La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Aredhel Telemnar

Jugador: Kate_Holdenfield

Avatar de Aredhel Telemnar
Personaje
Aredhel Telemnar
Clan
Valle del Ingenio
Raza
Elfa
Otros nombres
El angel de la noche, Amithradith
Ingreso en el Clan
26-08-2005
Armas y/o poderes
Suele llevar colgada una hermosa espada élfica con la hoja decorada con los carácteres de su gente ,en el cinto. Tambien lleva un arco y un karkaj de flechas colgado a su espalda. Como proteccion lleva una pequeña cota de malla.

Descripción del personaje

En cuanto al fisico, es de mediana estatura, delgada y de apariencia fragil. Su pelo, de color castaño claro, y ligeramente rizado le cae por los hombros.

Grandes ojos verdes, y rasgos muy femeninos. Aparenta una mujer de 20, 25 años, pero en realidad su edad se acerca a los 175 años.

Posee un carácter amable y dulce con quien es amable con ella, siempre dispuesta a devolver una sonrisa, pero dura e incluso cruel con aquellos que atentan con la vida de sus seres queridos, y de la suya propia.

amuleto: piedra esmeralda

Historia del personaje

¿Qué quien soy? Sólo alguien que quiso cambiar el curso de su destino....una decisión que muy pocos comprendieron.

Mi nombre es Aredhel Telemnar. Elfa de nacimiento, vivía en una pequeña colonia de elfos, en un apartado bosque cuyo nombre....apenas importa.

Desde pequeña, siempre me pregunté por qué viviamos apartados, porque nos empeñábamos enhuir del resto del mundo, o porqué el resto del mundo huía de nosotros. Poco o nada fué lo que pude sacar de mis progenitores, los cuales se limitaban a contestar que ese mundo no estaba echo para los nuestros. Preguntas, preguntas y mas preguntas sin respuesta afloraban en mi mente a medida que fuí creciendo y dejando atras mi larga infancia.....

Lo recuerdo bien, como si lo estuviera viendo ahora, aquella tarde había salido a pasear sola por el bosque. Escuché un ruido, y me agazapé entre los matorrales. Delante de mi apareció una figura...apareció un hombre. Por supuesto que habia escuchado hablar de los hombres, y sabía de ellos y muchas de sus historias...pero nunca, debido a que me crié en ese bosuqe habia visto a uno. Tímidamente salí de mi escondrijo, y me acerqué a él de manera que pudiera verme venir. Harald era su nombre. Al principio, los dos nos quedamos mirando, sin saber que hacer, sin saber que decir. Por su manera de mirarme, deducí que no debia de haber visto muchos elfos en su existencia. Poco a poco, comenzamos a hablar, sobre su mundo, sobre el mio, sobre él, sobre mi...Después de aquel encuentro acordamos volver a vernos, en el mismo sitio, y mantenerlo de momento en secreto.

Poco a poco aquellos encuentros se convirtieron en costumbre, y aquel desconocido, pasó a ser mi amigo, mi confidente y el hombre de mi vida. Tiempo después, me propuso que partiera con él, que me alejára de aquel lugar, él me enseñaría el mundo que me estaba perdiendo. Aquella idea, al principio me asustó un poco, pero depués me entusiasmó. Tenia miedo que los mios no lo entendieran, pero a pesar de todo, me armé de valor y les conté todo, desde que conocí a Harald, hasta que quería irme con él. Les expliqué una y otra vez, que no los abandonaría, que regresaría, solo sería algo temporal, pero ellos montaron en cólera y me prohibieron volver a ver a Harald. Lloré desconsoladamente durante dias, hasta que una noche, Harald vinó a mi hogar a verme, me lo volvió a proponer. Entonces tomé mi decisión, decidí dejar mi hogar, el lugar donde había crecido y abandonar a los mios. Al menos temporalmente, si ellos me aceptaran de nuevo, tal vez podría volver, pero eso sería cuando me hubiesen entendido, no antes. Con todo el dolor de mi corazón, les dejé una nota, explicando mis razones, y que algún dia regresaría.

Esa misma noche me fuí con Harald. Recogí lo indispensable, y me marché. Él tenia dos caballos preparados en el bosque para irnos. Amaba a los mios, pero también le amaba a él. Salí a hurtadillas de mi pequeña colonia,y eché una última mirada hacia atrás antes de internarme en la espesura. Por mis ojos salieron sendos riachuelos de lágrimas. ¿Volveré alguna vez? me pregunté. Sin más me di la vuelta y comenzamos nuestra huida.

Poco recuerdo de la cabalgada de aquella noche. Los ecos de los cascos de nuestros caballos se escuchaban a una velocidad vertiginosa y temí que aquel ruido nos delatara. Recuerdo que me aferré a la crin del caballo, me cubrí la cabeza con la oscura capa que llevaba y cerré los ojos. Sólo quería llegar a salvo, fuese donde fuese.

Los meses posteriores, fueron los mejores de mi larga existencia. Después de nuestra huida, fuimos a parar a una posada. Era la primera vez que veia una, para mi, todo era nuevo. Los dias siguientes nos dedicamos a recorrer toda las Tierras Ocults, pues Harald quería enseñarme todo cuanto pudiera, para que pudiera ver que me había perdido. Yo, no entendía porqué los mios se contentaban con nuestro bosque. Acampábamos al aire libre, y él me enseñó a empuñar una espada. Me enséñó todo lo que sabia, y yo aprendía un ritmo bastante bueno. Sólo querí aprender mas y mas. Con el tiempo, me convertí en una buena guerrera.

Fué una noche, mientras mirábamos las estrellas acurrucándonos frente a una ya agonizante hoguera, cuando Harald me habló de la ciudad del Dragón. Un lugar rebosante de sabiduria, una hermosa ciudad, con una espectacular torre de cristal... entonces, decidimos que iríamos a vivr allí algún dia. Pero las cosas no fueron como nosotros pensamos...

Ocurrió de noche, habiamos decidido irnos a dormir, y yo habia apagado la fogata para poder dormir, como de costumbre. De pronto...un crujido..unos pasos, Harald y yo nos levantamos a oscuras, tan solo iluminados por la luz de la luna y desenvainamos nuestras espadas. Pero fué inutil, se nos echaron encima sin ni siquiera poder verlos. Algo me golpeó en la cabeza y me derribó, faltó para dejarme inconsciente. Mientras intentaba levantarme, eschuche cmo Harald luchaba contra alguien.... o mas bien, contra unos cuantos. Un grupo de bandidos nos había rodeado. Detrás mia, dos mas, asi qué empuñé el acero y les hice frente. Pude mantenerlos a raya durante un tiempo, pero un tercero apareció or la espalda y me abrió un enorme tajo en la espalda. Lanzando un grito de dolor, me desplomé, aunque no perdí la consciencia. Como pude levanté la vista, y ví que Harald, mi Harald, mi amor caía al suelo con una espada atravesada en el pecho....

No podia moverme, quería gritar, quería ir junto a él...pero no lo conseguí, ni siquiera logré articular palabra. Comencé a verlo todo negro y la negrura me envolvió.

Desperté sobresaltada, en una pequeña habitación que nunca habia visto antes. Salté rapidamente de la cama, y un dolor lacerante en la espalda me hizo recordar lo sucedido y volver a la realidad. Salí de aquella habitación y me di cuenta que estaba en una casa de curación.

-Harald! Harald! gritaba su nombre, no queriendo reconocer que lo habia perdido. Unas manos conciliadoras se posaron en mis hombros, me giré y el era el curandero. Él me relató lo sucedido: un vecino del pueblo donde me encontraba nos encontró a mi y a Harald desués de ataque. Él habia muerto, y yo estaba viva porque los bandidos me dejaron alli pensando en que no sobreviviría. Pregunté que hicieron con su cuerpo. Lo habían enterrado en el mismo lugar del ataque, salí disparada hacia allí, no sin antes preguntar quien había sido mi salvador y llegué a duras penas a la tumba. Unas pocas piedras amontonadas indicaban el lugar donde estaba enterrado. Lloré desconsoladamente, algo se habia roto dentro de mi. Lloré y lloré hasta que no quedaron lagrimas dentro de mí...y decidí allí sobre su tumba, con mi propia sangre, que no pararí hasta dar con los asesinos y acabar con sus vidas, costara lo que costara. ´

Volví a la aldea, a buscar al hombre que me salvó la vida. Era herrero, y al verme se alegró. Le conté lo sucedido, y puesto que tenia una vacante en su taller, me dejó ayudarle en su tarea, para así conseguir algo de dinero y proseguir mi camino. Algo atípico para una elfa, desde luego, pero no tenia otra salida. Se habian llevado nuestros caballos, nuestro dinero, nuestras comida...y tambien dos vidas.

Poco a poco comencé a trabajar en la fragua, y a aprender a forjar pequeñas piezas de acero para armas y cotas de maya, hasta que al final, fuí la mano derecha de su taller.

Tiempo depués, emprendí mi camino en busca de los asesinos. Busqué y busqué y cuando estaba apunto de darme por vencida, vi a algunos de ellos, los que habían quedado vivos. Cuanod ocurrió todo, aquella fatidica noche, no ahbia apenas luz, pero mis ojos me prmitieron vislumbrar los rasgos de los bandidos. No tenia una iamgen muy clara de ellos, pero cuando entré en aquella posada y los vi, algó en mi interior estalló.

Ellos no se dieron cuenta de mi presencia en aquel momento. Desenvainé la espada en medio de la posada, y avance hacia ellos con el paso lento y firme. \"Mátalos, mátalos\" era cuanto pensaba. Entonces se dieron cuenta de que estaba detrás, todavia a cerca distancia, y me miraron como aquél que ve un espectro. Mi mirada era dura, mis ojos se empañaronde sangre, sentí el palpitar de mi corazón en mis sienes y la empuñadura de mi espada me quemaba la mano. No importaba, todo acabaría en ese momento para siempre. \"Han acabado con lo que mas querias en este mundo, mátalos\".- me decia una voz dentro de mi. Los 4 bandidos se levantaron de la mesa en la que estaban sentados y desenvainaron sus armas. Aumenté el paso y me abalancé sobre ellos. Uno de ellos intentó para la estocada de mi espada, pero no pude, lo atravesé con ella. Entonces sentí la sangre, su sangre, correr por mi mano, sus ojos se habian quedado en blanco, y cayó al suelo. Sus compinches habia quedado paralizados y..uno tras otro, tuvieron la misma suerte que el primero.

En la posada, habia un silencio sepulcral. Me giré y con aire ausente limpié mi espada de sangre. A continuación abandoné la posada. Había cumplido, era lo único que importaba.

Poco despues me plantee que hacer mi vida, podría volver a mi bosque, a mi hogar, con los mios, si es que me aceptaban.....o podría hacer realidad nuestro sueño, y ir a vivir a la ciudad del Dragón. Elegí la segunda opción. Tal vez podria encontrar un buen trabajo con todo lo que habia aprendido.

Despues de cabalgar mucho, llegué al mar, donde pude embarcar para llegar a la ciudad del Dragón. Hacía buen dia, un dia soleado y el cielo estaba despejado. Dejé atras el muelle y me adentré en aquellas tierras. Miré hacia delante, a la nueva vida que me esperaba, entonces vi un destello azulado y cómo los rayos de sol se reflejaban en la cúspide de una maravillosa torre de cristal......

Firma

Aredhel Telemnar Maestra Armera

Est Sularus oth Mithas, Mi Honor es Mi Vida

Vida

70%