La Guerra de los Clanes

Minas Gwaeren

Escribiéndose...
Escrito el 17-11-2004 16:32 #1

Al sudeste de Harna Dîn, imponente y terrible, se alza Minas Gwaeren la ciudadela que alberga las tropas del Ejército de los Cuervos de la Orden de Telpe. Siempre sopla un fuerte viento en el lugar, que arrastra consigo corrientes cálidas del extremo oriente de Arda, donde por las noches el Sol encuentra reposo. Muy cerca fluyen las aguas del Ninrûth y el Ninberêk, como dos filamentos de plata que ha perdido parte de su brillo, que atraviesan esas tierras ásperas y sombrías y luego se unen en uno solo para acabar desembocando en el mar de Falmasulë. Los vientos del este arrastran la habitual neblina que cubre las tierras de la Orden hacia el oeste, de modo que la ciudad goza de un cielo habitualmente despejado.

Desde el exterior de la fortaleza apenas se puede distinguir la parte alta de la torre central ya que los grandes muros circundantes obstaculizan la visión del interior. Las paredes de esos muros son lisas y suaves como aguas en reposo, y su color es negro pues estan recubiertas de obsidiana perfectamente pulida. En los días más claros los muros resplandecen al reflejarse en ellos los rayos solares y producen un efecto encegecedor al que osa acercarse a aquel territorio. Hay una única forma de entrar en Minas Gwaeren, y es por la gran puerta casi invisible que mira en dirección a Tol Telpeä, la isla donde se encuentra la capital de la Orden, Osto Telemna. Y es que un profundo foso rodea todo el recinto circular y nadie se atreve a contemplar durante mucho tiempo aquel abismo estremecedor que agita los corazones más débiles. Así pues, únicamente a través de un puente custodiado en todo momento es posible acceder a la entrada de la fortaleza donde dos aves vigilantes, esculpidas con la misma roca negra y con gemas rojas a modo de ojos, marcan el lugar en que la continuidad de los muros se ve quebrantada en ocasiones para permitir el paso a los integrantes de la Orden, los guerreros bajo el mando de los capitanes del ejército de la ciudad y aquellos que tengan un permiso expreso por parte de los altos cargos de Harna Dîn.

En el interior, siguiendo el camino recto desde la puerta se llega al pie de una torre de grandes dimensiones. Una estructura igual de oscura que el resto de la ciudad, de base hexagonal y con apenas unas diminutas luces mortecinas, creadas por alguna antorcha o vela, que asoman a través de las ventanas. En lo alto de la torre hay un puesto de vigilancia desde el cual es posible vislumbrar todo Harna Dîn e incluso más allá, pudiendo controlar cualquier intento indeseado de allanamiento del territorio. Hay cinco niveles en la construcción y de entre ellos destaca gran salón de reuniones del segundo piso usado en ocasiones cuando no es necesario reunir a todos los iniciados de la Orden en Osto Telemna. Antorchas prendidas con un fuego que parece inextinguible alumbran el lugar y una mesa de madera de roble de forma elíptica, con veinte butacas del mismo material, tapizadas de una tela rojiza, a su alrededor. Tapices de seda y otras telas relucientes cubren las paredes de la estancia; y en ellos se representan batallas de antaño, figuras de dragones y seres perversos, e imágenes de bosques frondosos a la luz de la luna. Dos ventanales permiten vislumbrar el exterior de la torre, aunque a esa altura no se puede ver más allá de los muros de la ciudad. El salón también es usado en ocasiones por los capitanes del ejército de los Cuervos para trazar estrategias y tomar decisiones importantes.

Cuando se trata de visitas de personajes ajenos a la Orden las reuniones se llevan a cabo en una estancia de menor tamaño situada en el mismo piso. Las paredes de ésta estan despojadas de tapices, pero en su lugar hay colgadas antiguas espadas y puñales, parcialmente oxidadas pero que conservan su belleza y guardan recuerdos que ya muy pocos pueden contar. La mesa allí es circular, de madera de nogal, dispone de media docena de sillas y, en su centro hay un candelabro de plata donde arden nueve velas en caso de que sea necesario.

En el tercer nivel se pueden consultar gran cantidad de libros y mapas de Harna Dîn y de todas las Tierras Ocultas. Estos objetos y demás ocupan tres de las seis caras de aquella planta, mientras que las tres restantes estan reservadas para guardar hierbas, productos extraños y preparados a base de distintas sustancias, con propiedades diversas y algunas de ellas con fines tan despiadados como Mornaew, la capitana del ejército local, que en su tiempo libre experimenta en el tercer piso de la torre. Se podría decir que hay allí una especie de laboratorio, pero nadie menos la bella mujer o alguien que la acompañe visita el lugar. Solamente esa dama de pelo negro, ambiciosa pero que prefiere estar alejada de la multitud, vive en la Torre. Sus estancias ocupan el cuarto piso y estan cerradas bajo llave, y nadie entra allí sin que ella lo sepa. De hecho, en contadas ocasiones alguien ha sido invitado a traspasar el umbral de sus puertas.

El quinto y último nivel está reservado para un número limitado de celdas y una sala de torturas donde poder alojar provisionalmente a los prisioneros de Telpe antes de ser llevados a las mazmorras en Peler-iOsse. Lo custodian permanentemente los soldados más capacitados de la guarnición de Minas Gwaeren y jamás nadie allí encerrado ha escapado por su propia voluntad. Ni siquiera por una ventana para acallar el sufrimiento, pues apenas entra luz en aquel piso de la torre y sólo los pocos rayos solares que pueden filtrarse por las pequeñas ventanas enrejadas de las celdas andan libres por el lugar.

Entre la muchedumbre corren de boca en boca relatos sobre los orígenes de la fortaleza. Existen leyendas descabelladas sobre su construcción en menos de un día de las mismas manos de Morgoth. Otras cuentan como un poderoso guerrero se hizo con esas tierras y logró subyugar a una gran multitud habilidosa en distintos campos, maestros enanos y hombres fuertes que levantaron para él los muros de Minas Gwaeren. Pocos son los que conocen toda la verdad, pues pocos son los que viven aún que estuvieran presentes en aquel tiempo; pero esos pocos saben que no se trataba de un guerrero sino más bien de la mismísima Mornaew. Guerrera sí, y poderosa también. Muchos años habían transcurrido desde entonces, pero ella aún recordaba con claridad los sucesos que acaecieron durante la proyección, construcción y abandono de la ciudad aquella.

[Editado por Yureawen el 24-11-2004 16:16]

Escrito el 20-11-2004 17:58 #2

Mornaew sentía como una nueva sensación de libertad se apoderaba de su cuerpo y de su mente; el orgullo fluía por sus venas como el corriente de los ríos recorre millas y millas fertilizando las tierras que encuentra a su paso. Aquella mujer de ojos grises había conseguido llegar hasta el final de su plan movido por el odio más profundo y en aquel momento se erguía poderosa y a la vez hermosa al mando de la tripulación que había mantenido con vida en aquel navío, en el que se viera obligada a servir sin descanso a aquellos que habían acabado con su família muchos años atrás.

En verdad se sentía satisfecha de cuanto había conseguido, de las riquezas que había “heredado” al tomar el mando, y sobre todo le producía un gran placer que todos acataran sus órdenes sin rechistar. Pero estaba cansada de navegar sin rumbo, a través de aquellos mares agitados del sur de Arda. Ella aspiraba a mucho más, y deseaba poder usar sus “encantos” y poder de convicción para conseguir alcanzar una vida que la complaciera aún más.

A su lado, siempre dispuesto como el que más, su amante, compañero de pasiones, nunca su confidente, Reyan que la amaba desde el día en que ella pisó el primero de los tablones que conformaban aquella mole de oscura madera que flotaba sobre las aguas ariscas. Él sabía que lo utilizaba; de hecho lo había sabido incluso antes de que ella lo hiciera explícitamente. En el fondo Mornaew también lo quería, pero su corazón cual flor marchitada le impedía que aquellos sentimientos salieran a la luz. Reyan le permitía que lo manejara para conseguir sus propósitos. Disfrutaba complaciendola aún siendo consciente de que ella jamás llegaría a ser como aquellas dulces doncellas que antaño hubieran danzado bajo la luna en sus sueños.

[Editado por Yureawen el 24-11-2004 16:19]

Escrito el 24-11-2004 16:18 #3

— Estoy harta de navegar y saquear. Matar y obtener siempre lo mismo. Ya poseo muchas cosas que me habían sido negadas mientras vivía reprimida bajo el mandato de Bhadoz —Mornaew se encontraba en la cubierta del barco, frente a Reyan. La brisa marina despeinando su negra melena— Es mi deseo ahora encontrar un lugar en tierra firme donde poder emplazar una fortaleza, una casa de paredes firmes, de piedra maciza y duradera no como esta madera astillosa y deteriorada —La mujer pasaba el filo de una de sus negras y relucientes dagas por entre los dedos de la mano izquierda, acariciando su piel.

— Sabes, oh mi señora, que puedes contar con mi total colaboración. Tan solo dime que quieres que haga —Reyan se ceñía el cinto mientras hablaba y apenas fijaba sus ojos directamente hacia los de Mornaew, pues aquella fría y penetrante mirada lo hacía estremecer.

— Por supuesto no esperaba menos de ti Reyan —Con un rápido movimiento envainó su daga junto a la gemela que aguardaba en la vaina y se acercó al hombre; susurrándole muy cercana a su rostro, sus labios casi rozándole la oreja —Quiero desembarcar pronto y, mientras localizo un lugar que me agrade para construir mi ciudad, es mi encargo para ti que busques gente “dispuesta” a trabajar duro bajo mis órdenes. Individuos que sean capaces de tallar la piedra, artesanos, herreros y hombres fuertes que me sirvan para conseguir lo que deseo —Sus labios se acercaban a los de él. Susurrando— Llévate a todos para realizar esta tarea, pues yo sola me basto para explorar el territorio — Él tenía la intención de unir sus labios a los de ella. Sólo con su mirada de animal domesticado ya se daba por entendido que haría todo lo que Mornaew le había dicho. Entonces ella se apartó de repente dándole la espalda. Y siguió hablando…

— Ahora entérate de cual es el puerto más cercano y cuanto tiempo tardaremos en alcanzarlo. Luego infórmame de todo para que pueda ir planificando.

— Como ordenes —Dicho esto ella abandonó la estancia y él se fue a cumplir con lo que la había mandado.

Escrito el 27-11-2004 14:23 #4

El día era claro, el cielo de un azul nítido. Sobrevolando la nave había un grupo de impertinentes gaviotas. Mornaew estaba harta de soportar sus sonidos estridentes. Mientras las aves dibujaban círculos imaginarios alrededor del mastil del oscuro navío, la dama abandonó la cubierta. Buscó en sus aposentos, entre las múltiples pertenencias que había acumulado; y del interior de un robusto baúl de roble con brillantes engarzados, con el cierre de oro, sacó un arco largo. Se llevó consigo un par de flechas y con total tranquilidad y sosiego, en silencio, regresó a cielo abierto. Se apoyó sobre la cornisa de popa mirando a lo alto; apuntando con el arco. Sujetando las flechas con los dedos tensó la cuerda y observó durante una breve porción de tiempo. ¡Zas! Sus dedos se despredieron de los proyectiles y éstos silvaron hendiendo el aire hasta que uno alcanzó de lleno el cuerpo indefenso de uno de los pájaros, e instantáneamente la otra flecha atravesó a otra gaviota cercana. Súbitamente los cuerpos sin vida de las aves aquellas fueron a parar a la superfície del barco. El resto de gaviotas cesaron de pronto su “recital” y alzaron el vuelo alejándose del lugar.

- ¡Atreveos a volver malditas!—Mornaew se sentía cansada y le dolía la cabeza.

Dejó el arco sobre los tablones de la cubierta, caminó unos metros y se dejó caer al suelo. Quedó sentada con la espalda recostada sobre un barril que debía de contener especias por el olor que desprendía. A lo lejos se vislumbraba la costa de Harad.

[…]

Reyan llegó con un rollo de pergamino bajo el brazo.

- Aquí estoy. Lo más veloz que me ha sido posible.—El joven se percató entonces de la presencia de los cadáveres de las gaviotas y la mirada perdida de su amada. Ella se puso en pie.

- Dime ¿A dónde vamos?—Reyan extendió el pergamino sobre la superfície del barril en el que estuviera apoyada la mujer—Por lo que parece—él señalaba el mapa con el dedo—el puerto de Umbar resulta ser el que podemos alcanzar en menos tiempo, y con menos dificultad. Es posible que adentrandonos hacia el este puedas encontrar tierras que sean de tu agrado y podamos ocupar.

- Eso ya lo veremos—lo cortó ella—Sea lo que sea… ya hemos estado en Umbar y dudo que haya ningún problema en atracar el barco allí y gozar de todas las atenciones que precisemos.—Mornaew tenía contactos en la Ciudad-Puerto y más de uno le debía algún favor.

- Entonces… —Comenzó Reyan.

- Avisa a la tripulación. Rumbo a Umbar sin demora.—ordenó ella—y deshazte de esos pajarracos. Que los cocinen si te parece que pueden resultar sabrosos.

[Editado por Yureawen el 27-11-2004 14:29]

Escrito el 12-12-2004 16:13 #5

Las velas de la embarcación fueron encaradas para aprovechar el viento del oeste. El timón orientado en dirección este. Tardarían más o menos un día y una noche en alcanzar las costas de Harad.

Mornaew esperaba atracar el barco por la mañana, y poder acercarse entonces a visitar a sus contatos en la ciudad-puerto; ella misma realizaría las compras de lo que necesitaran a los comerciantes con los que había tratado durante tantos años. Tan solo había visitado Umbar un par de veces desde la muerte de Bhadoz y no había tenido la oportunidad, ni tampoco las ganas, de mostrarse por aquellas calles ni de visitar a ciertas autoridades que conocía bien. Si quería conseguir hacerse con algunas tierras por la zona necesitaría algo más que un cofre lleno de oro. Debía reavivar sus lazos con las gentes de Umbar y buscar aliados y colaboradores; lograr sus objetivos con toda la discreción que fuera posible, y evitando situaciones indeseadas y violentas. Mínima era la motivación que sentía por tratar con los engreídos governantes de la ciudad, y menos tener que ser amable con ellos. Pero era necesario y, durante los años anteriores, había conseguido que la respetaran y estuvieran encantados con ella cuando iba de visita.

Mientras pasaban las horas, presa en aquel navío, rodeada de las feroces aguas, se dispuso a descansar y dejar que sus súbditos se encargaran de hacer el trabajo. Pronto tendría más espacio para andar libre y sin limitaciones; enviaría a todos aquellos hombres a buscar trabajadores para su proyecto y así ella podría vagar sola y tranquila por las tierras del Sur.

Se encerró en su camarote, prendió fuego a una lamparilla de aceite que tenía sobre la mesilla de noche y se sentó en una butaca acolchada, de color verde oscuro. Permaneció unos minutos allí, pensante. Luego se acercó a un pequeño estante en el que había varios libros. Tomos que había adquirido de aquel viejo elfo que conoció antaño. Alargó la mano hasta tocar el lomo de uno de piel teñida con algo de rojo, con unas letras grabadas en dorado que decían: \"Venenos, antídotos, sedantes y otras sustancias útiles\". Le encantaba ganar conocimientos de los libros que poseyó el anciano, sobre todo se entretenía descubriendo nuevas recetas que en algún momento pudieran resultarle útiles, como ya lo habían sido para culminar su plan de conseguir el dominio de aquella tripulación.

La llama brillaba centelleante, emitiendo reflejos en las paredes de la estancia. Mornaew sujetaba el libro aquel e iba pasando páginas, lentamente, leyendo los interesantes manuscritos que contenían. Pasaron unas horas hasta que la mujer cayó en un sueño ligero e inconscientemente dejo ir el tomo, que resbaló hasta su regazo sin llegar a caer al suelo.

Mientras dormía se oyeron unos suaves golpecitos en la puerta de la habitación. Pero no se despertó, y entonces el pomo giró y la cabeza de Reyan asomó temerosamente. La vio allí, tan bella e indefensa, y accedió al camarote cerrando la puerta tras de sí.

Escrito el 30-05-2005 15:50 #6

[...]

Amarraron la embarcación en el puerto de Umbar. Era un lugar muy transitado por comerciantes de todas partes de la Tierra Media; mercenarios, piratas, contrabandistas, artesanos, pescadores… La mayoría de rutas hacia Harad hacían escala en el gran Puerto de Umbar. Allí nadie se percató de la llegada de Mornaew y su tripulación; nadie salvo los que ya la habían conocido desde su niñez y se alertaron al verla abrirse paso por las calles empedradas, con un nuevo orgullo fijado en su mirada, ese nuevo poder que la invadía.

La joven dama, que por entonces aparentaba más años de los que realmente traía a sus espaldas –pero no por una belleza menguante sino por su madurez y mente experimentada, por todo lo que había vivido-, se dispuso a restablecer sus contactos en el Puerto. Su intención no era otra que restituir los lazos que ya tiempo atrás hubiera establecido, durante su vida sometida a las órdenes de Bhadoz –nunca olvidaría a ese hombre que le arrebató la niñez, que la acecharía en las peores de sus pesadillas para siempre- cuando ya se había ido allanando el camino para el día en que se hubiese librado de aquel pirata desalmado -quien la hubo llevado también por el mismo camino de crueldad y enseñado a despreciar todo cuanto no fuera su mismo ego- y se encontrara totalmente libre de ataduras.

Aquel día ya había llegado.