La Guerra de los Clanes

Taurë Mänalda Y Mina Del Enano

Escribiéndose...
Escrito el 11-11-2004 18:39 #1

Taurë Mänalda

Una pequeña región nororiental del gran Taurënúva que se extiende en las tierras fronterizas del Concilio de Nan-Tasarion, al sur de Puertas del Fin, al oeste de Telda Minya y siempre en el lado meridional del río Aewenlorin.

Menos frondoso que el Taurë Nan-Tasariona pero igualmente desprovisto de caminos definidos es una región poco explorada.

De aquí partieron las hordas orcas antaño cuando atacaron la naciente Telda Minya, los habitantes de aldeas cercanas que se asentaron tras esa guerra contaban que extraños hombres y elfos lo habitaron, y cuentan antiguas leyendas de tiempos más oscuros cuando el bosque era más sombrío y de él emanaban lóbregas nieblas. Aquellas aldeas crecieron con un gran respeto y temor hacia el bosque pues aunque parecía infestado de seres oscuros se decía entonces que en el corazón del mismo se erguía un gran árbol de corteza dorada y hojas plateadas, más alto que el resto y del que se decía caía un rocío que brillaba por sí mismo y era capaz de curar heridas.

Con el paso de los años el poder del bosque fue disminuyendo (o haciéndose más sutil) y las leyendas fueron convirtiéndose en “curiosos cuentos de viejas” que servían para asustar a los niños y evitar que se perdieran en el interior del bosque. Pero aún así las aldeas circundantes tienen curiosas costumbres que no se dan en ningún otro lugar de las tierras del Concilio, en tiempos de paz ninguna población cierra con llave sus puertas excepto en Im-Morchaint que es la aldea que se encuentra justo en los lindes del bosque, allí donde termina el camino que lleva al Vado del Aewenlorin; en las poblaciones cercanas a los lindes del Taurë Mänalda cuando se pone el sol se encienden unas antorchas con hierbas aromáticas que según las creencias antiguas son una especie de ritual más que una protección contra los seres de la noche, también existían antiguamente otras extrañas tradiciones que ya no se llevan a cabo.

Pero sean reales o no las leyendas, lo que sí es real es que el Taurë Mänalda es uno de los lugares más desconocidos y con más poderes antiguos de toda la región del Concilio de Nan-Tasarion.

Escrito el 11-11-2004 18:42 #2

El Último Rincón del Concilio

El Concilio se había reunido como era su costumbre pero esta vez se había tratado un tema nuevo.

El gobierno del Concilio era aceptado de buen grado por todos los habitantes que veían con temor cómo la oscuridad crecía en el norte, pero desde la llegada de los misteriosos extranjeros a las tres ciudades de la región, esa oscuridad rara vez se acercaba al río Randir y a Lad Echor y menos aún desde la construcción de Orod Eressëa. Enviados por el Concilio, elfos y humanos visitaban todos los puntos de la región, excepto lo que irónicamente llamaban “Mellontaurë”.

Según los mapas Taurë Mänalda quedaba dividido en dos partes por la línea fronteriza, una parte quedaba al sur de Puertas del Fin y era bastante transitada por los extranjeros que llegaban al Concilio, pues lo usual es que se quedasen en aquella ciudad, sobre todo si se trataba de personas importantes; aquella región había sido remodelada y mejorada los últimos años.

La otra parte quedaba varias millas al oeste de Telda Minya, la zona meridional también era visitada por extranjeros y en ella crecían hermosos árboles y plantas. Pero a medio camino entre el Puente de Telda Minya y el Vado del Aewenlorin, el bosque se retiraba hacia la frontera y tan sólo un estrecho pedazo de bosque concernía al Concilio; era allí, en los lindes de esa pequeña región boscosa, donde se encontraba “Mellontaurë”.

Mellontaurë era una zona en la que convivían siete pequeñas poblaciones muy antiguas todas al oeste del Camino Principal que va de Telda Minya a Puertas del Fin, la mayor se llama Im-Morchaint y es la que se encuentra más al norte y la que recibe más visitas, al sur de ésta se encuentran Thúlegirith, Annondirnen, Gorundomë, Rúnyarnoeniad, Mendhuinë y Glingurtha.

A ninguna de ellas había llegado nunca ningún Emisario del Concilio, por lo que esa zona seguía sin ser reconstruida y bien protegida, y ningún miembro del Concilio conocía cuales eran sus necesidades.

-Eso no puede continuar así. Debemos ir hasta allí y ayudar a aquellos habitantes que tienen tantos derechos como los que viven en Telda Minya.

-Ningún Emisario quiere ir hasta allí, y eso que el Camino Principal que va de Telda Minya a Puertas del Fin pasa muy cerca. Han debido pasar por la zona cientos de veces pero nunca se han detenido en ningún pueblo.

-Pues tampoco conocemos a ninguno de los que allí viven, ni siquiera a familiares o amigos cercanos. Son un grupo de gente muy cerrado.

-Lo cual no es de extrañar, ya que nadie más quiere acercarse a sus casas. No creo que ellos hayan visitado tampoco ninguna otra ciudad cercana.

-Tampoco hay muchas poblaciones por allí, media docena más a lo sumo... la mayor parte viven a este lado del Aewenlorin.

-Si ningún Emisario quiere ir, la solución más sencilla es que vayamos alguno de nosotros; no podemos esperar más tiempo, por allí pasa el Camino Principal que lleva directamente al puerto libre de Eärráme, atraviesa el norte de Taurënúva pero esa zona no pertenece a nadie. Eärráme es importante porque es el único puerto que podemos usar libremente en la costa occidental, Hisiëlondë queda muy lejos y tenemos que atravesar territorio de Tercano Nuruva o de Telpe.

-Si vamos a atravesar las tierras de Mellontaurë veo lógico que antes vayamos a darles la noticia y a ofrecerles nuestros servicios...

-Es lo mínimo que deberíamos hacer... aunque debíamos haberlo hecho antes.

-Hemos estado tan ocupados en las cuatro ciudades y en Orod Eressëa que lo pasamos por alto, pero ya le llegó el momento a aquellos pobres habitantes tan incomunicados del resto... pronto poseerán una buena comunicación, el terreno que separa Im-Morchaint de la Encrucijada Principal es pequeño, no tardaremos en ampliar el Camino.

-Pero antes alguien debe ir allí para conocer cómo es todo aquello y qué es lo que más conviene.

-Además tenemos que darnos a conocer, y creo que también sería conveniente construir allí alguna vivienda para nosotros, así iríamos más a menudo.

-Bueno, bueno... no vayamos tan deprisa. En cuanto los constructores que enviamos a Orod Eressëa regresen prepararemos el viaje a Mellontaurë.

Pasaron un par de semanas hasta que todo estuvo listo, un batallón de constructores, picapedreros, mamposteros y demás artesanos comenzaron su viaje hacia el Mellontaurë guiados por tres miembros del Concilio: Iorethil Lindisse, Silme y Eärondûr Rangilion.

Antes de salir del Taurë Nan-Tasariona hubo un pequeño incidente, un tronco de un gran olmo cayó en mitad del camino varios metros por delante del grupo.

-Es una señal, los bosques no quieren que vayamos a Mellontaurë –exclamó un artesano.

-Tonterías, este árbol ha caído porque llevaba ya un tiempo muerto, la tormenta de anoche debió terminar de partirlo –respondió Eärondûr intentando sonar convincente-. Estos Humanos y sus supersticiones... si el bosque no quisiera que fuéramos allí creedme que lo habríamos notado hace tiempo y no ahora a menos de diez millas del final.

El viaje continuó sin problemas, cruzaron el Aewenlorin con las barcazas del Vado y enseguida se internaron en Mellontaurë. Al anochecer ya habían llegado a Im-Morchaint, justo para contemplar su famoso “encendido de antorchas”. Los habitantes poco acostumbrados a recibir visitas acomodaron como mejor pudieron al numeroso grupo que acababa de llegar. El representante del pueblo había prometido reunirse con Silme, Iorethil y Eärondûr al día siguiente, los elfos pasaron la noche en una pequeña y acogedora casa en las afueras del pueblo, una de las más cercanas a Taurë Mänalda.

-El bosque es realmente muy antiguo –susurró Iorethil.

-También es cierto que hay algún poder en su interior... puedo notarlo levemente. No sé si es bueno o malo, pero algo habita en él.

-Es posible que pronto nos encontremos con ese poder, los artesanos no nos acompañarán pero nosotros debemos entrar en el bosque para buscar la mejor zona y poder abrir el camino.

-¿Tendremos que ir hasta el otro extremo del Taurënúva?

-No, en principio sólo hasta los límites del Concilio. Luego enviaremos exploradores, más allá de Mellontaurë la gente sí se atreve a adentrarse en el bosque.

-No sé por qué la gente tiene tanto miedo, esa oscuridad de la que hablan las leyendas es tan lejana como el reino de Morgoth... ¡Iorethil rápido, mira esto!.

En los lindes del bosque una pequeña figura corría mientras recogía algo del suelo.

-Parece un enano –respondió la elfa.

-Un enano que sale de un bosque presuntamente deshabitado... muy extraño, iré a ver.

-La puerta está cerrada con llave, acuérdate.

-Saldré por la ventana.

-Puedes asustar a los vecinos y conseguir que te ataquen. Mejor quédate aquí, mañana les preguntaremos a ellos, igual es algo normal por aquí.

Escrito el 22-11-2004 16:56 #3

El día amaneció húmedo y neblinoso, más gris que de costumbre entre esas casas de granito; los tres elfos asistieron a la solemne ceremonia de apagado de las antorchas y enseguida les fue servido el desayuno, no hablaron demasiado pues todo había sido dicho durante la noche.

Tras el desayuno fueron llevados a una amplia sala de piedra, decorada con tapices y alfombras pero sin chimenea, por lo que los miembros del Concilio no se quitaron sus capas. Pronto entró en la sala un hombre anciano ataviado también con una gruesa capa de piel.

-Perdonad el frío, pero casi nunca recibimos visitas y mucho menos en esta época del año... las únicas visitas que llegan a Im-Morchaint vienen a ver la Ceremonia del Solsticio al comienzo del verano. Aunque realmente casi nunca son tan numerosas como para tener que utilizar esta sala...

-Realmente recibís pocas visitas si llamais numeroso a un grupo de tres elfos -comentó Iorethil.

-Oh no... no os hemos traido aquí por ser numerosos... la razón es porque esta es la sala más hermosa de toda la región y creímos conveniente recibiros aquí ya que sois miembros del Concilio Principal.

-No era necesario, no necesitais tratarnos con tales honores pues sólo hemos venido a traeros la ayuda que se acordó con vuestros pueblos cuando os unisteis al Concilio -respondió Eärondûr.

-Perfecto, perfecto... ya habíamos pensado que se habían olvidado de nosotros, como de costumbre.

-Tuvimos problemas para enviar a los Mensajeros del Concilio... y eso que el camino Principal de Telda Minya y Puertas del Fin pasa a menos de una milla de las puertas de la ciudad...

-Estamos acostumbrados a que nadie se nos acerque... nosotros mejor que nadie sabemos que algo se esconde en el Taurë Mänalda, pero hace siglos que nada sale de él... si fuese peligroso ya nos habríamos ido, pero no lo es... no lo es si no molestas a los seres del bosque... nosotros no lo hemos hecho nunca y por eso no hemos tenido ningún problema...

-Eso va a suponer un contratiempo -interrumpió Eärondûr-, además de los constructores que han venido con nosotros dentro de unos días llegarán más para construir un buen camino para llegar a Eärráme... el camino será continuación del que cruza el Vado del Aewenlorin y llegará hasta aquí para luego atravesar el Taurë Mänalda por el norte del nacimiento del Sîrfalle y llegar hasta el valle entre las Orod Oiolossë y las Montañas Grises...

-No no no, no por el Taurë Mänalda -exclamó el anciano realmente indignado-. Eso supondría la muerte para cualquiera que viajase a Eärráme y además volvería al bosque en nuestra costa y no tenemos otro lugar a donde ir. Busquen un camino en otro lugar...

-No lo hay, este es el camino más corto... los demás dan un rodeo innecesario para no entrar en territorios que pertenecen a otras gentes. La forma más corta de unir Sulëdaelessar con la costa occidental de Haldanóri es esta,a través del Taurë Mänalda...

-Imposible... no quiero parecer descortés pero... vayan a la capital y diganle al Concilio que no, por aquí no pasará ningún camino... aunque eso suponga que se lleven a los constructores.

-No se preocupe -dijo Silme mientras se levantaban-. Por ningún motivo les retiraríamos nuestra ayuda, los obreros se quedan y harán lo que le pidais. Nosotros partiremos a Telda Minya a convocar un Concilio.

-No -interrumpió Eärondûr-. Pronto será la Feria de Telda Minya, mejor será que convoquemos el Concilio en Puertas del Fin... será más seguro.

Los tres elfos, se despidieron de los obreros y del anciano y pusieron rumbo al norte, hacia Puertas del Fin.

Escrito el 22-11-2004 18:08 #4

En el Bosque

Los tres elfos ya se habían alejado varias millas del pueblo, Silme e Iorethil habían estado hablando de lo extraño que había sido todo cuando Iorethil le preguntó a Eärondûr sobre el Concilio que iban a convocar.

-No habrá ningún Concilio en Puertas del Fin -respondió el elfo.

-¿Has engañado a los habitantes del pueblo?

-Ya estamos lo suficientemente lejos... no habrá Concilio por el momento, antes de abordar el tema del Taurë Mänalda debemos conocer todo lo que nos sea posible. Silme regresa a Sulëdaelessar y busca en los libros cualquier referencia al bosque.

Si encuentras algo envíalo a Telda Minya... envíamelo a mí y si a mí no me encuentra el mensajero que lo deje en las Casas de Curación para Iorethil... sí eso será lo mejor.

-De acuerdo, el Vado no está muy lejos, tardaré dos días en llegar... Espero que no os pase nada a vosotros.

-Tranquila, estaremos bien. Y pase lo que pase no le digas a nadie qué estamos haciendo... si alguien pregunta diles que estamos en Puertas del Fin, allí siempre hay mucha gente... Ve con cuidado.

Tras despedirse de Silme,Iorethil y Eärondûr giraron y se internaron en el Taurë Mänalda. La tarde se fue volviendo oscura y una especie de niebla flotaba entre los árboles. Unas extrañas sombras comenzaron a aparecer al anochecer y eso inquietó a los elfos.

-¿Crees qué ha sido buena idea el entrar al bosque? -preguntó Eärondûr.

-Siendo idea tuya lo raro es que sigamos vivos... pero ¿por qué te haré yo caso siempre?

-Ssshh, mira allí... es igual que el enano que vimos anoche.

-Lo de anoche no era un enano...

-Es igual... era igual que eso. Vamos a por él

Los dos elfos comenzaron a correr detrás de aquella sombra que pese a la agilidad de los elfos nunca conseguían alcanzar. Por fin, tras una larga carrera llegaron a la orilla de una laguna. El agua era fría y oscura, la laguna parecía carecer de vida y unas pequeñas luces brillaban en su fondo, mirando con detenimiento parecían lejanas antorchas que se dirigían hacia la otra orilla; entonces comenzó a soplar el viento y a los elfos le pareció oir lejanos sonidos, viejas canciones ya olvidadas, voces ya muertas...

La luna llena asomó tras las nubes y aquella oscura niebla se desvaneció. Los elfos alcanzaron a ver la otra orilla y allí se erguía una vieja y pequeña construcción de madera y piedra, la planta era redonda y en parte estaba excavada en una roca de granito. Desde cualquier otro lugar era imposible contemplar esa construcción, pues se encontraba rodeada por densos árboles y un poco más lejos por riscos escarpados.

En uno de los lados de aquel edificio algo relucía con brillos azules y verdes, así que los elfos decidieron rodear esa laguna y dirigirse hacia aquella extraña torre.

Escrito el 22-11-2004 18:08 #5

Iorethil llegó primero ante aquella luz, Eärondûr se había retrasado por contemplar la puerta de aquel torreón. Entonces Iorethil llamó al elfo.

El objeto que brillaba era una esfera de cristal que se encontraba engarzada en las manos de una escultura que representaba un horrible ser.

-Supongo que éste debe ser \"el Rauko\"...

-¿Qué Rauko? -preguntó Iorethil.

-En la entrada a la torre hay una inscripción en quenya \"Barad Rauko, entrada a Nolëmoth. Hogar de los poseedores del Saber Antiguo, Turendirion\"

-Qué extraño una inscripción en quenya por aquí...

-Más extrañas son las inscripciones que hay pintadas sobre las letras originales, han tachado Nolëmoth y han puesto Daguir Nolëmoth. Además han añadido: \"poseedores del Saber Antiguo por el cual se volvieron oscuros y murieron vílmente\".

-Este lugar comienza a inquietarme...

-Tienes razón... ayúdame a coger esa esfera, se la enseñaremos a Silme a ver si ella sabe qué es.

Cuando los dos elfos tocaron la esfera algo ocurrió pues en sus mentes aperecieron imágenes de un oscuro pasado: un ser poderoso intentaba esclavizar a elfos y hombres, una terrible batalla en un reino subterráneo... un elfo muy anciano y un poderoso Edain. Un pueblo que se reúne alrededor de un Libro... un Libro que los llena de codicia y les hace luchar entre ellos. Finalmente todos mueren y el Libro se pierde en la Oscuridad...

Eärondûr e Iorethil consiguen sacar la esfera y entonces se desata una terrible tormenta, así que los dos elfos deciden resguardarse dentro de la torre.

-Ese libro ya lo había visto antes... -comentó Iorethil.

-Lo sé, es el que me describiste en el Pelargir antes de iniciar el viaje... yo también lo vi...

-¿Oyes eso?

-Sí, la tormenta de fuera es terrible... escucha cómo revuelve las aguas de la laguna...

-No... suena más bien como una gran cascada, pero bastante lejos...

Iorethil levantó entonces unas tablas del suelo y descubrieron unas escaleras. Ambos descendieron y atravesaron una larga galería excavada en la roca varios metros por debajo de la superficie y llegaron ante una imponente puerta de piedra que se encontraba entreabierta; los elfos la atravesaron y se hallaron en lo alto de lo que parecía que había sido una gran ciudad de piedra construida bajo una imponente cúpula de roca que se alzaba varios metros sobre ellos. A ambos lados de la entrada había edificios de piedra y delante de ellos, construida en un nivel inferior de la ciudad se erguía una enorme torre de piedra verde y azul en cuya cúspide algo brillaba con una potente luz, y era esa luz la que iluminaba toda la ciudad bajo la cúpula de piedra.

Bajaron al nivel de la torre y pudieron ver un hermoso templo construido en una elevación a una orilla de la ciudad, entonces se asomaron en lo que parecía un mirador y pudieron contemplar la cascada que se encontraba a un lado de la ciudad, unos cuantos metros más allá del templo; toda la ciudad se encontraba rodeada de agua.

Eärondûr bajó entonces al último nivel de la ciudad y contempló de cerca un pequeño faro y el puerto con un par de barcas en él; además de ver un extraño edificio con los cristales oscuros.

-Eärondûr -gritó Iorethil desde el mirador-. Deberíamos regresar y ver qué ha descubierto Silme... además de investigar sobre esta ciudad y sobre la esfera del Rauko.

Los dos elfos salieron de la ciudad y regresaron al torreón, cuando salieron al exterior ya había acabado la tormenta y había amanecido. Un aire renovado se podía respirar en el bosque, como si la tormenta se hubiese llevado la oscuridad, ahora cantaban los pájaros y se podía escuchar a animales corriendo por el bosque... y no había rastro de esa oscura niebla.

Abandonaron el bosque sin ningún contratiempo y se dirigieron a Telda Minya. En el camino principal se encontraron a mucha gente, la Feria de la ciudad había comenzado.

[Editado por Cudesas el 22-11-2004 18:47]

Escrito el 24-11-2004 00:31 #6

LA MINA DEL ENANO, KHAZÂD-ANGROTH

Tras las puertas de runas lunares que se guardan en el subsuelo de Carcimbar se extiende el gran reino naugrim. Allá en las profundidades, más allá de los ríos y jardines subterráneos y columnas de blanca piedra forjadas por la naturaleza, más allá de los bosques de hongos, y tras las paredes escarpadas de brillante metal, los escalones llegan al reino de enano conocido por los hombres como La Mina del Enano.

Al verla es difícil ver su semejanza con Puertas del Fin. La majestuosidad de sus edificios y estatuas y sus canales por los cuales corre lava en vez de agua, todo era semejante al reino de lo hombres, hasta la oscuridad que envolvió su construcción. Thyr fue el creador de este reino levanto con la ayuda de sus hombres con el fin de construir una morada que pusiera fin al avance de Thauld.

Thauld el Grande se había convertido en una amenaza para los de su raza pues no perseguía otro objetivo que su total destrucción. Thauld era un naugrim alto y poderoso, su estatura era dos metros largos y su musculatura era inmensa y se decía que todo aquel que le hacía frente caía bajo su fuerza y su enorme martillo de guerra.

Llego el día en que Thauld con su ejército de enanos y trasgos llegó a las tierras de Thyr. Bajo un cielo nublado los cuernos resonaron y los tambores ponían en marcha a ambos ejércitos hasta ser sustituidos por el replicar del metal. Thyr y Thauld se encontraron y entre ambos hubo una larga lucha, pero la supremacía de este último acabo provocando una ventaja a su favor. Derribado, Thyr se dispuso a recibir el golpe final, pero antes de caer quiso asestar un último golpe y este fue a parar entre el tobillo y el talón. Con el pie partido el enorme peso de Thauld se vio descompensado y cayó pesadamente al suelo y vio sorprendido como un Thyr más sorprendido aún se alzaba herido y se lanzaba sobre él empuñando su hacha y rebanándole con ella la garganta.

Con la caída de Thauld sus soldados huyeron atemorizados. Como premio por su victoria Thyr obtuvo la paz de su pueblo y el poderoso martillo rúnico de Thauld que guardo en su mansión y la cual paso de generación en generación para defender el reino de las sombras de Morgoth. Gracias a Thyr el reino que creo se preservó y la luz de la lava siguió iluminando una ciudad aún sin derrotar en la cual desde entonces en la plaza principal se alza una estatua que conmemora la derrota de Thauld a manos de Thyr y bajo la cual descansa el cuerpo del rey enano.