La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Emeldir

Jugador: Pallando

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Personaje
Emeldir
Clan
Valle del Ingenio
Raza
Edain
Otros nombres
Ranwen, Ruin Híril, Urluin, Anfael Isil.
Ingreso en el Clan
27-10-2005
Armas y/o poderes
Una espada, regalo de los elfos.

Una hoz dorada.

El hombre más sabio es el que sabe que su hogar es tan grande como pueda imaginar.

Descripción del personaje

Hermosa en su juventud, nunca prestó atención a los hombres, de ahí que sea conocida entre los elfos como Ranwen. Ahora desgastada por su amnésico viaje por el Este.

Fuerte físicamente y de espíritu, tenaz y arrogante, no se le olvidan sus orígenes, su pueblo perdido.

Ropajes humildes, pardos como su tez, nunca ha llevado una joya, lo único que la delata es su caballo.

Doblemente marginada, ha luchado toda su vida por imponer su criterio, por no dejarse avasallar, lo que ha labrado un duro carácter, pero no por ello desconoce la justicia, la amistad y la fidelidad.

Historia del personaje

- Tengo frío… No… ¿Qué hice ayer? No sé qué día es hoy… ¿Dónde estoy?

Mis recuerdos vienen de mucho más atrás, cuando el desastre asoló mi pueblo.

Mi padre era el Señor de un pueblo pacífico, pero de gran historia, quizá de los pocos Amigos de los Elfos que quedaron en la Tierra Media tras la Gran Guerra. Era un pueblo avanzado en técnicas agrícolas, ganaderas, grandes pescadores. Hasta que llegaron ellos. Se pensaban que el resto no sabía nada, se creían superiores, pero no nos dejamos esclavizar. Y los supuestamente civilizados, acabaron usando el recurso de los débiles, la guerra. Atacaron, destruyeron todo lo que pillaron a su paso: barcos, casas, familias… No estábamos preparados para eso ya que eran muy superiores por mar y por tierra, no pudimos más que huir, y así me lo ordenó mi padre, que estaba dirigiendo la defensa de la ciudad, huir con todos los que pudiera juntar.

Yo, preparada para suceder a mi padre como señora de nuestro pueblo, criada y educada no como guerrera, sino como sabia y erudita, como era tradición en mi familia, pero no exenta de arrogancia y tesón, no quería dejar atrás a parte de mi pueblo, ni los conocimientos adquiridos durante tantos años.

A pesar de estar en una edad donde ya era común, no tenía marido ni hijos, ni nunca los tendría. Nunca me habían llamado la atención los hombres. Y eso preocupaba a mi padre en sus últimos años de vida. Mi madre había muerto hacía poco tiempo, y de la familia sólo quedaba vivo un hijo de la hermana de mi padre, Ragnor.

No nos quedó más remedio que huir; Ragnor y yo unimos a los que pudimos y nos dirigimos al norte; mujeres, niños, y también hombres, pues poco podían hacer hombres tan poco instruidos en la guerra contra nuestros enemigos. Aunque esta huida sirvió para poco, pues al plantar tan poca resistencia en el puerto consiguieron seguirnos, y acabaron con la gran mayoría de los que huímos, fracasé en el último cometido de mi padre, no estaba preparada para ello... Esto me marcó el resto de mi vida, y me propuse nunca más volver a fallar a mi padre.

Retirado el Enemigo de Occidente, hermanos en otro tiempo, intentamos juntar a todos los supervivientes, no más de 100, y fuimos hacia el bosque, donde estaríamos más seguros, pues los Señores de los Barcos no tienen alcance allí.

Y en el bosque cambió completamente mi vida al tornarse ciertas muchas de las leyendas del mundo antiguo que me había contado mi padre.

En el bosque donde fuimos a parar, el bosque donde tantas veces había ido a por hierbas para el druida y del que tantas leyendas se contaban, vivía una comunidad élfica superviviente de tiempos pasados, y gracias a su ayuda conseguimos sobrevivir.

Y no sólo sobrevivir; me abrieron los ojos a la realidad del mundo. A pesar de parecer encerrados en su bosque, conocían el Mundo y lo que en él se movía. Sabían mejor que nosotros mismos la historia de nuestro pueblo, y me llegaron a comentar que éramos descendientes de la Primera Casa de los Edain, la Casa de Bëor.

Así, nos instalamos a vivir en aquel bosque con el beneplácito de los elfos, a los que ayudábamos en lo que podíamos, fundamentalmente en la defensa de la zona, aunque seguíamos intentando mantener nuestras tradiciones agrícolas y ganaderas, ya lejos de nuestro amado mar. Pero mi pueblo, de agricultores, pescadores y eruditos, terminó siendo un pueblo guerrero, con la formación recibida de los elfos (qué hubiera sido de nosotros sin ellos). Yo nunca me conformé con ser una guerrera, y a pesar de mi gran dominio de la espada instaba a los elfos a transmitirme su sabiduría, y ellos accedieron, por fin, y me mostraron cosas que nunca podría haber imaginado, y me instruyeron en los más variados campos del conocimiento, desde lo civil a lo militar. Múltiples años pasaron, y muchos conocimientos adquirí, y cuanto más aprendía, más quería saber.

Me había hablado mi padre alguna vez de un deseo suyo, sacado de una leyenda. Esta leyenda afirmaba que existía un lugar, en un valle, en una isla, en el que la sabiduría no tenía límites, y donde en medio de un lago se alzaba la imponente Torre de Cristal, aquel lugar se llamaba Ciudad Dragón, y se encontraba en el Valle del Ingenio. Desde que la escuchí, mi padre siempre había anhelado conocer dicho lugar. Yo nunca pensé que fuera más que una leyenda, pero un día los elfos me hablaron de aquel lugar, como una realidad, pues uno de ellos había estado sirviendo en Nargothrond, y lo conocía de primera mano.

Me vino en ese momento a la mente la huida de mi ciudad, el haber decepcionado a mi padre y fracasado en su última petición, la caída de mi familia. No lo dudé, desde ese momento no tenía otra cosa en la cabeza que ir allí, al Valle del Ingenio y cumplir lo que no pudo mi padre, entrar a ampliar mis conocimientos en la Torre de Cristal.

Estaba versada en el arte de la guerra, manejaba la espada como el mejor, y tenía un hambre voraz por aprender nuevas cosas. Estaba decidido, me marchaba en busca de ese místico lugar, a pesar de la oposición de los elfos. Con mi pueblo estabilizado, y en buenas manos, pues Ragnor, que se había destacado como gran guerrero, se quedaría como señor de ellos, y los elfos estarían vigilantes.

Marché sola en mi búsqueda, pocas o ninguna referencia tenía de aquel lugar, y realmente fue la peor decisión de mi vida.

Cabalgué hacia el Este multitud de jornadas y…

- Tengo frío…

- Toma, ponte mi capa.

- ¿Dónde estoy?

- Tu búsqueda ha llegado a su fin.

Firma

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía?

Para eso sirve: para caminar.

Vida

70%