La Guerra de los Clanes

Losselen Tirion Y Thangistarion

Escribiéndose...
Escrito el 11-11-2004 10:22 #1

Al este de las tierras del concilio de Nan Tasarion, sobre una desnuda roca en mitad de la bahía se hallaban unas ruinas, las ruinas de una fortaleza abandonada años atrás por hombres venidos de occidente, que llevaban en sus yelmos alas de gaviota y largas espadas en sus costados. Los viejos habitantes de la zona, los bosquimanos del concilio, conocían esas ruinas como Losselen Tirion, pues así fue cuando se llamó cuando la torre del homenaje se alzaba impertérrita contra el horizonte y su puerta resistía los embates de los enemigos y del tiempo.

De forma alargada y estrecha, la isla donde se hallaba la antigua fortaleza era escarpada, se elevaba sobre las aguas sobre ariscos acantilados y era casi inaccesible más que por su parte interior, aquella que la conectaba con el continente en una pequeña cala, donde hacía tiempo que había desaparecido el embarcadero que permitía a los animales y bípedos el acceso a la isla, cuando los hombres de numenor eran fuertes y la exploración del mundo les atraía más que la exploración de lo oculto. En otro tiempo Losselen Tirion fue un punto intermedio de las expediciones numenoreanas que partían a la investigación del Este, se hallaba bajo la protección especial de la corona y era el rey el que designaba al gobernador de la isla entre los candidatos propuestos por el cabildo de la ciudad.

Más los tiempos en los que los altos numenoreanos exploraban el mundo quedaron atrás y cuando dejaron de llegar los barcos de occidente la fortaleza empezó a declinar y sus habitantes a abandonarla. Dicen los viejos de la zona, y a ellos se lo contaron sus abuelos al igual que a estos sus propios abuelos, que antes que pasaran 15 inviernos desde la llegada del último barco ya no quedaba ninguno de los hombres de largo cuchillo, alto casco y profunda mirada y que sin la conexión con los suyos que venían de más allá del mar morían sin más. De su estancia en la isla quedan las murallas imponentes que elaboraron en la dura roca volcánica en la que se asienta la isla. Según la leyenda local hace muchas edades que hubo una gran explosión en el norte, y que un rugido se dejó oir en toda arda, y que allí fue a caer ese pedazo de roca venido del cielo como si se tratase de un barco enviado por los dioses que protegiese su tranquila ensenada de las furias de Ulmo. Según un grupo de enanos que había estado hace años en la zona dijeron que no habían visto nada igual desde el tiempo de sus bisabuelos, aquellos que combatieron contra el enemigo único de arda, Melkor, y que si la leyenda era cierta podría tratarse de un pedazo de Angnaband que en la batalla final entre los Valar y Melkor hubiese sido arrancado de la montaña y enviado tan lejos por la explosión. La zona no era volcánica y nada podía hacer explicar la existencia de esa isla de materal volcánico tan al sur.

Aunque la roca volcánica resiste bien los embates del fuego y del ariete, si no se las cuida y se las limpia es frágil ante la acción de Ulmo, por lo que muchas de la rocas de la muralla se habían partido por el frío y el hielo y al partirse las rocas inferiores se habían derrumbado partes de la muralla. Las casas interiores presentaban el mismo aspecto, aunque no era necesaria la reconstrucción completa de la ciudad para volver a hacerla habitable, si que serían necesarios algunos años de trabajo para reconvertir Losselen Tirion en lo que fue un día.

LA distribución y organización de la ciudad era como al de un barco, en la popa (parte sur de la ciudad) se hallaba la Torre del homenaje, que vigilaba el mar en busca de los barcos amigos y enemigos que pudieran acercarse a sus costas, en la parte media se encontraba el mercado como en un barco se encuentran las bodegas y en la proa los cuarteles y guarniciones. Al tratarse de una ciudad dedicada al comercio y a equipar a las expediciones de Numenor la ciudad contaba con unos imponentes almacenes subterráneos a los que se podía llegar desde la Torre del homenaje, una vez que hubiera vuelto a elevarse sobre sus cimientos, ya que estaba medio derruida por la acción de varios siglos de abandono.

Cuando los miembros del concilio llegaron a la isla vieron en ella la posibilidad de establecer allí la principal línea de defensa del Este, pues contaba con la particularidad de poder instalar unos astilleros en la zona continental que quedarían bajo el abrigo y protección de la torre. Por ello dedicaron algunos años y unos cuantos enanos en reparar la torre y las murallas mientras que los miembros del nuevo ejercito del Concilio eran llevados a la Losselen Tirion para comenzar a entrenarse para la batalla. La isla permitía que los hombres se concentrasen sólo en sus tareas dejando que se olvidaran por los días que pasaban allí que tenían que recoger las cosechas o cuidar los campos. El aire marino abría sus pulmones y los dotaba de energía y resistencia.

Tras algunos años de trabajo la ciudad parecía lo que un día fue. La alta torre octogonal se alzaba sobre el horizonte y las murallas volvían a refulgir pulidas a la luz del sol. Empezaban a levantarse las primeras casas y los miembros del concilio habían descubierto los grandes almacenes, en los que encontraron gran cantidad de viejas espadas, yelmos y corazas que los numenoreanos habían dejado allí al no poder cargarlas en los barcos, también algunos cofres de oro y gemas.

Los almacenes eran demasiado grandes para los planes del concilio, y como en caso de guerra sabían que tendrían la necesidad de guardar a buen recaudo algún tipo de prisionero decidieron que el Duque Arioch construyera en lo más lejano de los almacenes subterráneos una mazmorras en las que pudiera retenerse a los seres de la oscuridad, y como nadie mejor que él, mitad luz y mitad oscuridad, conocía la fuerza y el poder de los servidores de Utunmo se pudo manos a la obra, mediante sortilegios y encantamientos forjó las cadenas con las que se ataría a aquellos que no deberían volver a ver la luz del sol, con sus manos labró la roca mimándola y puliéndola para que nadie pudiera escavar en ella y así huir de la prisión y con su voluntad convocó centinelas invisibles que guardarán a aquellos que han quedado encerrados.

Losselen Tirion la Torre de las estrellas fue la prisión del concilio y también la fortaleza marítima del concilio, en sus costas los barcos de guerra patrullan sin cesar, en sus patios los hombres conocen las tácticas y las técnicas de la guerra mientras gritan sudorosos en los entrenamientos como si fiera una batalla, en sus profundidades Arioch mantiene atados a aquellos que quieren destruir la unidad del concilio y la tenue luz de esperanza de occidente que ha llegado a estas tierras.

Escrito el 18-11-2004 18:57 #2

El duque Arioch, con su habitual vestimenta negra en la que lucía una estrella de ocho puntas subió de los nuevos calabozos, se había pasado en ellos las dos últimas semanas, preparandolos para acometer hechizos y posibles huidas. La roca había respondido bien a los mandatos de Aule al que le había pedido consejo para fortalecer las paredes de las celdas.

-Bien, bien, bien, creo que si es necesario podría recluirme allí un tiempo, si la Tormentosa me traiciona en algún momento. Ni tan siquiera Glaurung saldría facilmente de la prisión- Pensó mientras se llevó la mano al costado izquierdo donde colgaba la Tormentosa, la espada negra ladrona de almas, bebedora de sangre. El arma amldita que era su mantenimiento y su penitencia en la Tierra Media.

La fortaleza estaba en plena actividad. Los astilleros construían grandes galeras de guerra de siete puentes que eran castillos en el mar cuyas quillas eran recubiertas de metal para impedir de las embarcaciones pequeñas y livianas pudieran prenderle fuego, los remos batían poderosos en tres cubiertas para impulsar raudamente la embarcación que con su potente mascarón de proa horadaría a las naves contrarias mientras que desde la cubierta de mando, los arqueros podrían barrer facilmente las naves enemigas, mucho más bajas. La lentitud de las galeras era compensada por lo graciles y veloces bergantines de tres palos y una cubierta de remos que los escoltarían en la batalla para impedir que lanchas incendiarias chocasen contra el casco y reventarán el blindaje.

El duque estuvo observando un momento como trabajaban enlos astilleros y fue a recorrer los últimos trabajos en las murallas y la Torre del Homenaje que se alzaba orgullosa como un pilar negro en medio del mar. La cantera de la que habían sacado los numenoreanos las rocas estaba casi agotada, algo que el duque no entendía, pues la torre y las murallas habrían llevado la mitad del material que se había extraido de la cantera. ¿qué habrán hecho con el resto de la dura piedra negra? ¿otra torre, pero dónde? ¿ý lo más importante por qué? Tendría que enviar a algunos hombres a recorrer las costas de la Tierra Media para ver si encontraban la torre gemela de Losselen Tirion. Algo le decía al duque que esa otra torre jugaría un papel importante en la historia de la Tierra Media si conseguían saber donde se hallaba.

Las obras concluían satisfactoriamente, las murallas eran altas y gruesas, los arietes chocarían contra ella sin que se inmutarán y como sus cimientos estaban en la roca sería casi imposible hacer una mina con la cual hacerlas caer. Las puertas estaban recubiertas de hierro para que el fuego no pudiera hacer mella en ellas, tan pesadas eran, que sólo mediante ocho caballos era posible abrirlas y cerrarlas con la celeridad necesaria en caso de ataque. Lo cual era también una ventaja, pues en caso de asalto por escalada,los hombres tenían orden de soltar y encabritar los caballos, y así el enemigo se vería imposibilitado a abrir las puertas con la celeridad necesaria como para que fueran sorprendidos por una numerosa incursión dentro de la ciudad.

Satisfecho de cómo se había avanzado en la reconstrucción de la ciudad se fue a sus aposentos de la Torre. Cuando llegó lo primero que hizo fue guardar su enorme espada negra en un armario yla cerró con llave, luego se sentó en la mesa donde tomó un pequeño refrigerio a base de pescado y agua y se puso a estudiar nuevos mapas con los que mejorar los servicios de la ciudad y el abastecimiento de agua.

Escrito el 23-11-2004 09:47 #3

Hacia ya dos noches desde los incidentes de telda Minya, con el orgullo herido y lleno de moratones y vendajes, Hecil busco trabajo en cualquiera de los barcos que partieran hacia el Norte, aquello le proporcionaría algo de dinero, un plato caliente y una cama donde dormir, y lo más importante poder escapar de aquella ciudad.

A la mañana del tercer día, la Estrella del norte, un viejo galeón que transportaba mercancías dejaba atrás el cabo de Tiron, desde el puesto de guardia Hecil pudo divisar la isla donde se encontraba la ciudad fortaleza de Thangistarion. El viaje llegaba a su fin, pero aun no sabia muy bien lo que le depararía el futuro, por ahora trabajar como estibador en el puerto o ayudar en las reconstrucciones de la ciudad, estaba claro que todo aquel material que transportaba la Estrella del norte, maderas, mármoles, y material de construcción, se utilizaría para reparar y engrandecer la fortaleza de Thangistarion.

Por la tarde, tras haber cobrado sus servicios como marinero, Hecil decidió dirigirse hacia la Torre de la ciudad para prestar sus servicios ha quien estuviera al cargo de esa región.

Tras llegar a la torre y pedir audiencia, Hecil fue conducido por un paje hasta las instancias del Duque Arioch. Tras llegar a la puerta, el paje indico ha Hecil que esperara, y este llamando a la puerta penetro a la habitación.

El Duque se encontraba revisando documentos y mapas de la zona, cuando el hombre entro, el Duque le miro y le pregunto que asunto quería tratar con el. El hombre le explico la situación, y el Duque asintió para que pasara. El hombre paje a Hecil que pasara, y este entro.

La impresión que se llevo el Duque de Hecil no fue muy buena, ante el tenia lo que parecía un vagabundo, llevaba una capa marrón bastante gastada, la ropas estaban mojadas y algo arapientas, los brazos y manos las llevaba vendadas, su cara estaba hinchada, y se podía distinguir un ojo morado, y algunos moratones que comenzaba a desaparecer en sus mejillas.

El Duque algo confundido le pregunto por el trabajo, habilidades y los motivos que le habían llevado ha venir hasta aquí, a lo que Hecil respondio:

-Si es cierto que ando buscando algo de trabajo, intento encontrar mi sitio en este lugar. Por mi aspecto no os preocupéis, la vida no me ha tratado muy bien, o al menos desde lo ultimo que alcanza mi memoria, los moratones son debidos a un pequeño incidente en la ciudad de Telda Minya, hay días que es mejor no levantarse de la cama.

Por ultimó desde que he llegado al concilio he estado trabajando en muchos sitios, desde estibador o marinero, incluso alguna vez como guardaespaldas de jugadores, siempre una comida y una parte de la paga por adelantado, más una parte de los beneficios al acabar la noche. Tras eso Hecil espero que la contestación del Duque que cada vez estaba mas desconcertado.

[Editado por percebal el 23-11-2004 14:18]

Escrito el 25-11-2004 10:05 #4

El duque quedó pensativo, si bien el hombre que se presentaba ante él no era un quendi, las ropas que llevaba no eran tampoco un dechado de virtud. - Además meestá poniendo perdida la alfombra- pensó el duque. Meditó y busco en el interior de Hecil y vio que en realidad era un alma forjada en el valor de la batalla, aunque su batalla fue siempre por lograr un plato caliente y una cama donde descansar.

- Pensaré en vuestra petición y ya se os comunicará una ocupación si la deseais, pero lo primero es la hospitalidad al viajero- El duque toco una campanilla y el mismo paje que había hecho pasar a Hecil entró en el cuarto. El duque se dirigió a él.

- Que le den una habitación en la torre, ropa limpia y que se pase un barbero para que vea esos moratones, siento no poderos ofrecer un cirujano, pero se halla tratando de encontrar un sistema para que los armadores de los astilleros no se corten tantas veces ni tan profundas.- dijo a Hecil y volviendo a hablar al paje- que también se le den las contraseñas para la torre y un equipo de la misma, así como el libre acceso a las cocinas. Espero mi señor Hecil que vuestra estancia entre nosostros sea agradable y pacífica, sólo una cosa antes de marchar a descansar, recordad que esto es una fortaleza y una torre de guardia en la que la mayoría de los hombres son soldados y por tanto bastante propensos a meterse en grescas, al menos cuando llegan por primera vez, los veteranos saben ya que eso aquí no está permitido.- Y la manera de decirlo del Duque era bien clara, nada de grescas o conocereis los calabozos de la torre.

-Ahora mi señor descansar, más tarde irán a comunicaros que puestos quedan vacantes en la Torre- y el duque se levantó y dió la mano a Hecil que salió tras el paje que le llevaba a sus aposentos.

Escrito el 26-11-2004 13:42 #5

Hecil agradeció la hospitalidad del Duque, y se despidió de el con una reverencia. Acto seguido el paje y Hecil salieron de la habitación y se encaminaron hacia una de las habitaciones de invitados.

Mientras se subían por los pisos de la torre y atravesaban sus pasillos, se encontraban con trabajotes ajetreados, transportando todo tipo de materiales y objetos, las reformas de la ciudad y de la torre se sucedían a un ritmo frenético. Tras cruzar un largo pasillo llegaron a una de las habitaciones de invitados. El paje le abrió la puerta y le enseño la habitación, con un tono amable se disculpo por la austeridad de la habitación y le dijo que en breve le traerían algo de ropa y comida, a lo que Hecil respondió con una sonrisa, después le respondió que había dormido en sitios mucho peores. El paje se marcho y le dejo solo en la habitación.

Una vez cerrada la puerta, Hecil observo la habitación, una cama y una mesilla de noche a su derecha, y al fondo un pequeño armario empotrado contra la dura pared de piedra, y a su izquierda un ventanal que daba al oeste, desde el cual se podía ver parte de la ciudad y el mar. Al cabo de un momento se escucharon unos pasos y alguien golpeo la puerta, pidiendo permiso para entrar, un grupo de pajes se adentro raudo en la habitación, portando ropas nuevas, algunos vendajes, utensilios de limpieza, y algo de comida.

Hecil agradeció de muy buenas maneras todos aquello, y que le transmitieran al Duque que todo era perfecto, siguiendo los consejos del Duque, se aseo, se curo las heridas, y se puso las ropas nuevas, tan solo conservo la capa y el broche. Después comió algo y por ultimo se acostó en la cama.

Tomo entre sus manos el broche, y como todas las noches lo observo intentando averiguar algo de su pasado, pero nada su mente permanecía cerrada, esperando que el Duque le asignara algún trabajo, Hecil se quedo dormido, y por primera vez en mucho tiempo los monstruos de su paso no le atormentaron.

Escrito el 08-12-2004 19:38 #6

El duque pensaba en sus aposentos cual podía ser la ocupación de Hecil, habíqa visto en sus ojos un temible pasado pero no un temible presente, es posible que padeciera un mal que en algunos casos trató allende los mares. En sus ojos había leido malestar por su situación actual, pero no conocimiento de porqué se había producido ésta. Por su forma física parecía apreciarse que hábía sido en otros tiempos un guerrero, las espaldas anchas y los brazos bien formadas parecían alentar esta hipótesis. Podría ser bueno para la torre el averiguar el pasado de Hecil , y para ello serúia necesario tenerle cerca, le haría una pequeña prueba en los siguientes días, ya que la guardia de la ciudadela necesitaba a hombres que pudieran afrontar todos los perligros y todos los males por el bien de la Torre y el concilio y muchos de los hombres bno estaban dispuestos a sufrir tantas privaciones. Hecil ya había sufrido tantas que no le parecerían priovaciones la vida castrense en la torre, al menos tendría comida, techo y vestimenta todos los días, o casi todos, las maniobras al aire libre es lo que tienen.

El duque decidió que en los días siguientes le interesaría ver a Hecil en la palestra.

Escrito el 09-12-2004 09:52 #7

Los primeros rayos de sol se filtraban por la ventana de la habitación, acompañado por el sonido de las campanas que daban la bienvenida al alba y marcaban el inicio de la dura jornada en el recinto.

Con las fuerzas renovadas, Hecil se incorporo de la cama, se lavó la cara en un pequeña palangana y se vistió. Sintiendo curioso por el alboroto que provenía del exterior se asomo por la ventana. Desde aquella altura, los hombres y mujeres que veía eran solo pequeños puntos negros en el suelo que se movían. Mientras seguía con curiosidad los movimientos, alguien llamo a la puerta.

Inmediatamente se dirigió a la puerta, y la abrió, ante ella aguardaba un paje.

-Buenos día señor, el Duque reclama vuestra presencia.

-Pues no le hagamos esperar entonces. Podéis indicarme donde se encuentra ?, respondió Hecil.

-Seguidme le indico el paje.

Así los dos se pusieron en marcha, ha recorrer los pasillos y plantas de la torre.

Escrito el 08-01-2005 21:21 #8

El duque se hallaba en el patio de armas, ejercitandose con sus hombres, pues era regla de la ciudadela y de su guardia el entrenarse al mínimo dos horas al día, cuando no salían de maniobras...

El duque manejaba una espada de madera y senfrentaba a tres de sus hombres a la ves, se movía como un remolino parando y rechazando golpes, una simple camisa de lino cubría su torso y unos pantalones ajustados sus piernas. Sus hombres llevaban una armadura de tela, para evitar que los golpes del duque los hiriera, más el duque tenía especial cuidado en no tocarles la cabeza, zonas que todos tenían desprotegidas.

- Este hombre es como un gato- comentaba uno de sus hombres- no hay manera de cogerle desprevenido y se mueve como un tigre acorralado. ¡ Cuidado noran o te quedas sin cabeza!

El duque frenó la mano a pocos millímetros de la cara de uno de sus hombres y le miró una fracción de segundo a los ojos, luego le encajó un golpe en el estómago que hizo que su guardia cayera de rodillas. Por la espalda otro de los contendientes lanzó un mandoble como un hachazo y el duque sinvolverse lo paró por encima de su cabeza mientras su pierna describió un círculo y le dió en el pecho, el tercer guardia, mucho más viejo y ya resabiado de los trucos del duque, esperaba impábido la acometida de su general. Los otrso dos contendientes yacían en el suelo, visiblemente derrotados.

-Bien viejo Garn, ¿qué has aprendido de la última vez?- preguntó el duque con una sonrisa.

- Que a su excelencia es mejor cogerle tranquilo, los golpes duelen menos entonces.-

-jajajajaja, comencemos pues el baile-

Los hombres que habían estado mirando sin atención los combates se volvieron, pues ambos eran los mejores espadachines de la torre y se enfrentaban una vez por semana, y todas las peleas eran para recordar. Aunque ninguno recordase que Garn tocará jamás al duque.

los dos se enfrentaron y empezarom a dar vueltas uno torno a otro, los dos adversarios se medían en la distania, fijos los ojos en el contrario. garn por fin se lanzó con un ataque en tertia (estómago) que el duque paró mediante una finta que acabó con un mandoble en prima (cabeza) que garn paro.

- excelencia recuerde que no llevo yelmo.- dijo Garn

- Sabia que lo pararías sino no lo hubiese lanzado, prosigamos pues.-

Esta vez fue el duque el que comenzó el ataque, empezó en tertia y a la parada siguió una finta ataque en secunda ( pecho) salto atrás, tirada a fondo y recuperación de la posición de guardia, todo esto en posocs segundos, Garn paró todos los golpes, pues era una serie que el duque repetía siempre, lo que cambiaba. y solía ser el fin de la pelea era el siguiente ataque del duque, por lo que decidió no esperar y lanzarlo él. garn se tiró a fondo y el duque se hizó a un lado, Garn que esperaba una parada y con ello el de su ataque paso a su lado y se encontró con el costado desprotegido del lado izquierdo y a merced del duque. garn esperaba un golpe e intento volverse rápidamente para pararlo.

Ese momento fue aprovechado por el duque para lanzar un fuerte golpe en la parte baja de la espada de Garn y logró que la espada de madera fue a parar a diez metros de la mano de garn, que no pudo moverse, pues la punta de la espada del duque se encontraba en su garganta.

- Vuestra excelencia a ganado como siempre.- Dijo Garn.

El duque bajó la espada, le dio la mano y dijo.- Sí pero esta vez has sido tu el que ha empezado la acometida, eso es algo que nunca habias hecho y que en la batalla te puede dar la victoria. Bien peleado.

El duque se volvió y recogio un trapo para secarse el sudor que le cubría la frente, en ese momento vió a Hecil y le lanó una pregunta.

¿hecil gustaría de practicar el arte del esgrima?

Escrito el 10-01-2005 14:58 #9

Los ojos de los hombres que estaban se clavaron en el hombre que acaba de llegar al patio de armas, aquella situación incomodo a Hecil pues siempre intentaba pasar lo mas desapercibido posible, evitando las miradas indiscretas.

Tras unos momentos de duda Hecil reacciono y respondió.

-Acepto vuestra invitación, aunque no se si podré estar a vuestra altura.

-Tranquilo, tan solo es un entrenamiento. Respondió el Duque.

Garn se acerco a Hecil y le ofreció la espada de entrenamiento, que Hecil acepto de buen grado, el hombre le deseo suerte y se retiro del campo de entrenamiento ha observar con sus compañeros la pela.

Tras unos instantes Hecil se encontraba frente al duque, este adversario era muy distinto a los que se había enfrentando hasta ahora, la mayoría de ellos llevaban alguna copa de mas, con la mirada perdida, de movimientos torpes y lentos. Los ojos del Duque se clavaron en los de Hecil, durante unos segundos los dos adversarios se estudiaron, al duque no le fue difícil observar y adivinar los puntos débiles de la defensa de Hecil.

Con un rápido movimiento el duque cargo contra Hecil, con el tiempo justo para reaccionar Hecil consiguió desviar el golpe retrocediendo unos pasos hacia atrás, aquel ataque tan solo era el inicio de una tormenta de estocadas rápidas y precisas, a cada ataque la velocidad y precisión del duque aumentaba, Hecil a duras penas llegaba a parar o esquivar los golpes del Duque, pero aunque pudiera parecer que Hecil se mantenía firme, con cada estocada su guardia bajaba y perdía terreno, hasta que con un movimiento logro romper la defensa, encadeno un ataque frontal que impacto en el pecho de Hecil y lo tumbo al suelo.

El duque se retiro, mientras se alejaba los hombres ayudaron a Hecil a ponerse en pie, mientras le daban ánimos para que continuara.

-Habéis aguantado bien el ataque, dijo el duque, después tras analizar los fallos de la defensa de Hecil, le sugirió lo que debía hacer para mejorarla. Cuando hubo acabado de dar los consejos, tras una breve pausa el duque retomo la palabra. Bien ahora es hora de ver como os atacáis.

Hecil asintió con la cabeza y se puso en posición de ataque, mientras el duque adoptaba una posición mas defensiva, al instante Hecil se lanzo con rapidez contra el duque, los ataques eran rápidos, no tan precisos como lo habían sido los del duque, las espadas de madera comenzaron a chocar con fuerza, los golpes y contra golpes se sucedían con rapidez, durante unos instantes parecía que Hecil lograría alcanzar al duque que solo era cuestión de tiempo, en el momento mas intenso de la batalla, los hombres animaban ha Hecil ya que estaba a punto de golpear al duque, pero otra vez se demostró la superioridad del duque. Hecil se lanzo contra el Duque, con habilidad logro esquivar su estocada, apartándose a un lado. Cuando finalizo el golpe, Hecil tenia al Duque a sus espaldas, situación que el Duque aprovecho para contraatacar y golpear en la espalda, tumbándole en el suelo.

Otra vez el Duque se dirigió al centro de la arena, esperando a que Hecil se pusiera en pie, mientras tanto aprovecho otra vez para aconsejar ha Hecil sobre como atacar y contraatacar a sus adversarios. Una vez que Hecil se situó enfrente del Duque este le dijo:

-Bien ahora ya os he enseñado lo básico sobre el ataque y la defensa, ahora es el momento de utilizarlo todo junto.

-De acuerdo señor, espero no defraudaros. Respondió Hecil.

Los dos adversarios se mirarón fijamente, y se prepararon para el tercer y definitivo asalto.

Escrito el 18-01-2005 15:56 #10

El duque se situo en posición de guardia. -Este hombre no es la primera vez que coge una espada, se lo note en las manos, los callos que tienen me hacían sospechar. Arioch más te vale estar alerta, hace mucho que no combates contra un buen esgrimista- penso el duque mientras veía como el señor Hecil también tomaba posición de defensa, casi instintivamente, no le hacía falta controlar sus movimientos.

El duque comenzó su clásico, empezó en tertia y a la parada de Hecil siguió una finta ataque en secunda ( pecho) salto atrás, tirada a fondo y recuperación de la posición de guardia, todo esto en pocos segundos. Hecil paró bien, le había visto usar la misma técnica y parecía que se lo esperaba, pero la rapidez del duque le hizo imposible que entre estocada y estocada lanzara un ataque.

- Es rápido- pensó el duque- ha parado sin muchas complicaciones. Va a ser un buen combate.-

Los dos adversarios se movían en círculos, ahora era a Hecil a quien le tocaba lanzar un ataque, y es se produjo rápido y certero, tiró a fondo en secunda, para en el último momento cambiar la trayectoría de la hoja a tercera, el duque esperaba algo así lanzó una parada ascendente desde prima para evitar ser tocado. La batalla continuaba, los hombres ya no vitoreaban sino que seguían absortos ellance y como se medían los adversarios. Los golpes eran lanzados precisa y rápidamente, las paradas eran contundentes y ambos oponentes se guardaban mucho de dejar la guardia baja o de tardar demasiado en recuperar la posición de defensa.

El centinela de la Torre dio un aviso, se requería al duque para recibir un mensaje urgente de Puertas del Fin. Fue el senescal de la torre el que tuvo que avisar al duque Arioch del mensaje, pues estaban tan absortos en el combate que no lo habían oido. El duque se dirigió al visitante.

- Mi señor Hecil, creo que por hoy debemos dejarlo, seguid practicando, sois muy diestro con la espada y creo que en la compañía de la Torre estarán gustosos de recibiros como corresponde a un caballero, ahora si me disculpais debo dar por zanjado el encuentro en tablas, ya que las obligaciones de la torre lo requieren- Así hablo el duque que en buen momento ciñó la espada, saludo a su oponente y mientras el senescal

le acercaba una toalla con la que limpiar el sudor.