Al sudeste de Harna Dîn, imponente y terrible, se alza Minas Gwaeren la ciudadela que alberga las tropas del Ejército de los Cuervos de la Orden de Telpe. Siempre sopla un fuerte viento en el lugar, que arrastra consigo corrientes cálidas del extremo oriente de Arda, donde por las noches el Sol encuentra reposo. Muy cerca fluyen las aguas del Ninrûth y el Ninberêk, como dos filamentos de plata que ha perdido parte de su brillo, que atraviesan esas tierras ásperas y sombrías y luego se unen en uno solo para acabar desembocando en el mar de Falmasulë. Los vientos del este arrastran la habitual neblina que cubre las tierras de la Orden hacia el oeste, de modo que la ciudad goza de un cielo habitualmente despejado.
Desde el exterior de la fortaleza apenas se puede distinguir la parte alta de la torre central ya que los grandes muros circundantes obstaculizan la visión del interior. Las paredes de esos muros son lisas y suaves como aguas en reposo, y su color es negro pues estan recubiertas de obsidiana perfectamente pulida. En los días más claros los muros resplandecen al reflejarse en ellos los rayos solares y producen un efecto encegecedor al que osa acercarse a aquel territorio. Hay una única forma de entrar en Minas Gwaeren, y es por la gran puerta casi invisible que mira en dirección a Tol Telpeä, la isla donde se encuentra la capital de la Orden, Osto Telemna. Y es que un profundo foso rodea todo el recinto circular y nadie se atreve a contemplar durante mucho tiempo aquel abismo estremecedor que agita los corazones más débiles. Así pues, únicamente a través de un puente custodiado en todo momento es posible acceder a la entrada de la fortaleza donde dos aves vigilantes, esculpidas con la misma roca negra y con gemas rojas a modo de ojos, marcan el lugar en que la continuidad de los muros se ve quebrantada en ocasiones para permitir el paso a los integrantes de la Orden, los guerreros bajo el mando de los capitanes del ejército de la ciudad y aquellos que tengan un permiso expreso por parte de los altos cargos de Harna Dîn.
En el interior, siguiendo el camino recto desde la puerta se llega al pie de una torre de grandes dimensiones. Una estructura igual de oscura que el resto de la ciudad, de base hexagonal y con apenas unas diminutas luces mortecinas, creadas por alguna antorcha o vela, que asoman a través de las ventanas. En lo alto de la torre hay un puesto de vigilancia desde el cual es posible vislumbrar todo Harna Dîn e incluso más allá, pudiendo controlar cualquier intento indeseado de allanamiento del territorio. Hay cinco niveles en la construcción y de entre ellos destaca gran salón de reuniones del segundo piso usado en ocasiones cuando no es necesario reunir a todos los iniciados de la Orden en Osto Telemna. Antorchas prendidas con un fuego que parece inextinguible alumbran el lugar y una mesa de madera de roble de forma elíptica, con veinte butacas del mismo material, tapizadas de una tela rojiza, a su alrededor. Tapices de seda y otras telas relucientes cubren las paredes de la estancia; y en ellos se representan batallas de antaño, figuras de dragones y seres perversos, e imágenes de bosques frondosos a la luz de la luna. Dos ventanales permiten vislumbrar el exterior de la torre, aunque a esa altura no se puede ver más allá de los muros de la ciudad. El salón también es usado en ocasiones por los capitanes del ejército de los Cuervos para trazar estrategias y tomar decisiones importantes.
Cuando se trata de visitas de personajes ajenos a la Orden las reuniones se llevan a cabo en una estancia de menor tamaño situada en el mismo piso. Las paredes de ésta estan despojadas de tapices, pero en su lugar hay colgadas antiguas espadas y puñales, parcialmente oxidadas pero que conservan su belleza y guardan recuerdos que ya muy pocos pueden contar. La mesa allí es circular, de madera de nogal, dispone de media docena de sillas y, en su centro hay un candelabro de plata donde arden nueve velas en caso de que sea necesario.
En el tercer nivel se pueden consultar gran cantidad de libros y mapas de Harna Dîn y de todas las Tierras Ocultas. Estos objetos y demás ocupan tres de las seis caras de aquella planta, mientras que las tres restantes estan reservadas para guardar hierbas, productos extraños y preparados a base de distintas sustancias, con propiedades diversas y algunas de ellas con fines tan despiadados como Mornaew, la capitana del ejército local, que en su tiempo libre experimenta en el tercer piso de la torre. Se podría decir que hay allí una especie de laboratorio, pero nadie menos la bella mujer o alguien que la acompañe visita el lugar. Solamente esa dama de pelo negro, ambiciosa pero que prefiere estar alejada de la multitud, vive en la Torre. Sus estancias ocupan el cuarto piso y estan cerradas bajo llave, y nadie entra allí sin que ella lo sepa. De hecho, en contadas ocasiones alguien ha sido invitado a traspasar el umbral de sus puertas.
El quinto y último nivel está reservado para un número limitado de celdas y una sala de torturas donde poder alojar provisionalmente a los prisioneros de Telpe antes de ser llevados a las mazmorras en Peler-iOsse. Lo custodian permanentemente los soldados más capacitados de la guarnición de Minas Gwaeren y jamás nadie allí encerrado ha escapado por su propia voluntad. Ni siquiera por una ventana para acallar el sufrimiento, pues apenas entra luz en aquel piso de la torre y sólo los pocos rayos solares que pueden filtrarse por las pequeñas ventanas enrejadas de las celdas andan libres por el lugar.
Entre la muchedumbre corren de boca en boca relatos sobre los orígenes de la fortaleza. Existen leyendas descabelladas sobre su construcción en menos de un día de las mismas manos de Morgoth. Otras cuentan como un poderoso guerrero se hizo con esas tierras y logró subyugar a una gran multitud habilidosa en distintos campos, maestros enanos y hombres fuertes que levantaron para él los muros de Minas Gwaeren. Pocos son los que conocen toda la verdad, pues pocos son los que viven aún que estuvieran presentes en aquel tiempo; pero esos pocos saben que no se trataba de un guerrero sino más bien de la mismísima Mornaew. Guerrera sí, y poderosa también. Muchos años habían transcurrido desde entonces, pero ella aún recordaba con claridad los sucesos que acaecieron durante la proyección, construcción y abandono de la ciudad aquella.
[Editado por Yureawen el 24-11-2004 16:16]
