La Guerra de los Clanes

Sincarion

Escribiéndose...
Escrito el 13-01-2005 14:53 #1

¿Quien es Sincarion?

Esa es la primera pregunta que una persona se preguntará al leer esta singular historia.

Pues bien, en terminos generales, Sincarion no es ni más ni menos que un simple pensamiento.

Sí, como lo escuchais, este personaje nació de un pensamiento de la mano del mismísimo Eru, aquel que tambien es llamado el Único. Y de esto hace mucho, muchísimo tiempo.

La tierra todavía no había sido concebida, nada de lo que ahora existe existía en aquel entonces. Sólo había un profundo vacío con un trono donde se encontraba Iluvatar y frente a él, rondeandoles, todos los hermanos de Sincarion, algunos de más poder, como eran los Valar entre los que se encontraba Melkor, y otros de su misma condición, llamados Maiar, y cuyos máximos representantes en la Tierra Media serían mucho más tarde Olorin, más comunmente conocido como Gandalf y Sauron, el servidor de Melkor y que tuvo en sus manos el destino de la Tierra Media.

Aquí comienza la narración de uno de los hijos del Único que más renombrado papel tuvo en la batalla que se desarrollaría por el control Haldanóri, las Tierras Ocultas.

Escrito el 13-01-2005 14:55 #2

Desde la creación de Arda, el mundo creado por Eru tuvo siempre a sus hijos allí, los llamados Valar y Maiar, espíritus de gran poder a los que les fue encomendada la tarea de amoldar el mundo y hacerlo habitable para las razas que en él morarían.

Pero desde antes de la creación, en la misma música de los Ainu, uno de aquellos espíritus estuvo en discordia con el resto de sus hermanos.

Melkor le llamaban, y muchos le siguieron.

Fue así como antes de que Arda estuviese cimentada, ya se creó la batalla que durará hasta el final de los días, la batalla entre el bien y el mal.

Por aquel entonces la mayoría de los espíritus sagrados estuvieron del lado de los buenos, lado cuyo máximo líder era Manwe, hermano de Melkor y semejante en su poder.

Pero como aquí se dice, la mayoría se fueron al bando de la luz... no todos

Con ganas de apiadarse de todo lo que podían y destruir todo lo demás, algunos maiar se pasaron al lado de la oscuridad. Algunos convirtiendo sus cuerpos en terribles seres de fuego, como fue el caso de todos los balrog a los que todos temían. Pero otros no se pusieron esa forma.

Seres de la oscuridad, cuyos rasgos eran simplemente perfectos, rodeados de un aura oscura que realzaba todavía más si se podía si inhumana belleza. Con una fuerza, si bien inferior a la de los balrog, bastante superiores que éstos en cuanto a la magia que podían conjurar.

Así se contemplaban a los maiar de la oscuridad.

Y Sincarion se convertiría en uno de ellos.

Desde la creación, Sincarion fue corrompido por el saber que había sido creado como un espíritu inferior, más fuerte que todas las criaturas que llegasen a Arda, pero como muñeco para los Valar.

Escrito el 13-01-2005 14:56 #3

Cuando Eru dejó que marchasen a los espíritus hacia Arda para comenzar la creación, Sincarion se unió a ellos, pero a diferencia de éstos, los propósitos del maia eran muy diferentes.

Nada más llegar a aquel territorio, lo primero que hizo fue salir del lugar donde habitaban sus hermanos para marchar a un lugar sólo para él.

No habían árboles, sólo maleza putrefacta.

No habían ríos, pues a aquellas lenguas de fuego no se las podía denominar como tales.

No habían animales, pues aquel aire estaba envenenado.

Sólo estaba él.

Mucho tiempo estuvo allí, sólo, entrenando sin parar, superándose una y otra vez, Todavía era un espíritu libre, sin forma, así que se acercó a todos los elementos para ver cual era el que mejor le ayudaría en sus labores.

Así que aprendió a fundirse con la roca, y se sintió duro, indestructible, pero sedentario, como espíritu que aguantaría todas las edades, pero no podría intervenir en ellas.

Se fundió con el fuego, sintiéndose rebosante de calor, sabiendo que podría hacer quemar todas las ciudades que se creasen, pero aún así no concordaba con ese elemento.

Se fundió con el agua, imponente, sintiendo que podría estar en todos los lugares a la vez, que podría recorrer distancias inimaginables en menos de un suspiro, pero aún así, sintió que eso no era lo que tenía que manejar.

Sin embargo, con ese elemento encontró lo que buscaba.

Subiendo con el agua hasta el cielo, oculto bajo nubes de una oscuridad impenetrable, comenzaron a surgir de allí relámpagos, rayos cargados de electricidad que no se detenían ante nada, que destruían árboles con sólo rozarlos, que hacían huir a todos los animales que iban habitando los bosques.

Por fin había encontrado su elemento. Parecido al fuego, pero aún más letal. La electricidad era el poder que convirtió a Sincarion en un ser completo. Y por fin, de esta manera y con su ser rebosante de energía, bajo del cielo y cogió su forma.

Aquella forma, parecida a la de todos los maia de la oscuridad, pero a la vez terriblemente distinta.

Escrito el 13-01-2005 14:57 #4

“ – Hola Melkor – dijo Sincarion con una pequeña inclinación – vengo hasta aquí en busca de ayuda.

- ¿Acaso piensas que debería dártela? ¿Qué me darás tu a cambio?

- Sólo e venido para que me enseñes tu a incrementar mi poder. – dijo Sincarion – Sé que no te podré igualar nunca, pero aún así, me gustaría ser el más fuerte de cuantos maiar fueron creados por Eru. A cambio, me someteré a tu voluntad y lucharé junto a ti.

- Un precio demasiado bajo, diría yo – le respondía Melkor – pero bueno, quizás en alguna ocasión me puedas ayudar.

- ¿Entonces me aceptarás para entrenarme?

- Si juras ser fiel a tu amo desde éste momento hasta el día del Juicio Final, lo haré.

Sincarión sabía que eso tendría que jurarlo para conseguir sus propósitos, pero aún así le costó mucho tiempo sacar esas palabras al exterior.

- Acepto, mi señor

- Bien, veo que tu mente duda, pero te avisaré. Desde este momento estás bajo mis órdenes, ya nunca conseguirás la misericordia de nadie. Nunca podrás pedir clemencia, nunca podrás pedir perdón. Las puertas se han cerrado para ti, y nunca se te volverán a abrir si me abandonas.”

Esa fue toda la conversación y así Sincarion fue enseñado en el arte de la nigromancia, de la magia oscura y sobre todo, de la magia de los elementos, de la que pronto se convirtió en un sujeto excepcional.

Su poder crecía por momentos, su habilidad innata para con los elementos no dejaba de aumentar, pocos maia podían rivalizarse y tan sólo un hermano suyo, Sauron era tomado como superior a Sincarion.

Por su rapidez en el aprendizaje, Sincarion consiguió ascender realmente rápido, siendo elegido por Morgoth como general de uno de los batallones de poderosos magos oscuros que estaban bajo las órdenes del Vala.

Pero aún así, el maia no se encontraba conforme.

Escrito el 13-01-2005 14:57 #5

Mientras el era un general, reconocido como gran mago entre sus tropas, pero desconocido en el exterior, Sauron, un maia como Sincarion, conseguía que nada más con escuchar su nombre, todos los pueblos de la Tierra Media temblasen de miedo.

Fue por esto que el maia, aunque seguía subordinado a Morgoth, comenzó a perder el respeto por éste y empezó a desobedecer sus órdenes.

Ya no hacía sólo lo que le mandaban sino que arrasaba pueblos, quemaba casas y granjas y mataba a todos los que se encontraba en su paso. A todos menos a uno, alguien que fuese testigo de sus obras, daba igual quien fuese, padre, hijo, abuela, eso daba lo mismo, incluso daba igual que le dejasen mutilado, lo importante es que recordase su nombre y lo divulgase con gran terror al resto del mundo.

En un principio se conformó con pequeños poblados ganaderos, pero estos pronto dejaron de darle satisfacción. Entonces pasó a hacer campañas de mayor envergadura, luchando contra ciudades, llenándose de excitación al encontrarse ante defensas que su ejercito destruía casi con un suspiro y oliendo el olor de una masacre, de niños llorando, de madres agonizando, de sangre tiñendo las paredes.

Pero nada de esto le gustó a Morgoth, que sabía que tantos ataques harían que sus enemigos quisieran volver a retarle, cosa que éste no quería que sucediese.

Al menos por ahora.

De esta forma Morgoth se lo dijo a Sincarion y aunque al maia no le gustasen las órdenes del Vala, sabía que no tenía suficiente poder como para contradecirle, por lo cual dejó las campañas y volvió a atacar tan sólo cuando se lo pedía su señor.

Pero si bien acataba las órdenes, en su interior crecía de manera desmesurada su odio hacía su señor, que poco después de la conversación ascendió a Sauron en puesto de a Sincarion como capitán de dol-in-gaurthorg, haciendo del primero la mano derecha del Valar.

Mucho tiempo siguieron los ataques de Morgoth y éste cada vez conseguía más territorios sin que nadie importante se interpusiese en su camino. O al menos así era aparentemente.

Escrito el 13-01-2005 14:58 #6

Pero entre las sombras, elfos, enanos y humanos trabajaban secretamente para organizar un ataque entre todos que fuese el final de la maldad de Melkor.

Cada uno llevandose a todos los de su raza hacía un lugar común, hicieron que en un mismo punto hubiesen cientos, tal vez miles de seres con la única intención de eliminar los restos de Morgoth, aún cuando esto se consiguiese a costa de sus vidas.

Morgoth, por su parte, dejo de tener miedo a la pelea y se preparó para el encuentro.

Sacando toda su artillería pesada, Melkor mandó salir a los grupos de salvajes balrog, a los odios orcos, a los bestiales troll y a los magos.

El campo de batalla era un hervidero de gente. Mucho tiempo había pasado desde que se juntasen tantas tropas en un mismo lugar.

La batalla comenzó. Una de las grandes batallas de la Tierra Media comenzó a librarse en aquellos parajes.

Los seres de la oscuridad eran más poderosos que los de la luz, pero éstos eran mucho más numerosos, así que la batalla estuvo muy equilibrada largo tiempo.

Sincarion por su parte se veía explendido, con sus ropajes de negro y plata, su bastón de aquél extraño material que comenzaba a ponerse incandescente y cargado de electricidad, al igual que su gran espada. Su pelo, lila, ondeando con el aire, aún estando cogido con una diadema de mithrim que llevaba.

Sus facciones bellas pero duras reflejando la sonrisa que delataba la pasión por la destrucción que recorría su cuerpo.

Nubes negras se alzaban, llenas de corriente, en las tinieblas de los súbditos a Melkor. Los rayos cayendo por doquier, algunos incluso alcanzando a aquellas bestias. Uno de esos rayos cayó en Sincarion y de repente se encontró con una calma y bienestar parecido al de los humanos cuando el agua cristalina recorre su cuerpo.

Allí estaba su elemento y por fin podría demostrar lo que tanto tiempo le había costado aprender.

Alzando el bastón y la espada al cielo, Sincarion dijo unas palabras incomprensibles a la vez que los rayos que caían del firmamento se posaban sobre las armas, haciendo que éstas brillasen de forma innatural y mortífera.

En los duelos Sincarion utilizaba su espada en el cuerpo a cuerpo, haciendo que cuando el arma se incrustase en el cuerpo de sus adversarios, éstos recibiesen una potente descarga eléctrica, en la mayoría de los casos, letal.

Y mientras tanto, con su bastón centelleando, rayos de electricidad eran lanzados desde su punta, cayendo los del firmamento sobre su base y consiguiendo que las reservas de energía fuesen inagotables. No pararía hasta que Sincarion no dijera que parasen.

Escrito el 13-01-2005 14:59 #7

La batalla duró mucho tiempo y estuvo, como ya se a dicho, muy reñida, pero mientras los Balrog y los magos maia gastaban energías hasta quedarse sin sustento para continuar la batalla, por el lado del bien unicamente se iban turnando para la batalla, haciendo que aquellos que combatían estuvieses en la plenitud de sus facultades.

Además, en un momento en el que la batalla ya estaba en su declive, los Valar, aquellos seres nacidos de la voluntad de Eru el Único, vinieron a apoyar a los pueblos libres, y esto fue la razón por la que las tropas de la oscuridad cayeron.

Morgoth y sus tropas fueron, poco a poco, expulsadas y derrotadas, haciendo que todo el ejercito se tuviese que replegar.

Al fin el Valar se dió por vencido y lanzando una fuerte tempestad sobre sus adversarios, salió huyendo del lugar, dejando a sus tropas allí, para que los siguiesen o muriesen. A Morgoth eso ya le daba igual.

Los Balrog que allí habían, rapidamente salieron tras su amo, y tras éstos fueron todos los maiar oscuros dirigidos por Sincarion.

Muchos orcos tambien pudieron escapar, pero otros muchos fueron perseguidos y capturados, haciendoles morir en el instante. No había piedad, el mal tenía que ser erradicado.

Los Valar que vinieron a la batalla estaban enfurecidos y llegaron a matar a algunos magos y balrog que no tuvieron tiempo de escapar, pero cuando las tropas de los pueblos libres fueron a su encuentro y les pidieron que llegasen hasta Utumno para matar de una vez a Morgoth, estos no lo consistieron, pues sabían que todavía no había llegado el momento.

Pero aún así, siguieron a Melkor hasta su guarida, para saber que no se escapaba hacia algún otro lugar.

Cuando los magos oscuros lograron alcanzar a Melkor, este no les dirigió palabra alguna, no les felicito por haberse salvado ellos solos, lo único que dijo fue:

“-¡Vamos! - ordenó Morgoth a su tropa, para que aumentara el ritmo.

-Señor, no podemos, estamos cansados, llevamos mucho tiempo caminando, dadnos un momento de descanso- imploro Leword.

-¡No!, sabes muy bien que los Valar nos siguen, ¿pretendes que nos cojan...? Pues sigue caminando y no protestes- respondió duramente Morgoth.

-¡No se por qué tenemos que huir, estamos hartos... ¿No nos aseguraste que siguiéndote haríamos grandes cosas y daríamos la majestuosidad de Eä?- dijo Sincarion.

-No toleraré que nadie me cuestione, encima que sacrifico mi vida por daros el poderío que se os merece, ¿tenéis la osadía de retarme?- amenazó Melkor.

-Algunos de nosotros, la verdad, se cuestionan si hicimos bien al seguir tus pasos, pues la verdad es que hemos ido de mal en peor... ¿Cómo hubiésemos estado en Valinor junto con los demás?- Preguntó Leword y algunos de los que estaban allí le dieron la razón, aunque temerosamente.

-Si esta es tu decisión....- Melkor se daba la vuelta para mirarle a la cara.

Escrito el 13-01-2005 15:00 #8

Al voltear, Morgoth con un rápido movimiento agarró a Leword por el cuello intentando estrangularlo. El Maia, mientras se retorcía e intentaba salvarse de esa muerte segura, miraba desafiante a la sonrisa malévola de Melkor. Leword, asustado y casi sin poder evitar el desastre, pudo contemplar antes de caer que una potente luz alcanzaba a Melkor y hacía caer el cuerpo de Leword en el suelo. Sincarion en un acto de imprudencia intentó salvar la vida de su amigo, pues todos sabían que tenía razón. Sincarion, desafiando las ordenes de Melkor, se dirigió a Leword, que yacía en el suelo, y contempló el cuerpo inmóvil en el suelo, intentó reanimarlo, mas sus esfuerzos eran en vano, pues ya había muerto.

Levantó la mirada, una mirada amenazante y desafiante, dio un paso dirigiéndose hacia Melkor, quien dio un paso atrás, pues el maia en esos momentos no parecía tener ningún temor a nada, y mucho menos a Melkor, aun sabiendo que él era más poderoso.

- Así que en verdad osas atacarme. Pues bien, verás el destino que aguarda a los traidores mal nacidos... - le dijo Morgoth al mago - Criaturas de la oscuridad - dijo haciendo tronar su voz - atacar a aquellos que osan marcharse de nuestro lado...sufrirán mi mano quemando muy dentro, mientras la Tierra sea Tierra.

Melkor miró a Sincarion y con una sonrisa en el rostro mandó a una gran tropa de orcos, balrog, y otras feroces criaturas, fruto de la mano del Vala para que atacaran a los desertores, dando paso así a una gran batalla. Muchos siguiendo las ordenes de Melkor, y otros enfrentándose a él siguiendo a Sincarion, quien sabía que pocas eran las posibilidades que tenían pues eran inferiores en cantidad, pero todos ellos habían preferido morir luchando que huyendo.”

Largo tiempo duró la batalla de Thangorodrim, muchas fueron las pérdidas sufridas en esta batalla, Melkor perdió a una valiosa parte de su ejercito, pues no sólo orcos habían caído, sino que algunos de los maia que se habían aliado con Sincarion consiguieron dar muerte a varios balrog, que les igualaban en poder.

Pero si bien Morgoth había perdido a parte de sus mejores seguidores, en el bando contrario, todos habían caído bajo la fuerza de la oscuridad del Vala. Todos estaban en el suelo, con charcos de sangre bajo sus cuerpos y sin que nadie respirase el aire inmundo que allí reinaba. Aunque …… ¿Todos habían caído?

Cuando Arien pasó la segunda vez por ese lugar después de la batalla, Sincarion despertó. Se sentía dolorido y muy cansado, los músculos no le respondían como debían, y la cabeza le daba vueltas. Había intentado con todas sus fuerzas levantarse, y cuando consiguió ponerse de rodillas miró a su alrededor: montones de cuerpos de orcos y algunos balrog, apilados por todos los lados, y a espaldas suyas, los magos, mutilados en su mayoría, pues lucharon ferozmente hasta el último momento de su vida.

Escrito el 13-01-2005 15:01 #9

Se levantó con alguna dificultad y fue hacia ellos, se dirigió hacia todos los maia, uno a uno, percatándose de que estaban muertos. No recordaba como se había desmayado, pero pensó que quizá lo habían dado por muerto y eso le había salvado.

Fue así que vagó sin rumbo y mal herido. Se resguardó en un bosque pues sabía que allí podría encontrar plantas curativas lo que facilitaría ostensiblemente el poder recuperar todas sus fuerzas. Sanó sus heridas con rapidez, y durante todo el tiempo q siguió viajando sin rumbo se juró a si mismo muchas veces, que nunca se volvería a unir a Melkor ni a ninguno de sus secuaces, aunque tampoco quería irse con los de corazón puro, pues fueron muchas décadas de maldad los que habían quedado marcados a punta de espada en el corazón del Maia, pero, algo había en él que había cambiado...

Su alma ahora sabía lo que era la traición y no le gustó en absoluto. Se sentía sucio, no sabía porque había elegido el camino del mal pues claramente el poder no lo era todo, pero esto el maia lo comprendió muy tarde.

Ahora, cuando se encontraba con algún ser a los que antes mataba sin pensarlo, no procedía de igual forma. No porque no le apeteciese, sino por el simple echo de no hacer lo que Morgoth quería que ocurriese. Y, por extraño que le pudiera parecer, durante ese tiempo se planteó a cuantas vidas habría quitado sin necesidad alguna, sólo por la dicha de su antiguo señor, y cómo sería juzgado cuando muriera, y esos pensamientos se convertían en pesadillas, unas pesadillas que transformaban una estrellada y cálida noche en la más oscura y fría.

Así pasó largo tiempo, sólo, deambulando en la oscuridad, intentando serenar su mente y elegir el modo en que seguiría viviendo.

Una día cualquiera, Sincarion despertó sobrecogido, algún ruido en las cercanías lo despertó. Afinó los oídos y pudo distinguir cascos galopando a una considerable velocidad, y el choque de armaduras y cotas de mallas, y, de vez en cuando, algún grito de lo que sería algún cántico que él desconocía.

Con cautela, se asomó fuera de la cueva en la que se encontraba, y al nadie percatarse de que él estaba presente avanzó un poco más hasta que vio lo que ocurría: elfos y hombres luchaban contra numerosos orcos, mas en número les superaban y hombres y elfos iban retirándose, y por el este, una tropa de elfos y hombres unidos que según parecía iban detrás de ellos.

Sincarion, muy extrañado por el panorama que allí se presentaba, reflexionó si debía de hacer algo o quedarse al margen. Se auto convenció de tomar la segunda opción pues no era asunto suyo, así que dio media vuelta y se dirigió a su cueva, mas no pudo aguantar el gran deseo de lucha que surgía límpido de su interior, y... tal vez fuera por venganza o por intentar saldar la matanza que había cometido tiempos atrás que ahora tanto perturbaba su sueño, pero se dio la vuelta a toda la velocidad que pudo y se fue al encuentro de aquellos elfos y hombres que poco a poco iban retirándose a causa de la gran multitud de orcos que les atacaban.

Escrito el 13-01-2005 15:01 #10

Cuando llegó, el ejército de engendros oscuros estaba muy próximo a los hombres y los elfos, y la tropa que llegaba por el Este estaba cada vez más cerca del lugar en el que se encontraban los orcos. Atani y Minnonar por igual se detuvieron al ver a Sincarion pues no era normal ver un Maia Oscuro salido de la nada.

Él estaba situado entre los orcos y los elfos y hombres que empezaban a retirarse, todos se detuvieron ante la presencia del Maia. Sincarion miraba desafiante a orcos, hombres y elfos, y en su mirada se veían las grandes ganas de luchar, su fiereza y su fuerza.

Nadie sabía que hacer, todos permanecían quietos como si el tiempo se hubiera detenido, todos pendientes de los movimientos del mago, movimientos que casi la totalidad de los presentes temía. Los orcos respiraban con cierta tranquilidad sabiendo que se trataba de un Maia Oscuro y dando por seguro que les ayudaría en esa batalla.

Muchos se asustaron cuando el mago, con gran rapidez fruto de su largo entrenamiento, cogió la cabeza a un orco que tenía cerca y le lanzó una descarga que hizo que entre grandes estertores aquella inmunda criatura cayese bajo sus pies.

Todos se quedaron quietos unos instantes, hasta que los orcos con gran superioridad de fuerza atacaron en contra del Maia y al grupo de hombres y elfos.

La batalla estuvo reñida en un principio, pero al fin la victoria fue para los dignos Hijos de Ilúvatar, gracias a la ayuda de Sincarion, pues con su fuerza y destreza permitió retener a los orcos hasta que el ejército que se acercaba por el Este les alcanzó para unirse a la batalla.

Cuando hubo terminado la batalla, los pocos hombres y elfos que allí habían quedado se juntaron mirando a Sincarion con cierto respeto. El tenebroso mago les preguntó la causa por la que esos orcos les habían atacado mas el silencio fue su respuesta.

Uno de ellos, algo desconcertado y viendo que nadie decía palabra alguna, se vio en necesidad de entablar un diálogo, por lo que cogió aliento y dijo:

-Mi nombre es Shânak, somos guerreros como tal vez te hayas dado cuenta, provinentes de tierras distintas y que escapamos de nuestros líderes pues la mayoría no estaba conforme con su forma de organizar las cosas. Poco a poco nos hemos ido conociendo y nos fuimos uniendo, pero desgraciadamente nuestros antiguos líderes nos han seguido el rastro y vienen tras nosotros. No sabemos por qué nos has ayudado, pero te damos las gracias, pues sin tu ayuda no hubiéramos vencido. Pero... ¿por qué nos ayudaste, si eres una de las criaturas aliadas de Morgoth?- Dijo, hablando cada vez con más soltura.