Osto Telemna
Oculta entre la densa bruma, majestuosa sobre Tol-Telpëa se alza la Ciudad más importante de la Orden de Telpe, Osto Telemna. Al centro de la isla, respaldada por un gran faro, la ciudad extiende sus enormes murallas y sus imponentes torres. La ciudad de piedra parece no tener una entrada, ningún ojo la ha visto desde fuera jamás. Pero los líderes de la Orden la conocen.
En medio de las grandes rocas de Tol-Telpëa se extienden las largas murallas de la Ciudad, las cuales no tienen entrada a la vista, sólo muestran imponencia, unas murallas altas y lisas, frías por ser de piedra, pero a la vez suaves al tacto. Tres Torres permiten la vigilancia desde dentro de la ciudad. Dos torres en los extremos y una, de mayor dimensión, al centro de la ciudad, en la que suele vivir el Rey, una torre altísima, fuerte pero no burda. La ciudad queda oculta entre la niebla por su color dorado pálido que se mezcla con ella; a pesar de estar en la isla, reina un clima frío y permanece nublado de manera constante. Osto Telemna puede hacerse visible a voluntad del Rey o de los líderes de la Orden, quienes pueden disponer el desvanecimiento de la neblina a su antojo mediante un proceso que solo ellos conocen y en el que usan artefactos que el resto ignora.
Una magnífica puerta abre el acceso a la ciudad, un acceso subterráneo, como su puerto. Tallado sobre la roca natural, por debajo de la gran fortaleza, algunos túneles que se entrelazan permiten llegar hasta un largo pasillo de suelos tan brillantes que reflejan las formas que sobre él se deslizan, los rombos que dibujan conducen a la puerta, unos enormes pilares sostienen parte de la ciudad. Lisos pilares de roca sólida, de color arena, que en su extremo superior adornan el camino con unas terminaciones que parecen pétalos de alguna flor. Sobre la puerta, vigilante y amenazante, una enorme gárgola rojiza descansa esperando la visita de algún enemigo para impedirle el paso.
Una enorme bestia alada de rostro alargado, cuyos ojos parecen siempre atentos, expectantes como los de un gato en posición de alerta, fríos y brillantes como la plata. Unas piernas de hombre, dispuestas en cuclillas, le sostienen sobre un nicho en la gran puerta, sus largos y fuertes brazos extendidos a los lados, como preparándose a saltar. De su espalda nacen un par de alas lisas como mantos que traen la oscuridad y la muerte con ellos. Sus manos y pies se asemejan a las garras de las aves de rapiña, hirientes e incisivas. La gárgola, a la que todos llaman, Varyarauko, parece estar agrietada por el paso de los años, pero algunos afirman que ha cobrado vida y a matado a quienes han podido llegar hasta ahí.
Otros cuentan que no hay forma de llegar conocida, que una gran muralla se mantiene a lo largo y a lo ancho de la entrada y que por más que se rodee a la ciudad, no hay entrada. Y en verdad nadie entra ni sale de ahí, salvo los iniciados en la enigmática Orden, los líderes de los ejércitos, y el Rey. Nadie más conoce la forma de entrar.
La Puerta se alza majestuosa sobre muchas columnas de piedra tallada, una en cada extremo y dos pares al centro formando dos pequeños arcos labrados que sustentan uno mayor, un gran arco labrado, sobre el cuál, se observa la misteriosa figura de Varyarauko. Al pie de cada columna, a pocos metros del suelo, nace una protuberancia que aloja los pebeteros, los cuáles contienen inciensos y fuego para alumbrar el camino. La luz que de ellos emerge, combinada con las frías estancias y la niebla mortecina que invade el lugar, le dan un aspecto terrible.
Detrás de la puerta unas largas y empinadas escaleras conectan al puerto con el interior de la ciudad, varios pebeteros con fuegos que jamás se extinguen iluminan la entrada a Osto Telemna. Al final de las escaleras se encuentra un enorme patio que conduce a diversos sitios en donde la vida sigue su curso normal, con sus casas habitadas por telpenianos; su capilla, el arsenal, la casa de curación, los jardines, las plazas, los patios, las estatuas que rinden homenajes a veces olvidados y una maldad que siempre está presente, que no se ve, que no se huele, pero que se siente en cada rincón de Tol-Telpëa.
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Osto Telemna cuenta con el Ejército llamado Rimbe-a-Angolie. El ejército de las serpientes.
Jefe de Flotas: Jeîsilark (Blackpearl)
Capitán: Hlóke Morna (Mekare )
Comandante: Exelder (Cardenal_Gasponte)
Personaje en el ejército: ___________
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