La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Lúmenel

Jugador: Isilmeriele

Avatar de Lúmenel
Personaje
Lúmenel
Clan
Orden de Telpe
Raza
Elfa Noldo
Otros nombres
Randiriel (Errante), Morámewen (Doncella de Alas Negras) y Elenserkë (Sangre de Estrellas).
Ingreso en el Clan
26-09-2004
Armas y/o poderes
Lleva un arco de madera negra y flechas de igual color con terminaciones blancas llamado Nuruquessë. También su cuerno que utiliza en cada batalla: Moriorlindë.
No tiene ningún poder especial, aunque algunas veces puede ver el futuro.

Descripción del personaje

Callada y seria, como un espectro cuya alma ha caido para siempre en los negros senderos de la Muerte.

Su aspecto, un tanto desalineado es el de una joven Elfa Noldo. Cabellos oscuros y lisos, ojos verdes, mirada serena y profunda.

Su tez es clara y de finos rásgos, es alta y delgada.

Viste siempre de negro, para pasar desapercibida en noches sin luna por los senderos más recónditos de Endor, a donde sus pasos la llevan con frecuencia.

Historia del personaje

-No puedo describírtela- dijo Aegnor a su hermano.

-Tal vez fué solo un sueño Aegnor, no debes confiarte...-

-Se lo que ví, ella era real... Creo que volveré allí para encontrarla.- resopló el joven elda, aún impactado por la belleza de aquella mujer.

Caminó solo y llegó hasta el claro del bosque donde había una hermosa doncella de cabellos negros sentada. Seguía allí, donde el la había visto antes, era real. Parecía haber sido pintada allí, sus facciones eran hermosas y tenía una expresión gentil y dulce.

Esa hermosa apariencia ocultaba un terrible odio y un funesto destino para el joven Noldo...

Nosthariel, una Noldo al servicio de Morgoth había sido designada con una misión: traer al mundo un hijo que tuviera sus terribles poderes y que llevara la sangre de los Hijos Mayores de Ilúvatar en sus venas.

Porque Nosthariel, a la que en Lengua Negra llamaban Gâshka, había sido dotada de un enorme poder, un orgullo sin medidas y un gran odio a la luz, y Morgoth quería que en el futuro que llegara quedara para siempre en la Tierra Media un ser que tuviera esa fuerza y la maldad en el corazón.

Así cayó el en aquel terrible sortilegio, enceguecido por la belleza y la bondad que veía en su esposa, sin ver más allá de su negro corazón. Pasado el tiempo tuvieron una hija... una Princesa Noldo a la que llamaron Lúmenel.

Unos años después de su nacimiento Aegnor partió a la Dagor Bragollach donde murió por una piedra que cayó desde Thangorodrim. Fue entonces, que Nosthariel Gâshka se escapó de Beleriand previendo que las guerras la azotarían, su corazón le predecía el futuro.

Se instalaron a la sombra del Bosque más viejo de todo Endor. Allí, donde los rayos del sol no podían acariciar la tierra húmeda y enmohecida, allí creció Lúmenel, y las palabras más profundas, que más tocaban su corazón, aquellas que fueron guardadas como un secreto misterioso, custodiado por los celos del alma, iluminado por los centellantes ojos verdes de la Elda, fueron aquellas que salieron de boca de su madre. Su única maestra. Pues aunque Elensérkë quería aprender, y nada saciaba su sed de conocimientos, Nosthariel nunca dejó que otra persona la educara. Sabía que su hija ocultaba un terrible poder. ¡Pero que poder!, tan desgarradora era la fría y gélida mirada de aquella muchacha, excavaban profundo en el alma. Y sin embargo, cuando se la miraba distraídamente era angelical y frágil. Pero aunque parecía que no podía hacer un daño mayor, en realidad su cuerpo albergaba un espíritu muy poderoso. Y su corazón se volcó con toda pasión a la oscuridad, a la maldad... A la hechicería.

Una noche Nosthariel le dijo a su hija que el momento más importante de su vida había llegado... Su mirada tenía una expresión demoníaca, como un brillo distante y rojo entre sus grandes pupilas negras. Se paró junto a su hija, que tenía la mirada clavada en la nocturna oscuridad:

-Ya es hora- dijo Nosthariel con una sonrisa maligna. Pero Lúmenel no sabía a que se refería con eso y por lo tanto se contentó con esperar.

-Lúmenel hija mía, un gran futuro te aguarda- le dijo su madre.

-¿Qué es lo que me espera?, dime tu que lo has visto.

-No, debes ser paciente, como hasta ahora, no diré más- dijo su madre.

-A decir verdad no se si quiero la gloria y el honor...o lo que ves más allá de lo que se me revela a mi.

-Solo el tiempo te lo dirá...nada más debes aguardar.- calló

Unos días después llegó a Nurudáe un Jinete alto y oscuro en un corcel negro como las sombras de la noche, sigilosamente se acercó a Nosthariel, bajando del caballo con un golpe sordo, un viento helado se levantó a su alrrededor y le habló en la Lengua Negra. Luego entró y se quitó la capa. Nosthariel le habló entonces a su hija y le dijo:...

-Morámewen, éste es un emisario de Sauron señor de Barad-dûr en la Tierra de Mordor.

-Este es el día de nuestra separación, que será para siempre, así me dice el corazón. Pero tú debes quedarte aquí hasta el cuarto día luego de la próxima luna llena, llegará a tí una persona que te guiará a tu verdadero destino. Cumple con lo que este te aguarda.

Esa misma noche Nosthariel se separó de su hija y se fue a vivir a Barad-dûr, para ayudar a Sauron en sus propósitos, en la guerra que vendría y en todo lo demás.

Lúme se quedó sola en Nurudáe esperando por alguien que le daría una pista, de que era lo que tenía que hacer, y cuando de la luna llena hubieron pasado cuatro largos días la Elfa se sentó en la oscuridad de los árboles del bosque esperando a esa persona que le daría un mensaje.

De pronto sintió el ruido de un caballo, pero la oscuridad era tanta que no pudo distinguir quien se acercaba. Pronto apareció ante ella un caballo blanco y un jinete cubierto con una capa gris oscuro, éste se bajo, se sintió el sonido de unas pesadas botas que tocaban el suelo y el caballo relinchó, el jinete hizo una reverencia...

-Soy Mekêtth hijo de Haryon, busco el camino que conduce a las playas del Sur, Oh Dama, ¿sabrías decirme donde es?- preguntó intentando ubicar la figura delgada de la joven en la oscuridad nocturna.

Lúmenel se quedó mirándolo y en ese momento tuvo una visión...No quería el futuro que le estaba prdestinado si se quedaba allí, esperando por la persona misteriosa que la guiaría, porque veía en el el lejano País de Mordor, a donde iría a vivir, allí le aguardaban grandes cambios y mucho honor, el reconocimiento y respeto de cientos de súbditos, que harían todo lo que ella ordenase. Pero decidió en esos segundos, antes de responderle al forastero, que partiría sola, por caminos desconocidos, a tierras desconocidas, a lo que el destino le deparase.

Luego se volvió a mirarlo, era un Elfo, más bien un Noldo por el aspecto: alto, fuerte, de cabello negro y ojos grises. Traía una gran espada en la cintura, con el solo hecho de mirarlo, Lúmenel tuvo un sentimiento hasta entonces desconocido. Habían pasado unos cuantos años en los que no había tenido la oportunidad de hablar con nadie, porque nadie se extraviaba en ese lugar del bosque. Era la parte más densa y oscura.

Le preguntó entonces porque buscaba ese camino a esa hora, y el le respondió que era un asunto de mucha importancia para su pueblo, en Mithlond, pero que estaba perdido, y que necesitaba un lugar donde pasar la noche.

-¿Por qué buscas a estas horas un camino, en la oscuridad del bosque más sombrío?- dijo ella.

-Porque los caminos se han vuelto peligrosos, y aunque se cuentan cosas extrañas de éste bosque, le tengo más confianza que a cabalgar bajo el reguardo del cielo.- respondió el.

Entonces la muchacha se quedó pensando y luego dijo...

-Entonces puedes quedarte aquí hoy, porque el amanecer está próximo y es mejor viajar por los caminos bajo las luces pálidas del amanecer.

-Pocas veces en caminos tan sombríos he encontrado tantas hospitalidad-dijo el sonriendo.

Entonces Mekkêth pasó y Lúmenel le dió una habitación para que se quedase. El muchacho entró a Nurudáe con cierto aire de desconfianza, se sentaron delante de un fuego que se estaba apagando, en lo más alto del talan. Oscuro, silencioso, paredes tapizadas por enormes hiedras verdes...

Entoces ella levantó la vista, como atraída por una fuerza más allá de su entendimiento. Y deseó tenerlo y llevarlo con Nuru, la Señora del Tiempo... porque la Muerte hablaba con ella a través de las voces de los que se habían ido, ella los convocaba, y entendía sus mensajes de pesar, eterno dolor. Pero entre esos gemidos le llegaban las enseñanzas de Nuru. Lo miró enterrando el fulgor verde de sus ojos iluminados por la luz de dos candelabros de plata, y las palabras se deslizaron fuera de sus labios...

-Soy la hija del tiempo, soy inmortal al igual que tú. ¿Pero no lo puedes ver?, hay algo más en mí, el Don de Nuru, el poder de llevarme las almas y no darles descanso eterno- dijo ella como salida de sus pensamientos.

Un escalofrío recorió la piel del Elfo, quien se dió cuenta que había sido puesto allí por la mano de un destino negro y cruel. Ahora la veía y sus ojos atravezaban su piel blanca y podía ver el odio que guardaba su corazón.

No tuvo tiempo a reaccionar, pues la voz de Lúmenel cayó sobre el y lo embriagó del más dulce placer, y la escuchó y no pudo arrancar los ecos de su risa suave que se arrastraban por su mente. Entonces ella lo tocó con sus manos, y al principio el las sintió desgarradoramente frías, como las manos de un muerto, pero luego, luego le quemaron el cuerpo, le dejaron cicatrices.

Y ella se acercó lentamente a su boca, y le cerró los ojos con los dedos, y lo besó, para que nunca más pudiera separarse de su recuerdo, pues ella lo dejaría ahí, solo y con el corazón en pedazos, y su sortilegio de eterno amor haría que el la desease por siempre.

Y esa misma noche, luego de que todas las luces de Nurudáe se hubieron apagado Elenserkë tomó su arco, su cuerno y se puso la capa. Sufriría mucho, así lo sentía ahora en el rincón más profundo de su corazón.

¿Serviría de algo todo aquel dolor, todo aquel sufrimiento?, ¿o acaso sería vano?.

-No- pensó para sus adentros,- nada de lo que estoy haciendo es en vano, y sé que tendré mi recompensa.

Saliendo de la casa se dirigió al establo, donde decansaba su hermoso caballo, Elenmôr y guardando unas pocas cosas se subió, y antes de dejar para siempre aquel lugar en donde había pasado toda su vida, dirigió su última mirada, y donde quedaba su único y verdadero amor, para siempre y sus últimas palabras...\"Ya no queda nada detrás sinó que lo que hay está adelante, en el camino de la vida misma\".

Entonces se precipitó entre las sombras que aún cubrian el mundo a esas horas y vagó hasta el amanecer por los caminos, caminos que no sabía a donde llegaban ni de donde venían. La bruma cubría las tierras llanas más allá del bosque sombrío de Fangorn, y vagar solo bajo la protección del cielo y las estrellas lejanas le parecía divertido ahora. Iba feliz y en su rostro se dibujaba una sonrisa aunque debajo de el se escondía el dolor de la partid y de dejar tantas cosas atrás.

Sintió el viento acariciar su rostro y mover sus cabellos libres y se preguntó por que había pasado tanto tiempo recluída en aquel lugar. Esa libertad de la que gozaba la hacía pensar mucho. Sin embargo, mientras todavía cabalgaba y al amanecer se acercaba con sus prime ras luces pálidas, sintió ruidos, sonaba a pesadas botas.

Se detuvo asombrada y asustada al mismo tiempo. Se bajó del caballo sin hacer el mínimo ruido y desenvainó la gran espada curva que la acompañaba. Y de pronto vió aquellos ojos y aquel repugnante olor fétido que acompañaba cada paso de aquellas criaturas.

Al divisarla en la niebla los Orcos creyeron que se trataba de un espectro, y se apretaron unos contra otros, como ratas acorraladas por un gato. Pero luego el capitán de ellos divisó mejor la frágil figura de Lúmenel.

-Miren!, es una Doncella- dijo en tono burlesco.

-Llevémosla con el amo- repitieron los otros haciendo sonar sus pesadasbotas contra el suelo.

-Tráiganla-ordenó el Jefe.

Los Orcos se acercaron, pero ella no sintió miedo, sinó que se movió con agilidad y esquivó aquellas manos que quisieron agarrarla.

Moviendo la espada con una gran destreza la hundió en el vientre de uno de aquellos horribles Orcos que cayó sin vida al suelo húmedo. Los demás la miraron impresionados.

-¡Qué esperan inútiles! tráiganme a la muchacha!- ordenó furioso el capitán viendo como solo una débil muchachita se les oponía a todos ellos.

Sin embargo dos Orcos volvieron a caer bajo su espada y se sintió feliz y exhausta.

Solo quedaban ella y el Jefe, poque la compañía Orca no era muy numerosa, solo habían sido tres los que habían probado el frío acero de su espada.

El Orco rió con malicia y se burló de Lahia.

-Jajaja ¿crees que correré la misma suerte que mis ratas?.

Lúmenel no respondió, solo se quedó quieta mirándolo con una expresión fría y casi vacía.

-Pues te digo que no niña, y ya me cansé de tí y de tu rebeldía, ahora no tendré piedad, ya no quiero llevarte con el amo, solo voy a matarte, porque me estas haciendo perder el tiempo.

El Orco volvió a reir. Pero esta vez se abalanzó sobre ella y golpeó su cimitarra mellada contra la hoja afilada y resplandeciente de la Elfa. Pero al fín el Orco perdió el dominio de su arma y cayó al suelo.

Lúme tomó su espada con la mano izquierda y con ironía le dijo...

-Ya no te haré perder más tu valioso tiempo- y así acabó con aquella horrible criatura.

Se había retrasado mucho, ya había amanecido y el cielo estaba matizado de distintos rojos. La Elfa estaba cansada y hambrienta. Preveía que no llegaría muy lejos en esas condiciones así que decidió parar en el camino para comer algo. Halló un arroyo, lo suficientemente grande como para poder beber y también bañarse. Tomó un poco de comida y luego se introdujo en las aguas cristalinas. La sensación del agua fría mojando su cuerpo la hizo sentir viva, le quitó la fatiga del viaje y la suciedad de la tierra del camino. El sol había salido ya y sus tibios rayos matinales la secaron. Se vistió de prisa para evitar más contratiempos y siguió su marcha.

Llegó a un camino, rodeado por extraños árboles, caminos sombríos que parecía que hacía mucho tiempo que nadie utilizaba, o que nadie recordaba. Se adentró allí, y llegó entonces a las Haldanóri, las Tierras Ocultas. Allí descubrió que se había formado un Clan, el Clan de la Orden de Telpe, y sintió curiosidad por saber de que se trataba.

Fué así como conoció ese lugar en donde vivían Elfos, Maiar y otros seres poderosos, sin que nada les atara, dispensando la muerte. No pasó mucho tiempo para que Lahia fuera aceptada, y desde entonces hizo amistad con aquellas personas, algunas tan diferentes a ella, otras con muchas similitudes. Se sintió atraída por el sonido del mar, y se le permitió vivir en las playas de Kemina Anka, y formar parte del Ejército de los Lobos. He hizo especial amistad con Täreisha, su capitana.

Sombras, la oscuridad más perturbadora que cualquier mortal pudiese soportar. Las llamas de un fuego abrasador se elevaron por entre los árboles marchitos, flores muertas que se convirtieron en cenizas, pues donde caía la mirada de la Hija de la Oscuridad no volvía a brotar la vida. Se instaló allí, perseguida por los ecos de un pasado tormentoso, huyendo de las memorias de sus días en la Tierra Bendecida. Ella ansiaba la muerte, su propia desaparición, no volver jamás...Aquello que llamaban inmortalidad era el cargo más pesado que podía soportar. No obstante ella era eterna, su cuerpo no podía afligirse por ninguna causa menor, y su espíritu desgarrando aquel envoltorio humano, queriendo volver a las entrañas de la Tierra, sobrevolar el mundo a través de las nubes grises y húmedas le había hecho odiar al Único.

¿Porqué había sido elegida?, ¿Porqué tanto poder, y tanto anhelo de muerte?. Nunca lo averiguaría... O quizá esa respuesta dormitaba aún en su corazón, latente, esperando el mínimo ruido para ser despertada. Y así lo escribió ella, eternizándolo en una hoja blanca de papel...

(...)Y aunque aún no he tenido tiempo de analizar el porqué de este don que Ilúvatar puso en mí, se en cambio que no volcaré tanta sabiduría y poder con el fin de termiar con los días de oscuridad. Veré en sus mentes, destrozaré sus pensamientos y acabaré con todos sus sueños.

Se aproximan los días de la Sombra, en que la Oscuridad llegue repentinamente como un invierno cruel para acabar con los vestigios de la última primavera. Ya no habrá otro amanecer para la luz ni para los corazones débiles porque la mano de la sombra caerá sobre ellos y los someterá hasta que solo sean un recuerdo de su pasado y pidan que les demos muerte para acabar con su tormento...

Sonarán altos los sonidos de la sombra, esas voces siniestras arrastradas por el viento, y Moriorlindë estará entre ellos. La oscuridad se aproxima, el Sol desaparecerá, el mundo se hundirá en las tinieblas y allí estaré esperando ese día sin amanecer (...)

Firma

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Vida

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