La Guerra de los Clanes

La Misteriosa Niebla Y Su Portador

Escribiéndose...
Escrito el 22-11-2004 04:28 #1

Era una noche clara y con una gran luna llena en el cielo, que iluminaba todo el puerto Azdacadar en la ciudad de Ostarie.

Sutilmente, sin que nadie lo notara, una niebla procedente del mar empezó a invadir todo el puerto cegando todo a su paso. En cuestión de minutos apareció como surgido de la nada un pequeño navío y de este desembarco un solo navegante, vestido con una capa gris oscuro, que le cubría desde la cabeza hasta los pies. Llevaba a su caballo por detrás de él, cogido por las riendas.Y montada encima el cuerpo casi inerte de una humana, La cual habia rescatado casi del medio muerta en alta mar.

La darsena el puerto parecia desierta. Entonces la niebla, empezo a disiparse.Cuando de repente del final del puerto apàrecieron, un par de sombras iluminadas por antorchas, acercandose al encapuchado... parecian asustados y sorprendidos a la vez.......

[Editado por NessaAislin el 22-11-2004 05:25]

Escrito el 22-11-2004 20:43 #2

Alier estaba cansado. Había pasado toda la vida viajando en compañía de su maestra, pero en esos momentos se encontraba solo. Trató en vano acomodarse en el banco de madera de la posada en la que se hospedaba. Fuera, la noche envolvía el puerto de Azdakar. El puerto, silencioso a tan altas horas de la noche, no hacía más que recordarle al hechicero su penosa situación: sus últimas monedas se agotaban, y aun le quedaba un largo trecho a pie hasta la portentosa ciudad del dragón, donde debería presentarse con la esperanza de ser admitido. Los rumores de que en la ciudad los sanadores eran bien acogidos eran numerosos. Y ojalá fueran ciertos. De lo contrario, todo aquel penoso viaje habría sido en balde... todo. Por un momento, su mente evocó, como en trance, lo que le había llevado hasta allí. Recordó el destello de luz, en el cuello del dragón. Se recordaba a si mismo gritando el nombre de su maestra, la que por tantos años le había guiado y enseñado. A pesar de conocer la naturaleza del espíritu, Alier había sido incapaz de sobreponerse al dolor, quedando tendido durante horas en el suelo.

La evocación desapareció de su mente. Hacía semanas desde que aquello había ocurrido, junto a las fronteras de Mordor. Pero algo había llamado su atención ahora. Las calles de Azdakar, que hacía un momento se veían a la perfección, se habían cubierto de una espesa niebla. Alier tenía demasiada experiencia en el campo de lo antinatural como para saber que aquella niebla no era algo tan normal como pudiera parecer.

- Simplemente, ha llegado demasiado rápido – murmuró para sí.

Levantándose del incómodo banco, agarró su báculo por el mango y se dispuso a comprobar que es lo que pasaba fuera. Fuera hacía frío. Se envolvió en la túnica lo mejor que pudo y avanzó en dirección al muelle. Allí, entre la bruma, distinguió una silueta: se trataba de un jinete; y pronto distinguió un segundo bulto, colgando en el lomo del caballo. Algo le decía que no había peligro, así que decidió arriesgarse.

- ¿Necesita ayuda? – preguntó.

- Me dirijo a la ciudad del dragón. Acabo de recorrer un largo camino, y llevo a una mujer herida conmigo. – contestó una voz cristalina.

- Déjeme que la ayude, soy sanador.

El hombre desmontó. Entre ambos descargaron el bulto de detrás del caballo, y Alier aprovechó para lanzar una mirada al rostro de tan misterioso individuo. Sus rasgos delicados le delataron. Es un elfo, pensó. Pero pronto centró su atención en lo realmente importante. La mujer que transportaba estaba demacrada, probablemente debido a la desnutrición y a la deshidratación. Esta mujer necesita descansar y reponer fuerzas, decidió. Apoyó un dedo en su sien y recitó unas palabras. La expresión adolorida se relajó.

- Ahora necesita comer y dormir algo. De lo contrario no se repondrá. Conozco una posada cercana, si me hace el favor de acompañarme.

- Bueno, porqué no.

La respuesta le pareció a Alier un tanto brusca, pero le bastó. Abriéndose paso entre la bruma, guió de vuelta al elfo, mientras entre los dos transportaban el cuerpo de aquella joven. Pronto pasó por su cabeza un pequeño inconveniente: ¿quién se ocuparía de ella?. A todas luces él parecía mas indicado, puesto que era el sanador, y ambos eran hombres. Pero tal vez el elfo se opusiera. Sin embargo, a aquel individuo no parecía importarle demasiado la suerte de la mujer. Cansado, se dispuso a comunicarle al elfo que debería pagarse su habitación, ya que en la suya no habría espacio para los tres, pero cuando lo iba a hacer ya se le había adelantado.

- Valoro mucho mi intimidad. – Alegó como única explicación ante la extrañada mirada de Alier.

Éste, sin embargo, no le dio importancia. La salud de aquella dama le preocupaba más. Acostándola en la única cama de la alcoba, se dispuso a invertir sus escasos fondos en otra cena.

Durante toda la noche anduvo pendiente del bienestar de la muchacha, preguntándose como habría ido a parar allí, y que (o quién) la habría dejado en tan deplorable estado. Mañana obtendremos las respuestas a las preguntas, se dijo.

Escrito el 23-11-2004 04:50 #3

A la mañana siguiente el encapuchado les llevo el desayuno a la mujer y al sanador....

La capucha la cubria todo el rostro y solo se veian los ojos y algo la boca.Como un susurro el ancapuchado le pregunto al sanador.

-¿Cual es vuestro nombre?

-Alier .-Digo el sanador mirando al encapuchado con extrañaza...¿Por que habeis traido esto?

-No pregunteis el por que, no es necesario ni siquiera que me lo agredezcais.-Digo el encapuchado, con una leve sonrrisa en los labios.

-Pedidme lo que necesite la mujer y yo lo comprare.-Continuo el.-Teneis la pension pagada los dos por el tiempo que sea necesario.Y avisadme encuanto despierte. Creo que su nombre es Atram.

-Perdonad pero....no os entiendo- Digo Alier sorprendido y levantandose bruscamante de la silla donde estaba sentado...-¿Por que lo haceis?, no se cuando podre pagaros.

-Los favores no se pagan querido Alier.-Contesto el encapuchado. Y mi nombre es Merenwë, Elfo de los Puertos Grises.-Digo el haciendole una ligera reverencia con el tronco, pero si dejar de mirarle a los ojos.

-Si os preguntais a donde me dirigo creo que a donde vos vais...A la ciudad Dragon a presentarme y prestar mis servicios como escriba.He de enviar un mensaje urgente al Rey del Valle con mis credenciales, si lo deseais puedo haceros el favor, de enviar dicho mensaje acompañado por el vuestro Alier.

Escrito el 25-11-2004 20:16 #4

Alier no pudo hacer menos que dedicarle una sonrisa agradecida a su anfitrión. Después de la larga noche que había pasado el cansancio le embargaba, y no tenía ninguna gana de ponerse a pensar en su llegada al valle. Aquel elfo demostraba una admirable generosidad pagándoles a ambos la posada. Pero bueno, si se dirigían al mismo sitio ya tendría tiempo de pagarle.

Merenwe salió de la habitación, momento que Alier aprovechó para dar de comer un poco a su paciente, y, seguidamente comer él algo. Repasando su previa conversación con el elfo recordó un detalle que le había llamado la atención: le había parecido percibir un extraño brillo en los ojos del elfo al referirse al líder del clan, un brillo inusual... para ser un elfo.

Pero algo le acuciaba más. Volvió la mirada hacia la tal Atram. Estaba completamente despierta, mirando con ojos cansados la habitación donde dormía. De repente se alzó, olvidando su semidesnudez, como si hubiera recordado algo. Se vistió a toda velocidad y se dispuso a salir, sin mediar palabra. En el último instante, ya en la puerta, se volvió hacia Alier, y le preguntó:

- ¿Quién es usted?

- Soy Alier, el sanador que se ha encargado de tratarte durante toda la noche.

Sonrió confiada, y le preguntó de nuevo.

- ¿Pertenecéis al Valle del Ingenio?

- No, al menos por el momento. Nos dirigimos a la ciudad del dragón.

- Entonces nos veremos, espero...

Y con una sonrisa, atravesó el umbral de la puerta. Alier, que había esperado poder hacer alguna pregunta más, prefirió en ese momento dejarla marchar sin demora. Había estudiado durante largo tiempo el espíritu de las personas, y sabía reconocer en la mirada de estas cuando algo era realmente urgente. También sabía discernir sin problemas la verdad de la mentira, y no había más que sinceridad y agradecimiento en los ojos de la muchacha. Mi curiosidad puede esperar, decidió. Seguidamente, recogió su cayado y bajó hasta el salón, donde esperaba encontrar al elfo encapuchado. Y allí estaba. Sentado, con el capuchón cubriéndole el rostro, como es costumbre entre los elfos cuando se hallan fuera de sus tierras. Alier se acercó sin dudar y se sentó frente a él. Parecía mirar algo, unos mapas, tal vez.

- Bueno, Merenwe, ¿cuáles son tus planes?

- ¿Mis planes?. -Algo en el elfo delató su inquietud. Pronto se recompuso y su expresión se serenó.

- Si vamos a viajar juntos tendremos que ponernos de acuerdo en cuando saldremos, y demás, ¿no crees?

Alier estaba extrañado de la actitud del elfo. Para cualquier otro, las expresiones del rostro del elfo habrían pasado desapercibidas, pero Alier no era cualquier otro. Tal vez debería decirle que soy mago, pensó divertido. Pero prefirió no hacerlo, ya lo descubriría el elfo por su cuenta. De todas maneras, a Alier le preocupaban muy poco los “planes” del elfo, al menos los que no fueran referentes al viaje.

Por eso, se acomodó en la silla y esperó a que el elfo le expusiera sus intenciones para el viaje.

Escrito el 26-11-2004 06:10 #5

Merenwë pidio al tabernero una buena taza de te y le pregunto a Alier-Min que si deseaba algo mas, mientras comentaban lo del viaje.

-Si, muchas gracias tomare lo mismo que vos.- Digo el sanador,mirando fijamente al encapuchado elfo.

El Elfo pidio una tetera para los dos y extendio hacia Alier-Min el mapa.

-Bien, cuando os canseis de mirarme, os explicare mis planes.-dijo el Merenwë con una sonrrisa de medio lado.

Mientras el posadero les servia las tazas de te con unos bollos dulces, Merenwë le explicava a Alier cual era la mejor ruta a seguir.

-Tendriamos que salir mañana sin demora, los salvo conductos ya salieron hacia la Torre de Cristal. Si acortamos por aqui, llegaremos en dia y medio a Kheled-Zigil y hacer noche alli.Para continuar por las montañas hasta Ciudad Dragon. Para entonces los salvo conductos ya habran llegado y sabran de nuestro interes por ingresar en el Valle.

Alier miro extrañado a Merenwë y le pregunto...

-¿Porque mañana? ¿Porque no hoy?.

El Elfo miro sorprendido a su nuevo amigo y riendo le contesto...

-XDDD ¿Tan pronto os olvidais de vuestra paciante de anoche? Antes de salir de la posada me digo que la esperaramos, que regresaria para la hora de la cena ;-) :-D.

Alier se sorprendio aun mas al oir estas palabras,al observar nuevamente que el aquel elfo esquivo y suspicaz de la noche anterior, hacia honor a la amibilidad que siempre acompaño a su pueblo.

-No pensariais que iba a rescartar a esa dama y abandonarla aqui :-? ¿Verdad? XDDDD

Sin mas dilacion el elfo, propuso a Alier acompañarlo a comprar provisiones para el viaje.

Por el camino a los puestos del mercado, Merenwë calculo todos los gastos y por menores del viaje comentandolos animadamente con su compañero.

-Puedo haceros una pregunta Alier.-Dijo el Elfo miando a Alier atrves de unos espejos que habian en una parada.-¿A que orden perteneceis?¿Y como habeis venido a parar al Valle?.No es necesario que me contesteis ahora, pero me complaceria, saber exactamente con quien voy a viajar de ahora en

adelante.

Se hizo un silencio, casi eterno y sepulcral.Merenwë observo en silencio la mirada alier y poniendole la mano encima le tranquilizo con una mirada que mas que la de un elfo parecia la de........Y espero paciente su respuesta

[Editado por NessaAislin el 26-11-2004 06:12]

Escrito el 27-11-2004 12:53 #6

La mente de Alier ya no estaba allí. Durante toda la noche había estado ocupado, y no había tenido tiempo de pensar, pero ahora su compañero le había devuelto a su lugar. De nuevo los recuerdos acumulados le abrumaban, impidiéndole pensar con claridad.

Se repitió en su mente la frase de su maestra. Evocó, por un instante, la voz de Mairim. Se había dirigido allí por una sola razón: era el deseo de su maestra. Alier miró a Merenwe. Llevaba un rato sin hablar, y el elfo aún esperaba una respuesta.

- Vine aquí porque no tenía ningún otro lugar al que ir. Tomé esa decisión poco después de... -se calló. No estaba seguro de querer contar aquello. -Nunca pertenecí a ninguna orden. He viajado durante años con mi maestra, Mairim, una hechicera. Ella me tomó como aprendiz a los 16 años, y con ella he viajado desde entonces... hasta ahora.

- ¿Y qué fue de ella?

Alier suspiró. Él mismo se preguntaba como podía haber pasado todo aquello. La noche en que Mairim había mencionado por primera vez el Valle del Ingenio, Alier no había prestado atención. Se le antojaba un lugar lejano y poco interesante.

- Pero allí hay montones de sabios –le había dicho su maestra . -Tendrás ocasión de ampliar horizontes y compartir tus conocimientos.

- Es igual. La verdadera sabiduría solo se obtiene viajando, conociendo por ti mismo lo que el mundo te depara. Si nos hubiéramos quedado toda la vida en un aula, ¿habríamos aprendido algo?. No, ese lugar no es para mi.

Sin embargo, Alier no esperaba que los acontecimientos se precipitaran de la forma en que lo habían hecho.

Volvió a mirar a Merenwe, y vio que seguía expectante.

- Fue mi maestra la que me mencionó este lugar. Ella me dijo que me dirigiera aquí si algún día nos separábamos

- ¿Os reencontrareis allí, acaso?

Alier le dirigió una mirada entristecida. La pregunta resultaba a todas luces lógica, teniendo en cuenta que el elfo no conocía el vínculo que existía entre Alier y su maestra. Pero Merenwe parecía haberlo entendido de repente, y no preguntó más. Alier se lo agradeció en silencio.

- No os he dicho mi nombre completo. Mis padres me llamaron Aliam, pero yo lo cambié por Alier. Pero el nombre completo es Alier-mim, en honor a la que me sacó de mi hogar y me enseñó todo lo que ahora sé. La única razón por la que me dirijo al valle del Ingenio es que no tengo ningún otro lugar a donde ir. Mis padres me repudiaron, y ahora me dan por muerto. Mi única razón de ser durante todo estos años ha sido la búsqueda de la sabiduría, y ahora me dispongo a compartir todo lo que he aprendido con aquellos que estén dispuestos a escucharme.

- Y por eso vais al Valle, para aprender y a la vez enseñar ¿me equivoco?

- No, no te equivocas. Y también para no encontrarme con la soledad inevitable que surge de la ausencia del ser más querido. ¿Y en cuanto a ti, Merenwe, cuales son tus razones? Pues si no recuerdo mal, venís de muy lejos, de los puertos grises me dijiste.

Ahora le tocaba a Merenwe desvelar parte de sus secretos.

Escrito el 30-11-2004 06:37 #7

Merenwë miro a Alier-Min con una sonrrisa en los labios, mientras paga en la ultima parada.

-Mi querido amigo, no querais saber lo que de moento nos os puedo desvelar.

Solo os puedo decir que si mi viaje hasta qui ha sido varios años y que yo tambien soy algo asi como un desterrado.

Le mirada del Elfo se puso girs y melencolica al mirar al puerto.Parecia recordar cosas que le provocaban dolor y ternura la mismo tiempo...

Entonces, mirando a Alier le contesto con una mirada algo extraña y una voz diferente......-Las cosas a veces no son lo que parentan ser...No os fieis nunca de las apariencias ;-).

Alier quedo muy contrariado y confuso por las palabras de Merenwë.Y aunque no se conformo, con lo que el elfo le habia contado, guardo silencio, esperando mejor ocasion para averiguar mas sobre aquel extraño elfo.

Dicho esto, se dieron cuenta que ya habia pasado la hora de comer en la posada y que no encontrarian nada que comer alli.Asi que muy amablemente Merenwë le digo de subir a su barco y comer algo alli.

Mientras Merenwë gisaba un conejo con papas,Alier se puso a curiosear por el pequeño barco.

-¿Cuanta tripulacion habia en el barco? Le pregunto Alier extrañado.

-No hay mas tripulacion que yo en esta pequeña embarcacion.Solo tiene un mastil y una vela que se lleva desde el timon. A si que como vereis es sencillo de menejar por un ser solo ;-).-Le contesto Merenwë.

-Que habitacion tan extraña teneis....A qui para dormir vos...

El Elfo se rio estrepitosamente XDDDDDD

-Querido Alier, los elfos nunca duermen (o casi nunca) aqui solo descansaba mi caballo y comia yo ;).

Alier se fijo que apartada de la cocina,habia un pequeño divan una mesa y un armario y en el otro lado una especie de establo con unas ventanas para su ventilacion.

Mientras el elfo segia cocinando Alier siguio curiosenado por la nave...

-Tened cuidado amigo mio esta nave es una caja de sorpresas ;-)

-Cuando querais podemos sentarnos a comer .

Escrito el 30-11-2004 20:17 #8

Alier se sentó a la mesa con agrado. Aquel conejo olía exquisitamente, y él llevaba varios días alimentándose a base de trozos de pan duro y raciones de viaje pasadas de rosca, así que agradeció su suerte. Aun así, algo le hacía dudar.

- ¿Desde cuando los elfos cocinan?

Merenwe se rió.

- ¿Qué pasa, que la cocina es algo exclusivo de los medianos?

Alier arqueó las cejas.

- No me has entendido. Me refería a los el-FOS.

Merenwe sonrió.

- ¿Y como pretendes q sobreviva, si viajo solo y no se cocinar?

Alier se encogió de hombros. Lo cierto es que el elfo tenía razón en parte, aunque lo que había dicho era cierto solo en parte. Él durante los años que había pasado viajando nunca había aprendido a cocinar nada que no fueran brebajes y pociones a base de plantas. A decir verdad, nunca había tenido a nadie que pudiera enseñarle. Su maestra nunca había demostrado grandes aptitudes para la cocina. Solían sobrevivir a base de raciones de viaje, que compraban con el dinero que obtenían exhibiendo sus poderes y ofertando sus servicios. A veces se paraban en alguna posada especialmente prestigiosa y aprovechaban para darse un lujo.

Pero de aquello hacía ya meses. Desde la muerte de Mairim, Alier no había dedicado su tiempo a otra cosa que no fuera viajar en aquella dirección. La primera persona a la que había tratado desde entonces había sido a la tal Atram.

- Bueno -concluyó- no es estrictamente necesario saber cocinar, aunque he de reconocer que es útil.

- Sin lugar a dudas.

Acabaron de comer, y Alier salió a la cubierta. Le gustaba el mar. Al igual que cualquier otro paraje natural. Se alegraba de poder estar allí, de haberse librado de la agobiante posada en la que se hospedaba. Al poco rato, Merenwe subió también a la cubierta.

- Me estás haciendo contraer una gran deuda contigo- dijo Alier

- Bah, es lo mismo. No tengo problema con el dinero. Además, seguramente ya tendrás tiempo de pagarme.

- Espero poder hacerlo cuanto antes. Llevo bastante tiempo inactivo, y mis fondos son tan escasos que difícilmente podría mantenerme, de no ser por tu ayuda.

- ¿A que te dedicabas?- preguntó el elfo.

- Era, y sigo siendo, sanador. Solía ofrecer mis servicios a cambio de algo de dinero. Nunca exigía demasiado, pero me iba bien. Es sorprendente lo generosa que puede llegar a ser la gente cuando no se le exige apenas nada.

Merenwe quedó pensativo un instante, como analizando las palabras de Alier.

- Bueno, al menos parece que he elegido un buen candidato al que ayudar- sonrió al fin.

Alier se rió. Aquel elfo era el elfo más raro que había visto en su vida (no es que hubiera visto muchos, todo hay que decirlo), pero le agradaba. Se alegraba de haber encontrado al fin a alguien con quién viajar, después de todo. Por primera vez desde que viera caer a su maestra dejó de sentirse solo, y se sintió agradecido.

- Bueno, dijiste que esta nave era una caja de sorpresas. ¿Hay alguna de ellas que me pueda ser mostrada?- Alier miró a Merenwe con mirada alegre, como esperando algo.

- Ya veremos, amigo mío, ya veremos.

- Bien, como quieras. ¿Puedes al menos ofrecerme algún sitio en el que descansar, o he de volver a mi maloliente habitación en la posada?

- Si, creo que eso si que puedo ofrecértelo, Alier.- Y, seguidamente, condujo a Alier a un pequeño camastro.- Duerme aquí hasta que te canses.- Y se fue.

Pero Alier no pensaba dormir. Sacó de su bolsita un puñado de hierbas que le quedaban, un pequeño mortero, y un pote. Machacó las hierbas y las mezcló con agua, preparando una sencilla receta que había aprendido hacía ya muchos años. Rememoró en ese momento, como en tantos otros, la voz de su maestra aleccionándole sobre aquellas hierbas: “... son muy poco conocidas, pero bastante útiles. Suelen usarse como añadido para los panes de viaje. Entre los herbalistas más sabios aun se discute si tienen o no propiedades mágicas, pero lo que sabemos con seguridad es que nos permiten viajar durante días sin apenas notar cansancio, aunque luego éste sobreviene de golpe, al cabo de 2 o 3 días de dejar de tomar el brebaje que ahora te estoy mostrando...”. Una vez acabado, lo olió para comprobar si estaba en su punto, y lo guardó en la bolsa. Aquel brebaje le había permitido cruzar todo Nurn a pie, sin parar ni un solo día, desde las fronteras del norte hasta Hecilonde. Después de aquello había embarcado en un transporte comercial hasta Nardazda, pero estaba tan agotado que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba en su destino, y el barco le había llevado hasta Azdakar. Esta vez, sin embargo, no tenía intención de tomar aquel potingue. Sabía que aquellas hierbas se pagaban caras, siempre y cuando los compradores supieran reconocerlas. En ese momento se sentía endeudado, y no pensaba parar hasta que hubiera pagado al elfo, dijera lo que dijera éste.

Sin hacer ruido alguno, abandonó la pequeña habitación y se dirigió a la cubierta. Merenwe le vió.

- ¿A dónde vas?- le preguntó

- A trabajar, llevo demasiado tiempo ocioso.

- Estas algo débil, no has dormido bien, tal vez no deberías...

- Es igual, voy a hacerlo, deba o no. Estaré aquí antes de que sea de noche.

Y dicho esto, se fue al mercado.

Escrito el 02-12-2004 03:56 #9

Merenwë miro extrañado como se marchaba Alier...pero no le dio la mayor importancia.

-Espero que no vaya a hacer lo que me imagino :-?-Penso el elfo extrañado.Estas demasiado cansado como para pagar esa deuda que cree tener conmigo....

una vez se aseguro que estaba solo, merenwë bajo a su camaraote.Se quito la capa y mientras calentaba agua con nas hierbas aromaticas, en varias cazuelas para prepararse un baño de agua caliente.El elfo se puso delante de un espejo y lentamente se fue despojando de aquellas ropas que le oprimian, iva cantando con una voz dulce una cancion de su tierna infancia.

Poco a poco, la imagen del elfo se fue transformando.

Primero se desato el cabello, que le llegaba mas abajo de las caderas, luego la cazadora, la camisa y debajo una armadura de mithril, que no permitia que nadie supiera quien habia debajo de toda aquella ropa.-

-Por fin me siento libre (por algunos momentos).- Penso La elfa.

El cabello le cubria sus pechos blancos como la leche, se libero de sus pantalones y hecho el agua en una bañera de hierro que habia oculta debajo de su cama.

-Hay...¿Cuanto tendre que esperar por nuestro encuentro estimado Yandros?-Susurro la elfa mientras se frotada una herida el hombro izquierdo de color negro como el tizon.

-Se que asi, vestida de elfo, ni tu ni el propio Rey de Brujo me reconoceria.pero aun asi tengo miedo de que llege ese dia....Que la gloria de los Valars me protejan, cuando nuestros caminos se vuelvan a cruzar....

Y al decir esto se relajo y se adormecio victima del cansancio acumulado, y de la tension de todo un año si descansar.....

[Editado por NessaAislin el 02-12-2004 03:58]

Escrito el 02-12-2004 20:10 #10

Alier avanzaba por la calle con una expresión de diversión en el rostro. Aun recordaba la mirada extrañada del elfo. Cree que no voy a ser capaz, sonrió para si. El hecho de que su bolsa llevara varios días casi vacía se debía más a su falta de ánimos que a su falta de capacidad para ganarse la vida, pero ahora tenía un buen motivo para salir en busca de riquezas. Mientras avanzaba por las calles del puerto echó una ojeada a su bolsa de hierbas. Estaba definitivamente vacía. Tendré que recoger más por el camino, decidió. Al llegar al mercado se encontró con una escena similar a la que había visto por la mañana. Diversos puestos ofrecían toda clase de productos poco apetecibles, y de baja calidad. Pero Alier ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones. Los mercaderes solían guardar sus mejores mercancías para cuando llegaran los verdaderos compradores.

Alier se aproximó al primer puesto de hierbas que vio, y comenzó a ojear la mercancía que mostraba el tendero con ojos asqueados. Después de mirar un rato, arrugó el gesto, y con una palabra despreciativa se dispuso a marcharse. Pero al instante el tendero le espetó ofendido:

- ¿Algún problema con mis mercancías?- Bien, pensó Alier. Las cosas iban como él esperaba.

- Básicamente uno: no tiene lo que busco. Esas hierbas no servirían ni para prepararle un té a un orco.

La mirada del tendero, antes molesta, se tornó furiosa.

- ¿Ah, no?, seguro. Estas hierbas se venden como la seda. No he tenido ni una sola quejan por parte de ningún cliente, así que digo yo que no serán de tan mala calidad, ¿no?

- Tal vez. O tal vez ningún cliente haya sobrevivido al proceso de ingesta.- Contestó mordazmente Alier. La discusión había subido de tono, y la gente empezaba a contemplar con curiosidad el espectáculo. Por la mirada del tendero, Alier dedujo que probablemente aquel tipo ya había tenido antes problemas con algún cliente. No le gustaba ser el centro de atención.

- Escucha- prosiguió el tendero- no tengo tiempo para energúmenos que no entienden del tema. Por mi puedes decir misa, mis hierbas son de gran calidad.

- Bueno, como quieras.-

Alier se dispuso entonces a visitar el puesto contiguo, probablemente la competencia de aquel vendedor. Sabía de sobra que encontraría algo parecido (si no igual) cuando mirase el puesto, pero también sabía que el segundo tendero no cometería el mismo error que el primero: desdeñar al tipo de la túnica. Sin embargo, en el último instante, el primer tendero le paró.

- Eh, oiga, disculpe mis modales.- dijo, y bajó la voz- Se ve que usted entiende del tema. Puedo conseguirle mejores mercancías si lo desea.

- No busco comprar, busco un comprador. Tengo buena mercancía, de la mejor, pero no se la puedo enseñar a un cualquiera.

- No habla usted con un cualquiera.-dijo el tendero, con el orgullo ya herido.- ni creo que sea tan buena esa mercancía que ofrece.

Aquella era la mejor parte de todas. Alier sacó el frasco, lo abrió, e, instantáneamente, toda el área quedó cubierta de un peculiar olor.

- ¿Sabe usted que es lo que hay en este frasco?- preguntó Alier, a voz en grito.

El tendero dudó. Se paró un instante. Pensó. Y de repente, el dueño del puesto contiguo, oliendo el negocio, gritó:

- Es un elixir del viajante, una joya dentro del mundo de las hierbas. Hay que ser un maestro para prepararlo, un genio para reconocerlo, y realmente rico para comprarlo.

- Exacto.- Alier estaba satisfecho.- Y usted, señor, ¿querría comprarlo?, no necesito mucho, tan solo unas monedas de oro.

- Le daré veinte- dijo en voz baja, y seguidamente, gritando- ¡por treinta monedas de oro, señor, se lo compro!.

Alier recogió las monedas, ante la mirada atónita del primer tendero, y se marchó, mientras la gente rodeaba alegremente el puesto contiguo, pujando por el elixir recién adquirido, así como por las otras muchas hierbas allí expuestas.

Tras su exitosa venta, Alier se dispuso a volver al barco, pero pensó que tal vez Merenwe necesitase algo de intimidad. Y además, pensó, no podía volver tan pronto, o el elfo pensaría que había hurtado aquellas monedas. Así que, al no tener nada que hacer el resto de la tarde, decidió ir a la posada a recoger sus escasas pertenencias.

Caminó tranquilamente por el puerto. Por primera vez, lo observó atentamente con los cinco sentidos. El aire era cálido y estaba húmedo. Olía a pescado, y a aceite quemado, y el humo se colaba por la boca, dejando un sabor desagradable pegado a la lengua. Por todo el puerto corría la sangre de los peces sacados de los pesqueros y destazados en plena calle. Los sonidos predominantes eran los del mar: gaviotas y olas resonaban de fondo, mientras los marineros se comunicaban a gritos.

Al fin llegó a la posada, y subió a su habitación. Al abrir la puerta se encontró a un tipo dentro, curioseando su bolsa con ojos golosos, en busca de algo de valor. El hombre era alto, pero bastante delgado, sin un asomo de músculo en todo el cuerpo. Alier miró divertido al pobre individuo.

- No encontrará nada de valor ahí dentro.

El tipo se volvió sobresaltado, empuñando una ridícula daga. Alier miró el arma con aburrimiento, y continuó hablándole.

- Vamos, no sea ridículo. ¿De verdad va a clavarme eso?. Creo que no conseguiría ni siquiera rasgar mi túnica.- Y, dicho esto, miró al hombre directamente a los ojos.- Pierde usted el tiempo conmigo, no podría dañarme ni aunque dispusiera de un ejército, pero el caso es que no dispone más que de un mondadientes, así que ahórreme el esfuerzo de quitarle de en medio.- Ahora su voz había sonado mucho más grave. Los ojos del ladrón mostraron un inconfundible terror. Soltando la daga, retrocedió hasta la pared, se acercó a la ventana, y se descolgó con agilidad por ella. Tras esto salió corriendo sin volver la vista.

Alier se encogió de hombros. Tomó del suelo el cuchillo, y lo guardó entre sus escasas posesiones. Me será útil, pensó.

Se echó un momento sobre el incómodo camastro, dispuesto a reposar un poco. Su espíritu era fuerte, pero su cuerpo no lo era demasiado, y llevaba toda la tarde pululando por la ciudad. Tras dormitar unos minutos, se levantó, recordando que le había prometido a Merenwe regresar al anochecer. Empaquetó sus cosas, y salió de la posada. La noche empezaba a cernirse ya sobre el puerto de Azdakar, y Alier aligeró el paso. Una cosa era desanimar a un ladronzuelo de poca monta, y otra muy diferente enfrentarse a una banda callejera. Y no es que no fuese capaz de vencerla (había sido capaz de vencer a un dragón ¿qué demonios era una banda callejera?), sino que no tenía ganas de aplastarle el ánimo a nadie más. Ya iban dos personas a lo largo de toda la tarde, y Alier no disfrutaba en absoluto haciendo gala de sus habilidades en esa línea. Al fin, tras una larga caminata, vislumbró el barco del elfo, con alegría. Al acercarse a la pasarela de subida, le vio esperando en la cubierta.

- Ya creí que no vendrías.- dijo sonriente.

- Que poca fe tienes en mi.- respondió Alier, y seguidamente entregó la mitad de las monedas que llevaba al elfo.

- Esto es más de lo que yo te he prestado.- dijo, sorprendido.

- No hay pago posible para la ayuda que me has prestado, Merenwe.- contestó.

- Bueno, ya solo queda que llegue Atram.

- Esperemos que se de prisa, no me gusta esta ciudad.