tranquila, aunque nos entristeció mucho la noticia de la caída de Ost-in-Edhil aunque no nos cogiera por sorpresa. Tiempo después contemplé la posibilidad de irme de aquel lugar porque unos extraños sueños me perseguían, en ellos veía siempre lo mismo: una ciudad en guerra a orillas del mar y a alguien que me decía que fuera al sur, siempre al sur... y también obtuve un nombre, \'La Alianza de Eithel-Glîn\', que en ese momento no tenía sentido para mí. Hablé con Melissë de esto, y ella me aconsejó que siguiera esa voz, cosa que hice poniéndome en camino sólo con mi caballo y el equipaje más imprescindible hacia el sur, preguntando por Eithel-Glîn en todos los pueblos que encontraba. Un día, en un pueblo de la costa, me dijeron que las tierras de Eithel-Glîn se encontraban en las Haldanóri, al sur de Endor, y que me podrían llevar en barco porque así llegaría mucho más fácilmente. Yo accedí y tras un apacible viaje desembarqué en el puerto de Eärráme, desde el cual llegué a Tyelpëosto, la fortaleza de Eithel-Glîn.

El resto, como sabéis ya es historia, y aquí me quedaré hasta que mi promesa esté cumplida y pueda regresar a su lado.

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ARMAS:

Un arco largo gondolindrim llamado Varyalë y una espada ligera cuyo nombre es Helkarussë. También porta una pequeña daga escondida entre los pliegues de su capa.

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PODERES:

Tiene el poder de la sanación y puede leer las mentes al igual que transmitir sus pensamientos. Es hechicera, por tanto puede invocar al elemental del fuego y conoce los secretos de la alquimia.

Firma

El susurro del mar me llama, y mi corazón desea verte, pero yo sé que todavía no debo partir... todavía...

Nyárel ·· Alianza de Eithel-Glîn

Vida

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