La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Casas De Curación

2005:01:31:16:30:04

Isiloth Elenmíre

Situadas en la ciudad costera de Telda Minya, se puede divisar el gran recinto donde están situadas las Casas de Curación del Concilio de Nan-Tasarion. Se trata de una gran construcción de piedra que alberga en su interior tres amplios jardines y un total de 25 estancias. Su construcción muchos años atrás, estaba encaminada a ser el cuartel de residencia de la guardia élfica que combatía en la zona. Con el tiempo, estas compañías abandonaron el lugar, quedando así el recinto libre. Este fue utilizado entonces para lugar de sanamiento y descanso, tanto para las gentes del Concilio como para los viajeros de tierras lejanas.

Encargadas del buen funcionamiento del lugar se encuentran Iorethil Lindissë y su nieta, Isiloth Elenmírë.

Isiloth Elenmírë fue reconocida en este cargo por su unión a Estë, la Valië gentil y aliviadora, además de por haber recibido lecciones de su abuela Iorethil desde la mas tierna infancia. De ella aprendió buena parte de sus conocimientos curativos y de hierbas. El resto de su sabiduría en este ámbito se la han conferido los años de experiencia.

Ambas están ayudadas por un grupo de 10 mujeres elfas, que por la experiencia de los años y las virtudes de su raza, conocen los métodos de cura necesarios para problemas menos graves. Estas mujeres provenientes de los bosques orientales son respetadas en su oficio tanto o mas que a las propias sanadoras.

En las Casas de Curación del Concilio Nan-Tasarion, no sólo son atendidas las personas sino que hace las veces de veterinario. De esto están a cargo las sanadoras y un equipo de entendidos formado por 5 hombres y 3 elfos. En el muro posterior del jardín sur de las Casas se encuentra el portón que comunica con una gran estancia aclimatada para la asistencia de los animales enfermos, generalmente corceles. Esta estancia se encuentra a su vez unida a las cuadras de la ciudad, de las que está a cargo Thórel Eladan.

Thórel Eladan

Las caballerizas... lugar predilecto de Thórel. Siendo el lugar que mas frecuentaba al dia, para ser honestos.

Amplias estancias sirven de cobijo a tan nobles compañeros de brega, de batallas incontables, de paseos bajo la luna, de alegre recorrido por las mañanas....

Junto.. casi al ladito de las casas de curación, allí se reune Thórel con sus camaradas cada día. Todos los días. Alimentandolos, bañandolos, peinando sus pelajes, entrenadolos en las praderas abiertas, colocandoles las sillas, preparandolos para ser montados, adiestrandolos noblemente, cuidando sus heridas, atendiendo además a otros animales de la ciudad, los de carga, los domesticos, los del arado, los abandonados...en fin.. nunca para el trabajo.. nunca se detiene el animo por seguir.. siempre alli sonriendo..

Incontables dias, pasando de aqui para alla, corriendo, montando, halando, curando.... si .. curando.. asi como Isiloth alli al lado.. alli donde todo aquel caido consigue reposo y sanacion... donde aquel cansado consigue nuevo aliento para seguir.. cuanto se parece nuestro oficio! y estamos alli solo a un solar de distancia.

Por las tardes, cuando el sol se opaca.. y la brisa marina embriaga el ambiente de forma serena y constante, con su peculiar aroma, alli tomando una buena taza de café, (o de infusión según el día) Thórel se sienta a ver el lejano oeste.. recordando cosas mientras sonrie levemente como si soñara despierto. A veces baja hasta la Taberna y charla un poco con los pobladores. A veces sobre su corcel cabalga en la noche y vigila las fronteras inmediatas ( al menos es esa una buena escusa para un buen paseo nocturno).

Desde muy temprano las puertas están abiertas dando la bienvenida a todo caminante que ha dejado su corcel bajo su cuidado, o están estos pronto para ser montados en una batalla furtiva.. siempre atentos, siempre listos.

Dice grande en un cartel al lado derecho del gran porton, como si fuese una leyenda del lugar:

\"El caballo es cresta, crín y cola al aire,

Pace heno y bebe agua clara

Ama los campos abiertos,

Las planicies.

No conoce dueño pues

Sus riendas son

del Alba\"

Ealido

Decididamente, Ealido no apreciaba las ciudades. Había oido alguna vez del mar y tenía curiosidad por verlo, así que se acercó por primera vez a Telda Minya en un día fresco y soleado. Pero, desafortunadamente, en una calle estrecha un tumulto la arrojó contra la pared, y al recuperar el equilibrio, notó un dolor persistente en el brazo, a pesar de que este no mostraba ninguna señal externa.

Mordiéndose el labio inferior, aguantó el dolor sin grandes problemas, y se sujetó el brazo en cabestrillo con la honda que llevaba siempre, no sin esfuerzo para hacer los nudos. Afortunadamente, un transeunte amable le preguntó qué le pasaba y le señaló el camino a un lugar donde la atenderían. La mujer desconfiaba naturalmente de la gente, y más de los habitantes de aquella ciudad, que le parecían ruidosos y ladinos. Pero no podía hacer otra cosa y se acercó a la puerta de un gran edificio, que ocupaba una manzana entera dentro de la ciudad.

Entrando a una sala par la gran puerta exterior, paró a una de las personas que circulaban de un lado a otro y parecían ser curanderos, buscando sus mejores palabras recién aprendidas para preguntar.

-¿Es esto las Casas de Curación? Me gustaría que... me miraran el brazo- y señaló el cabestrillo con la mano sana para enfatizar sus palabras.

Pell´kán

Un carro con provisiones varias llegaba del norte. Un viejo enano animaba a los caballos gritando que ya estaban llegando. Conocían los entreverados caminos del Nan-Tasariona de memoria como pocos, recorrían el camino cada dos despertares, hasta podría decirse que ya estaban aburridos de hacerlo, pero no, en cada nueva oportunidad parecían estar más animados.

Junto a las provisiones estaba sentado el gran hombre de piel oscura que hacía un tiempo había llegado a las Casas de Curación en busca de descanso y recuperación. Meditabundo, aunque con mirada profunda, observaba nuevamente el lugar, intentando descubrir espacios aún desconocidos. Y aunque parezca extraño los descubría. Cada lugar en nueva oportunidad abría nuevos recovecos, nuevos pasadizos, nuevos desniveles y, en definitiva, miles de entradas y salidas.

Este lugar le inspiraba cierta melancolía, que reservaba muy bien. Habiendo llegado del sur, sobreviviente de una emboscada que, no casualmente lo tenía como objetivo, allí, Telda Minya había sido el lugar que lo recibió, por tanto era la región del Concilio de Nan-Tasarion que más le recordaba lo que había dejado atrás. Esta tarde pasaría allí un rato, tras descargar y hablar algunas palabras con la señora Isiloth, volvería a internarse en la espesura del bosque, camino al noroeste.

Vio llegar a Ealido, y se detuvo a observar... celosamente.

Ealido

Tras hablar, la dejaron sola por un momento en la gran estancia. Entonces percibió la inquisitiva mirada del hombre, algo que la desagradó. No estaba acostumbrada a ser el centro de atención, ni a que la miraran directamente. Por un impulso sostuvo la mirada del hombre con una mueca de desafío, para hacerle bajar la mirada.

Ella tenía la piel más oscura que la mayoría de los seres de aquel reino, parte por la naturaleza de sus rasgos, parte por una vida al aire libre que la había curtido. Pero el rostro de aquel gigante (para su estatura, lo era) era el más oscuro que había visto en su vida: sin darse cuenta, le llamó la atención como sus propios rasgos exóticos llamaban la atención a la mayoría de los seres, elfos, hombres o medianos, que se tropezaban con ella.

Al no conseguir que el hombre desviara los ojos, se dio por vencida y se giró ostentosamente.

Pell´kán

Pell\'kán no era un investigador, él sólo sabía de lugares, espacios, refugios y escapes. Pero en esa ocasión fue un rapto de intuición lo que le haría poner un ojo sobre Ealido intranquilamente.

Tras hacer la descarga de las provisiones, el aterrador hombre sureño anduvo saludando a las personas de las Casas que lo conocían. Todos lo trataban amenamente. Los más curiosos descubrían que no se trataba de un medio troll como solía creerse de aquellas gentes, aunque si lo encontraran en circunstancias menos cómodas no lo tendrían tan claro.

Cuando anocheció Pell\' se sentó en los suburbios de Telda Minya a observar. No necesariamente estando alerta cruzó las piernas y se dedicó a seguir senderos imaginarios desde allí hasta la espesura del bosque... mientras los parpados comenzaban a pesarle placenteramente. Entre las vistas y el sueño se hizo la medianoche, y el hombre se quedó completamente dormido allí. Por la mañana partiría de vuelta al Nan-Tasariona.

Ealido

Aparentemente abandonada en aquel lugar pulcro y sorprendentemente calmado a pesar del ajetreo que conllevaba el cuidar de los enfermos, la mujer dejó de sentirse incómoda para considerarse insignificante, apoyada en un rincón. Cuando ya había perdido las esperanzas, una hermosa dama (pues sin duda era una dama por su porte) se acercó a ella. Si se sorprendió por ver una desgreñada y torva mujer de aspecto salvaje, lo dismuló muy bien.

\"Me parece que debía curaros vuestro brazo, señora, si no me han informado mal. Mi nombre es Iorethil Lindissë\"

Era de la raza élfica, la gente que había conocido por primera vez con Thinedhel. Él no era sino un medio-elfo, pero la mujer no estaba acostumbrada a las diferencias. La voz de la dama era hermosa y calmada, y sin pensar Ealido le dio a ver el antebrazo.

\"Parece que no hay nada roto dentro del brazo... el codo está en una posición extraña. Puede ser una...\" y dijo una palabra que ella no entendió, pues su dominio de la lengua no era tan grande, pero supuso algo parecido a torcedura. \"Este vendaje ha sujetado aceptablemente el brazo, ¿os lo habéis hecho vos? De todas formas, va a ser necesario cambiarlo e inmovilizarlo por unos días, despues lo podremos quitar.\"

La elfa vio la tristeza, o tal vez la desesperación, en el rostro de Ealido. La mujer no tenía la menor intención de permanecer un minuto más en aquel lugar concurrido, y ahora estaba obligada a permanecer en la ciudad. Con un brazo inmovilizado no podía hacer su vida normal en el bosque.

\"¿Dónde os alojáis?¿No tenéis alojamiento?\"

\"Pues... no. No tenía pensado quedarme\"

\"No hay ninguna habitación libre en estos momentos, lo siento. os recomiendo que vayáis a la posada, id en mi nombre y os ayudarán. Nos veremos dentro de unos días.\"

Isiloth Elenmíre

Aquel día Isiloth tenía turno de tarde en las Casas de Curación. Después de comer en la taberna se dirigó allí un poco antes de la hora prevista, pues le gustaba charlar con sus compañeros antes de que acabaran su turno y se fueran. En esas conversaciones hablaban tanto del estado de los enfermos como de sus familias y cualquier tipo de suceso relevante que les pasara de un día a otro. Según le habían contado sus compañeros, esa tarde no tendría demasiado trabajo, tan sólo un par de curas.

La elfa se paseó por delante de las habitaciones, pero la mayoría estaban dormidos después de haber comido, así que decidió dedicarse a regar las plantas de los jardines y las estancias.

Cuando regaba las orquídeas del jardin central, Cadhran, llegó sigilosamente por detrás y le dió un susto a la elfa. Cadhran o Cadh como ella le llama es un niño de la raza de los hombres que esta allí internado por un problema en las piernas. La joven elfa se dió la vuelta y le dijo:

- Pero bueno señorito!! Que quieres matarme del susto??

El joven tenía una sonrisita nerviosa en los labios, pues sabía lo que pasaba siempre que se veían por primera vez en el día.

- Alomejor lo que estás buscando es un poco de guerra, eh??

El niño dio tres pasos para atrás y se hechó a reir. Isiloth salió corriendo tras él. Cada día ella le perseguía para cogerle y hacerle cosquillas, pues al intentar escapar, Cadhran trabajaba la movilidad de sus piernas y a la vez se divertía pues era el único niño que estaba internado. Cuando ya el chico no podía correr mas ella le agarró y comenzó a hacerle cosquillas...el chico no paraba de reir y gritarla que parara.

- Bueeno bueno...te dejaré si me prometes que esta noche te tomás las medicinas sin rechistar. ¿Trato hecho?- El niño dudó pero ella volvió a hacerle cosquillas y el chico accedió.

- ¿Qué te parece si me esperas un rato a que acabe esto y jugamos a las historias? Hoy te toca empezar a ti, así que ves pensando.

El juego de las historias consistía en que cada día uno inventaba unos personajes y el comeinzo de una historia y luego entre los dos la iban completando. Al final, Isiloth la escribía en un libro que tenía Cadhran y luego él era se encargaba de dibujar a los personajes, los lugares...Así conseguían entretenerse cuando no había nada que hacer.

Ganfika

Sin lugar a dudas, en las Casas de Curación se respiraba una atmósfera tranquila y distendida, ya que hasta ese momento no había habido ningún momento de guerra o epidemia.

Desgraciadamente, un grupo formado por dos elfos, dos hombres y una hobbit hizo su aparición. No es que no fuese bienvenido, ¡ni mucho menos!, lo malo eran las noticias: acababa de tener lugar, en la Feria de Telda Minya, una pelea, de inicios aún desconocidos; el balance fue de una decena de heridos, la mayoría niños. Isilioth les abrió las puertas y les ayudó a colocar en lugar cómodo a todos los heridos. Mientras les decía dónde ponerlos, no pudo evitar de hacer la pregunta...

- ¿Qué ha pasado? Nunca había visto a tanto herido viniendo de repente todos juntos, tiene que haber sido algo grave...

- Ha decir verdad, empezó Encaitar, no sabemos aún muy bien cómo empezó todo, el caso es que hubo una pelea en medio de la Feria, y este ha sido el balance final...

- Así es, cuando vimos que había un alboroto, nos juntamos nosotros cuatro e intentamos apaciguar todo lo que estaba aconteciendo, mientras esta pequeña hobbit ayudaba a los heridos, añadió Pell\'kán.

Isilioth sonrió a la hobbit, diciéndole que tanto el trabajo de sus compañeros como el suyo, fueron actos heroicos; oyendo esto, Ganfika se ruborizó, sonrió y dijo:

- ¿Acaso podría seguir ayudando, al menos un par de días, hasta que todos los heridos puedan volver a valerse por sí mismos?

Isilioth asintió y acompañó a los cinco compañeros a un sitio cálido, para darles algo de comer y para que se relajasen, después de las emociones vividas ese día.

[Editado por Gweinita el 14-11-2004 17:42]

Hecil

Tras asegurarse que los niños estaban a salvo, y que los heridos habian estaban en buenas, en las casas de curación, Hecil se despidio de sus aquellos que le habian rescatado, abandonando las casas de curación y perdiendose entre la multitud.

Isiloth Elenmíre

Cuando Isiloth vio aparecer aquella comitiva lo primiro que pidió fue que alguien se acercase a casa de su abuela y la avisara, pues ella era la máxima entendida en la materia y necesitaban gente, ya que tan sólo se encontraba el personal de guardia: ella y dos enfermeras.

Ganfika se prestó voluntaria para ir a buscarla. Cuando llegaron Iorethil y la pequeña hobbit, Isiloth ya había diagnosticado superficialmente a todos los heridos. Por suerte ninguno de los heridos presentaba una lesión grave y por supuesto no se temía por la vida de ninguno. Los peor parados en aquella pelea habían sido dos niños que presentaban fracturas de huesos y por supuesto Encaitar. Este tenía rotas dos costillas y la parecía que también la nariz. A pesar de ello había llegado por su propio pie.

Cuando todo estuvo mas calmado, Iorethil entró en la sala de curas principal con Encaitar mientras que Isiloth se dedicó a los dos pequeños. Dos de las enfermeras se dedicaron a preparar en las cocinas, los remedios q las sanadoras les pedían mientras que otras 3 enferemeras avisadas por Iorethil, estaban curando a los demás heridos.

Habían pasado dos horas, todos los enfermos se hallaban descansando en estancias separadas, y algunos como Hecil, ya se habían marchado, deoyendo los consejos de las enfermeras. Todos menos uno. Iorethil y Encaitar aun se hallaban a puerta cerrada en la sala de operaciones. Hacía mas de media hora que la joven Isiloth había entrado también a ayudar, pero de aquel lugar no salía ninguna información, tan sólo muy de vez en cuadno el leve gruñido de aquel hombre.

[Editado por Lanoom el 15-11-2004 12:52]

Encaitar Taronthion

El elfo paso un buen rato recibiendo los cuidados de Iorethil, ya que durante el combate se le habia salido el hombro y tenía una gran contusión en uno de los costados, cuando salio la elfa Encaitar reposo durante toda la noche

Ganfika

Con gran alegría de haber sentido que había podido ayudar en algo, Ganfika durmió un rato. Al no poder conciliar el sueño, cosa bien rara en ella, decidió dar una vuelta por la estancia en la que se encontraba. Sin llegarle el sueño, se puso a componer un poema, cosa que no hacía desde hacía mucho tiempo.

El poema trataba sobre los hobbits en general, en efecto, se podía ver como hechaba de menos el ver a alguien de su mismo tamaño aunque lo disimulase para que nadie, inintencionadamente, despertase en ella esa melancolía que guardaba en lo más profundo de su corazón.

A la mañana siguiente, la joven hobbit fue a visitar a su amigo elfo, Encaitar, para ver como se recuperaba.

- Sí que has madrugado, creía que era Isilioth para el reconocimiento matinal. ¿Te ocurre algo?

- No, que va. Es que no he dormido en toda la noche, sólo quería que llegase el día para poder hablar con alguien... ¿Te sientes mejor? a ver si te recuperas pronto, ¿eh? ¡Qué quiero seguir andando por esta ciudad! y como ninguno de los dos la conocemos aún bien, pues así al menos la descubrimos juntos.

Encaitar sonrió y asintió. En aquel preciso momento, entró Isilioth para, como había dicho antes el elfo, el reconocimiento matinal.

Hecil

La noche ya era cerrada, por las calles de Telda Minya solo quedaban aquellos que apuraban las últimas copas en las tabernas, sus canciones llenaban las calles, que hablaban de marineros y bellas damas:

Soy un marinero que mañana partiré en un bajel,

Y hoy busco una dama que sus besos sepan a hidromiel.

Se podía escuchar estos cánticos por las solitarias calles de Telda Minya, que después de la excitación, del primer día de la feria buscaba el reposo de la noche para prepares para una nueva jornada de festejos.

Pero bajo la luna llena, y la oscuridad de la noche las conspiraciones salen a la luz, dos figuras surgieron al encuentro de una tercera que se acercaba veloz desde las casas de curación.

Infórmame de la situación, dijo uno de los hombres. El hombre que venia de las casas de curación, con la voz aun jadeante, se dispuso a informar:

El viejo esta en las casas de curación, su estado es grabe, y por eso no ha podido hablar con ellos todavía, el chico aun tiene el objeto, pero ellos aun no lo saben.

Sabes donde se encuentra, interrumpió el segundo hombre.

En la segunda planta del primer edificio, cruzando el jardín. Respondió inmediato el informador.

Perfecto los hombres están en posición, respondió el primer hombre.

Si señor respondió el informador, todos están en posición y esperando las órdenes para dar comienzo la operación.

Perfecto esta noche recuperaremos el objeto y el viejo morirá. Dijo el primer hombre, después mirando a su compañero, le dijo encárgate de la operación al finalizar nos encontraremos en el almacén.

De acuerdo señor, con una reverencia se despidieron del hombre que se perdió en las sombras de la noche. Vamos sígueme, no puede haber ningún error.

Al cabo de unos instantes un grupo de sombras comenzaron a infiltrarse sigilosamente en las casas de curación, se movían veloces, bajo la protección de la noche.

Encaitar Taronthion

Isiloth había recomendado al elfo que permaneciese una noche más y que ya podìa partir de nuevo, cuando la elfa salio de la estancia volvio a pasar Ganfika, la alegre hobbit:

-Bueno y ¿qué te ha dicho? -preguntó con una sonrisa la hobbit.

-Pues me ha dicho que me quede una noche más, si no te importa ¿te quedas conmigo ha hacerme compañia? -respondió el elfo

-Claro que si -dijo Ganfika.

-Es que no conozco a nadie por aquí excepto a tí y a nuestros misteriosos amigos -añadió Encaitar.

Estuvieron conversando durante todo el día, durante bastante tiempo recorrieron las casas de curación ya que el elfo no podía tirarse otro día más tumbado y decidieron dar un paseo. En uno de sus encuentros con Isiloth, Encaitar le pregunto sobre el anciano que había sido atacado.

-Isiloth perdona un momento -dijo el elfo.

-dime -respondio la elfa.

-¿Qué tal está el hombre que ingreso junto conmigo?¿Podría hablar con él? -preguntó Encaitar.

-Me temo que eso es imposible, señor el hombre esta muy nervioso y no quiere ver a nadie cerca, me ha costado mucho tiempo intentar revisarlo ya que dice que unos hombres le persiguen y van a por él -respondio la elfa.

Tras esto la hobbit y el elfo siguieron con su paseo hasta que entro la noche y cada uno se fue a su habitación. Encaitar no podía y empezo a pensar en el hombre, no sabia porque había sido atacado y queria obtener información sobre el porque del ataque y sus atacantes ya que eran expertos luchadores. Recordando las palabras de Isiloth sobre el hombre, entonces el ataque fue predemitado y penso que los hombres regreserian para acabar tanto con el viejo como con el chiquillo, pero ¿qué relación tenia el chiquillo con todo esto? ¿Si despues de atacar al viejo fueron detras del chico entonces este tambien estaría en peligro.

Puso todos sus sentidos en alerta y cogió sus armas, pensaba esperar por si los agresores regresaban y esta vez no le pillarían tan desprevenido con la vez anterior.

Hecil

Ganfika y Encaitar decidieron dar un ultimo paseo por los jardines antes de volver a sus habitaciones y descansar, sin sospechar que el enemigo ya se habia infiltrado en el edificio.

Los infiltrados, 12 hombres en total, se ocultaban en la oscuridad con sus largas capas negras, llebaban espadas, y material suficiente para escalar hasta las habitaciones.

Dos de ellos se habian quedado en la puerta neutralizanda al vijilante, que desprebenido, fue reducido con facilidad, un grupo de tres hombres cruzo el patio y se interno en el jardin, escondiendose entre los arbustos, al paso de Ganfika y Encaitar. Su mision eliminar a todos los guardias.

Mientras que El lider y cinco compiches mas se movio deprisa hasta el edificio principal de las casas, trepando por el balcon y listos para buscar al anciano y al chico, y recuperar el objeto.

Mientras que el grupo restante llego hasta las cabellerizas con la intencion de incendiarlas, si las cosas se complicaban, a modo de distraccion y permitir a los demas escapar aprobechando la confusion.

Encaitar Taronthion

Encaitar se quedó observando a través de la ventana en silencio, cuando un leve sonido entró por ella, el elfo rápidamente miró por ella a través de la oscuridad, el sonido procedia de las caballerizas que eran colindantes a la habitación del elfo.

Un leve movimiento atrajo su atención era el movimiento de una capa, gracias a su vista pudo captar la silueta de varias personas que se dirigían hacia el lugar, entonces supuso que precisamente no eran visitantes ya que estos no tratarían de pasar desapercibidos en la oscuridad.

El elfo se cubrío con su capa de viaje, hecha antaño por en el reino de Doriath para pasar desapercibido en los bosques y en la oscuridad, ató su espada al cinto, cogió el carcaj y se lo ató a la espalda debajo de la capa y el arco lo llevó en la mano.

Entonces se dirigió hacia la ventana y con gracil movimiento saltó hacia el suelo sin producir el más mínimo ruido en su caida, aunque cuando tocó suelo un dolor recorrió todo su pecho pero reprimio el quejido para no ser delatado por los asaltantes.

Sigilosamente y a una distancia prudencial se colocó de las caballerizas, un grupo de seis hombres estaba dentro el perfectamente podría vencerlos a todos ya que poseía una gran ventaja sobre ellos bajo el extenso manto de la noche pero no quería arriesgarse a que pudiese haber mas dentro y permaneció un rato al acecho

Ganfika

Hace una noche preciosa, pensó Ganfika, y sería una pena no poder disfrutar de ella aunque fuese un poquito. Y es que la pequeña hobbit seguía con sus problemillas de insomnio, así que decidió salir a tumbarse en la hierba y mirar las estrellas y, sobre todo, su constelación preferida, la Hoz.

Una vez fuera, andubo unos pasos para encontrar así un buen lugar desde el cuál admirar las estrellas, y quién sabe si no le inspirarían tanto como para componer alguna canción... Cuando encontró porfin un sitio idílico, se tumbo, pero oía una respiración, que no era precisamente la de algún animalillo. Se incorporó y girando la cabeza vió a seis personas tumbadas. Ganfika ahogó un grito, y tan sigilosamente como había venido, intentó escabullirse sin que nadie se diese cuenta. No se apartó mucho para poder escuchar las conversaciones de aquellas gentes:

- Está bien, ahora no pasa nadie, todo parece estar tranquilo, actuemos de una vez.

- No seas insensato, y no te precipites, es lo que siempre os pierde muchachos; tenemos que esperar lo menos quince minutos más, dijo el que parecía el líder.

- ¡Pero para entonces ya habrá amanecido!

- Perdoname, no hace ni tres horas que ha anochecido, y te recuerdo que estamos en invierno, con lo que la noche dura más... Si es que quién me mandará cogeros para una misión de tal magnitud...

Después de esta estúpida conversación, la joven hobbit se dió cuenta de que no sería muy dificil neutralizar a este grupo, aunque pensandolo mejor, lo mismo sí ya que seguramente fueron ellos los que idearon toda la reyerta que tuvo lugar en la feria... Fuera lo que fuese, había que paralizar toda acción de este grupo, pero ¿cómo hacerlo?

Hecil

Bajo la atenta de mirada de Ganfika, uno de los hombre lanzo un garfio, con un ruido sordo casi imperceptible, el garfio se clavo en una de las balconadas del edificio, una vez que se aseguro que estaba bien sujeto, informo a sus superior que todo estaba listo.

Entre los susurros de la noche Ganfika, por fin descubrió el nombre de aquel personaje oscuro y silencioso, el viento transporto el nombre que pronuncio uno de los esbirros Rajack.

Bajo la luz de la luna su rostro se ilumino, describiendo sus facciones duras, y marcadas por muchas años de combates y escaramuzas, una larga cicatriz recorría su rostro, y se movía con mas sigilo y precaución que ninguno de los que estaba allí.

-Bien ahora nosotros cinco nos infiltraremos en la casa, tu quédate aquí, una vez que hayamos subido, da la señal para que empiece la distracción, nuestro informador nos ha dicho donde están los objetivos, es hora de zanjar este asunto. Dijo Rajack con su voz dura.

Lentamente los hombres comenzaron a trepar uno a uno por la cuerda, mientras que el centinela permaneció abajo sujetándoles las cuerdas, hasta que el último de ellos había subido, después desde arriba se descolgó el garfio. El centinela se apresuro a recogerlo y esperar el tiempo convenido en las sombras antes de continuar con su parte del plan.

Encaitar seguia observando con curiosidad a los hombres, estaban preparando algo pero aun no apreciaba muy bien lo que era, los hombres se habían dispersado, uno de ellos de se encargaba de calamar a los caballos, para no levantar sospechas, otro de ellos montaba guardia en la puerta, su mirada se concentraba en el edificio principal, esperando algún tipo de señal. Los de más hombres se apresuraban a amontonar pacas de paja en varios montones, después uno de ellos repartió unas bolsas entre los hombres, y les insto a que las colocaran en los montones de paja.

-Uno de ellos murmuro, tened cuidado no queremos que arda antes de tiempo, se estropearía toda la diversión.

Encaitar Taronthion

Encaitar todavía oculto entre las sombras observaba las figuras aunque con la escasa luz que proporcionaba la luna aquella noche no podía distinguir claramente lo que estaban haciendo, aunque su oído captaba todo lo que ocurría en el interior, hasta que una voz le sobresaltó:

-Tened cuidado no queremos que arda antes de tiempo, se estropearía toda la diversión -dijo una de las figuras en un murmullo apenas audible, aunque no para un elfo. Gracías a la voz pudo situar a la figura y la veía claramente moverse a traves de las otras cargando lo que debía de ser paja.

Entonces el elfo se dió cuanta de lo que tenía que hacer, ya que habia observado a la luz de las caballerizas y sabía que cerca debían de encontrarse barriles y abrevaderos llenos de agua que le servirían para empapar la paja y evitar así que esta ardiese.

Encaitar cargó una flecha y si su plan le salía bien no levantaría sospechas y evitaría asi que el edifcio se quemase. Tenso la cuerda de su arco lentamente para que no emitiese ruido alguno, disparó. La flecha silbó en el aire y por suerte dió en el blanco, ya que escuchó el ruido seco de la flecha clavandose en la madera. Realizo esto dos veces más y tuvo el mismo efecto que la anterior, aunque dejó un intervalo de tiempo para que no se notase sus acciónes y asi, ir empapando los fardos de paja.

Cuando disparó la última flecha una de las figuras se interpuso en la trayectoria y se le clavó en la espalda haciendo que cayese con un ruido extraño. Se escuchó una voz:

-¡Cuidado nos atacan, comenzar a hacer vuestro trabajo!

Entonces Encaitar salió a la carrera, desenvainando su espada. El guardían que estaba en la puerta no tuvo tiempo de defenderse ya que a luz de la luna solo llegó a ver el brillo del filo de la espada antes de que esta le cortase la cabeza.

Dentro de las caballerizas dos figuras le cortaban el paso mientras que los otros dos intentaban prender fuego a los fardos de paja. Se acerco al individuo situado a la derecha y le asestó un golpe en la nariz, ahora los veía con mas claridad y ellos apenas podian observale. Tras la caída del individuo se giró hacia el otro pero este había lanzado ya el ataque con su espada, que por poco el elfo consiguio escapar, pero por mala suerte el individuo le golpeo con su pierna sobre la rodilla haciendo que el elfo se arrodillase pero antes de que volviese atacar rodó sobre si mismo y situarse detras de él, y le asestó una estocada que le atravesó el pecho.

Al individuo que había golpeado se habia puesto de pies y movía su cabeza buscando a su agresor, Encaitar sacó una pequeña daga y antes de que se le acercase se la arrojo incrustandosela en el gaznate. Ahora solo le quedaban dos individuos que no se percataron del elfo ya que seguian intentado prender fuejo a la paja. Cogio de nuevo el arco y disparó una flecha al mas cercano que se desplomo al instante, y cuando fue disparó la segunda flecha, pensaba que había evitado una catastrofe pero no fue asi, antes de que la flecha llegase a su destino, el individuo consiguió prender el fuego, antes de caer muerto.

Encaitar con rapidez acercó rapidamente un cubo de agua para apagar el fuego y lo consiguió por suerte su trabajo de empapar la paja retraso la expansion del fuego.

El elfo volvio a entrar al edificio por la puerta lateral de las caballerizas.

Hecil

Tras salir de las caballerizas Encaitar observo que un hombre aparecía a lo lejos, se ocultaba en la sombra y miraba hacia las caballerizas, el hombre vio ha Encaitar y desde la esquina de donde se ocultaba empezó ha hacerles unas serie de señales y después rápidamente desapareció de la vista de Encaitar .

Sorprendido pro aquello Encaitar, volvió ha entrar en las caballerizas y se quedo pensando un momento Aquel hombre debe ser uno de los rufianes, seguramente debe ser la señal para que las caballerizas comiencen a arder, pero que debo hacer, sino arden sospechara algo debo actuar con rapidez, pero que hacer.

Pero ajeno a todo ello Encaitar, no sabia que el también estaba siendo observando, en la profundidad de las caballerizas había alguien mas, oculto en la sombras de uno de los pajares superiores. Mientras Encaitar seguía pensando disparo varias flechas, Encaitar con rapidez se puso a cubierto, pero ninguna le dio, sin poder saber de donde procederán aquellas disparos Encaitar permaneció agazapado tras unos barriles.

Entonces escucho una voz femenina que procedía de lo alto del pajar.

-Si yo fuera tu saldría de aquí de inmediato, el liquido que han rociado sobre la paja , combinado con lo que llevan mis flechas, harán que esto arda en unos instantes, de nada servirá el agua que has echado sobre la paja. Antes de que la misteriosa mujer pudiera decir nada mas, la paja comenzó ha arder con fuerza, las llamas iluminaron las caballerizas y Encaitar pude ver la silueta de la mujer, de piel oscura, larga melena plateada y profundos ojos grises que se iluminaban con la luz del fuego que iluminaba el lugar, bestia con una larga capa negra, en su mano portaba un arco largo y en la derecha una flecha.

Veloz como el rayo la mujer tenso el arco y disparo contra Encaitar, a duras penas consiguió esquivar el certero disparo, obligándole ha echarse al suelo. Cuando se volvió ha levantar la mujer ya había desaparecido.

Mientras tanto Ganfika que vio como solo quedaba un villano, despues de ver como hacia las señales, decidió que aquel era el momento mas propicio para actuar, pues solo habia un hombre al que enfrentarse y con aquella oscuridad y sus habilidades para pasar desapercibida no seria muy complicado sorprenderle.

Ganfika

Ganfika vio todo lo sucedido desde el alto de un árbol. Al ver a Encaitar, se puso muy nerviosa ya que ella sabía que no estaba recuperado del todo, y que podía caer en cualquier instante, pero aún así, decidió no intervenir, al menos por el momento.

Habiendo oído los disparos de flechas y luego unas palabras de tono maléfico, decidió bajar unas ramas para poder ver mejor, y evaluar si la situación requería su ayuda, aunque fuese mínima. Después de ver las caballerizas arder, bajó dando un brinco, y vió cómo quedaba una silueta a las afueras, y nadie más. Entonces pensó:

- No sé dónde estará Encaitar, pero espero que esté bien. Ahora no lo veo y no puedo hacer nada por él, lo único que puedo al menos intentar es derribar a este hombre que está aquí... pero está claro que voy a intentarlo por el bien de todos los aquí presentes, en esta ciudad.

Y sin pensarlo más, gateó hasta donde se encontraba el hombre, que no se dió ni cuenta, ya que estaba absorto por la belleza de aquellas llamas que parecían acariciar el cielo oscuro, y transmitirle un poco de su vivacidad. Al estar completamente tumbada detrás suyo, la hobbitse movió rápidamente para así doblarle las piernas y que cayese al suelo: y así fué. Aquel ser empezó a gruñir muy fuertemente, se dió la vuelta, pero no vio nada; la pequeña hobbit se escondió en un arbusto que no estaba a más de un metro. El hombre se incorporó, y escudriñó toda la zona, cada arbusto, hasta llegar en el que se escondia Ganfika, que no pudo evitar soltar una carcajada, lo que la perdió. Aquel hombre se tiró sobre el arbusto y agarró a Ganfika con sus dos enormes manos por el cuello, para dejarla así sin respiración. Ella, que ya se había visto en situaciones difíciles, se acordó de todo su horrible pasado, de la matanza de sus padres, y con gran valor, alargó su brazo y cogió su puñal y se lo clavó en el corazón: el hombre moribundo la soltó porfin, y después de maldecirla a ella y a toda su raza, sólo dijo tres palabras:

- niño... anciano... venganza...

Y cerró los ojos para no volver a despertar.

En ese momento, Ganfika le sacó el puñal que de tantas situaciones complicadas la había salvado, lo limpió y se lo volvió a guardar, pero en ese mismo instante, volvió a oir voces, está vez de su interior, que le decían que fuese las caballerizas, que a lo mejor Encaitar seguía allí, o que alguién como aquel villano seguía allí. Corrió hasta allí, y se encontró a Encaitar, rodeado de llamas, tendido en el suelo y casi sin aire. La joven hobbit, muy asustada pero intentando simular lo contrario, le pasó a su compañero elfo un trozo de tela para que se lo pusiese en la cara, y no aspirar así gases tóxicos. Rápidamente, Encaitar se pudo incorporar, y salir con ella de aquel lugar.

Una vez fuera, Ganfika ayudó a Encaitar a ir hasta su habitación, hechándole la bronca por haber salido de ella.

- Ganfika, puede que no me conozcas aún, pero lo tenía que hacer. ¡Oh! ¿Qué es ese cuerpo que veo allí?

- Pues... es un hombre que me atacó... bueno, le ataqué yo primero, pero... aisss, ¡lo tenía que hacer yo también!

- Te entiendo, dijo sonriendo, lo que pasa es que ha habido al menos dos personas que han escapado si no son más...

Ealido

Los días pasados habían sido agradables, y Ealido se había encontrado tan agradablemente como le era posible en la posada, con sus dos afables anfitrionas. Había aprovechado la feria para comprar algunas cosas que no podía fabricar ella misma en el bosque, y por fin, había conocido el mar. Pero estaba deseosa de volver a la penumbra y tranquilidad del bosque, y al rayar el alba se puso en camino a las Casas para que le quitaran por fin la venda.

En el gran recibidor no había nadie, pero se oían ruidos atrás. No era muy aficionada a meterse en los asuntos de los demás, pero decidió adentrarse en el (para ella) embrollo de pasillos y patios. Cuanto más se acercaba, más calor sentía y, al entrar en el patio final, vio al fin el resplandor del fuego. Dos figuras estaban en el patio, iluminadas por él y por la luz naciente del sol.

Los relinchos de los caballos, asustados por el fuego, causaban un gran alboroto, pero por si acaso habría que hacer algo más para atraer la atención de los residentes.

Ealido se acercó corriendo a las dos figuras, una un elfo alto y la otra una mujercita más baja que ella. En el patio había un pozo y varios cubos de metal. Ante la sorpresa de ambos, le dio un cubo y un palo a la mujer, pues el hombre parecía estar más débil, diciéndole:

- Golpéalo lo más fuerte que puedas, vete por los pasillos avisando.

Ella se fue a llenar otro de los cubos al pozo para comenzar a apagar las llamas.

[Editado por Ancalime el 06-12-2004 19:25]

Ganfika

El elfo y la hobbit se miraron atónitos con la rápida entrada en juego de aquella mujer a la cuál nunca habían visto. Ganfika titubeó, no sabía si hacerle caso, o quedarse con su compañero, ya que este no se tenía en pié.

- Ve y haz lo que te ha dicho, no pudes quedarte aquí ayudando a este pobre elfo que no puede avanzar y mientras tanto dejar que las caballerizas sigan ardiendo, ¡quién sabe si puede extenderse a todas las Casas de Curación! Así que ya sabes, ayúdame a acercarme a este árbol, corre a dar la alerta, y vuelve aquí, quiero que hablemos un momento, están pasando cosas muy raras, que estoy seguro has observado... tenemos que actuar. ¡Hasta ahora!

Y la hobbit salió corriendo con el cubo que le dió aquella mujer, dándole golpes muy fuertes.

Habiendo llegado a la habitación de Isilioth, Ganfika se quedó con los pies clavados en el suelo hasta que ésta salió muy alarmada.

- Pero, ¿qué pasa?

- Las caballerizas están ardiendo, he despertado a toda la gente que he podido, ¡es que puede que se incendie todo el recinto!

- Muy bien, vayamos a ayudar y a extinguir el fuego.

Toda la gente que Ganfika pudo alertar estaba ahí extinguiendo el fuego; mientras tanto, Encaitar y Ganfika conversaban sobre lo ocurrido

Hecil

El fuego comenzó a propagarse con rapidez, sus llamas devoraban con ferocidad la paja, el grano y las vigas de madera, pronto la columna de humo fue visible por toda la ciudad. Mientras la voz de alarma corría ya por todo el recinto. La tranquilidad que siempre había reinado en las casas de curación, era substituida por los gritos de la gente al salir de las habitaciones, presos del pánico, las campanas de alarma repicaban por todo el recinto, los refuerzos llegaban y comenzaban a formar cadenas humanas para controlar el incendio, mientras otros se encargaban de abrir la caballerizas y poner a salvo a las caballos.

Mientras tanto, en una de las habitaciones, un anciano observaba con miedo y temor el incendio, sin saber que hacer e hipnotizado por las llamas permanecía en su habitación agazapado junto a la ventana. Tras un estruendo se abrió la puerta de la habitación, una figura grande cruzó veloz la puerta empuñando la espada.

-Al fin nos volvemos a ver viejo, dijo con un voz profunda.

-Rajack ¡!, exclamo el viejo, su rostro se oscureció, y se arrimo todo lo que pudo a al pared.

-Veo que te acuerdas de mi, bien nuestro señor quiere ganas de volver a verte, tienes algo que le pertenece, algo que tus hermanos habéis fallado en proteger.

-Yo no tengo nada, lo perdí en la feria, ya no esta en mi poder. Respondió el anciano.

-Bien veo que has seguido al pie de la letras tus instrucciones y no has hablado con nadie, grabe error, esta gente igual te podría haber protegido, pero siempre fuisteis demasiado orgullosos, ahora todo esta perdido.

Al cabo de unos instantes una alguien mas entro en la habitación, era una figura mas pequeña, de fina silueta. La figura llevaba algo al hombro.

-Ha Camrry has traído al chaval, tiene lo que necesitamos. Pregunto Rajack.

-Aquí esta, respondio.

Dejando al chico en el suelo extrajo de una pequeña bolsa de cuero, un gran diamante rojo, a la tenue luz de la habitación comenzó ha resplandecer con fuerza, dotando a la habitación de un colorido rojizo, y al mismo tiempo que su intensidad aumentaba se podía sentir una presencia maligna. Despues Camrry guardo la joya y se la entrego a Rajack.

-Vamos cogerlos, los lleváremos con nosotros por si hay problemas. Dijo Rajack.

El anciano agarro al chico con fuerza, después pronuncio unas palabras y un estallido de luz inundo toda la habitación, la luz fue vista desde muchos lugares, y aquellos que estaban apagando el fuego permanecieron quietos unos instantes, temiendo lo peor y que otro incendio se producía. Después el anciano intento arrebatar la joya a Rajack, pero le fue imposible. Cuando la luz ceso, obligo a sus hombres a cargar con el chico y el viejo.

-Vamos de prisa, esta última acción del viejo arruinara nuestra distracción, ha llamado demasiado la atención, hacia los muelles rápido. Grito Rajack a sus hombres.

Isiloth Elenmíre

Aquella mañana había sido bastante movidita, no había parado de trabajar en las Casas de Curación debido a un accidente en el puerto del que habían resultado seis heridos. La joven Isiloth estaba rendida cuando llegó a su habitación. A penas tardó diez minutos en dormirse.

Cuando a penas llevaba dos horas de sueño, la puerta de su habitación se abrió de golpe. La pequeña Ganfika entró en su habitación y le contó que las caballerizas estaban ardiendo. Isiloth se levantó a toda prisa, cogió la capa, el cinto y las armas y salió corriendo de la habitación situada en la planta superior. Al salir comprobó para su horror, que la hobbit estaba en lo cierto. Del fondo del recinto, un humo negro se alzaba amenazador hacia el claro cielo azul.

- ¿Cómo ha podido ocurrir esto?, dijo Isiloth mientras coorían veloces por los pasillos hasta las demas habitaciones.

- Ahora no hay tiempo, sólo puedo decirte que no ha sido un accidente.

La joven sanadora no supo encajar aquellas palabras, ¿como alguien iba a querer quemar un recito de sanación?, ¿Qué clase de ser haría algo así?...Entonces recordó todo lo que le habían contado de la rellerta que había ocurrido en la plaza de Telda Minya durante la feria de aquella tarde.

- Encaitar!, -Dijo Isiloth, -¡Sus asaltantes!

La joven Ganfika asintió.

- Muy bien, yo sacaré a los pacientes junto con mis enfermeros, vosotros ocupaos de los animales, intentad que no trascienda el fuego al jardin interior de las casas, por lo que mas quieras.

- Está bien! Dijo la hobbit, y corrió de nuevo hacia las caballerizas.

Isiloth, fue golpeando las habitaciones de los enfermeros a la voz de ¡Fuego!. Al mas joven de todos ellos, lo mandó a la ciudad a avisar a su abuela Iorethil y a Earondur.

Isiloth mandó a los enfermeros que siguieran evacuando el jardín posterior primero, luego el anterior y atendieran a los que lo necesitaran. Ella, salío corriendo hacía las caballerizas, con la mano en la empuñadura de su espada, pues presentía que iba a necesitarla.

Cuando se encontraba a la altura del pozo del segundo jardín, una gran destello rojo la cegó por un instante. Tras unos segundos, de la puerta trasera entraron Ganfika y Encaitar y se quedaron mirando hacía la planta superior. Después los tres se miraron y Encaitar gritó:

- ¡Subamos!

Encaitar Taronthion

Cuando Ganfika partió a avisar a Isiloth, Ealido y Encaitar con la ayuda de un joven muchacho, sacaron a los caballos asustados fuera de las casas de curación para protegerlos del fuego antes de que se expandiera. Al cabo de un rato regresó Ganfika. El elfo y la hobbit partieron hacia los pisos superiores, pero antes de hacerlo, Encaitar le dijo a la joven que se les había unido.

-Quédate aquí he intenta apagar el fuego nosotros subieremos a ayudar a los enfermos, si te es imposible sube y buscanos.

Cuando los dos figuras llegaron hasta la puerta de Isiloth, unn destello de luz roja, se extendio por todas las casa de curación procedente de los pisos superiores. Isiloth y el elfo se miraron y dijo la joven:

-¡Subamos! ¿Sabes de donde proviene, no?

-Si, es de la habitación del anciano.

Corrieron lo más rapido posible, escaleras arriba intentando llegar a tiempo para poder salva al viejo

Thorjil

Estaba cerca de las casas de curación cuando tres hombres se interpusieron en el camino con las espada desenvainadas. Yo los imité y desde el lomo de mi caballo herí a uno en el rostro. Éste cayó fulminado, mas los otros dos seguían en pie. consiguieron tirarme del caballo pero lo esperaba y mientras caía le propine a uno una patada en el rostro. Su compañero me atacó pero erró. No lo haría más, me dije mientras le golpeaba varias veces en el rostro con la empuñadura de mi espada. K.O. Tres fuera de combate... Atravesé a dos de ellos y encadené al tercero a mi caballo. Al menos podríamos averiguar quién estaba sembrando el caos...

Subí de nuevo a Harod (que ya se estaba quejando de correr, y más con el peso extra) y conseguí llegar al fin a las casas de curación. Dos flechas casi me dan desde las casas de curación.

-¡¡Alto!! ¿¿quién va?- me preguntó una voz.

-Busco a la curandera- grite desde mi caballo.

-Vuestro nombre!!

-Soy Thorj, antiguo aprendiz de Eärondûr...

-Pasad - Me gritaron sin llegar a culminar mi frase.

Una vez en el interior de las casas de curación, ví cuál era el origen del fuego. Las caballerizas estaban ardiendo. Necesitaba encontrar alguien que me dijera qué estaba pasando así que me dirijí al origen del fuego...

Hecil

Uno de los hombros que estaba apostado en las escaleras oyo las voces, rápidamente subió las escaleras, y se precipito por el pasillo.

Rajack le dirigió una mirada dura, y le pregunto que ocurría, a lo que el hombre le contesto, están subiendo por la escalera. Camrry se adelanto debemos descender por el balcón, ir bajando vosotros yo los entretendré un rato, y después nos reuniremos en el sitio convenido.

Perfecto, respondió Rajack, vamos atajo de gandules es hora de salir de aquí. Con paso firme se dirigieron hacia una de las puertas que daba a los balcones exteriores del edificio.

Thorjil

Llegué a las caballerizas que estaban dejando de arder cuando uno de los hombres que habían echando agua me vio. \"Llame a Isiloth. Dígale que el fuego ha sido apagado. Está en alguna habitación de la casa grande\". Cabreado ya, muy cabreado me dirijí hacia la casa. Entonces ví algo realmente extraño. Unos hombres bajaban desde un balcón a un joven y a un anciano. Me acerqué a ayudarles y uno de los hombres me dio las gracias.

Después salieron a todo correr con las dos personas a los hombros.

Tres bultos se asomaron desde arriba y me preguntaron:

- ¿Dónde están?

- ¿Quiénes? ¿Los hombres?

- Sí, ¿dónde han ido? -me preguntó con cara de mala uva...

- Por allí, han tirado hacia allí...

- ¡¡Idiota!! ¿Los has dejado escapar?

- ¿Idiota? ¿Escapar? - mi paciencia se estaba agotando, y ya empezaba a malhumorarme...

Los tres se dejaron caer desde el balcón. Entonces me dí cuenta de que había cometido un error... Sin dirigirme ni siquiera una palabra corrieron hacia la dirección que les había dado. \"Bueno, quizas pueda arreglar mi error\". Pensé mientras corría tras ellos...

Ealido

Ya sólo las columnas grises que se perdían dirección al cielo, bajo la tibia luz de la primera mañana, eran la señal desde el exterior de lo que había pasado en las Casas. Desde dentro del patio, aún persistía un cierto calor y una molesta humareda que tiznaba de hollín las caras, aunque desaparecía por momentos.

Hasta Ealido, que estaba acostumbrada a las incomodidades de la vida en los bosques y al trabajo de sol a sol, estaba ya agotada. La garganta le ardía, los ojos le escocían y tenía la sensación de que algo se le había metido bajo la apretada venda, poduciéndole un intenso picor, lo que le recordó por qué había venido a las Casas. Pero se dio cuenta de que aquel no era el mejor momento para pedir nada de aquello, así que lo dejó para después.

Respecto a todo aquel trajín de gente subiendo y bajando por los balcones, no entendía nada y tampoco le parecía importante. Francamente, con lo importantes que eran todos aquellos animales, los heridos y las magníficas construcciones, que le parecían obras de gigantes, no era admisible aquel afán por marcharse dejándolo todo en medio de una catástrofe. Quizás no entendía nada de lo que sucedía en aquella presurosa ciudad.

Tosiendo, al ver que el fuego estaba al fin apagado, se apoyó en el arbol más cercano, resbalando por el tronco hasta sentarse en las raíces. Cuando se tranquilizara todo, tal vez podría preguntar por las sanadoras.

Thorjil

- Queda... mucho? -dije entre resoplidos intentando alcanzar al grupo.

- Si no los hubieras dejado escapar no estaríamos corriendo!! - Me dijo la muchacha que iba más adelantada.

Seguimos corriendo cuando el grupo se dividió. Los que llevaban a los dos supervivientes del fuego. Y otros dos maleantes. \"Para mí los dos de la izquierda, intentad capturar a los otros...\" Paré en seco y torcí por una calle paralela. Al girar a la derecha alcancé a los otros dos que habían bajado un poco el ritmo. ¿Qué hacían? Estaban de espaldas a mí... Sonríendo desenvainé mi espada y me dispuse a atacarlos. Uno de ellos cayó bajo la espada, pero el otro con un salto se alejó de mí. Su espada estaba algo oxidada, pero se notaba que era buena. Mantuvo una pose algo indecisa, tras ello se puso en la posicion mas segura para luchar y atacó. Sentí un rasgón en mi camisa, al menos no había perforado la carne. Con mi daga intenté dañarlo pero me golpeó en la sien...

Entonces todo empezó a volverse borroso, ataqué, paró mi ataque y contratacó dándome en el hombro un tajo. \"Es bueno\" me dije mientras intentaba defenderme de sus acometidas. Mas mis fuerzas me dejaban, habría perdido demasiada sangre... Y caí al suelo. Entonces me habló:

- No podrás con nosotros. Ni tú ni nadie. Recuerdalo, porque hoy no vas a morir.

Y se hizo la oscuridad....

Isiloth Elenmíre

El sílbido de una flecha cortando el aire resonó en el viejo callejón. La flecha había alcanzado su diana, el asaltante cayó de espaldas con la garganta atravaesada justo en el instante en que se disponía a clavar su espada en el pecho de Thorjil.

Aquella flecha provenía de la mano de la misma sanadora que entonces corría veloz hacia el cuermo inmóvil de Thorjil. Al llegar a su lado, se arrodilló y observó sus lesiones, nada grave sólo la conmoción de un buen golpe en la cabeza. La joven rompí la tela de camisa para vendar la herida que aquel hombre tenía en el hombro y acto seguido sacó una pequeña botella de su saca. Destapó aquel recipiente y se lo pasó bajo la nariz hasta que este inspiró con fuerza. Esto le hizó volver en sí.

- ¿Donde estoy?

- Buena pregunta - rió la joven Isiloth, -y muy típica en estos casos.

Intentó levantar al joven del suelo pero este no era capaz de mantenerse en pié por el mareo. Así que Isiloth lo arrastró hacia una de las paredes del callejón y lo escondió tras unos barriles.

- Quédate aquí. No hables...si es preciso hazte el muerto, yo volveré dentro de poco. Bébete esto...te calmará el dolor.

Así fue como la joven salió a la busca de el otro hombre que había tomado ese camino, preguntándose por la fortuna de sus otros dos compañeros, a los que había pérdido de vista por completo.

Encaitar Taronthion

Tras separarse Ganfika y Encaitar persiguieron al grupo que llevaba a los rehenes poco a poco les iban ganando terreno y el elfo podía ver las figuras completamente defenidas auque solo las espaldas, entre ellas pudo distinguir la de la mujer que le había atacado en las caballerizas, iba a la cabeza del grupo.

Encaitar cogió su arco, puso una flecha y disparó contra uno de los dos hombres que iban a la zaga despues contra el otro y los dos cayerón fulminados sin saber que les había pasado.

Ganfika

El elfo y la hobbit no se pararon en ningún momento a mirar la cara de los dos seres tendidos en el suelo muertos. En cambio, el grupo de los perseguidos sí, y al ver a sus dos compañeros tirados por el suelo, se detuvieron a plantar cara a Encaitar y Ganfika. Al ver esto, el elfo volvió a cargar su arco de flechas mientras que la hobbit preparó su puñal, los dos muy seguros de si mismos. Nada más observar esta decisión, los perseguidos retomaron su escapada, corriendo como si huyesen de los látigos de sus amos.

- Ya son nuestros, ¡un poco más y son nuestros!, dijo emocionada Ganfika.

- No te precipites, Ganfika, puede que les estemos dando alcance, pero ten en cuenta que cuando los alcancemos vendrá la parte más dificil de toda esta historia: el cara a cara; además, hay algo que me dice que estas gentes aún no han demostrado todo lo que son capaces de hacer por conseguir su objetivo final. Por eso te digo que tengas mucho cuidado, ¿vale? dijo en tono más serio de lo normal Encaitar.

- Claro que sí, pero creo que aquí eres tú el que tiene que tener cuidado por esa herida que aún no ha cicatrizado, ya sabes que no es la primera vez que estoy en situaciones como esta...

Siguieron corriendo sin pararse durante media hora más, hasta que, porfín, los alcanzaron.

Encaitar Taronthion

El elfo dedicó una sonrisa a la Hobbit y la dijo:

-No te preocupes por mi, la primera vez me pillaron desprevenido ademas solo quería tantear el terreno ya que pensé que no sería la unica vez que me enfretase a ellos.

-Espero que no te confundas -replico la Hobbit

Tres bandidos se acercaban a ellos enarbolando sus espadas, el elfo disparó y el primero de ellos que cayó con una flecha clavada en su garganta, despues colgo su arco y desenvainó a êluïar, donde el mithril que adornaba su filo y las inscripciones se iluminaron con el reflejo de la luna sobre ella. Al lado de Encaitar estaba Ganfika ansiosa de entrar en combate.

Al instante los dos estaban enfrentados con sus contrincantes, el que se encaró con el elfo atacó sin mas dilación, el golpe iba dirigido a la cabeza, con una habilidad y rapidez, el elfo paró el golpe y con un movimiento de su espada cercenó la cabeza de su rival.

La Hobbit se encaró con su enemigo, este al ver que ella no hacía ningún movimiento atacó sin dilación, Ganfika con asombrosa rapidez esquivó el golpe y clavó su puñal en el corazón de su rival que cayó agonizando.

Thorjil

Es que no se cansan núnca? -dijo uno de los hombres que huian.

- Calla y sigue corriendo. ¡¡Si lo prefieres párate y detenlos!! - Dijo la muchacha mientras seguían corriendo. Habían llegado al final de la urbe y cambiaron repentinamente de dirección. El elfo y la hobbit, aún siendo rápidos no lograban alcanzarlos, mas pudieron divisar como se introducían en la espesura del bosque.

- Corre amigo mío, ¡¡¡aún no los hemos perdido!!!

Siguieron corriendo hasta llegar a una loma. A los pies de esta se podía observar una gruta desde la que salían unos débiles destellos rojos. Los dos perseguidores recuperaron el aliento y paso a paso se adentraron en la caverna. \"Allá vamos\" Pensó Encaitar mientras comenzaba a rodearles la oscuridad...

Thorjil

La sangre había dejado de salir de mi hombro y decidí moverme (no siguiendo el consejo de quien me había atendido). Gracias al brebaje que me dió la curandera observé que no me dolía el hombro, así que corrí hacia las casas de curación a pedir socorro para encontrar a los tres perseguidores. Al llegar a mi objetivo ví que todo empezaba a volver a la normalidad, aunque la gente estaba cansada. Hice que alrededor de unos veinte muchachos con espadas me ayudaran a buscar dónde estaban nuestros compañeros.

Lejos de allí en las afueras de la ciudad, la hobbit y el elfo se adentraban en la gruta. Podían oír a los secuestradores, aunque era peligroso seguir adelante sabían que era mejor que dejar abandonadas a las dos personas que estaban capturadas. Ganfika sintió un metal en el cuello y temió por su vida: \"No os movais, escuchó levemente\". Pero esa voz no había sido lo suficiente leve como para que el elfo no la oyera. Lanzando un ataque con su espada atravesó al hombre:

- Debemos llevar mas cuidado, no hemos corrido tanto para que nos capturen -dijo guiñandole un ojo.

Ganfika

Este acto de aquel miserable ser provocó la ira de Ganfika, aún más de la que tenía hacia ellos; aunque no pudo evitar el esbozo de una sonrisa a su compañero para agredecerle que le salvase la vida.

Adrentándose cada vez más en aquella gruta, pudieron oir los gritos ahogados de los secuestrados, y los gruñidos de los ladrones de vidas inocentes.

La cueva era de lo más hinóspito que se podía ver, cadáveres por doquier, ratas saciando su apetito con ellos, algún que otro fétido olor... se notaba un ambiente cargado de rabia, dolor y tristeza. Esta gruta no era una gruta cualquiera, era el sitio donde todo un grupo de malhechores vivía y se reunía para preparar sus siguientes actos malvados. Y digo bien, el ambiente estaba cargado de todo lo que he dicho antes, porque todas las víctimas a las que querían sonsacar alguna información, o simplemente querían darle la peor de las muertes, eran traídas hasta este abominable lugar, en dónde susurraban sus últimas palabras antes de cerrar los ojos y pasar al eterno descanso.

Todo esto era de lo que estaban rodeados la valiente pareja del elfo Encaitar y de la hobbit Ganfika. Ya podían tener diferentes poderes o cualidades, pero esto no se les escapó a ninguno.

- Ahora, más que nunca, seamos precavidos y silenciosos. Ganfika, esta situación te va como anillo al dedo, no puedes fallar, ... sabes lo que tienes que hacer, dijo el elfo fijando una mirada profunda a su compañera.

- Claro que sí, tú, cubreme por si acaso, respondió la hobbit devolviendole la mirada.

Encaitar se pegó a la pared de la gruta, mientras que Ganfika avanzó sigilosamente hacia el lugar del que provenían las voces, cuando se alejó lo bastante, el elfo la siguió, pero siempre manteniendo la distancia.

Encaitar Taronthion

Encaitar seguía a la Hobbit unos cuantos metros mas atrás, esto era una mision para ella ya que con su tamaño, velocidad y sigilo podría adentrarse facilmente dentro de la cueva y poder así ver como está la situación.

Llegaron a un punto donde había mas antorchas lo que quería decir que se encontraban al final de la cueva, aunque en los laterales había algunos corredores, que tal vez comunicaban con algunas otras estancias de almacenamiento.

Los bandidos estaban bebiendo y divirtiendose tras haber conseguido su proposito. cubierto por un recodo el elfo pudo divisiar el numero de individuos habia alrededor de unos diez, seguramente el resto estaría realizando alguna otra escaramuza, entre ellos se encontraba la mujer que le había atacado y aun hombre desconocido sentado en una especie de trono en la roca.

El elfo prestó atencion a la conversación de ambos personajes sin perder de vista a la pequeña Hobbit, por si algun maleante la descubría, por lo cual prepararó su arco.

Ganfika

Ganfika se encontraba al final de un pasillo que desembocaba en el alto de la estancia principal de toda la cueva, donde se reunían todos los villanos para torturar a sus víctimas; por suerte, desde ese lugar no podía ser vista, a menos que algun arquero de un pasillo que tenía justo enfrente la avistase. Por si acaso, se cubrió por completo con su capa dejando al descubierto sus ojos para ver la escena que se estaba produciendo debajo de ella.

Se veía a todo el grupo bebiendo y riendo, totalmente despreocupado de lo que les podía pasar. En la esquina izquierda, el anciano y el niño estaban encadenados a la pared, hablandose entre ellos, posiblemente inventado algo para engañar a sus secuestradores, los cuales no se dieron cuenta. Mientras tanto, los malhechores ya estaban lo bastante borrachos, momento que la Hobbit aprovechó para ir hacia otro pasillo que acababa justo al lado de los secuestrados. Encaitar, viéndola retroceder, tuvo el reflejo de ir tras ella, pero volviendoselo a pensar, decidió al contrario tomar la posición que había tomado la Hobbit para así poder disparar, si hacía falta, con mejor ángulo.

Al cabo de un rato, el Elfo vió a su compañera al final del pasillo que desembocaba al lado del anciano y del niño. Pero también vió que los seres malvados se levantaban de la mesa, dirigiéndose hacia sus presas.

- Ganfika, sal de ahí, corre sin ser vista, ¡corre!, se dijo para sus adentros; pero la Hobbit no se movió, sabiendo bien el peligro que corría, porque se le había ocurrido otra escaramuza para distraer la atención de aquellos seres...

Thorjil

Rápidamente Ganfika cortó las cuerdas de los dos capturados, los bandidos se acercaban pero con una velocidad asombrosa cogió dos piedras del suelo y las lanzó al rostro de los dos más cercanos. Mientras ellos caían, un tercero se aproximaba pero una flecha que silbó desde el lugar dónde estaba Encaitar clavándose en la espalda del asesino. \"Quedan siete\" pensó Encaitar mientras preparaba su arco de nuevo. Aunque el viejo y el niño cogieron las armas de los dos caídos. Aún así eran tres contra siete (no se podía contar a los dos ex-cautivos como grandes guerreros), y además la gruta devolvía el sonido amplificado... Había que acabar ya, o bien con los maleantes, o bien salir corriendo... Una huída a tiempo era más que una victoria.

Encaitar Taronthion

La situación era cada vez mas peligrosa ya que estaban en desventaja, ademas los contricantes eran expertos guerreros y por el otro lado solo estaban Encaitar y Ganfika, ya que el joven y el anciano aunque habían recogido una espada cada uno, a la hora de la lucha serían mas bien un estorbo que una ayuda para el elfo y la hobbit.

Encaitar actuó rapido y dirigiendose a la pequeña hobbit dijo:

-¡Huid de aquí, si no lo hacemos perecemos aquí! ¡Sacalos, que yo os cubro!

La hobbit cubriendo las espaldas de los dos rehos intento llevarlos hasta el lugar donde estaba el elfo pero dos esbirros cortaron la fuga de los tres. Encaitar disparó otra flecha que se clavo en la espalda de uno de los dos guerreros y cayó fulminado, el otro se sorprendio al ver como caia su compañero, momento que aprovecho Ganfika para acabar con el otro hombre, de un rapido y certero movimiento corto el cuello de su contrincante.

El elfo suspiro tranquilo ya solo quedaban cinco pero dos de ellos eran grandes guerreros, la mujer que ataco a Encaitar en la casas de curación y el otro el jefe de la banda aunqeu por ahora no habia demostrado nada, ya que staba seguro de que sus hombres podrían acabar pronto con esta situación, aunque esto poco a poco empezó a dudarlo y se estaba enfureciendo.

Encaitar salió de su escondite y se planto en medio del pasillo para tener una mejor visión y asi poder cubrir la escapada de los presos y de la hobbit. Cuando estos llegaron a la altura de el elfo ya solo quedaban dos la mujer y el jefe de la banda, ya que los otros tres iban detrás de los escapados y cayeron uno tras otro bajo las flechas del elfo.

-¡Gafinka no os separeis mucho de aquí, protegelos que yo me encargare al menos de la mujer, si ves que las cosas se ponen complicadas huye a la ciudad! -dijo el elfo.

-No te puedo dejar aqui solo para que te enfrentes tu nada mas -respondio la hobbit.

-tranquila, que no me va a ocurrir nada grave.

Los dos cautivos y Ganfika se escondieron tras un recodo de la gruta, y desde la cual tenían una vision perfecta del elfo. La mujer había desenvainado una espada, y se encaminada con pasos sinuosos hasta el elfo, este a su vez sacó dos espadas cortas, estan eran iguales regalo del rey de Gondolin.

Los dos se pusieron en situacion de combate y cada uno se movia lateralmente estudiando a su rival, buscando algun fallo en la defensa del otro. Estubieron asi un par de minutos que se hicieron muy largos hasta que la mujer dio el primer paso y cargo contra Encaitar, el golpe iba dirigido a su cabeza, el elfo cruzo sus espadas y paro el golpe, con gran velocidad se situo al lado de la mujer y lanzo su ataque al pecho de ella, con gran rapideza paro el primer golpe y el segundo lo esquivo con gran facilidad, sin dar tiempo a su contrincante lanzo su ataque hacia el estomago de su rival, el elfo encogio su estomagio y el golpe solo rozo la cota de mallas que lleva debajo desgarrando la tunica, con una velocidad asombrosa la mujer repitio el ataque con la intención de decapitar al elfo que rodó por el suelo y desde allí ataco a las piernas de la guerrero, produciendo dos cortes en sus muslos. La mujer dio un pequeño grito de dolor, el ataque la había enfurecido y busco la estocada al corazon del elfo, este logro esquivar el golpe en su pecho pero pudo hacer nada por el roce del filo en su hombro que produjo un corte.

El elfo había conseguido que la mujer limitase sus movimientos con las piernas ya que si se movia lo suficiente podría abrir mas los cortes que le habia hecho. El elfo se puso de pies pero la mujer ya habia descargado un golpe y alcanzo el rostro del elfo con el mango de su espada, este dio un puntapié a las rodillas de la mujer, aunque tuvo que retirarse un instante, ya que el golpe le habia dado en la nariz, y esta comenzó a sangrar. Tras el golpe del elfo, la mujer habia caido al suelo de rodillas momento en el que aprovecho y lanzó sus dos espadas contra la cabeza de su rival, que solo pudo parar la primera, pero no tubo la suficiente velocidad para parar el segundo y se incrustó en su frente.

El elfo dolorido recogio sus dos espadas y las envainó, dirigio una mirada al ultimo hombre que se la devolvió cargada de odio. Rapidamente se dirigió hacia la hobbit y dijo:

-Vayamonos de aquí rapido

-De acuerdo -respondio ella.

Y los cuatro salieron rapidamente de la gruta.

Thorjil

Debeís esperar aquí!!! -me dijo uno de los jóvenes que había reunido para ayudar a mis compañeros.

- ¡¡¿Pero que demonios te ocurre?!! -dije con un bramido. Sentí una punzada en el hombro y me apoyé en la pared.

- Aún estáis herido, no merece la pena que vengáis y que vos caigáis en medio de una refriega, volved de nuevo a las casas de curación, traeremos sanos y salvos a sus amigos. Seguiremos hasta el lugar donde lo dejaron.

Agarrándome el hombro di media vuelta, aunque me molestaba tenía razón. Sería una preocupacion más que una ayuda si iba. Caminando llegué a las casas de curación. Allí me dieron noticias (al fin!!) de mi antiguo mentor, pero me obligaron a entrar en una sala y me comenzaron a curar. Habían demasiadas preguntas sin respuesta. ¿Qué oquién había planeado este atque? ¿por qué? Entonces recordé al hombre que había capturado, pero las palabras del curandero me robaron cualquier esperanza:

- Estaba herido, al parecer os sobrepansasteis con vuestro ataque, ha muerto. Nada llevaba que pudiera identificarle. Seguramente sería un mercenario.

Seguíamos igual que antes del ataque, no sabíamos quién habia en nuestra contra y yo tendría que seguir viajando. ¿Dónde me llevaría esa dichosa nota?

Encaitar Taronthion

Los cuatro seguían corriendo con rumbo a las casas de curación por el mismo camino que había recorrido para ir a la gruta pero a la inmersa, todavía se veían los vestigios de las batallas, un par de cuerpos tirados en las calles algunos sin la cabeza que estaba a un par de metros. Pero no había tiempo de observarlo todo.

Cuando torcieron una esquina, el elfo que iba a la cabeza diviso las siluetas de varias figuras que marchaban en direncion suya, el pequeño grupo se escondió en un callejon observan a las siluetas que se acercaban, eran un grupo de diez personas. Encaitar respiró tranquilo cuando vio emerger de las sombras a la primera figura, era un muchacho, con la cara y el cuerpo enegrecidos por el humo, era uno de los jovenes que trabajaba en las casas de curacion.

El joven iba atentó escuchando cualquier sonido misterioso, pero dió un sobresalto cuando de repente una figura apareció frente a él, con un movimiento instintivo levanto la espada que llevaba para protegerse.

-Baja eso, chico -respondió una voz melodiosa.

-¿qui-quién eres? -pregunto temeroso, mientras el resto de sus acompañantes se pusieron en guardia.

Encaitar se quito la capa del rostro para que lo pudiesen reconocer, entonces el chico dio un suspiro de alivio.

-Me alegro de verle, señor -dijo mas tranquilo.

-¿Qué es lo que trae a un grupo de jovenes armadas a estas horas? -preguntó el elfo.

-Habiamos salido en busca vuestra -respondió el joven- Thorjil, el enano dijo que os había acompañado, y que os habiais separado.

El elfo reconocio al enano aunque no sabia hasta ese momento cual era su nombre

-Vamos a las casas de curacion ya que hemos rescatado al niño y al anciano que habian desaparecido.

Entonces el resto del grupo que iba con el elfo salieron de entre las sombras, y se pusieorn en marcha, el elfo les dio ordeno que los escoltasen a cierta distancia por si les seguían.

Al cabo de una hora por fin entraron en las casas de curación totalmente exhaustos