La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Ficha de personaje

Atram Neisa Dealyra

Jugador: atram

Avatar de Atram Neisa Dealyra
Personaje
Atram Neisa Dealyra
Clan
Valle del Ingenio
Raza
Humana
Otros nombres
Ingreso en el Clan
02-02-2006
Armas y/o poderes
Arco largo, dagas y callado para caminar que puede utilizarse como arma a causa de la dureza de la madera

Descripción del personaje

De complexión delgada, no es muy ágil con armas pesadas pero maneja a la perfección el arco que le permite la defensa desde puntos alejados o el ataque en movimiento, ya sea sobre el caballo o corriendo. Su velocidad también es un factor importante, tanto corriendo como la velocidad de movimientos de sus manos con las dagas. Éstas las lleva sujetas a las piernas por correas de cuero y tienen un tamaño de dos palmos

De pelo oscuro, tiene una cabellera larga pero casi siempre recogida por pura comodidad. Tiene el cuerpo cubierto de tatuajes que se entreven según las vestiduras que lleve, sobretodo en el cuello.

Historia del personaje

Yo vengo de un reino pequeño, tanto, que las fronteras de su territorio coinciden con las murallas de la única ciudad, Aleacia. Aleacia estaba situada en las montañas occidentales de la región de Umbar. Ésta estaba asentada sobre una de las minas más ricas en oro, hierro y platal de la región por lo que controlaba gran parte del comercio de estos metales. Su difícil situación, encajada en la cresta de una de las montañas de la cordillera de Umbar, hacía imposible cualquier actividad agrícola o ganadera por tanto, dependía exclusivamente del comercio del metal en todas sus variables: materias primas, joyería, herrería y armería. Los artesanos aleacios alcanzaron una gran fama y perfeccionaron su oficio creando desde armaduras y espadas resistentes y muy duraderas hasta delicadas joyas con las gemas provenientes de las minas. Gentes de muy lejanas tierras iban hasta el mercado de Aleacia que rápidamente se convirtió en uno de los más importantes y también gran cantidad de sabios y estudiosos se concentraron en sus calles para dedicar su vida al estudio. Gran cantidad de documentos se reunió en las bibliotecas de la ciudad que siempre estaban abiertas para cualquiera que quisiera utilizarlas.

Pero esta prosperidad no tardó mucho en terminar. Las minas de las regiones cercanas se agotaron entregando a Aleacia el monopolio del comercio del metal. Esto despertó en los otros pueblos mineros un sentimiento de envidia y rencor hacia los aleacios. Este sentimiento se propagó hasta que decidieron dirigir una ofensiva hacia la ciudad para apoderarse de ella y conseguir el control de las minas. Las gentes de la ciudad la defendieron bravamente y consiguieron repeler el ataque pero se inició un sitio a la ciudad que duraría décadas con la esperanza de que la falta de alimentos por la interrupción del comercio, los obligara a rendirse. Pero esto fue inútil ya que los habitantes construyeron largos túneles a través de las montañas que los llevaban más allá de Umbar y les permitía continuar su actividad comercial con los pueblos de la Tierra Media que llegaban de más allá del mar y con los hombres morenos del este.

El corazón de las gentes de Aleacia se oscureció y se olvidaron los tiempos en los que la prosperidad reinaba en la ciudad. Los hombres eran fuertes y tanto empuñaban una espada como empuñaban un pico y una pala para arrancar las gemas y el mineral de hierro de la roca. Éstos defendían duramente la ciudad en el campo de batalla mientras las mujeres, al tener menos fuerze para cargar con una espada, defendían las murallas con sus arcos y ballestas. Las mujeres aleacias eran conocidas en muchos lugares por su habilidad con el arco y su gran puntería. Pero también eran capaces de forjar espadas en las fraguas, engarzar las mas hermosas gemas en los más bellos collares o tejer delicados tapices con hilos de oro y plata para venderlos en los lejanos mercados. La necesidad las obligó endurecerse y a encargarse del trabajo en las fraguas o incluso en las propias minas.

Mi padre era Neralon y era un valeroso guerrero pero también enamorado del estudio y las estrellas. En los tiempos de prosperidad de Aleacia, estudió con el maestro astrónomo de la ciudad y conocía perfectamente la posición de cada una de las estrellas que Varda había puesto en el firmamento en los días antiguos antes del sol y la luna. Él me enseñó todo lo que sabía del cielo y también a sobrevivir en la montaña durante largo tiempo cuando lo acompañaba en las misiones de reconocimiento durante el sitio de la ciudad. Él murió el día en que cumplí 15 años. Era el día en que mi madre y las mujeres de la ciudad celebraban mi ceremonia de iniciación en la que hacían en mi piel los tatuajes rituales que ahora cubren mis brazos, piernas, espalda e incluso la cara. Murió durante un ataque a las murallas y mientras mi madre ponía los hierros candentes que marcarían mi piel, sus lágrimas bañaron mis heridas y lloramos juntas durante largo tiempo.

Ella se llamaba Arcaleth Neisa Dealyra y era hija del maestro de las fraguas de la ciudad y heredera de los conocimientos de su padre convirtiéndose en la \"señora del fuego. Bajo su martillo y su yunque, muchas espadas de gran belleza y resistencia vinieron al mundo para honrar a aquellos que las empuñaran. Mi madre era un genio atrapado en un cuerpo mortal. Su mente y sus manos nunca descansaban y sus ideas ayudaron mucho a la defensa de la ciudad. Ideó máquinas de guerra que incluso nuestros propios enemigos imitaban y mejoró los sistemas de catapultas para así poder llegar más lejos a las filas enemigas y poder atacar la retaguardia mientras las arqueras diezmaban la vanguardia con ballestas también de su invención.

Varios años después de la muerte de mi padre, acabé mi instrucción militar. Por ese entonces, la ciudad recibió el peor ataque que la ciudad jamás hubiera recibido desde el inicio del sitio. Los habitantes resistieron una tras otra las envestidas del enemigo, pero finalmente las murallas fueron tomadas y muchos fueron muertos. Los pocos que sobrevivimos nos encerramos en las minas y las tapiamos para retrasar el avance del enemigo mientras los supervivientes avanzábamos por los túneles destinados al comercio con la mayoría de los niños de la ciudad.

Tras varios días de travesía sin comida y casi sin agua, conseguimos llegar al final del túnel y salir a la luz del sol lejos de nuestra amada ciudad. La mayoría de los adultos se hicieron cargo de los niños y se instalaron en las ciudades y puertos instalados en la Tierra Media, intentando olvidar el horror que habían vivido. Otros, gracias a su entrenamiento militar, pasaron a engrosar las filas de muchos ejércitos Mi madre también había muerto en el ataque a la ciudad y lo único que conservaba de ella era un brazalete en el se escondía una diminuta daga muy útil en momentos difíciles y de mi padre un ónice marrón engarzado en una maraña de hilos de oro que mi padre extrajo de la roca y talló con sus propias manos como regalo para mi. Siempre lo llevo escondido entre mis ropas. Me dirigí otra vez hacia el sur en busca de un lugar donde sobrevivir

Mis pasos me llevaron a diferentes tierras y a conocer los diferentes clanes de las Haldanóri, las tierras ocultas. Finalmente llegué a los territorios del Valle del Ingenio donde conocí a algunos de sus miembros y donde me permitieron morar durante largo tiempo. Puse en práctica los conocimientos heredados de mi madre y no tardé en formar parte del gremio de los ingenieros y armeros de Ciudad Dragón llegando a alcanzar el rango de Oficial experto. También soy miembro del concilio de la Torre de Cristal y mi colgante de ónice marrón, herencia de mi padre, se convirtió en el amuleto que me permitía entrar en las salas restringidas de la torre.

Tiempos oscuros cayeron sobre el Valle y sobre todos los habitantes de Haldanóri. La guerra extendía sus alas cubriéndolo todo con su oscuridad, su crueldad y su desgracia.

Pese a que mi corazón deseaba estar al lado de mis compañeros de armas asuntos trascendentales me mantuvieron lejos de mi hogar durante largo tiempo... Pero al fin, he vuelto junto a vosotros para llegar hasta el final, sea cual sea ese final.

Firma

Y la luna brilló en el cielo para que todo el mundo la viera por última vez pues la luz de la mañana solo traería muerte para muchos de ellos Atram Neysa Dealyra Valle del Ingenio

Vida

100%