El Último Rincón del Concilio
El Concilio se había reunido como era su costumbre pero esta vez se había tratado un tema nuevo.
El gobierno del Concilio era aceptado de buen grado por todos los habitantes que veían con temor cómo la oscuridad crecía en el norte, pero desde la llegada de los misteriosos extranjeros a las tres ciudades de la región, esa oscuridad rara vez se acercaba al río Randir y a Lad Echor y menos aún desde la construcción de Orod Eressëa. Enviados por el Concilio, elfos y humanos visitaban todos los puntos de la región, excepto lo que irónicamente llamaban “Mellontaurë”.
Según los mapas Taurë Mänalda quedaba dividido en dos partes por la línea fronteriza, una parte quedaba al sur de Puertas del Fin y era bastante transitada por los extranjeros que llegaban al Concilio, pues lo usual es que se quedasen en aquella ciudad, sobre todo si se trataba de personas importantes; aquella región había sido remodelada y mejorada los últimos años.
La otra parte quedaba varias millas al oeste de Telda Minya, la zona meridional también era visitada por extranjeros y en ella crecían hermosos árboles y plantas. Pero a medio camino entre el Puente de Telda Minya y el Vado del Aewenlorin, el bosque se retiraba hacia la frontera y tan sólo un estrecho pedazo de bosque concernía al Concilio; era allí, en los lindes de esa pequeña región boscosa, donde se encontraba “Mellontaurë”.
Mellontaurë era una zona en la que convivían siete pequeñas poblaciones muy antiguas todas al oeste del Camino Principal que va de Telda Minya a Puertas del Fin, la mayor se llama Im-Morchaint y es la que se encuentra más al norte y la que recibe más visitas, al sur de ésta se encuentran Thúlegirith, Annondirnen, Gorundomë, Rúnyarnoeniad, Mendhuinë y Glingurtha.
A ninguna de ellas había llegado nunca ningún Emisario del Concilio, por lo que esa zona seguía sin ser reconstruida y bien protegida, y ningún miembro del Concilio conocía cuales eran sus necesidades.
-Eso no puede continuar así. Debemos ir hasta allí y ayudar a aquellos habitantes que tienen tantos derechos como los que viven en Telda Minya.
-Ningún Emisario quiere ir hasta allí, y eso que el Camino Principal que va de Telda Minya a Puertas del Fin pasa muy cerca. Han debido pasar por la zona cientos de veces pero nunca se han detenido en ningún pueblo.
-Pues tampoco conocemos a ninguno de los que allí viven, ni siquiera a familiares o amigos cercanos. Son un grupo de gente muy cerrado.
-Lo cual no es de extrañar, ya que nadie más quiere acercarse a sus casas. No creo que ellos hayan visitado tampoco ninguna otra ciudad cercana.
-Tampoco hay muchas poblaciones por allí, media docena más a lo sumo... la mayor parte viven a este lado del Aewenlorin.
-Si ningún Emisario quiere ir, la solución más sencilla es que vayamos alguno de nosotros; no podemos esperar más tiempo, por allí pasa el Camino Principal que lleva directamente al puerto libre de Eärráme, atraviesa el norte de Taurënúva pero esa zona no pertenece a nadie. Eärráme es importante porque es el único puerto que podemos usar libremente en la costa occidental, Hisiëlondë queda muy lejos y tenemos que atravesar territorio de Tercano Nuruva o de Telpe.
-Si vamos a atravesar las tierras de Mellontaurë veo lógico que antes vayamos a darles la noticia y a ofrecerles nuestros servicios...
-Es lo mínimo que deberíamos hacer... aunque debíamos haberlo hecho antes.
-Hemos estado tan ocupados en las cuatro ciudades y en Orod Eressëa que lo pasamos por alto, pero ya le llegó el momento a aquellos pobres habitantes tan incomunicados del resto... pronto poseerán una buena comunicación, el terreno que separa Im-Morchaint de la Encrucijada Principal es pequeño, no tardaremos en ampliar el Camino.
-Pero antes alguien debe ir allí para conocer cómo es todo aquello y qué es lo que más conviene.
-Además tenemos que darnos a conocer, y creo que también sería conveniente construir allí alguna vivienda para nosotros, así iríamos más a menudo.
-Bueno, bueno... no vayamos tan deprisa. En cuanto los constructores que enviamos a Orod Eressëa regresen prepararemos el viaje a Mellontaurë.
Pasaron un par de semanas hasta que todo estuvo listo, un batallón de constructores, picapedreros, mamposteros y demás artesanos comenzaron su viaje hacia el Mellontaurë guiados por tres miembros del Concilio: Iorethil Lindisse, Silme y Eärondûr Rangilion.
Antes de salir del Taurë Nan-Tasariona hubo un pequeño incidente, un tronco de un gran olmo cayó en mitad del camino varios metros por delante del grupo.
-Es una señal, los bosques no quieren que vayamos a Mellontaurë –exclamó un artesano.
-Tonterías, este árbol ha caído porque llevaba ya un tiempo muerto, la tormenta de anoche debió terminar de partirlo –respondió Eärondûr intentando sonar convincente-. Estos Humanos y sus supersticiones... si el bosque no quisiera que fuéramos allí creedme que lo habríamos notado hace tiempo y no ahora a menos de diez millas del final.
El viaje continuó sin problemas, cruzaron el Aewenlorin con las barcazas del Vado y enseguida se internaron en Mellontaurë. Al anochecer ya habían llegado a Im-Morchaint, justo para contemplar su famoso “encendido de antorchas”. Los habitantes poco acostumbrados a recibir visitas acomodaron como mejor pudieron al numeroso grupo que acababa de llegar. El representante del pueblo había prometido reunirse con Silme, Iorethil y Eärondûr al día siguiente, los elfos pasaron la noche en una pequeña y acogedora casa en las afueras del pueblo, una de las más cercanas a Taurë Mänalda.
-El bosque es realmente muy antiguo –susurró Iorethil.
-También es cierto que hay algún poder en su interior... puedo notarlo levemente. No sé si es bueno o malo, pero algo habita en él.
-Es posible que pronto nos encontremos con ese poder, los artesanos no nos acompañarán pero nosotros debemos entrar en el bosque para buscar la mejor zona y poder abrir el camino.
-¿Tendremos que ir hasta el otro extremo del Taurënúva?
-No, en principio sólo hasta los límites del Concilio. Luego enviaremos exploradores, más allá de Mellontaurë la gente sí se atreve a adentrarse en el bosque.
-No sé por qué la gente tiene tanto miedo, esa oscuridad de la que hablan las leyendas es tan lejana como el reino de Morgoth... ¡Iorethil rápido, mira esto!.
En los lindes del bosque una pequeña figura corría mientras recogía algo del suelo.
-Parece un enano –respondió la elfa.
-Un enano que sale de un bosque presuntamente deshabitado... muy extraño, iré a ver.
-La puerta está cerrada con llave, acuérdate.
-Saldré por la ventana.
-Puedes asustar a los vecinos y conseguir que te ataquen. Mejor quédate aquí, mañana les preguntaremos a ellos, igual es algo normal por aquí.