La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Atanvarde

Jugador: Atanvarde_Celeblasse

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Personaje
Atanvarde
Clan
Valle del Ingenio
Raza
Peredhel
Otros nombres
Celeblasse, la Hoja de Plata.
Ingreso en el Clan
18-10-2005
Armas y/o poderes
Una espada forjada en Menegroth, de ochenta centímetros de longitud y seis de ancho. Tiene escritura rúnica y grabados en forma de hojas de árbol. Brilla con un fulgor plateado cuando hay presencias malignas. Un arco de color negro, con algunas runa

Descripción del personaje

Física:

Altura: 1.70

peso:54 kgms

complexión:delgada y delicada, aunque algo atlética.

aspecto: piel muy blanca, ojos grises, cabellos largos de un color rubio oscuro, rasgos faciales angulosos pero finos, lo que confirma su ascendencia élfica; nariz pequeña, ojos almendrados y labios delgados.

distintivos:ninguno.

Sicológica:

Callada y seria. Dos palabras que la definen perfectamente. Su temperamento es muy cambiante, y es demasiado terca, pero sabe ser dulce y graciosa de vez en cuando. Nunca se rinde, asi ello le cueste la vida, prefiere morir atravesada por una espada que huir.

Historia del personaje

Había tejido una corona de simbelmynë para él. Y ahora él no estaba. se contentó con poner la delicada guirnalda a un lado del túmulo, justo sobre una placa de piedra que rezaba: \"Haud-en-Ciryaran\"

-\"Tanto tiempo, hermano.\"

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-¿Qué haces?-le preguntaba un niño todo manchado de tierra y lodo a una niña que intentaba tejer una corona de flores. En contraste, la pequeña vestía una túnica de un blanco impecable.

-No te me acerques, Ciryaran. No quiero que me manches.-había respondido la nena sin nisiquiera mirarlo. El pequeño se le tiró encima y la revolcó en la tierra, sembrada de trigo alto y dorado. Atanvarde se levantó furiosa y lo persiguió por todo el plantío, hasta que su madre los llamó al anochecer. Exhaustos, heridos y sucios, volvieron a casa. Su madre, Inzilazra, sonrió. Sus dos hijos mellizos eran la mejor bendición que Ilúvatar le había dado, y su marido, Fallinell, el mejor que hubiese podido tener, un señor respetable entre los Teleri, aunque siempre estaba viajando. Era un comerciante, y ella, una dama edain de clase media. Se habían conocido en el puerto de Rómenna, en Númenor, y en Andor vivían ahora.

La madre los mandó a lavarse y cambiarse para poder cenar. Los dos pequeños protestaron con la mirada de idénticos ojos grises. Una criada se los llevó para bañarlos.

.........

Pronto comenzarían los problemas. El rey Ar-Pharazón había decretado que los elfos y los Elendili sorprendidos en la isla serían quemados en el altar de Morgoth.

Por esa misma época Isildur robó uno de los frutos de Nimloth. Inzilazra, una sanadora experta, fué llamada para curarlo. Con ayuda de él lograron escapar del pillaje de los siervos de Sauron. Abandonaron las tierras que tenían en Rómenna, y se fueron a vivir en la zona portuaria, donde el bullicio y la cantidad de gente no permitirían que los encontraran, si se mantenían ocultos. Luego, cuando Atanvarde y Ciryaran casi habían alcanzado la adolescencia, el padre de ellos, Fallinell, un teleri de ojos claros, mirada amable y voz hermosa, se llevó a su familia a La Tierra Media. El mismísimo Ulmo le había hablado en sueños para decirle que sacara a sus hijos y a su mujer de Númenor. Pocos días después, Númenor fué borrada de la Faz de Arda por el ímpetu de Ossé y la cólera de los Valar. Llegaron a Arvenien. Allí, a Ciryaran y a Atanvarde se les reveló sus destinos: él viviría para cuidar a su hermana. Ella para proteger a los Edain de la maldad de Sauron. No en vano llevaban la sangre de la estirpe de Beör el Viejo, por parte de su madre.

El tiempo que permanecieron en Arvenien, lo emplearon para aprender todo lo relacionado con la guerra (montar a caballo, utilizar la espada, el alfanje, la lanza, la jabalina y el arco), luego cómo ponerse los aperos de guerra, algo que ninguno de los dos hermanos le gustó pero era muy necesario,; y su madre, para finalizar, les enseñó cómo restañar heridas, extraer venenos y elaborar antídotos y pociones.

Cuando los dos jóvenes medioelfos habían alcanzado a plenitud la estatura y el desarrollo de los Eldar, raza que habían escogido, partieron con una compañía de elfos sindar hacia lo desconocido, tierras nunca holladas por pie alguno, viajando siempre durante muchos años, cazando toda criatura malvada que se les atravesase: orcos, trolls, e incluso licántropos. Un tiempo incontable pasó, hasta que les llegó la derrota. Fueron sorprendidos en el que hacía mucho fué un hermoso bosque, por un grupo de orcos dos veces mayor que ellos. Murieron más de la mitad. Pero entre los que quedaron malheridos estaban Atanvarde y Ciryaran.

Pidieron asilo en Lindon, donde residía Ereinion Gil-Galad, supremo rey de los Noldor en la Tierra Media. En ese entonces ellos no sabian nada de la Matanza de Alquálondë, y pensaron que el rey los dejaría entrar a su reino. Pensaron bien, porque Gil Galad los dejó entrar, e incluso los hospedó en su palacio, intentando resarcir un poco los males que habían causado sus ancentros, ya que los Silmaril habían desaparecido, y a pedido especial de Fallinell, gran amigo de Cirdan, Señor de los Falathrim, les entregó una espada y un arco que habían sido adquiridos por su padre en las herrerías de Menegroth, acompañados estos artículos de un funesto mensaje: su madre, Inzilazra, una de las pocas descendientes de la casa de Beör, había cumplido el Destino de Los Hombres. Y su padre, Fallinell, para olvidar la tristeza, había partido a Aman.

Luego se desató la batalla de la Última alianza de Elfos y Hombres, donde ellos tuvieron el honor de combatir, e incluso liderar un escuadrón de elfos arqueros. Pero Ciryaran murió atravesado por una flecha empenachada de negro, untada de un veneno poderosísimo y desconocido para Atanvarde, que nada pudo hacer mientras vió como su hermano se moría atacado por un tremendo dolor.

Ella, furiosa, como jamás lo había estado en la vida, guió a su escuadron a vengar la muerte de su hermano, y quizá morir en el fragor de la batalla. En instantes segó la vida de decenas de orcos utilizando la espada de su hermano, mientras un fulgor plateado brillaba en el arma. Se encontró con un enemigo mucho mayor que ella. Uno de los nueve Jinetes Negros. Ella trató de herirlo mientras el espectro la estrangulaba, mientras la llenaba del Hálito Negro. Al fin logró que la soltara, pero ella había caído en una inconsciencia de la que difícilmente podría salvarse, y Gil Galad, antes de enfrentarse con Sauron en el Orodruin, determinó que a ella y a su hermano se los llevase al Valle del Ingenio, una mítica isla al sur de la Tierra Media. Allí ella logró ser curada con la sabiduría de los sanadores de Ciudad Dragón, y su hermano recibió una honrosa ceremonia fúnebre.

Algún tiempo después. Atanvarde logró ser aceptada como uno de los Veinte del Valle, servidora del Señor Elboron, y el día de su nombramiento fué a visitar el túmulo de su hermano, y a poner sobre la placa una corona de simbelmynë que había tejido para él...

Firma

Shaka/Budha: \"La muerte no es el fin, es a lo sumo un cambio.\"

Vida

100%