La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Sulëdaelessar

2006:02:06:10:07:20

Ian Jeckyl

Sobre los árboles se alza la capital del reino de Nan-Tasarion situada en algún lugar de Taurë Nan-Tasariona. La espesura del bosque y de la permanente niebla que lo rodea, conforman un laberinto para aquellos extranjeros que la cruzan. Solo aquellos que saben guiarse entre los enormes sauces y la niebla pueden encontrar la senda que conduce a la ciudad sagrada de Sulëdaelessar. Sulëdaelessar recibe el nombre de la gran piedra que descansa bajo esta. Esta piedra es, según cuenta la leyenda, una estrella que cayo del cielo en los días antiguos dejando tras de si jirones de llamas malvas. Adorada durante años por tribus salvajes de elfos y medianos, la gran piedra malva, descansa en un viejo círculo de piedras sagrado. Es este círculo la antesala de la ciudad y él que indica la llegada a ésta a través de las ramas, donde sus bellos edificios élficos se engarzan como joyas alrededor de las copas de los árboles, la mayor de las cuales es el capitolio, el edificio de reunión de los señores de Nan-Tasarion y donde se toman la mayoría de las decisiones. Es en el capitolio donde se guarda el Cuerno del Árbol Férreo, símbolo del concilio y regalo de los ents vecinos en la edad del primer concilio, en la que se hicieron los juramentos de ambos pueblos y los ents prometieron acudir a la llamada del cuerno cuando los señores, protectores del bosque, se vieran comprometidos.

Fueron en las tierras de la Sulëdaelessar donde se forjaron las bases del Concilio de Nan-Tasarion, y en las que aún permanecen intactas y pulcras.

Pell´kán

Tras haberse asegurado de que todo había vuelto a lo normal, Pell\'kán se retiró al bosque, alguna otra encomienda estaría esperando en Sulëdaelessar.

Caminando por el camino amplio que se habría dentro del espeso bosque, divisó a la distancia una bruma o algo que estaba emitiendo luces desordenadamente.

Como siempre, Pell\'kán ante los posibles peligros no se preocupaba por acercar urgentemente la mano a la agarradera de la maza hacha que portaba. Prefería distinguir claramente las situaciones y captar las posibildades de movilizarse, acercandose o alejandose del problema.

Todavía estaba a larga distancia de las luces, pero iba acercandose, con sigilo, aunque sin perder posibilidad de detalle. Lo primero que pensó era en alguna forma espectral, tal vez maiar, no desconocía estos seres allí de donde venía, menos frecuentes eran más hacia el norte, pero...

Caminó un tramo, sin esconderse, la luz parecía no responder a su presencia, tal vez aún no estaba tan cerca. Distinguiendo extrañas formas se acercó más, y se escondió entre los arboles del oeste. Las figuras no cambiaron su actitud.

Distinguió entonces unos agitados pájaros, de plumajes coloridos y brillantes. Giraban alborotados alrededor de un espacio vacío. Había bastantes, grandes y pequeños, todos luminosos. Las fronteras del Concilio estaban bien vigiladas, pero no siempre los cielos, estas aves no eran de allí, pero allí habían llegado.

Mientras, seguían revoloteando euforicas, en una batalla contra el aire que relucía hasta la distancia lejana. Pero algo conmovió a Pell\'kán. Algo había en los bellos pájaros que no estaba bien, no era eso una danza, ni un costumbre, había una especie de posesión que les había hecho perder el control, aunque en circulos.

Pell\'kán entonces salió de su escondite y encaró a la bandada...null

[Editado por gwathuirim el 28-11-2004 18:58]

Pell´kán

Los pajaros volaron espantados a baja altura, metiéndose por los entreverados del bosque. Algunos fueron y vinieron pasando cerca del alto hombre negro, que pudo ser herido por la potencia de la velocidad pero que supo acomodarse para que los alados no se lo llevaran por delante.

Además, él intuía que no lo intencionalemente, apenas si sabían que era lo que los había interrumpido.

Cuando parecieron desaparecer uno se acercó. Su plumaje era azul y turquesa, los tonos rojo bermellón destacaban en su penacho. Sus pupilas se agrandaban y se achicaban agitadamente. Y miró a Pell\'kán, quien permanecía ahí casi inmovil, percibiendo más que actuando.

- Conoces el idioma de las aves? - le dijo el pájaro que se enfrentó a él. Se mantenía moviendo las alas para flotar delante del hombre. En un movimiento tomó altura, y pudo verse su cola tornasolada que acababa en distintas extensas \"trenzas\" que destellaban más que su plumaje.

Pell\'kán asentía. - ¿Que ocurre? ¿Necesitáis algo? - dijo en el idioma que la mayoría de las aves comprendían. Mientras tanto, los demás pájaros seguían pasando de aquí hacia allí entre los árboles.

El pájaro se tambaleó y enloquecidamente comenzó a alejarse del espectante Pell\'kán. - Se trata del cielo!! - oyó él, mientras el ave se confundía con las otras.

Entonces el hombre llegado del sur observó, los distintos seres alados giraban ahora en un círculo más grande, a unos cuantos metros, por entre los arboles, alrededor de él...

Pell´kán

Estando allí Pell\'kán se daba cuenta que poca atención había prestado en su vida al cielo. Pero ahora, ¿Qué podía ocurrir con el cielo para que aquellas aves tuvieran aquella reacción? Parecía que, de momento, era a él a quien le correspondía delucidarlo.

Desde el breve claro donde se encontraba miró hacia por encima de los altos árboles del Nan-Tasariona, el firmamento azul celeste brillaba inmaculado en esa oportunidad... ni una sombra... nada que ayudara a la deducción.

La mayoría de los pájaros se habían detenido... el hombre recordó por unos segundos quién era él mismo... en aquel instante intuyó que aquella calma tenía algo que ver con que él estuviese prestando atención... al menos mirando hacia arriba, aunque no encontrara absolutamente nada llamativo.

Hecil

(no se si esto va por aqui, o interrumpe la historia pero intentento enlazarlo con lo que ocurre en las casas de curacion, sino corresponde em lo dices y borro este fragamento)

Pell\'kán se quedo observando el cielo, intentando descubrir algun tipo de señal, o indicio que le aclarara por que estaban ocurriendo aquel extraño fenomeno, nunca antes habia visto nada semejante.

Mientras se recogia en sus propios pensamientos y analizaba los hechos, algo le saca de su trance, los graznidos de unos cuerbos que curzaban a toda velocidad el bosque de dierccion norte a sur. Volaban raudos, tal era su numero que a sus paso oscurecian el dia. Pell\'kán se mantubo quieto y en silencio, se adentro un poco mas en el bosque intentando pasar desapercibido. Tras su paso Pell\'kán , volvio al claro del bosque y observo como la manda se dirigia hacia Telda Minya.

Que oscuro presajio es este, que puede significar todo esto, siento la presencia de una fuerza maligna que se hace fuerte en el sur. Se preguntaba Pell\'kán. Busco entre sus recuerdos, e intento recordar algo significatibo de su estancia Telda Minya, hasta que llego al incidente de la feria.

Aquel suceso nunca fue aclarado, y los hombres capturados no hablaron de sus razones o motibos, para secuestrar al muchacho.

Pell´kán

Mientras algo estaba ocurriendo en Telda Minya, Pell\'kán corría por el bosque siguiendo a las aves, que iban hacia el sur, con la mirada. La bandada comenzó a elevarse entonces, comenzaron a acercarse a unos cirros que se esparcían por el cielo y pronto dejaron de alcanzarse con la vista.

El rumbo al sur estaba indicando algo. Pero de qué manera se relacionaban con las palabras que oyó del ave el hombre pardo. \"...el cielo...\". Qué podía pasarle al cielo en tiempos como aquellos, el firmamento seguía normal, de qué manera se relacionaba esto con Nan-Tasarion y qué tenía que ver todo esto con él mismo. Eran muchas preguntas. Y no había un fácil camino al globo celeste como para hacer la debida investigación. Además, Pell\'kán estaba solo, tenía que transmitir lo que le había ocurrido a algún sabio del clan que lo acogía, de alguna forma habría que tomar alguna medida.

Lo primero que hizo fue dirigirse al claro donde tenía la casucha el viejo Rothain, algunos caballos corrían por esas regiones. Pell\'kán miró hacia arriba con desconfianza, como si el techo, oscureciendo, fuera a caersele en la cabeza.

Thorjil

Sobre mi caballo volvía a la ciudad de mi antiguo maestro. Hacía años que no pisaba estas tierras, pero no habían cambiado mucho. El mensajero que me acompañaba me habló:

- Sigue recto, encontrarás la ciudad pero yo he de ir a otro lugar, tengo tareas que hacer aquí en el bosque.

Su caballo frenó, y mientras giraba me deseó buena suerte. Comenzé a fustigar a mi caballo más rápido: \"¡¡Harod!! Más raudos que un rayo debemos llegar!! Corre!! Corre!!\". Entonces ví algo extraño. Miles de pajaros revoloteaban una zona cercana. Cambiando la dirección de mi caballo fui hasta dónde creía que estaban los pájaros. De improviso alguien pasó junto a mi caballo silbando algo. Mi caballo relinchó sobresaltado y se puso a dos patas, cayendo yo al suelo.

- Mil rayos!! ¿Quién eres? - dije mientras la persona se paraba en seco mirando a mi caballo.

- Los pajaros hablan, los caballos también!! -entonces se dio cuenta de que había hablado yo y no mi caballo -¡Ah! Perdonad, mi nombre es Hecil. Algo extraño está pasando.

- Lo sé, pero ignoro que es. ¿Vas muy lejos? Si quieres te puedo llevar...

El joven aceptó mi propuesta tras ver que llevaba las ropas del ejercito de Nan Tasarion. Y después me preguntó que hacía por aquellos lugares. No deseaba contestar a ninguna pregunta, así que guardé silencio hasta que me dijo:

- De acuerdo, sigue a los pajaros. Hacia la izquierda. Eso es.

No sabía a dónde me llevaría esta excursión, pero esperaba que pudiera llegar pronto al encuentro de Maese Eärondûr...

[Editado por peregrinoscuro el 05-12-2004 14:01]

Thorjil

Llevabamos cabalgando un largo rato cuando empezé a hablar:

- Maese hecil...

- Perdón? -dijo mi acompañante algo sorprendido- Yo me llamo Pell\'kan.

MMMMM... mi oído no era el de antaño. Me había confundido de nombre...

- Disculpadme maese Pell\'kan. Creo que me estoy quedando algo sordo -solté una risita por lo bajo - Mas, ¿cuánto deberemos cabalgar? Hay gente que me espera en la ciudad.

- Me temo amigo mío que nos queda mucho que cabalgar. Pero si debes irte, no tengo ningún problema en continuar solo.

Tiré de las riendas de Harod. Haciéndolo frenar. Se quejó con un relincho, pero paró su trote.

- De verdad, perdonadme, pero me requieren en otros lugares.

- Tranquilo, pero dad noticias de mí. Para evitar que se preocupen.

- Lo haré - El hombre bajo de mi caballo- ¡¡Buena suerte!!

De nuevo dí media vuelta y cabalgué hacia la cuidad. Al parecer sí había cambiado el mundo desde que me retiré. Sólo esperaba no tener ningún otro imprevisto antes de reencontrarme con quien me volvió a introducir en el mundo de la guerra.

La mañana siguiente llegué a Nan Tasarion donde me dieron una serie de noticias que no me gustaron nada...

Eärondûr Rangilion

Thorjil entró en Sulëdaelessar, la capital de las tierras del Concilio de Nan-Tasarion. La ciudad está protegida por decenas de arqueros élficos apostados en los árboles que la rodean, además de poseer cierta protección mágica que hace imposible que cualquier ser encuentre el camino correcto si no ha estado antes en la capital, pero este no era el caso.

El hombre trepó hasta el edificio del Capitolio, donde se reunían los principales miembros del Concilio.

Pero el edificio estaba vacío y Thorjil preguntó a un elfo que vigilaba la entrada.

-El último Concilio fue hace semanas. No sé que se decidió en él pero Eärondûr abandonó la ciudad junto con Iorethil y Silme varios días después.

Silme regresó hace un tiempo y sé que envió un mensaje a Telda Minya para Eärondûr.

El mismo Eärondûr ha estado enviando mensajes estos últimos días, pero hace tres días que no recibimos ninguno y nadie lo ha visto...

En otro miembro del Concilio sería preocupante, pero Eärondûr acostumbra a desaparecer varios días de vez en cuando.

Si quereis más noticias podeis viajar a Telda Minya, allí trabaja Iorethil en las Casas de Curación, es posible que ella sepa algo más... como también es posible que no os diga nada... Eärondûr es un elfo bastante extraño...

Thorjil

- Si lo llego a saber continúo acompañando Pell\'kan -me dije algo disgustado. No creía que le fuera a pasar nada a mi antiguo maestro (pues sabía apañarselas bastante bien), pero estaba ansioso por volver a ver el mundo exterior, ya que tantos años confinado en la escuela me había hecho tener una barriga de beber tantas cervezas y no hacer ejercicio... Y esa dama, Iorethil... No me sonaba su nombre, pero si la conocía mi maestro quizás ella tuviera alguna misión con la que entretenerme (aunque fuera cazar conejos...), saludé a uno de los guardias de la puerta y le pregnté donde podría conseguir algo de bebida. Me indicó una zona donde había una taberna. Hacia allí me dirigí y al entrar descubrí que estaba bastante vacía.

- No son horas de beber -me dijo mientras me servía un vaso de hidromiel.

- Solo quiero el vaso lleno, no me lo beberé. Aunque descuide -dije al ver la cara alamarda del tabernero- se lo pagaré igual.

Hacían varios años que hice una promesa, no la iba a romper tan pronto...

Thorjil

El día me había sorprendido delante del vaso. Dejé unas monedas como pago y me despedí del tabernero que algo somnoliento llamaba a su hijo para que se hiciera cargo del local. Me disponía a irme cuando me crucé con el jóven. Éste me cogió del brazo y me dijo: \"Tenga cuidado Maese Thorjil, el mundo está cambiando\", tras estas palabras me soltó y se acercó a la barra.

¿qué diablos le pasaba a ese muchacho? En fin, no tenía tiempo de averigüarlo, así que salí de la taberna y busqué en las caballerizas a Harod. Mi caballo estaba comiendo un poco de pienso que había puesto junto al abrevadero. Lo dejé terminar (todo buen jinete mima a su caballo) y lo ensillé. Salí del lugar a lomos de mi montura y cuando franqueaba las puertas dejé una nota a uno de los guardias que habían allí:

- Para Maese Cudesas. Díganle que es de parte de Thorjil. Por si no nos cruzamos en el camino.

El guardia asintió y tras ver como volvía a su puesto me dispuse a dejar Süledaelessar. Cabalgaba hacia las casas de curación, aunque por alguna extraña razón no esperaba encontrar allí a mi maestro. Ya me lo habían dicho:

\"El mundo está cambiando\"

Esperaba que cambiara para bien.

[Editado por peregrinoscuro el 09-12-2004 09:42]

Thorjil

Llevaba horas espoleando a mi caballo cuando de repente paró. Estaba asustado, no quería avanzar, pero ¿por qué? Entonces una flecha rozó mi hombro. Harod relinchó y comenzó a correr a la espesura. Ví un destello y desenvainé mi espada aullando como un poseso. Salté de mi caballo con la espada por delante consiguiendo ensartar al bellaco que me había disparado oculto. De una patada saqué mi espada del hombre que expiraba. \"Es tardee...\". \"¿Tarde? ¿Para qué?\" pregunté, pero ya había muerto. Limpié mi espada y volví a subir en Harod.

- ¡¡Aprisa Harod!! ¡¡No me falles ahora!!

Una humareda se veía cerca...

(continúa en as casas de curación)

Pell´kán

Mientras ocurrían los sucesos de Telda Minya, Pell\'kán había tomado la dirección contraria. Preguntó en medio del camino del bosque a algunos conocedores de aves sobre lo que había ocurrido, pero ninguno supo darle una respuesta certera.

Así llegó a Sulëdalessar, buscando a los sabios del concilio para consultarles sobre lo que intuía era de mucha gravedad. Lo que quedaba por saber era si algun daño había sido, estaba siendo cometido, iría a serlo. Con tan sólo las señales de unas pocas aves tenía que resolver un acertijo.

Con los pocos que pudo hablar confirmó que la única manera de saber más era comunicándose con algún ser de los cielos que conociera lo que estaba pasando, pero cayeron en la cuenta de que últimamente habían pocos en toda la región. La otra manera era yendo al lugar mismo, alcanzando el cielo para echar un vistazo, pero esto, sin grandes amigos alados, cómo podría hacerlo???

El enigma, mientras pasaba el tiempo, comenzaba a clavarsele en las costillas.

Pell´kán

... Transcurrieron tres días en la busqueda...

Pell\'kán se sentaba en un pequeño valle que se formaba al este de Suledalessar, frente a una fogata encendida cuidadosamente, con el arte de no hacer peligrar el bosque, y con el permiso de las criaturas. A su lado, las damas Helwen y Anngloë, y Sahcanor, servidores de Silmë, y las personas de Nan-Tasarion con las que más había fraternizado el hombre negro del más allá del sur del Mithsîr.

- Debes ser tú, Pellë Akanos- , dijo Anngloë.

- Creo entenderte Anngloë, pero no siento que mi única percepción sea lo indicado. - respondió el enorme.

- De la misma fuente de la que tú buscas un nuevo sentido, otros han visto otras direcciones, y a ellas se han encomendado. Tú eres quien ha decidido que había algo más que ver, eres tú entonces quien se ha designado como \"quien debe ver\".- explicaba velozmente Sahcanor -eres tú quien debe ver el cielo entonces.

Helwen agregó entonces:- Si alguien más debe acompañarte llegará sin que lo decidamos nosotros hoy, mellon.-

Mientras los ojos blancos de Pell\'kán reflejaban los rojos, anaranjados y ámbar de la fogata...

- ... lo que creo más urgente es tal vez lo más insignificante...- decía Sahcanor.

- ...decidir como habremos de dormir a Pellë...- concluía Helwen.

- ¡¿Dormir?! - se sorprendió el que llevaba los ojos de fuego, Pell´kán.

- No habrá mejor forma de explorar la señal de tus amigas aves que... durmiendo, Pellë... soñando...

[Editado por Gwathuirim el 26-12-2004 03:42]

Pell´kán

Ian consiguió las hierbas y hongos necesarios, poco se sabe de cómo y dónde los conseguía pero siempre se tomaba la molestia de hacer “aparecer” lo necesario...

Pell’kán estaba recostado en una gran silla reclinada. Había tomado la infusión, y ahora miraba fijamente hacia la aglutinación de luciernagas purpura que rodeaban la tenue luz de un candil.

Mientras Helwen coordinaba los movimientos de los demás, Sahcanor recitaba unas palabras cerca del oído del gigante y Anngloë apuntaba un vidrio semiespejado hacia cierta parte del cielo. Así comenzó...

Galadhglir

Tres días antes, en un pequeño bosque en las afueras de Puertas del Fin, Galadhglir, el más reciente miembro del Concilio de Nan-Tasarinon, dormía una siesta tardía. En el momento en que Pell´kan se encontraba en su extraña conversación con los pajaros, Galadhglir se debatía en su sueño...

Estaba parado cerca de la orilla de un lago entre enormes montañas y Aglarel la Maia estaba a su lado. Galadhglir aun no terminaba de reconocer el lugar, cuando Aglarel, con tristeza, lo tomó de la mano y lo condujo hasta el borde del agua. En el reflejo especular de las aguas, Galadhglir empezó a distinguir unas imágenes, al tiempo que reconocía el lugar: Kheled Zharam, el Lago Espejo de los Enanos, la obra de Aglarel. Sobre la superficie vió las Haldanori, las tierras que habia elegido como hogar, como si las viera desde el pico más alto de las Montañas Grises. La visión era clara al principio, pero una sombra empezó a proyectarse desde el sur, volviendose cada vez mas más oscura y espesa, hasta devorar toda la tierra.

-Dispara, Galadhglir!, gritó Aglarel, súbitamente transformada en una flecha de luz en la mano del elfo.

Y Galadhglir disparó hacia la oscuridad con la flecha de luz que era Aglarel....

Cuando Galadhglir despertó, estaba parado en medio del bosquecillo con el arco en la mano, y a lo lejos, una flecha clavada en la tierra todavía temblaba por la fuerza del disparo.

-Gracias a Eru que estaba solo... dijo Galadhglir mientras caminaba hasta la flecha para recuperarla.

- Aglarel, mi señora, para ser una maia de la luz, has sido bastante poco clar... y se detuvo. La flecha había sido disparada en dirección a Suledaelessar.

Galadhglir

-Buena defensa mágica la de esta ciudad, no se ve ni los árboles... Ni la Cintura de Melian era tan intrincada, maldita sea! dijo Galadhglir tres días mas tarde, cuando intentaba no perder la orientación entre las nieblas encantadas de Taure Nan- Tasariona. Cuando por fin avistó el círculo de piedras que señalaba la entrada a la ciudad, agradeció a Ealido, que lo condujo por vez primera hasta alli, puesto que eran muchos los viajeros que se habían perdido en el encantamiento de defensa.

Mientras caminaba entre los bellos edificios- árboles de la ciudad, el elfo esperaba encontrar una cara conocida a quié preguntarle por las últimas novedades, para ver si éstas tenían que ver con su sueño Pero lamentablemente, en su última estadía no había hecho muchas amistades, salvo Ealido y algunos viejos habitantes de los bosques, que no encontraría por alli.

Resignado, se dirigió directamente al capitolio, donde le informaron que ninguno de los miembros estaba presente. Al salir del Capitolio, se preguntaba por dónde continuar sus averiguaciones, cuando un anciano vestido de harapos le resultó familiar.

Radagast!- llamó Galadhglir al anciano, quien llevaba en su ropa sucia las pruebas de su vida en los bosques.

El sanciano se volvió sorprendido; sin embargo, al reconocer al elfo exclamó:

- Galadhglir! Hijo, me preguntaba por donde estarías... hace tiempo que no hay noticias tuyas. ¿Quisieras acompañar a este viejo con una cerveza en el Sauce Etilico, para ponernos al día?

- No, no puedo, buen amigo, estoy en una misión. Hace tres días he tenido el sueño más extraño y me ha parecido de suma urgencia comentarlo con alguien del concilio, pero no hay nadie...

- Todos han partido por distintas causas... el contarte todo llevaría más tiempo del que pareces disponer, amigo. Sim embargo, recuerdo que desde hace exactamente tres días, el joven Pell´kan (lo conoces?) anda preguntando acerca de unas extrañas formaciones de pajaros y una bandada de cuervos inmensa que se voló hacia el sur...

- Al Sur! Desde allí venía la oscuridad en mi sueño! Si, conozco a Pell´kan, de vista solamente, aunque esta es díficil de olvidar. Dónde está, Radagast?

-Pues si que tienes prisa, muchacho. A ver, recuerdo haber visto a las damas Helwen y Anngloe partir en dirección al valle del este. Si ellas están ahí, Pell´kan no debe estar lejos, son unidos.

¿y después nos tomaremos esa cerveza? terminó de decir el anciano antes de darse cuenta que estaba solo.

[Editado por galadan el 17-01-2005 03:39]

Galadhglir

Mientras caminaba por el bosque hacia el valle del este, Galadhglir se preguntaba como estarían relacionados los hechos que le relató el viejo Radagast ( le debía una buena cerveza por la información y por irse sin saludarlo) y su extraño sueño. Aglarel no tenía por costumbre aparecer en sus sueños, debía haber una poderosa razón para que lo hiciera. ¿Qué terrible oscuridad se cernía sobre la tierra de Nan-Tasarinon para traer desde algún misterioso lugar a la Maia muerta? Y qué papel le tocaría a Galadhglir en esta nueva cruzada?

Todos estos pensamientos rondaban su plateada cabeza, hasta llegar a una hoguera en el bosque y cerca de ella, el gigante de piel oscura estaba reclinado en una silla, rodeado por las damas.

-Pell´kan! llamó el elfo.

Pell´kán

\"El cielo estaba azul, azul profundo o negro. En realidad todos los tonos se manifestaban al mismo tiempo. Pell\'kán estaba ahí, pero no tenía consciencia de su propio cuerpo físico, principalmente era una experiencia visual.

En la distancia se veía la luna al parecer a medio mostrarse, las estrellas se aparecían fluctuando en intensidad desde la invisibilidad del mediodía hasta el tímido brillo en el que apenas se ven por la tarde con el cielo aún azulado.

Algunas permanecían más que otras.

Las aves llegaban en tremendas bandadas desde el sur. Cruzaban el lugar donde Pelle sentía estar, a velocidades como tal vez no hubiesen volado nunca.

Aves desesperadas, aves desesperadas, era todo lo que había visto ya en tierra, y era lo mismo que aquí veía de nuevo, si detrás de ello había un mensaje simbolico, no estaba en sus posibilidades comprenderlo.

En aquel cielo tan brillante y límpido era difícil de divisar algún daño. Pell\'kán sospechaba que podía ser en vano. Nada oscuro podía estar perturbando un espacio con tanta luz...\"

Pell´kán

\"El vuelo de Pell\'kán se dirigió entonces hacia el sur, hacia donde la mayoría de las luces eran menos tenues. Un gran pájaro negro atravesó al hombre. Mientras aumentaba la velocidad y dejaba atrás lo que podían haber sido débiles nubes, aprovechó la claridad creciente para aguzar la vista. Intentó divisar hasta desde donde provenían las aves, pero aún así, en algún lugar de la distancia todo se volvía difuso, las imágenes comenzaban a aparecer de la nada en tamaño distinguible.

Un águila se detuvo frente al gigantezco señor del sur. Y habló: -es imposible que yo lo detenga, aquel del color de la noche no se ha sacrificado, tu lo has visto huir entre las bandadas-. Pelle pensó en el plumaje negro que lo había atravesado.- Huirán cuantos puedan, lo siento.- Cuando quiso reaccionar, hacer alguna pregunta, el águila ya no estaba, en cambio sintió una resistencia que impidió por un instante que avanzara, pero la resistencia cedió y continuó camino...\"

Pell´kán

\"En cuanto vio al frente de nuevo entendió más. El cielo había dejado de hacerse claro para hacerse molestamente resplandeciente. Las bandadas se hacían más vacías, casi parecían sólo unos cuantos muchos seres dispersos. Y todos provenían de un punto... un punto claro, un punto luminoso, demasiado...

Era una luz, todo concluía ahí. Él se dio cuenta entonces de que había estado esperando que el peligro proveniera de la oscuridad, de la oscuridad óptica y entendió que en el cielo, de lo que todos escapaban, era de una luz. Una luz de la que todo surgía, o, más claramente, una luz en la que todo desaparecía, de la que todo escapaba... a riesgo de ser engullido.

Era una luz que se estaba alimentando o destruyendo de todo a su alrededor, y no sólo de los pájaros, sino del aire, de las sombras, de las otras luces, del espacio mismo. Era una luz que estaba conquistando todo a su paso.

Y casi es tarde cuando en el vuelo Pell´kán vislumbró que aquella luz no avanzaba, crecía. Y que la dirección que él mismo estaba tomando no era impulsada por fuerza ni voluntad alguna más que la atracción de aquel resplandor, que iba a hacia ella y esta crecía hacia él...

Era un sueño, pero Pell\'kán estaba a punto de ser absorvido también.\"

Galadhglir

Silencio! - dijo la dama Anngloe a Galadhglir.- Pell´kan esta buscando respuestas en la tierra del sueño y no debe ser molestado. Y tu quien eres?

Soy Galadhglir- dijo el elfo- He venido porque a mi tambien me ha ocurrido algo que puede estar relacionado con este asunto- y les relató su sueño.

-Extraños sucesos se avecinan en verdad- contesto Sahcanor- y con extraños mensajeros.

-Pero este elfo ha sido advertido, al igual que Pell´kan, de un peligro desconocido- dijo la dama Helwen.

-Entonces, que espere con nosotros el regreso de Pell´kan.

Y se sentaron los cuatro en el suelo del bosque, mientras Pell´kan continuaba su viaje onirico.

Ealido

En la verde penumbra, bajo las copas de los árboles, Ealido volvió a sentirse segura tras la estancia en aquel hormiguero que llamaban ciudad. Hacía tiempo que no estaba allí y resolvió dedicarse a revisar todo.

Para la mujer, el bosque entero se había convertido en su casa, y podía desplazarse por cualquier parte hasta con los ojos cerrados. Fue guardando los objetos que había adquirido en los diversos escondites que tenía a lo largo y ancho del bosque, bien camuflados y a salvo de los animales: era como tener un gran número de despensas, siempre una cerca para guardar o recoger algo. También por el camino revisaba y renovaba las trampas. Utilizaba diversas trampas para cazar, y generalmente sólo los grandes gatos de la selva se atrevían a disputarle las presas; pero al decidir marcharse un tiempo, las había desmontado para no matar innecesariamente. Las trampas que buscaba en ese momento, sin embargo, estaban siempre puestas y eran más complicadas: servían para capturar los seres extraños que se atrevían a meterse en sus asuntos. Así, aunque no lo sabía, colaboraba involuntariamente en la protección de Sulëdaelessar.

Estaba ahora en uno de los escasos claros del bosque, saboreando unos arándanos que había encontrado en una mata cercana, cuando alzó la cabeza, la nariz y el ceño arrugados. El hedor que su inquieta nariz percibía en la floresta era peor que cualquiera de la ciudad que acababa de dejar, y provenía de su derecha, donde había situado una de sus trampas. Al aproximarse fue saludada por un desagradable sonido, que no creía que fuera producido por ningún animal. Al contrario, parecían palabras, y no de buenos modos. Se encontró en la penumbra con un bulto suspendido de una rama, encerrado en una red de cuerdas, y en su centro un par de malignos ojillos brillantes clavándose en ella. El saco que tenía ante su vista se balanceó, produciendo un gran ruido, y sumadas a las palabras expulsó un desagradable salivazo que no le dio por simple suerte. Sin perder la cautela, rodeó el bulto carnoso con curiosidad, e incluso lo tocó con el extremo de un palo largo, a lo que respondió otra buena ración de sonidos iracundos. Parecía estar algo agarrotado, algo normal si llevaba tiempo allí colgado, con las bastas cuerdas clavándosele en la carne. Ealido supuso que aquel enfadado barullo de brazos y piernas era uno de esos seres que los elfos conocían por yrch, y comprendió la poca estima de que gozaban. En el suelo, junto a la raíz del árbol, se encontraba una pesada hacha -pesada para sus manos-, sin duda de la criatura.

Hecil

Una figura solitaria a caballo seguía el lindero del Taurë Nan-Tasariona.

Unas veces admirando el paisaje, otras absorto en sus propios pensamientos Hecil continuaba su camino por el bosque. Hacia ya varios días que había dejado atrás la ciudad, desde que había vuelto parecia como si las cosas se hubieran enfriado, que una eternidad había pasado y todo el mundo se había convertido en un desconocido, en un extraño del cual recuerdas el rostro pero eres incapaz de recordar donde o cuando lo conociste ..…

Las últimas palabras de Manveru resonaron en su cabeza:



-Ealido me dijo que cuando regresaras de tu viaje, fueras al linde del Taurë Nan-Tasariona, a seis días de viaje de aquí, al norte, donde el camino se interna en él. Sal del camino por la derecha hasta que llegues a un claro, y ata esto a una rama del castaño del Oeste.

La conversación fue breve y seca, tan poco podía culparle, se había convertido en una carga, y en diversas ocasiones les había metido en muchos problemas, además Hecil le había liberado de aquella carga para siempre…

[….]

Cuando al fin volvió a la realidad, se encontraba muy cerca del lugar descrito por Manveru, si es que no se había perdido, en aquel lugar Hecil se sentía desprotegido, incomodo, un extraño.

Después de colocar la señal, acampo en un claro y encendió una pequeña hoguera, saco una botella de vino, las cartas desgastadas por tanto usos que siempre le acompañaban en sus viajes y comenzó a jugar una partida al solitario…

-Bien ahora tan solo toca esperar – Se dijo a si mismo mientras barajaba las cartas.

[Editado por percebal el 20-12-2005 16:51]

Ealido

Ealido estaba indecisa acerca de lo que debía hacer con aquel ser. No podía soltarlo, ya que era imposible que la criatura anduviera sola: en poco tiempo pondría a sus secuaces al tanto de todo, y ella estaba sola. Dio unos pasos hacia atrás y miró otra vez en contenido de la red. No tenía valor para matarlo allí, colgado, sin que se pudiera defender, aunque fuera un yrch. No se le ocurría otra cosa que dejarlo allí, al menos hasta que pudiera avisar a alguien. Se dio media vuelta y comenzó a caminar por donde había venido, eso sí, recogió la pesada hacha.

Demasiado calmo estaba el ser a su espalda. Percibió un movimiento por el rabillo del ojo, y cuando oyó el bramido, casi no tuvo tiempo de cubrirse tras un árbol cuando el liberado saltó. Había sido demasiado confiada, y en su examen no había notado las sutiles zonas desgastadas que el orco había hecho en las cuerdas. Se había librado de la primera embestida por los pelos, pero aquel ser, a pesar de tener dificultades de movimiento, era más fuerte que ella. Sin embargo, la pequeña mujer silvana era mucho más ágil y rápida, y conocía el terreno. No tenía tiempo de calibrar esto conscientemente, ni de darse cuenta de la desventaja que tenía en la distancia corta, pero su instinto de ser salvaje lo hizo por ella.

Ahora no iba a huir; no podía dejarle suelto y que pudiera traer más de los suyos al bosque. El ser quería arrebatarle el hacha, y a ella el pesado objeto la volvía torpe. Consiguió una mínima ventaja para poder apuntar, como lo hacía con la honda, y con gran esfuerzo envió aquel artilugio por encima de la rama de un árbol, donde quedó clavado. Furioso, el orco, se lanzó contra ella, pero aquella vez lo que voló fue una piedra disparada por la honda de Ealido. El resultado fue una brecha en la frente, de la que manaba sangre negra, pero no consiguió frenarlo.

La persecución prosiguió en los mismos términos por un buen rato, hasta llegar casi al agontamiento de los dos contendientes. Finalmente, la criatura consiguió agarrar a Ealido de un pie y tirarla al suelo. Aun por tierra, la mujer no se rindió y forcejeó con él, que tanteaba una piedra a su lado para golpearla con ella. Ealido vio que era el final, ya no podía moverse y observaba cómo la piedra se levantaba...

En un parpadeo, ya no vio al orco. Sí sintió un aullido, que la hizo dirigir la mirada al otro lado del claro. Lo que vio allí la dejó profundamente impresionada: si bien sabía que existían, sí los había vislumbrado entre las hojas durante sus correrías por el bosque, nunca había podido ver a uno tan cerca- y en movimiento. Había recogido como un fardo al fétido ser, al que previamente había golpeado para alejarlo de Ealido, y se lo llevaba entre sus cada vez más apagados gemidos. Si hubiera podido creerlo, la mujer hubiera dicho que lloriqueaba.

Se puso en pie, y finalmente se dio cuenta de algo: todo lo que había pasado había desbrozado uno de los lados del claro, y allí, tras los arbustos, estaba un rostro familiar ante un fuego. La estaba mirando como si fuera una aparición.

-¡Es... maravilloso!-dijo, y corrió hacia la hoguera, riendo. Se quedó quieta, ya que no recordaba la última vez que se había soltado una carcajada, y le extrañó la sensación que recorría la garganta-¿Habías... habías visto alguna vez uno?¡Era un árbol-que-anda!

Hecil

Hecil se había quedado boquiabierto observando la situación, dejo caer las cartas al suelo y para cuando pudo reaccionar ya tenia a Ealido encima, en su cara se dibujaba una gran sonrisa. Hecil se incorporo y miro a la muchacha, poniéndole la mano sobre el hombro le dijo:

-Cálmate, lo que has visto era un Ent, por estas tierras son comunes o eso he odio.- Hecil hizo una breve pausa mientras observa el rostro de la joven para proseguir – Así que esto es lo que haces en el bosque vagabundear y revolcarte – Mientras le quitaba las hojas y ramas que tenia por el pelo y la ropa debido al enfrentamiento con el orco y el posterior encuentro con el Ent.

Ealido frunció el ceño por unos instantes, Hecil nunca podría entender su modo de vida y parecía que no había cambiado mucho, aunque había hecho un largo viaje para burlarse de su modo de vida.

Hecil suspiro profundamente – Parece que en este tiempo no has cambiado nada, sigues igual de ingenua que siempre – Le dijo en un tono amable – Bueno por donde se va a tu casa – Prosiguió Hecil.

-Mi casa? – Respondió Ealido

-Si, las cuatro paredes, con techo y camita – Le contesto Hecil mientras con las manos se apresuraba a hacer un dibujo en el aire.

-Cualquier sitio, bien resguardado es bueno para pasar la noche, el bosque es demasiado grande para permanecer en un único lugar, y me gusta ir de aquí para lla… Respondió Ealido Risueña…

Los ojos de Hecil empequeñecieron, su rostro se torno pálido y una pequeña lagrimilla le recorrió la mejilla.

Ealido se le quedo mirando y le pregunto si se encontraba mal. Hecil volvió a suspirar ---Ya me imaginaba yo algo así, menos mal que he sido previsor – Se dijo para si mismo.

-Bien pues vayamos a un lugar menos transitado por árboles-que-andan, orcos y otras criaturas del bosque y me pones al día sobre tus aventuras por el bosque – Le dijo Hecil mientras se dirigía a buscar unos fardos que traía con el caballo.

Ealido

Hecil había vuelto con unos cuantos fardos; mientras tanto, Ealido había ayudado a recoger las cosas que estaban cerca de la hoguera y había apagado el fuego. Cuando ya lo tuvieron todo recogido, Ealido encaminó su marcha hacia el norte, y el hombre la siguió. Por el camino, la mujer se detuvo a examinar unas trampas, de una de las cuales sacó un conejo que se colgó del cinturón, y también a recoger algunas hierbas. Despues de un rato, ella por fin habló, mirando hacia arriba.

-Debería explicarte algo. Yo duermo... pero tú no podrás dormir ahí.

-¿Dónde?- preguntó Hecil, mientras volvía su cabeza a todos lados.

-Ahí- y extendió su brazo hacia la gruesa rama de un roble, a unos tres metros del suelo. Hecil palideció.- Ahí no llegan los animales; hago un nido con hojas, como los de los pájaros, y por si me caigo me ato con una cuerda así- y rodeó su cintura con la soga que había sacado mientras hablaba.- Pero no hace falta, no te preocupes; además, quizá la rama no aguantaría tu peso. Este claro es bueno, y hay agua cerca; los animales no se acercan al fuego y estamos en grupo.

Procedieron entonces a montar el campamento: Ealido amontonó hojas secas y las cubrió con su manto para hacerse un colchón, y luego se puso a hacer fuego tras disponer ramas secas dentro de un círculo de piedras.

-Ah, Hecil, ¿podrías ir a por unas cosas?. Sólo tienes que tomar el camino que sale entre esos dos árboles y seguir hasta otro claro, donde hay un... es un árbol muy alto y grande, con hojas en forma de mano. Retira las hojas secas al pie y verás una trampilla: cuando la abras, encontrarás tarros de miel, castañas y... no sé si quedará carne salada. Coge lo que creas que necesitemos y tráelo. Y... por favor, ¿puedes mirar en qué estado están unas ramas que encontrarás sobre la comida?

Se notaba que ella estaba en su elemento. Al contrario que en la ciudad, donde era una muchacha taciturna, asustadiza y de pocas palabras, en el bosque todo parecía estar a su medida, un enorme palacio vegetal en cuyas estancias ella era la castellana.

-Tengo comida...

-Pero no tienes que consumirla toda, si la tengo yo- miró todos los bultos que había dejado Hecil.- ¿En serio necesitas todo eso? Parece que hubieras traido un regimiento contigo...

Hecil

-Bueno ya me temía algo así, y aunque me he despertado en cantidad de sitios extraños - Hecil hizo una pausa para recordar los habitaciones de mala muerte de posadas, cárceles, pajares, esquinas y un sin fin de lugares extraños en los cuales se había despertado después de beber demasiado - No es que me importe dormir al raso, pero prefiero dormir abrigadito.

Después Hecil le lanzo uno de los fardos -Toma mujer pájaro, esto te abrigara un poco más que el lecho de hojas de allí arriba – Ealido desenrollo el fardo con curiosidad, en el se encontraba una variedad de pieles, a modo de mantas, para poder dormir más cómodamente y sobre todo mas abrigado-

-Bien ahora iré ha echar un vistazo a tu despensa secreta, tu cuida de la mía. Le dijo Hecil mientras le guiñaba un ojo y dejaba caer el tercer fardo con sumo cuidado. Cuando este toco el suelo, sonó un leve chasquido cristalino.

Después Hecil se encamino en busca del lugar descrito por Ealido, le costo un poco encontrarlo, pues las orientación en el bosque le costaba. Ahora le tocaba encontrar la despensa, Hecil se sintió como un ladrón en busca de la caja fuerte, un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo, agudizo todos sus sentidos y observo con detenimiento el entorno que le rodeaba. Aunque Ealido le había dado instrucciones precisas, la despensa estaba muy bien camuflada…

Al final dio con ella, y puedo recoger los valiosos tesoros que en ella se escondían. Observo el brillo dorado de la miel, pocas veces había visto una miel tan pura.

De repente se escucho un ruido cercano, Hecil recogió rápidamente la miel y un par de trozos de carne. Observo en todas direcciones, pero no vio nada, después se volvió a escuchar el mismo sonido, unos arbusto se movieron y unos ojos brillantes aparecieron de la nada y fueron en la dirección de Hecil.

Un jabalí fue corriendo en la dirección de Hecil, este salio corriendo mientras el jabalí le perseguía, atravesó corriendo el bosque intentando recordar donde estaba el campamento. Al final vislumbro el fuego del campamento.

Ealido los observo desde las alturas.

-Vaya parece que los efectos de las ramas han dejado tener utilidad.

Ealido

La mujer se deslizó con agilidad hasta el suelo, mientras llevaba unos cuantos frutos en las manos.

- ¿Dejaste abierto el hoyo? ¡Ahora el jabalí me lo destrozará.

- No te preocupes, lo he sacado todo.

- Ya veo, ya. Pero aunque no haya comida dentro, ya me puedo despedir de esa despensa- Ealido puso cara compungida.

- Bueno, mi señora, quizá vos os hubiérais detenido a tapar cuidadosamente vuestra despensa... ¡pero yo ya tenía bastante con correr para que el jabalí no me alcanzara!- Hecil se dio la vuelta, tras dejar la comida junto a la hoguera, y se agachó para colocar las mantas.

Ealido, mientras tanto, se dedicó en silencio a pelar los frutos que había recogido del árbol, tras lo cual abrió las liebres en canal y las rellenó con trozos de los frutos. Al cabo de un rato, se arrepintió de haber pensado más en el estado del almacén que en el de Hecil. No estaba acostumbrada a convivir con nadie, y había dejado que una tontería hiciera preocupar a un amigo.

Hecil

Después de extender las mantas se tumbo boca arriba, con las manos sobre la cabeza observando las estrellas, decidió esperar un rato hasta que la situación se calmara un poco; cualquier otra persona hubiera bromeado sobre lo que acaba de pasar, pero Ealido era algo más especial. De vez en cuando echaba una mira furtiva para ver como iban los preparativos de la cena, no tenía mala pinta las liebres que estaba preparando.

Ahora Ealido las colocaba sobre la brasa del fuego, ese sería un buen momento para retomar la conversación, pero debería andar con cuidado. Hecil tomo una vota que tenia en los pertrechos y una botella.

-Sabes que hay algo que a los cocineros nunca les debe faltar mientras cocinan? Dijo Hecil.

-El que, un buen puchero, especies, buenos conejos… respondió Ealido con curiosidad.

-No, no nada de eso, es muy sencillo, el cocinero siempre esta cerca del fuego, por lo tanto nunca le puede faltar la bebida. Explicó Hecil mientras le tendía la vota y la botella, a lo que añadió - ¿Agua o vino?

-Agua, y no intentes liarme. Le respondió Ealido, mientras tomaba la vota para tomar un largo trago, aunque naturalmente comprobó su contenido.

Mientras esperaban que las liebres se cocinen, Hecil intento animar un poco a Ealido, para ello nada mejor que realizar un par de trucos de cartas que había aprendido en sus últimos viajes. Pronto las liebres estuvieron listas y los dos se pusieron a comer, el silencio rodeo y comenzaron a devorar las sabrosas liebres…

Pronto hubieron acabado la cena y llego la hora de dormir, Hecil hecho un par de troncos al fuego para avivarlo un poco más.

-Seguro que no pasara nada esta noche? Pregunto Hecil.

Ealido sonrió – ¿no me dirás que tienes miedo?

-Hombre con esos jabalís rondando por ahí, y las bestias salvajes - En esos momentos se escucho el aullido de un lobo en la lejanía -

-Haremos turnos de guardia, será lo mejor. Respondió Ealido.

-Perfecto, puedes empezar tú si quieres. Dijo Hecil mientras se acurrucaba y se tapaba con las pieles.

Thorjil

Thorjil pudo escuchar sobre el entrechocar de los cascos de su montura un aullido. Tiró de las riendas de su caballo y miró el cielo, esperaba ver una señal que seguir para encontrar a Hecil mas nada sucedió en el firmamento.

Decidió seguir cabalgando, seguramente averiguaría donde se hallaba Hecil si llegaba a la ciudad esa misma noche... o , lo mas tardar, a la mañana siguiente...

Tomó un trago del jarabe y sonrió... aun le quedaban suficientes dosis como para aguantar dos semanas, tiempo de sobra para encontrar a su compañero.