La Guerra de los Clanes

Un Encuentro Casual

Escribiéndose...
Escrito el 14-11-2004 21:14 #1

Por fin cesó la lluvia. Fueron dos días interminables, que más bien parecieran semanas. Amanlissë se lamentó de aquel imprevisto, ‘Cualquier huella que pudiera seguir se ha esfumado, será imposible encontrarlos ahora...’

Llevaba casi dos semanas siguiendo los rastros de lo que parecía un grupo de elfos que se dirigían al mar. ‘El mar...’, no sabía por qué, pero anhelaba verlo, algo dentro de ella la empujaba a llegar hasta él.

Salió de su refugio, la copa de un enorme sauce, empapada y temblando, pero no había tiempo que perder. De un silbido llamó a su caballo An-pharaz, un precioso ejemplar de crin dorada, de ahí su nombre. ‘¿Vamos al este o al sur An-pharaz?’, preguntó, después recapacitó y dijo ‘Necesito encontrar gente, no es bueno hablar sólo con mi caballo... no te ofendas, pero dos meses con tu única compañía, no es suficiente, ¡no me ayudas mucho a la hora de tomar una decisión!’ El caballo miró a su dueña con un gesto de extrañeza, realmente pareciera que entendiese lo que decía.

‘Creo que iremos por el este, según mis cálculos el mar no está muy lejos en esa dirección.’

El paisaje era bastante monótono, ni vegetación ni agua, ‘¡Lo que daría por ver un bosque!’, murmuró.

No tuvo que esperar mucho y después de unos cuantos kilómetros, la entrada de un bosque apareció ante sus ojos. Pero no era lo que esperaba.

Se adentró en el bosque, oscuro, casi tenebroso y una especie de susurro se oía entre los árboles, como si el viento trajera voces lejanas. An-pharaz se revolvió, quería salir de allí. ‘Tranquilo, daremos la vuelta’, entonces al darse la vuelta, de repente, todo parecía igual, imposible saber por donde había llegado hasta allí. ‘No puede ser... yo me he perdido! y en un bosque!’

Bajó del caballo para intentar orientarse, la luz casi no penetraba por entre las copas de los árboles y era una tarea difícil, pero le pareció sentir que el viento soplaba con más intensidad a su derecha, así que decidió ir por allí. ‘Si sopla con más fuerza, puede ser que estemos más cerca de la salida’, pensó.

La noche empezaba a caer sobre el bosque y una inquietud empezó a nacer en su corazón, sintió un nudo en su estómago ‘No quiero pasar la noche aquí, vamos An-pharaz, vayamos más deprisa’. Aligeró el ritmo, pero el bosque no parecía acabarse nunca. Estaba empezando a desesperarse cuando oyó unas voces, claras y fuertes que no venían de muy lejos. Pensó en gritar para pedir ayuda, pero, desconfiada como siempre, decidió mejor acercarse un poco más y comprobar que no había peligro. Entonces vio una hoguera y cuatro personas a su alrededor, campesinos a su parecer, dos hombres y dos mujeres. Desmontó de su caballo y se acercó a ellos, con su mano derecha empuñando su espada sin desenvainar. Eran tiempos peligrosos, toda precaución sería seguramente poca.

Uno de los hombres se puso en pie, ‘Eh, tu! De dónde sales? No estarías en el bosque? Ese no es lugar para una dama y mucho menos de noche’, dijo en tono irónico. Amanlissë miró al hombre extrañada y replicó ‘Sí, vengo del bosque, y no creo que sea lugar para nadie independientemente de si es hombre o mujer. Da escalofríos... llegué a pensar que nunca saldría de allí.’ Una mujer se acercó a ella y la invitó a pasar allí la noche, ‘Gracias’, dijo inclinándose y se acercó al fuego.

Después de calentar sus manos y comer algo, los hombres empezaron a contar historias de tierras lejanas, leyendas y cuentos. Cuando acabaron, preguntaron a la elfa que le traía por esas tierras, ‘Es una larga historia’, respondió ella. ‘No hay ninguna prisa, la noche no es buena compañera de viaje, adelante, cuéntanos’, le respondió uno de los campesinos. Empezó entonces a relatarles el porqué de su viaje y la búsqueda de su familia. Después les habló de los elfos que había estado siguiendo. ‘¿Elfos?’, le interrumpió una mujer, ‘Vimos un grupo de elfos no muy lejos de aquí hará un par de noches. Se dirigían a unas tierras más allá del mar, el Valle del Ingenio dicen que se llaman. Se cuentan historias increíbles sobre ese misterioso Valle, relatos sobre una torre de cristal que se alza en medio de las montañas, escondida de miradas ajenas.’

La cara de la elfa se iluminó y sus ojos brillaron, por fin la suerte le sonreía. ‘El Valle del Ingenio... curioso nombre...’

Esa noche se durmió pensando en que por fin encontraría lo que buscaba, cómo llegaría allí, eso lo pensaría más tarde.

A la mañana siguiente se despertó y estaba sola, los campesinos se habían ido. Extrañada montó en su caballo y retomó su viaje, esta vez con crecidas esperanzas.

Poco tiempo llevaba cabalgando cuando vio un río. ‘¡Vaya!’, pensó, ‘La suerte sigue de mi lado.’ Siguiendo el cauce de ese río, llegaría por fin al mar.

Escrito el 15-11-2004 23:31 #2

La luz matutina despertó a Aredhel suavemente. Ella se tapó la cara con su capucha, estaba muy cansada, apenas habia dormido aquella noche, algo siniestro se olia en el aire.

Al fin, desistió y decidió levantarse. Tambaleante se acercó a la orilla del rio a refrescarse para así despejarse. En seguida desató a su caballo Altáriël del árbol y lo dejó que paseara a su gusto, no sin antes coger algo de cereales para desayunar de las alforjas.

Mientras comía, oye el lejano ruido de unos cascos de un caballo, que cabalgaba rio abajo. Aredhel echó mano de la empuñadura de su espada, sin desenfundarla. Nunca se sabe con quien te puedes encontrar.- decía a menudo.

El ruido de los cascos se hizo mas y mas fuerte, y en la lejania apareció una elfa montando a caballo.

Escrito el 25-11-2004 22:53 #3

En cierta ocasión, cuando tenía 190 años, volvía a casa tras un largo viaje que había hecho para llevar unas mercancías a los enanos de Ered Luin, Thralor vio a su padre en el suelo al lado de unos matojos. Se acercó a él y observó que estaba muerto atravesado por dos flechas en la espalda. La muerte de su padre le dolió mucho, pero su mayor preocupación en ese momento era encontrar a su madre, que había salido de casa junto con su padre. Buscó entre los matojos, detrás de los árboles, incluso encima de ellos... pero no la encontró; fue entonces cuando desvanecida toda esperanza de encontrarla, oyó un grito que provenía desde detrás de una gran roca. Se acercó veloz como una flecha creyendo que esa era su madre... y así era fue que la encontró en el suelo tendida con una herida en el vientre. Cuando se acercó, vio cómo unos matojos se movían y oyó una risa seca de orco que jamás olvidaría, pero en ese momento le preocupaba más su madre, que estaba malherida. Su madre, cogiendo aire le dijo: Hijo... ten cuidado, que no te cienguen la venganza y la ira... ve a avisar que hay orcos cerca... -Ycogiendo aire como para una última frase- ¿Cómo está tu padre? Cuida de él que está ya muy mayor y los orcos están aquí.

Tranquila, le he visto y está bien -dijo agachando la cabeza, ya que no la quería preocupar-.

Pero cuando alzó los ojos ella ya los había cerrado para no abrirlos más.

Thralor cogió los cuerpos de sus padres y los enterró bajo la gran roca, en la cual aún se puede ver una inscripción en la que dice: Bávor, hijo de Borador, de la casa de Narvi, y su esposa Lái. También se puede ver algo escrito en esa lengua que sólo los enanos conocen.

[Editado por Thralor el 25-11-2004 22:59]

[Editado por Thralor el 25-11-2004 23:01]

Escrito el 26-11-2004 00:11 #4

Unas hermosas flores blancas crecían aquí y allá a lo largo de las dos riberas, daba la impresión de que pequeños copos de nieve hubiesen salpicado el paisaje, verde y rodeado de frondosos arbustos.

An-pharaz se acercó ansioso al cristalino cauce del río, estaba sediento y la visión del ese agua tan pura aumentó su sed. Amanlissë se tendió en el suelo y admiró el cielo, en ese momento un rayo de sol se reflejó en sus ojos y un destello verde iluminó la orilla. Por un momento se sintió relajada, el mundo parecía menos oscuro esa mañana, se respiraba paz. Entonces imaginó grandes barcos, interminables viajes... ‘Algún día...’, pensó. Suspiró y volvió a la realidad, sacó un poco de comida de su bolsa, recogió un poco de agua del río con un cuenco y se dispuso a desayunar.

‘Creo que hemos descansado ya lo suficiente por hoy, eh...’, no pudo terminar la frase, un escalofrío le recorrió el cuerpo y entonces lo supo, había alguien más en aquella orilla. ‘Ven, An-pharaz’, susurró. Montó en su caballo, una mano en las riendas y la otra en su espada, y se dirigió hacia unos arbustos unos cuantos metros más allá. ‘Ni un minuto de paz, extraños y oscuros tiempos son estos’, pensó.

De pronto un caballo asomó la cabeza por entre los arbustos. An-pharaz relinchó y reculó asustado, tirando a Amanlissë al suelo.

Todo estaba borroso, Amanlissë intentó incorporarse pero no pudo. ‘No intentes levantarte’, dijo una voz. La elfa llevó su mano a la cabeza y, entre la confusión, pudo distinguir, casi cubierto, el rostro de una mujer. ‘¿Quién eres tú?, balbuceó. La mujer sonrió y descubrió su rostro, hasta ahora semi oculto por una capucha.

Escrito el 26-11-2004 19:04 #5

Agazapada entre los matorrales, Aredhel había visto como Altáriël , se había interpuesto en el camino de la elfa, asustando a su caballo y provocando que ésta cayera al suelo.

Aredhel se acercó de inmediato. La caida le habia provocado algunas magulladuras y se habia torcido el tobillo de una manera violenta. Pese a todo, aquella desconocida intentó levantarse, y Aredhel se lo impidió.

-¿Quién eres tu?.- le preguntó

Aredhel se dió cuenta de que aun llevaba la capucha puesta y se la quitó.

- Me llamo Aredhel, y vengo de.... bueno de tierras muy lejanas. ¿Como te encuentras?, procura no moverte deja que te vea ese tobillo e intentare aliviarte el dolor de las magulladuras.

Sin dar opción a que la elfa contestara, Aredhel se levantó y se recogió unas hierbas que crecian a la orilla del rio. Enseguida las cortó y las machacó, y se las fue poniendo en las magulladuras mas profundas. Despues le miro el tobillo. No parecia nada serio.

-Procura no apoyarlo mucho.- le dijo Aredhel. Siento que te hayas caido por Altáriël. Es una animal un poco despistado, pero es muy noble. Por cierto, no es normal ver a una elfa solitaria. Que te trae por aqui?

Escrito el 22-12-2004 19:17 #6

Entonces Thralor volvió a casa mellándose las barbas y jurando vengar sus muertes. Cuando llegó a casa vio todo revuelto, alguien había estado buscando algo, las camas estaban deshechas y rotas, los armarios abiertos de par en par y con las ropas por los suelos, los cajones tirados y vacíos, hasta habían levantado la alfombra... No entendía ese ensañamiento con su familia, pero había una cosa que le intrigaba aún más, ¿qué habían estado buscando en su casa, y quién? Él no lo sabía pero no pensaba quedarse con los brazos cruzados ante tal misterio, pensaba averiguarlo. Con sed de venganza e intriga, fue a la herrería de su padre, donde tantas veces le había acompañado y tantas cosas había aprendido. Entonces encontró a un ayudante de su padre, que estaba ordenando el establecimiento.

-Hola Muradin, tengo una gran pena... -saludó Thralor acercándose al enano con cara triste- acaban de matar a mis padres, y para más ahínco han saqueado nuestra casa ¡parecía que buscaran algo!

-Ciertamente es una terrible noticia querido amigo -respondió Muradin con la voz rota por la pena-. No entiendo cómo ha podido pasar, ni quién o porqué lo ha hecho... Pero creo que tu padre supuso que algo de esto pasaría.

Entonces a Thralor se le cambió la cara, un rayo de esperanza aparecía entre tanto dolor y tristeza.

-¿Qué es eso que sabes? -preguntó Thralor con los nervios a flor de piel.

-Lo digo -contestó el enano intentando calmar a Thralor-, porque tu padre estuvo durante un tiempo mucho tiempo trabajando en algo que no sabía nadie, ni siquiera a tu madre. Estuvo mes y medio trabajando sin cesar para hacer aquello que tenía en mente, y cuando terminó no se lo dejó ver a nadie, pero me dijo que si algún día le pasaba algo que te lo diera, y me dijo el lugar donde estaba, pero nunca me he atrevido a mirarlo por miedo a que se enterara tu padre y se enojara conmigo.

Él me dijo que únicamente te hablara a ti de esto, y que recordara ciertas palabras que te serían necesarias para cumplir el objetivo con el que él estuvo trabajando con tanto empeño:

Brilla el acero en tu mano, pero en tu cara el odio

Donde el mar no tiene dueño irás

Si el odio dejas de lado y buscas en su interior

La verdad descubrirás

Si no recuerdo mal, debería haberla guardado aquí...

El ayudante se agachó y de debajo de una losa sacó una caja alargada y con las siglas de Bávor grabadas en la tapa. Le entregó la caja a Thralor y éste la abrió con sumo cuidado, pues no sabía qué era lo que había en su interior. Cuando levanto la tapa, vieron que lo que había en su interior no era otra cosa que un hacha, pero no un hacha cualquiera, estaba forjada con auténtico mithril y que su hoja arde si hay orcos cerca. Esto era posible ya que al forjarla, Bávor le incrustó siete jacintos en la hoja bañados en sangre orca, esta reacción hace que al haber orcos cerca arda, según su cercanía arde con mayor o menor intensidad. Pero se trata de un fuego mágico, un fuego que no quema sino a los orcos, de manera que si se lleva a la espalda, su portador no sufre ningún percance. En el mango tiene unas runas que dicen “Grugnír, acero ardiente”. Desde entonces siempre lucha con el arma en la que durante tanto tiempo su padre había estado trabajando en secreto.

Tras quedarse un rato admirando la obra de su padre, se despidió de Muradin, volvió a su casa para coger sus enseres y algo de comida para el camino, pues aún tenía en mente la idea de venganza por la muerte de sus progenitores. Una vez en casa, cogió la mochila que había usado en el viaje anterior para llevar la carga, le llenó con dos pequeños botes de cerveza, una hogaza de pan y dos pastelillos que preparaba su madre que tanto le gustaban, los envolvió en un paño de tela y además metió en la mochila un pequeño pico que usaba para cavar en sus ratos libres. También cogió una manta para pasar las noches más frías. Habiendo preparado su equipaje, se dirigió a la herrería de nuevo, en la que cogió (y se puso) un yelmo que él mismo había forjado, una pequeña camisa de malla, liviana pero algo resistente, aunque no al filo de una espada, y un par de dagas que se colgó en el cinto. Estaba listo para partir. Se despidió definitivamente de Muradin entregándole la llave de su casa, pues no tenía esperanzas de volver, y le regaló una pequeña joya que una vez encontró cavando cerca de su casa.

Antes de partir echó un último vistazo a la Puerta Oeste, la que antaño su ancestro Narvi creó, y dijo unas palabras de despedida en su lengua. Hizo una reverencia y se puso en camino.

[Editado por Thralor el 22-12-2004 19:25]