La Guerra de los Clanes

Orod Eressëa Y Lad Echor

Escribiéndose...
Escrito el 11-11-2004 18:38 #1

Al sur del Lad Echor se alza Orod Eressëa; no es un monte de gran altitud, pero debido a lo llano que es el terreno que la rodea, desde su cima se pueden ver los confines de las tierras del Concilio de Nan-Tasarion en el norte; se dice que algunos elfos con vista penetrante pueden ver Carcimbar, Losselen Tirion e incluso adivinar la localización de Sulëdaelessar (si sabían por donde debían buscar).

El lugar es realmente hermoso, allí al final de las planicies del Lad Echor se alza orgulloso un cerro. Bajo su superficie una infinidad de riachuelos fluyen buscando una salida, salida que al fin encuentran dando lugar al río Randir que fluye al este en busca del mar. Dicho río nace de un lago que se encuentra casi en la cima de la montaña, el lago se halla cercado en el sur y en el oeste por paredes casi verticales de las que de vez en cuando surge una pequeña cascada que recibe el día con un bonito arco iris. Ocultas en esas paredes hay escaleras y caminos que conducen a la cima desde donde la vista es totalmente asombrosa sobre todo en la salida o la puesta del sol.

Buscando una protección contra la Sombra que se alza al norte de las tierras del Concilio, varios exploradores llegaron a Orod Eressëa. Con gran trabajo consiguieron ascender hasta el lago desde donde podían vigilar casi todos los rincones al norte y al este de su posición; pero ellos querían una visión de todas las tierras de debajo…

Tras varios intentos por escalar los muros verticales de la montaña encontraron una serie de cuevas muy estrechas pero que parecían haber sido utilizadas varios años atrás. Viendo que la escalada era casi imposible, decidieron investigar esas cuevas para ver a donde llevaban; el viaje fue terrible y estuvieron a punto de morir en varias ocasiones ya fuese por abismos con bordes resbaladizos que se abrían a sus pies o por que creyeron perderse en ese laberinto.

Por fin encontraron lo que parecía el resto de un fuego y un arco hermosamente tallado en la cueva, pasaron bajo él y enseguida salieron fuera de la montaña; una verde pradera llena de flores rojas y blancas se extendía ante ellos. El viento soplaba con gran fuerza allí arriba, en la cima de Orod Eressëa, así que con mucho cuidado se acercaron al borde del barranco y ante sus ojos vieron extenderse el hermoso Taurë Nan-Tasariona hasta donde se confundía el horizonte.

Cuando giraron y se acercaron al otro extremo de la pradera pudieron ver unas extrañas ruinas, en la punta más al norte se hallaba lo que parecía un enorme asiento de piedra gris coronado con un gran ave con las alas extendidas.

-Este será un buen lugar para vigilar que nadie nos ataque desde el norte… lástima que no haya más asientos así alrededor de este lugar –comentó uno de los exploradores.

Una exploración más profunda descubrió los restos de al menos otros cuatro asientos.

Los exploradores regresaron a presentar sus descubrimientos al Concilio y Silme decidió viajar hasta allí y encargarse de la construcción de una ciudadela. La elfa pudo llevarse a varios constructores que ya habían terminado con la reconstrucción de Sulëdaelessar y Puertas del Fin.

Los exploradores le mostraron el lago y la cima y finalmente se concluyó que en la cima se construiría una atalaya que nunca estaría vacía y desde la que se vigilaría en todo momento las tierras de alrededor; sería allí donde se encendería una gran hoguera en caso de ataque para avisar a los soldados que guardan el linde norte del Nan-Tasariona para así organizar una buena defensa desde Sulëdaelessar y que nadie consiguiese llegar a Puertas del Fin o al mismo bosque. Pero los soldados de la atalaya no estarían solos, en las aguas del lago se construiría una ciudadela, al estilo de Puertas del Fin pero mucho más pequeña, donde pudiese vivir un regimiento de soldados al cargo del cual estaría la misma Silme.

Así comenzó la construcción del que sería el último gran refugio del Concilio de Nan-Tasarion