La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Arian

Jugador: Arimiliel

Avatar de Arian
Personaje
Arian
Clan
Tercano Nuruva
Raza
Nigromante
Otros nombres
Saelon, Nimë, Valhíril, Calaran.
Ingreso en el Clan
15-01-2005
Armas y/o poderes
Angarûth fiel espada, cae pesada sobre los enemigos y es liviana a manos de su ama.
Controlar el viento a voluntad.

Descripción del personaje

Su presencia es uno de lo rasgos que aún conserva, aquel carácter frágil se perdió en el semblante frío que ahora denota su rostro y aquellos ojos negros profundos, como el mar, como todos aquellos que ha visto, y astutos son capaces de sostener infinitamente las miradas que la acechan, escrutadoras.

Se yergue esbelta, maneja la espada con habilidad y destreza, mas aún si la situación lo amerita.

Los cabellos que caen hasta su cintura se fueron oscureciendo al mismo paso que su corazón pero estos todavía se deleitan cuando sopla la brisa marina y su corazón aún se regocija cuando escucha el sonido del mar.

Historia del personaje

En la próspera Númenor de entonces, el hijo de Tar-Meneldur, Anardil Aldarion, emprendía su primer viaje con su abuelo Vëantur, el mar se apoderó de su corazón y más adelante creó el gremio de aventureros, con el barco-sede encallado en el puerto de Rómenna.

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Tanto tiempo que había pasado y aún no se podía quitar de aquel miedo, sería mejor vivir en las tierras centrales, así también podría quedar cerca de su amada la bella Nimessë y de su pequeña hija Arian, tras un par de horas cabalgando desde Sorontil, llegó a las Mittalmar, ahí una noticia no muy buena le aguardaba, Nimessë agonizaba en su lecho, Arian lloraba a su lado, cuando fue el momento del adiós, ella dijo: Que el mar te ampare..A Uinen i Ossë… y falleció, eso fue todo lo que recuerda de aquellos días...

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Una noche cálida en las costas de la bahía de Andúnië, el cielo era claro, límpido y la brisa del mar hablaba a susurros con los árboles, no se oyó ningún llanto, sólo una risa apagada, de alguien fatigado, pero feliz, Arian abrió sus ojos y los volvió a cerrar, años más tarde cuando quiso recordar aquel momento le fue imposible como era natural, aunque el dolor de perder a su madre era más fuerte que ella, aún tenía a su padre a su lado, podía considerarse afortunada, aunque él partiese a menudo con la gente del gremio a navegar y ella quedara a cuidado de sus tías, querría ir con él, pero las veces que se lo propuso, innumerables para el caso, le era negado rotundamente, Arian percibía miedo en sus ojos, temía perderla en una de aquellas empresas, como finalmente sucedió, pero no fue Arian la perdida, si no él, marino por excelencia perteneciente al gremio más prestigioso de la lejana Elenna, que antaño fundara el hijo del rey.

Una mañana se embarcó en una de sus empresas frecuentes, su hija fue a despedirlo al puerto, llevaba entre sus manos la ramita de Oiolassë que por tradición para augurar la buena suerte los marinos pusieron junto al mascarón de proa, que simulaba la figura de Uinen, señora de los mares.

Hasta pronto -dijo con la seguridad de quién ve a alguien partir para regresar, pero él tenía un presentimiento en el alma y contempló por última vez a aquella pequeña despidiéndose junto al muelle.

Un año después la embarcación volvía, en condiciones deplorables, presagiando algún desastre ocurrido en la anchura azul que era el mar, la niña corrió desolada al puerto un marino la vio al bajar, era el mejor amigo de su padre el cual la miró con compasión y le dijo:

-Ha caído, atando cabos durante una tormenta, lo lamento.

Aquellas palabras resonaron en el viento durante un instante, hasta que Arian logró asimilarlas dentro de sí, eran tan escuetas, pero lo suficientemente claras, ensimismada contempló el mar y pensó: está justo donde quería, bajo el amparo de Ulmo, sobre el regazo de Uinen y con el aliento de Ossë sobre su rostro, ya está tranquilo.

Unas lágrimas recorrieron su rostro, silenciosamente, y como consuelo se propuso a sí misma conquistar todos aquellos mares que su padre no alcanzó.

Años más tarde al cumplir los 15 decidió integrarse al gremio, y luego de muchas pruebas y cuestionamientos sin sentido se convirtió en la primera mujer integrante y también con aquella edad. Por aquel entonces conoció a Salmar, un joven dos años mayor que ella, de cabello oscuro que descendía en rizos sobre su delicada frente, a veces estorbando la mirada gris verdosa que lo caracterizaba, aquel fue el amor de su vida, quien la acompañaría como miembro del gremio en incontables ocasiones.

Al cabo de un tiempo de haber demostrado su valía, admirablemente se convirtió en capitana de un navío, su navío, Lómion lo llamó en lengua élfica. Con él ideó la mayor de sus empresas, pero Salmar su compañero inseparable sufría de una fractura en su pierna izquierda, lo que le impedía viajar, la joven no deseaba partir sin él, pero el invierno se hallaba pronto y no podía retrasar el viaje por más tiempo. Ella destrozada el día anterior a la partida se juntó con él en la playa y le prometió regresar lo antes posible, él acongojado le respondió:

-Os quiero de vuelta sana y salva, tened precaución melaiwë, mi pajarita amada, pero no temo, pues mi padre irá con vosotros ¿no es así?

A estas palabras Arian asintió con un gesto y juntos contemplaron una última puesta de sol.

Antes de dejar Númenor despidióse de sus tías que tanto la habían ayudado a ser quién era hoy y marchó.

Llegó a las costas de la tierra media mientras trataba de recorrer el sur de esta, su barco se estrelló contra un roquerío durante una tormenta cerca de Umbar, perdiendo la mayor parte de la tripulación y siendo ella la única sobreviviente. Despertó con el sol sobre su rostro una mañana, y no recordando nada de lo sucedido, lo que después le pasaría la cuenta.

Avanzó rumbo al sur hasta llegar finalmente a una costa, de mar puro y playas vírgenes, se instaló ahí enamorada de aquel sitio, en el que más tarde los habitantes de Tercano Nuruva formarían Annêar, el gran portal del mar.

Se desempeña como guarda del muelle y capitana de la compañía tres junto a su amiga Naevian desde hace mucho tiempo, librando numerosas batallas, en busca de la victoria para Tercano, que no siempre le es favorable.

Años más tarde mientras Arian trabajaba en el puerto, un barco muy similar a Lómion anclaba, sus velámenes blancos hacían resaltar sobre ellos la gran bandera-insignia de Rómenna, ancló junto a Rúnya, la llama roja el barco de guerra de la compañía tres; el puerto lo miraba con expectación, luego cinco personas descendieron del barco y el mayor de ellos, alzó la voz:

- Buscamos a Arian Nimë, marina oriunda de Númenor –exclamó

- Yo soy; ¿en que puedo serviros?

- Al fin tanto tiempo buscándoos ha dado sus resultados, y veo que el nombre de Saelon ya no te corresponde, jamás fuiste capaz de enviarnos un mensaje acerca de la suerte de nuestros padres, a pesar de su muerte, nos mantuviste inmersos en la incertidumbre durante todo este último tiempo, os hubiese preferido ver muerta antes que descubrir que gozas de salud y de privilegios que nosotros no hemos tenido tratando de averiguar que sucedió con vosotros! – el muchacho que le hablaba de rostro severo terminó con un jadeo aquellas palabras.

- No entiendo, quiénes sois vosotros y que hacéis aquí y por que me habláis de esta manera…- no había acabado de decir estas palabras cuando una muchacha la interrumpió

-No pretendas no saber lo que sucedió, pues tú estuviste ahí, antes que esta escena patética que nos muestras dándote aires de ofendida, sería mejor que nos dieras las disculpas correspondientes, aunque ya de nada sirven, pero al menos calmaran nuestra ira.

- Disculpen pero realmente no sé de que me hablan- las lágrimas resbalaban por el rostro de Arian quien se hallaba en una confusión mental de la cual le sería difícil salir.

Después de que dijo esto, los comensales la miraron con un dejo de piedad en sus ojos y un joven de estatura, seguramente de la misma edad que Arian, preguntó:

- ¿Realmente no sabes nada?

- ¿Crees que os mentiría si realmente supiera?

La observó unos instantes y respondió

- No, realmente no, Melaiwë.

Aquella palabra despertó un rincón recóndito de la memoria de la joven y muchos recuerdos brotaron en ella, y ese, aquel que había provocado ese cambio era…

-¿Salmar?¿Salmar, mi adorado Salmar?, como, como… pero- calló sin saber que decir.

- Pasaban los días- comenzó a relatar el muchacho- los meses, un año, dos, y no teníamos noticia alguna de vosotros que prometisteis volver pronto, un día cualquiera de primavera una de las naves del gremio atracó en el puerto, decían haberos visto estrellar contra un roquerío en medio de la tormenta. Todos nos resignamos a vuestra muerte y guardamos luto por los marinos caídos, pero cual fue nuestra sorpresa una semana después al recibir noticias de la guerra de las Haldanóri y una lista con los grandes capitanes de los diversos clanes y ahí estaba tu nombre, Arian Nimë, capitana de Tercano Nuruva. Yo no podía creerlo, me pregunte si serías tú, y si eras tú por que no habías regresado o por que no habías enviado noticias.

- Ahora recuerdo la tormenta…- la joven estalló en llanto y al cabo de un tiempo logró calmarse, respiró profundamente y prosiguió – Yo desperté en una de las costas de Umbar, no recordaba nada, sólo mi procedencia, algo acerca de mis padres y el gremio, los demás recuerdos corresponden a mi vida actual, que he construido aquí…

Arian les propuso entonces dirigirse a las Uiel-Beraid para narrarles lo sucedido aquella noche. Ellos aceptaron y la siguieron en silencio.

Cuando ya se hallaban en uno de lo salones de la torre azul Arian comenzó.

- Recuerdo el viento soplando fuerte aquella noche, la tormenta, el asunto se nos escapaba de las manos y los intentos por proseguir el rumbo eran inútiles, nos hallábamos cerca de la costa, pero no había donde atracar, muchos cayeron al agua con los embates del mar, yo empapada trataba de sostener el timón firme, entonces una ola me golpeó y arrojó fuera de la cubierta de la nave, nade tratando de alcanzar el barco, cuando una tercera ola lo arrastró hacia los roquerios y lo último que divisé fue como Lómion se estrellaba y luego se hundía en el mar, entonces creo haberme desmayado y dejado arrastrar por la marea por que desperté a la mañana siguiente sobre la arena de Umbar.

- Por eso jamás volviste…

- De haberme sido posible, lo habría hecho.

Con eso la charla acabó y Arian los condujo a las habitaciones de huéspedes donde podrían pasar la noche, dejando instrucciones que se les atendiera en todo lo que necesitasen.

Dio las buenas noches y Salmar se acercó a conversar con ella.

-Te lloré por las noches, vine aquí con la esperanza de encontrarte y ahora yo…- la joven le puso un dedo sobre los labios y lo besó tiernamente como solía hacer antes. Pero este la aparto de sí.

-Yo… estoy comprometido con la dama de Andúnië, mi madre selló el compromiso, ya que ella tiene poder y riqueza…-Arian no oyó más aquellas palabras se clavaban como una espina en su corazón y ella moría…

- Buenas noches- dijo ella dedicándole una sonrisa triste a modo de despedida.

Corrió a Rúnya y lloró amargamente. Sería la más poderosa, se convertiría en la mujer más temible que navegara por los mares de Arda. Y aquel día cambió en espera de un corazón noble que la rescatará de aquella oscuridad en la que se había sumido.

Al día siguiente Salmar quiso verla para decirle adiós y contemplarla una vez más, la sintió distinta, fría, ya no era su Melaiwë, sino una desconocida. Lamentó amargamente aquel cambio, en el que tenía gran parte. El barco partió aquel día, Arian no fue al muelle a despedirlo.

Desde entonces existe la orden de los corsarios de Annêar, fundada por Arian, bajo el consentimiento de la dama Gwyllion.

Tiempo después el maia Sincarion al notar aquella oscuridad que la envolvía, se vio deleitado y le concedió poder para manejar los vientos. Que ella utiliza cuando navega, doblegando los mares a voluntad.

Firma

.·.Miles quedan en el camino, sus voces yacen en el viento, perdidas, vanas, como esperanzas rotas en un universo cruel e indiferente.·. Corsarios de Annêar

Vida

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