Por fin cesó la lluvia. Fueron dos días interminables, que más bien parecieran semanas. Amanlissë se lamentó de aquel imprevisto, ‘Cualquier huella que pudiera seguir se ha esfumado, será imposible encontrarlos ahora...’
Llevaba casi dos semanas siguiendo los rastros de lo que parecía un grupo de elfos que se dirigían al mar. ‘El mar...’, no sabía por qué, pero anhelaba verlo, algo dentro de ella la empujaba a llegar hasta él.
Salió de su refugio, la copa de un enorme sauce, empapada y temblando, pero no había tiempo que perder. De un silbido llamó a su caballo An-pharaz, un precioso ejemplar de crin dorada, de ahí su nombre. ‘¿Vamos al este o al sur An-pharaz?’, preguntó, después recapacitó y dijo ‘Necesito encontrar gente, no es bueno hablar sólo con mi caballo... no te ofendas, pero dos meses con tu única compañía, no es suficiente, ¡no me ayudas mucho a la hora de tomar una decisión!’ El caballo miró a su dueña con un gesto de extrañeza, realmente pareciera que entendiese lo que decía.
‘Creo que iremos por el este, según mis cálculos el mar no está muy lejos en esa dirección.’
El paisaje era bastante monótono, ni vegetación ni agua, ‘¡Lo que daría por ver un bosque!’, murmuró.
No tuvo que esperar mucho y después de unos cuantos kilómetros, la entrada de un bosque apareció ante sus ojos. Pero no era lo que esperaba.
Se adentró en el bosque, oscuro, casi tenebroso y una especie de susurro se oía entre los árboles, como si el viento trajera voces lejanas. An-pharaz se revolvió, quería salir de allí. ‘Tranquilo, daremos la vuelta’, entonces al darse la vuelta, de repente, todo parecía igual, imposible saber por donde había llegado hasta allí. ‘No puede ser... yo me he perdido! y en un bosque!’
Bajó del caballo para intentar orientarse, la luz casi no penetraba por entre las copas de los árboles y era una tarea difícil, pero le pareció sentir que el viento soplaba con más intensidad a su derecha, así que decidió ir por allí. ‘Si sopla con más fuerza, puede ser que estemos más cerca de la salida’, pensó.
La noche empezaba a caer sobre el bosque y una inquietud empezó a nacer en su corazón, sintió un nudo en su estómago ‘No quiero pasar la noche aquí, vamos An-pharaz, vayamos más deprisa’. Aligeró el ritmo, pero el bosque no parecía acabarse nunca. Estaba empezando a desesperarse cuando oyó unas voces, claras y fuertes que no venían de muy lejos. Pensó en gritar para pedir ayuda, pero, desconfiada como siempre, decidió mejor acercarse un poco más y comprobar que no había peligro. Entonces vio una hoguera y cuatro personas a su alrededor, campesinos a su parecer, dos hombres y dos mujeres. Desmontó de su caballo y se acercó a ellos, con su mano derecha empuñando su espada sin desenvainar. Eran tiempos peligrosos, toda precaución sería seguramente poca.
Uno de los hombres se puso en pie, ‘Eh, tu! De dónde sales? No estarías en el bosque? Ese no es lugar para una dama y mucho menos de noche’, dijo en tono irónico. Amanlissë miró al hombre extrañada y replicó ‘Sí, vengo del bosque, y no creo que sea lugar para nadie independientemente de si es hombre o mujer. Da escalofríos... llegué a pensar que nunca saldría de allí.’ Una mujer se acercó a ella y la invitó a pasar allí la noche, ‘Gracias’, dijo inclinándose y se acercó al fuego.
Después de calentar sus manos y comer algo, los hombres empezaron a contar historias de tierras lejanas, leyendas y cuentos. Cuando acabaron, preguntaron a la elfa que le traía por esas tierras, ‘Es una larga historia’, respondió ella. ‘No hay ninguna prisa, la noche no es buena compañera de viaje, adelante, cuéntanos’, le respondió uno de los campesinos. Empezó entonces a relatarles el porqué de su viaje y la búsqueda de su familia. Después les habló de los elfos que había estado siguiendo. ‘¿Elfos?’, le interrumpió una mujer, ‘Vimos un grupo de elfos no muy lejos de aquí hará un par de noches. Se dirigían a unas tierras más allá del mar, el Valle del Ingenio dicen que se llaman. Se cuentan historias increíbles sobre ese misterioso Valle, relatos sobre una torre de cristal que se alza en medio de las montañas, escondida de miradas ajenas.’
La cara de la elfa se iluminó y sus ojos brillaron, por fin la suerte le sonreía. ‘El Valle del Ingenio... curioso nombre...’
Esa noche se durmió pensando en que por fin encontraría lo que buscaba, cómo llegaría allí, eso lo pensaría más tarde.
A la mañana siguiente se despertó y estaba sola, los campesinos se habían ido. Extrañada montó en su caballo y retomó su viaje, esta vez con crecidas esperanzas.
Poco tiempo llevaba cabalgando cuando vio un río. ‘¡Vaya!’, pensó, ‘La suerte sigue de mi lado.’ Siguiendo el cauce de ese río, llegaría por fin al mar.
