La Guerra de los Clanes

El Númenóreano Y La Ladrona

Escribiéndose...
Escrito el 14-10-2004 17:53 #1

Tras de sí largas semanas de duro viaje, con escasas paradas para reponer fuerzas. Senderos entre bosques, lejos de caminos transitados. Tenía que desaparecer sin dejar rastro.

No sabía con exactitud cuanto se había alejado de la Tierra Media, pero sabía que bastante, quizás lo suficiente para que hubieran desistido en su búsqueda. Aún así prefirió seguir un poco más... y un poco más...hasta que casi desfallecida llegó a lo que parecía un puerto. ¿El mar? ¿El Océano? ¿Dónde estaba? Lejos de tierras conocidas, eso seguro.

Decidió sentarse a la sombra de una de las casetas de pescadores y hacer memoria. Había viajado siempre hacia el este, siempre siguiendo el amanecer y a la par ocultándose de él. Desde Rohan y rodeando la cordillera sur de Mordor hasta... ¿Hasta dónde? Había cruzado un denso bosque, de árboles muy altos y extrañamente silencioso... demasiado, pero hermoso, aunque agobiante, como si el bosque mismo pudiera oírla y nutrirse de ella. Quizás fue aquella sensación la que la desvió de su ruta.

Rebuscó entre sus ropas el mapa que llevaba consigo y que hábilmente había robado en una biblioteca. Lo llevaba bajo su ancha camisa blanca, que estos días había perdido bastante su color puro y había pasado a mostrar las típicas marcas de un largo viaje, y enganchado en la goma de su pantalón pirata marrón.

Lo extendió sobre sus rodillas e intentó situarse. El Sol era demasiado fuerte aquella mañana y le costó centrar la vista en el dibujo, pero hizo un esfuerzo y aunque lo viera algo borroso, siguió:

> Un puerto... un puerto...pues yo no lo veo. A ver, aquí esta Mordor y si pasé un bosque tuvo que ser éste...y esto es el mar...así que me tengo que encontrar en este borde del mapa... pero exactamente ¿Dónde? ¡Aquí no viene ningún puerto, siquiera una aldea! Vaya timo de mapa que he robado.

Refunfuñando volvió a guardárselo e hizo ademán de levantarse, pero un leve mareo se lo impidió. Fue en aquel momento en el que su estomago la gruñó. La última vez que recordaba haber comido algo, fue en aquel misterioso bosque, pero de eso hacía ya más de un día. Decidió pasarse primeramente por los puestos del mercado del puerto y después ya se preocuparía de otras cosas. No tuvo problemas en hacerse con algo de pescado que repartió entre ella y su gata. Pocas veces viajaba con ella, siempre le daba la libertad de elegir su destino, no tenía porque seguirla a donde ella fuera, después de todo no se comportaba como su dueña, sino como una amiga. Solía hablarla de vez en cuando aunque Tierra, pues así se llamaba, contestaba con sus característicos maullidos o cuando se aburría se marchaba dejándola con la palabra en la boca. Compartía su comida con ella y a cambio la gata solía ayudarla en algún que otro dificultoso robo. Había mucha complicidad entre ellas, como para dejarla olvidaba en la Tierra Media. No. En un viaje tan largo no podía abandonarla, pues hubiera sido difícil para Tierra dar con ella. Y ahora estaban las dos, sentadas a la orilla del mar comiendo pescado crudo. Asqueroso, pero le daba exactamente lo mismo. Prefería comer eso antes que desmayarse.

Cuando hubo descansado un poco, le preguntó a uno de los pescadores sobre su situación.

> ¿No sabes donde estas? ¿Te golpeaste y perdiste la memoria? – se reía enseñando su amarillenta dentadura – Te encuentras en Haldánori, las Tierras Ocultas, concretamente en el puerto de Hecilondë. – expresó con gravedad para infundirla temor.

Elorah no hizo más que mirarle con indiferencia y regresó hasta la rampa del puerto que daba acceso a los barcos. Regresar no podía y avanzar... era la única salida que le quedaba. Había un navío que estaba siendo cargado, seguramente para partir esa misma tarde. ¿Cómo subir a él? Nunca había intentado infiltrarse en un barco, la verdad es que era la primera vez que veía uno y por tanto el mar. Eso no indicaba que no supiera nadar. Le gustaba pasar las horas muertas bañándose en los lagos que encontraba a su paso, cuando tenía tiempo para ello, y ahora viendo su reflejo en el agua, pudo apreciar su aspecto. Necesitaba un buen chapuzón.

Dejó que Tierra llegará a una de las amarras, la cual tranquilamente lo cruzó con sus aires de grandeza y estilo, llegando así hasta la cubierta. Bien, ahora era el turno de ella. Sin pensárselo mucho se tiró al agua. Estaba fría y se le entumecieron rápidamente los dedos, así q tuvo que nadar apresuradamente hasta el barco. Alcanzó uno de los amarres más bajos y posteriormente escaló hasta alcanzar la zona de los camarotes más bajos. Buscó uno que no pareciera que fuera a ser ocupado y se quitó la ropa envolviéndose rápidamente en una manta que encontró sobre una de las estanterías. Tras eso se quedó acurrucada en una esquinita intentando entrar en calor... el cansancio hizo el resto y pronto se durmió.

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Pasados 2 días, el navío arribó a puerto. Había sobrevivido gracias a la poca comida que conseguía robar de la cocina sin ser vista, algo muy difícil pues eran muchos los que trajinaban en aquella zona. Así que algo débil, pero con entusiasmo, marchó de allí, pero esta vez nada de zambullirse en las frías aguas. No. Esta vez, buscó uno de los carros de los mercantes que portaba paja y se escondió entre ella. Pero no se limitó a salir del barco, sino que dejó que el carromato la portara hasta cualquier lugar al que fuera. Tampoco se preocupó mucho por Tierra, ella sabría cuidarse sola por un tiempo. Ahora que estaban lejos del continente medio, podrían regresar a la libertad y continuar con sus vidas.

Primera parada: Una gran ciudad. Interesante. No esperó más y se bajó allí mismo. Parecía un sitio atrayente. Un barrio de comerciantes. Decenas de puestos. Personas de un lado a otro con macutos llenos de comida, objetos... el paraíso de los ladrones.

El anochecer estaba cayendo y la luz del sol era tan tenue que no le molestaba a sus especiales ojos. Todo estaba en calma. Sin embargo, cuando estaba a punto de hacerse con una buena barra de pan, un sonido característico de una compañía patrullando la sobresaltó.

> Iba a pagarlo – se apresuró a decir, pero se dio cuenta de que no iban por ella, simplemente cruzaban el mercado, un paso rutinario para seguramente llegar a otra zona de la ciudad, quizás existiera también un barrio de soldados...

>¿Cómo dices? – pero el tendero si se había percatado de su presencia y ahora la miraba con una cara de antipatía y odio.

>Je... – y con una risa nerviosa salió de allí corriendo no sin antes chocarse con uno de los soldados – ups

Pero éste no pareció prestarle mucha atención y continuó su marcha. Sin embargo, ella si se fijó en él, o más bien, en el brillante anillo que portaba en su mano y se dijo a si misma que se haría con él antes de que acabara el día.

Siguió a la compañía hasta su barrio correspondiente y estudió la casa en el que el soldado, que por lo visto parecía poseer un alto rango, había entrado. No mucha vigilancia, pero aún así parecía un lugar de importancia. Una habitación continua y vacía con una ventana abierta, fue su puerta de entrada. En su interior encontró algunas armaduras, diversas espadas y varias capas. No eran precisamente de su talla, pero consiguió que no parecieran tan grandes con unas puntadas rápidas hechas con el hilo y aguja que siempre llevaba consigo en uno de sus tantos bolsillos. La verdad, que semioculta por aquella capucha y con el pelo corto, parecía un hombre, no muy alto ni corpulento, pero en el fondo un hombre. Cogió con firmeza una de las espadas y cuando nadie miraba, entró dirigiéndose con decisión hacia el soldado de alto rango. Ofreciéndole la mano y agravando todo lo que le fue posible su voz, le habló:

> Mi nombre es Ardak, hijo de...... ¡Greing!. Largo ha sido el camino recorrido, pero sé que ha llegado el momento de servir a mi Tierra y defenderla de cualquier intruso que ose usurparla. Por ello aquí estoy frente a usted para ofrecerle mis servicios.

Mantuvo la mano en posición de ser estrechada, esperando el momento preciso para hacerse con aquel flamante anillo.

Escrito el 16-10-2004 16:28 #2

Yandros permanecía absorto frente a aquel mapa, estudiaba la nueva situación.... nuevos enemigos empezaban a nacer en el oeste y debía empezar a distribuir los ejércitos pronto, la costa le daría muchos problemas pues toda la flota del ingenio no cubriría tan vasta extensión de terreno....

Pero una voz ligeramente aguda le hizo salir de su embelesamiento, lentamente alzo la mirada y vio a un muchachuelo, su modo de vestir era algo extraño, y su complexión, pobre.

-Mi nombre es Ardak, hijo de...... ¡Greing!. Largo ha sido el camino recorrido, pero sé que ha llegado el momento de servir a mi Tierra y defenderla de cualquier intruso que ose usurparla. Por ello aquí estoy frente a usted para ofrecerle mis servicios.-Dijo con efusividad aquel muchacho mientras extendía su mano en señal de cordial saludo.

Yandros le miro de arriba abajo con desdén y rechazó el saludo de este diciéndole:

-Me parece genial mozalbete, pero dudo mucho que tengas autorización para estar aquí, los temas que en este edificio se discuten son de alta seguridad, así que te ruego amablemente que te vallas de inmediato.

El muchacho se quedo mirando al soldado con los ojos brillantes, se dio media vuelta y se empezó a alejar hacia la muerta, pero entonces tropezó contra una pesada armaduras que permanecía apoyada contra la pared, el choque contra esta hizo que el gran y pesado amasijo de metal se abalanzase sobre el muchacho, este extendió los brazos intentando sostenerla aunque parecía que sus fuerzas menguaban.

-Ayuda¡¡¡-Grito.

En ese momento Yandros sin perder la calma se levantó y se dirigió hacia el joven, luego se inclinó suavemente y apoyó sus manos por encima de las del chico luego sus hombros contra la armadura e hizo fuerza, consiguiendo así que quedasen liberados.

Ardak salió corriendo y en plena cabalgada dios un grito de gracias.

Yandros prosiguió en su escritorio y sobre el mapa que ojeaba decidió trazar algunas rutas para las compañías, agarró su pluma y cuando fue a mojar la punta en el frasco con la tinta observo con alarma que el anillo que siempre llevaba en su dedo índice no estaba, preocupado pensó que podría haber pasado, entonces en ese instante le vino a la mente la imagen de la ayuda que había ofrecido a aquel espontáneo antes de que sesenta kilos de mental lo aplastaran....

-Ese maldito ladrón ¡¡¡-Grito Yandros.- Me ha robado el anillo¡¡¡-

Yandros corrió a toda prisa no sin así arrasar en su camino a un soldado que montaba guardia, rápidamente llegó a la calle, fuera había unos cuantos caballos de algunos mercaderes que transportaban objetos de lujo, el Numenoreano agarró a uno de estos mercaderes de la capa y lo tiró al suelo mientras ágilmente subía al caballo e iniciaba una gran galopada. Yandros no tenia ni idea de por donde seguir, entonces a la lejanía vio la silueta de una persona de pequeña estatura y ataviada con una de las capas que tenían en el ejercito y sabia que nadie de esa estatura y sobre todo complexión podría ingresar en la milicia, espoleó a su caballo en aquella dirección levantando una gran humareda de polvo, el muchacho se percató de la presencia del soldado debido al gran estruendo que provocaba al pasar a toda velocidad en medio de un mercado lleno de tiendas, por lo que decidió echar a correr, se metió en un estrecho callejón, donde el caballo no podría pasar, ese callejón conducía a una serie de calles oscuras y poco frecuentadas exceptuando algún que otro mendigo, sintiéndose a salvo Ardak se sentó al lado de un montón de barriles, de lo que parecía la parte trasera de un taberna.

En ese momento Ardak escuchó unos pasos, acompañados del caracteristico ruido que hace una espada cuando es desenvainada, Ardak sacó con un movimiento ligero la cervatana que siempre llevaba consigo a continuación saco un pequeño dardo culla punta estaba clabada en una especie de corcho que contenia un sedante fortisimo y lo separo de este, luego lo intrudujo en la cervatana y espero a que apareciese su perseguidor.

La espada de Yandros asomo por una oscura esquina reluciente y mortifera,sus pasos eran amortiguados y el unico ruido que provocaba era el de su capara arrastrada por el suelo, cuando el soldado mosotro su cuerpo por completo un oscuro dardo se clavo en una vena de su cuello intruduciendo el venenvo en los conductos sanguineos de este, el numenoreano se arrancó rapidamente aquel dardo y lanzo al suelo,empezaba a notar como algo caliente le recorria el cuerpo y rapidamente sus piernas empezaron a temblar, a quedarse dormidas a cada instante que pasaba, sin poder evitarlo, cayó de rodillas, mas tarde los brazos ya no le respondian y su espada callo con un fuerte estruendo, Yandros dudaba si aquel veneno ponzoñoso era mortal o tan solo estaba callendo en un prfundo y placentero sueño, al final se dió cuenta de que era esto ultimo ya que no notaba ninguna sensacion de malestar ni cardiaco ni respiratorio, solo como empezaba a perder fuerzas cada vez mas y mas...sus parpados empezaban a caer con fuerza tapando sus ojos, y la vision empezaba a tonarse borrosa y translucida, ya solo podia distinguir una fina silueta que se acercaba hacia el lentamente, en ese momento el soldado noto una leve sensacion de ansiendad pues lo que pasaria despues de caer rendido al suelo le era totalmente incierto, quizas no vilvia a despertarse nunca....

-Gracias por el anillo...y por cierto....que descanses-Esas palabras con tono de mofa fue lo ultimo que oyó el guerrero antes de que la oscuridad le invadiese y callese de un golpazo contra el frio suelo.

[Editado por Rotshul el 16-10-2004 19:20]

Escrito el 16-10-2004 22:43 #3

Elorah esperó agachada entre aquellos barriles mientras preparaba su cerbatana. En ese momento Tierra apareció de la nada sobresaltándola pero logró controlarse y no hacer ni un ruido.

- Shhh, quieta... – intentó expresar en leves susurros.

La gata se puso a rebuscar comida entre la basura que había en la parte de atrás de la taberna. La muchacha respiró hondo y volviéndose a ocultar tras la capucha, que con el susto se le había caído, esperó la llegada del soldado por la esquina del callejón. En cuanto éste estuvo a tiro no dudo ni un instante en lanzarle el dardo al cuello, él hubiera hecho lo mismo con ella, pero con la espada.

Cuando se cercioró de que las fuerzas abandonaban al humano, se acercó hasta él con aires de superioridad, después de todo había vencido a un gran soldado.

- Gracias por el anillo – dijo orgullosa mientras lo observaba en su palma - ... y por cierto, que descanses. – sonrió y el guerrero se desmayó.

Antes de marcharse rebuscó entre sus bolsillos por si tuviera más objetos de valor, pero tan solo encontró unas cuentas monedas sueltas que enseguida se guardó.

- Que lástima... – expresó echándole un último vistazo – Vámonos Tierra.

Se quitó la capa que había robado con anterioridad y la dejó a su lado. Después regresó a la entrada del callejón. Asegurándose de que nadie más la hubiera seguido hasta allí, abandonó el lugar ocultándose entre el gentío que poco a poco abandonaba la zona de comercio para regresar a sus hogares puesto que la noche empezaba a caer y con ella el frío llegar.

Sus ojos cada vez se volvían más brillantes en aquella oscuridad, tanto que entre las sombras parecían únicamente dos diamantes flotando en la inmensidad del aire. Todos los detalles se mostraban para ella a la perfección en la espesa negrura mientras buscaba un lugar seguro en el que pasar la noche. Seguramente la estarían buscando, aunque no precisamente a ella, sino a un joven muchacho llamado Ardak. Además faltaban aún unas cuantas horas para que el efecto de la droga pasase y el guerrero de alto rango pudiera dirigir a sus soldados.

Se adentró en un extraño barrio colmado de insólitos olores, como si los alquimistas tramaran pociones tras las paredes de las viejas casas. Las calles eran muy estrechas y formaban un complejo laberinto en el que era fácil perderse. Encontró una derruida casucha. Deshabitada. No dudo mucho en pasar por entre las caídas maderas y cobijarse en su interior. Sin embargo Tierra era recelosa de seguirla y prefirió quedarse afuera rebuscando por entre cualquier barril y cubo que se encontrara en los callejones.

Elorah se quedó observando el anillo como hechizada. Parecía tan lleno de poder, pero a la vez tan frágil. ¿Tan importante era para aquel guerrero? ¿Cuán grande era su valor? Mientras su mente divagaba, afuera se podía escuchar el transitar de las compañías en su afán por encontrar al ladrón, pero era un ruido armónico al que ya estaba acostumbrada y al que dejó de prestar atención. Memorizó cada uno de los detalles del anillo, después de todo, no por mucho podría seguir con él, mañana mismo lo vendería a algún traficante de joyas que se encontrase. Pero mañana. Ahora mismo prefería descansar, la huída había sido rápida y tenía el estómago vacío. Se sentía demasiado cansada y pronto se hubo quedado dormida al cobijo de la completa oscuridad que le brindaba el cobertizo.

[Editado por nuRBiL el 16-10-2004 22:47]

Escrito el 24-10-2004 12:20 #4

El sonido de la muchedumbre parecía llegar de todos los lados incrustándose en la cabeza de Yandros, la sensación de mareo era muy intensa y ante el no había mas que una profunda y plena oscuridad, notaba el cuerpo cansado y débil, no podía mover las articulaciones pues parecía que un olifante entero se le había sentado encima.... intentó hablar pero solo un leve gemido salió de sus labios.

Unas pisadas metálicas parecían cada vez mas cercanas, Yandros se sintió aliviado, sabia que aquel magnifico sonido no podía ser otro que el de su compañía...

¿Esta bien mi capitán?- Dijo una voz perdida en la nada

Yandros intento mover la cabeza de arriba abajo con mucho esfuerzo en signo de aprobación.

Mas tarde llegaron mas soldados y lo cogieron entre todos para luego dejarlo en un carruaje del ejercito que le llevaría al cuartel principal.

Al llegar allí, el numenoreano ya había recuperado la visión parcialmente, podía ver a su alrededor siluetas borrosas llenas de colores, también movía ligeramente los dedos y hablaba con algo mas de soltura, lo depositaron en una cama amplia y lo dejaron reposar allí, Yandros intento levantarse de nuevo pero el agotamiento y el somnífero volvían a hacer efecto por lo que cayo contra la almohada.......

Cuando se levantó la luna ya se alzaba brillante y espléndida en cielo, sus plateados rayos iluminaban el rostro del numenoreano dándole un porte casi fantasmagórico.

Poco a poco se levantó de la cama, se notaba como nuevo, como si acabasen de quitarle de encima una piedra, o como si llevase mucho tiempo en el agua sin respirar y en el ultimo momento lo sacasen, al momento se dirigió a la puerta y bajo con suavidad a la parte de abajo. Cuando halló a sus soldados les explicó lo ocurrido, sentía algo de vergüenza, una muchachuela le había dejado inconsciente y le había robado su bien mas preciado, pero sin dejarse amilanar Yandros tomó una orden, reuniendo a todo el grupo dijo:

-Queda declarada la orden de sitiar la ciudad, nadie, repito: NADIE, podrá salir de la ciudad en un plazo de tres días, en ese tiempo se revisara a todas las personas centrándonos principalmente en las áreas de comercio y en los barrios mas marginales, buscar sobre todo a una muchacha joven, tendrá un aspecto deshilachado y seguramente una cara inocente para ocultar lo sabandija que realmente es.

Todos sabéis cual es mi anillo, pues ese es el objeto que buscamos, un anillo del oro mas puro que hayáis visto engarzado con una piedra de obsidiana, pues bien muchachos....bajo arresto preventivo nadie puede salir de la ciudad en un plazo de tres días, revisarlo todo y si una vez acabado el plazo no se encuentra el anillo, triplicar el control de las aduanas.

Una voz procedente de los soldados dijo:

-¿Sabe esto el concilio supremo de la ciudad?

-No, pero se lo haré saber de inmediato, además ellos comprenderán la situación.

Otro soldado entrometido preguntó:

-¿Tan importante es ese anillo?

-Mas de lo que crees muchacho..... y ahora todos a obedecer la orden.

En poco tiempo la ciudad se había llenado de soldados, no quedaba ni uno en las reservas, ya hasta la propia guardia personal de Yandros se dispuso a iniciar el mandato.

Escrito el 31-10-2004 00:06 #5

¿Qué era todo aquel ajetreo? Un ruido metálico, fuerte y continuado la despertó. Aún era de noche, aunque poco faltaba para que prominentes rayos de Sol se filtraran por entre las montañas. Elorah se movió ágilmente por la oscuridad de la estancia sorteando las maderas y restos derruidos hasta llegar al extremo que daba a la calle. Observó por una rendija lo que sucedía: Decenas de soldados corrían de un lado a otro muy ajetreados, gritando y revisando casa por casa.

*¿Me buscan a mi?, ¿Tanto ajetreo por un simple anillo?* - pensaba mientras se llevaba una de las manos al bolsillo en donde lo había guardado.

La situación no pintaba nada bien, pero se había visto en peores. Se veía capaz de salir de allí, aunque le iba a resultar arduo difícil contando además con poco tiempo pues pronto las sombras dejarían de ocultarla con el amanecer tan cercano. Después de todo esa era su ventaja y sin ella...

En fin, respiró hondo y se alejó de aquella pared.

- Tierra... – susurró suavemente buscando a su gata esperando que no se hubiera alejado mucho de los alrededores.

Se asomó al callejón por el que había entrado el día anterior. Se veía la calle y a los soldados pasar, pero aquella zona quedaba demasiado a oscuras como para ser vista, tan solo unos brillantes ojos platinos relucían entre aquellas tinieblas.

- Tierra... – siguió buscándola – Vamos, ¿Dónde estás?

Se subió a unas cajas para alcanzar lo alto de una de las casas. Desde allí arriba la perspectiva era mucho mayor. Se paró un instante a observar el paisaje: Las altas murallas acordonando la ciudad y detrás las extensas cordilleras con sus frondosos valles. Precioso en aquella negrura, sin luz que molestara a sus ojos. Todos y cada uno de los detalles perfectos en su total dimensión.

Tras deleitarse con aquella visión, se centró en su tarea. Agachada para no ser descubierta, cerró los ojos y estudió la zona centrándose en cada uno de los sonidos: el viento, las pisadas de los soldados, todo.

- Mauw – maulló y esperó respuesta... Nada. – Vamos, Tierra...

No se rindió y lo intentó de nuevo: Mauw.............................. Mauw respondió la lejanía.

- Buena chica – ubicó rápidamente el sonido y se dirigió dos tejados más allá descendiendo posteriormente al siguiente callejón.

La encontró atrapada por unas cajas pesadas que se le habían volcado encima. Apenas estaba lastimada, tan solo unos rasguños. Acarició su pelaje a lo cual ella respondió con un ronroneo de agradecimiento.

- Tenemos que irnos de esta ciudad cuanto antes. No podemos quedarnos, pero no marcharemos juntas, no puedo arriesgarme a que encuentren esto – le enseñó el anillo para después guardarlo en la bolsita que colgaba de su collar. – Vete. Ya nos encontraremos después. Como en los viejos tiempos.

Sonrió y la azuzó para que se largara ya. Una vez se hubo ido, quedaba centrarse en salir ella de allí. Encontró una vieja manta en aquellas cajas y se cubrió con ella. Si el Sol la alcanzaba tenía que estar preparada. Aseguró sus cuchillos a sus muñequeras y se preparó mentalmente para lo que pudiera pasar.

Ágilmente fue moviéndose por entre los oscuros callejones, casas derruidas y tejados. Todavía no había sido descubierta. Todavía. Aún le quedaba atravesar las puertas de salida y no iba a ser nada fácil pues había doble guardia. Además no dejaban salir a cualquiera. A muchos se lo impedían, aunque a otros les permitían el paso, no sin antes ser registrados.

Tuvo una genial idea: Se había dado cuenta de que a los carros no les revisaban la parte de abajo, asi que cuando nadie mirara hacia uno de ellos, se metería debajo de él y se agarraría fuertemente. No sería vista, ni descubierta cuando revisasen el interior, puesto que ella estaría pocos centímetros más abajo. Tan solo unas pequeñas maderas le separarían de los guardias.

La estrategia era muy sencilla, pero se olvidó un cierto detalle de máxima importancia. El amanecer. Cuando fue a aproximarse a uno de los carros, el primer rayo de Sol se filtró por entre la muralla, se reflejó en la armadura de uno de los guardias e inesperadamente la cegó.

- Argh - Un intenso dolor atravesó sus ojos desorientándola. La hizo perder el equilibrio quedando con una rodilla hincada. Pero eso no fue lo peor. La manta que la cubría a modo de capa se había caído y centrada ahora la atención en ella era fácil saber quien era.

- Allí está – gritó uno de los guardias y pronto todos se movilizaron.

Mientras todavía se recuperaba, se levantó como pudo. Asió un par de sus cuchillos y empezó a correr. No sabía en que dirección lo hacía, pues parte de la ceguera aún le duraba, sumado el hecho de que el Sol seguía en su ascenso y poco a poco todo iba quedando iluminado, lo que le restaba aún mayores facultades.

Consiguió dar esquinazo a un par de los guerreros que la seguían, pero pronto tres más salieron a su paso. Sin ver muy bien donde apuntaba les lanzo los cuchillos para posteriormente preparar dos más. Con inusitada destreza se clavaron en las piernas de dos de los guardias. Pero aún quedaba un tercero que avanzó hacia ella seguro pero con cuidado.

Espada desenvainada. Cuchillos en mano. Experto guerrero. Cegada ladrona.

Elorah cerró los ojos, tenerlos abiertos tampoco le daba mayor ventaja, y al igual que había hecho anteriormente en el tejado, centró su atención en todos los sonidos. El avance del atacante. El aire rozando el filo de la espada... En cuanto ésta ascendió con fuerza para después descender contra ella, se giró rápidamente hacia un lado esquivándola de milagro, aunque no con los suficientes reflejos, pues una pequeña herida se abrió pasó en su brazo izquierdo. Pero no era la única herida de los dos. El guardia había acabado con los dos cuchillos clavados: uno en la pierna y otro en el brazo. No mortales, pero que si le dejaban inmovilizado. Podía haberle matado. Cierto es. Pero nunca lo había hecho y no iba a empezar ahora. Bastantes problemas tenía ya como para cargar con un muerto en la conciencia.

Volvió a abrir los ojos. Dificultosamente se abrió paso por entre las calles, pero era en vano. A cada esquina, a cada calle, al menos un guerrero aparecía... y había más guerreros que cuchillos... Al llegar a una plaza se vio totalmente rodeada. Intentar cualquier estrategia hubiera sido inútil. Era inevitable. Cansada, sin cuchillos, con un gran dolor de cabeza, se sentó en el centro de la plaza, bajó la mirada al suelo para que el Sol no la dañara más y abriendo los brazos indicó que se había rendido.

Avanzaron hasta ella con precaución. Nunca hay que cometer el error de fiarse de una persona de ese tipo, pero no estaba ella como para intentar nada. Quizás en otro momento sí, pero eran demasiados para únicamente una pequeña persona. Aunque su orgullo la hacía pensar que seguramente si lo hubiera intentando, habría conseguido salir airosa de la situación. Maldito factor Sol...

Uno de los guerreros la agarró con fuerza levantándola y zarandeándola. No opuso resistencia pero aún así la ataron las manos con una cuerda y se la llevaron al cuartel en donde cierta persona esperaba con ansia su anillo... Una sonrisa se dibujó en el rostro de la muchacha al pensar en ello.

[Editado por nuRBiL el 31-10-2004 15:22]

Escrito el 06-12-2004 13:29 #6

Yandros permanecia sentado frente a su mesa de trabajo, repleta de mapas, cartabones,plumas, botes de tintas y multitud de libros.No paraba de pensar en su anillo, aquel objeto era mucho para el, pues en el se reflejaban todos los años y lugares por los que el numenoreano habia pasado, desde su nacimiento en las lejanas tierras de la Tierra Media, pasando por su oscura etapa adolesdente y las muchas batallas en las que habia participado en el bando de Melkor.

Las horas se hacian eternas y no habia ni rastro de aquella sabandija, pero cuando los rayos del atardecer empezaban a dejar la tierra de un color cobrizo la puerta del cuartel se abro de golpe, dos soldados cubiertos por una pesada y deslumbrante armadura entraron arrastrando entre sus manos a un mequeño muchacho de facciones muy periladas y con una sonrisa ironica en la cara.

Yandros se levantó de su asiento y se dirijió hacia ellos, uno de los soldados le dijo:

-Señor, aqui tiene a la persona que buscaba, este rastrero sabia muy bien dodne esconderse, pero al final dimos con el.- a lo que Yandros respondió.

-Bien hecho soldados, dar la orden de que todos los demas soldados vuelvan a sus antiguos puestos y reabran los accesos de entrada y salida a la ciudad.

El soldado se llevo la mano a la frente en señal de aceptacion y junto a su compañero salieron del lugar.

Yandros permanecia solo con aquel ladronzuelo, se acercó poco a poco a el y se arrodillo para quedarse a su altura, cara a cara, pues este permanecia de rodillas y boca abajo.

-Bien, que tenemos aqui, veo que te gusta jugar al escondite, lo que has hecho es un acto deprorable, ¿y todo para que? has arriesgado tu vida por una chiquillada y tendras que pagar las consecuencias.-Le dijo el numenoreano.

El muchacho ni se inmuto, levantó la cabeza pocó a pocó y se topó con la fria mirada de Yandros, quizas solo en ese momento, en ese resplandor de aquellos ojos el panico empezase a invadir su espiritu, pero ese sentimiento se fue en cuanto Yandros se levanto y le asestó un puñetazo en el pumulo izquierdo.

El chicó callo para atrás, sentia una rabia contenida inmensa, pero era inutil aunque pudiese liberarse y matar a aquel maldito hijo de.... a fuera le esperaa toda una legion de soldados que le degollarian sin pensarselo dos veces.

-Bien, ahora devuelveme lo que es mio.-Dicho esto Yandros solto al muchaco de sus ataduras para que pudiera entregarle el anillo, pero en ningun momento sin dejar de apuntarle con su afilada daga el corazon.

El muchacho se froto las enrojezidas muñecas y dijo:

-No lo tengo en mi poder, mi gato se lo ha llevado a algun sitio donde jamas lo encontras

El capitan del ejercito quedo callado un ratoo y despues hizo llamar a un tal Vyrc, a los pocos minutos apareció un anciano con un monton de pergaminos en la mano.

Buenas tardes-saludó

Buenas tardes Vyrc-Repondio YAndros- Creo que aqui tienes un buen casó, se cual es la pena, pero e hecho llamarte apra que conste en acta.

-Has hecho bien Yandros, ahora dime de que se le acusa.

Despues de contarle lo ocurrido al anciano este sacó un pergamino en blanco y empezó a dictar.

\"Como dicta las leyes del Valle del Ingenio, toda persona que robe algo a alguna autoridad superior del mismo, sera castigada con la muerte.

-Bien que le lleven al calabozo, mañana al alba, sera ejecutado.

-¿De que modo?-Saltó aquel muchaco al oir su sentencia.

El anciano quedó duvitativo miro a Yandros y le dijo:

-Elije tu su castigo, pues tu has sido el agraviado.

El numenoreano miro al laron y empezo a sentir una ira tremenda, nadie en toda su vida habia osado a hacer una cosa semejante, permaneció callado y sentenció:

-La horca sera su merecido castigo.

Dicho esto se lo llevaron al calabozo donde pasaria sus ultimas horas.

[Editado por Rotshul el 06-12-2004 15:53]

Escrito el 07-12-2004 13:46 #7

\"La horca será su merecido castigo\".... Aún retumbaban en sus oídos aquellas palabras mientras observaba el anochecer a través de la diminuta ventana de la celda. La noche caía lentamente haciendo aparecer las estrellas en el firmamento, tan bonitas y tintineantes dibujando extrañas criaturas en el ennegrecido cielo.

Se apoyó contra la pared y se dejó caer al suelo, recogida y abrazándose las piernas. La angustia y el temor por conocer su destino la hundían en las oscuras tinieblas de la tristeza. ¿Estaba todo perdido? ¿No había solución? Éste no podía ser el final...No...repetía incesante una y otra vez. ¿Cuántos años tenía? ¿Quince? ¿Dieciséis? Era demasiado joven para morir y más de aquella deshonrosa forma, pues aunque fuera una ladrona, aun tenía algo de orgullo... a decir verdad, era demasiado orgullosa. Sin embargo, no pudo controlar una pequeña lagrima que empezó a rodar por su mejilla. Se la limpió con la mano y el dolor del puñetazo regresó al igual que la ira crecía en su interior. Odiaba a ese hombre, tanto que no le hubiera importado clavarle uno de sus cuchillos en plena garganta y ver como se desangraba sin que pudiera pedir ayuda con su arrogante voz.

Pero no en vano los valientes son aquellos q tienen claro a lo q se enfrentan, ya sea gloria, peligro... o muerte. Y aunque ella fuera una persona valiente, premiaban más en sí las ganas de vivir que de morir. Así que algo desesperada se puso a pensar: formas de escapar, formas de engañar, formas de que aun quedándose no la ahorcasen...

Quizás lo que la había llevado hasta allí, fuera también lo que la sacaría de allí... El preciado Anillo.

Sin duda era de gran valor, no solo económicamente hablando sino también sentimentalmente. Ese..... *suspiro* ... El capitán... había dejado que la ira dominara su juicio con solo pensar que había sido profanado y que jamás podría volver a encontrarlo. Esa, verdaderamente, iba a ser su mejor baza. Si el capitán quería encontrarlo, iba a tener que negociar con ella... o él... porque aún no sabía que Ardak era en verdad Elorah... Había tantas cosas que desconocía y que por supuesto no iba a dejar que descubriese. Nunca hay que permitir que el enemigo conozca tus debilidades pues puede usarlas en tu contra. Quizás el que fuera una mujer podría ayudarla a salir de allí, por mucho daño que hubiera hecho, no parecía que fuera un hombre capaz de ahorcar a una pobre niñita de pasado traumático. Sin embargo, el secreto de sus ojos era algo que iba a intentar ocultar lo mejor posible.

Y mientras meditaba sobre su plan, las horas de la noche iban pasando, rápidas para ella y seguramente lentas para otros. El capitán estaría deseoso de que el amanecer llegará, aunque solo fuera por esa noche, más pronto que de común, para así poder deleitarse con la ejecución.

Al final, después de tanto ajetreo a lo largo del día y de tanto pensar, Elorah cayó rendida y se durmió. En aquel frío calabazo y sin manta alguna, pero con la esperanza de salir de esta con vida.

Y el día llegó, con su Sol deslumbrante, despertando a Elorah que enseguida se protegió en una esquina del habitáculo. No tenía otra cosa que hacer que esperar, así que se apoyó en la pared, respiró profundamente y esperó, no tranquila, pero tampoco nerviosa y si lo estaba no iba a demostrarlo. Tenía que mostrar quietud ante lo que se enfrentaba, como si supiera que en verdad no iba a pasar, para así poder mantener su mente despejada y pensar con rapidez y audacia por si las cosas se torcían.

Escrito el 19-12-2004 17:40 #8

El amanecer habia llegado, el rocio cubria las plantas de toda la ciudad y causaban una gan humedad en la celda.

El sol todavia permanecia liviano y en constante ascenso rompiendo la linea del horizonte de entre las montañas y fltrando sus tenues rayos entre los barrotes.

Ardak permanecia de cuclillas con la maro por encima de las rodillas en la mas oscura esquina del calabozo, cuando oyó un chasquido en la puerta alzó la vista y vio como dos soldados entraban, la esposaban y la sacaban del lugar.

Ardak permanecia atenta a cualquier indicio posible para poder afianzarse una escapatoria, pero fue en inutil, lentamente le llevaron a un pequeño patio en el centro del cuartel, en medio de este se alzaba fuertemente un rosbusto arbol con una soga colgando de su rama mas basta y debajo de este una pequeña silla marron.

El arbol estaba rodeadod de soldados, entre los que se encontraba Yandros y Vyrc, subieron a Ardak a la silla y le colocaron la soga al cuello.

Yandros veia el espectaculo con una serenidad aplastante, la ejecucion de un muchacho tan joven conmoveria a cualquiera, pero a el no.

Vyrc comenzo a canturrear una misa en elfico, cuando acabó, un vedugo enmascarado se dispuso a retirar la silla, no la retiraria de golpe como lo harian frecuentemente para aprtir el cuello al acusado, si no lentamente para cusarle una muerte mas dolorosa y lenta.....

ZAS¡¡¡ La silla habia caido al suelo, tensando la curda que ahora aprisionaba el cuello de aquel ladron, este movia el cuerpo como si intentase liberarse aun saiendo que seria inutil, el color rojo empezaba a subir a su cara, y los ojos inyectados en sangre se cerraró de la rpesion que hacia por intentar liberarse, por buscar un pequeño soplo de aire..inutil,los pulmones le quemaban, sentia que de un momento a otro le reventaria haciendo explotar su pecho, y fue en uno de esos intentos de intentar inalar algo de aire cuando Yandros desenvainó su espeda y se dirjio hacia el reo.

Ardak pensaba que alquel maldito numenoreano acabaria con su vida de una tajada y por ellos se alivio,su dolor acabaria..cerro los ojos y espero su muerte...

Una fuerte sacudida la hizo empotrarse contra el suelo, el aire empezba a correr por su gargante llegnado hasta sus pulmones y llenandolos de vida, su cerebro volvia a tomar oxigeno y a clarear todo un poco mas

Abrió los ojos y encima suya vio a Yandros que se le acercó al oido y le dijo:

-Que clase de muchacho llamado Ardak puede tener pechos?-Seguidamente deslizo su mano desde su vientre hasta llegar a tocar dos muy bien camuflados senos.

Ardak abrio los ojos como si la hubieran asustado, habian descubieto su secreto y seguidamente miro a YAndros y le dijo:

-Y clase de hombre no tiene testiculos?-Dicho esto Ardak propino una fuerte patada en la entrepierna de Yandros, se levanto de un salto y hechó a correr.

Escrito el 25-12-2004 23:48 #9

Corre…corre… Era la único q pensaba su mente en esos momentos si dejo de correr, ellos me atraparán.

Sin embargo, no sabía hacia donde huía. No podía ver nada. El Sol la deslumbraba a cada paso que daba. Corría a ciegas… y maniatada. Corría mirando al suelo. Medio metro más lejos todo se volvía borroso y demasiado brillante como para poder distinguir las formas de los obstáculos, continuamente tropezándose con ellos.

Tan solo quería sobrevivir. El cuello la quemaba, le costaba respirar y más aun hablar o gritar. Aquel hombre había descubierto su secreto… ¡La había tocado! ¡Había osado manosearla! El enfado y la ira crecían en su interior. Todo su cuerpo gritaba furia y el calor la invadía.

Le mataré… Sí… Lo haré… No tiene porque ser difícil, tan solo un cuchillo en sus entrañas o mejor aun en su cuello… Sí, que sienta ese fuego hiriendo su piel, que se aproxime a tocar con la punta de los dedos lo que yo he sufrido... No he matado antes, pero puedo hacerlo. Sé que puedo hacerlo…

Las ganas por detenerse y volver, enfrentarse a ellos aunque fuera sin armas, marcaban los latidos de su corazón. Iba a hacerlo, pero de repente chocó contra algo.

¿Qué es esto? Palpa Elorah, vamos… es duro, frío…un muro… ¿Cómo de alto es? No llego a alcanzar el borde… ¿Qué hago? Están detrás mío… ¿Oyes sus gritos? Siguelo… Quizás encuentres una puerta…

Y en ello estaba, desesperada, intentando buscar un final a la muralla que parecía robarle libertad a cada respiración. Detrás espadas desenvainándose y una voz grave cruzando el aire:

>¡No tienes escapatoria muchacha1 – gritó remarcando con fuerza la feminidad de la palabra.

Elorah se detuvo. Un paso más y se hubiera topado con un barril que seguro le habría servido de soporte para saltar el muro. Pero no lo sabía. No podía verlo. Así que a escasos centímetros de su libertad y dando todo por perdido, con las lágrimas a punto de aflorar, se giró e intentó forzar la vista para poder distinguir el preludio de una muerte precoz. Siluetas difuminadas, sombras en movimientos, colores anaranjados, amarillos… cegadores…

¿No ve?... ¿Efectos secundarios de la soga?... Alguien se aproximaba a ella, dubitativo, con paso lento y sosegado como para no alarmarla más de lo que estaba.

>No… no… - un hilo de voz salió de su dañada garganta.

>Ardak… - la voz grave volvió, sin duda, el capitán – No hagas esto más difícil de lo q ya es… por tu bien…

¿Por mi bien? – Quería gritárselo – ¿¡Por mi bien!?... ¿Quieres matarme y aun así osas pedirme que me entregue?

Pero ni una de esas palabras fueron pronunciadas y él seguía acercándose hacia la desorientada muchacha.

>Ardak…

Dos metros más y podría atraparla… otra vez… pero esta vez sin dardos que le durmieran o cuchillos que pudieran dañar a nadie. Fue alargando su brazo para alcanzarla mientras la mano contraria la llevaba a la empuñadura de su espada, cogiéndola con fuerza y desenvainándola un poco, al menos por ahora como precaución.

Sin embargo, el reflejo de su luz deslumbró a la muchacha, la cual, más nerviosa aun, se giro de nuevo hacia el muro y volviéndolo a palpar intentó probar suerte hacia el otro lado… alejándose del barril…

>No… no…

>Muchacha… - su paciencia hacía mucho q se había agotado - … ¡Ardak!

>Mauw

¿Qué?... Es imposible… mis oídos me traicionan

Pero no, no la traicionaban y de nuevo el maullido acudió en su rescate. Tierra estaba allí, como si fuera consciente del peligro que corría su compañera. Elorah se detuvo de inmediato para ubicar el sonido. Cercano, sobre algún tipo de objeto... Sin embargo, no fue la única en darse cuenta de la presencia de la gata, el capitán también lo había percibido.

> El gato… - y vio como éste portaba un pequeño cofre en su cuello – mi anillo… ¡El gato! ¡Atrapadlo! – Gritó a sus hombres - ¡Vamos! ¡Rápido!

Pero apenas les dio tiempo a reaccionar. En escasos segundos, Tierra había saltado al tejado contiguo volviendo a maullar, siendo así suficiente para que Elorah comenzara a correr hacia el baúl y, sin apenas ver a donde se dirigía, se subió a él de un salto y de allí al tejado para después sobrepasar el muro. Todo ante la atenta mirada de Yandros que no daba crédito a la habilidad de la muchacha, q aun estando atada y desorientada como parecía, había sido capaz de calmar sus nervios y dejarse guiar por sus otros sentidos para realizar semejante hazaña. Pero no duró mucho su asombro, pues enseguida ejecutó la misma proeza para continuar así con la persecución que por breves instantes anteriores tan de su parte había estado.

Sigue corriendo, no te pares

Y maullido tras maullido iba sorteando obstáculo tras otro. Esquivando gente, saltando vallas, escalando muros, recorriendo tejados… Mientras los pasos de los soldados seguían armoniosos marcado un ritmo tras ella.

Silencio… Demasiado…

>…Ti…erra… - corría sin conocer destino alguno, sin escuchar sonidos que la guiaran en su ruta. ¿Qué había pasado?

De repente, notó frío en sus pies, como si se estuviera mojando.

¿Agua? ¿Tierra dónde me has traído? Y el sonido del agua pareció hacerse notar al contacto con la brisa. Y miles de diminutas olas parecieron agolparse en sus oídos. Un lago… ¡Un lago!

Incluso Tierra se encontraba perdida. No conocía el pueblo, en verdad, no conocía nada de aquella isla a la que habían llegado el día anterior. Creía que la llevaba a una vía de escape segura, sin embargo la había conducido a un nuevo callejón sin salida, pero esta vez sin muro para escalar, sino con una muralla impenetrable que se extendía por doquier.

>Tierra… ven… - pronunció de nuevo con su dañada voz.

La gata la obedeció y, ronroneante con la cabeza gacha como pidiendo perdón, se aproximó. Ella le acarició el lomo indicándola que no se preocupara por nada y después recogió el anillo del cofre en el mismo instante que los soldados las daban alcance.

Elorah mostró el anillo en alto a las sombras que se acercaban amenazantes y llenando sus pulmones con todo el aire posible forzó su garganta al máximo de lo que podía:

>¡Si osas dar un paso más, juro que lo lanzaré al agua y jamás podrás recuperarlo!

Escrito el 08-01-2005 23:26 #10

Yandros permanecia mirando la mano de la ladrona con los ojos impasibles, pensaba que no seria capaz de hacerlo, si lo hiciese 5 arqueros y mas de una veintena de soldados despedazaria su cuerpo como si se tratase de aire.

De cualquier modo, Yandros meditaba sobre la audacia de aquella muchacha para burlar la seguridad de su ejercito aquella joven habia puesto en jaque a todo su ejercito de la ciudad casi por completo y aun asi, todavia permanecia ahi intentando hacer un trato para salvar su vida, aunque le costaba ni siquiera pensarlo, en el fondo Yandros admiraba a esa chica, no habia visto jamas ese tipo de habilidad en la ciudad ni si quiera entre los gremios mejor preparado de asesinos.

-Su sueltas el anillo llegaremos a un acuerdo, tengo muchos motivos por los que e decidido elejir salvar tu vida aun habiendo causado los agravios que has cometido¡¡¡-grito Yandros.

-No esperaras que me crea eso? verdad? no hay verdad en ni una de tus miseras palabras.

-Está bien, haremos una cosa, me despojare de todas mis armas y me acercaré a ti para hablar-Dicho esto Yandros desenvaino su espada y la daga que siempre llevaba en su cinto, luego se acercó con las manos en alza hacia la muchacha.

Ella sabia que no podia hacer otra cosa, quizas esa fuese la unica solucion para poder llegar a un acuerdo, su rabia empezo a aumentar a la par que el Numenoreano se acercaba a ella, sentia el odio en su interior pero tambien una impotencia horrible pensando que nada podica hacer.

Cuando Yandros llego junto a ella le dijo:

-Tengo que reconocer que eres toda una experta habilidosa, ni el guerrero mejor preparado de esta ciudad habira podrido burlar a mis soldados como tu lo has hecho, por eso quiero hablar contigo, tus dotes mostradas me han servido para darme cuenta de que se puede sacar buen provecho de ti,¿no te interesaria una vida de espia, o quizas de asesina? y todo ello pagado con un buen sueldo, te lo aseguro.

Elorah penso tendido tiempo y contesto:

-Como osas hablarme asi, yo no soy tu mecenaria, casi acabas con mi vida y...

-Tambien te la e salvado-le corto Yandros

-ehh,umm....me da igual, no piesno ser tu esclava

-No te ofrezco ser mi esclava, te pido que trabaje aquí en ciudad Dragon, tus dotes han demostrado que puedes ganarte la vida, dejar de mendigar y robar y tener un rango decente, es mas, subire mi trato....si aceptas te asignare cualquier gremio que tu fundes, dejare a tu servicio a un máximo de 10 discipulos, y si la cosa va bien se ampliara asi como tu rango en la ciudad...¿qué me dices?

Elorah escuchaba detenidamente sus palabras, lo mirase por donde lo mirase saldria ganando... pero que tramaba aquel soldado? Seguramente un mortal veneno estaria presente bajo su bifida lengua.