Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
El Ataque De Los Trolls
2005:02:18:15:31:27
Sildorl
Primera parte (La amenaza de Wolnd)
A unas cuantas millas de la ciudad del desierto, cerca del río Sirtaen, se encuentra la ciudad de Eoroth, una pequeña ciudad fundada solo por hombres que no quisieron vivir mezclados con otras razas.
Estos humanos vinieron de diferentes tierras, buscando un lugar que fuera tranquilo y que no se pensara en matar, así llegaron a Tercano Nuruva, costeando el desierto vieron a lo lejos una enorme ciudad en medio del mismo, fueron bien recibidos por la población de esta ciudad.
Pero igual ellos no se sentían cómodos, así que el líder de ellos, Erothgar, le pidió a Sildorl que les diese un poco de las tierras que están cerca del río para poder instalarse.
Sildorl estuvo de acuerdo en que creasen su ciudad allí en territorio Tercano, con la condición de que le ayudaran en futuras batallas. Erothgar acepto esa condición, aunque no muy gustoso, pero igual crearon su ciudad y su imperio.
Una gran ciudad crearon, pero era pequeña comparada con la gran Ciudad, y en el medio de ella un gran castillo al que llamaron Eoroth, donde sus Salones fueron los más lujosos y más hermosos del lugar.
Poco después de inaugurarse el lujoso Salón de la ciudad, - quizás atraído por el sonido de la música y las risas de los concurrentes -, uno de los monstruos habitante de una cueva que se encontraba en el nacimiento del río Sirtaen, se acerco a fisgonear a través de las ventanas del Salón, el cual los nobles se habían recogido para dormir en sus sitiales, una vez retiradas las mesas.
Su nombre era Wolnd, hijo de Wolkja. Sorpresivamente, se encontró con el Salón atiborrado de nobles y guerreros obnibulados por el alcohol y las opíparas viandas, durmiendo a piernas suelta. Ningún asomo de piedad enseño la monstruosa criatura, sin misericordia, arranco de su sueño a treinta de los concurrentes a la fiesta y huyo rápidamente rumbo a su guarida, ávido de comenzar a devorar su botín.
Y fue solo en la incierta penumbra que precede al alba cuando los hombres comprendieron la magnitud del hecho perpetrado por Wolnd. Grandes lamentos se oyeron durante toda la mañana, y muchos jefes poderosos curtidos en mil batallas, vieron surcar por sus mejillas amargas lagrimas por sus compañeros perdidos.
La angustia oprimía duramente sus corazones mientras seguían el rastro del cruel enemigo, el cual iba dejando detrás de sí un notorio rastro de sangre de sus victimas, tan evidente como persistente y prolongado.
[Editado por sauron_ el 13-01-2005 19:34]
Sildorl
Pero no había pasado ni una sola noche después del primer brutal asesinato cuando persistió de nuevo en sus correrías, matando a otros tantos guerreros, sin que lo conmoviera en lo mas mínimo la violencia ni su propia malignidad, ya que desde siempre, ambas formaban parte de su vida.
Nuevamente debieron llorar el gobernador de la ciudad y los ciudadanos a sus compañeros caídos, mientras buscaban al agresor, que, pudiéndose alejar de la ciudad para buscar descanso en cualquier lado, en un alarde de osadía despejo un espacio entre el Eoroth y se refugio allí para dormir después de su sangriento banquete.
No obstante, ninguno de los guerreros, fue capaz de enfrentarse al feroz enemigo, aun dormido, y de allí en mas, esa ciudad permaneció desértica durante las noches, mientras sus usuales pobladores buscaban refugio en otros sitios más seguros.
Aquello dejo el camino libre para que Wolnd se adueñara de la ciudad, y burlándose y desafiando a la justicia de los hombres, mientras el gobernador Erothgar, se debatía en la mas profunda desesperación.
Sildorl
Así transcurrido mucho tiempo en esa ciudad y Erothgar sufría la más cruel de las amarguras, viendo las constantes bajas de sus camaradas de armas, y como ninguno de sus guerreros, incluso los más intrépidos se sentían capacitado, individual ni colectivamente, para enfrentar a la bestia, que se negaba a reconocer sus atrocidades y pagar por sus desmanes.
Es que el impío monstruo, acicateado por su aun más aterradora madre, se rehusaba terminantemente a entablar trato alguno con los ciudadanos, ni con ningún humano que tratara de acercársele, quien era inmediatamente destrozado por las garras del Troll.
Luego llegó la más cruel de las injurias: cansado de deambular por las marismas, asesinando a cuanto hombre cruzaba en su camino, joven o anciano, el Troll se instalo en el propio Salón del gobernador, pasando allí todas las noches.
Nunca el gobernador se mostró tan desolado.
Desesperado, reunió consejo tras consejo para que le propusieran que hacer con el monstruo, pero fue en vano, el Troll siguió incursionando por el interior de Eoroth, sin que los más valientes y arrojados guerreros pudieran hacer nada por evitarlo.
Sildorl
Sin embargo, las penurias de los nobles guerreros de esta ciudad no habrían de caer en saco roto, y aquella larga noche negra se transmitiría a través de las dunas del desierto, hasta llegar a oídos de los ciudadanos de la Gran Ciudad del desierto, quienes de inmediato se apresuraron a comentárselo a Sildorl.
Rápidamente como las circunstancia lo requerían, Sildorl reunió a catorce de sus más fuertes guerreros para que lo acompañasen.
Así con el estandarte de la ciudad flameando en el viento, montando su negro corcel y haciendo lucir su cota de malla, cabalgo hacia Eoroth con sus acompañantes. Casi un día duro aquel viaje, y afortunadamente en el camino no tuvieron ningún contratiempo, solo el terrible calor, les hizo la marcha más lenta.
Sildorl
Su presencia fue rapidamente percibida por el vigia de la ciudad, que vio hacercarse un grupo de soldados armados y con cotas de mallas brillantes, que venian a paso lento.
Este hiba a hacer sonar la campana para dar la alerta de ataque, cuando vio el estandarte de la ciudad, y con cierto alivio dio la bienvenida a los guerreros.
-Bienvenido, Señor Sildorl,- saludo el vigia con una reverencia cuando estos habian llegado, -han llegado en horabuena, seguramente vienen a ayudarnos a salir de la desgracia que estamos viviendo, ya que nuestro pueblo esta siendo atacado por ese terrible Troll, que mata a cada persona que encuentra-, continuo el vigia con pesadumbre y tristesa en su voz.
-Si hemos venido a hacer lo posible por librarlos de esta criatura-, dijo Sildorl que miraba al vigía con seriedad, -y ahora, por favor llevanos con el gobernador, quiero hablar con el-, agrego Sildorl.
-Bien Señor-, respondió el vigía y dando media vuelta los guió a la casa del gobernador.
Sildorl noto que las calles de la ciudad estaban completamente vacías, alguna que otra casa destruida por alguien o por algo con una terrible fuerza, a veces se veía pasar un ciudadano que los miraba con asombro y con miedo y luego se escondía.
Sin embargo, a mitad de camino hacia su destino, fueron detenidos por una pequeña fracción de los guerreros de Erothgar –que mas tenia de comité de bienvenida que de batallón armado- e invitados a descansar un momento en uno de los edificios secundarios.
En ese instante un guerrero entra al Salón donde se encuentra Erothgar, el gobernador, y le dice:
-Señor gobernador desde la ciudad del desierto ha venido el príncipe Sildorl con unos soldados y han solicitado cambiar algunas palabras con vos, Señor-
A estas palabras del guerrero contesto sin hesitar Erothgar :
-Bien, apúrate a invitar ante mi presencia al Señor Sildorl, y dile que es bienvenido a nuestro territorio-
Asi el guerrero partió hacia el lugar donde se encontraba Sildorl y sus soldados y dijo:
-Mi valeroso Señor, me encarga deciros que sois bienvenidos a Eoroth y que durante la entrevista tendréis que dejar sus armas aquí, esperando el resultado de las palabras, lo siento-
Sildorl se levanto y sin dejar de mirar al guerrero con la seriedad que lo caracteriza, le dijo:
-Mi espada siempre va conmigo y nunca la dejare en manos extrañas, aparte el gobernador sabe que no me puede mandar, en cambio mis hombres dejaran sus armas aquí, si os parece-
El guerrero respondió con un movimiento de cabeza, dando a entender que estaba de acuerdo, asi que Sildorl designo a cinco de sus soldados para que cuidasen las armas, y los demás acompañaron a Sildorl ante la presencia del gobernador Erothgar
Sildorl
Allí Sildorl y sus hombres pudieron contemplar el Gran Salón, totalmente revestido de madera con incrustaciones de oro y piedras preciosas, que son muy difíciles de conseguir en ese lugar. Y alli, sentado sobre su trono del Salón, los esperaba Erothgar.
Que se lo veía envejecido y encorvado por toda la angustia recibida, pero este al ver al elfo fue como si volviera a la vida o como si un rayo de esperanza le daba fuerzas para seguir.
Después de un saludo formal, Sildorl hablo:
-Erothgar esta tambien es como mi ciudad y de ninguna manera podría haber ignorado las malévolas correrías de Wolnd sin acudir a detenerlo, y me han dicho que en este Salón por las noches esta criatura se queda a dormir aquí-
-Entonces-, continuo, -ahora estoy comprometido con mi gente y con la tuya a terminar con ese maligno flagelo que es Wolnd, y dejar de ese modo definitivamente zanjada esa cuestión con el desalmado Troll-.
-Y ahora, debo prepararme para mi combate individual con esa calamidad que asuela a Eoroth-.
Erothgar lo miró con sumo respeto al elfo por todo lo que dijo y por el valor que se veía en el
-Muy bien, y diré mas, mientras tu te encuentres aquí esta es tu ciudad y puedes utilizar y mandar a los hombres que quieras, ya que diré que se pongan a tu disposición en lo que sea-, dijo el gobernador.
-Y ademas haré organizar una fiesta para dar te la bienvenida a ti y a estos guerreros que te acompañan-, agrego el gobernador llamando a uno de sus sirvientes, que atendió rápidamente el pedido del gobernador.
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:22]
Sildorl
Sildorl estuvo conversando a solas con el gobernador sobre todos las atrocidades que habia echo el Troll, esperando que se terminase los preparativos de la fiesta.
Se organizo una gran fiesta para dar la bienvenida a los guerreros llegados, la música y las voces de la gente retumbaban en las paredes del Salón y por ese momento la gente olvido la opresión que tenian.
La noche estaba llegando y el gobernador dio la orden de que todos se fueran a descansar, ya que sabian que la criatura no tardaría en llegar asi continuaría su orgía de crímenes y sangre.
Erothgar antes de retirarse le dijo a Sildorl:
-Haceos cargo de el y cuida la ciudad como nosotros no hemos sabido hacerlo en el pasado. ¡No habrá limite para vuestro deseo si sobrevivís al combate de esta noche!-.
Asi el Erothgar y el pueblo confió ciegamente en el valor del Elfo y en la destrucción del Troll.
Una vez que todos se hubieron marchado, Sildorl se vio, según creía librado a sus propias fuerzas; lo que Sildorl no sabia, era que el gobernador habia apostado, en posiciones clave del exterior del Salón, a un grupo de hombres seleccionados, tantos de esa ciudad y los guerreros que acompañaron al Elfo, para que actuaran como custodios.
En el Gran Salón, tantas veces teñido con la sangre de los guerreros de la ciudad, tanto los pocos nobles como arqueros y soldados que estaban alli acompañando a Sildorl, dormían... todos, excepto uno.
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:23]
Sildorl
Sildorl vigilaba, con creciente indignación y furia, esperando el resultado del combate, que ya presentía inminente.
Y no fue defraudado por aquel Troll, que llego desde su lugrube cueva donde moraba, deslizándose sobre el pulido piso de aquel Salón, que tantas veces habia hollado con sus pies húmedos por la sangre de sus víctimas.
Finalmente llego frente a los portales de Eoroth –ese salón enjoyado, admirado por los hombres-, donde se detuvo un instante, tratando de detectar presencia humana a su alrededor; sabia que habian llegado guerreros extranjeros y buscaba ansioso una muestra de
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:25]
Sildorl
Moviéndose rápidamente, se desplazo hasta el salón principal, con los ojos ardiendo como brasas al contemplar a los guerreros que dormían profundamente, y su maligno espíritu se ilumino ante la expectativa del suculento festín: aquel engendro esperaba, sin duda, regalarse con un banquete excepcional, antes de que retornara la luz del alba.
Sin embargo su destino determinó que su próxima victima seria la ultima de su malévola vida.
Disimulado entre las penumbras del Salón, Sildorl vigilaba, con la serenidad y la paciencia de una fiera al acecho, esperando el próximo movimiento de la perversa criatura.
Wolnd no se detuvo a pensarlo y encaminándose directamente hacia uno de los guerreros dormidos, lo levanto entre sus brazos como si fuera un pelele, y clavo sus poderosos dientes en la yugular, bebiendo ansiosamente los arroyos de sangre que manaban de ella, para luego devorar a mordiscos enormes trozos de piel, musculos y huesos. Rápidamente, acabo con el cuerpo, sin olvidar manos y pies, y, sin perder tiempo, se dirigió en busca de otra victima.
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:27]
Sildorl
Incapaz de soportar otra escena como la que habia presenciado, Sildorl se sentó en su lecho y llamo mentalmente al Troll para que fuera directamente hacia él con el proposito de darle el mismo fin que al guerrero anterior -éste era uno de los guerreros que acompaño a Sildorl-.
Sin embargo, al sentir sobre sus dedos y su brazo la presión que ejercían las manos de Sildorl, el monstruo comprendió que jamas habia encontrado en este lugar otro hombre con tanta fuerza en sus dedos, y repentinamente, como jamas habia pensado que pudiera sucederle, sé sintio atemorizado y experimento la irreprimible necesidad de huir de alli y esconderse en su cueva.
Los temores del Troll aumentaron cuando se dio cuenta de que no era un hombre, era un elfo que lo miraba con una fiereza que el Troll saco su mano apresuradamente.
Sildorl en un intento de esgrimir su espada, recibió un terrible manotazo del Troll, que lo hizo golpear contra la pared haciendole soltar su espada.
El Troll al ver al Elfo tirado, intento huir, pero en la puerta principal habian algunos arqueros que dispararon sin piedad contra este, haciendolo retroceder.
Tambien los guerreros que estaban dentro del Salón atacaron sin piedad al monstruo, haciendo tiempo hasta que elfo se recuperara del golpe que recibió.
En eso Sildorl se habia recuperado del golpe, levantándose, tomo su espada y ataco al monstruo sin piedad por la espalda clavando su espada hasta la mitad.
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:29]
Sildorl
El estrépito procedente del interior del Salón se hizo mas y más violento, mientras los ciudadanos permanecían paralizados por un inenarrable terror, cuando identificaron aquellos ruidos como las mesas del Salón, arrancadas de cuajo del piso y arrojadas contra las enjoyadas paredes del lugar.
Poco tiempo después, al estruendo de muebles destrozados se sumo un alarido que helo la sangre de los que los escucharon: Wolnd, aullaba a los cielos su herida y su derrota a manos de Sildorl.
La espada de Sildorl forjada por los enanos hace mucho tiempo, fue capaz de atravesar la piel del monstruo, ya que ninguna otra lo podia hacer, -se decia que ningun acero forjado por hombre alguno podia herir a aquel engendro, ya que su cuerpo se encontraba protegido por un hechizo que rechazaba todo lo que pudiera herirlo-.
El Troll sintio, entre alaridos, como el filo ardiente de la espada cortaba los tendones del hombro, hasta que el brazo termino cortado del cuerpo, con lo que aquella criatura pudo escapar cuando esto sucedió.
Wolnd mortalmente herido, corría tambaleante a refugiarse en su apestosa cueva. La monstruosa fiera sabia que habia llegado a su fin.
Sildorl cumplió con su promesa y toda la angustia y la desesperanza que soportaron durante un tiempo, todas las penas y privaciones, llegaron a su fin.
Y todo aquello se hizo evidente cuando Sildorl dejo caer a sus pies, bajo el abovedado techo, el brazo y el hombro de Wolnd, y junto a ellos la garra que tantas vidas habia tronchado y tantos pesares habia provocado.
[Editado por sauron_ el 18-02-2005 15:30]
Sildorl
Guerreros y gente del pueblo llegaron por la mañana a caballo, y a pie, de cerca y de lejos, a contemplar la maravilla que para ellos significaba la garra y el brazo muerto de Wolnd. Ninguno sintio pena por la terrible muerte del Troll, todos contemplaron con satisfacción las enormes huellas que delineaban la dirección que habia tomado, arrastrándose penosamente, luego de haber sido derrotado en batalla.
El rastro de sangre del moribundo fugitivo condujo a los más audaces, directamente hacia la guarida del monstruo, en la boca de la cual sé habia formado un aterrador remolino sanguinolento, donde las ondas acuáticas se mezclaban con la cálida sangre del Troll.
Sin poder soportar durante mas tiempo el hedor y las miasmas que se despedían de aquel antro, los guerreros se apresuraron a girar sus caballos y regresar a Eoroth.
Erothgar esa noche organizo una fiesta en conmemoración a la muerte de Wolnd, y alli del techo del Gran Salón hizo colgar el brazo y la garra del Troll.
El gobernador esa noche le prometio fidelidad a Sildorl y le dijo que sus soldados estaban a su disposición en caso de que hubiera guerra.
Después de la fiesta Sildorl se fue a descansar a un lecho que prepararon especialmente para que no fuera molestado, ya que por la mañana partiría hacia su ciudad para atender los asuntos de alli. Asi tambien todo el pueblo se fue a dormir.