Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
Harma I Nóm - El Tesoro De La Sabiduría
2005:03:31:08:56:16
Hwesta Delwen
Harma I Nóm, el Tesoro de la Sabiduría, se encuentra en las cercanías de Eryn-Dînen. A los ojos de los escasos viajeros de esas tierras se presenta como una gran mansión muy antigua a la que los numerosos años no han podido tocar. Por fuera es de un color dorado pálido, que imita a la gran Osto Telemna, y que resalta por sobre la vegetación del Bosque Silencioso. Es un edificio no muy alto pero su gran torre central le da un aspecto imponente y magnífico.
Ya el manto oscuro de la noche empezaba a caer sobre la Biblioteca de Harna-Dîn cuando Hwesta descendió lentamente del tercer nivel. Bajó por la hermosa escalera de caracol que se encontraba en el centro de la imponente sala. La semiespectra llevaba una vela con un candelabro de oro en sus finas manos. La luz que la bañó le realzó el color de la piel, no era un color cálido, humano. Era blanca, tan blanca que podría ser translúcida. Daba la impresión de poder atravesar el dulce cuerpo de la mujer con una mano cual condenado fantasma. Y los ojos... que alguna vez habían sido de un celeste intenso como las aguas del Nén-a-Yár, ahora eran grises, vidriosos, y siempre parecían dispuestos a romperse. Pero aún así eran brillosos y despedían una atrayente luz.
Dos visitantes la observaron temerosos mientras bajaba cada escalón como con un especial cuidado de no perturbar el silencio circundante. Probablemente no verían a la mujer en la oscuridad de la escalera si no fuera por el vestido color marfil que vestía la mayor parte del tiempo que contrastaba con la alfombra escarlata de los escalones. Hwesta bajó hasta el segundo nivel de la Biblioteca y se dirigió a uno de los cuatro grandes ventanales: corrió las pesadas cortinas de terciopelo escarlata y encendió los pequeños candelabros de oro que se encontraban a los lados del ventanal. Luego recorrió las largas filas de libros e hizo lo mismo con los tres ventanales restantes.
Ahora la gran sala se encontraba casi a oscuras excepto por las pequeñas luces del segundo nivel. La mujer bajó despacio al primer nivel y comenzó a prender las velas que se encontraban en las mesas redondas. Al pasar al lado de la mesa de los visitantes, notó que aún la miraban fijo, entonces les dedicó una fría mirada que recalcó toda su naturaleza espectral Esto atemorizó a los hombres y no dudaron en abandonar los libros que leían. Se levantaron precipitadamente de sus sillones de color escarlata y huyeron despavoridos dejando las puertas de entrada abiertas de par en par.
Hwesta Delwen observó la escena por unos instantes. Le resultaba divertido ver huir a los hombres de aquella manera, ellos que se ufanaban de tener gran coraje… Soltó una pequeña risa que se perdió rápidamente. El silencio espectral era obra de Eryn-Dînen y nada podía hacer contra ello.
Los hombres habían dejado una montaña de libros de hechicería en la mesa. La semiespectra humana empezó a ubicarlos en sus sitios correspondientes. Conocía esa Biblioteca por entero y podía deducir fácilmente adónde iba cada libro. No necesitaba ayuda para acomodarla. Cuando hubo terminado observó la enorme sala con orgullo: el primer nivel estaba recubierto de estanterías de madera muy trabajada, de un color marrón muy intenso, como lustrado en todo momento. No existían paredes en aquel enorme salón, sólo existían libros. Libros pequeños, grandes, antiguos y no tanto.
La mujer se dirigió a las pesadas puertas para cerrarlas pero al asomarse afuera vio la noche estrellada, los astros tiritando y la luna llena. No pudo evitar salir de Harma I Nóm para deleitarse unos momentos. Hwesta siguió el camino levemente marcado, apenas se distinguible de la hierba, que lleva hacia la Biblioteca y de pronto vio llegar a un hombre encapuchado. La semiespectra suspiró pero el Bosque se llevó el suspiro. El hombre pasó a su lado y la saludó con un leve movimiento de la cabeza. Ella asintió y se volteó para observarlo entrar. Al cabo de unos momentos, ella también entró a Harma I Nóm y cerró las puertas de madera lisa.
[Editado por Iriel el 10-11-2004 00:46]
Hwesta Delwen
Ya dentro de la Biblioteca se encontró con que el hombre hurgaba impaciente sobre las filas de libros. Subía a las escaleras para buscar grandes tomos pero luego los dejaba de lado. La mujer comenzó a odiar a ese hombre por causar semejante desorden, pero decidió ignorarlo. Tranquilamente subió al tercer nivel por la escalera central y se adentró en su sala personal. Sólo ella tenía acceso a ese sitio, al que pocos afortunados lograban entrar. Observó con adoración los libros que se encontraban allí: todos eran libros secretos y codiciados que sólo los Iniciados en la Orden conocían el paradero. Casi todos aquellos libros se creían perdidos y olvidados por sus antiguos dueños y sus herederos. La mayoría había realizado una búsqueda incesante pero sin éxito. Nunca habían podido hallarlos y tal vez nunca podrían. Estaban bajo el dominio de Hwesta Delwen y ella amaba a esos libros como jamás había amado a nadie.
La mujer se recostó en un largo sillón color escarlata que estaba al lado de una ventana. Se limitó a observar la noche, tan hermosa y cruel, mientras se encontraba al refugio de la gran chimenea que gobernaba el ambiente. Se preguntaba qué podría estar buscando aquel hombre cuando escuchó un sonido estrepitoso: algo estaba pasando allí abajo. Con la agilidad que la caracterizaba, Hwesta se levantó del asiento, abrió la puerta de un golpe y comenzó a bajar por la escalera. Enseguida vio al hombre: había desquitado su furia arrojando un sillón a la biblioteca. El suelo estaba lleno de libros y hojas sueltas. El misterioso hombre continuaba mirando libros y arrojándolos tras sí, parecía no sentir la presencia de la mujer. La semiespectra humana terminó de bajar la escalera silenciosamente. El hombre se había agachado para coger un tomo del suelo, cuando se disponía a incorporarse vio el vestido color marfil de Hwesta. Se levantó y la miró a los ojos. Era más alto y corpulento que ella pero inmediatamente supo que no era una mujer ordinaria. La miró seriamente, desafiante, sabiendo que esa no había sido la decisión más acertada de su vida.
Hwesta Delwen
-Ya me han advertido sobre usted –dijo el hombre. Para sorpresa de Hwesta éste habló con voz afable y no con la insipidez y prepotencia que esperaba.- Pero aún así no podía dejar de venir aquí.
-¿Por qué? ¿Qué buscas aquí forastero? –preguntó la semiespectra con sumo interés. No siempre la visitaban hombres con algún interés misterioso que pudiera llamarle la atención.
-Busco un libro, pero no es un libro cualquiera…
Hwesta notó que el pulso del hombre se aceleraba pero no lograba distinguir si ella misma le ocasionaba el nerviosismo o si era algo más.
-Mis ancestros lo llamaban Yalmë Nurû, “El Clamor…
-… de la Muerte” –lo interrumpió Hwesta con una sonrisa.
-¿Lo conoce? ¿Lo tiene aquí? –interrogó precipitándose hacia la mujer. –Lo necesito de inmediato.
-¿Y por qué un hombre como usted necesita de semejante libro? No es un artilugio para niños y dudo que usted esté preparado para desafiar la fuerza que contiene.
-Eso no me importa. Lo necesito. Mi pueblo lo necesita. Ha sido devastado por algo, pero no sabemos qué.
-¿Sabemos? ¿Hay otros como tú? ¿Desesperados por el Yalmë Nurû?
-Cinco hombres sobrevivieron incluyéndome. No sabemos por qué no fuimos muertos. Hace un tiempo hemos partido en diferentes direcciones en busca del Clamor de la Muerte. Nos ayudará a rehacer lo perdido.
Hwesta dejó escapar una risa que sonó muy inapropiada en ese momento, pero no pudo evitarlo. Conocía los poderes del libro buscado y aquellos hombres no sabían con qué extrañas fuerzas se involucrarían.
[Editado por Iriel el 22-11-2004 03:18]
Hwesta Delwen
El hombre la miró ofendido, pero tampoco esperaba que aquella mujer tan extraña pudiera comprender lo que sentía en aquel momento tan desesperante. Comprendió que El Clamor de la Muerte se encontraba en Harma i Nóm y no saldría de allí sin el libro en sus brazos. En un ataque de ira empujó refozmente a Hwesta haciéndola tropezar con los grandes libros que el hombre había arrojado al suelo. Le costó mantener el equilibrio. Y de nuevo el hombre la sorprendió: la tomó por el cuello y la llevó hacia atrás hasta que la mujer tocó un extremo de la sala que estaba cubierto de libros. Furiosamente la apretó contra la biblioteca y Hwesta sintió cómo el hombre la elevaba del suelo. Sintió su fuerza y sintió cómo el aire se perdía para ella.
El forastero estaba completamente fuera de sí, no sabía qué era Hwesta pero debía eliminarla para poder cumplir su cometido. Le resultaba muy extraño que la mujer siguiera viva y peor aún que su piel estuviera tan fría desde antes que empezara a ahorcarla.
Hwesta gimió levemente mientras luchaba para liberar su cuello de las asquerosas manos del imprudente forastero. Buscó a tientas en sus prendas y por fin la encontró: su preciada daga que su pequeño hermano le había regalado antes de abandonarlo. Sin pensarlo blandió la daga e hirió profundamente los brazos del hombre.
[Editado por Iriel el 22-11-2004 04:19]
Hwesta Delwen
Un alarido salió de la boca del hombre que atentaba contra la vida de la semiespectra, la soltó bruscamente y ella corrió hacia las escaleras y llegó ágilmente hasta el tercer nivel. Entró rápidamente y cerró la puerta. Empezó a urgar entre los tomos de su biblioteca personal y entonces lo encontró: Yalmë Nurû. Era un libro, no muy grande, de color negro por entero, incluso las páginas eran negras; para leerlo se necesitaban ciertos requisitos. No decía el nombre del libro por ningún lado pero ella sabía que era ese el libro buscado. Lo tomó delicadamente con sus blancas manos y comenzó a recorrer la habitación con la mirada.
Vio que el fuego de la chimenea ya se había consumido y no quedaban más que cenizas. Corrió hacia ella y se arrodilló para alcanzar algo dentro de ella. Había un compartimiento secreto detrás y aprovechó para guardar el libro allí.
De pronto el hombre abrió la puerta de un golpe y la miró desafiante. Pero Hwesta ya no estaba desprotegida. Su hermosa espada Nurumíril se encontraba en sus manos ya, preparada para darle fin al forastero que se atrevió a tocarla.
-¡Dame el libro insolente! -gritó el hombre.
Hwesta sonrió y dijo:
-No creo que un hombre desesperado por salvar a su ciudad se comporte así... Tu cometido es otro ¿verdad? ¿Qué será? ¿Dinero?
La expresión del rostro del forastero cambió por completo. La mujer había develado su mentira. Sólo quería el libro para cobrar una recompensa, no le importaba lo que atraería despertar el poder del Clamor de la Muerte, sólo le importaba enriquecerse. Si para ello debía asesinar a la mujer, sin duda lo haría. No contestó a las palabras de Hwesta, sólo se avalanzó sobre ella y le pegó en la cabeza. Ella se incorporó rápidamente y blandió su espada bestialmente. Antes de que el hombre pudiera darse cuenta, ella ya lo había herido de muerte. Le atravesó el vientre y luego retiró con asco su espada del cuerpo muerto como si la sangre del hombre pudiera afectar a las propiedades del material precioso que componía el arma.
[Editado por Iriel el 31-03-2005 08:13]
Hwesta Delwen
Hwesta miró al hombre por algunos instantes como esperando algo y luego se marchó en busca de sus súbditos escondidos. Bajó pos las escaleras y miró el desorden con tristeza. Abrió las puertas de Harma i Nóm y descubrió que el amanecer se acercaba impaciente. Hwesta hizo una señal con una mano y de las entrañas de Eryn-Dînen surgieron tres siluetas: eran hombres vestidos de negro. Pasaron al lado de la semiespectra y la saludaron con leve movimiento de cabeza. Entraron a Harma i Nóm, se llevaron el cadáver y limpiaron la sangre derramada.
Cuando la limpieza culminó, Hwesta volvió a entrar y comenzó a ordenar los libros. Luego subió al tercer nivel y se dirigió a la chimenea para retirar el Yalmë Nurû y volver a dejarlo en el estante al que pertenecía. Se acercó a una ventana y vio que muchas aves de rapiña se amontonaban cerca del bosque... donde el cadáver descansaba...
La mujer recorrió el sitio con la mirada y sin más decidió volver a una vieja tarea que había emprendido largo tiempo atrás: la búsqueda de la esfera que activaría el artefacto que dominaba los sonidos del Bosque Silencioso. De pronto una idea surgió en su mente, algo que nunca antes había imaginado. Comenzó a urgar entre los libros de su sala personal y encontró uno que hablaba de la cualidad de los sonidos vitales, decía que podían ser dominados bajo una sola influencia. Había unas pequeñas notas en el libro que hacían las veces de profecía. Comentaban que la esfera había sido encontrada pero no por el verdadero buscador sino por el enemigo.
De inmediato Hwesta envió un mensaje a su Reina Morniëwén en donde explicaba su descubrimiento. Días después recibió la respuesta: la Reina había dado la orden de enviar algunos espías a los diferentes clanes colindantes. Hwesta Delwen y Ríanna Mordúlin debían partir de inmediato al Concilio de Nan-Tasarion. Si llegaran a encontrar la esfera debían comunicarle de inmediato a la Reina.
Rápidamente Hwesta recogió unas pocas pertenencias y comunicó a sus subditos que ellos estarían a cargo de Harm i Nóm. Luego se montó en su corcel y cabalgó rápida y silenciosamente hasta la residencia de Ríanna, quien ya debía estar al tanto de la nueva misión.
Hwesta Delwen
Tal como las Iniciadas habían anunciado a Eärondûr más temprano, llegada la medianoche, estaban en Harna Dîn Sur, las tierras de la Orden de Telpe. Pasaron la noche en Minas Gwaeren, en la residencia de Mornaew. Las mujeres encerraron al elfo en una cómoda habitación y le brindaron suficiente alimento. La habitación estaba completamente rodeada de soldados que vigilaban constantemente. Ninguna sucia treta élfica les ganaría, nada podía hacer Eärondûr para escapar por el momento.
Hwesta permaneció en la sala principal de la residencia reflexionando mientras observaba cómo el fuego de una chimenea se consumía. Ahora debía planificar sus pasos con mucho cuidado. Ya el elfo debía sospechar de la importancia que tenía para las Iniciadas aquella esfera que había estado en sus manos. No pudo resistir la tentación y buscó la esfera que tanto había anhelado. La ocultaba en su túnica con mucho recelo. Para cualquier otro ser, aquella esfera era sólo otra piedra común. Pero para ella era hermosa, significaba dominar los secretos del Eryn-Dînen y estaba dispuesta a todo con tal de conseguir su cometido.
Silenciosamente se acercó Mornaew a ella, llevaba una copa de vino de Dorwinion para la semiespectra.
- Bebe, te hará bien descansar. Te esperan duros días. –le inquirió la mujer.
- Tienes razón…
A continuación Hwesta bebió despacio su copa mientras explicaba su satisfacción a Mornaew. Le habló del artefacto que guardaba en Harma I Nóm y del poder que le brindaría aprender a utilizarlo. La esfera era la puerta para comprenderlo y ya nada se interponía entre sus ambiciones. Y de a poco la mujer comenzó a caer dormida.
Partieron al alba, con el prisionero a cuestas. Éste no les dirigía la palabra a las Iniciadas, sólo se limitó a ignorarlas. Las mujeres tampoco hablaron durante el viaje. Se dirigían hacia el oeste de Harna-Dîn. Sólo se detuvieron dos veces para comer y descansar un poco, pero continuaron hasta la medianoche. Y de pronto el silencio de hizo evidente. Se habían adentrado en Eryn-Dînen. Era un denso bosque con numerosos árboles que ocultaban muchos sitios.
La oscuridad se había hecho total, pero no se perdieron: tanto Hwesta como Ríanna sabían bien hacia dónde se dirigían, nunca se equivocaban el camino ya que demasiadas veces lo habían recorrido ya. A lo lejos se divisaron unas pequeñas luces y Eärondûr supo que estaban llegando al sitio en donde permanecerían: la morada de Hwesta Delwen. Le sorprendió que aquella morada fuera una biblioteca. Imaginaba un sitio desagradable y sucio. Pero era todo lo contrario. La biblioteca de Harma I Nóm era un lugar muy limpio y luminoso, colmado de sabiduría que se remontaba a muchos años antes de la existencia de la Orden de Telpe.
Los Delwenil, hombres que permanecían escondidos en las fauces del Bosque Silencioso y atendían a los pedidos de la semiespectra, habían preparado el tercer nivel del edificio para apresar al miembro del Concilio de Nan-Tasarion. El tercer piso constaba de un sala sencilla con muchos libros extraños y secretos. Allí habían dos puertas: una llevaba a la recámara de Hwesta y el otro a la recámara de huéspedes. Ésta última se encontraba abarrotada. Tenía una confortable cama, un sillón, una mesita con libros y varias velas alrededor de la habitación. Todo preparado para el elfo.
La semiespectra guió a Eärondûr escaleras arriba y lo encerró en el tercer nivel para que descansara. Ya el interrogatorio tendría lugar en los próximos días. Tenían todo el tiempo por delante.
Tar-Eärondûr Rangilion
\"Ya era hora\"
Con esa orgullosa frase fue recibida Hwesta en una habitación de su propia morada.
Eärondûr siguió hablando:
-No he venido hasta aquí para degustar las comidas de Telpe, que es lo único que he estado haciendo desde que llegué hace tres días.
Hemos venido a... negociar.
El elfo se puso en pie y se acercó a Hwesta:
-Imagino que no creerías que he venido a Telpe para, simplemente, darte yo la esfera que tanto anhelas a cambio de... un par de sabrosas comidas.
Si he dejado que me trajeseis aquí sin oponer resistencia es porque yo quiero algo que vosotros teneis aquí y que la esfera me ha mostrado...
Es más, he tenido otra visión durante el tiempo que he estado aquí... me he visto en una extraña torre blanca luchando contra una elfa y un libro, luego he visto a esa elfa rodeada de otras damas oscuras... después otra vez yo en un bosque de Rhovanion cerca del nacimiento del Anduin dejando ese libro a unos elfos silvanos y... finalmente, la última visión era esta biblioteca... un libro de esta biblioteca... el Tyelparma, el Libro del Fin,
llamado también Libro de los Muertos...
Eärondûr volvió a sentarse sin dejar de mirar los ojos de Hwesta:
-Puede parecer una osadía, pero... quiero el Tyelparma y el Quenta Vanwendorion, el libro de Turendir el Sabio.
A ti no te son de utilidad pues sé que no entiendes sus caracteres... yo tampoco, aún...
En fin, creo que es una oferta que no podrás rechazar...
El elfo sacó la esfera de su bolsillo y la sujetó con dos dedos a una considerable altura sobre el suelo:
-A mí esta esfera no me sirve para nada... no tengo ningún inconveniente en soltarla y hacer que se parta en mil trocitos de hermoso y brillante cristal.
Hwesta Delwen
-Ya veo... -susurró Hwesta, casi para sí misma, mientras observaba hipnotizada su pequeña esfera en manos de aquel elfo tan insolente.
Ya me parecía demasiado extraño que fueras un recluso tan dócil. Imaginaba que debías tener tus razones pero no creía que pudieras ser tan arrogante como para pedirme semejante intercambio.
La semiespectra hizo silencio un momento y comenzó a pasear por la habitación sonriendo, intentando aparentar la eterna confianza que vivía en su persona. Se encontraba demasiado nerviosa y nada ansiaba más que degollar a Eärondûr; pero temía que la esfera resbalara de las ruines manos del elfo y se estrellara contra el suelo antes de ella poder hacer algo.
Inspiró profundo y continuó:
-No te equivocas, es cierto que no sé leer los libros que pides pero esa no es razón para cederte tu capricho. Todos los escritos que aquí se encuentran son míos y no los cederé a nadie. Es mi tesoro, el trabajo de mi vida. Sólo puedo ofrecerte que estudies los libros aquí. Podrás permanecer en Hárma I Nóm el tiempo que necesites y desees. Nadie te hará daño. Pero olvídate de abandonar las tierras de Telpe con esos libros contigo.
Hwesta se encaminó hacia la puerta y dijo terminantemente:
-Cuando estés listo baja al primer nivel a comunicarme tu respuesta. No tenemos que ser por entero enemigos. ¿Quién sabe? Tal vez aprendamos algo el uno del otro.
Dicho esto, la semiespectra salió de la habitación dejando la puerta abierta.
Tar-Eärondûr Rangilion
Eärondûr sonrió cuando Hwesta salió de la habitación...
\"Sólo puedo ofrecerte que estudies los libros aquí\"
Realmente la semiespectra no sabía bien las implicaciones de sus palabras, una vez que el Tyelparma le aceptase, nadie más podría tocarlo, ni siquiera ella.
Eärondûr buscó el libro por todas partes hasta que dio con él, al sacarlo del estante presentaba un peso extraordinariamente elevado
\"Ya cooperarás\" dijo el elfo para sí mismo.
Pasó horas ojeando todas las páginas llenas de caracteres incomprensibles hasta que por fin el libro le mostró algo que sí podía leer.
\"Bien, ya tenemos un comienzo... veremos cómo reacciona nuestra anfitriona y sabremos cómo salir de Telpe nosotros dos y el Quenta Vanwendorion... demos tiempo al tiempo, tenemos todo el del mundo por delante. Literalmente\"
Eärondûr decidió que había llegado el momento de reunirse con Hwesta y bajó al primer nivel con el Tyelparma en la mano izquierda. Cuando llegó al umbral de la estancia donde se encontraba la semiespectra, una voz profunda y oscura resonó por todas partes:
\"Rúcima Ungo\"
Hwesta se giró de inmediato pero no pudo ver nada, toda la estancia quedó en la más profunda oscuridad pero ya sabía quién estaba en el umbral, entonces escuchó el ruido de unos vidrios rotos al chocar contra el suelo.
Una voz burlona le habló desde la puerta:
-Falsa alarma, rompí una vasija no la esfera. El Tyelparma te saluda.
Eärondûr sacó la esfera de su bolsillo y la sostuvo en la mano, entonces comenzó a tomar un brillo verdoso que confería una atmósfera enfermiza a la sala. Y en la puerta el elfo sosteniendo en una mano el Tyelparma y en otra la esfera.
Hwesta Delwen
Hwesta relajó su expresión. Aunque casi podía decir con certeza que aquel elfo no sería tan tonto como para destrozar la esfera en la misma Harna Dîn… tampoco podía confiarse del todo. No conocía a Eärondûr pero sabía que cualquier visitante que buscara alguno de los libros que ella guardaba estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de marcharse de allí con él. Pero en todos sus años en Harma I Nóm, nadie había podido robarse ninguno. Nadie podía ganarle a la Doncella del Horror. O al menos eso estaba por ponerse a prueba a continuación.
Apenas divisó la pálida luz verdosa que brotaba de su preciada esfera no hizo más que sonreír. Era hermosa y la estremeció por completo. Lentamente avanzó hacia el elfo, pero no le prestaba atención a su vanidosa expresión, sólo observaba la poca distancia que la separaba de su deseado objeto. Pero sabía que no sería tan fácil. “¿Cómo arrebatarle la esfera? ¿Cómo arrancarle la vida a Eärondûr sin poner en peligro su esfera y el Tyelparma?” Tampoco le gustaba la idea de que esos asquerosos dedos de elfo tocaran uno de sus preciados libros que tanto le había costado obtener. Aquellos libros no le habían sido dados tan fácilmente, por eso mismo ella no los cedería a cualquiera. Pero su ambición por descubrir los secretos del Bosque Silencioso la embargaron e incluso llegó a pensar que ceder los libros no sería tanta pérdida.
Antes de poder darse cuenta se encontraba frente a frente con Eärondûr. Por primera vez lo observó detenida y fijamente a los ojos. Supo que él ansiaba tanto esos libros como ella la esfera. Aquel elfo no era tan incompetente como lo había creído. Sabía lo que implicaba leer aquellos libros y eso le agradó. No era como los ladrones de siempre. Llegó a creer que tal vez los mereciera. En medio de su reflexión, se acercó al oído derecho de Eärondûr y le susurró:
-Pero no será tan fácil. Sé que planeas que el Tyelparma te acepte. Y puede que lo haga, pero debes demostrármelo. Cuando vea que realmente eres merecedor del Tyelparma y el Quenta Vanwendorion podrás marcharte.
Dicho esto, una de las frías manos de Hwesta tocó delicadamente la mano derecha del elfo, casi acariciándola, y tomó la esfera.