La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla Entre La Compañia 1 De Tercano Y La Compañia 2 De Telpe

2005:01:26:12:13:33

Täreisha

El viento azotaba la lona con furia. El interior de la tienda se hallaba en silencio y una quietud sólo rotas por el golpeteo del aire.

Lahia observaba con atención el fuego de su lar cuando alguien entró en la carpa. Llevaba el rostro semiescondido tras una tela de color añil que sólo mostraba los párpados y el contorno de sus ojos verdes pintados de negro. El intruso se sacudió la arena de encima y cuando apartó el embozo se descubrió el semblante de una mujer.

-¿Lahia? -, dijo.

-Lo harán esta noche -, anunció ella.- Sí, siento como se movilizan sus tropas, tengo arqueros vigilando los caminos. ¿Qué noticias traes? -preguntó.

Täreisha comenzó a relatar lo que le había sucedido hasta entonces.

-Esta mañana la arena venía con una fuerza que agujereaba la piel, pero ahora parece que el viento amaina.

La elfa pareció salir de su ensueño y miró a la mujer.

-Creo que ese viento que limpiaba el cielo de nubes las volverá a traer y se quedará con nosotros. Esta noche lloverá, siento el olor del agua muy cerca, y lo hará con violencia.

Lahia asintió y añadió: -Así lo creo yo también. ¿Seguimos con lo acordado?

-Sí. Que tus arqueros se preparen.

-Täreisha... ¿funcionará?

-Sin duda, pero debemos ser cuidadosos. —Le dedicó una sonrisa y se despidió.—Nos vemos en la batalla, Lahia. –Se volvió a enroscar el manto y sin más abandonó la tienda.

Antes de que el sol se ocultara, los guerreros del Rimbe-a-Rákalie formaban una barrera ordenada sobre el lugar señalado. Los lobos dibujados en sus escudos miraban hacia el sur, allá donde el rival aguardaba aunque aún no se mostrara abiertamente. Los arqueros se situaban cerca, ante tres pesadas catapultas cuyo transporte desde el campamento había costado una jornada entera debido a la arena.

Desde que llegaran las noticias del ataque a Barad Avathael, habían estado observando los asentamientos del clan vecino. Conocían todos sus movimientos, recogían los rumores que atravesaban el Mercado Central y estudiaban el terreno constantemente en busca de cualquier indicio.

Y a esa hora de ese desapacible día, desde esa posición ligeramente elevada del extenso desierto que separaba Harna Dîn de los territorios de Tercano Nuruva, escrutaban el horizonte esperando ver aparecer las primeras lanzas enemigas.

Sabían que estaban allí y el anhelo de confrontación se contenía a duras penas entre los recios músculos de sus experimentados dueños. Hombres, Enanos y Elfos, los mejores y más fieros, los más fieles de entre todos, venidos desde los confines de Arda para formar un ejército a la altura de las expectativas de Täreisha. “No son mis Escudos Negros” pensaba ella mientras comprobaba con orgullo la formación, “pero son sin duda dignos de las más altas proezas”.

-¡Hoy abriremos un nuevo capítulo en la historia de Haldanóri, rubricada con la punta de vuestras espadas y escrito con la sangre de nuestros enemigos!

Lahia llegó cabalgando en su caballo. Venía vestida con una capa negra que le cubría el rostro y el cabello le caía ondeando sobre ésta.

Dio la orden a sus arqueros y éstos se dispusieron en el lugar desde donde esperarían ver llegar las armadas enemigas. La Elfa buscó con la mirada a su Capitana. A Lahia le impacientaba la oscuridad tremenda del entorno y la desnudez de aquel terreno. Se acercó rápidamente a Täreisha y la saludó con una sonrisa.

-Llega la hora hermana.

-Se acerca el momento en el que demostraremos el poder de Telpe.

-Me impacientan el silencio y la oscuridad de este paraje... no es común.

Täreisha observó la negrura que les rodeaba.

-Esta comenzando a llover. -dijo tendiendo la mano al cielo.

Lahia se quedó quieta, sus ojos élficos escrutaban la oscuridad con aire desconfiado.

-Ya llegan Täreisha, se acercan.

-Es la hora. -dijo ella.

Lahia giró saludando con la mano y se quedó junto a sus arqueros. Quitó a Moriorlindë que la acompañaba a un lado de la cintura y lo hizo sonar suvemente. La música del cuerno oscuro se extendió por el llano, haciéndoles saber a los oponentes que en algún lugar de la oscuridad los Lobos de Telpe los estaban esperando.

Los soldados formaron una barrera de escudos compacta, brazo con brazo, sin resquicio entre un hombre y su compañero, mientras Täreisha y el resto de la caballería esperaban detrás el momento oportuno.

Lahia había dejado su cuerno a un lado luego de dar la llamada y ahora toda la compañía Telpeniana contenía la respiración.

La lluvia había comenzado a caer con más fuerza. Sintieron el galope de los caballos del enemigo avanzar hacia ellos. Todo se detuvo salvo el agua que se precipitaba desde el cielo y el avance de las tropas enemigas.

Dispuestos para la embestida aguardaron bajo el aguacero de cara a la oscuridad, esa nada que tenían enfrente y que les hacía llegar, cada vez más nítidos, los gritos de guerra del otro clan y el relinchar de sus corceles.

El cuero que forraba la empuñadura de la espada de Täreisha crujió cuando su mano desenvainó el arma.

-¡Preparaos! –gritó, y sus guerreros sujetaron con fuerza los escudos, los jinetes se aferraron a las riendas, los arqueros tensaron las cuerdas y ella sintió latir su corazón con fuerza.

Y de pronto sucedió. Comenzaron a escuchar el zumbido de las flechas y supieron así que Lahia y los suyos habían avistado las tropas enemigas.

Entonces llegó la primera carga de Tercano. Un golpe brutal en el que muchos perecieron. Sed de muerte es lo que había en sus ojos y el ejército de Rimbe-a-Rákile respondió de igual manera. A pesar de eso los flancos laterales fueron sorprendidos por soldados con lanzas que hicieron de aquello un río de sangre.

Täreisha se apoyó en los estribos de su montura y levantó la espada al mismo tiempo que se abalanzó contra los enemigos seguida de sus jinetes. Se perdieron entre los hombres de Tercano abriendo brecha entre sus filas.

Lahia lanzó un grito a sus arqueros- Tangado haid! Leithio i philinn! -Las flechas pasaron zumbando por el cielo nocturno y dieron a los soldados rivales que cayeron sin vida al suelo húmedo.

Poco a poco los carcajs se vaciaron obligando a muchos de los de su grupo a desenvainar las espadas y cargar como el resto del ejército. Pero la suerte le era adversa al ejército de los Lobos, atacados por los flancos y por delante no podían moverse con libertad, estaban casi atrapados entre el ejército de Tercano y apenas veían a su contrario. De vez en cuando algún relámpago restallaba en el firmamento y entonces descubrían el rostro de su víctima o su verdugo. Lahia sentía ahora la ruina próxima de Telpe. Si permanecían así serían aniquilados. Era el momento, pensó, de poner en la práctica lo que habían acordado.

Cabalgó hacia su capitana para avisarla pero poco antes de estar frente a ella sintió un dolor mortal en su brazo derecho. La espada se le cayó de las manos y lanzó un grito de dolor. Una flecha lo había atravesado de lado a lado y la sangre manaba como un río rojo, entonces rompió una parte de su capa y lo ató fuertemente al brazo deteniendo la hemorragia.

En ese momento Täreisha apareció ante ella y alcanzándole la espada le dijo:

-¿Estás bien?

-Sí, pero debemos hacer algo ya.

-Lo sé. Corre veloz y lánzalo, Lahia, no tengas miedo.

La Elfa galopó hasta el lugar donde las catapultas habían quedado estancadas en la arena mojada. En cada una de ellas colocó unos recipientes de barro con suma cautela. La herida le comenzaba a palpitar pero el trabajo debía ser desempeñado con un cuidado extremo así que se tragó el dolor. Ya habría tiempo para eso.

Tomó por última vez esa noche a Moriorlindë entre sus manos y lo hizo sonar con toda su fuerza para que los Lobos de Kemina Anka supieran que debían protegerse. Entonces cortó las cuerdas de las catapultas y segundos después los recipientes se rompían en la retaguardia del enemigo esparciendo su contenido imflamable por todo el terreno y sobre los infelices que quedaron bajo su merced. Había fuego por todas partes y los de Telpe aprovecharon el desconcierto y la luz que le proporcionó para acabar con todos aquellos que se encontraban acorralados entre las llamas, el terror y el metal de los Lobos obteniendo así la victoria para la Orden.

Horas después el fuego se había extinguido y ya sólo quedaba su humo intenso y centenares de cadáveres por todo el terreno.

-¿Qué era aquello? –preguntó Lahia.

-Lo ignoro –contestó Täreisha.- Lo importante es que aquel mercader no mintió. Arde incluso en el agua. Pero es peligroso por lo incontrolable. Habremos de usarlo con tino.

A lo lejos divisó un punto negro. La figura de un jinete que parecía innamovible y entonces Täreisha supo que también les estaba observando.

-¿Es él? -, preguntó Lahia.

-Sí -, contestó Täreisha.- Ahora sabe ya a quién se enfrenta.

Sin apartar la mirada de su enemigo levantó el puño hacia el cielo en señal de victoria y profirió un grito estridente. Sus hombres la secundaron lanzando vítores y aullidos. Täreisha se volvió con su caballo y fue hacia el asentamiento pero Lahia permaneció aun analizando al líder enemigo en la lejanía. Sus ojos de Elfa no perdían detalle pues el corazón le decía que pronto volverían a enfrentarse.

Sincarion

- ¡Señor! Permítame discrepar. El ejército de Telpe es poderoso. Tenemos que usar todas las ventajas que podamos conseguir.

- Te escucho, Hyara –dijo Sincarion.

- Nuestros vigías han visto que los dos generales que comandan el ejército de Telpe son Lahia Moraniel y Tareisha. Ambas son temibles, pero una de ellas no sale a la luz de sol. Pienso que debemos aprovechar esa ventaja y atacar en cuanto amanezca.

- Tu idea es interesante, Hyara, aunque temerariamente arriesgada. ¿Qué opinas tú, Gaur?.

- Pienso que debemos aprovechar las ventajas de nuestro ejército antes que las desventajas del contrario. Nuestras ordas de orcos y trolls se desenvuelven mejor en la oscuridad de la noche.

- ¡Sea! Terció Sincarion.

Ese día la oscuridad apareció especialmente cerrada, denotaba que algo espantoso iba a ocurrir. Las huestes de Tercano, que se habían detenido en la frontera norte de sus tierras ahora marchaban de forma rápida, cubriendo las leguas fácilmente, con Sincarion y sus generales azuzando a sus hordas.

La temperatura bajaba con rapidez. Las tropas avanzaban con dificultad tanto por el terreno desértico como por la inclemente temperatura a la que se llegó cuando apenas el sol hacia dos horas que había desaparecido en el horizonte.

Llegaron al punto deseado.

El terreno era liso, pero la oscuridad era absoluta, únicamente deslumbraban los poderosos rayos que se vislumbraban en el oeste. Era un terreno perfecto para los arqueros. Nuestros elfos, expertos con el arco y las flechas, tendrían una buena oportunidad de ensañarse con las tropas de Telpe, gracias a la vista tan desarrollada y a la excelente puntería que caracteriza a la raza de los Eldar.

Al ser el terreno absolutamente llano no había dónde esconderse, no se podía preparar ninguna emboscada, lo cual era un inconveniente. Mas con todas las tropas que llevaba el ejército de Tercano, la emboscada tampoco era la táctica más adecuada, por lo que este hecho no molestó a los capitanes de la compañía; de hecho una sonrisa se dibujó en el rostro de Gaur al comprobar que no debían temer emboscada alguna por parte de Telpe.

Un fuerte viento arrastraba la tormenta desde el mar hacia la tierra, una gran cortina de agua empapó rápidamente el terreno. La arena nos golpeaba los rostros y dificultaba nuestros movimientos.

Los elementos dictaron cual era la mejor táctica para esa noche. Los ejércitos no podrían avanzar rápidamente sobre ese terreno arenoso, aunque el hecho de que arreciara la lluvia ayudaría, al provocar que la arena fuera más tupida y los desplazamientos se verían considerablemente facilitados. La marcha durante el día había sido penosa y laboriosa.

Los elfos se colocarían en la retaguardia de nuestro ejército para que llegado el momento de tener que enfrentarse en un cuerpo a cuerpo, cuando sus carcajes ya estuviesen vacíos, pudiesen sacar sus largas espadas y guardar sus arcos sin tener encima a los adversarios.

Los orcos avanzarían como una marea delante de los elfos. Despiadados, inconmovibles, sedientos de sangre. Por fin se las podrían ver con sus enemigos naturales: hombres, elfos y enanos. Por fin podrían vengar tantas afrentas recibidas en el pasado. Por fin se arreglarían muchas cuentas pendientes.

Hyara colocó a los elfos en tres filas en la retaguardia de la compañía. 600 magníficos elfos, perfectamente armados, alineados y con los arcos y las flechas apuntando sin titubear. Su misión era clara: causar el mayor número de bajas entre las fuerzas enemigas.

Gaur ordenó en la medida de lo posible a los orcos. La aprensión que sentían los orcos por los elfos y viceversa hacía prácticamente imposible unirlos en un único ejército.

Se tuvo que organizar a los orcos mediante grupos de numerosas unidades y situarlos en la vanguardia, a la espera de que los arqueros debilitaran considerablemente las huestes de Telpe y después atacar con todas las tropas posibles. Los orcos, bajo las órdenes de Gaur, ascendían a prácticamente un millar y se las tendrían que ver con el acero de las espadas y las hachas de Telpe.

Finalmente avistamos a los telpenianos. Eran más de los esperados, aunque su número no hizo titubear a ninguno de los capitanes de Tercano. Los elfos del ejército de Telpe recibieron nada más aparecer en el horizonte la lluvia de flechas procedentes de los arqueros de Hyara. Éstos de forma sincronizada fueron descargando sus flechas que volaban para llegar certeramente a su destino.

Hyara y Gaur sopesaron las fuerzas de Telpe y se miraron furtivamente. Ambos pensaron que la batalla sería muy dura. Las esperanzas pasaban por dar lo mejor de si mismos, por entregarse de forma temeraria a la batalla. Los ejércitos rugían. Las flechas buscaban y encontraban objetivos.

Sincarion observaba. Vio los movimientos de Telpe, avistó a los generales de su enemigo. Fue entonces cuando pronunció una única palabra “Hogg”, cuyo significado una vez traducida de la lengua oscura es “golpea”, y la flecha que en ese momento salió disparada del arco de uno de los elfos de Tercano voló hasta clavarse profunda y dolorosamente en el brazo de uno de los generales rivales. Un esbozo de sonrisa apareció en el rostro de Sincarion.

Los elfos continuaron con su lluvia de flechas hasta que los carcaj quedaron totalmente vacíos, momento en el que se lanzaron al ataque respondiendo a un grito de Hyara.

En ese instante todos los orcos que estaban apostados en la vanguardia salieron respondiendo al gruñido de Gaur, un gruñido salido de las entrañas y que parecía el de un lobo furioso.

La lluvia de flechas había igualado el número de enanos y hombres de Telpe con el de los orcos de Gaur.

La batalla fue estremecedora. Las tropas de ambos bandos se encontraban al límite de sus fuerzas. Los elfos de Tercano, que doblaban a los de Telpe, mantenían a raya a sus congéneres enemigos. Sin embargo los orcos a duras penas podían contener a los hombres y enanos de Telpe.

La batalla se encontraba en un punto encarnizado. Los generales luchaban codo con codo con sus tropas. Las armas recitaban su mortal canto. La sangre de elfos, hombres, enanos y orcos se mezclaba en el suelo tiñendo el paraje.

Sincarion se mantenía erguido, observando impertérrito. Habían transcurrido horas en que la batalla parecía inclinarse caprichosamente hacia un ejército y después cambiaba hacia el otro.

De pronto, Sincarion, alzó su vara y un rayo cayó de forma fulgurante.

Sincarion habló en la lengua oscura y llegaron los trolls que se unieron a la batalla de forma furibunda.

- Olog, Marzgi Telpe. Egur!

Los recién llegados avanzaron como un huracán, abriéndose paso entre las propias tropas buscando al adversario. Llevaban mallas y estaban perfectamente armados. Tras las horas previas de batalla los ejércitos estaban cansados y esta horda de furiosos trolls, entre aullidos y grandes gritos, decapitaba y desmembraba a los que se ponía a su alcance.

Sincarion buscaba atentamente con la mirada a su adversario, al comandante de las fuerzas de Telpe, le buscaba para desafiarle con la mirada, para infundir en él el terror que sus largos años al servicio del Poder Oscuro habían depositado en sus ojos, para dejarle ver una imagen mental de cuál es el desastroso porvenir de cuantos osan interponerse en su camino.

Finalmente halló lo que impacientemente buscaba y galopó frenéticamente a su encuentro. El corcel corría a la velocidad de la que era capaz, no en vano era descendiente de los Primeros Caballos, digno sucesor de su estirpe; y su galope infundía el terror entre quienes le veían a escasa distancia.

Sin embargo, Sincarion oyó la llamada de sus generales, la pérdida de tropas empezaba a ser preocupante y Sincarion leyó en la mente de sus amigos que era la hora de la retirada, y se dispuso para la partida, impidiendo el tan deseado duelo con el odiado enemigo.

En ese mismo momento en el que Sincarion iba a ver que necesitaban sus generales grandes bolas de fuego surcaron el cielo hacía el campo de batalla, siendo su punto de origen un punto alejado situado tras las tropas de Telpe.

El fuego quemó todo a su paso sin detenerse ante la lluvia ni el viento que abofeteaba el rostro de todos los guerreros. Las llamas comenzaron a extenderse rápidamente por todos lados quemando a muchos orcos de la compañía Tercana y causando grandes quemaduras a Hyara, pero sin ser herida mortal. Pero ese mismo fuego también quemó y freno al ejército rival, por lo que muchos de éstos también perecieron.

La batalla ya había causado suficientes daños en ambos bandos y sobre su caballo conjuró a los elementos para que protegieran su salida y la de sus tropas del campo de batalla. Los rayos que no habían cesado durante toda la batalla parecieron multiplicarse al oír la potente voz de Sincarion que les ordenaba que cubrieran la salida de las huestes de su Señor.

Sincarion se quedó sobre un montículo en la arena viendo el panorama que había dejado la batalla, con todas sus tropas ya alejadas. Observó como el fuego comenzaba a extinguirse y se veía un poco de humo, pero el viento se lo llevaba rápidamente junto a la lluvia, lo que hizo que la visión fuera perfecta.

Y allí, a lo lejos llegó a divisar a sus enemigas atentas a él.

Una de ellas se fue. La otra siguió observándole detenidamente hasta que Sincarion, sonriendo a su adversario, puso fin a los rayos que todavía seguían asediando el campo de batalla levantando su bastón y dio media vuelta.

Sincarion se fue satisfecho sabiendo que sus tropas habían demostrado que no serían fáciles de quebrantar.

Delisse Yestariel

RESULTADO DE LA VALORACIÓN DE HISTORIAS: Una vez quitadas la puntuación más alta y la más baja:

Tercano 7-6-7-7-7 = 34/5= 6.8

Telpe 8-8-7-8-8= 39/5= 7.8

El Resultado de la batalla fue de:

Tercano 16 armadas perdidas= 560 puntos. Recuperables 33%= 187

luego...... recuperan 127

Telpe 12 armadas perdidas= 420 puntos. Recuperables 66% = 280

luego ..... recuperan 218 puntos

Puntos totales perdidos por Tercano: 437

Puntos totales perdidos por Telpe: 202

A Telpe se le sumarán 150 monedas en concepto de batalla ganada.

LOS VALAR HEMOS ACTUALIZADO Y SOLDADOS DE CADA COMPAÑÍA Y CADA CLAN EN BASE A ESTE RESULTADO.

A PARTIR DE ESTE MOMENTO, DICHAS COMPAÑÍAS PUEDEN REORGANIZARSE, ATACAR Y SER ATACADAS.

[Editado por Indil el 26-01-2005 12:25]