La Guerra de los Clanes

Batalla Entre La C4 De Nurn Y La C4 De Telpe

Terminada
Escrito el 28-01-2005 01:04 #1

La niebla espesa permitía una visión muy reducida del bosque. Cada escuadrón de la compañía avanzaba lentamente esquivando los grandes árboles que aparecían apenas a treinta o cuarenta pies de distancia.

Una reunión improvisada fue impuesta por Arattalion, pues las condiciones no eran las propicias para una batalla entre los ejércitos que se iban a enfrentar.

-Según nos informaron desde Narmelost aquí se hallaba una compañía de las tierras de Telpe, pero será prácticamente imposible poder guerrear bien-dijo Arattalion.

-Mmmm parece como si estas tierras quisieran detener la batalla-comentó la Ent-mujer Aldamorna mientras miraba con tranquilidad uno de los árboles rodeado de neblina en las ramas.

Tan grande era el ensimismamiento de la Ent-mujer que no vió corretear a su lado aquél pequeño orco que se dirigía presto hacia ellos.

-Mis Señores, la división tres del primer escuadrón ha entrado en contacto con el enemigo.

-¿Dónde se encuentra esa división? Dijo Arattalion con un tono tajante.

-Dir ... dirección noroeste de aquí señor- titubeó el orco que vio la ira reflejada a escasos palmos de su rostro.

Marcharon rápidos los soldados del primer escuadrón de Arattalion a cubrir a sus compañeros mientras los integrantes de los otros dos cambiaban su emplazamiento y lo orientaban donde indicaban los generales.

Con un movimiento táctico, los dos escuadrones restantes acudieron en ayuda de sus compañeros.

La segunda escuadra de Aldamorna avanzaba por el Norte mientras la tercera de Ilesse acortaba distancias por el Oeste.

Allí, mientras los elfos notaban la caída del Sol y la noche crecía con una oscuridad más intensa, el primer encuentro entre las compañías se estableció imprevisiblemente.

Una división de Nurn estaba descansando al pie de unos árboles cuando unos batidores de Telpe les encontraron. Volvieron y avisaron del avistamiento. El ejército avanzó sobre la división que fue diezmada. Por suerte el primer escuadrón actuó de inmediato defendiendo y la venida de los escuadrones segundo y tercero contuvo la retaguardia telpeniana. Al verse acorralados escaparon por el suroeste, uno de los pocos puntos sin soldados de Nurn, y aunque muchos fueron abatidos por los arqueros nurnitas la inmensa mayoría corrió a escapar. Menos mal, una batalla con esa niebla habría sido caótica.

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El amanecer del segundo día había llegado. La niebla persistía estancada en los matorrales, árboles y hierbajos que apenas se veían.

El radio de visión podría haber aumentado hasta los cincuenta pies, no más. Pocas oportunidades para manejar arcos a largas distancias, cosa que debilitaba el potencial de ataque élfico del que disponían. En cambio la potencia física de los noventa trolls que conformaban el ejército maligno creyeron sería de gran utilidad en las distancias cortas.

Ilesse intentó subirse a uno de los árboles mientras Arattalion observaba el filo de Mormithril y sonreía al verlo afilado como siempre.

-No es este un sitio en el que encararse joven Ilesse-dijo Aldamorna con semblante serio.

-No todos tenemos la suerte de observar las alturas Aldamorna, una mejor visión nos daría algo de ventaja.

-Nada hay en las alturas que no puedas ver, pues aunque la niebla no cubre todos los árboles sí cubre lo que bajo ellos habita.

-Oye Aldamorna, tú eres una Ent-mujer y según me contó Arattalion tenéis una extraña conexión con los bosques que aún no entiendo. ¿No podrías ayudarnos más en este bosque?

-Ya lo he intentado. Esta Ent-mujer es vieja pero no tonta. Mmmmm. Pero estos árboles están sombríos y tristes. No les importamos en absoluto y mucho me temo que no nos ayudarán. Y aún más diría yo. Si queréis pasar las noches sin percances no os aventuréis a coger leña en la espesura.

-Vaya, habría sido una oportunidad increíble.

-¡Damas! -exclamó Arattalion- lamento interrumpir ese coloquio pero tenemos trabajo. Una hueste nos atacó ayer y no saldrán impunes sin recibir una caricia de mi espada.

Acto seguido envainó a Mormithril y se adentró dentro de la cabaña en la que habían de reunirse los comandantes elfos con Arattalion e Ilesse, puesto que Aldamorna no cabía.

Cerca de una hora pensaron sobre la táctica a utilizar en el combate, pero si la niebla persistía sería imposible afrontar una batalla épica.

Esta vez sería un juego de incursiones en el campamento enemigo.

La primera decisión por tanto fue retirar el campamento, pues el enemigo podría haber pensado lo mismo. Las divisiones cinco y tres del segundo escuadrón comenzaron las incursiones hacia el sur. Un avance, esperar el regreso y si este no se producía en un tiempo prudencial empezar a tomar posiciones el resto del ejército. Era lo que se había previsto esa mañana.

La moral de los orcos flaqueaba y se quejaban. Rumores de entre los soldados orcos corrían sobre la caída de todos en esa batalla.

Los capitanes humanos se encargaban de infundir ánimo y coraje en los corazones orcos.

Sorprendidos se hayaron por el regreso de una de las batidas antes de hora.

-Un río, infranqueable. Por aquí no escaparon.

Esperaron a la vuelta de la otra batida y comieron un poco de los víveres. Aprovecharon el paso del río y la sabiduría de Aldamorna para llenar los odres pero poco a poco. Un ejército no pasa desapercibido ni siquiera en esas condiciones.

Un rato más de camino y la Ent-mujer se sobresaltó.

-La tierra está quemada. Aquí se ha hecho una hoguera.

Ilesse se quitó la capa y con dos ramas que supuso habían servido para atizar el fuego, tensó la tela y abanico la niebla. Una vez se hubo esfumado miró algún rastro de huellas.

-Se han ido al Este y no hace mucho de este fuego, apenas habrá pasado un tercio de la mañana.

-Bien –respondió Arattalion- empecemos con la ofensiva. Que todo comandante elfo reúna a sus capitanes y soldados. Quiero a todas las divisiones disponibles. La división tres de mi escuadrón que reponga sus efectivos de los orcos que acompañan a los trolls. Quiero treinta trolls en cada escuadrón por si las cosas se complican y es necesario un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Manos a la obra.

La persecución por el bosque duró mucho rato y al fin cuando consiguieron encontrar las rezagadas tropas de Telpe. Los arqueros de Nurn las masacraron, pero no eran tantas como se hubiera querido. El enfrentamiento cuerpo a cuerpo fue rehusado e incluso se incentivó a los trolls a que lanzaran rocas al aire por si conseguían darle a alguien.

Pero el enemigo era hábil en la estrategia y atacaron los flancos más desprotegidos del tercer escuadrón.

La cuarta división del tercer escuadrón estuvo a punto de ser diezmada por una veintena de humanos telpenianos. La rápida intervención de Ilesse, que acudió personalmente con la tercera división, contuvo el ataque pero no frenó a tiempo el avance telpeniano y acabó con el brazo izquierdo destrozado por el golpe de una espada.

La herida había penetrado oblicuamente pero no había alcanzado el hueso, no había fractura, pero el músculo quedó bastante dañado como para esgrimir un arma.

A pesar de perder pocas tropas para lo que fue el asalto Nurn se retiró esta vez. La herida de Ilesse había preocupado a Arattalion y prefirió esperar a saber cómo evolucionaba la mujer. Además ya más de cuatrocientos soldados había caído en la guerra y en total no pasaban de los tres mil.

Aquella noche tuvieron que hacer otra larga caminata para encontrar un sitio que les pareciera lo bastante alejado como para sentirse seguros.

Menos de seis horas en total habían dormido en las tiendas cuando un susurro continuo y lento despertó a algunos soldados.

La extraña Ent-mujer estaba de pie en medio del campamento mirando al cielo. Arattalion se le acercó.

-¿Qué notas? ¿Qué te impacienta? ¿Ha sido el ruido que nos ha despertado a todos?

-Mmmm incluso tú tienes dificultades para entender el disgusto de los árboles.

-¿Disgusto?

-Los telpenianos han encendido una hoguera. El bosque rumorea sobre los desconocidos que queman sus ramas. En el norte, a poco tiempo a vuelo de pájaro, quizá unas dos horas, se alza una pequeña columna negra. Como la nuestra.

-¡Perfecto!, nos lo sirven en bandeja. Que suerte que la niebla blanca haga destacar el humo negro ... ¡y más suerte tener una Ent tan alta que pueda verlo!

Al alba, las divisiones de Nurn habían establecido un perímetro de más de mil metros entorno a la hoguera.

Una lluvia de flechas y piedras despertó a los más rezagados telpenianos mientras el resto, ya preparados, se organizó en torno a sus líderes.

El escuadrón de Arattalion fue el primero en entrar por el sur para plantar cara a los enemigos y al poco rato cuando se creyó que el enemigo se habría organizado, Aldamorna irrumpió por el noreste obligando a los líderes enemigos a separar el ejército en dos flancos ... en los que el tercer escuadrón, con Ilesse más atrás, irrumpió para atacar a traición por la espalda.

El ejército de Telpe no tuvo otra elección más que la huida y los cánticos de Nurn resonaron en el bosque retomando la posición y avanzando hacia el noroeste donde habían huido los enemigos.

Un cuervo voló a Narmelost con la misiva siguiente:

“La Garra Negra ha vencido sobre las tropas telpenianas. Esperamos nuevas noticias. En breve comenzaremos a caminar un poco al este camino al linde de nuestras tierras.”

Escrito el 29-01-2005 15:57 #2

La noche había caído ya en Haldanóri. Hwesta Delwen se encontraba completamente sumergida en sus pensamientos mientras realizaba la rutinaria tarea de encender la enorme cantidad de velas de la gran Biblioteca de Harna-Dîn, cuando una conocida y fría voz la sacó de su letargo.

—Hwesta… Tanto tiempo… —El característico cruel y duro tono de voz de Ríanna Mordúlin denotaba un cierto aire de preocupación.

—En verdad mucho. Demasiado, diría yo —Contestó la hermosa semiespectra, sin dejar de encender las velas. —Las cosas se han salido un poco de control pero creo que aún disponemos de tiempo suficiente, así que no debemos preocuparnos.

—El tiempo no es tanto como crees. —Hwesta no entendía a qué se refería la elfa, estaba enterada de la derrota que había sufrido la compañía apostada en Barad-Avathael frente a un ejército de Nurn, y pensaba que todavía tenían algún tiempo antes de que decidieran seguir avanzando por el bosque hacia Opéletaure, e incluso pensaba enviar una tropa en ayuda de Ariul.

—Me aventuré en lo más profundo del bosque y por esto nuestro encuentro se ha visto retrasado —continuó la elfa—, Pero mi demora nos ha salvado de una terrible tragedia. Temiendo que una parte del ejército que atacó a la compañía que comanda Ariul se dirigiera hacia aquí para impedirnos enviar ayuda me encontré con algo que ni siquiera nos habíamos imaginado, pues más tropas de Nurn han penetrado en Eryn-Dínen y se acercan a nuestra posición.

—Manda emisarios a Ouroborus y reúne al ejercito. Partiremos dentro de dos días, —dijo Hwesta.

—Ya me adelanté. Mandé a Dirion a avisar al dragón antes de llegar aquí; calculo que llegará a tiempo para que Ouroborus nos alcance durante el primer día de marcha.

—Bien, entonces hasta dentro de dos días en las afueras de la ciudad.

En el cuarto día después del encuentro entre Hwesta y Ríanna el Rimbe-a-Sornelie se encontraba ya en posición en el bosque, dispuesto para el ataque. La niebla era tan espesa que, hasta para aquellos que se conocían la espesura de Eryn-Dínen como la palma de su mano, iba a resultar difícil localizar a los oponentes. Ouroborus, que había alcanzado al ejército al finalizar la jornada anterior, se encontraba discutiendo la estrategia con las otras dos dirigentes del ejercito de las Águilas. Mientras hablaban se acercó Frogar, el mejor de los exploradores a su cargo, y les comunicó que había localizado a una de las compañías de Nurn y que ésta se encontraba completamente desprevenida.

—Enviemos una pequeña tropa para que se encargue de ellos. —Sugirió el dragón.

—No, dividirnos en esta niebla sería un suicidio, nuestras tropas se dispersarían y no nos conviene para nada. —Se opuso Ríanna a la vez que Hwesta asentía dando la razón a la elfa.

—Tienen razón, aunque la idea de enviar a todo el ejercito contra una sola división no me agrada demasiado. Que tal si envías a tus arqueros elfos primero, Hwesta, que ellos los tomen por sorpresa ocultos entre la bruma. Luego Ríanna y yo dirigiremos el ataque central.

Y así fue como los arqueros del Rimbe-a-Sornelie atacaron a la división enemiga y acabaron con las vidas de muchos soldados Nurnitas. Tras esta primera embestida Ouroborus dio la orden de iniciar la ofensiva frontal contra el ejercito enemigo, y su tropa de enanos se lanzó a la carga, con las águilas de plata de sus escudos empañadas por la niebla. En primera línea iban tres monstruosos trolls, criados por orden del dragón de Harna Dîn, que arremetían con furia contra los soldados que osaban enfrentarse a ellos.

Los hombres bajo el mando de Ríanna terminaron con el escaso número de soldados Nurnitas que quedaba en pie. Pero la niebla había alargado mucho más de lo esperado el ataque y, en el momento en que los soldados del ejercito de las Águilas cargaban contra los últimos orcos, dos escuadrones de Nurn atacaron de repente por la retaguardia. Los dos batallones se abalanzaron sobre Ríanna y Ouroborus, y sus soldados. La embestida fue brutal y muchos telpenianos cayeron en ese enfrentamiento; apenas les dio tiempo a darse cuenta que el enemigo se había reagrupado.

Ouroborus mostró su indudable poder ante los orcos enemigos y muchos de ellos fueron aplastados por el dragón o huyeron ante el temor de una muerte inevitable. Pero Ríanna no corría con la misma suerte ya que en el fragor de la batalla una espada la había herido de gravedad en la pierna izquierda y apenas tenía movilidad. Fue entonces, cuando todo parecía perdido para la elfa, que Nurumíril, la espada de Hwesta, resplandeció entre la lobreguez de la niebla y, como siguiendo una estrella fugaz en medio de una noche sin luna, todos los elfos de la compañía avanzaban con ímpetu hacia el enemigo siguiendo a la semiespectra. Consiguieron abrir una brecha considerable en las filas enemigas y lograron frenar un poco el ataque.

—¡Retírense! ¡Retírense! ¡Ouroborus saca a tus enanos de aquí! Ustedes dos —Dijo la semiespectra dirigiéndose a dos elfos rubios que se encontraban cerca—, Ayuden a Ríanna a salir de aquí, sigan a Ouroborus.

—¡Vamos!¡Síganme todos! ¡Hwesta ya sabes a donde ir! —Gritó el dragón; y huyó con todos los hombres y enanos que quedaban de su ejército hacia el suroeste. Pero tras correr un tiempo en esa dirección doblaron hacia el sureste para dirigirse hacia el sitio acordado desde siempre entre las Águilas de Telpe en caso de retirada.

Todos los arqueros élficos que quedaban sacaron sus esbeltas espadas y, bajo las órdenes de Hwesta, que lucía más hermosa y terrible que nunca empuñando sus dagas de plata, dieron una última envestida frontal contra las tropas de Nurn para terminar de asegurar la huida de su ejercito, y luego siguieron al resto de la compañía.

El día siguiente amaneció con una neblina menos densa, suficiente para que los experimentados arqueros elfos del Rimbe-a-Sornelie pudieran desarrollarse aún mejor que en el día anterior. Las tropas de Ouroborus habían corrido toda la noche y necesitaban un descanso. Éste se lo concedió, pero incluso Ríanna, herida como estaba, insistía en que no debían detenerse hasta llegar al lugar de destino. Después de una hora de descanso la tropa se puso en marcha y alrededor del mediodía llegaron al lugar señalado: un pequeño valle, oculto entre dos colinas bastante altas y la espesa vegetación característica del lugar.

Al amanecer, las tropas de Hwesta aceleraron un poco el paso, pero procuraron no llegar al valle antes de media tarde. Tal como había sido planeado, antes de llegar al lugar indicado comenzaron a oír a las tropas enemigas detrás de ellos y con ese sonido ya muy cerca se internaron en el valle vacío…

—Ya están a distancia suficiente, Hwesta —Avisó un elfo alto de pelo oscuro y ojos grises— , creo que ya es la hora.

La semiespectra, con Nurumíril en mano, se puso a la cabeza seguida por todos los elfos de la compañía, que dieron media vuelta y apuntaron sus arcos hacia la entrada del valle, para luego descargar una lluvia de flechas sobre todos los soldados enemigos que se aproximaban sin esperar el ataque. Luego sacaron sus espadas y, como en el día anterior, cargaron contra el enemigo. El ataque fue rápidamente contenido por los soldados Nurnitas y muchos elfos perdieron su vida en esa segunda ofensiva suicida que representaba las garras del Águila de Plata. Allí también Hwesta Delwen fue herida, aunque no de gravedad, pero la maza de un troll dio de lleno en su escudo y el águila en él se partió junto con el brazo izquierdo de la preciosa y temible dama.

En el momento menos esperado por los soldados de Nurn, las alas del Águila de Plata se cerraron. Ouroborus había repartido todos los soldados de que disponía entre las dos colinas y había dejado un pequeño campamento en el fondo del valle con unos pocos hombres para que cuidaran de Ríanna. La compañía se lanzó en un gran ataque y las tropas de Nurn cayeron a montones en el valle. Luego de horas de lucha y numerosas bajas el ejército de Nurn se retiró, pero algo le quedó claro a los tres dirigentes del Rimbe-a-Sornelie: El Águila de Plata había servido, pero había muchos más soldados nurnitas todavía y no iban a poder soportar otro ataque, así que marcharon en dirección a casa durante toda la noche y acamparon al amanecer.

Creyeron estar ya a una distancia segura y pensaron que las tropas enemigas ya no los seguirían. Acamparon con la intención de partir a la mañana siguiente, pero la niebla ya se había disipado bastante y después del medio día una lluvia de flechas cayó sobre el. Fue el último enfrentamiento entre ambas compañías. Las tropas telpenianas estaban muy debilitadas y se vieron obligadas a retirarse para evitar una masacre. Los nurnitas no los siguieron y el sonido de sus cantos de regocijo fueron ahogados por la magia del Bosque Silencioso mientras el Rimbe-a-Sornelie regresaba a Opelétaure.

Escrito el 03-02-2005 10:51 #3

RECUENTO DE PUNTOS:

Nurn 8-8-8-6-7= 37/5= 7.4, si perdieron 14 armadas ( 490 puntos) y pueden recuperar el 66% ( 327 puntos), aplicando esta nota recuperan 242, así que pierden en total 248 puntos. A estos, se han descontado 35 a cambio de un 10% del porcentaje de vida de Ilesse. Se han descontado 213 puntos.

Telpe 7-7-8-7-6= 35/5= 7, si perdieron 30 armadas ( 1050 puntos) y pueden recuperar el 33% ( 350 puntos), aplicando esta nota recuperan 245, así que pierden en total 805 puntos. Se han descontado 70 puntos a cambio de un 10% respectivamente del porcentaje de vida de Hwesta y Rianna. Se han descontado 735 puntos.

Además, la Orden de Telpe ha perdido 100 monedas a favor de los Señores de Nurn en concepto de retirada de la batalla.

Los Señores de Nurn ha recibido una bonificación de 300 monedas por batalla ganada.

Como hemos comentado, al igual que en todos los casos anteriores, están disponibles para el Clan o Compañía que lo solicite, las razones esgrimidas por los Clanes o Valar para su puntuación.

nullAMBAS COMPAÑÍAS HAN SIDO ACTUALIZADAS, Y POR LO TANTO PUEDEN ATACAR Y SER ATACADAS.

Historia finalizada.