Al este de las tierras del concilio de Nan Tasarion, sobre una desnuda roca en mitad de la bahía se hallaban unas ruinas, las ruinas de una fortaleza abandonada años atrás por hombres venidos de occidente, que llevaban en sus yelmos alas de gaviota y largas espadas en sus costados. Los viejos habitantes de la zona, los bosquimanos del concilio, conocían esas ruinas como Losselen Tirion, pues así fue cuando se llamó cuando la torre del homenaje se alzaba impertérrita contra el horizonte y su puerta resistía los embates de los enemigos y del tiempo.
De forma alargada y estrecha, la isla donde se hallaba la antigua fortaleza era escarpada, se elevaba sobre las aguas sobre ariscos acantilados y era casi inaccesible más que por su parte interior, aquella que la conectaba con el continente en una pequeña cala, donde hacía tiempo que había desaparecido el embarcadero que permitía a los animales y bípedos el acceso a la isla, cuando los hombres de numenor eran fuertes y la exploración del mundo les atraía más que la exploración de lo oculto. En otro tiempo Losselen Tirion fue un punto intermedio de las expediciones numenoreanas que partían a la investigación del Este, se hallaba bajo la protección especial de la corona y era el rey el que designaba al gobernador de la isla entre los candidatos propuestos por el cabildo de la ciudad.
Más los tiempos en los que los altos numenoreanos exploraban el mundo quedaron atrás y cuando dejaron de llegar los barcos de occidente la fortaleza empezó a declinar y sus habitantes a abandonarla. Dicen los viejos de la zona, y a ellos se lo contaron sus abuelos al igual que a estos sus propios abuelos, que antes que pasaran 15 inviernos desde la llegada del último barco ya no quedaba ninguno de los hombres de largo cuchillo, alto casco y profunda mirada y que sin la conexión con los suyos que venían de más allá del mar morían sin más. De su estancia en la isla quedan las murallas imponentes que elaboraron en la dura roca volcánica en la que se asienta la isla. Según la leyenda local hace muchas edades que hubo una gran explosión en el norte, y que un rugido se dejó oir en toda arda, y que allí fue a caer ese pedazo de roca venido del cielo como si se tratase de un barco enviado por los dioses que protegiese su tranquila ensenada de las furias de Ulmo. Según un grupo de enanos que había estado hace años en la zona dijeron que no habían visto nada igual desde el tiempo de sus bisabuelos, aquellos que combatieron contra el enemigo único de arda, Melkor, y que si la leyenda era cierta podría tratarse de un pedazo de Angnaband que en la batalla final entre los Valar y Melkor hubiese sido arrancado de la montaña y enviado tan lejos por la explosión. La zona no era volcánica y nada podía hacer explicar la existencia de esa isla de materal volcánico tan al sur.
Aunque la roca volcánica resiste bien los embates del fuego y del ariete, si no se las cuida y se las limpia es frágil ante la acción de Ulmo, por lo que muchas de la rocas de la muralla se habían partido por el frío y el hielo y al partirse las rocas inferiores se habían derrumbado partes de la muralla. Las casas interiores presentaban el mismo aspecto, aunque no era necesaria la reconstrucción completa de la ciudad para volver a hacerla habitable, si que serían necesarios algunos años de trabajo para reconvertir Losselen Tirion en lo que fue un día.
LA distribución y organización de la ciudad era como al de un barco, en la popa (parte sur de la ciudad) se hallaba la Torre del homenaje, que vigilaba el mar en busca de los barcos amigos y enemigos que pudieran acercarse a sus costas, en la parte media se encontraba el mercado como en un barco se encuentran las bodegas y en la proa los cuarteles y guarniciones. Al tratarse de una ciudad dedicada al comercio y a equipar a las expediciones de Numenor la ciudad contaba con unos imponentes almacenes subterráneos a los que se podía llegar desde la Torre del homenaje, una vez que hubiera vuelto a elevarse sobre sus cimientos, ya que estaba medio derruida por la acción de varios siglos de abandono.
Cuando los miembros del concilio llegaron a la isla vieron en ella la posibilidad de establecer allí la principal línea de defensa del Este, pues contaba con la particularidad de poder instalar unos astilleros en la zona continental que quedarían bajo el abrigo y protección de la torre. Por ello dedicaron algunos años y unos cuantos enanos en reparar la torre y las murallas mientras que los miembros del nuevo ejercito del Concilio eran llevados a la Losselen Tirion para comenzar a entrenarse para la batalla. La isla permitía que los hombres se concentrasen sólo en sus tareas dejando que se olvidaran por los días que pasaban allí que tenían que recoger las cosechas o cuidar los campos. El aire marino abría sus pulmones y los dotaba de energía y resistencia.
Tras algunos años de trabajo la ciudad parecía lo que un día fue. La alta torre octogonal se alzaba sobre el horizonte y las murallas volvían a refulgir pulidas a la luz del sol. Empezaban a levantarse las primeras casas y los miembros del concilio habían descubierto los grandes almacenes, en los que encontraron gran cantidad de viejas espadas, yelmos y corazas que los numenoreanos habían dejado allí al no poder cargarlas en los barcos, también algunos cofres de oro y gemas.
Los almacenes eran demasiado grandes para los planes del concilio, y como en caso de guerra sabían que tendrían la necesidad de guardar a buen recaudo algún tipo de prisionero decidieron que el Duque Arioch construyera en lo más lejano de los almacenes subterráneos una mazmorras en las que pudiera retenerse a los seres de la oscuridad, y como nadie mejor que él, mitad luz y mitad oscuridad, conocía la fuerza y el poder de los servidores de Utunmo se pudo manos a la obra, mediante sortilegios y encantamientos forjó las cadenas con las que se ataría a aquellos que no deberían volver a ver la luz del sol, con sus manos labró la roca mimándola y puliéndola para que nadie pudiera escavar en ella y así huir de la prisión y con su voluntad convocó centinelas invisibles que guardarán a aquellos que han quedado encerrados.
Losselen Tirion la Torre de las estrellas fue la prisión del concilio y también la fortaleza marítima del concilio, en sus costas los barcos de guerra patrullan sin cesar, en sus patios los hombres conocen las tácticas y las técnicas de la guerra mientras gritan sudorosos en los entrenamientos como si fiera una batalla, en sus profundidades Arioch mantiene atados a aquellos que quieren destruir la unidad del concilio y la tenue luz de esperanza de occidente que ha llegado a estas tierras.
