Mhord reflexionó sobre su situación. No sabía su situación exacta en estos pasadizos. Pero sabía de un lugar en este entramado laberinto en el que empezar a buscar la piedra. Sólo tenían que encontrar las escaleras que comunicaban los diferentes pisos, y de ahí subir hasta al superior, donde habían caído. En ese piso había varias salas, inexploradas por Mhord, donde se habían guardado numerosos pergaminos, mapas e informes. Quizá en algún lado había información de dónde encontrar la Sarn-Huinë, o si la suerte les favorecía podían incluso halar la piedra, archivada en medio de otros papeles y sobres.
-Bien, Morna, parece ser que estás familiarizada con estos pasadizos. Más tarde te consultaré acerca de tal cosa, pero de momento nos puedes llevar hasta las escaleras?
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Mientras, en la sede de los asesinos, un pequeño grupo de figuras se encontró en una de las salas del interior más profundo de la casa, los despachos de los maestros asesinos. Eran seis en total, y todos llevaban capuchas cubriéndoles la cara. Sus túnicas eran negras, iguales que las del resto de habitantes de la casa. Había cierto aire de nerviosismo en el ambiente. Uno a uno, los seis conspiradores fueron entrando en el despacho, con unos minutos de diferencia, para no andar en grupo por los pasillos, actitud de lo más sospechosa en este lugar.
La habitación era austera, funcional. Tenía una única mesa, grande y sólida. Encima de ella se organizaban varios montones de papeles. Una tenue vela servía de única fuente de luz. Alrededor de la mesa se había dispuesto seis sillas. Las figuras fueron sentándose, una a una, sin decir nada ni hacer ningún ruido. Apenas parecía que respirasen. Cuando llegó la última de ellas, ésta cerró la puerta con un grueso candado, y guardó la llave en su bolsillo. Se sentó, y la reunión empezó.
-Estamos aquí para discutir los sucesos acaecidos hoy, hace apenas unas horas.-la voz que surgió de esta última figura era masculina, grave. Transmitía una innegable sensación de poder y fuerza.
-Primero, os explicaré algunos datos que debéis saber. Mhord ha vuelto de su viaje, hoy mismo ha llegado a la ciudad. El gremio de los espías, como siempre cuando intentan seguir a nuestro Maestro Experto, predijo su llegada para dos semanas más tarde. Después de entrar en la ciudad y encontrarse con Atram, los dos entraron en la sede, hasta llegar a su despacho. Ahora, el resto de la historia necesita de otro portavoz, mucho más implicado en ella.-La voz denotaba cierto desprecio en esta última frase. El hombre no estaba contento con los sucesos.
-Bien, creo que puedo explicar lo que pasó.-Esta voz era también de un hombre, pero mucho más aguda y nerviosa. Revelaba juventud con ella, a la vez que un estado de cierta demencia.-Cuando iba a entrar en mi despacho como cada día vi a Mhord y a Atram en el pasillo. Rápidamente me escondí, pero parece que ellos notaron algo, pues se volvieron en mi dirección. Esperé a que siguieran caminando, y vi como entraban en su habitación. Fue entonces cuando pedí ayuda.-Con un gesto de cabeza, el hombre pasó su turno a otra figura de las reunidas.
-Al describirme la situación, ambos decidimos actuar-Esta nueva voz, femenina, estaba cargada de odio, era peligrosa. La cadencia era lenta y grave, pero revelaba un ligero temblor, un tartamudeo apenas perceptible.-Bloqueamos la puerta y fuimos a buscar un nuevo gas venenoso muy práctico. Llenamos la habitación con el humo tóxico.
La voz inicial continuó la historia.
-Ellos dos acudieron a mí, pues soy el único de los presentes que puede anular los códigos de seguridad de las puertas. Aseguraban haber cumplido con el plan de manera eficiente, antes de que nadie pudiese darse cuenta de nada. Me llevaron hasta delante del lugar, y allí, tras pasar el tiempo prudencial para que el veneno se disipase, entramos. Naturalmente, no había ni rastro de Atram y Mhord. Es más, también faltaban algunos documentos importantes que había deseado examinar personalmente.
Las tres figuras que aún no habían hablado empezaron a murmullar entre ellas. Ahora estaban llenas de dudas. El plan original había sido fácil y rápido. Incluso si alguno de ellos era descubierto, permitía que el resto escapase de la culpabilidad. Pero ahora la situación había cambiado, no estaba tan claro que fuesen capaces de salvarse en caso de error. Sin embargo, habían puesto demasiado esfuerzo en ello como para olvidarlo. Triunfarían o caerían, pero lo harían juntos. Sin embargo, el plan a seguir a partir de ese momento era aún difícil de concebir, demasiado dejado al azar. Una de las personas se decidió a hablar. Era una mujer joven, con un timbre orgulloso y un acento culto.
-Está claro que este acto ha sido irresponsable y nos ha perjudicado. Sin embargo, debemos trazar otro camino que nos permita alcanzar nuestro objetivo antes de culparnos unos a otros. Para empezar, ¿dónde puede encontrarse Mhord en estos momentos?
-Siempre ha habido rumores acerca de salidas secretas diseñadas por él, para nunca quedar atrapado en su propia casa como una vulgar rata. Ahora, dónde llevan estos pasadizos es una pregunta para la cual aún no tengo respuesta alguna.
-Precisamente de eso quería hablar-Otra figura que había callado hasta ahora tomó el turno. Un hombre, que parecía fatigado por el paso de los años, pero a la vez con una voz dura e inflexible.
-Debajo de nuestra sede existen los pasadizos que queremos explorar, nuestro objetivo final. No creo que Mhord haya podido huir hacia ningún otro sitio. El camino por esas profundidades puede ser complicado, si confiamos en la suerte puede que aún esté allí abajo, y consigamos nuestros dos objetivos con un solo golpe.
-Hay un factor que tener en cuenta.-La última figura, una mujer de voz calmada y segura, sin rasgos especialmente identificativos, cogió la palabra.-En nuestra última reunión, había alguien cerca de nuestra posición. No creo que pudiese oír demasiado, advertimos su presencia en seguida. Pero creo que pudo haber reconocido a uno de nosotros al menos, a la vez que haber escuchado parte de nuestro plan. Debemos ser cautos.-Se dirigió al hombre que había convocado la reunión-Os ayudaremos a conseguir la piedra y el puesto, pero antes hay que asegurarse que nuestra autoridad no puede ponerse en duda.
-Muy bien entonces-El hombre habló-. Nos dividiremos en dos grupos, como es habitual. Yo buscaré a Mhord, vosotros al espía accidental. Sed discretos en todo momento. Si cumplimos nuestra misión, empezaremos a buscar la piedra. Nos reuniremos en la sala de los archivos, el primero que llegue tiene que dejar una marca para los siguientes como indicador que la última etapa está siendo llevada a cabo. Ahora dispersaros, volveremos a hablar cuando podamos y estemos más seguros.
Abrió la puerta, y uno a uno los reunidos fueron saliendo, cruzando el pasadizo y desapareciendo en las entrañas de la mansión. Cuando sólo quedaban el hombre autoritario y el joven nervioso, éste habló.
-El plan es bueno, pero ¿qué sucederá si tenemos que enfrentarnos directamente con él? Por eso probamos acabar el trabajo con el gas, para evitar tal hecho.
-Cada cosa a su tiempo...si todo lo demás falla, lucharemos con él. No es más que una persona...no es invencible. Podemos derrotarle.
-Tales palabras son fáciles de decir....nunca entrenaste contra él. Y nunca le has visto irritado....
-Oh, sí que lo he visto. En las reuniones de Maestros a veces se harta de las discusiones.
-Oh, no, eso no es irritación. Eso es un simple inconveniente, apenas nada. Cuando se irrita, su cuerpo es poseído por un demonio....si le miras a los ojos entonces, puedes ver tu muerte reflejada en ellos. Aunque no sueles tener ni tiempo para tales pensamientos....mi hermano no los tuvo.
-Intenta relajarte, pronto habrá terminado todo. No lo estropees ahora por falta de control. Además, no olvides a Atram....suelen practicar juntos. Eso es algo que analizar con cuidado, que no se puede ignorar.....ahora vete. Nos encontraremos en la entrada a las ruinas, a la hora de siempre.-el tono se volvió autoritario, buscando centrar al joven, cosa que consiguió.
-De acuerdo,señor. Nos veremos allí.
La figura desapareció entre las sombras....
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