Ficha de personaje
Narairë
Jugador: Elbereth_Elentari

- Personaje
- Narairë
- Clan
- Alianza de Eithel-Glîn
- Raza
- Elfa Sindar
- Otros nombres
- Amatthâni, aquella que viene de Aman.
- Ingreso en el Clan
- 24-01-2005
- Armas y/o poderes
- Su espada, Dawar y un arco que siempre lleva colgado a la espalda. Tiene una gran intuición y puede presentir el peligro.
Descripción del personaje
Es de piel muy blanca y pelo oscuro. Su aspecto es frágil, pero es sólo una apariencia, pues posee una gran fuerza interior. Sus ojos son azules, profundos, inmensos y reflejan el sufrimiento de una vida solitaria.
Es alta, de casi dos metros y su figura es esbelta. Posee un porte casi señorial.
Muy ágil, escurridiza y sigilosa, anda con movimientos pausados y casi sin tocar el suelo. Estos aspectos hacen que suela pasar desapercibida.
Disfruta de soledad, es callada (sólo dice algo cuando realmente cree que es necesario) y disfruta del silencio.
Le gustan los bosques, los árboles, la naturaleza...
Muy buena con la espada, no se separa nunca de la suya, Dawar.
Siempre lleva puesto un colgante con forma de estrella de seis puntas con el cual la encontraron.
Historia del personaje
Un barco con velas azules, surcando un mar inmenso, libertad, paz... “Amatthâni“... “Amatthâni despierta, la casa está en llamas!”
Esas fueron las últimas palabras que oí pronunciar a Thadar, la única familia que he conocido y al que siempre llamaré mi padre. Me encontró en los alrededores del Bosque Verde, enrollada en una manta azul, sola, sucia y asustada, con los ojos fijos en el cielo y me llevó a una pequeña aldea cerca del nacimiento del Gran Río. Él era mayor, casi anciano, un gran herrero muy apreciado por los suyos, un solitario... hasta que llegué yo.
Me puso el nombre de Amatthâni y me trató como si fuera su propia hija. De él aprendí todo lo que se, de su raza y de la mía, pues nunca me ocultó que yo era una elfa. Nuestra casa estaba llena de libros repletos de historias y leyendas que hablaban sobre los primeros nacidos y su majestuosidad y de la traición de Morgoth y su destrucción. Me pasaba días enteros leyendo, devorando esos libros.
Pero eso no fue lo único que me enseñó. Desde muy pequeña estuve en su taller, viendo como calentaba el metal, como le daba forma. Sus espadas, decía le gente, eran livianas como una pluma pero resistentes como una piedra... y yo no perdía detalle. Así fue como conseguí a Dawar mi espada. Él la forjó para mi cuando cumplí 25 años.
La vida transcurría lenta y tranquila, hasta que una nube de miedo y terror empezó a extenderse desde el Sur. Extrañas criaturas comenzaron a aparecer sembrando la desesperación por donde pasaban.
La gente empezó a tener entonces angustia en el corazón y a huir .
Fue un día de esos, un día que parecía como cualquier otro cuando ellos llegaron a mi aldea. Hombres del Sur, extraños, altos y fuertes. Venían buscando a mi padre. Su fama le precedía y querían encargarle la fabricación de una espadas... las últimas que hizo.
Yo dormía arriba cuando oí los gritos “Amatthâni despierta, la casa está en llamas!” Me desperté y sentí el calor insoportable. Me levanté pero no podía ver nada, el humo me cegaba y me oprimía el pecho, respirar era casi imposible. A tientas, bajé a la planta inferior y vi a mi padre tirado en el suelo. Corrí hacia él y de pronto me paré... estaba muerto, podía sentirlo... Le miré con horror. De repente todo empezó a dar girar de manera abrumadora... me abalancé sobre él y lo sacudí “ Por favor despierta!” grité. Pero mi voz se quebró. Y ahí me quedé, inmóvil junto a su cadáver. Por un momento no noté nada, ni el humo ni las llamas a mi alrededor, simplemente no estaba allí.
No se cuanto tiempo permanecí ahí, ausente. Reaccioné y comencé a toser. Miré a Thadar e intenté arrastrarlo fuera. Algo cayó de su bolsillo y se estrelló contra el suelo. Me agaché a recogerlo. Era un colgante y una carta. El colgante tenía algo grabado en élfico “Nar... Narairë”. Recogí las dos cosas y cargué a mi padre a hombros, no permitiría que se consumiera allí.
Había decenas de personas alrededor de la casa cuando salí. Intentaban apagar las llamas. Pero era demasiado tarde, estaba completamente destruída. Me miraron con lástima “Han sido ellos, los hombres del Sur...” dijeron. Dejé el cadáver de mi padre en el suelo, le besé en la frente y me alejé.
Mientras caminaba hacia los establos una mezcla de rabia y miedo se apoderó de mi, “Una vez acabado el encargo ya no le necesitaban” pensé. Entonces la llama de la venganza comenzó a encenderse en mi corazón... y deseé que murieran, que pagaran por lo que habían hecho, por matarle, por dejarme sola.
Ensillé a An-Pharaz, me monté y comencé a cabalgar, sin rumbo, sólo quería alejarme de allí.
Cuando me di cuenta estaba en medio del bosque, rodeada de árboles, de silencio. Ya había amanecido y la luz pasaba a través de las grandes copas. Desmonté y me acerqué al río. Me miré en el reflejo borroso y comencé a llorar. Pensé que ya no podría parar nunca. Estaba sola... otra vez y lo odiaba. Metí la mano en el bolsillo para coger un pañuelo pero lo que saqué fueron el colgante y la carta. Abrí el sobre y comencé a leer. Había apenas un par de líneas escritas, como con prisa, con una caligrafía casi inteligible: “Por favor, cuidad de ella, cuidad de Narairë... “
Entonces lo entendí, Narairë era yo. Y a partir de aquel día ese fue mi nombre. Y muchos temen al oírlo, aquellos que se han enfrentado a mi en alguna ocasión.
Porque aquel día algo cambió en mi y erré buscando venganza y castigo para los culpables y de sangre manché mi espada y mis manos, mas aquello no me trajo paz ni calma para mi dolor... Hasta que un día escuché un nombre, Eithel-Glîn, y aquellos que de ella hablaban contaban historias de una hermosa fuente la cual, al contemplarla, hacía que el dolor del alma se aliviase y que las gentes que allí habitaban eran fuertes de cuerpo y de corazón y que luchaban con valor y lealtad.
Y así fue como llegué a estas tierras, buscando refugio y ayuda en mi propósito.
Firma
A Eruchîn, ú-dano i faelas a hyn an uben tanatha le faelas!
