La Guerra de los Clanes

Curufarnë - Ciudad Industrial

Escribiéndose...
Escrito el 10-10-2004 10:45 #1

Situada entre las Montañas Veladas y Nen Girith se alzaba negra y oscura, Curufarnë, la ciudad industrial del territorio de Nurn.

Una ciudad marcada por los fuegos de las calderas y fraguas, prendiendo con carbón, madera o cualquier cosa inflamable que encontraran. Día, noche; incluso con lluvia o nieve aquel fuego maldito seguía humeando y ennegreciendo los cielos de su alrededor.

Un fuego destructivo, nunca mejor dicho pues su cometido era ablandar el hierro, acero y aluminio para la fabricación de armas, tornillos, tuercas y clavos, remaches y puntas de flecha. Todo lo necesario para el desarrollo de maquinaria de destrucción, armas de gran calidad y armaduras portentosas para las tropas de la región y para mayor gloria de las huestes de Nurn.

La ciudad tenía una forma sencilla, pues no se había ido extendiendo con el tiempo, sino que se creó con un objetivo fácil y a partir de ahí su diseño fue el mismo. El centro de la ciudad estaba gobernado por las grandes fraguas y forjas mientras que en el exterior vivían los habitantes de la ciudad en pequeñas islas cuadradas.

Estos habitantes, humanos en su gran mayoría, convivían con orcos y elfos e incluso con enanos. Los humanos trabajaban el metal, mientras que los elfos les enseñaban las técnicas de cómo hacerlo y se dedicaban a las piezas más artesanales y gloriosas. Los orcos proveían a los demás trayendo y llevando material en los carros y el cometido de los enanos era el de fabricar las grandes armas de asedio.

Muchos fueron los problemas en un principio para que estas razas convivieran juntas, pero después de muchas peleas y muchas muertes recibieron la “agradable visita” de los Señores del Clan y ya ninguno se permitió el lujo de opinar nada en su contra. Apenas hablaban entre ellos, y menos vivían juntos bajo el mismo techo, pero se manejaban bien trabajando codo con codo y cuando se acababa una gran obra era para alegría de todos.

El acabar una gran obra les permitía comer y acceder a lujos no encontrados en la ciudad, puesto que cambiaban sus manufacturas por alimentos que conseguían traídos del puerto o en los campos sembrados del territorio de Nurn. Cuanto mejor trabajaban con más les premiaban, esto también contribuyó a un sentimiento colectivo de trabajo y realización.

Grandes invenciones se crearon. Balistas, lanzapiedras y catapultas fueron mejoradas y los elfos desarrollaron una nueva manera de alear el estaño y el hierro para crear un acero más resistente. Los fuertes brazos de los hombres lo desarrollaron para las armas y armaduras de los Señores y siguieron modificando las armas de los soldados para un mejor manejo de los mismos. No sólo herreros y armeros había allí, pues muchos de ellos utilizaban sus mejores armas y podrían servir perfectamente para los ejércitos de Nurn.

A pesar de todo los Señores, excepto aquellos de corazón turbulento, no se acercaban a esa ciudad mucho tiempo pues las alegrías escapaban de esa ciudad. Gris era su cielo y gris el temperamento de sus habitantes y el caminar mucho tiempo por sus calles y avenidas llenaban el alma de tristezas y monotonía.

Escrito el 07-08-2005 23:08 #2

La temporada había sido excelente. Aunque el trabajo continuaba a destajo, y las reparaciones y solicitudes de envíos llovían desde todos los rincones de Nurn desde que la Guerra con los vecinos se desatase, las recompensas y los beneficios habían ido en aumento ...un reconocimiento a la labor de estos expertos e incansables trabajadores, pero también una señal de que el poder de Nurn iba en aumento con el transcurrir de los meses.

Además, un mar de nuevos trabajadores había acabado por instalarse en las afueras de la Ciudad. El desmesurado incremento de la producción de armamento (Nurn no cesaba de incorporar nuevas tropas a sus filas, además de que proveía a muchos de sus ocasionales aliados) había traído consigo la necesidad de un cada vez mayor número de manos abocadas a la infatigable labor de las eternas Forjas de Curufarnë ...así como de otras tantas gentes encargadas de la manutención de los herreros y especialistas.

*******

Una de esas noches, tan monótonas y esforzadas, igual a tantas otras desde hacía meses, los fuegos de las forjas comenzaron a llamear como nunca antes, saliéndose de los hornos y las calderas.

En medio de un atronador girto de terror, las coladas volcaron su flama ardiente sobre los desprevenidos trabajadores, quemando vivos a muchos de los grandes artífices nurnitas; las lenguas de fuego se arrojaron fuera de la boca de los negrísimos hornos, prendiendo en las barbas llenas de hollín de los Maestros Enanos; y pronto un descomunal incendio surgió en numerosos rincones de la Urbe Industrial.

Accidentes de este tipo habían sido previstos por los constructores nurnitas, por medio de un sistema de acequias que proveía de agua fresca en toda la superficie de la ciudad; pero jamás se pensó, ni en las peores expectativas de desastre, un incendio de tales magnitudes ni con tantos focos llameantes.

Pronto toda la ciudad, y los recientemente erigidos suburbios, estaban en pie ...poniendo todos sus mejores esfuerzos en controlar el infierno que se había desatado sobre la Ciudad. Todos los brazos no parecían ser suficientes esta vez, sin embargo...

Y por allí, entre medio de la desesperación y el desconcierto, con una estela de fuego prendida a sus crines, hizo su entrada en Curufarnë el Corcel de Fuego... e, inmune al terror y a las llamas, condujo a su jinete raudamente hacia el edificio principal de la Ciudad, morada de los Señores de Nurn cuando se hallaban presentes en el sitio.

Nárosaura buscaba, para sí y sus camaradas, aquello que había sido robado de Mordor.

Escrito el 09-08-2005 11:17 #3

Los sonantes cascos de un gran semental tordo devoraban las millas de la gran llanura que se extiende entre el Nen Girith y la Ered Skalnâ, cuyas alturas afiladas, ahora, ni siquiera podían verse recortándose lejanas en el horizonte.

Eran tiempos de guerra y la situación apremiaba. Shulak cabalgaba veloz como el viento proveniente del gran bosque occidental y se dirigiéndose a Narmelost por la ruta del Norte que bordeaba la gran cordillera de Nurn.

Después del saqueo sanguinario de la Ciudad del Dragón Shulak había dejado El Alba Sangrienta y había regresado a tierras nurnitas dedicándose a la estructuración de varios batallones y a preparar el ejército para su correcta compatibilización dentro de la gran Alianza que se había creado recientemente.

Aunque eso lo preocupaba: podría representar una victoria demasiado sencilla y eso podía provocar que Nurn se convirtiera en un auténtico imperio. No debería haberse marchado de la Capital, quizá hubiera podido impedir que se llevara a cabo la Alianza.

Debía pensar en algo para debilitar el Pacto (y lo haría) pero de momento cumplía su misión de preparar al ejército... y nadie podría resistir las tropas negras, el Valle del Ingenio sería arrasado y después el Sur caería.

Las estribaciones del norte de la cordillera, por donde el camino a Narmelost se dibujaba como un hilo negro girando, entre mil vueltas, hacia el Este, estaban aun a unas 80 leguas y tardaría unos 4 días en alcanzarlas si podía mantener ese galope rápido sin matar al caballo. Estaba aproximadamente a la altura de Curufarnë. Pero no tenía previsto detenerse ahí: ya había mandado emisarios para acelerar la producción de armamento. Pasaría a unas 7 millas al Norte de la ciudad industrial.

Pero algo llamó su atención, una gran humareda se levantaba hacia el Sur, no era el típico humo lento y pegajoso que producía la ciudad de los herreros (una apestosa nube sutil y negra que nunca abandonaba esa tierra) No, era algo más, era algo más furioso y descontrolado. Y notó un Poder oscuro, quizá uno de los grandes Señores de Nurn...

Detuvo la rápida carrera de su corcel y mientras daba unos golpecitos tranquilizadores al musculoso y sudoroso cuello del caballo se decidió por dirigirse al Sur, hacia Curufarnë.

Cuando llegó la ciudad ardía por los cuatro costados y sus habitantes se afanaban, sin mucho éxito, por apagar las llamas.

Con un movimiento hábil, bajó del caballo cuando aun no se había detenido y desenvainó al mismo tiempo su pesado y afilado sable. Parecía un animal salvaje en busca de presa, unos cuantos orcos huyeron aterrorizados al verlo.

Y así, Shulak, criatura de Melkor, el hombre dragón, entró en la ciudad de Nurn, y el fuego rojo se reflejaba en sus ojos amarillos.

Escrito el 10-08-2005 09:02 #4

Amanecía en la tierra de Nurn, pero la densa humareda que se nutría desde cada rincón de Curufarnë impedía que Anar que iluminara las enegrecidas e irrespirables calles de la Ciudad Industrial. Centenares -tal vez miles- de soldados y trabajadores se desesperaban por apagar los focos de incendio ...aunque ya muchas decenas de ellos, vencidos por el humo asfixiante, habían visto su esfuerzo coronado por la muerte.

Pero aún faltaba más. Pocas horas después de que la ignorada Arien remontara su barca a través de las Puertas de la Mañana, un fuego mucho mayor que los anteriores estalló de pronto en pleno centro de la ciudad siniestrada: poderosas magias, más antiguas que el propio mundo, hacían desaparecer, de un momento al otro, una perfecta y lujosa construcción -que tan nítidamente contrastaba con el resto de la Ciudad Industrial-, dejando en su sitio tan sólo un enorme hoyo, y una espeluznante columna negra y llameante, como visible señal.

Nárosaura no había encontrado lo que buscaba en el Consejo de los Señores de Nurn, ni en ninguna de sus dependencias.

Y sin embargo, no había nadie allí, en las proximidades, que admirara el sobrenatural destrozo que la furia del Maia había causado: hacía ya algunas horas que el centro de la Ciudad había sido del todo abandonado; sólo los restos calcinados o asfixiados de decenas -y cientos- de nurnitas, se amontonaban irregularmente a lo largo de las calles desiertas, en torno a Urustur Urdurómba ...que ahora sonaba su Broncíneo Cuerno como advertencia de muerte y venganza.

*******

Nárosaura Yulmórë montó en su sobrenatural cabalgadura, y una sonrisa se manifestó en sus labios ...aplacando su furia por un instante: un poderoso cuerno, soplado con fuerzas que excedían las de cualquier Hijo de Ilúvatar, respondía a su llamado y su desafío.

El Maia tiró de las refulgentes riendas, y giró su montura en dirección al inesperado inmortal que pretendía enfrentarle. Por entre las humaredas, y avanzando sobre los cadaveres calcinados de cientos de trabajadores y esclavos nurnitas, avanzaba un ser extraño ...aparentaba ser un Hombre, pero un poder bestial se adivinaba fácilmente tras la fachada.

Indiferente a la muerte, y a cuanto le rodeaba, Nárosaura vio venir hacia él -sable en mano- al poderoso Hijo de Melko ...de quien, hasta entonces, no tuviera jamás noticia.

Escrito el 12-08-2005 11:25 #5

El olor a carne calcinada, el humo negrísimo levantándose de las ruinas de la ciudad, un silencio interrumpido por crujidos de piedra quemada. Y Shulak avanzaba en ese mundo de fuego saciado hacia donde un cuerno poderoso se había jactado de la destrucción: avanzaba con paso firme, con elásticos trancos, con el sable en la mano, el cuerno de niebla colgando en su cintura y con la mirada inquisidora.

Y entre la ruina vió una figura solitaria. Un jinete orgulloso... poder.

Sabía que no pertenecía a Nurn, pero era siniestro y terrible, una llama inextingible en un bosque quemado.

Shulak se detuvo a una distancia prudencial. Si era necesario luchar, lucharía... y no sería un pié lo que rebanaría su espada. Pero el jinete no era un rival cualquiera y además la montura le daba ventaja. Por un instante pensó en su caballo, que andaría entre la ruina a poca distancia; llamarlo sería fácil, y acudiría como un rayo de plata. Pero eso significaría precipitar el combate, precipitar la muerte de uno de los dos.

La mente ágil del hombre dragón lo llevó a las profundidades de Angband: hacía miles de años que marchara de allí para no regresar jamás, pero aun recordaba con nitidez lo que allí viera y aprendiera en sus primeros años de existencia. Y reconocía en ese jinete a uno de la raza de su \"padre\" (los únicos que no reuían su mirada amarilla). Y entrevió una oportunidad...

- ¡Extranjero! ¿quién sois y qué haceis en tierras de Nurn? -preguntó Shulak con voz poderosa y exigente mientras adoptaba una postura de guardia discreta pero presto a lanzarse, animal, contra su rival- Son tiempos de guerra y de cortesía escasa, y los Señores de estas tierras no os han invitado-

Pero nada dijo del fuego y de la destrucción. Sólo esperó.

Escrito el 19-08-2005 00:15 #6

A Urustur Nárosaura le bastó una mirada para comprender la esencia del Ser que se aparecía ante él, cautelosamente desafiante y enormemente poderoso. Supo en un instante el destino de su Raza de Serpientes, y reconoció de inmediato la impronta de quien le había creado.

Obviamente, nada le importaba a aquél Señor la destrucción causada en sus dominios, sus intereses iban mucho más allá de cualquier reino de este mundo. Desde ya, tampoco le molestaría su presencia allí dado que seguramente le había reconcido.

-Urulóki. Nadie invita a Yúlmorë a su Casa. Excepto quienes comparten sus miras. Considerame un Mensajero. El Mensajero del retorno de Morgoth. Y dime, ya que no temes la muerte, si eres un Señor de estas Tierras, a quienes busco para transmitir mi Mensaje.

Urdurómba seguía montado, y las llamas en torno parecían reavivarse con cada una de sus profundas palabras. Pronto, la plaza pareció convertirse en una caldera. Y el Corcel de Fuego piafó, satisfecho.

-No he venido desde Barad-Dûr para intercambiar palabras con vulgares emisarios. Mi misión no puede demorarse ya más. Dime quién eres, y dónde encuentro al Señor de Nurn.

Escrito el 18-10-2005 12:09 #7

Shulak sentía el fuego creciente y oía las palabras del extranjero (siempre se había sentido bien junto al fuego, ante su poder absoluto y su indiferente destrucción).

-Bien, parece que me conocéis Señor, al menos a mi raza, sabréis pues que el nombre de Morgoth no me es indiferente y sabréis también que, si bien podemos morir, no podemos temer- hizo una breve pausa -Pero preguntáis mi nombre, y os lo daré esperando luego el vuestro: Shulak... ese es mi nombre, un nombre sencillo. Y soy uno de los muchos señores de esta tierra, no soy ni el primero ni el último, y puedo serviros para que me expliquéis qué es lo que queréis y qué buscáis en nuestras tierras- Hablaba con humildad, como le había enseñado su \"padre\": la voz suave, el acero frio, el alma negra.

Por un instante, ante la presencia de ese ser, recordó sus años en Angband, y un salado sabor a sangre, regresó a su boca, inundándolo todo, escurriéndose por sus dientes blanquísimos: el recuerdo de la sangre de sus hermanos.

Pero ese ser había pronunciado una palabra que no le gustaba en absoluto: Barad-Dûr.

Había pasado mucho tiempo desde la batalla de Eregion donde sus jinetes permitieron la victoria de Annatar... y un poco menos había transcurrido desde que, al ver definitivamente debilitados los reinos élficos y crecer en demasía al Señor oscuro, había abandonando la alianza con Sauron y había vuelto al Este, más allá de Rhun. Esperando la caída de ambos, la caída de Todo. Sauron era rencoroso y Shulak no quería una guerra abierta contra Barad-Dûr.

Shulak sabía que una gran flota había sido dispuesta desde Númenor, que se uniría a los elfos de la tierra Media para luchar contra el Señor de la Torre Oscura, incluso podía ser que Sauron ya hubiera sucumbido, hacía meses que no llegaban noticias. ¿reclamaba Sauron ayuda? ¿O era otra cosa? ¿Y que tenía que ver Melkor en todo esto? Melkor ya estaba muerto.

-Estamos en medio de una guerra, no tenemos tiempo para adivinanzas, hablad, puedo seros útil, quizá más de lo que pensáis- sus ojos de dragón brillaron ante la luz danzante del fuego. No bajó la guardia, se acercó con pasos largos al jinete. El sable desenvainado se balanceaba suavemente siguiendo el ritmo de los pasos elásticos del hombre gusano.

[Editado por elfo_negro el 18-10-2005 12:22]

Escrito el 09-11-2005 13:05 #8

Como un látigo que restallara con el fuego de Arien, Urdurómba echó súbitamente hacia atrás la broncínea cabeza: una feroz carcajada crepitante resonó por unos extraños momentos con el inigualable y refulgente poder abismal de los truenos de Morgoth.

-Te conozco, joven Shulak -dijo la gravísima voz de Nárosaura mientras el eco espantoso de su risa bestial se continuaba, contagiándose a la multitud de llamaradas en derredor-. Es extraño que tu no recuerdes al viejo Padre del Fuego, siempre atareado en las profundidades de Angband... el viejo Calderero de Utumno y de antes-del-mundo, Shulak hombre-dragón. Soy Yúlmorë Nárosaura, conocido como Urdurómba por razón de mi destino.

Los amarillos ojos del Señor Nurnita contemplaron aquella aparición fantasmal de los Días Antiguos. Shulak no albergaba recuerdo alguno de ese viejo espíritu, pero su antigua sabiduría de reptil -y el profundo conocimiento de la mente de quien fuera su creador- no le permitieron dudar, siquiera un momento, de que se encontraba frente a uno de los Poderosos Maiar de Utumno... uno de los Primeros en seguir el Grito Rebelde de Melkor el Maldito.

-Te saludo, Nárosaura -contestó el Señor de Nurn con una profunda reverencia-. Si he de hacer caso al Destino de proclamas, y al Nombre que invocas, he de suponer que el Tiempo del Final está llegando. Pero -y en la afilada mirada brilló una gota de desprecio- ¿acaso vendrías desde Barad-Dûr como emisario de Sauron, el Aborrecido?

-El tiempo de Gorthaur ya está terminado, hombre-dragón. Es el Retorno de Morgoth lo que vengo a anunciaros.

*******

Súbitamente, un silencio colmó el espacio... y los fuegos parecieron detenerse en un tiempo distinto al de Arda. En aquél vacío, la voz y el pensamiento de Nárosaura comunicaron a Shulak su cometido, la búsqueda del Antiguo Códice de Fuego. Y de Shulak obtuvo la seguridad de su alianza y la verdad sobre el Señorío de Nurn.

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-Los Señores de Nurn se enterarán cuando llegue el Momento -concluyó Nárosaura-. Ahora guíame hacia la Ciudad del Poder del Fuego, Shulak Hijo de Morgoth.

-Será mejor que disimules tus intenciones, Yúlmore. Hasta que llegue el momento -respondió calmadamente el Señor de Nurn-. No pasarás desapercibido a la mirada de Delisse o Arattalion... y el Reino más poderoso de las Haldanóri responde ciegamente a sus mandos.

-Iré bajo la guisa de un viajero. Un encantador de serpientes, un hechicero: Kardash, el viejo Poder de la Música Lasciva. Delisse lo recordará -rió Nárosaura.

Y todos los fuegos de la Ciudad se apagaron. En medio de la tempestad de negrísimas cenizas, que furiosos vientos helados arrancaban, dos figuras encapuchadas, montadas sobre negros y mortecinos caballos, hacían su camino hacia Nármelost por el camino que bordeaba el Skalnâ.

*******

Los incrédulos sobrevivientes de Curufarnë jadeaban de cansancio bajo la irrespirable tormenta de hollín, y se preguntaban qué prodigios les aguardarían aún en el futuro... en ese futuro que cada vez se adivinaba más apocalíptico.

[Editado por raudhol el 09-11-2005 13:10]