Shulak
Ered Skalnâ se extiende de Norte a Sur entre el Nen Girid y el Morëlimbar, en el territorio del clan de Nurn. Es una cordillera terrible: más de 250 millas de interminables montañas que se superponen unas a otras en una loca secuencia de afiladas cimas.
Hacia el Sur, escondido entre las escarpadas montañas de la cordillera, se abre un ancho valle, el valle sagrado lo llaman.
En él, protegida por la roca, la nieve y la muerte de Ered Skalnà, fue construida cuando Nurn era fuerte, la ciudad Sagrada, Ainamar de Nurn.
Los señores de Nurn no creían en dioses ni en nada que pudiera restarles poder pero vieron que, utilizando las viejas creencias de los habitantes de las tierras que habían conquistado, podrían afianzar su dominio y acrecentar la motivación de su ejército. Así que crearon una ciudad de aspecto imponente, para sembrar el terror en los corazones.
La ciudad combinaba de forma perfecta sus formas simples y “puras” con un “ambiente” oscuro y terrible. Así como hacía encajar una mitología “guerrera” y de justificación del poder con unos ritos sanguinarios y brutales.
La piedra negra de la ciudad brillaba bajo la luz roja de los innumerables pebeteros que ardían tanto de día como de noche, llenando el aire de un oscuro humo que lo envolvía todo.
La rodeaban unas siniestras murallas de más de ocho metros de alto que formaban un cuadrado perfecto. Una puerta gigantesca franqueaba el paso al interior amurallado: medía seis metros de altura por cuatro de ancho. Dos pesadas hojas de viejo roble reforzado con bandas de acero cerraban el portal.
Entrando en Ainamar, nos veíamos flanqueados por dos altas murallas que formaban un ancho camino. Grotescas esculturas talladas en la muralla vigilaban, terribles, al visitante.
Este camino terrorífico, iluminado por grandes pebeteros de rojo fuego que hacía temblar las sombras, daba paso a la plaza principal de la ciudad. Era una plaza amplia, de pavimento muy negro, como el de toda la ciudad. Era cuadrada y de unos 100 metros de lado. A cada lado, y tocando la plaza, aparecían dos templos: a la derecha, el de los Varijas y, a la izquierda, el de los Ferejis. Eran grandes construcciones rectangulares porticadas en la fachada que daba a la plaza.
A través de la plaza, en su fondo, se veía la mayor construcción de la ciudad, la pirámide escalonada, el Templo de los Gemelos, Tossub y Adrena.
A los lados del gran templo, uno a cada lado y ya fuera de la plaza principal, había dos construcciones más, una era el templo de Lorkum y el otro de la diosa Kalata.
Detrás de la gran pirámide se extendía un enorme edificio de tres plantas. Era rectangular, siendo la cara larga la visible desde la plaza. Allí estaban ubicadas las habitaciones de los sacerdotes, las sacerdotisas, las prostitutas Sagradas, siervos y la gran biblioteca.
Por último, y excediendo las funciones religiosas de la ciudad, había dos grandes edificios que hacían las funciones de almacén. Y luego, pegados a las murallas laterales, se hallaban las dos alas del cuartel militar, habitado por los terribles Yandosar, los fanáticos soldados sagrados.
La población no era muy numerosa, por ser casi exclusivamente de carácter religioso: 30 sacerdotes y 30 sacerdotisas, 200 prostitutas sagradas, 100 siervos y 400 Yandosar.
Entre el ambiente cargado, donde el humo pesado de los pebeteros ascendía lento, inpregnando el aire de miedo pegajoso, entre el silencioso deambular de unos pocos sacerdotes encapuchados, entre el lejano y monótono ronroneo de indescifrables oraciones, gritos de dolor y de terror se extendían a todas horas, distantes unos de otros, surgiendo de diversos puntos de la ciudad.
En la gran pirámide se celebraban los ritos más importantes, los ritos de contenido político, y era allí donde la sangre de los prisioneros de guerra era ofrecida a los dioses.
Pero donde el dolor y el terror eran más terribles, era en los templos de Lorkum (dios de la muerte) y de Kalata (diosa de la tierra). Allí, la piedad no exixtía ni para la carne ni para el alma. Y el dolor y la sangre se ofrecían a los dioses, para su placer y alimento... eternamente, en la Ciudad Sagrada, en Ainamar.
[Editado por elfo_negro el 01-11-2004 17:17]
Shulak
ANEXO I
RELIGIÓN DE NURN
(lectura sólo recomendada a aquellos que deseen profundizar en las raices del poder de Nurn).
La religión que se practica en Nurn tiene dos fuentes básicas. Una muy arcaica y que se conserva en algunos aspectos y otra más \"civilizada\", aunque aparecida en la zona mucho antes del asentamiento de los Señores de Nurn.
Así pues, cuando se fundó Nurn ya existía una religión que seguían los lugareños. Era una religión sincrética y bastante flexible, lo que permitió a los Señores malearla a su gusto y poder convertirla en algo más oscuro y terrible... y en un nuevo elemento de control.
Viejos libros abarrotan la gran biblioteca de Ainamar. Entre esos miles de libros de diferentes conocimientos, destacan los relacionados con la religión. A lo largo de los siglos se han ido modificando ideas y conceptos, añadiendo dioses al panteón y quitándose otros. La compilación que actualmente se considera canónica se llama Deutóstrakon, y está formada por 6 gruesos volúmenes.
Es pues de estos volúmenes de donde he extraído los datos que ahora expondré (son sólo un resumen y una esquematización de una serie de puntos que considero básicos).
Mito de la creación:
En el principio existía Kolam.
Y Kolam abrió los ojos... y dijo: Yo Soy....
Y Kolam fue, el primero.
Pero Kolam se sentía solo.
Y vio que a su alrededor se movían las aguas primordiales.
Y de las aguas surgieron Tiama y Uronko, porque Kolam lo quería así.
Tiama era la tierra y Uronko era el cielo. Pero no estaban separados sino unidos en un abrazo de pasión.
Y de su pasión nacieron dos hijos primero, dos gemelos, y luego muchos más.
Los gemelos eran macho y hembra. El macho se llamaba Tossub y la hembra Adrena.
Muchos otros hijos parió Tiama, entre ellos destacan Amon y Zenesha, los padres de los hombres y los elfos.
El abrazo apasionado de Tiama y Uronko no parecía tener fin, y en la concavidad de Tiama Tossub se sentía aprisionado y buscaba la libertad. Mandó a Zarbo el herrero, que le forjara una espada. Y con ella cercenó los genitales de su padre.
El cielo y la tierra se separaron, y los hijos de Tiama pudieron por fin respirar aire fresco.
Tossub fue elegido el rey de los dioses y junto a él se sentó su hermana Adrena.
Enseguida, los dos gemelos, demostraron su brutalidad en su poder: mataban, torturaban,... a todo el que se les oponía, a todo el que se atrevía a poner en duda su dominio, a mirarles a los ojos... o simplemente por placer.
Y se inició una rebelión. La dirigía Amon el guerrero, y le secundaban todos los dioses, incluso Tiama se rebeló contra su primogénito.
Y Tossub mostró todo su poder. Empuñó su gran espada, blandió el rayo... el trueno retumbó. Junto a su hermana se dirigió a la batalla. Dos contra mil.
Y Tossub los miró con mirada torva y les dijo palabras brutales, y un rayo restalló a su diestra. Los dos gemelos se lanzaron a la batalla.
La tierra se bañó con la sangre de los dioses, se anegó de muerte y dolor. Tiama, la tierra, bebió de la vida de sus propios hijos.
Cuando todo hubo acabado sólo Tossub y Adrena quedaban en pié, sus piernas hundidas hasta las pantorrillas en la sangre y las vísceras de sus enemigos. Sólo unos pocos de los miles de dioses quedaban con vida, estaban en el suelo, heridos y suplicantes.
Pero Tossub aún no había acabado la carnicería. Empuñó su espada con las dos manos y cortó, desgarró... a Tiama. La hizo pedazos y luego los distribuyó a su antojo y a modo de burla. Así surgieron las montañas y los valles, los llanos y las costas.
Tossub, al fin, se lavó las manos en el agua primigenia.
Se sentó de nuevo en su trono y ahora, los pocos supervivientes, humildes, le juraron lealtad. A todos los dejó sin castigo, a todos los hizo sus siervos.
Pero dos no fueron perdonados: Eran Amón y Zenasha. Fueron torturados hasta la muerte y después incinerados. Sus cenizas fueron mezcladas con la tierra aún empapada de la sangre de los dioses. Con esa masa se dio forma a la primera pareja de hombres y de elfos, que fueron condenados a vivir en la ignominia y el dolor y a servir eternamente a los dioses.
Después de eso, Tossub, ordenó el mundo: las aguas llenaron los huecos de la tierra y crecieron los primeros bosques y los primeros animales; asignó a los espiritus y dioses menores a distintos lugares, para que los gobernara en su nombre, con dureza; algunos se convirtieron en espíritus de los rios, otros en dioses de los bosques...
Y Tossub y Adrena reinaron con puño de hierro sobre todos ellos, por toda la eternidad.
Panteón.
Tossub y Adrena -Dioses de la guerra y la lujuria.
Lorkum -Dios de la muerte.
Zarbo -Dios herrero y del fuego.
Varijas -Espíritus de los bosques
Ferejis -Dioses de los ríos
Kalata -Diosa de la tierra (distinta de Tiama)
[Editado por elfo_negro el 02-11-2004 12:02]