Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
Meril-Morn - La Rosa Negra De La Hechicera Loth-Loss, El Refugio De Una Mente Oscura
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Loth-Loss
\"Meril-Morn\"
En lo más profundo de Eryn-Dînen se haya enclavada entre marañas de vegetación, la vieja casa de piedra de Loth Loss.
La morada habitada por Loth-Loss es una casona de planta rectangular comprendida en dos plantas. Meril-morn no comprende una gran extensión sin embargo es suficientemente amplia como para vivir en ella con holgura.
Confeccionada en grisáceos y anchos bloques de piedra. Tiene aspecto antiguo, y desolador, pues en el aire que deambula por la zona apenas se atisba un ápice de alegría, parece haber permanecido allí enclavada durante siglos, olvidada por el mundo. Pese a ello en su interior se conserva en perfecto estado. Por sus paredes se encarama, casi cubriendo la superficie en su totalidad, la espesa y verde hiedra. Su techo esta confeccionado con espeso y frondoso musgo en el que destaca la amplia chimenea de piedra tallada, que representa un dragón de cuya boca emana humo permanentemente, ya que Loth-Loss jamás cesa de confeccionar todo tipo de ungüentos y pociones que luego vende en Barad-Avatel.
El interior de la casa, es rústico no obstante la muchacha lo tiene sinuosamente decorado, pues no rechaza nunca algún lujo del que pueda proveerse. Tanto es así que por ejemplo su lecho tiene los cabeceros en una simple madera tallada de pino y sin embargo sus sabanas y dosel están confeccionados en seda y terciopelo.
La planta primera, esta dedicada en exclusiva a estancias en las que Loth-Loss se dedica a sus labores y trabajos, estas son:
La amplia cocina, donde la joven suele pasar la mayor parte del día, en la que destaca un inmenso hogar de mármol gris en donde siempre hierve ruidosa una gran olla, la cocina está comunicada mediante una redonda puerta de madera de nogal, tallada con siniestros motivos, al huerto de donde recoge sus ingredientes mágicos.
La alacena, habitación próxima a la cocina, carece de ventanas pues la mayoría de los elementos que esconden precisan de la oscuridad para mantenerse, es muy surtida, sus paredes están cubiertas de grandes estantes excavados en la piedra, donde guarda los productos que utiliza para sus hechizos y donde almacena las pociones confeccionadas una vez terminadas.
Un pasillo comunica la cocina y la alacena con la entrada principal de la casa, al fondo del pasillo en la parte opuesta a ambas estancias existe una pequeña habitación a modo de armería donde repara y cuida sus armas, cuyo aspecto se asemeja más a un pequeño y rústico taller que a una armería propiamente dicha.
Por último se haya una curiosa habitación a modo de despacho lleno de manuscritos y recetas confeccionados y recopilados durante siglos. Esta es de las habitaciones más amplias de la casa, en ella destaca la hermosa chimenea de mármol blanco en la que sobresalen los relieves delicadamente confeccionados con motivos elficos, en el interior del hogar arde constantemente un misterioso fuego, la estancia esta decorada de una manera muy suntuosa, con ricos muebles y delicados objetos de valor.
La puerta principal de la casa, es un inmenso portón de madera de roble tallada, en la que se ve claramente la efigie de un dragón cuyos ojos confeccionados en rubíes trabajados, cuyas escamas engastadas y realizadas en nácar brillan a la luz del sol y la luna, en la boca de este sustenta una rica aldaba de oro.
Dicha puerta da a un pequeño recibidor, cuyas gruesas paredes están recubiertas con finos y complicados tapices, el suelo de mármol negro esta recubierto por una espesa y suave alfombra roja de doble nudo ribeteada con hilo de oro. Este recibidor comunica directamente con el pasillo y en una de sus paredes próxima al nacimiento del pasillo se encuentra un espejo oval enmarcado entre extrañas serpientes de lengua viperina que muestra a la elfa a todo aquel que ose acercarse hasta su morada.
Al fondo de la entrada destaca la gran escalinata de caracol, confeccionada en madera de ébano y cuyo pasamano tallado en plata, representa una cobra enroscada. El cual comunica las dos plantas que comprenden la vivienda, esta escalera sólo permite el ascenso a la dueña, cualquier extraño que ose subir por ella, se dará de bruces con el suelo al desaparecer los peldaños y ser sustituidos por una resbaladiza rampa.
La planta segunda esta dedicada únicamente a las dependencia privadas de la la elfa. Estancias privadas se comprenden en tres habitaciones:
Al subir por las escaleras tan sólo se encontrará un pequeño distribuidor, cuyas paredes están recubiertas en su totalidad por espejos sin marco alguno unidos entre si. La única luz del día que penetra en esa estancia pasa por un tragaluz con forma de estrella magníficamente acristalado que hay en el techo. Aparentemente no se encuentran puertas en el distribuidor y sólo Loth-Loss sabe la ubicación exacta de esta y el contra hechizo para penetrar en ella.
Esta puerta secreta da a los aposentos de la elfa, concretamente nada más traspasar el umbral se haya el tocador, se trata de una pequeña estancia, luminosa, en la cual solo se encuentra un delicado tocador de madera con un inmenso espejo, todos los utensilios que se encuentran sobre el, están confeccionados en cristal.
Por una puerta disimulada por una cortina de seda violeta, se accede al dormitorio, cuyo interior esta cuidadosamente decorado, sedas y terciopelos en tonos morados y negros recubren la estancia, de suelo en mármol negro, la cama con dosel es la que domina el centro de la habitación y los muebles en su mayoría de madera están cubiertos por ostentosos objetos. Amplios ventanales cubiertos de hermosas vidrieras dan luz a la habitación. Una puerta acristalada da acceso a un pequeño cuarto realizado en mármol blanco en el que destaca una sencilla tina del mismo mármol, y que está iluminado únicamente por una ventana pequeña y circular.
Por la casa y alrededores ronda libremente su gata Undóme, que aparece y desaparece cuando menos se espera. Undóme es una gata persa de delicado pelaje blanco y profundos ojos azules, que brillan de manera especial. De cuyo cuello pende una cinta de terciopelo rojo que sustenta cascabel de oro que lleva tallado su nombre, el cual en ocasiones sirve para delatar su localización. Undóme rechaza a todos los extraños y sólo se deja coger y acariciar por su dueña.
En el terreno que rodea la casa existe una hilera de grandes setos que hacen las veces de muro, delimitando el fin del terreno de la finca con el bosque que la rodea.
En ese terreno, se encuentra en el lado de poniente bajo la sombra de un inmenso roble, una cabaña de madera que tiene la función de establo y cobertizo, donde Loth-Loss cuida y guarda a su caballo Morne, hermoso corcel de pelaje negro y de ojos rojos flameantes, que solo se deja montar por la elfa que lo adiestró.
Al lado izquierdo de Meril-morn, próxima a la puerta que da acceso a la cocina, se encuentra un pequeño huerto; en el que la joven cultiva sus propias plantas mágicas y de producción comestible, bordeándolo se encuentra un cuidado y armonioso jardín, plagado en su totalidad por rosas negras y rojas que nunca mueren.
En su terreno mana un manantial de aguas claras y limpias (que tienen la propiedad de hacer crecer más deprisa a todas aquellas plantas que reciben el limpio líquido) con las que riega el huerto y el jardín, y donde acuden las bestias del bosque a saciar su sed.
Al lado derecho se encuentra la siniestra pajarera de oro tallado en donde se halla Lumbo el cuervo de pico de plata, mensajero y ojos en las alturas de la hechicera, esta inmensa jaula dorada se haya franqueada por una inmensa rosaleda, que expande su delicioso aroma por toda la finca.
La parte posterior de la casa esta bordeada por una arboleda enebros, en cuyos espinosos nidos, habitan todo tipo de aves nocturnas, engarzada entre los enebros, se alza escondida una pequeña torre de piedra negra, antiguo bastión vigía que Loth-Loss utiliza como un siniestro palomar donde alimenta a sus aves y enseña a volar a sus poyuelos recién salidos del cascarón, a la parte superior de la torre se accede mediante una estrecha escalera de piedra de pequeños peldaños que dificultan la ascensión.
Meril-morn tiene un difícil acceso, pues la espesa vegetación que la rodea no permite encontrar el sendero que de con ella. Para mayor dificultad una espesa bruma gris cubre la zona, haciendo que se extravié cualquier intruso que por allí se tope. Sólo los miembros del clan saben su enclave exacto y pueden siempre que quieran acudir sin que Loth-Loss los hechice.
\"Meril-Morn\"
Loth-Loss
El sonido de la pequeña fuente que fluía desde el centro de la finca serenaba a la elfa, las aguas cristalinas brillaban con la luz del sol de mediodía, el canto de las aguas tan solo era interrumpido por el trino de algún pájaro.
Loth-Loss estudiaba un antiguo manuscrito bajo la sombra de un pequeño sauce. El pergamino se encontraba algo ajado y amarillento por el tiempo, pero que mantenía intactas las runas plasmadas en tinta verde, de cuidada y hermosa caligrafía, pues Loth-Loss era amante de las cosas bien realizadas.
Cuando el día era apacible Loth-Loss, salía al exterior, a disfrutar del jardín que rodea la finca, impregnandose en el delicioso aroma de sus rosas. Abandonado de esta manera, el acogedor salón de Meril-Morn, portando en sus delicadas y suaves manos de doncella, algún tomo ricamente encuadernado o un extenso rollo de pergamino. Casi siempre, al abandonar la casa, era seguida por su gata Úndome que exigía entre maullidos la atención de su ama.
Escogía el lugar a razón de la situación del sol, su estado de ánimo y el tiempo que iba a dedicarle. Una vez escogida su ubicación, Loth-Loss con un leve y grácil gesto se situaba y atusaba su elaborada vestimenta. Más cuando posaba su verde mirada sobre los escritos, su mente parecía absolutamente perdida entre las líneas.
La elfa leía con sumo interés y dedicación, ajena a la frondosa y extraña vegetación que la rodeaba, ni tan siquiera parecía percatarse del duro ir y venir de su fiel servidor Baruk. Ocupado siempre con las tareas más pesadas y duras de Meril-Morn.
Baruk un enano, de cabellos castaños, rostro de facciones duras ocultas por barba larga y espesa, de rudas formas y manos hábiles. Observaba de reojo a su ama entre idas y venidas.
Jamás había visto permanecer ociosa a Loth-Loss. Las largas horas del día las empleaba: en el extremo cuidado que propinaba a sus animales, confeccionaba pociones e ungüentos entre los fuegos, ollas y pucheros en la amplia cocina de Meril-Morn, empleaba mucho tiempo bajo la reclusión en la sala principal del piso inferior, leyendo con avidez, escribiendo asiduamente y desempolvando algunos retazos de su amplio repertorio en magias y poderes oscuros, recopilados a lo largo de los años. Apenas probaba bocado y si se sentaba a la mesa era siempre durante breves instantes. Más de una vez la había visto partir sola o montando a Morne, realizaba extraños viajes entre la foresta de Eryn-Dînen y no solía regresar hasta que la luz del amanecer comenzaba a vislumbrarse en el horizonte.
El enano no osaba hacer preguntas al respecto, pues sabía que era mejor no provocar la cólera de la elfa, ya que esta, era muy celosa al respecto de sus quehaceres y estaba dispuesta a mantener su privacidad intacta. La última vez que vio a Loth-Loss furiosa, vio como Anna, la antigua doncella perecía bajo la ira de su ama, todavía se levantaba entre sudores tras recordar en alguna pesadilla nocturna, la dantesca escena de la que fue testigo.
Aquel fatídico día el mismo se ganó una horrible cicatriz, que le surcaba la mejilla derecha y que le llegaba hasta la boca, y que se la realizó Loth-Loss con el afilado Êgrhach, el puñal de hierro negro y empuñadura de oro que ella siempre portaba bajo sus ricos ropajes. Del comienzo de aquella disputa nada supo nunca, mas Baruk aprendió que tenía que andar con tiento, ser discreto y mantener satisfecha a su cruel ama.
Aquel Naughlath sentía una extraña atracción por su ama, a la que admiraba y defendía a capa partida. Pese a sus rarezas reconocía, que era hermosa, aun que aquella apariencia delicada, ocultaba a una elfa fuerte y combatiente con el destino y la adversidad. Sabia e inteligente, como buena nolda era hábil con el don de la palabra, solía dejar a su interlocutor sin respuesta alguna para tan elaborado e intrincado lenguaje.
Sin embargo a pesar de las diferencias de talante que tenia con su dueña y Señora, Baruk se sentía embaucado por aquellos misteriosos ojos verdes tan penetrantes y hechizantes. Cuando su ama le hablaba, procuraba no mirarlos directamente, pues era imposible queno quedase hipnotizado por su bruja mirada, y sin ser dueño de sus actos los observara embobado con total desvergüenza y falta de respeto hacia su Señora, hecho que con seguridad podría traerle severas consecuencias. Baruk no dudaba de que quizá se estuviera volviendo loco, pero aquella elfa de cabellos rojos cual la sangre despertaba una siniestra fascinación en él.
Loth-Loss levantó la vista del manuscrito durante un leve instante. Fue entonces cuando su mirada fría y orgullosa se encontró con la de Baruk. Este asustado y sorprendido tras haber sido descubierto por su ama, volvió presto y con paso liguero a sus ocupaciones. La elfa lo miró partir, con ojos inquisitivos. El enano nervioso apretaba el paso, sintiendo la verde mirada de su ama sobre su maltrecho costado, preso del pánico casi acabó perdiendo su carga por la torpeza de aquella acción forzada. Loth-Loss dibujo una maléfica sonrisa entre sus rojos labios al observar la asustadiza reacción de su siervo ante un gesto tan simple.
[Editado por Elen-Formen el 26-10-2004 17:31]
[Editado por Elen-Formen el 26-10-2004 20:01]
Loth-Loss
Al atardecer, las nubes, movidas por un frío viento norteño, cubrieron con un grisáceo y espeso manto, el cielo de Eryn-Dînen.
El crepitar de los troncos ardiendo en el hogar y el leve ronroneo de Úndome que dormitaba, sobre un grueso tomo que yacía abierto sobre la mesa, eran los únicos sonidos que se percibían en confortable la estancia.
Loth-Loss paseaba de un lado a otro del salón, sobre la suave y mullida alfombra, que amortiguaba sus pasos, tan ligueros que apenas eran perceptibles. Su mente estaba sumida en los más profundos de sus pensamientos. Ensimismada, concentrada en sus tejemanejes, se sentó en un cómodo sillón, mirando al fuego.
El viento comenzaba a soplar con fuerza, moviendo las ramas de los árboles y haciendo que las rosas perdiesen algunos de sus pétalos. Los densos nubarrones disminuyeron la luz del que fue claro día.
La verde mirada de la elfa, se perdió entre las crepitantes llamas, parecía seguir atenta el juego de luz y moviendo del fuego. La incandescente forma iluminaba la pálida piel de Loth-Loss, pronunciando levemente sus bellos rasgos, que adquirían severidad conforme avanzaba en sus propias cavilaciones.
Unos cortos golpes seco, en la puerta de nogal que daba acceso a la estancia, despertó a la elfa de sus pensamientos.
Sin volver la vista hacia la puerta y con voz clara y autoritaria dio la orden de entrada: - ¡Adelante Baruk! Podéis pasar-
El enano, penetró al salón, algo encogido por el respeto que le guardaba a su ama y por el frío que hacia en el exterior, y que había tenido que soportar hasta concluir sus tareas.
Úndome, tras el ruido que había provocado el enano, se despertó vagamente, se desperezó bostezando y se aseó rapidamete. Tras ello caminó con suavidad hacia el borde de la mesa y con suma maestría bajo al alfombrado suelo de un salto, sus pasos se dirigieron hacia la puerta entre abierta, saliendo del salón, seguramente se encaminaba con paso felino hacia la cocina donde podría calentarse en el hogar y dormitar deleitándose entre ricos y exóticos olores entre pucheros y cazuelas. Sus pasos se perdieron dejando los tintineos de su cascabel flotando en el aire.
Baruk se quedo cerca de la puerta franqueándola, miró fríamente a la gata al pasar por su lado, pues de todos los animales de la finca tan sólo Úndome le propinaba una merecida desconfianza. Los oscuros ojos del enano dieron un rápido vistazo por el salón, hasta que se percataron de que la elfa se hallaba parapetada en un sillón frente a inmensa la chimenea que gobernaba el salón. Pese a que estaban algo distantes no se atrevió a dar un paso al frente, al menos no, hasta que ella se lo pidiese.
- ¿Terminasteis ya con vuestros quehaceres? – Pregunto con desgana Loth-Loss desde el gran sillón en el que estaba acomodada.
- Así es mi Señora, he realizado todas las tareas que me han sido encomendadas, hasta ahora – afirmó el enano.
- Espléndido, Baruk – dijo ella fríamente, sin dirigirle la mirada – ¿Y bien? – Añadió con cierto desprecio- ¿Se puede saber a que esperáis, para dar luz a esta sala? ¡Por Morgoth, cada día estáis mas torpe!-
Tras estas palabras, que resonaron por todo el salón, la elfa se levantó airada, dirigiendo sus pasos hasta el píe, de la imponente chimenea de mármol.
Mientras Baruk oprimido por su despiste, observó como en los claros ojos de su ama brillaban las llamas del fuego que se consumía en el hogar, o quizás eran las llamas que reflejaban su propia ira. No se detuvo a comprobarlo y presto abandono la estancia con un rápido: - Con vuestro permiso mi Señora –
Regreso presto con los instrumentos necesarios para iluminar la media docena candelabros de plata que había en el salón. Tardo algo de tiempo en prender todas las velas, pues cada candelabro tenía siete brazos por iluminar y aquella era una tarea cuidadosa.
Loth-Loss se encontraba apoyada en el alfeizar de chimenea, sus finos dedos recorrían con las yemas los elaborados relieves tallados en el mármol.
Un brusco cambio en la dirección del viento hizo que la elfa dirigiera su vista hacia los amplios ventanales que dominaban todo el jardín hasta los setos, perdiéndose el horizonte en la arboleda del frondoso bosque. Ante tal hecho los ojos de la elfa se agrandaron y sonrío con franqueza, sus espesas y pésimas cavilaciones se habían disipado en un instante.
Baruk que la había observado desde un rincón de la hermosa sala osó preguntar: - ¿Ocurre algo mi Señora?-
La sonrisa de la elfa se mostraba rara vez, y el enano estaba convencido de que había percibido algo bueno sin duda pues la expresión de su bello rostro había cambiado por completo, y ahora se mostraba contenta.
Loth-Loss clavó al fin sus verdes ojos sobre el barbudo rostro de su siervo y le habló con voz melodiosa y alegre: - Dejad eso que estáis haciendo Baruk, partid a la cocina y preparad una abundante cena, pronto sabréis que sucede…-
Y el enano marchó presto y condescendiente a las órdenes de Loth-Loss hasta la cocina, murmurando palabras en su inteligible lengua. Extrañado dey algo confuso, sin acabar de comprender muy bien que era aquello que se avecinaba y que congratulaba de sobremanera a su ama.
Loth-Loss
La noche calló rápidamente sobre Eryn-Dînen, fría y ventosa. La oscuridad nocturna acabó adueñándose de la escasa claridad que los densos nubarrones habían dejado persistir. Las nubes tomaron una forma más contundente y la tormenta estalló finalmente sobre Meril-Morn.
La lluvia caía espesa sobre crecida hiedra que trepaba por las paredes de la casona. El musgo que recubría el tejado succionaba las continuas gotas que caían del cielo. Las fuertes ráfagas de viento azotaban la arboleda que rodeaban la casa, retorciendo sus ramas y agitando su recargado follaje. Las bestias del bosque y los animales de la finca, se habían refugiado en sus guaridas desde mucho antes del ocaso, pronosticando así la futura tormenta que estaba por llegar y que finalmente descargó con furia todo su poder.
En la morada de Loth-Loss, los habitantes permanecían ahora, ajenos a lo que sucedía en el exterior de las cálidas alcobas que componían la ilustre casona, debido a que una ferviente actividad había tomado la casa, pues se preparaban para la extraña visita que iban a recibir. Los preparativos se aceleraban a medida se acercaban a la media noche. Puesto que la Señora de Meril-Morn, había predecido para entonces la llegada, de aquellos a quienes esperaba.
Los cristales de los amplios ventanales de la cocina estaban empañados, debido al intenso calor que proporcionaba el del hogar repleto de leños ardientes y de los pucheros puestos al fuego que exhalaban continuamente vapores.
Loth-Loss tras anunciar sus planes para aquella desapacible noche, se había recluido en la despensa, ella misma se dedicó intensamente a la elección de las viandas que llenarían la mesa. No escatimo en absoluto, ni en cantidad, ni en la calidad de los manjares delicadamente escogidos. Incluso abrió se una barrica en la que guardaba el mejor de sus vinos.
Baruk como siempre se dedicaba al trabajo más sucio, el despiece y deshuesado de las piezas, el trasporte de los ingredientes de la alacena hasta la cocina e incluso se vio obligado a salir a la intemperie pese a la horrible noche en la que se hallaban, para abastecerse de leños y echar un vistazo cuidadoso a los animales de su Señora, para ver como se encontraban.
El ambiente en aquella estancia era un tanto asfixiante, o al menos así le parecía al siervo de Loth-Loss. El mandil de cuero de Baruk estaba ensangrentado así como parte de su rostro, salpicado por las vísceras sanguinolentas de los animales que tuvo que despellejar para cena. De vez en cuando el enano maldecía en voz baja, aquella inesperada visita que triplicaba sus tareas y que con plena seguridad le privarían de sus horas de sueño hasta casi el alba.
- Dejad de gruñir en esa horrible lengua, Baruk, y terminareis antes vuestras tareas – Sentenció elevado su voz de entre el bullir de las ollas Loth-Loss – Mas os valdría apuraros y cesar vuestras absurdas quejas-
Baruk silenció sus palabras mas sus pensamientos cruzaban su mente, que trabajaba a brazo partido igual que sus extremidades, cansadas ya, de tanta actividad realizada.
El enano sabía, que en Meril-Morn no se recibía a cualquiera, pues la casa estaba encantada y su paradero era totalmente desconocido e imposible de encontrar, para aquellos que no tenían algún vínculo especial con su ama.
Baruk se veía exhausto, mas no hubo tiempo alguno para el descanso. Y para cada desfallecimiento suyo, había una nueva orden dictada por la melodiosa voz de su ama, que en tono elevado y autoritario perseguía a su siervo por la cocina y la alacena apremiándolo continuamente, pues el tiempo se les echaba encima.
Aquella noche para sorpresa del naughlath, fueron las delicadas y finas manos de Loth-Loss quienes prepararon la cena.
Baruk no pudo ocultar una mirada de sorpresa, que apareció enmarcada debajo de sus gruesas y pronunciadas cejas. La elfa al observar el gesto de su siervo, opto por un gesto de desprecio y clavando su mirada esmeralda en el barbudo rostro del enano dijo hirientemente:
- Esta noche tendremos el placer de compartir mesa y mantel, con gente de suma importancia y que gozan de gran estima por parte de tu Señora. Y no pienso estropearlo con tus burdas y pesadas recetas – Se volvió un instante hacia Baruk para sentenciar con una liguera sonrisa triunfal en sus labios – Acercaos aquí y fijaos bien, mezquino naughlath, quizás con algo de fortuna aprendáis algo de cocina-
La elfa para preparar las viandas se había recogido su larga y sedosa melena, en un moño que pendía sobre la nuca y que era sostenido por una redecilla de hilo de oro engarzada con diamantes. Sus delicados ropajes los protegía con un largo delantal de lino blanco decorado sencillos bordados. Las mangas de su vestido estaban retiradas hasta más allá del codo.
Loth-Loss se desenvolvía con gran soltura y habilidad entre ollas y pucheros. Ponía gran cuidado en la condimentación de los alimentos, utilizaba tan sólo las mejores especias que elegía según el tipo de carne que iban a consumir, jamás abusaba de ellas, sólo le daba el toque justo. Pues como dijo ella a su siervo:- El buen cocinero no ahoga el sabor genuino de su producto principal- El enano se amedrentó, sabía que él cocinaba con excesiva condimentos y especias. Mirándola incrédulo, aun, se preguntó si su mal proceder entre los fogones era la causa de que su ama no probase bocado alguno.
Úndome paseaba a lo largo y ancho de la estancia, relamiéndose su hocico y olisqueando aquí y allá. Esperando un descuido de alguien para meter sus zarpas y comer a gusto. Prestando especial atención a las carnes, plato muy de su gusto. Perseguía con insistencia a su ama y buscaba su atención mediante ligueros maullidos y restregándose entre las piernas de su ama. Loth-Loss observando los azules ojillos golosos de se gata decidió darle trozos sobrantes, una que el felino terminó de engullir, la elfa acarició la blanca y suave cabecita del animal y la dijo: - Ya no habrá mas Úndome- La gata como si entendiera a su ama desapareció de la cocina con la barriga llena.
Más de una vez Loth-Loss chocó con el enano que amedrentado y quieto ante la inactividad en la que se veía envuelto, al tercer encontronazo, la elfa encolerizó ante la ineptitud que le mostraba su siervo aquella noche y alzando su clara voz oredenó: - Apartaos de mi vista, Baruk. Sois peor que una piedra en el camino-
De repente al ver marchar al enano, que marchaba feliz, pensando en un merecido descanso, cambió de opinión al ver la mesa desnuda y le ordenó: - Volveos sobre vuestros pasos, pues os voy a encomendar una nueva tarea – Lavaós vuestras sucias manos y poned la mesa-
El enano lavó sus manos en la pila de piedra que traía en curso desviado agua tibia del propio manantial. Las frotó a conciencia para quitar la sangre seca que aun perduraba en ellas. Después dispuso la mesa para tres comensales, pues el no estaba incluido, vistió la mesa con un mantel de seda roja bordado con hilo de oro, colocó delicados platos de cristal azulado tallado y tres copas de cristal con engarces en plata. La iluminó con dos candelabros de plata ricamente elaborados que representaban las figuras de dos dragones llameantes y aumentó la comodidad de los sillones de suave y confortable piel, con unos cojines de pluma, elaborados en terciopelo negro. La elfa otorgó su toque femenino introduciendo un centro de rosas rojas y negras cultivadas por ella misma en la finca de Meril-Morn.
Con gran esmero se desenvolvía la elfa entre ollas y pucheros, la cocina parecía no tener secreto alguno para ella, con tranquilidad y buen hacer lograba excelentes resultados, su paciencia era infinita incluso con lo más tedioso.
Cuando todo era cuestión de espera, puesto que los alimentos necesitaban tiempo para terminar de cocinarse y se hallaban sumergidos en agua en la olla, Loth- Loss anunció al enano: - Me retiro a mis aposentos, preciso prepárame antes de la cena – Antes de abandonar la cocina dio las últimas órdenes a su siervo – Debéis marchar a cambiaros y por una vez, Baruk, asearos como es debido, puesto que ese aspecto que tenéis es indigno e impresentable tanto para mi como para cualquiera que pise esta mi casa, poneos el uniforme negro. Cuidad de lo que se encuentra en la marmita no se eche a perder. ¡Pobre infeliz de ti, miserable, cómo algo se queme! ¡Cuidaos de vuestra propia torpeza, porque un simple desliz y lo pagareis muy caro!-
- Así se hará mi Señora, palabra de Baruk- Se limitó a decir el enano mientras hacia la reverencia correspondiente.
- No se, si fiarme de la palabra de un simple naughlath, pero sabéis bien que os conviene que sea así- Sentenció la voz autoritaria de la elfa mientras se perdía tras la puerta.
[Editado por Elen-Formen el 28-10-2004 18:53]
Loth-Loss
Loth-Loss subía la gran escalinata de caracol con paso suave. Para facilitar su ascenso, levantaba sus largas faldas de terciopelo azul con su mano derecha, en un gesto que encarnaba suma gracilidad y elegancia.
Sus delicadas polainas de seda brocada, pisaban con seguridad, los pulidos y relucientes escalones de ébano. Los escalones se mantuvieron firmes, pues reconocieron a la dueña. La escalera principal de la casa, daba a los aposentos de Loth-Loss, ella misma se las había ingeniado para evitar que otros pisaran su alcoba, encantando dicha escalera para que sólo ascendiese quien ella creyese oportuno. Si un extraño pisaba los escalones para acceder a las habitaciones superiores estos se convertían en una resbaladiza rampa.
Sus amigos consideraban que Meril-Morn era parte de la elfa y que la propia casa, pese a ser una construcción realizada con anterioridad a su llegada a la orden de Telpe, se había adaptado a la perfección a su nueva moradora. Regenerándose y adquiriendo un inmejorable aspecto. Después de todo era Loth-Loss quien la habitaba quien la otorgaba una nueva vida.
La mano izquierda de la elfa paseaba jugueteando por el pasamano de plata, que representaba una cobra enroscada, las escamas de esta, estaban labradas con laboriosidad y precisión exactas. Pese a ello tenia un tacto bastante agradable.
Al llegar al distribuidor, Loth-Loss observó coqueta sus numerosos reflejos, que se representaban en los espejos que recubrían en su totalidad la pared. Antes de acercarse a una de las esquina de la sala. Allí frente a uno de los numerosos espejos pronunció unas bellas palabras envueltas en un susurro, estas palabras eran el contrahechizo que daba acceso a las estancias privadas de la elfa.
El espejo desapareció, dejando paso a la Señora de Meril-Morn. La elfa camino entre la penumbra que llenaba la estancia. Se dirigió sin problemas hacia los candelabros de plata que había en una pequeña mesilla de madera de cedro, cercana a la puerta.
La elfa pasó su blanca y delicada mano de doncella por encima de las mechas de las velas que sustentaba candelabro y estas se prendieron. La luz invadió el aposento, el espejo del tocador relucía con las pequeñas llamas de las blancas velas.
El tocador estaba confeccionado en madera haya, de planta rústica y contundente, pero de hermosa forma. El mueble era de importante tamaño, en su parte inferior estaba franqueado por dos filas de amplias cajoneras, cuyos los tiradores eran de plata repujada.
En los cajones, forrados en terciopelo, la elfa guardaba sus numerosas joyas y alhajas, estos sólo los podía abrir la elfa, que era la única que conocía el secreto de su apertura.
El marco del espejo representaba a dos elaboradas y estilizadas figuras elfas que lo sustentaban. Sobre la mesa descansaban, dos candelabros de cristal de un sólo brazo, así como los hermosos y objetos de tocador de Loth-Loss que estaban confeccionados en cristal labrado.
A la izquierda del amplio ventanal que daba luz a la sala se encontraba una amplia vidriera, en la que reposaban, los perfumes, aceites y esencias que ella misma elaboraba. La variedad de estos era asombrosa, los había de todos los tipos de flores y plantas.
La elfa cogió el delicado pomo de la puerta de la bella vidriera entre sus finos y sedosos dedos y con sumo cuidado, tiró levemente de ella. Abriéndola y dejando paso libre a la cuidada selección que en ella se encontraba. Los verdes ojos de Loth-Loss tantearon diversas opciones entre las decenas de frasquitos que se hallaban frente a ella. Finalmente se decanto por unas suaves esencias de lavanda.
En la parte posterior al tocador unas puertas labradas de haya que presentaban cuidadosos relieves, ocultaban una pequeña habitación, que carecía de ventanas que se encontraba repleta de los caprichosos y elaborados ropajes que poseía la elfa.
La elfa se acercó por a la ventana, retiró levemente los aterciopelados cortinajes encarnados y observó durante un breve instante el exterior. La lluvia continuaba cayendo intensamente sobre el jardín. El pequeño manantial pese a la abundante lluvia que había caído no parecía amenazar con desbordarse. Loth-Loss cruzó la estancia y traspasó el umbral que le daba acceso a su habitación.
Por las vidrieras de su alcoba los relámpagos resplandecían, provocando un atractivo juego de colores sobre las paredes y las diversas superficies de los muebles que cubrían la habitación. Loth-Loss iluminó la estancia de la misma forma que había hecho en la primera.
La elfa se descalzó con un breve y rápido movimiento, dejando que sus pies disfrutaran de la mullida alfombra que cubría el suelo. No pudo contenerse y se tumbó sobre la redonda cama que ocupaba, todo el centro de la habitación. Suspiró levemente y se dejó acariciar por la suavidad de las sedosas sabanas.
Más presta tuvo que incorporarse y se dijo “-Ya habrá tiempo para el descanso, ahora es primordial, prepararme para la cena-” La elfa se desnudó, lenta y pasivamente. Se deshizo de sus ropajes y delicadamente los colocó sobre una cercana butaca. Abrió una cómoda, sacando del tercer cajón una gran sabana de lino blanco y cubrió su desnudez con ella.
Ataviada de tan extraña manera, se encaminó hacia la última de las habitaciones, esta última estaba separada de la alcoba por una puerta acristalada de pomo de oro. Dicha estancia estaba confeccionada en su totalidad con mármol blanco, y en su centro se hallaba una ovalada e inmensa tina del mismo mármol.
La grandiosa tina se llenaba mediante a un sencillo mecanismo de presión de agua que hacia que el agua subiera hasta la estancia, uno de ellos traía el agua tibia del manantial de la finca, y el otro agua de un manantial cercano a Meril-Morn de termales aguas calientes, que llegaban a la finca mediante un desvió artificial al curso normal de dichas aguas.
La elfa llenó la tina, hasta casi el borde de la misma, dejando que las aguas tibias y calientes fueran a la par. Mientras las aguas fluían, mezcló en ellas, parte del frasquito del esenciero. Las claras aguas se volvieron violáceas y despedían una delicada fragancia a lavanda. Loth-Loss introdujo su blanca mano en el agua encontrándola de su gusto.
Finalmente, se despojo de la sabana de lino que la cubría, y dejo que su tersa piel se entregara a las aguas y al placer del baño.
Loth-Loss
Un suave vapor con olor a lavanda impregnaba la blanca estancia, el mármol pulido con gran esmero, brillaba con intensidad, reflejando en su perfecta superficie, el tintinear constante de las llamas, que ardían en las blancas velas, que daban iluminaban tenuemente la marmórea habitación.
La Señora de Meril Morn, mantenía la lozanía de su piel intacta, su perfecto cuerpo, tanto en proporciones como en belleza era similar al de una doncella humana de pocas primaveras. Su rostro de bellas facciones y de gesto aniñado, adquiría gran contundencia con aquella clase y porte, que sólo una elfa de su posición lograba obtener. Su aspecto cuidadosamente juvenil, se perdía en la inmensidad de sus ojos, verdes y brillantes como esmeraldas. En aquellos hermosos y magnéticos ojos, la elfa difuminaba su sabiduría conjugada con los años que había visto pasar ante ella.
El contorneado y hermoso cuerpo de Loth-Loss estaba sumergido en las tibias aguas, de la gran tina de mármol. Las calientes aguas bordeaban el final de la blanca tina. La espuma, violácea, debido el empleo de la esencia de lavanda, recubría la tersa y pálida piel de la elfa, que disfrutaba con gesto relajado de los beneficiosos placeres de un buen baño. El tiempo parecía pasar más lentamente, en aquella armónica estancia, mientras Loth-Loss se entregaba en cuerpo y alma a su propio relax y descanso.
La elfa dejó que el tiempo pasara, pausadamente, sin prisa alguna, pese a la inminente llegada de los comensales, pues de todos los placeres banales, este era uno de sus favoritos y gustaba de disfrutarlo con pasmosa actitud.
Y así fue, hasta que la elfa notó que su cuerpo ya estaba limpio y purificado. Sólo entonces, La Señora de Meril Morn se vio lista, para abandonar la cómoda tina. Con gesto elegante recogió de un borde de la marmórea tina, una toalla, blanca y gruesa, confeccionada en algodón. Con cuidado abandonó las ya tibias aguas y dejo vaciar la tina. Y secó todo cuerpo cuidadosamente.
La elfa sentada en la escalinata que daba acceso al la grandiosa tina, se detuvo un brebe instante, recordando de una forma un tanto vaga, a la que fue su doncella de cámara y sirvienta, Anna, aquella que por su osadía había asesinado algún tiempo atrás. Loth-Loss extrañaba los servicios de una muchacha que la sirviera pues una Dama de su categoría estaba acostumbrada a ser atendida en todo momento.
Fue entonces cuando en su mente apareció la siguiente cavilación: -Quizás sea necesario que vuelva a traer a mi lado a una muchacha que me sirva – Su bello rostro adquirió un gesto de desaprobación acordándose de la pasividad y poca constancia que tenía su antigua doncella y sentenció: - Mas no aceptare a cualquiera quien me vaya a servir a de trabar sin descanso y sin queja. Y a de aceptar ttodo lo que yo diga e imponga, sin el más mínimo reproche-
Loth-Loss dejó que la suavidad del algodón cubriera su delicada piel. Cubierta de esta manera, su desnudez, abandonó la habitación de mármol blanco, con paso ágil y decidido.
Seguidamente se presentó en su tocador. Abrió de par en par las inmensas portezuelas talladas y confeccionadas en madera de haya, que daban paso a su magnifico vestidor.
En el interior del vestidor se encontraba el inmenso y magnifico, abanico, de ricas vestimentas que Loth-Loss poseía. Frente a ella una gran duda se le presentaba, ¿Qué debía ponerse? Y lo más difícil ¿qué elegir? entre tanta y asombrosa variedad.
La elfa, paseó, con la cabeza erguida, con ojos inquisidores y estrictos, entre aquella vorágine de bellas y delicadas confecciones. Tras varias vueltas y tras tantear varios vestidos que consideró apropiados. Se decantó finalmente, con gran acierto, por un vestido de raso negro ribeteado con hilo de plata, y con delicados encajes en mangas y despunte del las faldas. El vestido era de larga cola y amplias mangas que se abrían a la altura del codo. El escote en barco dejaba desnudos sus hombros, así como una pequeña parte de su espalda y permitía ver el nacimiento de sus senos. Y el conjunto resaltaba su asombrosa palidez, así como su larga y cuidadosa melena roja.
Tras haberse vestido, seleccionó un calzado cómodo, pero a juego con la vestimenta que luciría aquella noche. Los escogidos fueron unos delicados zapatos, con punta corta, realizados en terciopelo negro y decorados con diamantes, que se ataban a sus piernas con largas cintas de oscuro raso.
Vestida totalmente, se encaminó hacia el tocador, cerrando tras de si las puertas del vestidor. Se sentó cuidadosamente, en el sillón de rojo terciopelo, que había frente al tocador, para no arrugar la larga cola de aquel hermoso vestido.
Loth Loss se miró coqueta, sobre la superficie del espejo, y se sonrío, su rostro presentaba un aspecto inmejorable pese al duro día de trabajo que había tenido y las dudas y cavilaciones que habían asaltado su cabeza durante el día.
Se observó su roja cabellera, esta había adquirido unas pequeñas ondas con la humedad de la tina. Lejos de disgustarla, le pareció que estas le daban volumen a su liso pelo. Y decidió dejarlas así, aquella noche dejaría su larga melena suelta. Tan sólo la adornó con una pequeña rosa negra, que quitó de un jarrón de cristal que se encontraba sobre la mesa, y que posó sobre su oreja derecha, retirándose levemente el cabello.
Loth-Loss
Loth-Loss cogió entre sus finos y delicados dedos el elaborado tirador de plata que representaba una hoja, abriendo el segundo cajón de la parte izquierda del imponente tocador. El interior del cajón estaba repleto de las más hermosas joyas que jamás se hubieran visto, las cajoneras tocador estaban repletas de estas exquisiteces.
En su mayoría, estas alhajas fueron realizadas por las diestras y hábiles manos de la Señora de Meril Morn, algunas de ellas realizadas en el mismísimo Tirion, aquel que fue su hogar, antes de partir engañada por las palabras de Finwë, otras ya las realizó en la Tierra Media y alguna de estas joyas había sido elaborada en el pequeño taller que poseía en su finca. También algunas tenían procedencia ajena, ya que eran presentes de amigos y admiradores.
El maestro joyero y orfebre Turgwaew, nunca reconoció el gran talento de su hija para estas artes, y trató de alejarla del taller, más ella seducida por aquel magnifico trabajo, se dedicaba en secreto y a escondidas de su progenitor a elaborar sus más ansiados caprichos.
Sólo cuando aconteció la muerte de su padre, preso de sus propias melancolías y locuras. Loth-Loss fue libre para ejercer con plena libertad como maestra en tan bello arte.
Más tarde por derecho y por la plenitud de sus capacidades para seguir la estela de su padre, y pese a la vergüenza de muchos, que la juzgaron simplemente por nacer hembra, adquirió el taller y desempeño uno de los mejores artes que la encumbraron y la ensalzaron, tanto en nombre y en palabra, como en alma y ser.
Los largos y suaves dedos de Loth-Loss jugueteaban con las joyas y las gemas, pasándolas con delicadeza entre sus yemas, Apreciando y sintiendo la caricia de los fríos metales y la tersura de las superficies pulidas de las gemas y piedras preciosas.
La Elfa dibujaba una sonrisa en sus labios carmesí, al recordar la cómo había confeccionado sus más preciadas joyas. Las examinaba con un gesto complaciente que resplandecía en su hermoso rostro y relajaba su general aspecto altivo.
Ensimismada en sus pensamientos se decantó finalmente por una delicada cadena de plata que engastaba diecisiete diamantes de tamaños medio.
Decidió prescindir de lucir más joyas, que la dicha cadena y del anillo de cristal, que antaño perteneció a su madre Ninniach, que fue regalo de Ulmo, y llamado Gildin por el especial resplandor de este. Dejando por esa noche de lado a la hermosa gema azul, favorita, entre muchas otras debido a su magnifico esplendor, Luinil era presente de Finwë. Más ella dejó que esta descansara en el interior de un cajón. La elfa se decantó por dicha opción pues consideraba excesivo y de pésimo gusto el recargamiento de su ya de por si imponente presencia con alhajas varias, que solo desvirtuarían su natural belleza.
El viento aun se zarandeaba entre la frondosidad de las ramas de los árboles de Eryn-Dînen. Loth-Loss se acercó de nuevo hacia el ventanal, corrió con un simple gesto firme de su mano, los amplios cortinajes, y fijó su verde mirada, allende la oscuridad que lo cubría todo en el exterior.
Los cristales del gran ventanal eran golpeados con aun furia por la incesante lluvia que caía. Mas la elfa percibió, que el viento comenzaba a amainar y que la lluvia, ya, no era tan espesa como anteriormente. Volvió a sonreírse a si misma, con este nuevo cambio del tiempo.
Escudriñando entre la oscuridad, con su exquisita y precisa vista, encontró a Baruk, que volvía de su refugio en la torre posterior de la finca. El enano agachado en pos del viento, se protegía de la tempestuosa noche con una capa azul, cubriéndose totalmente, para evitar que se le mojara el uniforme.
Sus pequeños pasos, eran trazados con pasmosa lentitud, pues las cortas piernas del sirviente trataban de dar, entre la penumbra, con las negras piezas de pizarra, puestas cuidadosamente sobre la espesa hierba, a modo de sendero. Queriendo evitar de esta manera, de embarrarse las cuidadas botas, de cuero negro repujado, que eran pieza fundamental del elaborado uniforme. Y que el enano apreciaba pues le hacían parecer un auténtico Señor.
Loth-Loss reía ante la torpeza que demostraba su fiel sirviente, más sus ojos lucían alegres, ante la demostración visual de que el miedo a provocar su ira había echo mella en Baruk. La elfa se mostraba satisfecha ante tales argumentos.
La negra sombra de Baruk se perdió por el ángulo derecho del ventanal, pues la perspectiva del ventanal del tocador no cedía la vista alguna, hacia la puerta de la cocina. La elfa siguió con su hermosa mirada perdida entre la oscuridad de la noche, durante unos instantes más, hasta que cansada volvió a cerrar los rojos cortinajes.
Sus elegantes pasos, volvieron entonces, a dirigirse hacia el aterciopelado y cómodo sillón que yacía frente tocador, invitando con tan sólo obsérvalo a permanecer sentado sobre su mullida composición.
Loth-Loss
Loth-Loss viéndose lista, abandonó sus estancias privadas, por la puerta secreta, tras pronunciar con voz melodiosa y dulce el contrahechizo que la abría. Se recogió con soltura la larga cola, del impresionante vestido y descendió sin prisa alguna y con porte altivo las escaleras.
Allí en el recibidor, en píe y con gesto nervioso, debido al ajetreo y a la expectación que le había, despertado, la llegada de los inesperados invitados. La esperaba solicito y firme cual mayordomo, su sirviente Baruk, que presto, ayudo a su Señora a descender los últimos escalones de la inmensa escalinata que dominaba en su totalidad, el fondo de la estancia.
El enano al verla quedo nuevamente maravillado, ante la presencia de su bella ama. Cuanto más asombrado se mostraba el sorprendido sirviente, más fría y distante era la reacción de la elfa, que detestaba que se la quedasen mirando de una forma tan absurda. La visión era cuanto menos digna de alabanza. El delicado vestido de raso negro, resaltaba su estilizada y esbelta figura y la hermosa melena, que lucía libre de ataduras, parecía ser de un rojo más intenso.
Los verdes ojos de Loth-Loss se posaron con desprecio sobre Baruk, que lucía impecable, con su uniforme ceremonial. La chaqueta, de corte imperio estaba confeccionada con terciopelo negro, presentaba bordados en hilo de oro en puños y cuellos, los botones de oro, representaban las iniciales de Meril Morn. Los pantalones, también de terciopelo legaban hasta debajo de las rodillas dejando que las botas de cuero negro repujadas se viesen a la perfección. La camisa de algodón blanco tenía pequeños bordados en hilo negro y se abotonaba hasta el cuello.
Baruk parecía asfixiado, con tanto traje y vestimenta, pues el uniforme pese a que estaba diseñado para no limitar ninguno de sus movimientos, ni sus acciones, resultaba cargante en un ambiente calido, como el que tenia el interior de Meril Morn. Por no hablar de la poca disposición del enano a vestir, “los trajes de señorito” como el decía. Aparte del miedo que le causaba provocar algún daño a tan ricas vestimentas, pues sabía que podría pagarlo muy caro. Así que trataba por todos los medios en evitar mancharlo o producirle algún desgarrón. El enano prefería el uniforme de caza o el de peón, con los que disfrutaba de una mayor sencillez y adaptación a la vestimenta.
Baruk se había recortado ligeramente la espesa y larga barba. Y había peinado, sin mucho éxito, su rizada y corta melena, que se veía igual de enmarañada como de costumbre. El rostro severo del enano relucía de puro limpio, casi irreconocible pues con frecuencia y debido a sus labores presentaba algún tipo mancha bien de hollín o de sangre, debido a los incesantes trabajos que desempeñaba en Meril Morn.
El propio Baruk, debido al corte del traje, se veía obligado a llevar un porte mucho más regio, la espalda enderezada al máximo comenzaba a cansar al enano. Que con gesto serio y algo disgustado, aceptaba con resignación la encomiosa tarea de servir una cena, con moviendo ágil en aquella jaula-disfraz de delicado terciopelo.
Loth-Loss
El semblante de Baruk mantenía el entrecejo medio fruncido, pues pese a que quería ocultar su enojo, ante las extrañas circunstancias, que se presentaban en aquella desamparada noche, su disgusto le delataba, presentando en sus gestos y acciones una cierta dejadez.
Sus espesas y pobladas cejas, enmarcaban sus ojos negros, que observaban de reojo, el mágico espejo, en espera de que revelase la figura de aquellos a quienes se les esperaba, con tanta ceremonia en Meril Morn
El mágico espejo, era de considerable tamaño y mantenía una estilizada forma oval, el marco era de plata, tallada de forma cuidadosa y laboriosa, que relucía de forma singular. El marco representaba a varias serpientes que se enroscaban en el contorno del mismo. Las figuras reptantes, estaban dotadas gran realismo, y de ojos confeccionados con: zafiros, rubíes, amatistas y diamantes.
Aquel magnifico espejo, dejaba de ser tal, cuando alguien acechaba las cercanías de la casa. Entonces la superficie de azogue del mismo, desaparecía y en su lugar el espejo mostraba una superficie inestable, como si tratase de una cortina de humo, y en cuyo fondo aparecía la figura y el enclave en el que se encontraba, el osado que se acercaba a Meril Morn.
El enano se sorprendía, de las muchas magias que dominaba su poderosa y bella Señora. Y guardaba cierto recelo, a todos los objetos mágicos, que poseía la dama elfa. Con cierto resquemor y el miedo latente en sus ojos, se veía obligado a lustrarlos y a tener, muy a su pesar, contacto con ellos.
El espejo lucía, con toda su magnificencia. Encontrándose este, incrustado en una de las paredes, ocupando por su grandioso volumen, la mayor parte de su pétrea superficie, dominando de esta forma la parte derecha de aquel señorial recibidor.
Úndome hizo aparición, sus pequeñas y blancas patas cruzaban el pasillo con paso lento y adormilado, dejando así que el sonido de su cascabel no fuera más que un leve tintineo que se desvanecía rápidamente, como un vaho humano en una mañana fría. La gata soltó escandalosos bufidos, al ver al enano, nada más asomar su cabecita bajo el arco tallado de haya, que daba acceso al pasillo. Baruk contestó a su desprecio, con una mirada llena de odio, pero mantuvo un gesto impasible ante la actitud del animal.
La gata, cambió de actitud al ver a su dueña, y se acerco presta, solicitando con prominentes y pronunciados ronroneos las caricias de las tersas y placenteras manos de su ama.
Loth-Loss se agachó levemente, con un gesto grácil y elegante, para acariciar a su querida Úndome. No se atrevía a cogerla por miedo a que estragase su delicadísimo traje de raso negro. Más para compensar tal gesto de aprecio, la acarició gustosa, en la papada y la peluda pancita, dejando que su sentido del tacto disfrutara de la suavidad del blanco y aperlado pelaje del hermoso felino.
Loth-Loss
A Loth-Loss le importunaba que Baruk se quedara ahí quieto, más cuando se irguió orgullosa, tras haber propinado las caricias de rigor a su gata. Notó como la vista del enano se fijaba en la espesa y suave alfombra, roja que cubría el suelo.
Baruk, parecía ensimismado en sus propios pensamientos, pero aquello sólo se trataba de una maniobra de distracción. La evitaba, evitaba mirarla, y encontrarse con su mirada esmeralda, con su mirar profundo y hechicero. Y lo hacía muy a su pesar, pues su belleza era magnética. Pero el temor a provocar la ira de su Señora, era mucho mayor.
La elfa fijó sus verdes ojos sobre la pequeña y robusta figura del enano, durante breves instantes, tiempo más que suficiente para que la elfa cambiara su gesto indiferente por uno de profundo desagrado.
- ¡Baruk! – Exclamó ella sin alzar la voz pero con una tonalidad de evidente enfado.
- ¿Qué… qué es lo que desea… de su humilde servidor, mi Señora?- preguntó temeroso el enano, con la con quebrada por el temor y con evidentes signos de nerviosismo.
- Debéis cambiaros ahora mismo de atuendo – sentencio levemente la elfa mientras se colocaba una manga del vestido- Poneos el uniforme verde, aquel que tiene ribete de oro-
El enano estaba algo desconcertado, le parecía no haber oído bien aquella frase, más la voz de Loth-Loss siempre era clara y firme dando ordenes- ¿Pero…? Mi Señora… vuestro humilde Baruk hizo… lo que vos ordenasteis…- El enano se mordió los labios tarde, sabía que acababa de cometer un grave error, a su Señora no se le debía replicar bajo ningún concepto. El enano comenzó a sudar de forma más pronunciada y entrecerró sus ojos en vista del castigo que le iba a caer por su inigualable torpeza.
Más Loth-Loss sólo dejó escapar un leve suspiro y con voz templada le habló: - Se muy bien lo que os dije, y ahora id a vuestros aposentos y cambiaros, de inmediato-
El enano se quedo muy sorprendido, más no estaba dispuesto a cometer ningún error más y presto dijo mientras realizaba una estudiada reberencia: - Con permiso de vuestra merced –
Antes de desaparecer por el pasillo que daba a la cocina, la melodiosa voz de Loth-Loss volvió a oírse en el vestíbulo: - ¿Baruk? –
El enano con gesto ofuscado volvió sobre sus pasos, temió por un instante recibir de inmediato el castigo por su improperio y con una forzada sonrisa, que trataba de ocultar su temor, se presentó nuevamente frente a Loth-Loss: -¿Qué deseáis, mi Señora?-
La elfa no se volvió a verle, se entretenía observando los ricos y bellos tapices que decoraban con suntuosidad, la estancia: - Baruk haced el favor de no perder más el tiempo. Que por cierto, se os está echando encima, en breves instantes llegarán los comensales. Apremiaos pues, en vuestra tarea –
- Así se hará mi Señora – dijo el enano, mientras se marchaba meneando la cabeza, debido a la incomprensión que le producía la reacción de la altiva elfa. El enano supuso que el buen humor de su Señora estaba relacionado estrechamente con la cena de esta noche.
Al oir cerrarse la puerta, de la cocina, Loth-Loss no pudo evitar una franca carcajada, ¿como había podido, despistarse tanto? Sin duda la alegría de aquella noche la tenía recluida. Sonrío imaginándose a Baruk sirviendo la cena mientras ella vestía de una misma tonalidad.
Loth-Loss
La elfa se sentó, con gesto elegante. Con un gesto natural procuró que su bellísimo vestido, no sufriese la menor arruga. La Dama se acomodó gustosa en un impresionante banco de plata, cubierto con cojines de tul encarnado, y delicados bordados en hilo de plato, conjuntados con borlas realizadas con hilo del mismo material.
Desde allí vislumbro como del techo colgaba la impresionante lámpara de cristal labrado, de dieciséis estilizados brazos, cada cual sostenía siete velas blancas en cada uno de los delicados soportes, que evitaba que la cera derretida, se precipitase al suelo, ensuciando la suave alfombra de doble nudo, con decoraciones en hilo de oro, que yacía bajo ella. La lámpara, pendía del alto techo, por una elaborada y gruesa cadena, realizada en plata que representaba dos cobras enredadas entre si.
Aquella lámpara iluminaba a la perfección el amplio vestíbulo. En cuyos rincones más recónditos, se veía ayudad por pequeños candelabros de un par de brazos, que yacían en delicadas mesillas auxiliares, forjadas al gusto exquisito, de la noble Dama.
Los grandiosos tapices, hilados de forma cuidadosa y engarzados con excelente precisión, representaban escenas propiamente élficas, en el se veían ilustradas escenas de la vidas de los elfos, concretamente de la raza de los Noldor.
La Dama disfrutaba de tollos ellos con la salvedad de los que representaban las escenas de la caída de los de su raza y que se veían recluidos en lo másprofundo de las bodegas, perdidos en la oscuridad.
Loth-Loss acudía contemplarlos cuando su ira renacía con furia inusitada o cuando era presa de los más hondos pesares de su corazón.
Fue la elfa, quien había mandado confeccionar la amplia selección de tapices, bajo sus ordenes, bocetos que ella misma dibujo, según sus propios recuerdos, y diestros dictámenes seriamente mandados. Fueron realizados por doncellas elfas de la raza de los Sindar, tras su llegada a la Tierra Media, pues Loth-Loss consideraba que sólo las manos élficas eran diestras y hábiles en extremo como para representar tanta grandeza.
Más las escenas, más cruentas de su propia historia, las había confeccionado ella misma: -Con mis blancas manos, los realicé, tejiendo cada hilo y entrelazándolo, con rapidez y diestra brillantez, como si Morgoth, quisiera burlarse de mí, recordándome que mis manos antaño manchadas de sangre, podían dotar de vida y de belleza, cualquier cosa que osase tocar-
Cual fue su sorpresa al terminarlos, que dichos tapices eran los más bellos y realistas, dotados de fuerza y casi de vida, resaltaban los horrores de aquella oscura y maldita etapa de los Noldor. Y la gente que logro veía verlos los alababa y los encumbraba, como joyas nuevas realizadas por las diestras manos de Loth-Loss que eran. Ninguno se dignó a ver el horror y el sufrimiento que ella veía, ahora plasmados entre delicados hilos.
Por todo ello, la Dama los desterró a los ojos de los demás, pues algo había en tan dolorosos recuerdos que le quemaba y le dañaba la mente y el corazón
Loth-Loss
Ensimismada en sus dolorosos pensamientos y temibles, su gesto se contrajo y de alegría, al borde estuvo la bella dama de caer en un amargo llanto, fruto de sus más hondos pesares, que veía removidos en aquellos instantes.
Más el ovalado y esplendoroso espejo encantado, de efigies reptantes, comenzó a brillar y a emitir deslumbrantes
La elfa, se vio entonces como despertada de una horrible pesadilla, y su rostro volvió a adquirir con rapidez y prestancia, aquel gesto alegre que encumbraba e iluminaba sus bellas y delicadas facciones.
La sonrisa volvió a verse dibujada en sus rojos labios, su mirada volvió a ser benévola, resaltando el verde intenso de su hermosa mirada, secando con alegría las lágrimas que apunto estuvo de derramar.
Loth-Loss no pudo ocultar esta vez su felicidad, al haber evitado un momento de debilidad y al saber conjuntamente que su invitados se acercaban a Meril Morn.
La dama se levantó presta, de aquel cómodo banco que le había servido de reposo, en la corta espera. Recogió la larga cola del rico vestido con la mano diestra. Con paso decidido que denotaba cierta premura, se acercó la elfa al grandioso espejo.
Su capa de azogue estaba desapareciendo entre relucientes destellos, que indicaban que el hechizo estaba resultando. Tras las ráfagas de luz, en la superficie del que fue espejo, apareció una imagen algo difuminado por lo que parecía una leve cortina de humo, en breves instantes, la imagen se pudo observar con total claridad.
Dos siluetas cruzaban la espesura, de la frondosa vegetación del Eryn-Dînen. Ambas, ocultaban sus formas con espesas capas mojadas por la lluvia, ya casi inexistente de la que fue cruenta tormenta. Ambos iban a pie guiando a sus corceles por las bridas. Parecían andar con gesto firme y seguro entre tanta vegetación.
Cuando la leve llovizna cesó, finalmente, ambas siluetas se detuvieron junto a un milenario árbol, ambos parecían no saber por donde continuar. Este gesto, hizo que los blancos dientes, de la dama asomaran entre sus finos labios. Uno de ellos, alzó la cabeza y miró al cielo, que empezaba clarear, dejando libre al firmamento, que estaba cubierto de brillantes estrellas y con voz masculina, grave y firme, habló en excelente quenya con un acento y de inmejorable pronunciación, que la hermosa la voz que había sonado, pertenecía sin duda alguna, a un elfo procedente del mismísimo Aman.
Loth-Loss
Baruk caminó con paso rápido y resuelto hacia su morada, la lluvia y el viento habían cesado, por lo que pudo prescindir de la pesada capa que le había cubierto con anterioridad. Su paso sobre los senderos de piedra que recorrían los amplios jardines de Meril Morn, era ahora, por ello ligero y rápido.
Caminaba feliz, debido a que el mal tiempo había remitido finalmente. Al enano lo que más le disgustaba de trabajar al aire libre, eran sin duda alguna, los cambios de tiempo, quejumbroso se adaptaba entonces a este inevitable hecho tras años viviendo bajo las montañas.
Caminó entre las rosaledas del grandioso jardín, que mostraba capullos cerrados y hojas, mojadas tras la copiosa lluvia. Algunos pétalos desprendidos por el fuerte viento, se vislumbraban sobre la empapada hierba, así como en los bancos de piedra esculpida y en el propio camino.
El enano llegó presto, al vallado de la huerta, realizada con grandes cantos rodados, traídos de los manantiales y arroyos próximos. Baruk abrió la portezuela confeccionada con gruesos listones de madera barnizada, que protegía de las bestias y animales, el productivo y selecto huerto de la elfa.
Tras de si, la cerró nuevamente, poniendo en especial atención, en dejar el cerrojo perfectamente echado, pues temía que alguna alimaña se colará en el y provocará un estropicio, con el consecuente enfado de su Señora que aparte de su amplia rosaleda, disfrutaba y se congratulaba con su extenso y productivo huerto.
Cruzó la huerta en el angosto camino que recorría entre las numerosas matas de legumbres y hortalizas, plantas curativas y las largas fileras de árboles frutales árboles frutales. El aroma a tierra mojada se percibía, según el sentido olfativo del enano, con mayor precisión y disfrute.
Aquel olor le relajaba, parecía traerle los recuerdos del pasado, evocando olores subterráneos, así como la humedad que había dejado el ambiente y que le recordaba en extremo a la humedad que soportaba, cuando vivía en las profundidades las montañas.
Bordeó la huerta, con paso apretado. Llegando con premura, hasta la parte posterior de la finca, allí donde los enebros crecían formando una espesa arboleda, ocultando entre su frondoso ramaje, la alta y gruesa torre de piedra, bastión vigía antaño, que hacia ahora las funciones de palomar, en la parte superior y de vivienda de la servidumbre en la inferior.
Loth-Loss
El enano se adentró entre un pequeño hueco que había entre dos enebros, el espacio era justo para su ancho cuerpo, Baruk pasó procurando siempre que sus vestimentas no se dañaran con alguna rama.
Justo en medio de la gruesa arboleda se hallaba enclavada la torre, que era de planta circular, una altura de varios metros y estaba confeccionada en gruesos y pétreos bloques grisáceos.
Se accedía al interior de la torre por una puerta de arco en punta, realizada en madera de nogal. Baruk tomó el rústico pomo de cobre entre sus gruesas manos tiró de la puerta penetrando de esta manera, a su humilde morada. La simple puerta carecía de cerrojos y sólo una simple tranca de funcionamiento interno, permitía de algún modo obtener una pequeña seguridad.
La morada del enano, ocupaba tan sólo la planta primera del torreón. Y estaba tan sólo compuesto por tan sólo una pequeña y diáfana habitación.
En la habitación se encontraba un pequeño hogar confeccionado en la misma piedra que componían las paredes, y del que pendía una pequeña olla, suspendida en el fuego, por una densa cadena, a su vera un estrecho armario apilaba los leños que servían para darle lumbre. Una pequeña y desconchada alacena en la que el enano, guardaba sus viejos utensilios de cocina y su vulgar vajilla, el mueble descansaba a la derecha del hogar. En el extremo opuesto yacía una mesa redonda de madera de pino, cubierta por un sencillo mantel de lino azul en la que yacía un candelabro de bronce, de un solo brazo. Rodeando la mesa, se encontraban dos sillas confeccionadas en la misma madera, bajo los pies de estas, una desgastada alfombra azul recubría el frió y pétreo suelo.
Al fondo de la estancia y junto a la única ventana que había en el primer piso se encontraba un sencillo lecho de cabeceros forjados y sabanas de algodón blanco recubiertas en una verdosa y pesada colcha de gruesa lana. Junto al cabecero, una pequeña mesilla auxiliar albergaba otro pequeño y sencillo candelabro. A los pies de la cama, se encontraba un gran baúl, pintado en un verde oscuro, que tenía con cerrojo algo carcomido por el oxido, y en el que Baruk guardaba sus pertenencias más queridas. Frente a la cama un angosto, armario, de crujientes bisagras, mal guardaba las ropas del sirviente. A la vera del guardarropa, descansaba una sencilla jofaina de porcelana blanca. Las pétreas paredes se hallaban decoradas con escudos abollados y algún resquicio de armadura enanas que le habían servido con anterioridad a Baruk.
Loth-Loss
El enano se encaminó, hacia el armario, abrió sus gruesas puertas generando gran ruido por el mal estado de las bisagras. De donde sacó, el encartado uniforme verde, que guardaba cuidadosamente en un saco de lino, para protegerlo de las posibles polillas.
Baruk se descalzó con prisa, dejando las botas de cuero negro en un extremo de su habitación. Posteriormente quitó el delicado uniforme negro, que llevaba puesto, poniendo mucha atención, en todos los movimientos que realizaba, tratando de no arrugarlo ni romper alguno de los delicados elementos que lo componían.
Con cuidado dobló el uniforme y con extrema dedicación, impropia de un enano, introdujo este uniforme en otro pequeño saco de lino, guardándola en la correspondiente balda del armario. Cerrando tras ello, la puerta con un golpe seco, mas no excesivamente fuerte ni de forma violenta, pues el armario amenazaba en ruina y como consecuencia venirse abajo, con el más mínimo golpe. Y Baruk no disponía de tiempo suficiente para reparar el mueble.
Con la misma dedicación que había dedicado para extraer de su cuerpo el anterior uniforme, utilizaba ahora para calzarse este otro.
Una vez terminado de vestirse, volvió a calzar sus botas y salió presto otra vez en dirección la casona.
Loth-Loss
Mientras Baruk regresaba hacia la casona, se percató de que el firmamento estaba totalmente limpio de nubes y lucia en plenitud, cuajado en su totalidad por estrellas brillantes.
El viento que había estado azotando Eryn-Dînen y Meril Morn, no era ni tan siquiera una leve brisa, que susurraba entre el ramaje de la espesa arboleda.
En el camino de vuelta, el sirviente se dio cuenta del tedioso trabajo que se le presentaba, en vista del desprendimiento de hojas y pétalos, que aun sin ser muchos, se esparcían por toda la finca. El enano suspiró y decidió tratar de no pensar en las tareas de mañana y dedicarse a pensar en todo lo que tendría que hacer durante la cena.
Caminaba, con más con apremio y mantenía un gesto encorvado, que le hacia arquear la espalda y hundir la cabeza entre los hombres, en actitud cansada y frustrada. Ensimismado en sus propios pensamientos y cavilaciones.
La preocupación se vislumbro en su barbudo rostro, haciendo que sus espesas cejas se juntaran aun más dejando su entrecejo como una leve línea.
Aquella cena prevista con tan poca antelación, disgustaba al enano, pero no sólo por el trabajo extra que se veía obligado a realizar, si no también por las extrañas circunstancias en las que se veía envuelta tan misteriosa reunión.
Lo que más le preocupaba era el celo con el que la Señora de Meril Morn guardaba la identidad de los comensales. Actitud nada desdeñosa por su parte, puesto que el no era más que un humilde sirviente, a su merced. Sin embargo, aquella situación sólo permitía que en él, se despertara la curiosidad y quizás un leve temor, con respecto a las intenciones de aquella citación tan tardía.
Con respecto al cuidado que había puesto Loth-Loss, tanto en la elaboración de la suculenta cena y no tanto su acicalamiento personal, pues el enano estaba acostumbrado a los derroches y ostentaciones de vestimenta de su ama, pero si por la alegría que mostraba y cordialidad que derrochaba, del todo inusuales, que tan sólo eran mostradas en pocas y señaladas ocasiones. Baruk pesaba no sin razón, que sus invitados eran personajes muy importantes, de gran relevancia y lo más extraño queridos por la bella elfa.
A medida que se acercaba a la puerta de la cocina, tras haber cruzado con paso ligero la huerta y el jardín. Las preguntas bullían en la cabeza del enano, que empezaba a sentir como los nervios se apoderaban de el
Loth-Loss
Meril Morn lucía su imponente y pétrea estructura, entre la espesura de los árboles que le rodeaban.
Por los amplios ventanales de la casona, se filtraban, entre las hermosas cortinas de seda, la luz de los numerosos candelabros, que yacían prendidos en el interior.
La luz se perdía entre el follaje de los arbóles, y la floración de los bellos rosales cercanos. Los tonos verdosos, rojos se fundían a la perfección con la oscuridad nocturna. Creando una curiosa paleta de colores, que embellecían con contundencia el hogar de Loth-Loss.
Baruk caminaba deteniéndose a contemplar la magnificencia de la finca, la hiedra que trepaba, a sus anchas, por los gruesos muros de Meril-Morn, se fundía con el verdor de la hierba que crecía en el tejado. Y que a su vez, ambas, competían en verdor y espectacularidad, con el extenso jardín y el amplio bosque que la cercaba.
El enano, se dejó seducir por el sonido dulce, que producía el manantial, que brotaba en el centro de la finca. Que dejaba oír su canto, en cualquiera de las zonas de la finca. Pues e silencio de la noche sólo lo rompía el sonido de las aguas al correr, el canto de los grillos y algún ulular de un búho.
Las luciérnagas, volaban por todo el jardín, sobrevolaban, en gracioso baile, el estanque del manantial, el huerto, corrían por el jardín, y entre los altos árboles, yéndose a posar en las hermosas rosaledas, creando una visión magnifica e idílica de la propia finca.
Sin embargo, Baruk, enano observador pese a sus toscos modales y su precaria inteligencia, veía que pese a la regia belleza de la que estaba dotada Meril Morn, mantenía un halo de misterio y misticismo. Como si algo oscuro se ocultara tras tanta belleza.
Al enano se le encogió el corazón, pues tal pensamiento, podría adaptarse a la perfección con su hermosa ama. Cuya espectacular belleza, no ocultaba un corazón frío como el hielo, una mirada penetrante yllena de odio, así como una voz encantadoramente maliciosa,
Loth-Loss
El enano se detuvo, durante breves instantes, antes de tomar el camino, de losas de pizarra, que le llevaría a la parte lateral izquierda de la casona.
Y observó, escudriñando tras una rosaleda, con sus cansados ojos, como la estilizada silueta de la elfa, se dibujaba en sombras, tras las cortinas encarnadas del vestíbulo principal.
Al fiel sirviente, le llamó con especial atención, una luz cegadora, que traspasó los cortinajes, cegándole durante un instante, pese a encontrarse a varios metros del lugar donde se producía tal llamativo hecho.
La luz se volvió más débil, más aun así, su brillo destacaba, aun más que la iluminación común, de la estancia. Entonces, fue cuando, la Dama se había levantado de su asiento con rapidez inusitada, más con gracilidad y prestancia, y se había precipitado con pasó elegante y ágil, hacia el espejo.
Al enano se le encogió el corazón, pues comprendió, con rapidez, sin necesidad de estudiar lo ocurrido. Que aquella luz cegadora, no era otra cosa, mas que la señal que indicaba, que el espejo mágico, se disponía a revelar, los rostros y la ubicación exacta, de aquellos que se acercaban a Meril-Morn.
Baruk, notó como comenzaba a sudar, fruto de los nervios y el pánico, del que era preso. Aquello significaba que los convidados estaban al caer.
Apretó el paso, con la cabeza llena de pensamientos y temores. Corrió con rapidez, por la senda, hasta toparse con la puerta lateral, que daba pasó a la amplia cocina.
Loth-Loss
Con gran estrépito, el fiel sirviente, con gesto preocupado, sus oscuros ojos brillaban, bajo sus espesas cejas, mantenían una mirada apesadumbrada, entró en la amplia cocina de la casona.
Encontró, los pucheros y ollas, tal y como los había dejado, fuera del fuego, en una cómoda auxiliar cercana a los fogones.
Estos, estaban protegidos por una especie de paños acolchados, que evitaban que sus manos se abrasasen al trasladarlos, y que a su vez mantenían el calor del interior de estos, en condiciones optimas.
Al penetrar en la cocina, fue recibido, por los incipientes y resonantes bufidos, de la perlada y caprichosa Undóme, que disgustada, por la inesperada llegada, de aquel ser al que odiaba. La delicada felina bufaba, al enano, con furia y rabia.
La gata se había visto despertada del placido sueño, que mantenía, sobre una cómoda silla, de asiento en piel repujada, mientras dormitaba acomodada en un cojín de plumas, que se mantenía centrado, sobre la silla, que a su vez se encontraba próxima al crepitante fuego. Pues el animal disfrutaba de la gustosa sensación calorífica, que le proporcionaban las incandescentes llamas.
Como buen animal casero, disfrutaba en demasía, con los penetrantes y deliciosos aromas que bullían de los calderos. Por ello acudía con frecuencia, a la cocina, donde se la veía muy a menudo.
En ocasiones la gata de terso y largo pelaje, esperaba ansiosa, que la premiaran con algún tentempié, que sobrara del banquete, o un despojo, de los preparativos de la comida.
El despertar del animal, no había sido en absoluto nada placido, pues el sonoro portazo, que produjo Baruk, tras su entrada a la estancia, la había sobresaltado.
El enano no parecía percibir, las desesperantes y agudas quejas de Undóme. Pues en su cabeza se entrecruzaban sus pensamientos y su corazón palpitaba con rapidez.
Loth-Loss
Baruk muy a su pesar debía esperar en la cocina, a la llamada de la Dama. Sólo entonces podía presentarse ante su ilustre presencia.
Los cansados ojos, del sirviente, se desviaron de los pucheros, hasta la puerta de haya labrada, en cuya elaborada superficie podía verse a una serie de elfos, realizando tareas propias de cocina. Dicha puerta daba hasta el pasillo, que comunicaba una serie de estancias con el vestíbulo principal.
Bajo la rendija de esta, podía verse la luz que se filtraba, hasta la cocina, procedente de los numerosos candelabros de plata que iluminaban el silencioso y ostentoso pasillo.
El humilde enano, se mordió los labios, tratando de controlar sus nervios. Pero su mirada seguía fija de forma insistente en la parte inferior de la puerta.
Undóme se vio algo frustrada, en vista de que sus escandalosos maullidos y prolongados bufidos no habían surtido el efecto esperado. Orgullosa la felina, descendió, con un liguero salto, del acomodado lugar donde se encontraba.
Movió sus blancas patitas con pasos firme, haciendo sonar su cascabel con cada movimiento que realizaba.
La gata llegó hasta la chimenea, allí se dispuso frente al hogar, para percibir bien su calor. Durante un rato lamió su espesa y cuidada cabellera, tratando con asombroso éxito, de volver a su perfección su delicado y largo pelaje, después del encrespamiento, que había sufrido, tras sufrir la horrible visión de la aparición de su detestado enemigo.
Con indiferencia hacia el sirviente, y tras asearse, se acurrucó en la suave alfombra, que se cubría el suelo al frente del marmóreo hogar.
Baruk cansado, decidió tomar asiento, con cuidado, en la misma silla donde había estado durmiendo, aquella pomposa felina.
Poco o nada percibió el enano, en la disminución del ruido, tras que Undóme cesara de provocar sus desesperantes maullidos. Pues el sirviente, se veía inmerso en otra serie de preocupaciones menos banales y más importantes a su parecer.
Loth-Loss
Baruk permaneció sentado, en aquella silla, a la espera de una llamada, de un aviso, que le diera acceso al vestíbulo, pues aun que detestaba al espejo mágico, pues lo relacionado con las diestras artes de su señora, no le agradaban en lo más mínimo, este reconocía que era muy útil, y su curiosidad, por ver, quienes eran los comensales, crecía por momentos.
Allí esperó, con la vista fijada en la puerta, y tratando de concentrarse, para ver si era capaz de escuchar algo.
Mas el sirviente, no escuchó ni una sola palabra de Loth-Loss, no tuvo ocasión de percibir ni uno de las melodiosas vocalizaciones de la elfa. Los gruesos y pétreos muros de Meril-Morn, impedían, que el concentrado enano, pudiera percibir ni tan siquiera un susurro, o un mero indicio de conversación.
La mente del enano retrocedió un tiempo atrás, en su subconsciente apareció la visión de la doncella Anna, tendida en el frío suelo del gran salón, de sus finos y rosados labios y de su diminuta nariz, brotaba roja sangre, y sus ojos pardos, mantenían su parda mirada, ya sin vida, fija en la dirección en la que se encontraba su señora. Que erguida y con porte orgulloso y tranquilo, se encontraba al fondo de la estancia, jugueteando con el cetro en sus manos y dando la espalda al cadáver, de forma tajante.
Baruk no había oído los gritos desesperantes de auxilio, que la doncella debió emitir, imposibles serían de captarlos, a pesar de estar en la habitación contigua. La elfa asesinada permanecía tirada en suelo, cual despojo. Cuya mirada tenia enclavada el gesto del terror, y el miedo se encontraba sobre cada poro de su piel.
El enano, sabía, que aquella hermosa y temible casona, era el lugar perfecto, para cometer, con total impunidad, todo el tipo de atrocidades. Aquella finca, ocultaba muchos temibles y oscuros secretos, de los cuales, él desconocía su inmensa mayoría.
Pasadizos secretos, estancias escondidas, objetos mágicos, huertos con plantas desconocidas y venenosas, jardines de flores hermosas pero a su vez siniestras…Meril-Morn mantenía aquel halo mortífero, que le helaba la sangre. En cierto modo se asemejaba a su moradora, tan bella, entramadamente misteriosa, llena de secretos ocultos…
El humilde servidor, se estremeció al recordar, que la pálida piel de su ama, se asemejaba con creces al tono mortecino de un cadáver. Los días de invierno, se había percatado que de la boca bella Loth-Loss, no salía vaho alguno, pareciendo así como si no estuviese dotada del calor de la vida y respiraba de forma tan débil e imperceptible, que muchas veces el enano temía que su Dueña hubiera perecido, todos estos detalles le hacían pensar, como si en verdad fuese, un cadáver dotado de vida.
Loth-Loss
El tormento, del recuerdo de Anna, le perseguía… Y su mente empezaba a revivir lo ocurrido aquel día. Extraños eches producidos aquella soleada mañana habían desencadenado la muerte de la doncella.
Aquella mañana Anna, se levantó al alba, cómo todos los días, y bajó a la cocina presta, donde yo me encontraba, cargando leños, para que ella preparase el desayuno de la Señora.
Algo refunfuñaba la doncella, mientras realizaba el desayuno, pero sus quejas se realizaban en su lengua, en quenya, por lo que el sirviente no entendió nada, en absoluto. Pero por lo que veía, parecía que los problemas habían comenzado desde mucho antes.
Antes de acostarse, la noche anterior, Loth-Loss, les había mandado vestir, el uniforme rojo con bordados blancos, este uniforme sólo lo lucían una sola vez al año.
El enano no sabía la razón por la que se producía esta situación. Anna parecía saberlo, pero jamás habló del tema con Baruk, prefería callar o fingir que no escuchaba sus preguntas. Por ello, el fiel sirviente dejó de realizar de insistir, aun que en su mente, siempre aparecía esa pregunta, cada vez que se enfundaba aquel uniforme, de color tan intenso como los cabellos de su ama, tan rojo como la mismísima sangre.
Anna preparó el desayuno, común, que tomaba Loth-Loss, que constaba de dos piezas de fruta recién cogidas de los frutales del huerto, un zumo en consonancia con las piezas de fruta disponibles, una infusión, que parecía tratarse de té de rosas, por su delicado aroma y su color, unas rebanadas de pan, tostado ligeramente al calor del fuego, acompañadas de la deliciosa mermelada que preparaba la Dueña de Meril-Morn.
Todo esto lo dispuso en platos de cristal, delicadamente tallados, dichos platos los posó en una bandeja rectangular, de plata. Sobre la vajilla, la cristalería, la cubertería y la bandeja, se leían en centar élficas el nombre de Loth-Loss.
Anna subió grácil y decidida por las escaleras, para servirle a la Dama, el desayuno en la cama. Si bien en su rostro antes de abandonar la cocina, mantenía un gesto de patente resignación, el enano creyó ver en sus grandes ojos, algo que resumió como temor.
Después del desayuno y tras su baño y acicalamiento, la Dama bajó, a pesar del día soleado y espléndido que hacía, decidió prescindir de el placer del que le dotaban sus jardines, y se recluyó en el gran salón.
Loth-Loss había amanecido, algo nerviosa, en su bello y perfecto rostro mostraba por una vez algún signo de mal sueño y de cansancio.
La hermosa elfa, ordenó a Anna que cerrase los cortinajes del gran salón, tratando así de impedir que penetrase la luz, del sol, en la grandiosa estancia.
Baruk y Anna tardaron bastante tiempo, en iluminar la estancia con todos los candelabros que allí yacían. Pues Loth-Loss a pesar de su decisión, no quería perder un instante del día y necesitaba luz para trabajar, aunque sus elfitos ojos veían a la perfección de la oscuridad, disfrutaba del olor perfumado de sus velas.
Dijo Anna a Baruk entre susurros, tras cerrar las puertas del salón, que aquella voluntaria clausura y huida del día, quizás la tranquilizaría, más muy para su desgracia aquello no fue así.
Loth-Loss
La tensión en la que se mantenía la Dama, se mantuvo durante toda la mañana. El ambiente estaba cargado de un extraño silencio mantenido con miedo y respeto a las consecuencias que Loth-Loss, pudiera otorgar a sus sirvientes.
Anna apenas había probado bocado, en todo el día, y desde que bajó a la cocina para elaborar el desayuno de su ama, perduraba en su sonrosado rostro una mirada que entrañaba temor. Mientras que en sus gestos, de gran precisión antaño, se vislumbraban ciertos temblores nerviosos. Que la elfa a duras penas lograba contener.
El enano se apiadó de ella, puesto aun que no llevaban una excelente relación, debido a las existentes distensiones que mantenía la raza Elende con los Naughlath, bien es cierto que, tenían ambos, una relación de condescendía y en ocasiones ciertamente distendida, puesto que ambos, doncella y sirviente, se enfrenaban diariamente con la distinguida y temible Señora de Meril-Morn.
En numerosas ocasiones durante las conversaciones exentas de profundidad que compartían ambos durante sus tareas rutinarias en la cocina, o bien en las extensiones que dominaban la finca, más de una vez compartieron miradas cómplices o gestos de compresión, tras un enfado o excéntrico capricho de la Dama.
Anna era una elfa hermosa, no muy alta, pero de bello porte, de negros cabellos, que solía engarzar en una gruesa trenza. En sus regios modales, se distinguía claramente que había servido desde siglo antes a las familias nobles de los elfos Sindar, había llegado a los territorios del Telpe siguiendo con lealtad y casi adoración, a Loth-Loss.
Pese a los numerosos disgustos y a la desconsideración, que le mostraba la Señora de Meril-Morn en algunas ocasiones, de los finos y pálidos labios de Anna jamás se la escuchó maldecir el nombre de la elfa o tan siquiera una mala palabra.
Anna aun que estuviera repleta de trabajos y tareas por realizar, aceptaba con resignación y con un leve encogimiento de hombros, los nuevos encargos que se le ocurrían a Loth-Loss sobre la marcha.
Baruk, estaba convecino de que Anna, tras largos años sirviendo, devota, a la Dama. Había caído en el hechizo, que sin duda alguna, producía la sola observación durante un pequeño instante a los verdes y hermosos ojos de la elfa.
Loth-Loss
Por la espalda del sirviente, subió rápidamente un escalofrío, al recordar el verdor esmeraldino del que gozaban los ojos de Loth-Loss. El enano tuvo que sujetarse al asiento de su silla, para no desplomarse en el suelo, de la cocina.
Seguidamente, y tras reponerse de la repentina situación, se preguntó a si mismo, si él, podría caer en el poderoso hechizo, de la Dama.
Baruk, se sacudió la cabeza de un modo compulsivo, de izquierda a derecha, tratando de negarse, así mismo, los hechos que le demostraban, que jamás saldría por su propio pie e iniciativa de Meril-Morn.
Pese a que el enano, se creía un ser duro y decidido, digno de los de su raza, su dureza natural, se extinguía con tan sólo escuchar la melodiosa voz de su ama. Sus nervios afloraban si ella se dirigía a él, fuera en el tono que fuera.
Al fiel servidor, le costaba reconocer, que sus temblores, que en ocasiones se producían y que el achacaba a un gesto nervioso o a una especia de tic, estaban sin duda alguna producidos por la presencia de la elfa.
La adoraba y la temía, una serie de sentimientos, hacía la elfa, bullían en la cabeza del fiel, servidor. ¿La odiaba o la amaba? No podía saberlo, era incapaz de descifrar nada, entre tantos pensamientos y sensaciones que se encontraban y luchaban uno con el otro.
Más sus dudas no ocultaban, la evidencia, pues pese a las duras condiciones, en las que se veía obligado a vivir, y a los continuos desprecios a los que se veía expuesto, así como a las continuas presiones por parte de su ama y a no recibir ningún tipo de gratificación, él, jamás, había huido de la finca. Era cierto que no sabía cual era su ubicación exacta, pero pese a acompañar a la Dama, en alguna ocasión fuera del Eryn-Dînen, no había optado por huir, el decía que por miedo, a ser con toda probabilidad encontrado y muerto, pero más bien y con toda la razón, era porque simplemente ya se consideraba una pertenencia de Loth-Loss y la sóla idea de que ella, quisiera desprenderse de él, le atormentaba.
La claridad se demostraba en los hechos, el enano ya hacía tiempo que estaba preso del “hechizo” de la poderosa y hermosa Loth-Loss.
Loth-Loss
Anna siempre fue, condescendiente con su ama. Las más duras tareas de la casa eran cargo de ella, apenas sí tenía descanso alguno, más que el nocturno, pues acompañaba a Loth-Loss desde que esta, se levantaba, de su lujoso y cómodo lecho, con la salida de Anar, hasta que esta decidía acostarse cosa que no solía ocurrir hasta pasada la media noche.
Los únicos ratos, que disponía la doncella, para ocuparse de sus otras labores, eran: cuando Loth-Loss se encerraba en el gran salón, rodeada de sus libros y manuscritos, lugar en el que nadie podía molestarla, salvo que oyesen la campañilla de cristal que indicaba que necesitaba de los servicios de sus sirvientes, sus paseos o bien a cabalgando con Morne, o realizados sencillamente a pie, que la elfa solía dar por el Eryn-Dînen, o bien en el tiempo en que la Dama, se dedicaba en exclusividad al cuidado de sus animales, flores y plantas mágicas, en los que prefería estar sola.
El enano, no tenía tiempo para compadecer, el duro trabajo realizado a diario por la doncella, ya que el también tenía una fortísima jornada que cumplir a rajatabla.
No obstante, si sentía lastima por Anna, ya que él, no tenía que aguantar, los ataques de irá y el mal humor posterior de Loth-Loss. De forma tan continuada y sin posibilidad de librarse, como hacía la doncella.
El fiel sirviente valoraba de ella, sobretodo, el delicado tacto con el que manejaba el cambiante humor de la Dama, que en ocasiones con una sincera y amable charla, lograba que su mal humor disminuyera levemente, aun que no lo hiciera desaparecer más de una vez evitó un derramamiento de sangre. El creía que con aquello bastaba, más se equivocaba gravemente.
Baruk, se lamentó, muchas veces de no saber con exactitud, cual había sido la causa del desencadenante del asesinato de Anna, a partir de ese día, el comprendió que nada ni nadie dominaba a su ama.
Loth-Loss
Anna tenía aquel día una expresión de miedo, el pánico intenso, clavado en sus pardos ojos. Baruk se estremecía al recordar, como no fue capaz de borrar del cadáver aquella expresión, ni tan siquiera pudo cerrarle los parpados, Anna fue enterrada con el mismo gesto de terror con el que falleció.
Loth-Loss se había encerrado en el gran salón, con las contraventanas cerradas y las espesas cortinas echadas. Allí parecía estar tranquila, más la tensión se percibía en un ambiente, entremezclado con el temor que se cernía sobre los sirvientes.
Baruk recordó que aquel fatídico día, los trabajos en la finca, se le estaban haciendo muy pesados, pues Anar brillaba con fuerza, y aquel digno pero pesado uniforme, negro, se le hacía tedioso de portar. Pues cada rayo de luz se le clavaba en la tela, de tal forma, que el pobre sirviente, sentía como se fatigaba, con extraña facilidad, debido a la intensa sudoración, a la que se vio sometido, tanto como a la deshidratación consecuente con estos hechos.
Aquel uniforme y el mal humor que mostraba su ama, otorgaba al espléndido día, de un pesado manto de frialdad y misterio, que encerraba en Meril-Morn su más oscuro secreto.
Las rojas y negras rosas, estaban abiertas en su más bello esplendor, así como otras plantas que florecían con mágica predisposición, expandiendo una intensa y dulce fragancia por todo el jardín.
Pero aquel detalle, que solía suavizar los ánimos de los habitantes de la casona, pasó casi inadvertido, pues el encierro de su Señora y el acechante y tenso entorno, de aquel día, no permitían ningún tipo de distracción.
Loth-Loss
Los sirvientes, trabajaban a destajo, refugiándose en sus tareas, intentando así evadir los posibles conflictos, con su ama, tratando de disimular sin éxito alguno, el miedo y el temor, en el que se veían inmersos.
Aquel día Anna y Baruk, coincidieron cuatro veces durante todo el día, la primera en la cocina, durante la cual, el enano, capto el miedo y en la preocupación en los ojos de la elfa, la segunda en el jardín, cuando la doncella se disponía a llevar flores frescas al interior de la casa, así como a la recolección de frutas y hortalizas para la comida, la tercera, en el recibidor, cuando Anna subía presurosa, la impresionante escalera de caracol, del vestíbulo, y la cuarta y ultima poco antes de que Anna falleciese, esa vez Loth-Loss y ella parecían inmersas en una cruel disputa.
Baruk había acabado sus principales de la mañana, tras regar las rosaledas y la huerta, y haber limpiado las cuadras y alimentado a los animales de la finca, se disponía a penetrar en el pequeño taller para afilar su hacha y herramientas de poda, y disponerse a proseguir con sus tareas, antes de parar para tomar almuerzo.
Penetró por la puerta lateral, la que daba a la cocina, ya que Loth-Loss, le tenía terminantemente prohibido, que utilizase el portón principal.
Tras haber avanzado por el pasillo, y haber dejado atrás la cocina, y la alacena, y cuando se disponía a empujar la puerta de abedul, en forma ojival, debido al inmenso arco de piedra tallada que coronaba la puerta. El fiel servidor, se paró en secó.
Por el fondo del pasillo, se oían unas leves voces. Apenas perceptibles, por lo que el enano procuró, de dejar de respirar, de forma tan fuerte, a pesar de su fatiga.
Loth-Loss
Trató de mantenerse, en el mayor silencio, que le era posible, y se concentró en el sonido, que provenía del fondo del pasillo.
Así parecía, el murmullo, que percibían sus torpes oídos, parecían ser voces.
Movido por la curiosidad, soltó el dorado pomo de la puerta y dejó atrás el taller. Se movió con suavidad, tratando que sus pesados pasos, debido a las grandes botas del uniforme, pasaran desapercibidos, apagados al máximo por la gruesa alfombra, que cubría el marmóreo suelo.
Se acercó, hasta el final del pasillo de gruesos muros decorados con sinuosos tapices y ricos candelabros de plata. El enano, se situó con sigilo debajo del gran arco de granito, que daba acceso al corredor y que estaba delicadamente tallado, con una muestra ejemplar de obra cantera, que representaba a dragones voladores, surcando el alto techo.
Allí sus ojos atisbaron en el hermoso recibidor, todo parecía seguir tranquilo.
Nuevamente opto, por volver a un quieto silencio. Volviendo de esta manera a percibir los leves voces, que había escuchado con anterioridad.
Loth-Loss
Sus torpes ojos, tardaron en percibir, que los amplios portones, que daban acceso al gran salón, se encontraban, entreabiertos. Se trataba tan sólo de una leve rendija, que dejaba plasmada en la roja y hermosa alfombra del suelo, un rayo de luz, provenientes de los numerosos candelabros prendidos, en el interior de la deliciosa estancia.
El sirviente, cruzó el vestíbulo, aproximándose, sigilosamente la vera de las puertas. El enano, percibió como su corazón, disparaba los latidos y su respiración se volvía más densa y pesada.
Baruk, sabía que Loth-Loss le percibía desde muy lejos, así como Anna, pues los elfos, como los hechiceros tenían extraños dones y sus sentidos estaban, especialmente desarrollados.
A pesar de ese miedo que sentía, y a esa acertada conclusión. La infinita curiosidad del enano, no le dejaba apartarse o batirse en retirada. Prefería saber, que era lo que sucedía en el interior del gran salón.
Pese a estar tan cerca las voces siguieron siendo débiles, debido a la extensión de la estancia y a los gruesos muros que la componían. El enano comprendió que aun que agudizase al máximo sus oídos, no comprendería ni una sola de las palabras de su Ama y la doncella, pues ambas elfas tenían por costumbre dirigirse en su complicada lengua.
Afamándose de valor y aferrándose a su insaciable curiosidad, el naughlath clavó su rostro en la rendija de la puerta para atisbar lo que sucedía en el interior.
[Editado por Elen-Formen el 28-11-2004 11:52]
Loth-Loss
Los oscuros ojos del enano, vieron, como Loth-Loss se movía con rapidez, de un lado a otro de la estancia, agitando de forma vehemente sus manos, en claro gesto de contrariedad.
En una esquina se encontraba, Anna, con la mirada baja, fija, en los utensilios de cristal que utilizaba, mientras le preparaba el té, a su ama, sobre una de las mesas auxiliares.
El sirviente descubrió, que no se trataba de ningún gesto de profesionalidad de la doncella, si no que, aquella actitud, sumisa, se debía a un intento, por ocultar sus lágrimas, que le corrían por el rostro.
En el gran salón, se respiraba un ambiente de total crispación, ambas mantenían una conversación, que parecía acalorada, no porque alzasen la voz, si no, por el énfasis en la pronunciación, de las palabras, que empleaba Loth-Loss y que Anna apenas contestaba, entre apagados gemidos y gestos de resignación.
La Dama se movía con gesto y porte altivo, de un lado para otro de la estancia, en más de una ocasión, el enano creyó ver que sus verdes ojos, se posaban en la puerta entre abierta, él se había dado cuenta de que había sido descubierto. Más la elfa de momento no le preocupo la presencia del enano, de la que se había percatado, mucho antes de lo que el creía.
Cuando Loth-Loss se sentó en uno de los cómodos sillones de piel, que había en la estancia. Anna acercó la bandeja de plata, con el té de media mañana, listo, para ser degustado.
La taza humeaba, y Anna creyó que esto dificultaría la visión de sus ojos enrojecidos. Más no fue así.
En cuanto la Señora de Meril-Morn, se percató de la situación, no pudo por menos que esbozar una despectiva sonrisa y una leve pero cruel carcajada.
De sus labios, salieron melodiosas palabras, que debieron de estar llenos de malicia, porque a Anna se le calló, la bandeja, dejando en su rostro un gesto de terror. De inmediato la doncella se agachó a recoger, el desbarajuste que había producido.
Loth-Loss segía hablando, esta vez parecía reprocharla su torpeza, y se dedicó, a rodearla mientras andaba en círculos, entorno a ella.
A Anna se le empezaba acabar la paciencia, estiró la cabeza con el orgullo típico de la raza elfica, y sin querer debido a la tensión, se cortó con un cristal, y de sus dedos brotaron unas gotas de roja sangre.
No sabía el enano que atisbaba escudriñado, tras las puertas, que aquellas pequeñas gotas, serían el comienzo, de un derramamiento más importante de sangre.
Loth-Loss
Anna había enderezado su espalda, adquiriendo un porte orgulloso y confiado, y tras recoger los cristales del suelo, se movió con destreza y agilidad, tratando así de mostrar, que era ante todo una elfa fuerte.
Baruk, escondido tras la puerta se dijo para sí: “No tiene, porque demostrar nada, aquí, en Meril-Morn, todos sabemos, de su gran entereza, de no ser así, Loth-Loss jamás la habría aceptado a su servicio”
Pero lo cierto es que aquella muestra, tan sólo era una mascara que ocultaba, la desesperación en la que se veía inmersa, la doncella, que no podía seguir aguantando las presiones a la que se veía sometida. Más por amor a su ama, ella callaba, mas en su silencio su dolor la consumía.
Loth-Loss se encaminó hacia el hogar, en el que se prendían llamas continuamente. Con gesto de dejadez no se preocupó, por los ánimos de su doncella, a la que sabía fuerte y metódica en sus acciones.
Mas aquel día, la Señora de Meril-Morn, topo a su doncella algo crispada. La poderosa elfa disfrutaba obstaculizando el camino a sus sirvientes y poniendo sus fuerzas y su ánimo al borde del límite, pero todo esto, lo hacía de forma inconsciente, pues en eso erradicaba una de sus más puras esencias, la maldad natural.
Una maldad en puro estado, tan ligeramente sutil y a la vez tan dañina, que hacían de Loth-Loss, una maestra en el arte de la malicia y la perfidia.
Anna se encontraba en aquella, situación, al borde de sus fuerzas, al límite de su cordura, tratando así, de salir de aquel infierno, en el que se había convertido aquella jornada.
Trató de disimular su ira, ocultando sus deseos de gritar, de dejarse llevar por las más fuertes y corrosivas de sus pasiones.
En multitud de ocasiones, la doncella, se refugiaba en el trabajo, cuando su ama, tenía un día extraño, o simplemente se había levantado de mal humor.
Pero aquel día se veía profundamente asediada por la maldad de su Señora, debido a que aquel día, se rememoraban los temibles hechos de Aqualonde y Loth-Loss estaba especialmente receptiva, y saltaba al más mínimo error o la más insignificante equivocación, y pese a que Anna realizaba todas sus tareas con un mimo y celo excesivo, la Dama le ponía pegas a todo, lo que hacía y realizaba, pese a la precisión y exactitud de la doncella.
Loth-Loss
La doncella estaba tensa, su bello rostro había adquirido una expresión de crispación, que fruncía levemente su entrecejo, dejando que su diminuta nariz, se arrugara al comienzo del estrecho tabique.
En sus pardos ojos se veían reflejado, una mezcla de desesperación y de rabia contenida. Sus ojos enrojecidos por el llanto que mantuvo, le escocían, contuvo el llanto, pese a la perfidia de su ama, más no lloró de tristeza sino de impotencia, ante la actitud que tomaba Loth-Loss en ciertas ocasiones.
Pero la crueldad de su ama, para con ella, estaba acabando con su voluntad, con sus ganas de seguir, con sus fuerzas.
Más debía aguantar, por ella misma, por su integridad, por mantenerse firme y mostrar su fuerza, para evitar su propia destrucción a merced de la maldad de la que estaba dotada la Señora de Meril-Morn.
En su corazón y en su mente, estallaban, cada vez de forma más fuerte, sentimientos contradictorios, pasiones ocultas, dormidas, que amenazaban con salir al exterior, pese al miedo acechante y constante que las había contenido durante años, manteniéndolas dentro de ella. Siendo así arma de doble filo, pues dañaban su corazón, desgastándola lentamente. Haciéndola presa de un dolor y una amargura inconfesables.
Anna se había mordido la lengua, de forma incontable, ante su ama, cuya idea de la superioridad tanto clasista como de raza, la habían degradado, pues el origen plebeyo de la doncella y su pertenencia a la raza Sindar, la hacían ante los ojos de Loth-Loss, una elfa de tercera.
Loth-Loss
Anna estaba dolida, más aquella vez estaba dominada por una ira creciente y no por un silencio nacido por el temor. Su furia palpitaba con más fuerza, ganando a pasos agigantados al miedo. La crueldad refinada de su ama, la provocaba, daba alas a su rencor.
- Levantaos Anna – ordenó la señora de Meril-Morn desde su comoda posición sin tansiquiera dignarse a ayudarla, pronunció sus palabras con voz indiferente.
La elfa observó como de la mano izquierda de su doncella brotaba sangre: -Veo que la torpeza de los Sindar, os sigue dondequiera que vayáis, no es extraño, lo lleváis en la sangre, sois elfo, sí pero en nada os parecéis a los calaquendí-
Anna la miró desde el suelo, con sus pardos ojos aun rojos por su llanto, observaba a LA Dama como si esperare de ella un mínimo gesto de compasión, pero sabia que el corazón de Loth-Loss era como un glaciar, Frío, helador y perpetuo. Sin embargo un pequeño ademán de ayuda, una mirada cómplice o quizás una palabra acertada, habrían calmado la furia interna de la doncella.
Nada de eso llegó, y como si la Dama de cabellos rojos, leyera sus pensamientos, hablo con voz cortante y firme: - Vamos rápido, Anna, levantaos del suelo, antes de que manchéis con vuestra sucia sangre mi delicada alfombra-
Aquellas palabras traspasaron el corazón de la Sindar, ella, su fiel y condescendiente doncella, la importaba menos que su lujosa y mullida alfombra.
Loth-Loss, clavo sus esmeraldinos ojos, miraba a su doncella con gesto frío e indiferente, su gracilidad y belleza, deslumbraría a cualquiera, sus rojos labios mantenían todavía aquella media sonrisa, por la que asomaban sus marfílineos y perfectos dientes.
Más por la pose y la actitud que adoptaba la Dama, no parecía haber percibido, sus hirientes palabras. Una vez más Anna supo que la estaba sometiendo nuevamente a una dura prueba. A veces pensaba, que ella y Baruk eran juguetes con los que Loth-Loss juagaba hasta cansarse.
Al darse cuenta de ese hecho, los nervios de la doncella, eran en este punto difíciles de controlar.
El liguero gesto de ligero enfado, se pronunció aun más estropeando su bello rostro, convirtiendo sus delicadas facciones elficas en un conjunto de gestos que arrugaban su tez difuminando su hermosura.
Aquella vez Anna no se controló, no supo callar, las palabras que guardaba en lo más profundo de su ser, salieron al exterior, en mezcla de furia y valentía: - Puede que mi sangre, como pensáis vos, mi Señora, sea sucia, pero al menos mismazos no están manchadas por la codicia y un loco sueño-
Loth-Loss
Baruk, desde su escondite, se estremeció, al percibir, la ira con las que estaban dichas aquellas palabras, reconoció que Anna había puesto valor en aquella osadía, que pensó, conociendo a su ama, que le saldría cara.
Desde allí el enano, no pudo percibir, como los verdes ojos de su ama se agrandaron, durante un breve instante en señal de sorpresa, aun así la Dama mantuvo e sus sensuales labios aquella maléfica sonrisa de la que hacia gala.
Durante unos instantes su vista volvió a posarse en la puerta entre abierta, la fijó durante mayor tiempo que en otras ocasiones. Liguera y con pasos rápidos, casi imperceptibles, cruzó el salón, manteniendo su gesto orgulloso, como si no hubiera escuchado la ofensa de Anna que seguía recogiendo su estropicio, mediante los sollozos que se habían apoderado de ella, al reconocer que había cometido un gravísimo error.
Loth-Loss caminó hasta situarse bajo el gran arco de mármol, que franqueaba el portón que daba pasó al salón principal. Con gesto rápido abrió la puerta.
Allí se encontraba Baruk, postrado en sus rodillas, en gesto de sumisión, no había tratado de huir, pues aquello sólo habría empeorado las cosas, además el miedo le tenía paralizado.
Durante unos instantes, el enano tan solo percibía, el sonido agitado de su respiración, y los sollozos de Anna en el otro extremo de la estancia. No se atrevía a abrir sus parpados y encontrarse con la mirada llena de ira de su Ama.
El enano permaneció en aquel humillante gesto, hasta que percibió la melodiosa voz de Loth-Loss: - Baruk, levantaos, erguiros, cuanto más pequeño me resultáis en tan ridícula pose –
El enano no sin miedo se levantó, pero se encontró algo más tranquilo al no percibir ira en el tono de su voz.
Se atrevió a mirar su hermoso rostro, en la cara de Loth-Loss no se encontraba ni un solo gesto, que la delatara, mantenía un gesto tranquilo, incluso su bella mirada parecía sonreír.
Loth-Loss advirtió que la observaba con sus ojos oscuros enmarcados en gruesas y espesas cejas, por primera vez ante el agrandó aun su sonrisa y posó con delicadeza una de sus blancas y suaves manos en la mejilla.
El enano se estremeció al sentir el contacto de la tersa piel de la elfa, en su cuerpo. Se sentía colmado de felicidad, después de tantos años al fin recibía una muestra de afecto por parte de su Ama.
Ensimismado y embelesado, sólo miraba la perfecta sonrisa de la elfa, así como sus bellos ojos que sonreían a su vez, dejando ver el más intenso de sus verdes.
El enano sintió como la mano que le faltaba iba a posarse en su otra mejilla, sintió algo muy frío en un comienzo, que te traspasó la mejilla, era como si uno de los finos dedos de Loth-Loss la recorriera de un extremo a otro, y posteriormente cuando la elfa se retiró de su lado con rapidez, manteniendo aquella embaucadora mirada y aquella sonrisa de ensueño, percibió algo doloroso, se llevó una de sus manos a la mejilla, y se la acarició, fue entonces cuando notó cómo su sangre fluía.
Loth-Loss
A Baruk le recorría un escalofrío cada vez que recordaba el tacto frío y sedoso de a piel de la Dama. La palidez de su piel transmitía una gelidez impropia de un ser vivo, su belleza inmortal, era como un encantamiento, que embaucaba los sentidos y adormecía todo pensamiento, de la mente de su oponente, que se veía obligado a centrarse en recorrer con la mirada, la imponente hermosura de la elfa.
El fiel sirviente tardó unos instantes en reaccionar, le había parecido tan sublime la caricia de Loth-Loss, que el posterior apuñalamiento no lo había percibido como tal, le parecía tan sólo un capricho de su ama. Que hora jugueteaba con su daga Êgrhach, a escasos metros de el, esbozando una maléfica sonrisa llena de triunfo y satisfacción.
Allí de píe, espero una orden de la Dama, una reprimenda, o algún tipo de indicación acerca de sus tareas, más nada de esto ocurrió, Loth-Loss tras exhibir aquella sonrisa en sus labios, había vuelto sobre sus pasos y se había situado en el otro extremo del salón, cerca de Anna que seguía sollozando con mayor pronunciación. En vista del comportamiento de la elfa, Baruk comprendió que asusto de su espionaje se había zanjado sin mayores consecuencias que una profunda cicatriz en su mejilla. El enano decidió retirarse, antes de tentar a la suerte y perder la vida.
Al abandonar el gran salón, Baruk, utilizó su chaleco, para tratar de cortar la hemorragia, puesto que su pañuelo estaba empapado y resultaba inservible. La sangre le chorreaba por el brazo y le empapaba la manga.
Con dificultad, debido a la impresión que le había producido la rápida y engatusadora respuesta de Loth-Loss a su atrevimiento, Baruk se encaminó hacia la cocina, donde se desplomó sobre una de las sillas. Alli se curó la herida lo mejor que pudo, la desinfectó y aplicó sobre ella ungüentos cicatrizantes que conocía. Más por sus escasos conocimientos le quedó una horrible cicatriz de color oscuro, producto de la daga Êgrhach, que sin duda y como comprendió el enano más tarde estaba encantada y confeccionada por artesanos de Morgoth, lo cual la hacían un arma muy peligrosa.
Aplicaba los ungüentos, recogidos de la alacena, aquellas, pomadas y pociones estaban elaboradas por Loth-Loss, que aparte de ser una experta en malas artes, sus conocimientos en medicina elfica la alababan. Por desgracia el enano, conocía, tan sólo algunos de los elementos que ella solía utilizar y para su propia desesperación, no poseía la magia y los conocimientos de su ama, para aplicarlos correctamente y obtener así, de ellos, los mejores resultados, pese a ello y por suerte, al menos logró parar la abundante perdida de sangre, no sin tener que pasar antes por penurias y estados de fustración, al ver que la hemorragia seguía en el mismo estado
Loth-Loss
El fiel sirviente, tras terminar su rudimentaria e inexperta cura, se dejó estar en la cocina, tratando de aliviar la leve sensación de mareo, que le había producido la perdida de sangre.
Pero como todos los enanos, Baruk era de constitución fuerte y de convicciones imperantes así como del orgullo férreo, tan característico de la raza enana. Por lo cual una pequeña herida, como él decía, no era para tener su preocupación pendiente por un asunto tan banal.
El enano suspiro fuertemente, contrayendo una expresión en su rostro, en el que aun se leía el susto y la sorpresa que se había reflejado, en sus facciones, tras percatarse de la sangrante herida, que cruzaba su mejilla, de un extremo a otro.
El enano se aproximó, hacia una de las cómodas próxima, a la gran mesa de comedor, de mármol grisáceo, que gobernaba uno de los extremos de la cocina, justo al frente de la galería, que poseía unas vistas excelentes sobre el jardín de Meril-Morn.
Allí se reflejó en el espejo rectangular, en cuya parte superior, gobernándola, se veía un rostro elfico, casi tan bello como el de Loth-Loss, cuyos largos y espesos cabellos hacían de marco para la superficie del espejo, rodeándolo en su totalidad. Allí observó Baruk, como la negruzca cicatriz, nacía al lado de su gruesa y prominente nariz, surcaba su amplía mejilla y se perdía en el nacimiento del cuello.
El enano, la tocó, de forma suave, temiendo que la herida volviese a supurar, despacio, hizo el recorrido, de la cicatriz, de forma ascendente y descendente, acabando en el mismo punto de partida.
Desde aquel día, el enano se vio obligado, a dejarse crecer barba, aparte de su espeso bigote y su dominante perilla. Lo cual le disgustó, pues estaba acostumbrado, a notar sobre sus mejillas, el frío de la mañana y el golpeteó del viento en los días tempestuosos.
Loth-Loss
Baruk pensaba, en Anna, su atrevimiento quizás le saldría caro, sin embargo un rayo de esperanza, pasó por su mente, con algo de fortuna, Loth-Loss habría aplacado su ira con él, aquel brote de furia, había salido de una forma tan sutil, que el enano estaba seguro, la elfa no aplacaría su maldad de lleno contra la doncella.
Aquella herida era fruto de la rabia de la Dama, el fiel sirviente, volvió a rozarla con la yema de su grueso dedo índice. No sintió ira, tan sólo seguía, sumido, en un estado fruto de la sorpresa. La sutil y suave caricia de la Señora de Meril-Morn, le había adormilado, como si de un encantamiento, propio de la hechicera, se tratase. Por eso no sintió dolor alguno, hasta pasar, algunos instantes, tras haberse producido el daño.
La malicia de la elfa, formaba parte de ella, de hecho el enano, no concebía la personalidad de Loth-Loss sin aquella maldad y crueldad, que poseía la Dama, y de la que hacia uso, siempre que consideraba oportuno, lo cual se producía, muy a menudo a lo largo de día.
Las palabras, emitidas por Anna aun resonaban en su mente: “- Puede que mi sangre, como pensáis vos, mi Señora, sea sucia, pero al menos mismazos no están manchadas por la codicia y un loco sueño –” Sin duda la elfa debía estar muy dolida para haberse atrevido a decirle a la cara a Loth-Loss, tan duras palabras.
Jamás había visto ala doncella, tan decaída y baja de ánimo como aquel día. Y también, fue la primera y la última vez, que observaría como uno de sus criados, estallaba en ira y le replicaba de tan descortés manera a su ama.
De ninguna manera, podía considerar a Anna, como una valiente, sino más bien como una temeraria, teniendo en cuenta, la crueldad de la Dama, debía haberse controlado o medir de forma cuidadosa y restrictiva sus palabras.”- Aquella inaudita osadía podía haberle costado muy caro-” pensó para si, el enano. “- Por suerte para ella, la situación se ha calmado, gracias a mi temeridad-“ murmuró.
Loth-Loss
A la mente de Baruk se asomó el recuerdo de los pardos y rasgados ojos de Anna, cuya mirada solo relucía, llena vida, al posar estos, sobre la elegante e imponente figura de su ama, y que se volvía vacía cuando Loth-Loss no estaba presente.
El enano dedujo en su día, que a la elfica Doncella nada en absoluto le importaba más, que servir del modo más eficiente que le fuese posible a la señora de Meril Morn.
Desde el fallecimiento de Anna el enano se vio visiblemente afectado, no sólo porque sus tareas se habían visto duplicadas, ni tan siquiera por ser el único blanco de la finca donde Loth-Loss fijaba su ira, si no porque había tomado cariño a la abnegada Doncella, cuyo gesto perdido, dejaban ver la visible tristeza interior de la elfa, tristeza que el ahora también sentía, aunque como Anna se negaba a reconocer, refugiándose de manera salvaje en sus largas jornadas de duro y pesado trabajo.
Baruk se negaba a comprender, como la Señora había sido capaz de deshacerse de una manera tan cruel de Anna. La doncella que la idolatraba que la adoraba y cuya única alegría representaba los escasos gestos de satisfacción que propinaba Loth-Loss cuando había realizado como siempre, una tarea o trabajo de manera impecable.
Sin embargo en lo más profundo de su mente y su corazón perdonaba a Loth-Loss tan injusto y cruel crimen. Cuando ya pasaba la media noche y el fiel servidor se acostaba en su cama de férreos cabezales y mullido colchón de lana pura, a su mente acudía, justo antes de que el sueño, una respuesta a sus dilemas, acuñadas por su yo interno que en palabras sumamente convencidas le repetía de forma constante: “- Si laSeñora, eliminó a Anna, bien echo está, pues bien sabes que nadie tiene derecho a contestar, ni a replicar, y mucho menos de una forma tan descortés, a una Dama tan asombrosa-“
-Asombrosa-murmuró Baruk, mientras el fuego crepitaba en la cocina: - Definitivamente si lo es, pero…¿De que manera tan extraña es motivo de mi asombro?
Loth-Loss
Baruk se equivoco, como había otras veces en sus preediciones sobre su Señora, Loth-Loss resultaba totalmente impredecible, resultaba tan sorprendente como la extraña bruma que rodeaba el bosque de Eryn-Dînen, que aparecía y desaparecía con una velocidad pasmosa, sin ningun signo que determinara una posible preedición sobre el fenómeno.
Tras la muerte de Anna no hubo grandes cambios en Meril-Morn, al menos no para la hermosa elfa que parecía indiferente ante la ausencia de la que fue su doncella, tan sólo el enano notó su falta pues los trabajos a realizar se le duplicaron, de la noche a la manaña.
Pese a que Loth-Loss parecia impasible tras el asesinato de Anna. Baruk creyó encontrar un halo si no de arrepentimiento quizá si de compasión ante la que fue su más ferviente servidora.
El enano, volvió a entrar a la casa tras terminar sus trabajos en el exterior de la finca, la jornada le resulto dura y desapacible, sin embargo encontró un consuelo en el desempeño de los trabajos, mientras se dedicaba de lleno a sus tareas Baruk notaba como su mente se concentraba y disipaba la imagen del cadáver de elfa yaciendo en el suelo del salón principal. Por ello trabajó con más ahínco de lo normal.
Al cruzar el umbra,l de la puerta de la cocina, el servidor notó como sus brazos se resentían tras el esfuerzo realizado. Tan concentrado estaba en sus dolores que no se percató de que su Señora se encontraba frente a la lumbre, solo su voz llamándolo, lo despertó de sus propios pensamientos.
-Acompañadme Baruk- Dijo la suave y firme voz de la elfa.
Voz que no delataba ningun tono anormal, ni tan siquiera su verde mirada denotaba algo de tristeza. Su mirar seguía helador y malicioso, como si nada hubiese ocurrido, como si el recuerdo delirante del cadáver de Anna con el castaño cabello revuelto y su mirada guardando aquel gesto aterrador con aquellos ojos pardos vacios y sin vida, como si todo aqueloo que se le había grabado en la memoria tan sólo fueran fruto de la más espeluznante de las pesadillas.
[Editado por Elen-Formen el 07-12-2005 23:27]