La ciudad del miedo
Tiempo atrás, en pleno auge del reino de Numenor el rey Tar-Minastir enviaba con frecuencia grandes flotas a explorar las costas de la tierra media. En su desmedida ambición por extender su poder, mando reunir o sus ocho mejores capitanes y les encargo una misión poco menos que suicida, debían explorar y conquistar los territorios situados en la frontera sur de Mordor, para evitar un posible repliegue del señor oscuro. Desoyó las muchas voces que aconsejaban mesura en dicha empresa, pues los Numenoreanos, hombres versados en la ciencia de los mares, conocían de sobras la bravura de Ulmo en aquella zona.
Los capitanes reunidos en consejo no pudieron hacer otra cosa que aceptar por miedo a ser acusados de alta traición al portador del cetro. En menos de un mes hubieron reunido un sequito como pocas veces se había visto hasta entonces en el puerto de andunië, al frente de la flota ocho oscuros navíos rompían las olas con su afilada quilla, había pesadumbre en los corazones de los tripulantes, pero el amor y lealtad que tenían por su rey pesaba mas que la razón.
Pasaron siete días sin incidencias dignas de narrar, pero entonces, la dama fortuna que tantas veces había obsequiado a los navíos Numenoreanos con sus bendiciones les fue adversa, un cambio de dirección en el viento hacia presagiar lo peor, en pocos minutos se vieron envueltos por una densa niebla que transportaba lamentos de muchas almas que habían hallado la muerte en esas aguas, las olas tan altas como el mayor de los mástiles de la flota hacia inútil el esfuerzo de los remeros por reconducir la situación, eran empujados hacia el este por una fuerza que desconocían. Muchas horas pasaron hasta que poco a poco todos los barcos acabaron ensartados en los afilados riscos de una isla de la cual no tenían conocimiento, muchas vidas se perdieron, y grandes destrozos sufrieron las embarcaciones, necesitarían meses para poder repararlos en un astillero en condiciones, pero dudaban que en aquel lugar pudieran encontrar los materiales adecuados para poder llevar a cabo dicha tarea.
No obstante la fe ciega que sentían por su rey les hacia creer que mandaría una flota de rescate al no tener noticia de sus capitanes, pero los días fueron pasando y los ánimos de los supervivientes fueron decayendo, decidieron entonces explorar a fondo la isla y buscar recursos con los que sobrevivir lo que se presumía, seria una larga estancia en aquel horrible lugar.
La tierra en la que se encontraban no hacia presagiar que su situación fuera a mejorar, la isla estaba rodeada de afilados riscos de piedra caliza, erosionados durante siglos por el fuerte oleaje de la zona, el acceso por mar solo era posible en una pequeña abertura de los acantilados al sur de la isla.
El lugar carecía de vegetación, era una interminable planicie de roca desnuda, con una gran cantera de piedra negra que no habían visto hasta entonces pero que podía ser trabajada con facilidad siempre y cuando dispusieran de las herramientas oportunas.
Pero no podían alimentarse de piedra y las provisiones empezaron a escasear, la caza brillaba por su ausencia pues ninguno de los animales autóctonos parecía ser comestible. Mas bien al contrario, con frecuencia unos grandes lagartos de pie verdosa y enormes colmillos que habitaban en las canteras causaban estragos entre los náufragos causando no pocas bajas, intentaron cazarlos y comerlos, pero su carne era venenosa y causaba unas intensas fiebres a todo aquel que la probaba. Intentaron plantar trigo y maíz, pero las frecuentes lluvias ácidas acababan con las pobres cosechas, solo la poca pesca que consiguieron reconvirtiendo los maltrechos barcos saciaba su apetito.
La situación era insostenible, veían con temor el futuro pues sabían que de seguir así el fin estaba próximo
Pero su hora aun no había llegado, llevaban cerca de un año en la isla cuando una mañana de invierno en que la niebla flotaba baja sobre el mar, divisaron un navío negro de velas rojas en el horizonte, los capitanes mandaron formar a los pocos supervivientes que quedaban y se armaron con los oxidados utensilios de guerra que habían podido conservar.
El mar dejaba de rugir a medida que la corbeta se acercaba, los murmullos que acompañaban a las olas habían desaparecido por completo cuando el barco se detuvo en el pequeño puerto que habían construido para amarrar los precarios botes de pesca. De el bajo una figura envuelta en una manta negra, los capitanes no se inmutaron ante la presencia del ente, pero los escuálidos guerreros se tiraron al suelo y rompieron a llorar como el que ve acercarse a la muerte.
Quien o que eres, y que vienes a buscar a nuestra isla? –Grito el mas fornido de los ocho-
Soy aquel que os devolverá el señorío y la dignidad de la que vuestro rey os privo por su desmesurada ambición, -afirmo el extraño- Vengo en nombre del soberano de todas las tierras, del señor de la tierra media, que os trae víveres y utensilios con los que asegurar vuestra supervivencia en esto a lo que llamáis “vuestra isla”. Siempre y cuando juréis serles leal y ayudarle en su propósito.
No había mentira en las palabras de aquel ser, pero su voz sonaba terrible como una puñalada en el pecho, no obstante los capitanes se mostraron firmes.
Quien es el que se denomina a si mismo señor de la tierra media, y por que habríamos de servir a sus propósitos? Nosotros ya tenemos un soberano.
Haces muchas preguntas humano, y no estas en situación de exigir respuestas, pero vengo de buena voluntad a ofreceros una salida a vuestro infierno, así que las tendrás. Mi amo es Sauron el justo, y me envía para reparar el daño que vuestro rey ha inflingido a vuestro pueblo privándolos de sus ocho mejores capitanes de navío, no no es desconocida vuestra situación, sabemos que apenas disponéis de alimentos que llevaros a la boca, y que las enfermedades y la locura os acechan en esta prisión de piedra, por eso os ofrezco un trato, servidle a el, y jamás volveréis a pasar hambre, os ayudaremos a construir aquí algo a lo que podáis llamar hogar, os proporcionaremos mano de obra, materiales, armas, nuevos y poderosos barcos con los que haceros a la mar. Tomad esto como muestra de buena voluntad.
A una orden del espectro del barco descendieron unos hombres de piel oscura transportando baúles repletos de carne fresca y cientos de barriles con aceite y vino, también había entre el botín unas decenas de pilas de madera así como utensilios de diversa utilidad que sin duda les harían la estancia un poco menos tormentosa.
Aceptad, y os aprovisionaremos a intervalos regulares, rechazad y pereced en es vuestra isla.
Los capitanes no podían apartar la mirada de los presentes ofrecidos, pero tenían la suficiente experiencia como para saber que nadie da nada sin pedir algo a cambio.
Aun no nos has dicho cual es nuestra parte en el trato.-dijo con tono grave otro de los capitanes-
No os pediremos nada que no sepáis hacer, a cambio de salvaros la vida mi amo os pide que no abandonéis la isla y construyáis aquí vuestra fortaleza, así mismo debéis defender esta zona de cualquier flota que intente desembarcar en tierra firme mas al sur de Mordor y apresar a sus tripulantes para fines que mas tarde os seran revelados.
No hicieron falta las palabras para saber que habían aceptado, no tenían otra opción, si se hubieran negado el tiempo o un motín de sus hombre hubieran acabado con sus vidas. Aquel ser les ofrecía un buen trato que a priori, no tenia trampa alguna.
Pasaron los días y todo lo que les había dicho aquel ser se iba cumpliendo, regularmente un barco los aprovisionaba de ricos manjares, así mismo siempre dejaba en tierra a unas decenas de esclavos y ordenes precisas de los planes que debían ejecutar.
Por orden de Sauron comenzaron la construcción de Peler-iOsse, la ciudad del miedo.
Tardaron dos años en finalizar las obras, pero la espera mereció la pena, se trataba de ocho torres rectangulares entrelazadas entre si formando un octágono perfecto.
Extrajeron la piedra de la cantera al norte de la isla, una piedra negra y lisa que producía una horripilante sensación de vació y que reproducía el eco con una intensidad diez veces mayor a la habitual, de modo que los lamentos de los prisioneros eran conducidos por los pasillos cada vez a mas volumen, aumentando la desazón y arrastrando a la locura a los pobres desgraciados que eran retenidos en aquel infierno. Las torres constaban de tres clónicos pisos y un sótano.
El primer piso estaba compuesto por seis habitaciones de igual tamaño destinadas entre otras cosas al reposo de los carceleros, armerías, cocinas y demás, el pasillo provisto de saeteras a cada lado concluía en una escalera de caracol. Aunque de aspecto terrible no hacia presagiar las actividades que allí se desarrollaban.
El segundo estaba destinado a la tortura de prisioneros, cuatro salas contiguas con utensilios ideados por alguna retorcida mente, tenazas, potros, erizos, ruedas activadas por cuerdas para estirar los miembros de los reos, no faltaba de nada. Las estancias eran enormes, con el suelo siempre encharcado de sangre, tenían unos conductos en las paredes con el fin de hacer llegar los gritos de desesperación de los reclusos a las celdas situadas en el tercer y ultimo nivel, diferentes miembro amputados hacían las veces de trofeos en las paredes del pasillo, brazos, piernas, torsos, incluso cabezas, que hacían recordar a todo el que recorría ese pasillo que si salía, no lo haría entero.
El tercer y último nivel tenía cinco celdas a cada lado de un pasillo estrecho y angosto apenas iluminado por unas débiles antorchas colocadas a cada lado de la pared. Las celdas estaban desprovistas de ventanas y cualquier tipo de mobiliario, solo la roca desnuda hacia de habitáculo, en las paredes había grabadas imágenes terribles de seres que con solo imaginarlos conducían a cualquiera a la locura, las puertas estaban repletas de marcas de arañazos que los infelices reos hacían en un ultimo intento de salvar sus despreciables vidas.
Pero lo realmente horripilante sucedía en el sótano, unos estrechos pasillos tallados en la roca viva conducían a unas extrañas salas en las que se experimentaba con los presos, se cruzaba a machos y hembras con horribles criaturas de procedencia dudosa dando lugar a unos vástagos espeluznantes, pero de terrible imponencia física, todas las mujeres que daban a luz a estas criaturas morían en el parto, así mismo los varones enloquecían al ser obligados a consumar con aquellos monstruos, en el centro del sótano un gran foso a cielo abierto hacia de hogar a dos decenas de wargos traídos de Mordor, eran alimentados con los presos enfermos y con los experimentos que no tenían el resultado esperado. En ocasiones se obligaba a los presos a contemplar el festín que los Wargos se daban con sus amigos y familiares.
Cuando todo estuvo construido los ocho capitanes se dedicaron al pillaje abordando todo navío que surcaba aquellas aguas, cientos de barcos asaltados, miles de vidas segadas con el oscuro propósito de salvar las espaldas de su ahora benefactor, antaño enemigo Sauron, al que ahora rendían tributo y pleitesía.
Hasta que pasado un tiempo ningún navío elfico ni numenoreano surcaba ya esas aguas, habían dejado por imposible el asalto de Mordor por el sur. Para entonces los ocho capitanes habían dejado de ser útiles para los propósitos del señor oscuro, y este los abandono a su suerte, dejo de proveerlos y mando replegar todas las tropas que había destinado a aquella isla.
Hinchados por el orgullo y señorío alcanzado bajo el amparo de Gorthaur los capitanes intentaron un ultimo intento de rebelión echándose a la mar con los barcos que este les había dado, pero a pocas millas de Umbar, fueron aplastados por una tormenta, Ulmo había echo pagar a los infieles su traición consumando así su venganza.
Desde entonces Tol-goe ha permanecido deshabitada hasta que la orden de Telpe la reclamo para si, llenando otra vez las estancias de las mazmorras de vida y muerte a la vez, nuevos gritos de desesperación surgen de las entrañas de la isla, nuevas vidas se encaminan hacia las estancias de Mandos desde sus salas de tortura.
Muchas son y fueron las vidas que la ciudad del miedo se cobró, pero jamás nadie ha conseguida escapar con vida de sus ocho paredes.
Así que recuerda intruso, si profanas nuestro territorio, tu destino se unirá al de los cientos de vidas que ya se han cobrado nuestras mazmorras y el rumor de tu lamento se escuchara durante siglos en la ciudad del miedo.
