La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Barad Hithgwath

2005:08:07:21:48:21

Sincarion

A pocas millas del bosque de Tuarëlindomë, en el nacimiento del rio Alcanen, se encuentra el punto más alto de las Montañas Grises, una gran cordillera de gran altura que recorre toda la zona costera de los territorios del clan Tercano Nuruva.

Y en el mismo pico, en una zona que se extiende una media milla de largo y una cuarta milla de ancho, se encuentra la torre del maia Sincarion.

Ya desde el linde occidental de Taurëlindomë se puede divisar una oscura silueta en lo más alto de las montañas, mas la imagen que se puede apreciar no es muy buena, y para apreciar en toda su majestuosidad el castillo, hace falta acercarse mucho más.

Para entrar en el camino que lleva hasta el castillo es necesario seguir el curso de Alcanen desde la falda de las montañas. Allí, siempre por la izquierda, hay un sendero liso que se tiene que seguir. El resto de la zona está llena de acantilados y precipicios, por lo cual sólo se puede llegar desde allí.

Una vez comienzas a seguir el río curso arriba, se tendrá que andar sobre unas 6 millas hasta llegar al nacimiento del rio Alcanen. El nacimiento del río es un lugar digno de admiración, con un inmenso lago que cae en una catarata que en su caída da comienzo al río que se extiende muchas millas al norte.

Una vez llegado a ese lugar, tendrás que continuar por el sendero, que se desvía hacía el sur, comenzando una cuesta que no terminará hasta la llegada al lugar hacia donde se dirige el camino.

En este punto, dejan de haber árboles o arbustos, pues a esa altura es imposible que puedan sobrevivir, así que el terreno se hace pedregoso y escarpado.

Como símbolo de bienvenida a la torre, a una milla de distancia y desde donde, cuando la niebla lo permite, se puede comenzar a ver su silueta, se encuentran dos estatuas a tamaño real del dueño del castillo.

Una de un negro oscuro, el material que todavía la gente del lugar se pregunta de donde la sacó y que se utilizó para esculpir aquella escultura y hacer todo el castillo. La segunda, que es la situada a la derecha, está echa de un blanco inmaculado, que cuando da el sol sobre ella extiende sus rayos hacia todos los rincones de la montaña, a todos menos a la estatua de al lado, la cual absorbe la luz y nunca brilla.

El significado de las estatuas, además de para dar la bienvenida al viajero que visita el lugar, sirve para señalar que el dueño del castillo no sirve a nada, utiliza todo por igual y tiene el mismo aprecio tanto a la luz como a la oscuridad.

Una vez atraviesas las estatuas, el camino se vuelve empedrado, haciendo más fácil el ascenso, que en este punto es el lugar más empinado de todo el camino.

Y por fin, atravesando una milla, se puede contemplar Barad Hithgwath, en toda su plenitud.

La torre está construida, como se a dicho antes, con un material oscuro que le confiere al lugar un aspecto de lo más misterioso, pero no temible, pues el lugar suele estar soleado, lo que hace que el corazón no se encoja tanto ante la vista que tiene.

Nada más entrar en la llanura que se crea en la punta de la montaña, se abre el camino en 3 senderos.

El primero, a la derecha, es donde se encuentran las caballerizas, lugar donde se da descanso a los animales que allí llegan y donde pueden descansar sin ningún peligro, pues el caballerizo que allí habita tiene bien cuidado de coger bien al animal para que no se escape y caiga por los precipicios que rodean el lugar.

A la izquierda sólo hay una gran casa, aunque pequeña en comparación con la torre que se alza al lado, y que sirve como vivienda para los sirvientes de Sincarion.

Y el sendero que sigue recto lleva directamente al castillo, que viendo la colocación de las ventanas, demuestra que tiene cuatro plantas de alto.

Desde aquel lugar se podía observar, si se tenía buena vista, casi todo el territorio de Tercano Nuruva, tanto al sur, donde se llegaba a poder ver la tierra de nadie que separaba el territorio del Reino de Angrost con el de Tercano, como al este, donde se podía divisar hasta pasado el bosque de Taurëlindom, al norte, donde se lograba ver el inicio del desierto de Nandë Oioúrë, y al oeste, donde se podía ver la inmensa costa de Dînfalassën.

Esto era lo que veían los viajeros que llegaban ante Barad Hithgwath. Al menos hasta que entraban en el castillo.

Sincarion

Sincarion acababa de subir aquella montaña para dirigirse hacia su torre.

Iba montado sobre su negro corcel, aquel con el que tantas veces había viajado y que nunca le había dejado, ni siquiera en momentos en los que se jubaban su existencia.

El caballo fue criado por el mismo Sincarion, que desde que le vió nacer supo que era diferente a los demás. No sabía como explicar esa diferencia para con el resto de las razas, pero sabia que no era como ellas.

Tras pasar las dos estatuas que explicaban la cercanía a su torre, Sincarion saltó del lomo del caballo y siguió el camino a pie, llegando a la entrada de la llanura de la cima.

Allí, Sincarion dirigió su montura hacia las caballerizas, dejó comida y agua, y se marchó rumbo a su vivienda.

Las pesadas puertas, de brillantes materiales que contrastaban con el negror del castillo, se abrieron a su paso, dejando entrever la sala de recepción del castillo.

La sala de recepción se encontraba en la entrada de la torre, un lugar iluminado por la luz que pasaba de entre las ventanas que se podían ver en las altas paredes, allí el mayordomo de Sincarion daba la bienvenida a todos los visitantes y según los asuntos que viniesen a tratar, se encargaba de mandarlos a las habitaciones correspondientes.

La casa estaba dividida según lo que se tratase allí.

A la derecha de la sala de recepción estaba la sala de conferencias, donde venían a reunirse las gentes del pueblo para pedir ayuda o consejo. El lugar sólo estaba compuesto por una alfombra que había en el suelo y muchas sillas de grandes respaldos mirando hacía otra silla, del mismo aspecto que todas las demás, pero que miraba en dirección contraria. La luz de esta sala también venía dada por una gran ventana con forma de arco que traía luz a la habitación durante toda la mañana, que era el momento elegido por los campesinos para venir al castillo. Ninguno, sino era por una cuestión de vital importancia, se atrevía a subir al castillo por la tarde, pues la bajada de la montaña a oscuras era realmente peligrosa.

Siguiendo con la descripción del castillo, un poco más adelante de la sala de conferencias, tambien por la derecha, se encontraba la sala de espera, donde, en caso de que alguien tuviese que esperar al Señor del castillo para ser atendido, podía ir a esa habitación y sentarse en los cómodos sillones que habían ido, iluminada toda la sala con la tenua luz de las antorchas.

Siguiendo la entrada, por la izquierda, estaba la sala de bienvenida a los embajadores de otros clanes que osaban hacercarse hasta aquí, llena toda la sala de cómodos sillos tapizados que habían sido creados con esmero por los elfos que habitaban en el bosque de Tuarëlindomë.

Y pasando por la puerta que se encontraba en el fondo de la habitación, se podía llegar a la sala de los clanes, lugar donde se juntaban los embajadores de otros clanes que querían hablar con Sincarion.

Sincarion

Y por último, en la primera planta todavía, se podían encontrar las cocinas donde los criados de allí preparaban los alimentos para su señor y los visitantes que llegaban al lugar.

Además, un poco apartado, se encontraba una habitación que servía para momentos de necesidad. No especificaremos que necesidades.

La segunda planta era sólo para los invitados que se quedasen a dormir en el castillo.

Las escaleras, que estaban situadas enfrente de la entrada del castillo, justo tras la sala de recepciones, llevaban a la segunda planta.

La segunda planta era bastante sencilla, a izquierda y derecha se podían ver habitaciones, la mayoría humanas, pero tambien habían acomodadas para elfos, con cesped que se cambiaba todo el día en el suelo, y para hobbits y enanos, que tenían la cama más baja que el resto.

Además de las habitaciones, tambien se podía encontrar un comedor, donde solían comer sus invitados cuando era una comida o cena informal y un aseo donde los habitantes se podían duchar. La forma de conservar esa ducha era bastante sencilla. Estaban en lo alto de una montaña y allí llovía mucho, así que Sincarion se las ingenió para construir un conducto que comunicaba un estanque en lo más alto del castillo con las duchas y grifos que habían repartidos por todo el castillo.

Y por último había un lugar de descanso donde poder hablar entre los que allí se hospedaban de forma informal, en sillones comodos.

El único inconveniente es que no habia muchas ventanas, pues Sincarion no era de los que le gustasen mucho la luz natural. Además, las ventanas que habían habían sido encantadas con un encantamiento que difuminaba la luz que se adentraba en el castillo, por lo que la mayoría de estancias eran iluminadas con la luz de las antorchas.

Sincarion

La tercera y cuarta planta eran privadas y de uso único y exclusivo de Sincarion.

Para acceder a ellas tenías que pasar por una entrada escondida entre la pared y de allí ascender las escaleras que se presentaban nada más entrar.

Las dos plantas eran totalmente privadas y sólo se puede decir de ellas que eran sitios oscuros donde la luz casi nunca entraba. Los muebles de allí no eran bonitos ni cómodos, simplemente eran necesarios y de gran utilidad, por eso se encontraban allí.

En la última planta se sabía que guardaba una especie de mira que hacía ver a muchas millas a la distancia y que tenía objetos que muy pocos lograban comprender.

Además, claro está, de una impresionante biblioteca con libros únicos de los que sólo se conservaban allí o habían muy pocas copias esparcidas por el resto de Arda.

Y por último, si pasabamos por la puerta que se encontraba en la parte más alejada de la entrada, pasada la escalera para ascender a la primera planta nos encontraremos ante el patio trasero del Castillo de Sincarion.

El lugar era totalmente verde, con hierba siempre recién cortada y donde se podía pasear tranquilamente y pensar con tranquilidad.

También se encontraban las armas que utilizaba la guardia de Sincarion, pues las suyas propias las guardaba en sus aposentos. Y una zona para entrenar con dichas armas.

Sincarion

La mañana era limpia y clara.

Las pocas nubes que se alzaban en el horizonte venían sin ningúna amenza a las tierras de Tercano Nuruva.

Sincarion sabía quien venía y para qué.

Todavía recordaba aquel encuentro, aquel olor, aquella belleza, aquellos pensamientos tan parecidos a los que él un día tuvo.

Ya venía.

Sobre la falda de la montaña, una hermosa elfa vestida con un vestido largo azul oscuro, con partes de un hermoso color verde pardo, subía sobre los lomos de un gran caballo de guerra negro como la noche.

Y tras la elfa, un gran perro gris como la niebla seguía sus pasos velozmente, sin que la distancia se increcentase.

Sincarion no dejó reflejar ningún sentimiento en su cuerpo, parecía como una estatua en lo alto de aquella montaña, en la entrada de su castillo, esperando la llegada de la elfa.

La elfa, por su parte, no se hizo de esperar y subiendo la montaña en un tiempo casi imposible, se plantó delante de aquel antaño Maia Oscuro, ahora tan sólo Sincarion.

Te esperaba - fue lo único que dijo el maia sin mover ningún músculo de su boca, tan sólo haciendose oir en el interior de la mente de la elfa

Earin Aratarya

Los días se sucedían mientras Earin seguía cabalgando a través de las tierras del sur de beleriand hasta que por fin, llegó a las tierras de los Tercáno Nuruva, de las cuales lo que mas llamo su atención fue la poderosa cadena montañosa que dominada el horizonte de aquellas tierras,pero el pico mas alto fue el que le inspiro algo especial y hacia alli dirigió sus pasos, pues su poderosa intuición le decía que allí encontraría el lugar que venia buscando, y las respuestas que le rondaban la mente, desde el encuentro con aquel maiar en las laderas escarpadas de las tierras de Nurn.

Y así fue como tras un breve descanso observando la grandeza del mar y la poderosa ciudad junto al puerto, con una determinación y precisión exactas, como si la guiara una voz poderosa que cruzara el viento, supo qué camino tomar hacia la impresionante montaña donde moraba el temible maiar Sincarion.

Unas millas mas adelante, divisó al fin la magnifica Torre y los muros del castillo sobre las terribles y afiladas piedras de la montaña, pudo ver también, como la espléndida silueta del mago, se dibujaba en el horizonte recortada contra la roca, erguido cual estandarte ondeando al viento, advirtiendo a los capaces de divisarlo, del poder y la majestad que poseia.

Golpeó a Aenarion con la fusta duramente, y acrecentando así el suave remolino de polvo que levantaba a su paso, en unos instantes se encontraba las puertas de la casa del mago…las cuales se abrieron a su llegada y pudo entonces contemplar la majestuosidad de la admirable construcción, tallada en roca viva, la atalaya de estatuas que infundian temor y respeto aun a quien no supiera a quienes antiguos poderes representaban,

Subió el camino empedrado hasta la parte superior, donde cerca de la cumbre se encontraba al fin la gran puerta del castillo.

Pero adelantado a las puertas y asomado a la inmensidad del vacío que procuraba la montaña, frente a las costas de las tierras de los Tércano, estaba él, inmutable e inconmovible, cual témpano de hielo, pero con un corazón bajo su pecho…Oh si! Lo tenía seguro, pensó ella.

El gran perro y fiel amigo de la elfa Hachída,se adelantó unos metros , y se paró frente al mago jadeante, lo miró unos segundos y luego apartó la mirada, y se alejó. Earin se sintió consternada con esto, pues nuca jamás había visto a Hachída hacer algo así, miró al mago y en ese instante sus palabras llegaron a su mente, un tanto lacónicas, …el seco te esperaba resulto poco hospitalario, mas bien sonó a reproche, pero a la elfa no le intimidó, y bajando del caballo con parsimonia mesurosa, se adelanto hacia el y le saludó con algo de indecision tal vez... Salve Sincarion!, y al nombrarle su voz sonó profunda y solemne, llevandose la mano derecha al pecho en gesto de leve reverencia,le dirijió una mirada fugaz.

[Editado por EarinKementari el 16-11-2004 22:07]

Sincarion

Sincarion sabía que aquella elfa tenía que ser muy buena, no era fácil saber dar con el castillo de un desconocido que estaba en alguna parte de Haldonari y ella ya conocía hasta su nombre.

El leyó el de ella.

Antes de que terminase de hablar de hospitalidad, un siervo de Sincarion se había acercado a la pareja, esperando que su amo le hiciese una señal para poder hacerse cargo de aquel bello caballo y no entorpecer la conversación. Se tenía la lección bien aprendida.

Así que a un pequeño gesto, el siervo se acercó al caballo y se lo llevó para los establos, donde sería cuidado con todos los honores.

- Sigueme - le dijo Sincarion a la Dama - Espero que el lugar sea de tu agrado. Dijo con un tono de indiferencia que siempre utilizaba para todos los formalismos.

Una vez dentro de la gran mansión, Sincarion, sabiendo el destino que esa elfa tendría para el clan no se la llevó para ninguna de las habitaciones de la primera planta, sino que subieron las escaleras hasta llegar a la tercera planta del castillo, habiendose metido por aquel escondite de entre la pared, y llegando a una gran puerta que daba al despacho personal de Sincarion donde estaba el escritorio del maia y donde se encontraban muchos libros sobre la mesa y dos abiertos enfrente de su sillón, oscuro como la noche.

Pasando a ese sillón, le dijo a la elfa que se sentase en otro de las mismas características que había al otro lado y comenzó la conversación:

- Mi nombre, como e visto que sabes, es Sincarion. Mi pasado carece de importancia y mi futuro todavía está por ver, así que tan sólo hablaremos del presente.

Esta tierra la compartimos seres de todas las razas, seres duros e inflexibles que combaten no por lo justo ni para sembrar el terror, simplemente hacen lo que quieren, sin dar explicaciones a nada ni nadie. Somos libres.

Necesito de gente inteligente, dura, de corazon frio y diestra en la batalla. No me importa lo demás.

Podremos compartir todo cuanto conquistemos, tendrás todos los lujos que puedas conseguir, podrás vivir de la forma que quieras. Simplemente tendrás que sernos fieles al clan, sin importarnos lo que hagas con los demás.

Sincarion miró a los ojos de Earin, la elfa, y le preguntó:

- ¿Quieres entrar a este lugar?¿Quieres vivir tu vida, sin que nadie te la tenga que controlar, sin que nadie a excepción de mi te pueda mandar?

La elfa le aguantó la mirada al istar, cosa que a este le gusto. Bajo la penumbra que había en aquella habitación tan sólo alumbrada por un par de antorchas que había a cada lado, aquella elfa se veía todavía más hermosa que antes. Pero lo mejor y más importante no era eso. Era que en sus ojos se contemplaba determinación, coraje, crudeza, ... Sincarion notó que le recordaba a él.

Y bien ¿cual será tu decisión?

Earin Aratarya

Earin cruzó las grandes puertas y se adentro tras el mago en la impresionante estructura de piedra, la cual, si ya era admirable desde fuera, por dentro ofrecía una fastuosa visión, por la majestad se su decoración y la exquisitez de sus ornamentos dignos de los mas grandes reyes, ella había oído en Nan Elmoth de la grandeza de los recintos escondidos de Nargothrond y Doriath, y el interior de aquella fortaleza le traía a la mente los relatos de la belleza de todos aquellos reinos elficos, sublimes tallas de piedra, brillantes columnas pulidas, y hermosos cortinajes que entorpecía ingeniosamente la entrada de grandes raudales de luz en aquellas estancias opacas y exquisitas, con aire plácido a la vez que sensual y misterioso, de cada aposento que dejaban atrás a su paso.

El silencio reinante en la totalidad del castillo era casi estremecedor, y la actitud fría y adusta del Maiar la previno acerca de alguna situación incomoda…

Y cuando al fin quedaron a solas en el gran salón privado del mago, las puertas se cerraron dejando un solemne eco resonar en la soledad de aquella sala .Y lejos de incomodarse ella, sintió como su sangre aceleraba el camino de vuelta a su corazón y el calor asomaba a su rostro, su respiración se agitaba por segundos, …se aparto el pelo que caía a ambos lados de sus mejillas y lo echo hacia atrás, sobre su espalda, respiro hondo tratando de que el mago no se percatase, de su perturbación .

Mientras… él hablaba, y ella oía atentamente sus palabras sin hacer un solo gesto, sin mover un músculo de su cuerpo, solo sus ojos, seguían a Sincarion y atendían ávidamente a los movimientos de sus labios y sus manos al hablar.

Parecía sincero, absolutamente sincero, y casi se hubiera atrevido a decir, que impaciente por conocer su respuesta… a la cual, ella tuvo que hacer grandes esfuerzos, por no contestar de la manera que le hubiese gustado, cuando el insinuó abiertamente que debería jurar fidelidad,…pero no debía olvidar que era lo que tenia delante, y el poder que poseía, no le gusto nada esa nueva situación de sumisión, no iba con su carácter,

Sincarion la observaba detenidamente y Earin vio un brillo en sus ojos , no de malicia , ni de poder , sino de complicidad ,…y de ideas que se forjaban a borbotones en la mente de el mago, y que sin duda, quería compartir con ella…

Así que se adelanto y acercándose a las ventanas, observo con una notable mueca de aversión las tierras que se extendían a los pies de la montaña, y tras unos segundos de silencio sepulcral, contesto;

No es tu pueblo de mi agrado, …los enanos no son de mi agrado, los débiles mortales gozan de mi mas puro y sincero odio, en cuanto a los elfos, espero que no hayan en estas tierras demasiados calaquendi…

Pues sabed Sincarion, que solo serví a un Señor en mi vida al que vi como padre y héroe, el gran elfo oscuro Eöl, que desapareció para siempre de esta tierra, tras los recintos de uno de los reinos, de los elfos de la luz, y cada vez que se presente la oportunidad ofrendaré mi venganza.

Luego con más calmada voz, prosiguió;

No obstante mi espada y mi arco estarán a partir de hoy a vuestro servicio, si vos así lo deseáis, y mi caballo avanzará junto a tu vara, pero no estarán ni ellos ni yo bajo vuestro mando, en cambio mi señor, os ofrezco mi lealtad, más exijo libertad, para poder ser libre de abandonaros cuando me plazca.

Y sin llegar a mirarle se colocó a su lado, y susurró sobre el hombro del mago, “la decisión es vuestra.”

[Editado por EarinKementari el 16-11-2004 23:57]

Sincarion

Sincarion en ese momento no pudo por menos que sonreir. No era una sonrisa agradable, ni divertida, no tenía nada de humor en ella. Pero era la sonrisa del maia, lo más parecido a una carcajada que el había echo en años, muchos años.

¿Eöl, un simple elfo te hizo su Señor? bueno, dejaré pasar esa etapa de tu vida porque veo indigno de alguien como tú ser fiel a un simple elfo.

Mas ahora tu vida será distinta. Me juras serme fiel, pero las palabras son como el viento, no sirven para nada y se esfuman en el momento menos esperado.

Yo diré si me eres fiel. Me lo tendrás que demostrar, y por tu bien, espero que sean ciertas tus palabras pues no tengo piedad con los que me traicionan.

Serás libre, podrás hacer siempre lo que quieras, todo menos una cosa. Nunca, jamás en los años que te quedan juegues conmigo, pues no soy una persona a la que le guste tener enemigos en el juego. Y mis modales podrían ser algo bruscos.

Y tras esto se vió como el maia, que se había levantado para decir aquellas palabras, reflejaron meditación y ensimismamiento. Estuvo meditando durante largo tiempo y en su cara se iba reflejando una inusual soledad en su rostro.

Pero al final volvió a ser el de siempre y con su voz fría (nunca la cambiaba sino tenía razones para ello) le dijo a la elfa.

Vivirás aquí mientras no encuentres nada mejor. Este castillo es inmenso para uno sólo y por lo que e escuchado no creo que pudieses estar a gusto en cualquier otro lugar.

Eres libre de hacer todas las idas y vueltas que quieras, nadie te dirá nunca lo que tienes que hacer menos yo, que lo haré muy pocas veces. Ahora bien, sólo una cosa tienes que tener en cuenta al vivir conmigo.

La cena se sirve en el momento en el que Anar se esconde para dejar paso a la noche. Y quiero q todos los que aquí habitan estén en mi mesa en ese momento. Con que cumplas eso podremos convivir tranquilamente.

Tras eso, Sincarion miró de nuevo a los ojos a la bella elfa y le dijo:

- Dejando ya las formalidades, ¿te apetece dar una vuelta con este viejo mago por los jardines de mi castillo? Por la noche las vistas son unas e inigualables en todo Haldanori

Earin Aratarya

Las burlonas palabras del mago abrieron un abismo de rencor en el interior de la elfa, que apretó los puños y los labios, mientras sentía ganas de saltar a muerte sobre el Maiar aunque fuese lo último que hiciese en su vida.

Pero inexplicablemente logró templar su ánimo y enfriar su ímpetu, recordándose a si misma, que de enfrentarse a el, tendría delante un poderoso enemigo, y al comprobar que en seguida él, adoptó otras maneras y cambió su tono y su gesto para poner a su disposición su propia casa y todo cuanto poseía sin reservas, con la única advertencia,… o condición de no ser traicionado, ella consiguió detener su primer envite de rabia y mantenerse en su lugar sin hablar, no obstante el brillo de sus ojos, clavados en el Maiar delataban una ira contenida, y un tropel de pensamientos que abordaban su mente de repente sin ser invocados… y con el temor de que Sincarión pudiera advertirlo, decidió retirarse de la sala, no sin antes inclinar levemente la cabeza ante el mago , como quien ha recibido una clara orden, o una respuesta cabal de un alto mando.

Pero la forzada media sonrisa de Earin desentonaba con la mirada cargada de hastío y enfado por parte de la elfa, el no habló mas. Ella se giró volteando sus ropajes y se apresuro a salir de allí, pero algo en su interior la volvió hacer recapacitar… y se detuvo de repente bajo el umbral de las puertas, y ecptando la proposicion del Maiar, y sin volver la cabeza dijo;

Si me permitís, prefiero esperar abajo - y exagerando el tono concluyó; - “Mi Señor.”

Bajo las escaleras oscuras y secretas con rapidez hasta volver a ver la luz del día, y busco a Hachída con la mirada, él permanecía sentado a las puertas del castillo, tranquilo y sereno, ella volvió a extrañarse del comportamiento de perro, nunca lo había visto tan sociable… ¿te gusta este lugar, no es cierto Hachída? Y por vez primera sonrío mientras posaba su manos sobre la enorme cabeza del perro, levantó la mirada para contemplar la belleza del mar y las palabras del mago resonaron en su cabeza, nadie la había hablado así nunca jamás, se sentía extraña por que en lo profundo de su ser sintió una extraña simpatía por el mago no había sentido respeto ni admiración por ninguna criatura desde hacia muchos años y el mago se la había ganado en solo unas horas...

Rescatando sentimientos antiguos y olvidados y haciendo conocer otros nuevos como la capacidad de reprimir sus impulsos y controlar sus instintos, algo que no había tenido necesidad de hacer ante nadie, ...hasta ese día...

Sincarion

Sincarion vió como aquel enorme perro con una cabeza descomunal era acariciado por la elfa tan preciosa que tenía en su castillo.

- Earin - le dijo el maiar - hacercate si quieres con ese precioso ejemplar, creo que podría estar más a gusto en el jardín que tengo en la parte de atrás donde tengo al resto de mis animales.

Earin no le respondió, se le notaba que todavía no aceptaba muy bien la situación, pero el maia no podía hablandarse, ya habría tiempo para eso, pero por ahora tendría que causar esa impresión, no podía dejarse flaquear, por mucho que le gustase ser como el resto de seres y aceptar a esa elfa sin más, él tenía que demostrar su entereza y su poder, al menos hasta que ella le aceptase como su señor.

Luego, todo cambiaría.

Sincarion se dirigió a la parte de atrás, donde su hermoso jardín se veía precioso bajo la luz del sol. Plantas extrañas, que había conseguido de los muchos viajes por los que había circulado, se encontraban allí en perfecta armonía.

Y sus más queridos animales tambien estaban allí. Un precioso pato nadaba por el estanque que Sincarion había preparado para él. Una gallina se paseaba sin rumbo concreto y, para el deleite de Sincarion, vió como una gran tortuga gigante se divertía saliendo y entrando de su enorme caparazón. Esa tortuga tenía un significado especial para el maia.

Desde que había cambiado su forma de vivir de la oscuridad a la neutralidad, había tenido aquella Tortuga. La cogió cuando tan sólo era una cría que había salido del cascarón. La crió y la cuidó en todo momento. Daba igual la situación en la que se encontrase, siempre tenía tiempo para cuidarla un poco. Y ahora era la tortuga más grande que el maia había visto en su vida.

Dejando las formalidades se puso a correr en su dirección y de un salto se plantó sobre su caparazón.

Tras esto, recordando ante quien se encontraba, comenzó a ruborizarse y a pensar en lo tonto que había sido, pero todo se tranquilizó cuando la elfa, sin siquiera quererlo, comenzó a sonreir.

- Como ves, puedo llegar a tener corazón, pero en tu vida te imagines que será tan grande como mi querida tortuga - Dijo el maia - Sólo lo saco a relucir pocas veces y nunca con seres que caminen con los pies. Esos sólo saben hacer daño.

Y luego, volviendo a su actitud habitual les dijo - Os apetecería daros una vuelta? aguantará con todos, tranquila

Earin Aratarya

Earin tuvo que hacer grandes esfuerzos por no romper a reir ante tal escena, la imagen del Maiar oscuro y despiadado se borró por completo de la mente de la elfa, al comprobar que no era sino una fachada ante la que ella tendria que asumir su parte, y guardar las formas , pero sabiendo ya, que no era la clase de criatura fria e impasible, que ella habia pensado en un princio, la cosa cambiaba de repente, aunque aun le dolian las palabras que el mago pronunciase acerca de su señor Eöl, y las amenazas que le profiriera acerca de la posibilidad de su traicion,...sintio que ahora podia verlo con otros ojos, sin duda.

Aceptó el paseo, pero de ninguna manera consintió en montar sobre el animal, y como iba a paso lento no le costo trabajo permanecer a su lado mientras emprendian la marcha, esperaba que el mago comenzara a contarle de como seria su vida alli y en que consistiria su labor.

Estaba ansiosa por conocer las cosas que se habia perdido en todos los años de soledad en el corazon del bosque.

Hacia tiempo que solo se dedicaba a ligeros enfrentamientos de uno contra uno, y a acabar con el infeliz que se cruzara en su camino a fuerza de flecha, pero ahora sentia que su espada se revolvia en la vaina, queria tener trabajo, y sentir de nuevo la sangre helarse al mirar a los ojos a un contrario...en medio del fragor de la batalla...

Esperaba instrucciones, pero sabia que primero debia conocer a la perfeccion todos y cada uno de los rincones de la torre de Sincarion. el paseo era un a magnifica idea y adentrarse en la oscuridad de frondoso jardin la apetecia, pues no estaba acostumbrada a tanto sol, y deseaba la frescura de la penumbra y el sonido de las ramas mecidas por la suave brisa.

Earin Aratarya

Mientras caminaba junto a la enorme tortuga, a Earin le pareció advertir que esta la miraba de manera extraña y movía la cabeza lentamente hacia los lados, como reprochándole, ...mientras el mago hablaba de la vida en el castillo de Barad Hithgwath y de las ultimas nuevas que iban llegando… de pronto algo lo interrumpió.

Un extraño pero melodioso sonido, que cundió en el viento llegando hasta lo mas profundo del jardín, es Nár aewen , apunto el mago al ver a Earin escudriñando la bóveda del frondoso jardín.

Que extraño dijo Sincarión contrariado, nunca se le oye hasta la caída del sol, es entonces cuando viene a alegrar con su canto mis tardes eternas, y muy de vez en cuando se deja ver…

Earin no dijo nada, y siguieron caminando en silencio, pero unos metros mas adelante cruzaron un hermoso arco, primorosamente tallado, de blancas maderas y con una inscripción casi ilegible por el desgaste de los años, se detuvieron, … el mago sin duda se enorgullecía de aquel lugar, pues observaba la cara de la elfa con la misma mirada de quien espera una sincera felicitación, por un trabajo bien echo…

Pero ella no dijo nada, pues sorprendida por la belleza de aquel recóndito rincón del jardín privado del mago, no fue capaz de articular palabra alguna.

Un circulo verde de suave hierba fresca y tierna, cercado y protegido por enormes troncos de centenarias Hayas, donde un potente rayo de sol, lograba penetrar a través de las ramas de los árboles e iba a caer justo sobre las limpias aguas, de una delicada fuente de piedra blanca, reflejándose en ella, y salpicando de hermosos destellos de colores todo alrededor, y al fondo como presidiendo aquella especie de homenaje a Almaren , un joven árbol con tronco dorado y tiernas hojas de un verde vivo, que aun no se erguía mas de un metro y medio del suelo, sirvió de apoyo a la mas bella criatura que jamás surcó los cielos de las Haldanóri .

Pues para completar aquella fabulosa visión, un maravilloso pájaro de extraña raza, e indescriptible belleza vino a posarse con elegancia y sigilo sobre una de las ramas del joven árbol.

La viveza de su color, azul intenso como zafiro, tan brillante que seria capaz de despedir destellos, contrastaba con las tres finas plumas de amarillo intenso casi dorado, que hacían las veces de cresta, coronando la cabeza del animal, y una vistosa cola con largas plumas que se curvaban hacia el interior, el mismo color azul brillante, completaban la imagen de una criatura tan sublime como misteriosa.

Sincarión sonreía al ver como la elfa abria los ojos con asombro, contemplando toda esa belleza y sin darle más importancia al pájaro dijo;

Este es Nár aewen , el pájaro de fuego, que hoy ha decidido venir a deleitarnos no solo con su canto , sino también con su presencia, pues como ya dije , que no es habitual que se deje ver , puedes sentirte orgullosa pues tu presencia no le ha sido indiferente, y eso, también me dice mucho a mi…

Ella levantó una ceja involuntariamente, mostrando perplejidad ante la situación y las palabras del mago las que trato de descifrar repitiendo en su interior.

- hasta que el interrumpió animado; Volvamos!

¿Volvamos? –pensó ella, no , no quería irse ya, quería meter la mano en la fuente, caminar descalza sobre la verde hierva, y recostarse en el prometedor diván de madera con dosel que estaba tras una celosía de forja enredada en hiedras…

Pero el mago ya había montado de nuevo a la tortuga y le ofrecía plaza, con una simpática reverencia , Earin miro al pájaro, a la tortuga y al mago con cara de insistencia y finalmente… sonrió y esta vez acepto el ofrecimiento, para satisfacción del mago y su tortuga.

Así que trepo al caparazón del animal y se coloco delante del mago, comenzaba el camino de vuelta…

Sincarion

Por el camino de regreso a su castillo, Sincarion le contó parte de como había conseguido encontrar a Nár aewen, aquel maravilloso pájaro.

Nár aewen no había sido buscado por el maia, sino que al revés, había sido aquel espléndido ejemplar el que le había llamado a él.

Sincarion se sentía encantado con su amigo, pues no era una mascota. Nár aewen hacía su vida y Sincarion la hacía aparte, pero en momentos de necesidad, aquella preciosa ave siempre venía en su ayuda. Nunca le abandonaba, siempre tenía un canto de consuelo para sus noches tristes.

La llamada fue hace ya mucho tiempo, cuando este lugar era todavía joven y la oscuridad ni la luz se habían posado aquí.

Unos elfos le llamaron en la costa y el maia, tras navegar muchos días, descubrió una maravillosa isla donde descubrió, tras muchos esfuerzos y dificultades, a Nár aewen.

Pero bueno, no te aburriré con mis historias - continuó el mago - lo importante es que está aquí.

Y tras comenzar a llegar al castillo, el mago le preguntó a la joven elfa:

-¿ Dirás ahora que mi tortuga no es cómoda o útil? Velocidad es verdad que no tiene mucha, pero para hacer viajes de comodidad, es de lo mejor que podrás encontrar. Aunque ese caballo tuyo tambien parece realmente un excelente ejemplar.

¿Podría preguntar como lo has conseguido?

Earin Aratarya

El caballo mi señor, lo tome prestado de la cuadra personal de Eöl, pues supe desde el principio, que nunca jamás, volvería, y como vos decís es un ejemplar magnifico y su brillante color negro, no es nada a destacar, comparado con su velocidad y su nobleza. Siempre me entusiasmo ese caballo.

En cuanto a la otra pregunta... me habéis dicho la hora a en que se sirve la cena, pero a que hora será el almuerzo?

El mago sonrió por tercera vez aquella mañana, y la miró haciéndose el ofendido, ella comenzó a reír sin querer, pro k sabia que no se libraría de opinar acerca del paseo sobre la mimada tortuga de Sincarión...

Llegaron al fin al estanque dorado de nuevo, donde el pato nadaba ahora lentamente sobre las limpias y frías aguas, y la gallina se distraía poniendo a prueba la paciencia de Hachída... que miró a la elfa aparecer junto al mago sobre la tortuga, y suspiro resignado.

Se despidieron del enorme animal que se adentro en las aguas del pequeño estanque y caminaron hacia la entrada principal de la Torre, donde se habían desplegado decenas de estandartes de varios colores y a distinta altura cada hasta, donde predominaba el de color azul intenso y plata de la insignia de la casa de Sincarión El Maiar ondeaban hermosos al viento, junto a otros de colores verdes, dorados y blancos, representando a todas las casa de Tercáno Nuruva, y se veía mucho movimiento entre el servicio del castillo, el almuerzo se servirá en el salón principal mi señor?

Preguntó uno de los hombres del servicio personal de Sincarión -

No dijo él, y luego dijo algo mas en baja voz, Earin se hizo la distraída...pero supuso que el mago tramaba algo, en un instante habían cruzado la entrada y subido a una hermosa y amplia biblioteca con unos grandes ventanales cerrados y tapados por gruesas cortinas, que fueron descorridas para que se pudiese acceder a la terraza , cercada con balaustres de piedra gris y blancas baldosas, con incrustaciones de piedras de colores haciendo dibujos elficos en el suelo , unas maravillosas vistas al mar y una mesa repleta de diversos manjares y toda clase de frutas, cubierta por un toldo color grana, para que el sol no molestase,completaban el marco ideal , para una perfecta comida y una agradable sobremesa...Sincarión ofreció asiento a Earin.

Pidió que no se les molestase durante un par de horas y el mismo cerró las puertas tras despedir a los sirvientes.

Tomó asiento junto a Earin, y no frente a ella como hubiera sido lo correcto , estaba claro , que al mago no le gustaban los formalismos...

Sincarion

Sincarion se notaba un poco tenso y traicionado por los sentimientos que se le pasaban por la cabeza.

Esto nunca le había ocurrido a él, nunca antes nadie le había ganado la confianza de una manera ta rápida y sin embargo tan segura.

¿Que le estaría pasando? Todavía no lo sabía, aunque más tarde sí lo descubriría. Pero sería más tarde.

Ahora, descubriendo los platos que sus sirvientes le habían puesto en la mesa, la elfa y el maia vieron como había un cuenco grande lleno de un caldo que despedía un excelente olor (Sincarion partía con la ventaja de saber que ese bebraje estaba constituido en su mayoría por las plantas que crecían en su jardín), un estofado dividido en pequeños trozos para poder degustarlo con tranquilidad, una ensalada llena de verdudas que crecían en Tercano y unas botellas de vino y cerveza al gusto de cada persona. Además, claro está, de una jarra de cristal llena hasta el borde del dulce agua que las nubes dejaban caer sobre la cima de la montaña.

El principio de la comida fue un poco incomodo para la pareja, pues no sabía de que temas podían hablar. No se conocían y por lo tanto no sabían que relacion tenían que adoptar.

Pero conforme las copas de cerveza y vino iban cayendo y las botellas iban dejando vacio en su interior (en este momento se a de decir que la elfa, para lo que aparentaba bebía como todo un enano) la conversación se volvió más animada y amena.

Los temas que se trataban eran poco importantes y las preguntas personales todavía no habían dado comienzo, así que el tema principal era gobernado por las preguntas de Earin, que estaba interesada en toda la organización y división de Tercano.

Pasado un tiempo en el que todo lo importante hacerca del clan obtuvo su respuesta, el maia no pudo resistir hacer la pregunta que le estaba ardiendo en la boca, hasta que estalló:

- ¿Y eres un alma solitaria Earin? - Preguntó Sincarion - o por el contrario alguien te espera en algún lugar de Arda?

Earin Aratarya

Earin, se encontraba recostada cómodamente en uno de los divanes dispuestos bajo la pérgola, resguardándose del sol de las primeras horas de la tarde, mientras bebían el mejor vino de todo Tercáno, obtenido de la cosecha propia del mago.

La sobremesa transcurría en absoluta armonía y la complicidad entre la recién llegada y el Rey de Tercáno, era evidente, así pues, entre planes de batalla, y propósitos de alianzas, ambos se dieron cuenta que quizás, tenían algo mas en común que la ambición y el deseo de conquista, …de pronto se hizo un profundo silencio durante el que ambos se miraron, y de pronto, las risas y el ambiente distendido cesaron, justo en el mismo instante en que Sincarión formuló su pregunta, con suprema elegancia, y una amplia sonrisa como si tal cosa, pero…, tan directa e inesperada, que Earin soltó la copa y se incorporó lentamente, tratando de madurar una respuesta contundente, que por cierto no tenia nada clara, bajó la cara y así, los segundos pasaron lentos, y ella dudaba aun, entre sonrojada y aturdida por la insolencia del Mago, hasta que sintió caer el peso de la mirada de Sincarión sobre ella, y como reaccionando ante una llamada, alzó la cabeza para encontrar sus ojos con los del mago, y levantándose mientras se acercaba con paso lento hacia él, habló;

Estoy segura, mi señor, que nadie me espera mas allá de los bosques cercados, pues no tengo allí a nadie de mi parentela ni de mi devoción, y mi corazón esta bien guardado, pues …no he conocido hombre o elfo desde mis primeros años de juventud , que no haya perdido la vida a merced de mi arco o mi espada,

Así pues como vos decís, soy un corazón solitario.

Sus palabras brotaban con fluidez y casi en contra de su voluntad, y al fin acabó diciendo la más absoluta verdad, desnudando por vez primera en toda su vida, su corazón ante alguien, ese era el poder que ejercía el mago sobre ella…el la veía mas allá de las apariencias, y lograba que ella se mostrase tal como era en realidad.

…Algo aturdida por la confesión repentina que acababa de hacer, se asomó al balcón abalaustrado, y suspiró agobiada, se atrevió sin embargo, a volver la vista hacia el lado, y mantener la mirada a Sincarión, que la observaba entre asombrado y satisfecho, el aire arrastraba la fragancia desprendida del cabello del mago, y al aspirar aquel aroma todo su interior se agitó, aquello la frustró de tal manera, que sintió ganas de salir corriendo de allí, se giró de pronto y abandono aquella hermosa terraza sin decir una sola palabra, atravesando la enorme biblioteca a toda prisa.

Y al cerrar tras ella la pesada puerta, y encontrarse a solas en el pasillo, respiró hondo , tan hondo que casi resopló , se relajó dejando caer los hombros e inclinando la cabeza sobre su pecho, mientras apretaba los puños cerrados junto a su barbilla, y pensaba qué hacer…

Estaba perdida, los miedos y las ganas luchaban en su interior, y un torbellino de dudas la asaltaban sin tregua.

[Editado por EarinKementari el 29-11-2004 14:02]

Earin Aratarya

Comenzó a bajar las escaleras, y suerte que se encontró al mismo sirviente que esa misma mañana había retirado el caballo del patio de piedra del castillo a su llegada, este, la saludo respetuoso inclinando levemente su cabeza al paso de la elfa, entonces ella no dudo ytras responderle el saludo le ordenó; preparad a Aenarion en seguida!

El criado asintió y desapareció en el acto, ella permaneció no supo cuanto tiempo, con la mirada perdida y clavada en el suelo del acceso principal al castillo, se volvió de pronto como si volviera en si, para mirar las escaleras esperando tal vez, ver aparecer la figura del mago por que se sintió observada, pero no fue así…no había nadie allí.

Salio entonces al exterior, donde ya estaba preparado Aenarion junto al criado, y tras ajustar los correajes y buscar a Hachída con la mirada. Montó en el esbelto caballo, negro y brillante, cual azabache al sol.

Hachída no estaba por la labor de correr tras el caballo pues sabía que seria una galopada frenética, puesto que conocía a la elfa,…como nadie.

Se sentó a su lado y la miraba, ella se dirigió al enorme perro un poco molesta, -Hachída! Le gritó.-

Pero Hachída solo la miraba y miraba hacia un lado y otro, ella lo miró con el ceño fruncido, el perro estaba comportándose de un modo muy extraño desde que habían llegado al castillo.

Espoleó a Aenarion y salió, en efecto, a todo galope sin volver la vista atrás, abandonando Barad Hithgwath igual que el sol abandonaba a esa misma hora la inmensidad de Arda, atravesando la Atalaya, y aventurándose a todo correr por el tortuoso sendero de la montaña.

En cuanto comenzó a sentir el frío viento acariciar su pelo y agitar sus ropajes, el peso que el mago ejercía sobre ella, se aligeraba, y se enfriaban no solo su razón, sino también su corazón.

Y mientras Earin vagaba meditando sus alternativas, y calmando su ofuscación, caía el crepúsculo sobre el mundo, y de pronto se descubrió encarando de nuevo el sendero de la montaña, camino de la torre del mago, cuando al levantar la vista hacia la cima de la admirable montaña, observó, por vez primera la indescriptible belleza de Barad Hithgwath , bañada por la luz de las estrellas innumerables y el fulgor de la luna, creciente en esos días, que lucía cual cuerno de plata prendido sobre la Torre, con los pendones y estandartes ondeando a merced de la brisa…era realmente extraordinaria.

El paseo había mermado las reacciones impetuosas de la elfa, y el frío de la tarde, le había despejado mente y espíritu, ahora volvía con renovada energía, incluso sintió ganas, al llegar a la atalaya iluminada con antorchas, de estar cuanto antes en el interior del castillo, y esa sensación de “llegar a casa” que no había sentido hacia años, la embargaba de nuevo.

Sincarion

Sincarion estuvo todo el tiempo junto a Hachída observando desde lo alto de la torre como Earin se movía con su caballo a una velocidad impresionante, lo que convenció a Sincarion de que aquel animal era en verdad un especímen maravilloso.

La tarde pasó rápida y llegó a su fin cuando Earin comenzó a subir la montaña para volver a su nuevo hogar, porque desde que habian echo el pacto, el castillo de Barad Hithgwath ya no era el castillo de Sincarion unicamente, sino que se había convertido en el castillo, para bien o para mal, de Sincarion y Earin.

Sincarion espero a que la elfa volviese a su hogar y una vez que llegó la miró con una sonrisa que si bien no era cálida, tampoco era la típica sonrisa fria que el maia tan a menudo utilizaba.

- Espero que te hayas tranquilizado por fin - le dijo el mago una vez estuvo a una distancia corta - va siendo hora de que dejes los nervios. No te permitiré que seas así. No es tu naturaleza, lo siento, lo veo, lo sé. Vas a ser poderosa, muy poderosa en verdad y no te podrás comportar como lo has echo hoy. No tienes que dejar que nadie te ruborice, te haga daño o te intimide. Espero que lo puedas conseguir o me habré equivocado contigo.

Dicho esto Sincarion pidió a un sirviente que se ocupase del caballo y se dirigió junto a la elfa, que tenía el pelo pegado por el sudor de la galopada que se había dado (cosa que no la hacía ni mucho menos más fea) y su respiración hacía que sus pechos se elevasen más rápido de lo normal.

Así que Sincarion viendo como estaba le preguntó:

- Quieres acompañarme una vez te hayas duchado a mi salón para hablar tranquilamente con el calor de la lumbre?

Earin Aratarya

La sonrisa de bienvenida del mago a las puertas de Barad Hitgwath fue una sorpresa para la elfa, pero mas aun, ver a Hachída junto al él, sentado plácidamente, realmente el perro estaba desconocido, nadie hubiese imaginado la ferocidad que era capaz exhibir, viéndole así, como un triste animal domestico dedicado a pasar gozosos los días al sol.

Abrió los ojos mirando al perro pero no dijo nada, bajó del caballo, se acerco a ellos… iba a disculparse ante Sincarión, por lo ocurrido en la tarde, pero él se adelanto, no supo si para ahorrarle el trago, o por que realmente no se dio cuenta de sus intenciones, el caso es que aquella sonrisa y las palabras que después la acompañaron animaron el corazón de Earin, al mismo tiempo que hicieron saltar el orgullo de la elfa;

Ella no había salido corriendo por estar ruborizada ni intimidada, no por eso!, lo que ocurría es que era terriblemente impulsiva y en realidad lo que había sentido en aquella terraza era impotencia y ganas de lanzarle una saeta o dardo en mitad del pecho por hacerle aquella pregunta tan impertinente, grosera y soez, …mas solo pudo contestar, sin chistar como una niña bien educada…era aquello lo que hacia hervir su sangre, era sentirse bajo aquella extraña influencia, pero;

… cómo decirle al mago que no soportaba su mirada escudriñando en su interior?

Decidió relajarse y no decir nada tan solo bajo la mirada un segundo, parpadeando lentamente mientras recogía su pelo y lo colocaba a un lado de su cuello, despejando su frente mojada por el sudor, y pensando en una respuesta adecuada…pero el silencio fue lo mejor que encontró, defraudarlo? Equivocarse con ella?...eso sonaba a advertencia o a promesa?

Resolvió callar, por el momento, mejor que comenzar una discusión, le mostraría que nadie nunca había sido capaz de dañarla o intimidarla, y no seria él el primero. No lo sería…

Aquella frase de “No te permitiré que seas así., y no te podrás comportar como lo has echo hoy.” junto con el “Espero que lo puedas conseguir o me habré equivocado contigo.” Le habían dado en su punto más fuerte, su orgullo.

La oscuridad caía ahora sobre las tierras de Tercáno, ella sintió frío de pronto, el mago la insto a que se diera un baño , cosa que por supuesto ella aceptó encantada, tenia prisa por quitarse el olor caballo y sentarse junto a ese fuego encendido , hacia tanto que no sentía el calor de un hogar, a mantener una conversación …que casi no recordaba los modales mas elementales, tal vez, eso era también lo que hacia que se comportase como un caballo salvaje…quizá el mago tenia alguna razón al tachar su actitud de deleznable y vacilante…

Levantó la vista al cielo y tras mirar las estrellas que iluminaban los muros de Barad Hitgwath, suspiró, sintió el calor de la respiración de Hachída en su mano, que la animo un poco y la saco de sus sombríos pensamientos de tiempos pasados.

Aceptó entonces el brazo del Mago que esperaba serenamente la reacción de la elfa, aun a sabiendas que ella le había descubierto mirándole el pecho con descaro, pero ella decidió no hacer una escena, sobre todo, por que no le había importado, en absoluto, es mas casi sonríe con el inédito descubrimiento acerca de su nuevo compañero…

Y tras un cruce de miradas furtivas y nerviosas ambos se adentraron en el gran pasillo que conducía al salón principal.

Earin Aratarya

Se separaron junto a la escalera, Sincarión se despidió de la elfa con un gesto afable, indicando a dos jóvenes doncellas que la acompañasen y atendiesen en todo lo necesario, mientras él se adentraba en uno de los salones donde aguardaba parte de la guardia, esperando para ser atendida.

Ordenes rutinarias,…o nuevas de alarma? Se pregunto Earin intrigada, pero ya estaba bastante lejos de la primera planta como para volverse o llegar a oír algo.

Dejó de lado las posibles nuevas que pudiese traer la guardia, y se dedicó a curiosear los incontables detalles de las paredes del pasillo, pintadas con escenas de algunas de las mas grandes historias de los días antiguos , mientas las jóvenes se retiraban cuchicheando, su llegada parecía ser esperada por todos, aunque no acogida con el mismo entusiasmo por lo visto…lo cierto es, que el Mago ya había dicho en dos ocasiones que ella estaba allí por algo en concreto, pero ella no sabia más, que lo que habían hablado aquel día en las colinas limítrofes de las tierras de Nurn, que no fue mas, que una indefinida proposición, acerca de algo que aun estaba por ocurrir…

Una de las jóvenes interrumpió sus pensamientos, -necesitamos saber en cual de las habitaciones se instalará para preparar el baño y su equipaje y el resto de sus cosas, señora.-

Aquel “señora”, sonó un poco raro a los oídos de la elfa, sonrió a la chica que por cierto era de raza humana, -extraña elección para el servicio de un Maiar-pensó Earin, a quien no simpatizaba en absoluto aquella raza, tardía y deplorable, sin nada que aportar a los dominios de Ëa…

Vaciló ante la propuesta de elegir habitación le hubiese gustado verlas todas, una a una, pero no le pareció apropiado hacer tal cosa, pero de pronto al llegar a la tercera planta, sin mas titubeos se dirigió de pronto hacia una de las puertas cerradas de aquel pasillo oscuro y sombrío tan solo iluminado por la vacilante luz de unas escasas antorchas, y las abrió enérgicamente, tras acostumbrar sus ojos a aquella espesa oscuridad, al fin exclamó humm.. Perfecto!

Espaciosa, con un pequeño anexo plagado de libros, chimenea y un amplio ventanal que dejaba pasar la luz de la luna y permitía ver el mar, le pareció que no habría podido escoger mejor y sobre todo teniendo en cuenta que había sido al azar!

Sonrió satisfecha, mientras encendían el fuego y arreglaban la cama, la cual llamo la atención de la elfa por las exageradas dimensiones de la misma y sin decir nada se retiro a seguir curioseando por el castillo mientras el baño estaba listo.

[Editado por EarinKementari el 02-12-2004 18:59]

Earin Aratarya

…Un olor exquisito invadía toda la habitación.

Earin sintió frío al contraste del calor del vapor del baño, y la humedad del enorme aposento, que, aun con la chimenea encendida no se vencía, se acercó al fuego envuelta en un gran pliego de lino blanco con bordados, que cubría su desnudez y se sentó en la alfombra a secar sus cabellos frente a las llamas, observo el cambio que había sufrido la habitación en tan solo un rato, ahora parecía digna de Reyes, cada detalle, estaba escrupulosamente cuidado, y la iluminación había sido realzada, aunque ella se hubiese quedado, con la penumbra inicial y con el solo rayo de la luz de la luna…

no sabia cuanto tiempo había pasado desde que se despidió del mago en la escalera, pero le pareció mucho, tal vez demasiado…se vistió rápido y recogió su cabello en un elaborado y hermoso recogido, que adornó con unas flores frescas de un hermoso ramo, que alguien había tenido el detalle de colocar junto a la cama. El color blanco de las flores, encendían aun más sus mejillas rosadas por el recio sol de aquel largo y duro día, y contrastaban con la palidez de la piel de su cuello y su pecho, bajo el manto gris plateado.

Observó con extrañeza y alivio, que nadie había desempacado el fardo cerrado que transportaba sobre Aenarión, ni ninguna de sus armas había sido sacada aun de su lugar, solo la larga hoja élfica estaba fuera de su sitio, cosa k no era así al llegar a Barad Hitgwath. Pero no le dio más importancia y se dispuso a bajar al encuentro de Sincarión antes de salir de la habitación, se miró y sonrió traviesa ante la imagen del espejo, estaba mucho mas animada y cada minuto que pasaba en el castillo le gustaba mas todo lo que allí había, además estaba ansiosa por volver a mantener una animada conversación con el mago y saber mas cosas acerca de su nuevo hogar, y esta vez, mantendría su temple y su talante soberbio, pese a todo.

Bajo la escalera y oyó l voz del mago en seguida que llegaba a la primera planta diciendo…

Sincarion

Sincarión llamó a Earin por su nombre, un nombre que al salir de los labios del mago sonaron más dulce de lo que en años había salido de su boca una palabra.

El maia se quedó helado, esa voz hacía tiempo que no la utilizaba, tan sólo la utilizó con una persona, pero fue hace mucho, habían pasado edades desde ese momento y Sincarion rapidamente se quitó aquel pensamiento de la cabeza.

Aunque volvió cuando la vió bajar por las escaleras.

Sincarion había sido un espíritu incorporeo al igual que sus hermanos y por lo tanto, cuando estos seres adquirieron cuerpo fueron perfectos, sin ningún detalle que no estuviese cuidadosamente elaborado. Todos eran hermosos e indescriptibles, pues tanta belleza no se podía describir. El maia estaba pensando esto y en el tiempo que había transcurrido mientras la elfa bajaba de las escaleras y el mago vió la belleza como tan sólo en la Primavera de Arda la había podido contemplar. Su mírada se clavó en Earin, sus pensamientos se esfumaron dejando un vacío como el mago nunca había tenido. No podía ser, no podía haber tal perfección en este mundo corrompido, no podía haber retrocedido en el tiempo. ¿Que había ocurrido? Sincarión optó por no recapacitar sobre eso, pero no podía moverse, estaba paralizado, maravillado, sólo atino a tender el brazo hacia la dama que le esperaba en lo alto de las escaleras

Earin Aratarya

La mirada del mago reflejaba fascinación y sorpresa, se quedo como aturdido o, abrumado tal vez, al verla llegar.

Earin le dedico la mejor de sus sonrisas y posó suavemente su mano sobre el brazo del mago, enseguida le dijo; -siento la tardanza.-

Sincarión sonrió y no dijo nada, tan solo la condujo hacia una abertura en la pared que parecía una puerta escondida o algún tipo de pasadizo privado, solo para su uso personal, pues nada había allí, ni antorchas ni alfombras y nada que delatase presencia ni cuidado de ningún tipo, era una vasta excavación en la roca viva que conducía sin duda hacia la parte este del castillo.

La galería consistía en una abrupta escalinata de piedra era antigua y gastada por el paso de los años, donde el olor era rancio y húmedo, al igual que las paredes de roca, cubiertas de pequeñas estalactitas que despedían destellos al paso de la antorcha que Sincarión alzaba de cuando en cuando para iluminar el camino hacia la Torre, ya que allí era donde se dirigía.

Al fin salieron a un paso estrecho, donde el aire frío de la montaña corría sin encontrar obstáculo alguno, pues al levantar la vista Earin advirtió con sorpresa que no había nada alrededor, se encontraban al borde del abismal precipicio que constituía la montaña, un vacío insondable donde no se veían mas que las nubes bajas y espesas que arrastraba la brisa del anochecer.

En el lateral de uno de los muros que sujetaban la más alta torre de Barad Hitgwath, había una puerta disimulada con un pequeño montón de rocas sueltas junto a ella, y por allí, penetraron de nuevo al interior del castillo. Pero justo antes de atravesar las puertas que sellaban lo que con seguridad era el lugar mas oscuro y secreto de todo el castillo, Sincarión se volvió mas serio de lo habitual hacia la elfa, y le dijo con grave voz, “espero que recuerdes cada palmo de esta senda pues te será de mucho provecho en los tiempos que se avecinan”.

Ella entendió que aquellas palabras eran una advertencia y asintió con la cabeza pues no hacia falta decir que por supuesto aquel camino ya no se borraría de su mente.

El prosiguió;…esta torre son los ojos de Barad Hitgwath, centro vital de Tercáno, y prisma de acontecimientos venideros, que solo yo tengo el poder de advertir ó interpretar según mis dilucidaciones,… y que a partir de ahora será ,solo en caso extremo lugar de refugio y de reunión , cuando no sepas donde encontrarme acude a este lugar.

Pero justo cuando Earin creyó que las enormes puertas se abrirían, el mago se dirigió al otro extremo del pórtico y se detuvo en la bajada de otra escalinata, hizo un gesto a Earin para que lo siguiera, ya que ella, se había quedado como paralizada ante las enormes puertas negras.

Reaccionó al fin tratando de ocultar su decepción por no haber visto el interior de la torre del Mago, y comenzaron a bajar las escaleras mas amplias y refinadas, lo que le dio la certeza de que volvían a estar dentro del castillo y al mismo tiempo que ella, hacia sus cábalas , él dijo; “como ves, hay otra manera mas cómoda de llegar hasta aquí, pero la que ya conoces es la mas rápida, y por supuesto ,desconocida, sin lugar a dudas”, acabó la frase con una de sus encantadoras sonrisas, cosa que la elfa agradeció devolviéndole aquel regalo, un suave olor a comida anunciaba que la cena estaba lista, pero lejos de bajar al la primera planta, permanecieron en la parte superior del castillo, donde Sincarión ,tras soltar con delicada dulzura la mano de la elfa, le anuncio en tono bromista, bienvenida mi señora al observatorio astral y planetario de este humilde Mago, esto lo decía mientras se abrían las puertas de otra inmensa sala, con una pequeña mesa, dispuesta para dos, era extraño todo lo que allí había, …se podía ver la inmensa luna coronada de estrellas, pues los jirones de nubes habían desaparecido con el viento, y las luces plateadas que entraban por la bóveda de cristal, se mezclaban con las anaranjadas luces de las antorchas que llenaban el lugar, la sala tenia aspecto alegre y acogedor, en parte, pues al otro extremo de la estancia, solo había oscuridad, aunque entre la penumbra Earin logro adivinar la existencia de libros en cantidades incontables y extraños artilugios , maquinas y artefactos de magia, que no se atrevería ni a nombrar.

Sincarion

La cena, compuesta por una carne sabrosa, una ensalada donde se entremezclaban las hortilazas típicas de todas las zonas más algunas que sólo en Tercano parecían crecer, y un vino de la bodega del mago, fue alegre y divertida.

Sincarion y Earin hablaban de tribialidades, de como había sido su instalación en aquel lugar por parte del mago, la historia de porqué Earin había llegado hasta allí, del encuentro que tuvieron en los lindes de las tierras de Nurn, etc

Poco a poco la luna fue desplazandose por sobre sus cabezas y las antorchas iban dejando poco a poco de alumbrar el lugar. Ahora el sitio no parecía tan alegre, sino que a Sincarion le recordaba a uno de esos sitios donde los jovenzuelos solían encontrarse para divertirse con sus parejas.

El mago no quería que la elfa creyese que esas eran sus intenciones, así que llamó (si se puede llamar a lo que hizo \"llamar\", pues no parecía que hubiese echo nada) a uno de los juglares y músicos del castillo, que estaban allí para cualquier necesidad y al poco rato subieron estos por un pasadizo que un rato antes quien hubiera pasado por allí habría dicho que no existía.

Levantandose Sincarion de la mesa una vez todo hubo terminado, le hizo un guiño a los músicos, que rapidamente se pusieron a tocar una balada mientras el mago se dirigía hacia la elfa y le preguntaba: ¿Te apetecería bailar con este anciano bajo la luz de Isil?

Earin Aratarya

Earin estaba agotada,… muchas cosas nuevas y muchas sensaciones, en demasiado poco tiempo, su mente necesitaba relajarse, y el baile no habría hecho mas que estimular sus emociones y avivar su espíritu extrovertido y apasionado, que ahora debía aprender a controlar .

Aceptó el baile pero sin mucho ánimo cosa que fue claramente perceptible para el mago…

Y es que esa misma tarde, Sincarión le había dicho que tenía que aprender a relajarse y dominar sus impulsos, pero ella no estaba segura de si quería hacer en realidad aquello, dejaría de ser ella, por tanto mientras aun bailaban, ella negó con su cabeza y se apartó de el, mientras miraba a los ojos del mago con su más delicada y suplicante sonrisa que era una ruego de “no me hagas esto que no quiero bailar”… y él acepto aquello, a cambio de un ligero paseo bajo las estrellas innumerables,

Ella le contó de la agradable habitación en que se había instalado, y él de las maravillas del amanecer desde La Torre, de cómo los árboles pronto estarían cubiertos de nieve y ya no abandonarían aquella tierra en las cumbres, hasta la tardía primavera…

Esto ensombreció el ánimo de la elfa que aunque soportaba bien el frío y cualquier otra inclemencia, amaba el sol y la hierba, sobre todas las cosas de Ardä,

Y algo vino a interrumpir los pensamientos de ambos pues, de pronto, bajo las tenues luces de la noche, se oyó el sonido mas dulce y evocador que jamás nadie pudo oír entre las sombras.

Ella se detuvo de pronto, atónita y sobrecogida, mientras Sincarión sonreía, visiblemente orgulloso y sorprendido al tiempo, pero siempre satisfecho.

Era Náraewen el pájaro de Sincarión que se aproximaba regalando su dulce y preciado canto a Earin, el vive en el corazón del jardín de este castillo, y su refugio es lo único imperecedero e inmune al alcance de las inclemencias del invierno, si tanto te afligen las nieves, por lo visto no será él, el que se oponga a tu presencia en su morada pues ya es hoy la segunda vez que se presenta ante ti, sin motivo aparente…extraño sin duda por cierto.

La noche estaba ya muy avanzada y ambos decidieron pasar al interior de nuevo, arreciaba el viento y el calor del hogar junto al fuego encendido era mas alentador que cualquier romántico paseo. De nuevo estaban a solas y frente a frente, el silencio invadía la estancia y ambos bajaron las miradas hacia las llamas que crepitaban furiosas…Earin pasaba los dedos por su cuello tratando de dar con el colgante que pendía de él, entre su pelo y la capa, lo sacó al fin y tiro de el suavemente hasta colocarlo de nuevo en su lugar, luego se giró y al ver un cojín enorme frente a la puerta lo arrastró , lo puso sobre la enorme alfombra de pieles de oso entretejidas entre si con distintos colores y texturas que invitaban a tumbarse sobre ella y acariciarla, y se sentó sobre el frente al fuego , todo seguía en silencio, el mago tan solo la observaba y ella perdió la mirada entre las llamas saltarinas dejándose confortar por el calor y sintiendo como su piel se tornaba calida y suave…

Sincarion

Pocas pruebas habían sido tan dificiles para el mago como esta.

Allí estaba aquella extraña elfa, a la que sólo conocía por un breve intervalo, una nimiedad si se miraba la larga vida que Sincarion poseía y arrastraba, mas sin embargo aquella elfa le había impactado, no sabía si por su fuerza, por su testarudez, por su presencia noble o simplemente por su inmenso corazón, que él nunca podría igualar.

Pero estar delante de ella y no poder tocarla, estar tan cerca y a la vez tan lejos ...

Sincarion levantó la mano mientras la mirada de Earin seguía pendiente de las llamas, la acercó hasta el cabello de la elfa, pero antes de haber conseguido la mitad del recorrido paró, bajó la mano y se levantó para cojer una copa.

La noche estaba ya en su punto intermedio y Sincarion pensaba que tenía que recapacitar sobre todo lo que había ocurrido ese día. Mas no quería alejarse de la elfa, no quería dejar de ver aquel rostro, no quería dejar de sentir aquel olor que nunca antes había notado, no quería estar sin ella ... Pero sin embargo nunca nadie había estado mucho tiempo con él. El era un ser solitario, por mucho que esto le doliese, y no quería hacerse sueños de vida junto a alguien cuando sabía lo difícil que esto podría llegar a ser.

El mago se sentó, acercó el licor a su boca y sorbió el líquido que esta contenía.

No quería hacerse ilusiones, no quería cambiar, quería seguir sin que nada de nadie le importase ... miró a la elfa ... y sus pensamientos se esfumaron como la arena que arrastra el mar

Earin Aratarya

Earin había notado la cercanía de la mano del mago a su espalda, cerró los ojos esperando el contacto de los dedos de Sincarión - en la piel de su cuello, pero aquello nunca paso, pues el maiar se alejó y se retiro para llenar su copa, entonces un sentimiento fuerte e impetuoso como una tempestad de mar irrumpió en ella haciendo tambalear hasta el ultimo recoveco de su pudor, su moral, y su orgullosa coquetería.

Giró la cabeza para mirarle, y se encontraron sus ojos en el profundo silencio que invadía el espacio que los separaba, cuando ella advirtió las dudas de Sincarión, ya que al sorprenderle desprevenido había alcanzado a leer en su pensamiento durante un segundo, vio todo lo que él sentía oculto tras su manto de frialdad y aislamiento, el volvió la cabeza y bajo la mirada al suelo, cosa k antes jamás había echo… y que ya nunca mas él hiciera…

Se levanto del mullido cojín y se acercó al mago sacándolo de su ensimismamiento tocándolo con su mano, en cuanto sus dedos entraron en contacto, se enlazaron de repente y se fundieron con los del mago, como si llevasen centurias esperando para encontrarse, al fin, y durante un instante, el tiempo se detuvo.

Sincarión soltó la copa, y siendo capaz de no pensar en nada mas en aquel momento mas que en lo que sentía y lo que quería, le sujetó la cara suavemente con ambas manos, Mientras ella nerviosa lo miraba anhelante y le sujetaba a él por las muñecas, mientras sonreía levemente casi asustada, pensaba que el mago la besaría, y eso era lo que en realidad quería... pero de pronto dudó, tal vez no era la mejor idea, -se dijo-

El mago parecía estar pensando lo mismo, pero la pasión y el deseo, se palpaba en el aire circundante, y al fin,aturdida, ella se soltó de entre las manos de Sincarión, y se alejaba de el tan solo unos centímetros cuando volvió a darse la vuelta iba a decirle algo, pero descubrio que él la miraba aun, como quien mira a una joya prohibida, una cosa inalcanzable, lejana y etérea, que no era mas que una ilusión, y alli estaba sin hablar, mirándola a los ojos como hechizado, pues apenas apenas pestañeaba, como apartando de sí cualquier pensamiento sobre ella, entonces fue cuando Earin Aratarya , sin pensar en nada más, cosa usual en la elfa, se lanzo contra su boca y le besó como nadie había besado jamás al istari, dejando toda su excitación, su pasión e incluso parte de su alma, en aquel beso.

No espero reacción alguna de él, pues temía en verdad cual alcanzara a ser…

Y tras aquello, se aparto de él, entre avergonzada y arrepentida y subió las escaleras como una exhalación y sin mirar atrás, desapareció entre la penumbra del castillo,

Para encerrase en su habitación y tirarse sobre la cama, cual niña asustada pero tremendamente feliz, con el sabor en los labios de aquel beso que sin haberlo sabido, tanto había anhelado…

[Editado por EarinKementari el 09-12-2004 04:18]

Sincarion

Sincarion, que nunca había sentido los labios de una persona en los suyos propios entendió por vez primera lo que podía conseguir con un cuerpo en puesto de ser etéreo. Había sido corto, casi como un suspiro, pero aún así fue lo más delicioso que le había ocurrido en su vida, más incluso que cuando todos sus hermanos junto a él tocaron bajo la mano de Íluvatar. Había sido precioso y quería volver a repetirlo, mas sabía que este no era el momento de hacerlo.

El mago en verdad nunca había besado a un ser vivo, así que no sabía si era normal su reacción o no.

Así que ya que la elfa estaba en sus aposentos supuestamente descansando, bajó hacía el jardín, se acercó a donde estaba el lago y allí encontró lo que buscaba, su preciosa tortuga estaba despatarrada bajo la hierba que se chafaba bajo su peso.

Sincarion vió que todavía estaba despierta, así que lentamente se acercó hacia su cabeza, más directamente hacia su boca e intentó besar a la tortuga.

Y todo fue bien, no sentía nada parecido a lo que había sentido con la elfa, pero sí que sintió una descarga de agua cuando el animal, en un gesto de camaradería le restregó toda su lengua por la cara dejandosela como si la hubiera hundido en el agua del estanque.

Al fin se apartó el mago comprendiendo que lo de la elfa no había sido lo normal, y eso le intrigó. No fue el tacto lo que le hizo enrojecer en aquel encuentro, fue, fue .... tenía que ser sincero consigo mismo, así que lo reconoció, fue su corazón lo que cambió, lo que no sabía, aunque más tarde si descubriría es lo que ese cambio significaba.

Sincarion volvió a su castillo meditando sobre ese encuentro y lo que éste significaba, aunque antes se había quitado las babas de su preciosa tortuga gigante labandose la cara en el estanque, que le había parecido más hielo que agua.

Earin Aratarya

La elfa se acercó a la ventana ensimismada en pensamientos encontrados, y de pronto algo llamo su atención entre las copas de los árboles, una sombra cruzo el patio y se dirigió al estanque, no dio mayor importancia al individuo a no ser por que observo que se abalanzaba sobre la tortuga del Mago Sincarión, haciendo cosas muy extrañas sobre ella…parecía que...no, no podía ser.

Era algo absurdo, pensó que el día tan lleno de emociones la estaba trastornando, y sin dejar de mirar pro la ventana se desvistió y se puso un suave blusón largo de seda de colores ligeramente dorados, …mientras, el sujeto cruzaba de nuevo el patio y miro de repente hacia su ventana, ella dio un paso atrás, no podía creerlo, ¡era el mago!

Se metió en la cama aturdida y espantada, de pensar en el mago sobre la tortuga… no podía ser, no era serio, como podía? Seguramente había sido imaginación suya…pensaba.

Y así permaneció largo rato en la cama mirando el hermoso dibujo del interior del dosel…

Sincarion

Una vez el mago estuvo en su castillo Sincarion subió directamente a su habitación, no sin antes pararse ante la puerta de la elfa Earin para escuchar en un momento de curiosidad si todavía estaba o no dormida.

Tras comprobar (o al menos eso imaginó el mago) que Earin estaba durmiendo, Sincarion siguió subiendo hacia sus aposentos, se quitó sus ropajes y se acostó sobre la gran cama que tenía para su uso.

Tenía ganas de dormir, pues le habían ocurrido muchos acontecimientos extraños en aquel día, que había sido muy largo y sin embargo le hubiese gustado que hubiese durado más.

El sueño tardó en hacerse con el mago y con los primeros rayos de luz Sincarion ya se estaba volviendo a ponerse sus ropajes para salir a dar un paseo por el jardín.

El día de hoy sería bastante simple, por la mañana sólo tenía que ir al mercado que como todas las semanas se presentaba en la falda de la montaña y allí haría las formalidades típicas del rey con los comerciantes que venían aquí a intentar estafar a la clientela, pero que ya habían aprendido que estafar al pueblo de Tercano significaba pagar unos impuestos al salir del mercado que quitaban las ganas de volver a intentarlo.

Un día normal de mercado para el maia era tedioso, pues veía tanta alegría, tantos comerciantes engalonados con sus mejores joyas que se creían algo en la vida cuando eran simples y burdas criaturas sin ningún poder real, simplemente con suerte en el negocio y con algo de dinero, cosa que de la noche a la mañana podía perderse.

Esa gente no eran nadie y sin embargo se creían los reyes del Mundo. Pobres ilusos.

Sin embargo, con la luz del alba y mientras la niebla dejaba paso a los rayos del sol, Sincarion pensó en Earin ... y se dió cuenta de que nada con ella podría ser aburrido, o al menos esa era la sensación que el había experimentado el día anterior.

¿Querría acompañarla ella a venirse al mercado? ¿Como se sentiría ella, un alma solitaria, ante tanta gente arrogante e insignificante?

Sincarion tenía ganas de averiguarlo.

Estos eran los pensamientos que ocupaban la mente del mago mientras se introducía en su jardín a ver a su precioso Náraewen, con el que tenía ganas de hablar desde ayer, cuando se acercó más de lo normal a aquella elfa. ¿Que tendría ella de especial para que le cayese tan bien a aquel ser espectacular? Porque para Sincarion era especial, pero dudaba que fuese por lo mismo que a Náraewen.

Al menos esperaba que la elfa no se hubiese despertado muy temprano, pues de repente le entró la intuición de que Earin no estaba ya en su dormitorio. ¿Donde se encontraría?

Earin Aratarya

Y no se equivocó…, pues ella no estaba en su habitación desde antes del amanecer, la noche había sido intensa y las paredes de la habitación le aprisionaban sin remisión, así pues, fue que antes del alba, ya había salido a conocer los alrededores de aquella cima y a aspirar la brisa helada que pasaba acariciando las cumbres aristadas de las hermosas y terribles montañas circundantes.

Nada se oía, nada se movía, solo el viento susurrando entre su pelo, sobre aquel montículo verde cubierto de briznas de tierna hierba, donde una frágiles flores blancas y amarillas luchaban por sobresalir para ver el sol…

Parecía como si el tiempo se hubiese detenido a su alrededor, y de pronto experimento una paz y un descanso como jamás antes lo sintió, se irguió alta y poderosa, orgullosa de quien era, y de lo que se proponía, segura de su destino y de su espíritu inquieto, que tantas malas pasadas le había jugado hasta el momento, Sincarión tenia razón, ella era tal vez, un corazón solitario, pero no vacío,…no hueco, ni frío.

…ni tampoco un espíritu indomable , solo tenia que encauzar su fuerza y su bravura de la manera adecuada , así y solo así, seria impredecible pero controlando la situación, y nadie en toda la tierra media podría ver el fondo de su corazón ni conocer sus ideas reales, ni siquiera el Mago.

Allí permaneció no se sabe cuanto tiempo hasta que los rayos del sol asomaron desde las escarpadas cumbres de la montaña reflejándose en las paredes de roca y tropezando a su paso con los muros de la torre, bañando todo de un tibio color dorado, e iluminando al fin las tierras Tercánas tras una larga noche fría.

Descendió de la montaña y llegó al lugar donde había dejado a Aenarion, Hachída la seguía como antaño, inseparable y fiel, observando a la elfa en cada movimiento y cada gesto, siempre la había cuidado y acompañado en cada momento de su vida desde que abandono la oscuridad y la protección de los bosques de Nan Elmoth, su hogar ya no tan añorado, pues en el castillo la habían acogido con alegría y satisfacción y todos parecían estar esperándola hacia tiempo, oía su nombre en los corredores y el servicio le sonreía a cada sala que atravesaba, el mago había sido justo y generoso en su ofrecimiento, y le había brindado sin reservas la mitad de todas sus tierras, solo a cambio de lealtad.

…lealtad susurró,…la tiene desde el momento en que lo vi.

De pronto recordó el beso de la noche anterior, el motivo de su salida del castillo de madrugada, y se estremeció en lo mas profundo de su ser, y es que solo una cosa la turbaba, el hecho de que el mago irrumpiera en su mente, e hiciera tambalearse todo en su interior, pero una cosa si tenia clara, lo de aquella noche no debió ocurrir jamás, y no se repetiría, y así, para demostrarlo, o mas bien para demostrárselo a si misma, no evitaría enfrentamiento alguno con el mago, y…orgullosa y altanera, de aquel día en adelante lo trataría como a un igual, sin mas respeto que el que él se ganase, y sin mas cuidado del que tendría con cualquier otra criatura semejante…

Barad Hithgwath también le pertenecía, y lejos de sentirse como una invitada, azorada y abrumada por la grandeza de todo cuanto allí había, ahora se comportaría cual anfitriona, …aunque lo que aquella mañana le apetecía realmente, era pasar el día vagando entre las cumbres y conociendo el terreno, en la ansiada soledad que tanto amaba, disfrutar de la visión del mar en la lejanía con su claro reflejo y sus destellos de luz, y la paz de la montaña…

Sincarion

Ese día Sincarion dejó de ir por una vez al mercado por el capricho de aquella elfa, pero sin embargo no le importó, se sentía explendido a su lado y sabía que aquello era lo mejor.

El día fue maravilloso, todo parecía sacado de aquellas canciones que los juglares solían cantar en las plazas de los pueblos para deleite de los lugareños. El cielo estaba moteado por unas blancas nubes que dejaban claro que ninguna gota caería aquel día sobre el suelo que el istar y su compañera elfa estaban pisando en aquel momento. La llanura que cruzaban a la cabalgata estaba cubierta de un cescep verde como los ojos de la elfa y de vez en cuando un árbol se plantaba en aquella llanura para deleite de la pareja que podía allí encontrar una sombra donde cobijarse y descansar.

Horas y horas pasaron desde que se marcharan del castillo del mago y sin embargo ninguna hora era buena para volver. Aquello era increible. Sus pies descalzos, una vez desmontaron de sus animales, se mojaban al tacto con aquella alfombra verde que les rodeaba. Las conversaciones que mantenían eran tribiales y sin importancia, sólo eran cosas que decían y con las que sus rostros reflejaban la belleza tan única como sólo se podía contemplar en una sonrisa. El istar Sincarion por un rato olvidó todas las penalidades que había pasado en su vida y pensó que quizás aquello tenía un fin. Un fin por el que, si existía, el se atrevería a luchar.

cuanto puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos... o en unos meses, como les ocurrió a nuestros personajes

Sincarion

Los días iban transcurriendo en total armonía entre nuestros personajes. Su amor cada día parecía más fuerte y sincero, cada día más bonito y agradable.

En poco más de un mes toda la población residente en Tercano e incluso la de más allá sabía lo que estaba ocurriendo entre el rey de aquel territorio y la elfa que se había ganado su corazón.

Los viajes solitarios se habían acabado para Sincarion. Ahora siempre iba acompañado de su amada, siempre que no era cabalgando, cogidos de la mano, como su una cadena atase sus destinos.

Sus súbditos se postraban por igual ante el que ante ella, como si la relación no necesitase de enlace matrimonial, como si sus rostros dijesen todo lo que los habitantes y extranjeros querían descubrir.

En las labores del castillo todo se le había simplificado al maia. Ahora Earin le ayudaba en sus trabajos de gobierno, le daba sabios consejos y le acompañaba en sus momentos necesitados. Todo lo que un humano puede esperar Sincarion lo tenía en aquel momento y muchas veces dió las gracias al Único por ello.

Por primera vez en su larga vida, más aún que la de Arda, Sincarion dió las gracias a Eru por la vida que le había ofrecido

Sincarion

Las guerras por aquel entonces, momento en el que los territorios que se estaban asentando en las Tierras Olvidadas, todavía se sabían lejanos y ninguno de los asentamientos tenía más que las típicas peleas en sus fronteras, pero claramente nada sin importancia.

El maia Sincarion se ocupaba siempre de recibir a los consejeros, a sus compañeros y a los embajadores de los demás asentamientos del lugar.

Todo eso estaba bien, pero cuando Earin llevaba ya casi un año en el asentamiento, Sincarion comenzó a notar que aquella vida, si bien máxima en amor y amistad, necesitaba de la emoción que siempre había regido su forma de vivir.

Sincarion comenzó a pensar en algo con lo que pudiera apaciguar el calor que se le estaba introduciendo en el cuerpo. Alguna aventura que pudiese recorrer, pero cada vez que miraba el interminable fardo de papeleo que tenía que hacer, todas sus esperanzas se desvanecían y se eliminaban dejando un vacio que poco a poco fue ganando espacio en su interior.

Y lo peor es que sabía que había dado su palabra al clan y que cuando juró regir aquel asentamiento sabía que se exponía a estar en aquella posición, al menos hasta que una guerra llamase a sus casas.

Pero su pueblo no estaría contento si su rey se marchase por la única razón de tomarse un respiro.

Ellos no sabían que el tambien tenía necesidades (la verdad es que poco conocían sobre los maia) pero sabían que su lugar estaba allí y que él les cuidaba desde las alturas.

Quizás el no hiciera nada, pero ellos pensando eso dormían tranquilos noche tras noche

Sincarion

Y al final sucedió lo que tenía que ocurrir.

Mucha gente pensó que si Sincarion hubiera comentado sus problemas, éstos podían haber encontrado solución. Otros pensaron que si el maia hubiera echo un simple viaje, tambien podría haberse solucionado el problema.

Sea como sea la vida de Sincarion se fue oscureciendo poco a poco. Lo que hace unos meses veía verde ahora tan sólo lo veía marrón. Lo que hace unos meses le hacía reir ahora sólo conseguía una sonrisa forzada. Su vida había cambiado, él lo sabía y sabía lo que tenía que ocurrir.

Y mientras tanto Earin estuvo junto a él. Fue en verdad un amor sincero y sin engaños, pero tuvieron el mayor de los problemas que se podían tener.

Ninguno entendía al otro, y eso les destruyó.

Sincarion y Earin se despidieron en la colina. Sincarion con sus ropas oscuras, con su pelo reboloteando en el aire, con su sereno rostro no dejando mostrar ninguno de sus pensamientos.

Earin vestida de gris, con una diadema recogiendo sus ondulados cabellos que intentaban salir volando como las gaviotas que se marchaban al vasto mar.

La despedida fue corta y en verdad amarga. Ninguno de los dos nunca hubiera deseado eso, pero todo principio tiene un final y en este caso Sincarion y Earin Aratarya demostraron que por mucho que sus corazones llorasen por el otro, sus destinos nunca podrían estar ligados, pues sus pensamientos no llebaban al mismo lugar.

Sincarion partió en solitario y volvió mucho tiempo despues. Su viaje le ayudó, fortificó y endureció. De nuevo el rostro impasible de antaño fue lo único que su pueblo le pudo sacar.

De Earin nunca se supo más. Quizás vagase por otro lares, quizás el destino la había llevado a algún lugar donde por fin la felicidad pudiese encontrar.

Sincarion nada del futuro sabía, sólo podía rezar. Y sin embargo el Único le había hecho mucho daño en esto y lo único que su cuerpo le pedía era que intentase olvidar.

Olvidarse de algo tan hermoso puede durar mucho tiempo.

Olvidarse del primer auténtico amor dura mucho más.

Earin gobernó sus sueños durante mucho tiempo.

Sus únicas pesadillas eran que a ella le ocurriese algún mal.

Gotas frías recorrían sus mejillas al pensar en ella

Su sangre caliente se ponía al creer que podría volverla a contemplar

Pero al final el maia fue valiente y a sus miedos les hizo frente

un día decidió que eso debía acabar

y poniendo su concentración en ello pasó día y noche

sin dormir ni comer ni tan siquiera moverse

su tarea era borrar todo lo que de earin pudiera recordad

ardúa fue la lucha que en el interior de Sincarion se libró

pues el maia en verdad no quería olvidar

sin embargo sabía que no podía cambiar el destino

que éste se movía sin poderlo evitar

y pensando esto y creyendo que algún día un nuevo amor pudiese encontrar

o al menos una amistad que tapara el vacío que ahora mismo en su alma parecía estar

consiguió poner fin a sus sueños, a sus pesadillas y a todo lo que de Earin pudiera recordad

Entre las más duras cuenta Sincarion esta batalla

pues a la sangre quizás no tuviese miedo

pero había conocido el amor y el cariño

y sabía bien lo que era la soledad

sabía que era más hermoso lo primero

pero quizás su destino de lo segundo no le pudiese salvar

Y así fue como acabo el amor de esos dos personajes, tan iguales y tan distinos como sus razas le permitieron y que nunca se desearon ningún mal

Sincarion

Mucho, mucho tiempo había pasado desde que Sincarion y aquella joven elfa de única mirada se dijesen el último adiós.

Y la vida siguió para ambos.

La tarde era oscura debido a las negras nubes, que intentaban ocultar la dulce luz del sol, mientras Sincarion paseaba por su jardín en la parte trasera de su castillo.

Sus pensamientos estaban dirigidos a la batalla que estaba llevandose a cabo, pues ya hacía tambien bastante tiempo que todos los Clanes de Haldonari se habían declarado la guerra. Era una tontería, Sincarion lo sabía, había suficiente espacio para todos y a ninguno le molestaba convivir con su compañero, pero el ansia de batalla, las ganas de conseguir sangre de los adversarios, el dolor en los rostros que iban cayendo hacía el suelo que más tarde sería su tumba ... esos eran los verdaderos motivos de aquella batalla y, a decir verdad, nada podía reclamar, sus tropas eran iguales que el resto ... o incluso peores.

Así que mientras sus pies se iban mojando por el rocio que recubría toda la hierba, sus pensamientos se dirigían hacia las tropas que tenía apostadas por todo su territorio e incluso más allá.

Hacía poco tiempo que un número bastante grande de jóvenes se habían convertido en soldados, en su mayoría humanos, pero donde tambien se veían algunos orcos más. Ahora sus tropas volvían a estar listas para la batalla, una batalla que no se haría mucho de esperar.

Sus próximos movimientos eran dudosos y sus enemigos no dejaban pistas con las que trabajar así que su cabeza comenzó a imaginarse que harían sus adversarios y que podría hacer para adelantarse a sus movimientos

Gwyllion

Lo que se escribirá a continuación pertenece a una época posterior, cuando las tropas de la Alianza acechaban los muros de Barad Hithgwath, y la Primera Compañía de Tercano Nuruva los defendió, reflejándose aquí sus posteriores dificultades.

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Cuando Sincarion alcanzó los muros de Barad Hithgwath, ya le faltaba visiblemente el aliento. Sulankalië a pesar de talle fino y esbeltas líneas, llevaba encima una indumentaria no menor.

Nélindë les guardaba el paso ahuyentando a la masa de couriosos que se iba acumulando a sus lados, dificultando el paso de los Capitanes.

Allá afuera la tormenta parecía totalmente desbocada y los vientos huracanados barrían los cuerpos sin vida de un centenar de malogrados soldados.

Una vez adentrados en la torre principal, dejaron a Sulankalië al cuidado de algunas de las ancianas más experimentadas en las artes curativas, y tanto Sincarion como Nélindë, se dispusieron a revisar sus propias contusiones.

Nélinde sentía dolorosas palpitaciones en la mano con la cual empuñaba la espada. Rápidamente una mueca de dolor transfiguro sus rasgos dulces, pues había una mancha violácea de significativas proporciones extendiéndose en su miembro golpeado.

Sincarion en tanto percibía un escozor extraño en las yemas de ambos índices. Al parecer su piel se habría literalmente ‘rostizado’ por la misma furia y descontrol con que los rayos de electricidad habían sido despedidos por su cuerpo. Dos pequeñas marcas se alojaban en los susodichos dedos.

Por lo demás lo acosaba un ligero dolor en la rodilla. En una ocasión durante la batalla, había tenido que saltar imprudentemente, pues de no hacerlo habría muerto aplastado por uno de los propios trolls, que en su magna estupidez había intentado pisarlo creyéndolo enemigo.

-Las heridas físicas no son las que más me duelen, de hecho son infinitamente más soportables que no saber que sucede en estos mismos momentos con nuestra noble compañera. – comentó Nélindë volviendo a ponerse la capa sobre los hombros. Su rostro había abandonado por completo la desesperación que evidenciase tan solo instantes atrás en el campo de batalla, ahora estaba serena y evitaba irradiar sentimiento alguno.

<<También me pasa a mi.>> hubiese deseado decir el Maia, pero un nudo desagradable en la garganta le impidió hacerlo. Realmente se preocupaba por la elfa, pero muy probablemente no lo sabía ni él mismo.

-Se ha levantado la tempestad clamando por la hija de Caranthir, y si amaina puede que se vaya a salvar sin mayores daños. En cambio algo me dice que si empeora, puede que ella incluso deje nuestra estancias para internarse más allá del mar, en el origen. – concluyó Sincarion, sin percatarse de los aires proféticos que rodeaban sus palabras.

Y se quedaron ambos con Nélindë observando expectantes por la ventanilla más alta de la torre, a ver si adivinaban la suerte de su compañera.

Al otro lado de aquellos muros, la esperanza abría sus brazos incluso para recibir a una Noldo del linaje maldito de Fëanor.

Vistafairea

La noche era cerrada, el Abismo se abría a los pies y sobre el castillo. Nada se movía allí arriba, ni siquiera el aire.

Un rayo rasgó el firmamento, la niebla descendió densa y cubrió todo el lugar, no se veía nada más lejano a lo que estaba al alcance de la mano. Y de pronto se desató la tormenta.

Pero era una tormenta seca, vientos huracanados azotaban las frías piedras del castillo; rayos y truenos en el cielo hacían creer que éste se desplomaría sobre sus cabezas, ni una gota de agua tocó el suelo.

En mitad de aquel extraño temporal un golpe sordo golpeó las puertas, parecía como si los goznes se fueran a salir de su lugar. Luego otro golpe, y otro... hasta que con el primer rayo de luz todo terminó; el viento cesó, el ruido de golpes desapareció y la niebla se dispersó.

Cuando los guardias salieron a comprobar las puertas, encontraron señales que indicaban que un enorme ariete había intentado derribarlas. Pero lo más extraño fue que grabado al fuego en lo alto de las puertas estaba el escudo de la Alianza de Eithel Glîn.