La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Thorjil

Jugador: peregrinoscuro

Avatar de Thorjil
Personaje
Thorjil
Clan
Concilio de Nan-Tasarion
Raza
Humano errante
Otros nombres
Espada azul. Mala bestia peluda.
Ingreso en el Clan
03-12-2004
Armas y/o poderes
No tiene poderes especiales.
- Espada azul: Un regalo de su maestro tras ganar su primera batalla. No la puede empuñar contra sus amigos o conocidos.

- Rastreo: Capaz de rastrear a cualquier ser de Arda.

Descripción del personaje

Un hombre de unos cincuenta años, aún así sigue manteniendo su agilidad y fuerza, es moreno de ojos oscuros. Un accidente le dejó una cicatriz en la espalda, que le recorre desde el hombro derecho hasta el costado izquierdo.

En batalla porta una espada larga de metal azul, y un escudo de oro. A lomos de su caballo negro causa estragos entre los enemigos.

No suele beber, debido a que si lo hace ve en delirios a sus antiguos camaradas caídos.

Historia del personaje

Nacido en una familia guerrera. A los dieciseis años, supo de la muerte de su padre, y poco después, no aceptando el nuevo casamiento de su madre, partió al ejercito. Tres años más tarde, ya era un gran guerrero. Acompañado por su fuerte y atletico cuerpo, subió peldaños poco a poco, de tamborilero a tropa rasa, de tropa rasa a capitán de pelotón, y una vez allí, se le recomendó para la escuela de espadachines. A los veinte años una misión le apartó de la lucha. Y fue a ayudar enseñando a los futuros paladines. Con treinta, ya era el encargado de la escuela, y doa años más tarde, fundó la suya propia. llamada Escuela de espadachines Radritah. Pero parece que el destino le aguardaba aún entre las armas y la sangre. Ahí se reencontró con Eärondur, o mejor dicho, con su mensajero.

Vuelta a los viejos tiempos. El retorno de Thorjil.

\"Diez años habían pasado desde mi retiro del servicio activo. Me hallaba en el salón de la escuela explicandoles a mis alumnos un nuevo ataque con finta muy efectivo. De repente entró mi aprendiz, Alador, seguido de un joven no mas pequeño que él:

- Muchacho, la escuela está cerrada. Deberás esperar a mañana para...

- Disculpad señor Thorjil, pero me envía un conocido suyo. Traigo un mensaje de su parte...

¡El mensaje! Largos años había esperado a que me readmitieran así que me incorporé velozmente y me dirigí hacia el joven. Le arrebaté la nota que portaba y la leí:

\" Thorjil:

Ha llegado el momento. Vuelve junto a nosotros, amigo mío. La batalla es inminente y necesitamos a todos los guerreros.

Eärondûr.\"

Tras leerlo hable a mis aprendices: \"Caballeros, en este momento ya son guerreros. Ya saben como defenderse y cuando usar la espada. Todos sois la nueva compañía de Thorjil. Más tendréis una mision hoy mismo. Iremos junto a mi antiguo maestro, Eärondûr. Y otra cosa mas, seréis sus guerreros, asi que acatad sus ordenes y no tendréis porque ser relegados del puesto. Teneis poco tiempo, asi que daros prisa!!\"

En unos minutos las armas, los caballos y equipajes estaban listos. E instantes después partieron a la batalla.

Guerrero viejo, caballo viejo, armas viejas... ¿La guerra? Siempre sería entrechocar de armas, por lo que para mí no era nada nuevo. Si, volvería a luchar y mi nombre volvería a ser nombrado en las canciones de los juglares. Al fin retomaría mi lugar.

El mensajero me miró y tras sentarse en un butacón me contó todos los problemas que estaban teniendo, también que Eärondûr había partido y llevaba tiempo sin volver. Entonces me dijo:

- Tengo hambre.

- Hazte algo de comer -le respodí. No le sintió muy bien por cierto.

- ¿Dónde habéis dejado vuestra hospitalidad?

- Junto a Griffo, el aprendiz que se encargaba de las cocinas. No esperes que te haga yo de comer, pues junto a tu señor hube de apañarmelas por mí mismo.

- Mi señor tiene lista la comida para sus mensajeros...

- ¿Quién crees que la hace? Otras personas que trabajan bajo sus órdenes. Piensa joven, que si alguien está enfadado por él y trabaja en las cocinas bien podría envenenarle. ¿Acaso lo ves a él pedir que le sirvan su comida? No, si tiene hambre, él mismo se alimenta. Así que tu podrías hacer lo mismo y aprender un poco de la vida.

- ¡Señor Thorjil! Me llamo Roire he servido bajo el mando de mi señor durante años, he luchado junto a él y he sentido los gemidos bajo los pies de mi caballo, ¡merezco un poco de respeto! -rugió como un oso. Conteniendome aguanté su mirada y le contesté.

- Bien Roire, ahora hablo yo. Tres cosas: Uno, yo soy Thorjil Espada Azul, mientras tu te cambiabas los pañales, yo luchaba en infantería cara a cara con los orcos, YO por meritos propios he llegado a ser paladin, además de ganarme el respeto de Eärondûr, y YO he conseguido fundar una escuela. Dime, ¿que has hecho tú? -El joven me miró perplejo, sin saber que decir, silenciosamente fue a los dormitorios y se echó a dormir.

Al día siguiente partimos hacia la casa de mi antiguo maestro. Los bosques no habían cambiado desde que dejé de frecuentarlos. Los pajaros trinaban y el Sol lucía esplendido. Entre unos árboles pude divisar las tierras de Eärondur. Varios campos de cultivo con sus respectos labradores estaban a los lados del camino. Voces de Salve Roire oía mientras algunas jovencitas sonreían timidamente. \"¿Será un gran guerrero? O es acaso un bardo muy conocido?\" No comprendía por qué todos conocían a este joven y le profesaban tanta admiracion, aunque al llegar a las cercanías del poblado lo averigüe. Roire se me acercó y me susurró: \"Señor Thorjil, no tengo muchas hazañas entre las que contarme, pero recibí un flechazo a cambio de salvar a mi señor, y con eso me basta\" dando media vuelta a su caballo abandonó el lugar y pude observar una cicatriz en un lateral del cuello. Curioso, las cosas no cambiaban, siempre habían personas dispuestas a sangrar por sus reyes, señores, o thanes. Eso era bueno, al menos me sentiría como en casa, como si no hubiera abandonado estas tierras núnca. Encendí mi pipa y deshice el equipaje que llevaba. Mañana sería otro día, hoy no tenía ganas de presentarme a los cuidadanos de la ciudad\".

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Si la muerte es vil y traicionera hagamos que sufra lentamente por ello

Vida

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