Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
La Ciudad Del Dragón
2004:11:10:00:20:26
Mhord Alomeg
La Ciudad del Dragón está situada en un valle de la cordillera de las Kheled-zigil. Con cerca de un millón de habitantes, la ciudad está situada en círculo, tocando las bases de las montañas de su alrededor. El río que atraviesa el valle ha sido canalizado por debajo de la ciudad, y es usado como fuente de agua, para beber, utilizar en los diversos talleres y mantener la sanidad de las calles. Un viajero que se aproxime a ella lo que primero notará, aparte de los verdes campos y los pequeños bosques de la zona, son las murallas. De reciente construcción tras la última expansión, estas se levantan imponentes varias decenas de metros desde el suelo. En su construcción se usaron técnicas avanzadas para conseguir una gran dureza y resistencia, haciendo que pocas cosas en este mundo sean capaces de derribarlas aparte de hechizos poderosos. En las murallas hay dos puertas solamente, en el norte y en el sur. Estas dejan pasar a diario gran número de carromatos y viajeros, y se construyeron pensando en tal objetivo, ya que permiten la entrada de hasta seis carros, uno al lado del otro. Forman un arco, debajo del cual, a un lado, hay una casa fortificada donde los guardias de la ciudad controlan la entrada de forasteros y mercancías.
Una vez pasado el control, el viajero podrá observar por primera vez las calles de la ciudad. Normalmente llenas de gente, se ramifican y expanden desde las dos entradas, hasta formar una intrincada red en la que es fácil perderse.
Desde la entrada del norte, quien escoja el camino de la derecha se encontrará por el barrio formado por los bibliotecarios. Este barrio goza de cierta antigüedad, y sus casas así lo demuestran. Abundan las edificaciones que combinan madera y piedra, para así conservar los escritos en condiciones de temperatura y humedad óptimos. Las calles de esta zona forman una red bastante complicada, y es uno de los lugares más complejos de la ciudad en ese sentido. La zona suele ser más tranquila que el resto de la ciudad, debido a la exigencia del gremio al silencio en este barrio. De todas maneras, los diferentes talleres y bibliotecas suelen estar insonorizados. Con apenas tiendas en la zona, es también un barrio para relajarse, aunque tiene un aire como anclado en el pasado, debido al peso de la historia en forma de manuscritos que contiene.
Si se sigue avanzando hacia la derecha, a la vez trazando un arco dentro de la ciudad, se llega al barrio de los herreros. El ruido del metal golpeado y el calor de las forjas se extiende por las calles, donde numerosos talleres ofrecen también sus servicios. Zona bastante transitada, sobretodo por los guerreros, no es un lugar frecuentado por los comerciantes ni viajeros. Sin embargo, el ejército local y los herreros son suficientes para dificultar el paso en la mayoría de las calles. Toda la ciudad consta de acueductos, pero en esta zona hay una mayor proporción de ellos, debido al trato constante con el fuego y los metales.
Al lado de los herreros, está situado el barrio de los soldados. Las calles de esta zona forman cuadrículas perfectas, que organizan a las diferentes compañías y divisiones. Con su propio abastecimiento de comida, parece una parte independiente de la ciudad. Por las calles transcurren los diversos grupos de soldados, dirigiéndose a cumplir sus tareas de entrenamiento y preparaciones. Las casas de la zona son muy bajas y grandes, hechas de metal y piedra. En esta zona, salvo excepciones, sólo hay guerreros, ya que los otros gremios no suelen necesitar de sus servicios.
Siguiendo nuestra ruta por la ciudad en círculo, nos encontramos con la puerta sur. Si seguimos avanzando como hasta ahora, nos encontramos con una zona bastante comercial, llena de tiendas. En este barrio, además de tener el gremio no oficial de los comerciantes, también es el lugar escogido por los gremios de los diplomáticos, espías, oficiales y asesinos para asentar sus edificios. Estos gremios no tienen tantos miembros como los otros, y prefieren estar en este barrio, que forma de hecho el lugar en que los viajeros, comerciantes y demás gente extranjera se junta. Las calles de esta zona están constantemente abarrotadas, llenas de tiendas, posadas, hostales y pequeñas mansiones de los comerciantes. Es el lugar donde llegan primero las noticias de otros lugares, y por ese motivo los espías y los asesinos prefieren esta zona. Es un barrio de intercambio, con una gran diversidad de casas y calles. También es la zona donde se concentra la pobreza de la ciudad El conjunto hace que sea un lugar muy heterogéneo, y el sitio de la ciudad en que el progreso conseguido por sus habitantes es menos evidente.
Continuando con nuestro camino, llegamos al barrio de los ingenieros. La zona más nueva de la ciudad, este barrio también es el más grande. Su modernidad comporta que las calles de esta zona estén muy bien organizadas, sin llegar a la cuadrícula perfecta de los guerreros. Las casas son diversas, la mayoría hechas de piedra, conteniendo talleres y viviendas, aunque en algunos casos los ingenieros no hacen ninguna distinción entre los dos. Un gran número de personas se mueve por esta zona, llevando sus artilugios, planos e ideas de un lugar a otro, junto a los materiales que necesitan para realizar sus proyectos. Numerosas construcciones presentan añadidos, resultado de la aplicación de los estudios de su propietario, que tienen la función de facilitar más la vida en ellas.
Dentro de este barrio cabe destacar la zona donde la mayoría de los especializados en la construcción de armas, los armeros, realizan sus tareas. Aquí los talleres a veces parecen en mal estado, quemados, agrietados o envejecidos, como resultado de las diferentes pruebas de sus propietarios. También hay un par de solares dedicados exclusivamente a la prueba de nuevos artilugios, excepto para las armas de asedio, que naturalmente se prueban fuera de la ciudad.
Después de atravesar el barrio de los ingenieros, nos encontramos en el punto de inicio, la puerta norte. Habríamos recorrido la parte exterior de la ciudad, más nueva y grande, rodeada de las murallas. Si ahora avanzamos hacia el centro, vemos cómo las casas se vuelven más viejas a medida que recorremos las calles. Entonces, nos encontraremos con las antiguas murallas.
A los inicios de la segunda edad, cuando la ciudad se había asentado en la zona, se construyó esta primera defensa contra posibles ataques. Las murallas eran bastante altas y resistentes, pero no se usó para hacerlas ningún conocimiento especial de los gremios allí reunidos. Tenían también sólo dos entradas, la norte y la sur. Cuando la ciudad creció demasiado como para seguir dentro de este límite, se abrieron más puertas y se empezó a construir fuera de ella. Estas viejas murallas ahora dividen el centro antiguo de la ciudad de los nuevos barrios, al cual se puede acceder por cualquiera de sus seis puertas oficiales o a través de algunas casas que atraviesan la antigua defensa.
Si cruzamos las puertas del sur, llegamos al barrio de los alquimistas. Aquí uno se encuentra con calles muy estrechas, casas de madera y un ambiente extraño. Según se dice, los productos que usan los alquimistas han entrado en la madera con el paso de tiempo, y sin ser peligroso o producir algún efecto inusual dotan a este barrio de un aire cargado, con olores extraños. El conjunto hace que, como la zona de los bibliotecarios, el barrio de los alquimistas no sea un lugar muy frecuentado. Aparte de las casas, también hay numerosos acueductos, haciendo que también sea un lugar húmedo. Los alquimistas suelen ser gente más bien cerrada, muchos con tendencias oscuras, y este ambiente no les molesta, aunque tampoco les guste.
Si los alquimistas ocupan la parte sur del centro de la ciudad, los druídas están situados en el noroeste. El barrio de los druídas es considerado el más hermoso de la ciudad. Las calles son anchas y luminosas, las casas son amplias y construidas con madera y piedra siguiendo formas elegantes que imitan a la naturaleza. Toda la zona está repleta de verdes jardines, y los acueductos han sido modificados para que estén en armonía con el resto del paisaje, formando a veces pequeños ríos y cascadas, fuentes y lagos. En este ambiente no sólo los druídas avanzan por las calles, y es uno de los lugares más frecuentados de la ciudad, ya que la gente suele pasar largos ratos disfrutando de la relajación que el paisaje proporciona. Este barrio es casi puramente residencial, ya que los druídas sólo recogen notas y viven en él, pero sus trabajos verdaderos suelen tener lugar fuera de la ciudad, excepto en el caso de los jardines, que se consideran una distracción y un modo de embellecer sus casas y calles.
Por último, en la parte noreste del centro de la ciudad, reside el barrio de los sanadores. Las casas de piedra se distribuyen en una red de calles amplias pero muy entrelazadas. Aquí también se pueden observar jardines, pero no tantos ni tan trabajados como en el barrio de los druídas. Las construcciones son viejas, pero conservan el color blanco inicial. Este barrio se encuentra en una colina muy pequeña, y está organizado en diferentes niveles o escalones, con grandes terrazas. Aquí están establecidas las casas de curación. Hay muchas, y se encargan de tratar las enfermedades y problemas de toda la ciudad.
En general, es una zona con mucha luz y corrientes de aire, debido a su posición más elevada, perfecta para el descanso y la recuperación.
[Editado por Miles el 08-10-2004 01:54]
[Editado por Miles el 08-10-2004 02:14]
Mhord Alomeg
En el calor del mediodía las puertas de la ciudad estaban abiertas de par en par, controlando el enorme flujo de gente que entraba y salía de la gran metrópolis. Los guardias encargados de vigilar las puertas seguían con su rutina de comprobación de pergaminos y cargas, chequeando tan rápido como podían a los interesados en entrar, para evitar colas.
Una figura envuelta en harapos sucios y grises se situó al final de la cola. Llevaba una capucha que le cubría ligeramente la cara, en su espalda tenía una vieja y polvorienta mochila, y de su cintura colgaba una espada envainada. Las personas de su alrededor apenas le prestaban atención, talmente como si su presencia hubiese pasado desapercibida. Pese al trabajo de los soldados, la cola avanzaba con gran lentitud, y el sol caía implacable encima del camino empedrado, demasiado vertical para formar agradables sombras. La figura, sin embargo, no parecía notar las temperaturas y seguía llevando sus numerosas capas de ropa.
Al cabo de media hora, el hombre envuelto en ropajes deshilachados llegó delante del puesto de guardia. Un par de soldados lo miraron con cierto desprecio, para anotar la hora de llegada y hacer un par de preguntas rutinarias. El más joven se dirigió a él.
-Bien, dános tus permisos de ciudadano o déjanos registrar tu equipaje.
Una sonrisa apareció dentro de la capucha, la única parte visible.
-Siento decir que perdí tales pergaminos. Las inclemencias del viaje me privaron de conservar los documentos
El joven soldado pareció molesto, y respondió con aire orgulloso.
-Entonces no hay excusas que valgan. Has de dejar que veamos tus pertenencias. Espero que no causes problemas, no queremos peleas en la ciudad y tu aspecto no me da ninguna seguridad al respecto.
El encapuchado siguió sonriendo.
-Eso ha sido descortés de vuestra parte.
Con lentitud, se quitó la capucha. Su cara apareció ante los dos soldados, y aprovechó para abrir un poco su túnica, mostrando un extraño medallón con un zafiro engarzado. El soldado más joven siguió con su postura desafiante, pero su compañero, de más rango y curtido en más inviernos, palideció en extremo. Sin dejar tiempo al otro guardián para hablar, se dirigió al recién llegado.
-Lo sentimos muchísimo señor. No volverá a pasar. Hay gente que le creía muerto.....y los nuevos reclutas no le conocen. Espero que nos perdone y no nos lo tenga en cuenta.
-Por supuesto que os perdono, no te preocupes Rasnel. Eso sí, debes enseñar a tu compañero a respetar a cualquiera que guste de entrar en nuestra grandiosa ciudad...no podemos dar esta imagen de tiranía a los visitantes. Dejo en tus manos tal responsabilidad.....y como muestra de buena voluntad, no preguntaré el nombre de tu joven amigo.
-Por supuesto señor, se hará como decís.
El viajero siguió su camino hacia el interior de la ciudad. Rasnel se enfrentó a su compañero, ahora rojo de rabia.
-Ya te he dicho mil veces que tu orgullo desmesurado te traerá muchos problemas! Aún así, hemos tenido mucha suerte, tú y yo. Era uno de sus días buenos.....
El joven soldado, algo irritado por ser ridiculizado en público, se encaró a su superior.
-De qué demonios hablas? Quién era ese pordiosero?
-Ese pordiosero era Mhord.
-Mhord? No conozco el nombre....
-Claro que no. Hace algunos años que inició un largo viaje....tú llegaste a la ciudad y entraste en la guardia recientemente. Si quieres visitar sus oficinas, no tienes más que acercarte a la vieja mansión cerca de las embajadas del barrio comercial.
-La vieja mansión? Pero eso no es....?-Ahora el joven guardián palideció verdaderamente, todo el orgullo desaparecido, la voz ligeramente temblorosa.
-Exacto. Podría haberte matado de cien maneras diferentes en el mismo instante en que se sintió insultado. Celebra este día, uno no suele poder contar que irritó a un Maestro Experto Asesino.....Y cuando acabemos esta guardia, prepárate. Hay tareas especiales que te has ganado con tus comentarios......
Atram Neisa Dealyra
La ciudad con su eterno ajetreo se abría ante los ojos de Mhord tras una larga ausencia que acababa de llegar a su fin. Una sensación mezcla de nostalgia, alivio y emoción llenaba su corazón aunque intentaba disimularlo lo mejor que podía pues su reputación no le permitia dar una imagen de debilidad.
A medida que avanzaba a través de las tortuosas calles de algunos de los barrios de Ciudad Dragón, eran muchos los que se giraban a su paso para comprobar quien era el estraño envuelto en su capa, pero ninguno imaginaba quien se escondia bajo los oscuros ropajes. Muchos ya habían olvidado quien habia sido Mhord y otros ni siquiera lo conocían pues su ausencia había sido larga
Hasta llegar al barrio de los comerciantes donde Mhord pensaba volver a establecer su residencia, el recorrido por la ciudad lo llevaba hasta el barrio de los ingenieros , lugar de reunion de los genios creativos de la ciudad y de producción de los mas maravillosos inventos. Allí las casas y edificios eran de piedra blanca y en la mayoria, estrafalarios cachibaches colgaban de puertas y ventanas. La gente paseaba por sus anchas calles en busca de nuevos objetos que comprar o por pura curiosidad.
El encapuchado avanzaba intentando recordar como era esa zona de la ciudad antes de que él partiera ya que había crecido y cambiado mucho. Caminaba sin prestar demasiada atención a la gente que ahora estaba callada en los margenes de la calle. Miraban hacia el final de esa misma calle, donde una figura delgada y esbelta, sostenia dos dagas en sus manos de forma desafiante
- ¡¡¡TÚ!!!! - gritó lo que parecía ser una mujer que a la vez, iniciaba una desenfrenada carrera en dirección a Mhord con las dagas en posición de ataque. Éste, con un mismo movimiento, retiró su capa y desenvainó su espada a la espera de que el atacante llegara hasta él. El sonido del choque entre los aceros hizo que la gente cerrara los ojos y se encogiera asustada. La mujer era rápida pero el asesino lo era más aún. Los ataques y las defensas se sucedían uno tras otro hasta que Mhord consiguió dominar la situación y acorralar a la mujer contra la pared de uno de los edificios con su propia daga amenazando su blanco cuello cubierto de tatuajes.
- Me alegro de verte - Dijo la mujer con una amplia sonrisa en la cara, un poco deformada por el esfuerzo de volver a recuperar el ritmo normal de su respiración.
- Yo tambien me alegro de verte Atram, han sido muchos años desde la última vez que nos vimos.
- Vamos, aqui estamos llamando demasiado la atención.
La humana le indicó una puerta en la fachada de una de las blancas casas de piedra, era uno de los pocos edificios de los que no colgaban los estrafalarios cacharros. En su lugar tan solo había dos pequeñas flechas cruzadas al lado de la puerta de madera de cedro. Antes de entrar, Mhord dirigió una mirada a los ciudadanos que aún permanecian perplejos ante el espectáculo avisándolos de que se marcharan.
La puerta daba paso a una gran estancia con las paredes cubiertas de armas, desde arcos de todos tipos a ballestas, espadas, lanzas, escudos... evidentemente este era el taller de un armero. Una mesa con dos largos bancos estaba situada al fondo de la habitació y sobre ella habia varios elementos pequeños aún indefinibles
- Veo que el tiempo te ha tratado bien... Sigues con tu tradición
- Siento no poder decir lo mismo de ti - dijo Atram guiñando un ojo y refiriendose al aspecto de pordiosero que llevaba Mhord.
- Vamos! Esto es solo un disfraz, los caminos no son lugar para tus relucientes armaduras
-¿Has vuelto para quedarte? No quiero volver a perder a mi mejor cliente... Mis manos no han estado ociosas durante tu ausencia y tengo cosas que te pueden interesar. Además, se acercan tiempos difíciles, hay rumores de guerra.
- Lo se.
[Editado por atram el 25-10-2004 10:47]
Mhord Alomeg
La mente de Mhord se distrajo unos segundos repasando su viaje. Se volvió hacia su amiga. Atram no pudo dejar de notar que aparte de su disfraz, Mhord realmente parecía muy cansado. Los últimos años parecían pesar sobre él de manera especial.....
-Sí, hay signos de guerra por todas partes. Durante estos años de ausencia he explorado nuevas regiones, encontrado nuevos pueblos, adquiriendo más datos sobre nuestra tierra....pero a la vuelta, he aprovechado para bordear los territorios del continente que tenemos al lado. De norte a sur he visto ejércitos movilizándose, preparándose para enfrentamientos varios. Nosotros aún tenemos suerte, esta zona parece bastante aislada, tardarán algo más en fijar su atención en nosotros...mientras no demos el primer paso, claro está. Y, según he podido ver, no está muy claro si nos mantendremos a la espera....no recordaba tantas tropas patrullando las calles....
-Bueno, en los últimos meses se ha incrementado bastante su presencia....el Concilio decidió dar poderes especiales al ejército para estar preparados con antelación.
-Vaya, corremos el riesgo de convertirnos en una tiranía militar....pero bueno, la historia nos ha ido enseñando que las decisiones del Concilio suelen tener cierto éxito, sean buenas o malas.....tendré que preparar a mis hombres.
-Pero dejemos nuestras preocupaciones a un lado! Hay que celebrar tu vuelta. Ven, te enseñaré mis nuevos diseños....por cierto, te sirvieron en tu viaje mis invenciones?
-Por supuesto....tus armas especiales son las mejores de todo el continente, me ayudaron en diversas situaciones difíciles...creo que propondré que aprueben el modelo doscientos tres como arma oficial para el equipo básico de asesino....tendrás que trabajar duro....-Mhord sonrió.
-El modelo doscientos tres? Ah, ya me acuerdo, un arma compleja. Requerirá al menos oficiales expertos trabajando en ella. Las piezas minúsculas son difíciles de montar, requieren manos expertas, y además las tensiones y fuerzas internas hacen que un error consiga desmontar todo el trabajo hecho hasta el momento....
-Confío plenamente en tus capacidades. Ahora, veamos que has preparado a lo largo de estos años.....
Los dos se dirigieron hacia la mesa sobre la que había dispuestos los pequeños artilugios.....
Atram Neisa Dealyra
Bien- dijo Atram con una amplia sonrisa mientras apartaba su cabello rojo de la cara y lo recogia en una pequeña coleta desordenada en la parte alta de su cuello. Con este gesto, los negros surcos que marcaban los tatuejes en su piel quedaron al descubierto hasta media espalda.
-No se si recordarás mi brazalete, aquel que tenia una pequeña daga oculta en una de sus aristas. Pues he estado trabajando mucho con él y lo he modificado mucho. Ahora es tan solo una ancha tira de cuero sujeta a la muñeca pero que, através de un mecanismo que se activa por presión, la pequeña daga puede salir disparada hacia tu mano si la coges a tiempo o hacia un adversario que se encuentre a poca distancia.
La humana le tendió la tira de cuero repujado y Mhord se la ajustó a su muñeca para probarla. Era gruesa y tenia pequeños grabados para que pareciera un simple objeto de adorno. En la parte interior era más gruesa aún y mucho más rígida
- ¿Presión?
- Apretate bien la muñequera, estira el brazo hacia adelante y tira la mano hacia atrás.
Un pequeño puñal de no más de un dedo de longitúd salió disparado de la muñequera clavandose en una de las puertas de la estancia. Mhord se acercó para comprobarlo y vió que esté se habia clavado profundamente en la madera. Además el arma era fina como una pluma pero estaba extremadamente afilada por la punta como por la hoja.
- Muy útil si está envenenado y quieres una muerte que no sepas de donde ha venido.
Mhord Alomeg
A Mhord le encantó este diseño. Sentía especial debilidad por las armas arrojadizas ocultas.....
-Creo que me quedaré con todas tus nuevas inenciones....confío plenamente en tus pruebas de calidad, pero siempre es importante hacer una prueba en condiciones reales....y de eso ya me ocupo yo. Acompáñame a la Sede, allí podré cumplir con las formalidades necesarias para reconocer tu trabajo....además, es hora de dejar atrás este aspecto de viajante....
Los dos salieron cargados con los diferentes utensilios mortales. Algunos de los transeúntes los reconocieron y empezaron a hablar en voz baja. Mhord había regresado....Y Atram seguía con sus complicados diseños. Algunos ciudadanos observaban con orgullo, otros con temor. Toda la ciudad sabría pronto de su regreso. Mhord miró de reojo a conocidos espías, a los que saludó con un imperceptible movimiento de cabeza. Sabía que habían intentado seguirle la pista desde que llegó al puerto, pero había conseguido esquivarles hasta ahora, una distracción que gustaba de realizar a menudo. El gremio de los diplomáticos agradecía el entrenamiento extra....
Pero por las calles había siempre la presencia de diferentes regimientos de soldados. De hecho, su cantidad era exagerada incluso durante las preparaciones del combate.
-Ha ocurrido algo mientras charlábamos?-Preguntó Mhord
-No lo sé...-dijo Atram-Su número parece realmente excesivo incluso para estos últimos tiempos.
Los soldados parecían buscar algo. Sus miradas recorrían las caras de los transeúntes. Eran patrullas, en busca de alguien, lo bastante escurridizo para burlar su seguridad. El gremio de los guerreros a veces no tenía tiempo de consultar con los espías, y Mhord estaba seguro de que los escurridizos agentes sabrían algo. Se dirigió a uno de ellos, que intentaba mezclarse entre la multitud de manera disimulada, con bastante éxito para el ojo no entrenado, que no era el caso de alguien como el Maestro Asesino.
-Sabes qué ocurre?
El espía, incapaz de ocultarse ahora y sabiendo con quién estaba hablando, respondió:
-Parece ser que alguien ha robado el anillo de Yandros, y desde entonces los guerreros andan como locos buscando al culpable.
Mhord sonrió. Se imaginó la expresión de los centinelas del barrio de los guerreros.
-Bueno, espero que tal contratiempo no dure demasiado. Os habéis decidido ya a informar de la localización del bandido?
-Pues precisamente esta es la parte más curiosa...nuestros agentes tampoco han sido capaces de seguir al causante.
-Qué interesante.......nuestro hermoso sistema de seguridad puesto en ridículo...espero que alguien de mi Sede sepa tal cosa al menos, nuestros agentes observadores son fuentes de información muy variada....
El espía puso cara de ligera irritación.
-No creo que sea el caso....por muchos aires que os deis, vuestro gremio no puede compararse al nuestro en captación de sucesos. Dejad este trabajo para nosotros.
-Veo que sí que os ha afectado el desconocer su situación.....os deseo suerte de todos modos. No se puede permitir que cualquiera ande a sus anchas por la ciudad realizando hurtos.......y daros prisa, o decidiremos participar en el asunto.
-Sé perfectamente que acabas de volver, aún no te has puesto al día suficientemente para empezar a dar este tipo de órdenes.-El espía sonrió-Si tan poca faena tenéis, a ver quién consigue encontrar al culpable antes, vosotros o nosotros...
-Excelente reto....si tenemos tiempo entraremos en la búsqueda, por supuesto.....buena caza.
Despidiéndose, Mhord y Atram continuaron con su camino.
-Nuestras defensas realmente se derrumban.....quizá sea verdad que hace falta una guerra para aumentar la profesionalidad de nuestros gremios ofensivos.....es increíble que hayan tenido un percance tan grande.....
Ya se acercaban a la mansión que se utilizaba como sede de los asesinos, atravesando mercados, posadas, hostales y tabernas del barrio comercial. Empezó a perfilarse la negra figura de la enorme mansión. Pero las calles para acceder a ella nunca iban en línea recta, y el camino que los llevó hasta la puerta serpenteó por entre las casas y barracas que formaban el centro de intercambios de la ciudad.
Por fin, delante suyo se encontraron con Morna Coa, casa temida por muchos, fortaleza oculta, lugar de reunión de las personas más peligrosas de la ciudad, la Sede del gremio de los Asesinos.
------Continúa en la Sede de los Asesinos----------------------------------------------------------------------