La Guerra de los Clanes

La Torre De Cristal

Escribiéndose...
Escrito el 06-10-2004 11:54 #1



*Protegida entre montañas cual altas murallas, la torre de cristal desafía al mismísimo cielo*

Kheled-Zigil da cobijo a la más alta infraestructura construida en la isla oriental.

Situada en el valle sobre el que reposa la ciudad Dragón, ambas forman parte de una gran infraestructura custodiada por los mejores soldados.

De imposible acceso si se desconoce el único sendero que lleva hasta ella.

Primero deberás encontrar la cueva correspondiente de entre las cientos de ellas que pueblan las montañas. Pero eso es sólo el principio, pues si consigues dar con ella, tendrás que hallar después el pasadizo secreto que te conducirá hasta el valle que rodea la torre. Equivócate de camino y será tu fin. Además, incrementada por su capa de invisibilidad proporcionada por el material especial del que está hecho, la hace imposible de detectar.

Aunque pocos conocen una diminuta vía de escape distinta a esa ruta. En la edificación de la torre, los constructores se encontraron con un pequeño problema: Al tratarse de una isla se corría el peligro de que al extraer la tierra para realizar los subniveles toparan con algún acceso al mar. Cuanto más hondo cavaban, mayor era el riesgo. Cuando empezaron a notar que el terreno era más húmedo de lo normal decidieron detenerse ahí y construir un pequeño conducto de salida por si se filtraba el agua en algún momento. El estrecho túnel protege a la torre frente a la subida del nivel del mar conduciéndolo, dado el caso, hasta el acantilado más oriental del territorio desde donde se puede divisar el gran islote reinante.

Rodeada de árboles, en el centro del valle, la imponente torre descansa. Pero no es de estructura débil como parece indicar su nombre, sino todo lo contrario. Está construida con materiales de gran resistencia frente a ataques, vientos o cualquier otro fenómeno. El aspecto de cristal se consiguió dotándola de un baño de un material especial extraído de las más profundas cuevas de las montañas por los expertos enanos allá a finales de la primera edad. La última veta existente. De ahí consiguiose su preciada invisibilidad.

Dentro se puede encontrar la siguiente distribución:

- Dos niveles superiores guardan las salas privadas de los veinte, así como las salas comunes en las que debatir y tomar decisiones de extrema importancia. De acceso totalmente restringido.

- Tres niveles medios en donde se hallan, a parte de la entrada a la torre, la biblioteca, despensas, y un largo etcétera de estancias.

- Cuatro subniveles llenos de laboratorios y despachos donde los maestros y sus discípulos pasan las horas estudiando y creando nuevos ingenios. De acceso también restringido.

- Y el último escalón subterraneo. Los amplios sotanos dotados con los mejores espacios para dar cobijo en el caso de que fuera necesario a todo aquel que lo necesitase. Incluso a todos los habitantes de la isla, llegado el caso de un sitio masivo.

Pero, ¿Cómo controlar quien entra o quien sale de dichas estancias prohibidas?

En un comienzo, 20 amuletos principales fueron creados en cuyo interior una piedra preciosa específica aparecía incrustada. Fueron entregadas a cada uno de los miembros con poder para tomar decisiones y velar por la seguridad de los habitantes del valle del ingenio, los veinte.

A lo largo de la torre, diversos recintos poseen en lo alto de la puerta una piedra. Son las zonas prohibidas. Únicamente el portador del amuleto con la correspondiente piedra podrá tener acceso a dicha habitación.

Pero existen también algunas en las que el tipo de piedra es difícil de determinar, como si su aspecto fuera multicolor. Son las salas comunes en las que cualquiera de los 20 amuletos abre la puerta.

Sin embargo, la necesidad de que otras personas accedieran a algunas de las estancias prohibidas, como por ejemplo los discípulos aventajados de los maestros, dio lugar a la creación de 40 nuevos amuletos. De carácter secundario, solamente dan acceso a las zonas privadas puesto que las comunes, como ya se ha indicado, son de uso exclusivo para los veinte.

Tras esto y volviendo al aspecto exterior, hay cierto detalle que merece la pena comentar... y observar:

En lo más alto de la más alta torre, la escultura de un dragón, vigilante sobre el valle y únicamente visible por los portadores de los amuletos, reina en honor al hecho que impulsó a los sabios a encontrar un lugar en el que establecerse para estudiar más profundamente lo conocido... y lo desconocido.

[Editado por nuRBiL el 04-06-2005 15:01]

Escrito el 22-01-2005 14:32 #2

La luna en cuarto creciente, regando la inmensidad de la Tierra iluminaba espectralmente la torre de cristal.

Una calma asolaba todo el territorio, las personsa andaban por la calle en silencio, sabian que algo estaba empezando a resurgir, una extraña sensacion de vacio y desconcierto presagiaban la avenida de nuevos tiempos.

Yandros observaba desde su despacho como la lluvia chisporroteaba fuertemente contra los cristales de las ventanas, un sonido que recordaban ahora y mas que nunca a tambores de guerra.

El numenoreano hizo su ultima firma sobre aquel documento alzo la vista y se dirijio hacia el balcon, ante el un inmenso lago que unia un profundo rio que moria en el mar; dobló el documento y lo envolvio en la pata de un aguila que tenia preparada, luego susurrandole al oido la solto y desapareció entre girones de las oscuras nubes que ahora cubrian todo.

-Vuela presta amiga, de ti dependeran muchas cosas a partir de ahora.

Y mirando el horizonte embelesado grito a su mayordomo:

-!Reune a todos los jefes de los gremios, capitanes y combatientes, que se preparen delante de la torre de cristal¡¡-

Horas mas tarde un ejercito de decenas de miles de soldados se agrupaban en una gran plaza situada en frente de a torre de cristal, sus brillantes armaduras iluminaban reflejando la luna que asomaba en un resquicio, parecian un ejercitos de fantamas dispuestos a atacar desde ultratumba.

Yandros obserbvo la escena con orgullo, ante el, años de preparacion habian dado como resultado el ejercito mas mortifero que habia conocido, volvio a dentro de su habitacion empapado hasta arriba y espero a que los jefes de principales llegasen.

Una pequeña voz susurró en su cabeza: No lo hagas, no lo hagas..... tu nada has perdido alli, no des nada pues nada se te dara a cambio...

Pero pronto deshecho aquellos pensamientos, sentia en sus sangres un calor como hacia demasiado que no habia sentido, su espada, a pocos centimetros de el gritaba con ansias de beber.

El valle... aquella tierra que lo acojio y lo habia convertido en lo que ahora era....quizas no volveria a verla..... pero ya eso daba igual....a muchos kilometros de alli, tras el mar, el velo del enemigo retronaba en su cabeza, todo empezaba a tomar forma, volveria a luchar, volveria a sufrir y ver sufrir a los suyos y muy posiblemente a morir, pero una cosa tenia seguro, pasase lo que pasase su futuro quedaria forjado a rojo vivo para el resto de los tiempos, las montañas caerian y el mar se secara, pero la historia que ahora empezaba a escribir con su sangre seria recordad para siempre.

El numenoreano abrio su armario y observo su armadura de guerra, la agarro suavemente y dijo:

-Ven preciosa..... hoy bailaremos nuestro ultimo baile

Escrito el 30-01-2005 14:13 #3

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Esta historia proviene de la historia El Principio del Fin de las Historias generales de los clanes:::

http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Historias/leer&historia=261&pagina=0&numpart=2

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[Editado por nuRBiL el 30-01-2005 14:14]

Escrito el 30-01-2005 14:15 #4

Corrían rápidamente. Sabían lo que se estaban jugando. Quizás la odiaran, pero era el respeto a su Capitán los que les hacía cumplir sin vacilaciones. Se abrían paso entre los miles de soldados que se agolpaban frente a la torre. Ruidosos pero conformando una especie de melodiosa sintonía en armonía con las gotas de lluvia que crispaban sobre sus relucientes armaduras.

>¡Dejen paso! – gritaba de continuo uno de los soldados que transportaban la improvisada camilla de tela sobre la que portaban a la muchacha.

El agua bañaba su rostro, salpicándolo de leve vida mientras ésta se escapaba en cada exhalación. Sus ojos se mantenían cerrados, presagio de que no volverían a abrirse jamás. Su mano herida días atrás por un cristal yacía ahora colgando de uno de los lados de la camilla. Vendada y sin fuerzas, al igual que el resto de su cuerpo. Sus heridas habían sido lavadas y curadas. La habían cambiado de ropa, pero por mucho que lo habían intentado, imperturbables se mantenían las marcas azules que ella misma se había pintado.

Ni rastro de barro, ni rastro de sangre. Pero patente el veneno seguía fluyendo por sus venas arrancándole su existencia, devorando su espíritu,… llevándose su vida…

Entraron corriendo en el interior de la Torre de Cristal, arrasando con todo a su paso, hasta que llegaron a la estancia en donde Yandros ultimaba proyectos sobre mapas y pergaminos. Abrieron de golpe las puertas sin siquiera llamar o hacer los saludos pertinentes. El Capitán les miraba desconcertado, pero sólo tuvo tiempo de apartar los papeles de un manotazo tirándolos al suelo antes de que posaran a la muchacha sobre el escritorio.

>Pero, ¿Qué ha sucedido? Exijo una explicación. – sorprendido miraba alternativamente a la mesa y a sus soldados que respiraban entrecortadamente.

>Señor – se adelantó uno de ellos – ha... sido… envenenada.

Se detuvo para coger aire a la vez que le entregaba el pergamino enrollado que habían encontrado en uno de los bolsillos de la mujer cuando le quitaban la ropa.

>Esto estaba entre sus pertenencias. Desconocemos tanto el veneno como el antídoto… señor…

La confusión e incertidumbre se respiró en el ambiente por unos instantes.

>¿Ella lo conoce? – preguntó Yandros pero fue respondido con caras de ignorancia.

Así pues, se acercó hasta ella y apartándola los cabellos del rostro intentó despertarla.

>Elorah… Elorah… ¿Puedes oírme? Elorah… Tienes que despertarte.

Unos ojos brillantes y empañados de lagrimas se entreabrieron lentamente. Desorientada buscaba un punto fijo mientras parpadeaba sucesivamente.

El Numenoreano cogió su rostro entre sus manos y la hizo mirarle.

>Elorah… ¿Conoces el veneno? … - pero no obtuvo respuesta. Ella seguía con su mirada perdida.

>Vamos Elorah, tienes q responderme. ¿¡Conoces el veneno!?

Aquel grito la hizo centrarse por breve tiempo y mirándole seria, con resquicios de rabia contenida, consiguió reunir las fuerzas necesarias para propinarle un tortazo y añadir con los dientes apretados:

>Me sacaste de una muerte para enviarme a otra.

Y volvió a desmayarse.

Escrito el 18-05-2005 20:56 #5

La noche era fría. La lluvia marcaba un sonido acompasado en las azuladas cristaleras del alto techo. A través de los grandes ventanales, el fuerte viento se filtraba haciendo bailar las cortinas a un ritmo tenebroso y azotando las contraventanas como latidos pausados pero graves, apagándose pero queriendo sobrevivir al mismo tiempo.

Empapada en sudor yacía sobre el altar. El azul de las marcas de su cuerpo reflejaba la muerte a cada rayo. El veneno palpitaba por entre sus venas mientras conjuros se oían murmurar en las bocas de los allí presentes. Cuatro druidas de largas túnicas blancas y cinturones de tela morados conjuraban apostados en cada uno de los puntos cardinales. Representaban a los cuatro elementos, portando para ello un símbolo representativo cada uno.

Al Norte, el Agua del deshielo de las montañas Grises.

Al Sur, el Fuego de la boca del infierno del valle de Udûn.

Al Este, la Tierra de los desiertos perdidos y lejanos más allá de Rhûn.

Al Oeste, el Aire de los pastos verdes y no profanados de Arnor.

Todo traído desde lejanas tierras tras arduos y expeditivos viajes, pero todo necesario. Los mejores guerreros habían sido enviados para conseguir tales proezas. No se podía escatimar en asuntos de vida y muerte… aunque para salvar una única vida, hubiera más de una muerte…

Mientras tanto, Yandros esperaba ansioso y preocupado al otro lado de la puerta. No le habían dejado entrar pues perturbaba la armonía del lugar. Tal grande era la conexión entre aquellas dos almas que si permanecían cerca la una de la otra, la atmósfera de paz se distorsionaba provocando que las auras se transformaran en irreales y por tanto el hechizo no pudiera encontrar el camino verdadero hasta el corazón de la pequeña damisela herida.

> Pagareis caro esta osadía – murmullaba entre dientes mientras apretaba en su mano el colgante de rubí de Elorah – Sangre nurnita correrá hasta saciar mi sed de venganza.

Un soldado había llegado hasta su posición actuando seguramente en nombre de algún capitán de alta responsabilidad en la Torre de Cristal:

>Mi señor… - dijo con voz temblorosa y esperando permiso para continuar el habla.

El numenoreano apenas levantó la vista del suelo para echarle un fugaz vistazo y hacerle un gesto con la mano para que le dejara en soledad.

>Señor, lo que tengo que decirle es de suma importancia – se apresuró a decir el soldado antes de verse interrumpido por las palabras del Rey.

>Déjeme solo. No quiero ser perturbado.

>Lo sé, pero debe escucharme, lo que tengo que decirle es…

Pero esta vez no le dio tiempo a terminar su oración:

>Ya lo has mencionado. De suma importancia. Y yo también he mencionado que no quiero ser molestado, así que vete…ahora. – Su paciencia empezaba a agotarse.

>El capitán dijo que dirías eso mismo, y también me dijo que aún así insistiera.

Yandros no pudo aguantar más su rabia acumulada y dio rienda suelta a toda su furia, pues con rapidez y vigor sacó su espada y empotró al muchacho contra la pared posando el filo sobre la fina piel de su cuello.

>Insiste si tienes valor – le retó desafiante - ¡INSISTE!

Le miraba con ojos vidriosos, brillantes de nerviosismo como si una alta fiebre le hubiera afectado. Pero el joven soldado no se amilanó y reuniéndose de entereza, tragó saliva costosamente para decir con voz aún más titubeante que antes:

>Mi Señor… sabemos del peligro que corre la maestra espía, pero es por esa misma razón por la que no puede abandonar su puesto. Allí arriba le necesitan. No sabemos si la muchacha habló mientras fue torturada y no sabemos si el enemigo dispone por tanto de información relevante y que pueda poner en peligro nuestras defensas…

El numenoreano escuchó esta vez sus palabras y fue retirándose poco a poco.

>Tienes razón… pero debemos considerar a Nurn como un aliado y no como un enemigo, pues hemos firmado un pacto que protege los intereses de ambos. Aunque después de esto, mi opinión hacia ellos dista mucho de ser la de aliado. ¡Es tan sólo una niña! ¡Pero, ¿en qué demonios estabais pensando?! – alzó la voz para después suavizarla hasta ser susurrante – Pero, ¿en qué demonios estaba pensando yo al enviarla allí?

>Señor… nosotros fuimos los primeros en considerarles enemigos al mandarles una espía a su capital…

>De nuevo tienes razón, joven soldado – respiró hondo para posteriormente sonreírle y acercarse hasta él apoyando la palma de la mano en su hombro en clave de complicidad - ¿Me harás un favor?

>A disposición del rey estoy, mi Señor. - dijo con una leve reverencia de cabeza.

>Bien. Quédate aquí. No quiero que te muevas de este lugar en ningún momento. Si algo ocurriese tras esa puerta – señaló el portón marrón que los separaba de la agonía y el dolor – quiero que envíes a alguien para que me avise. ¿De acuerdo?

>Sí, mi Señor. – asintió a la par que hinchaba sus pulmones de aire y marcaba los músculos a símbolo de valor y eficacia.

>Buen soldado. Serás ascendido por ello. No sólo por el hecho de que cuides esta puerta, sino por el hecho de haberte enfrentado a mí, el Rey, a sabiendas de que debías cumplir las ordenes de tu superior.

El soldado sonrío contento y se posicionó firme en su puesto mientras Yandros abandonaba el lugar y se dirigía a la Torre de Cristal a poner orden entre los capitanes que debatían entre si iniciar un ataque o esperar al desarrollo y curso de los acontecimientos.

Sin embargo, no era el único que lidiaba un conflicto, aunque en este caso fuera interno. A cada segundo, Elorah se adentraba más aún en el mundo de las sombras. Se perdía en los sueños. Se horrorizaba de los recuerdos. Todo confuso se mezclaba en su mente. Lo real y lo irreal. ¿Cómo saber cual era la salida de aquel círculo vicioso? ¿Cómo no caer en la oscuridad y la locura? Y en definitiva, ¿Cómo luchar contra aquel veneno, que envenenaba su alma? Valga la redundancia…

***Este relato, concretamente la parte referida a Elorah y sus sueños, continúa en la historia de título: “Sueños Perdidos”***

http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Historias/leer&historia=355&pagina=0&numpart=2

[Editado por nuRBiL el 18-05-2005 22:44]