La Guerra de los Clanes

Lassinoiri, Tumbas De Hojas - El Bosque Del Susurro

Escribiéndose...
Escrito el 09-10-2004 22:32 #1

Más allá de la llanura, en la Península de los Desaparecidos, tras una extensa llanura donde crecían matorrales de espinos como consecuencia de los destructivos vientos cálidos de la zona, el bosque volvía a adueñarse de la tierra, donde la melancolía y la tristeza se había adueñado de los árboles, que crecían altos hacia el cielo, de color verde oscuro pero con una claridad inmensa. Su nombre era Bosque del Susurro, aunque otros lo conocían por Lassinoiri las Tumbas de Hojas. Como un bosque eternamente atrapado en el otoño, los árboles tenían hojas verdes y ocres, y el frondoso suelo del bosque aparecía teñido por una capa de hojas en los mismos colores, como una enorme y crujiente alfombra que se moviera al caminar por ella.

Pocos Nurnitas se atrevían a invadir su quietud, pues era el lugar donde los verdaderos guerreros de Nurn buscaban la verdadera concentración para la batalla.

Una raza única vivía en aquel bosque, los Bucaruc, gatos salvajes de piel suave en tonalidades negras o azul oscuro, y que rondaban los alrededores del bosque buscando viajeros desprevenidos para robarles su alimento, pues eran inofensivos. Excepto con los orcos, pues los odiaban a todos y su ataque era mortal de necesidad, por lo que un castigo muy usual y seguro para los guerreros era hacerlos penetrar en el bosque.

El resto de la fauna del lugar era tranquila y pausada, muy distinta a la de Taur-dîn-Girith, y se dice que se debía a que la naturaleza del lugar era diferente. Cuenta la leyenda que un día habitaron en ese bosque los primeros nacidos, pero presionados por la oscuridad exterior, marcharon para nunca volver.

.

Los árboles eran de color verde claro y traslucían la claridad del sol, ya que era uno de los únicos lugares donde se puede ver la luz. Cerca de un límite del bosque había una pequeña pileta de agua clara, era la tentación del bien hacia el mal, el único indicio de que algún día habitaron allí los altos elfos, ya que si algún ser de alma oscura tocaba esa agua se convertía en un ser que nunca mas volvería a hacer daño alguno.

Escrito el 04-11-2004 15:23 #2

Por alli se paseaba la elfa Inglin en esos momentos,pues el bosque solia alternarse a modo de morada, cuando los asuntos del clan no la tenian atada a tener que permanecer junto a su otros compañeros,aunque realmente la elfa no poseia ningun hogar permanente pues se habia acostumbrado a errar por ahi y nada era mejor que disfrutar de la libertad.

Alli iba caminando junto al pileton de agua de los elfos, a menudo se detenia en aquellos parajes y se sentaba a ver el agua, le hacia recordar sus antiguas travesias junto a su hermano , pero eso habia terminado hacia mucho tiempo y ahora el se ecnontraba muy lejos de ella.

A su lado Nimbar olfateaba todo lo que podia, buscando a los Bucaruc que eran su fuente de alimento. La loba era fiel a Inglin y nunca se alejaba del bosque, alli la elfa no corria riesgos gracias a ella ya que todas las criaturas del bosque la respetaban.

Escrito el 14-11-2004 18:12 #3

La elfa se inclino lentamente, escucho el susurro del viento y llamo a Nimbar, en lengua elfica le dijo a la loba que no saliera de los limites del bosque, como acostumbraba hacer cada vez que partia.

Emitio un leve silbido y no paso mucho tiempo hasta que un caballo negro, que parecia salavaje aparecio por el camino sepultado de hojas. Subitamente reconocio a la elfa y se le acerco cariñosamente, esta lo monoto y disponiendose a ir a Narmelost abandono el bosque.

Escrito el 14-12-2004 13:26 #4

Las sombras de la foresta ocultaban la tenue luz de Isil. La debil voz del viento, arrastraba historias, como en un susurro. Historias que hablaban del norte. Y del oeste. Realmente era una llamada, la que viajaba con El Brazo de Melkor. Mucho, mucho trabajo había por hacer. Y quienes mejor que los maestros de la isla occidental. A la vez que una tumba de hojas recibía al Señor de Nürn, un oscuro bajel arrivaba en secreto a una recóndita cala en Belfalas. Pues desde La Ciudad Del Poder de Fuego, la voz del proscrito había viajado a través del mar.

Escrito el 21-12-2004 20:37 #5

Aniron Elentar caminó bajo las hojas de los árboles, meditabundo. La bestia negra que le había llevado a aquel lugar, le seguía en silencio. La soledad había sido siempre su compañera de viaje. ¿Puede un proscrito pertenecer a una hermandad? El entorno era precioso. Y, en cierto modo, revivía en él un extraño anhelo, que no alcanzaba a recordar. El aroma del bosque le inundó. Se sentó en una roca, que sobresalía entre la hierba, ajena al tiempo. Miró al suelo. Y vio más allá. Las profundidades. Un grito ensordecerdor salió de sus labios, mientras golpeaba la tierra con el bastón. Un rumor se unió entonces al de las ramas movidas por el viento. Éste se fue incrementando, como una tormenta lejana que se aproxima lentamente.

Al mismo tiempo, en las orillas lejanas que esculpen los límites de Dor-in-Ernil, las últimas naves de la gran flota numenoreana tomaban tierra. La terrible imagen de Agân permanecía inmóvil, supervisando todas las operaciones.

Escrito el 28-12-2004 20:25 #6

El rumor en el Bosque del Susurro se convirtió en el estruendo de los tambores. La guerra estaba cercana, y Aniron lo sabía. Y aquel retumbar le regocijaba el alma. Pero antes de la batalla había mucho trabajo que hacer, y necesitaba a sus siervos para ello.

Su mirada estaba también puesta en el norte, donde cientos de carretas eran tiradas por enormes bestias. Venidas del gran mar, las negras moles de piedra provocaban el crujido de las ruedas de madera. Los hombres que las custodiaban eran altos y fuertes. Algunos más ancianos iban sentados al lado de aquellos que conducían la caravana. En sus rostros se podía apreciar el paso de largos años de trabajo, y la sabiduría acumulada en ellos. Y delante de toda la expedición, destacando por encima de todos los demás, una imagen imponente. Su altura era superior a los dos metros. Su impresionante musculatura se apreciaba a través de los ajustados ropajes que cubrian aquel inmenso cuerpo. Su piel era oscura, y su semblante serio. En sus extraños ojos, de un verde casi amarillento, se adivinaba la frialdad y el control. Su cuero cabelludo estaba totalmente desprovisto de pelo. Éste había sido sustituido por un extraño símbolo, tatuado en sangre. Montaba un caballo gris, y no aparentaba estar armado.

Escrito el 12-01-2005 16:30 #7

Aniron montó en su caballo. Este resolló con tal fuerza, que pareció salir fuego de su hocico. Azuzó a la bestia, y cabalgó hacia el norte. A la busca de los maestros numenoreanos y toda la caravana. Muchas batallas quedaban por librar, pero no en aquel lugar. Habría tiempo para ellas. Buscaría un lugar para instalar su torre. En su mente se dibujó el diseño. Terrible entre las nubes se abriría paso. Desde muchas leguas se percibiría el horror que de ella emanara. Pero no sería en el Bosque del Susurro. No. No sería en Nurn.

Escrito el 26-05-2005 02:17 #8

Un caballo negro se adentraba en la verde oscuridad del bosque. A su lado una loba jadeaba de cansancio, desde Narmelost habian venido corriendo, jugandole una carrera al tiempo, la elfa que lo montaba se estaba recuperando de una herida, pero por mas eiciencia que brindara la ciudad ella preferia la naturaleza pura de Nurn.

Herod freno en un lugar ya conocido para ellos, el sonido de un manatial subterraneo que les llenaba de regocijo. Inglin bajo del caballo lo mas cautamente posible. Le dijo unas palabras en elfico a Herod y como repsuesta obtuvo un rlincho y partio por donde habia venido. Nimbar en cambio se quedo sentada debajo del arbol hasta que su dueña se dio cuenta de su presencia y le dijo -Perdoname, por un tiempo no volveremos a batallar, ve ers libre, yu sabras cuando volver- Varios dias se quedo la loba a su lado, pero cuando se dio cuenta que su dueña no partiria se largo a recorrer camio propio.

La elfa miro hacia arriba. Un avellanno sobresalia en la espesura formada por los demas arboles. Usando los dones de su pueblo Inglin subio al Flet que se encontraba sobre su cabeza. Alli arriba permaneceria mucho tiempo, terminando de curas sus heridas y disfrutando del aire del bosque, la cosa que mas añoraba de Nurn.-