Y al llegar a aquel bosque todo pareció cobrar una dimesión diferente. Los sentidos se volvían más extraños.
El silencio reinaba. Aquí cualquier asesino podía ser buen maestro puesto que no era necesario ser silencioso, el bosque lo era por uno mismo.
Mariposas por todos los rincones y ¡oh! Bayas. Algo que poder comer.
Ilesse se agachó a coger las bayas, pero notó algo que no iba bien del todo el suelo temblaba detrás suyo. No podía oir nada ... vaya con el bosque. Esperó. El temblor acrecentaba giró un poco la cabeza a a derecha y vió una sombra acercarse rápidamente al matorral donde estaba ella.
Instantes que pasaron más lento que meses, notaba algo de nervios, como cuando vas a matar alguien importante ... bueno ella era importante y seguramente esa bestia no iba de buenas, pero esperó y hasta el último instante no saltó rodando hacia la izquierda librándose de un garrazo que habría sido mortal sin ninguna duda.
La bestia chocó contra el árbol crujiendo su corteza y derribándolo.
¿Qué demonios era eso?
Un lobo enorme con rabia, o eso parecía. Un lobo que se había empotrado contra un árbol y que se estaba levantando de nuevo.
Era momento de salir de allí y aunque correr no parecía la mejor solución fue la única que tomo.
Definitivamente había sido una mala elección, sin ruido no podía saber cçomo de lejos estaba la bestia y correr con la cabeza girada era una aptitud que no tenía en absoluto controlada. Sólo podía correr intentando esquivar árboles que a la bestia le resultaban incómodos en su frenética carrera por atrapar a la humana.
De pronto se encontró un árbol en el camino y por fortuna cerca de él un árbol quebrado por un rayo.
Haciendo gala de sus prodigiosos malabares se subió al árbol derribado y de ahí a la quemada rama del árbol partido. Dos, tres pasos largos y ya estaba saltando hacia una rama más alta. La bestia la siguió pero la altura, ya de 8 pies, era considerable. Se ponía a dos patas apoyando las delanteras y cuan largo era aún no llegaba. En una deducible lógica animal, la bestia se alejó ... con intenciones de propinar otra embestida.
Ilesse se imaginó la jugada a tiempo de saltar a otro árbol cercano, pero por poco quedo sujeta con una mano a una rama de otro árbol.
Mientras la bestia derribaba sin problemas el árbol partido, Ilesse trataba de subir a la rama, lo consiguió y se sentó.
¿Un lobo? Ahora que lo observaba bien parecía más un demonio a cuatro patas.
La boca enorme guardaba unos colmillos gigantescos y eso no le gustaba nada.
El lobo se sentó al pie del árbol con la boca abierta y seguramente jadeando, pero no lo podía oir. De su boca caían gotas ... pero no era baba, era como más rojo ... como sangre y no parecía tener heridas por la embestida.
El animal parecía esperar que se cansara ... y efectivamente cansada estaba. La carrerita y el salto, amén de la adrenalina le habían alterado bastante.
Un poco más tranquila ya comenzó a pensar de nuevo como una asesina.
Algo debía tener que fuera a ir bien ... ¿veneno? No, ésta bestia no parecía tener debilidad física ... siguió repasando su repertorio ... una cerbatana corta y un pequeño dardo. Un plan se esbozó en su mente, peligroso pero efectivo. Al menos durante un tiempo.
Se ató el pelo a modo de moño con dos trozos de ramas pequeñas que derivaban de la rama donde estaba sentada. No quería distracciones.
Cogió la cerbatana por la derecha y el dardo se lo puso entre los dientes e inspiró. no necesitaba gritar al animal pues habría sido inútil.
Se dejó caer hacia atrás sentada como estaba y agarrada con las piernas quedó colgada hacia abajo. La bestia se animó pensando que se iba a caer de un momento a otro desfallecida. Se acercó al pie del árbol y trataba de erguire y apresarla con la garra.
Genial, eso quería Ilesse. Un intento ... muy lejos para el dardo, ¿le daba en el ojo o en la yugular? Segundo intento, caray como salta este lobo, la yugular es mala opción, igual el dardo no sale con tanta fuerza. Tercer intento ... ¡al ojo!
El dardo, como si oyese el pensamiento de su dueña se clavo por entero en el ojo de la bestia que no hacía más que revolcarse por el suelo, supuestamente de dolor.
Le habría encantado a Ilesse quedarse a rematar la faena, pero sin armas no se quería aventurar ... y aún con ellas se lo habría pensado mucho.
Debía escapar y correr puesto que el lobo no estaba ciego y podría apresarla de nuevo.
La mejor solución que se le ocurrió fue correr hasta encontrar un pequeño río para que el animal perdiera su rastro y subirse a un nuevo árbol a intentar pasar allí la noche.