Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
De Tholglîn Y Neldoriel
2005:04:17:01:45:43
Lairelossë
En las visperas, de aquel año muchos sucesos acontecieron en las tierras de la Alianza de Eithel Glîn, entre los cuales uno de los mas cantados fue la union de Hyriand y Lairelossë,he aqui su historia, tal como la cuentan los sabios, mucho despues de que aquella guerra terminara.
Despues de la batalla de Aran Fortin, Lairelossë dejo aquella tierra,y se dirijio a la fortaleza de plata, pensando que tal vez ahi la necesitarian, pues el viento le habia traido el rumor que algo pasaria en aquella tierra,no sabia aun que el destino le tenia otra jugada, una mas dulce y placentera, y que la llenaria de esa paz que tanto anciaba su corazon.
Por su parte Hyriand, habia partido de Aran fortin por otras razones, la guerra entre los clanes habia empezado, pero tambien a el le aguardaba una sorpresa, por una razon u otra llego a la fotaleza poco despues que Neldoriel lo hiciera.
Hyriand
Al llegar Hyriand a la Ciudadela y entrar, mucha gente lo aclamó, como al resto de los guerreros, pero el hombre estaba sumido en sus pensamientos. Desde aquel día que apareció en las escaleras tras de él, no habia dejado de pensar en ella, y entonces la vio: llevaba un precioso vestido de un color rojo apagado aunque cuando era iluminado por el Sol, adquiria intensidad.
Al verla, Hyriand se le acercó y la miró a los ojos, eran preciosos como nunca antes un mortal había visto y el númenóreano no sabría explicar con claridad su color.
Aiya, mellon -dijo la maia dulcemente- Volvemos a encontrarnos, la verdad es que estaba esperandote con impaciencia. Tengo algo que decirte...
Yo tambien quería verte, mi señora -dijo Hyriand agachando la cabeza- Se que conociste a la amada de Elentir y mucha gente decía que su amor con Ulban era imposible, ¿por qué?`
De eso quería hablarte, pero no me llames señora, llamame Lairelossë- le sonrió la maia- Ulban era mi hermana, y su amor era imposible porque ella era una maia, al igual que yo y Elentir era solo un mortal.
Un mortal... -Tholglîn se quedó pensativo- Pero era como un hermano para mi, un hermano que se ha ido por culpa de su amor...
No te apenes, Elentir fue muy feliz -le interrumpió Neldoriel- además murió en los brazos de su amada, como el deseaba.
Lairelossë, yo no se apenas nada de ti -dijo el hombre- sólo que vienes de Aman y que no hay belleza en Arda que pueda compararse a la tuya.
Puedo contarte mi historia -respondio la maia con una sonrisa en los labios- aunque no hace falta que tú hagas lo mismo, pues los maiar como yo tenemos el poder de leer la mente y ahora mismo se todo, absolutamente todo lo que estás pensando...
Lairelossë
Tholglîn le miro sorprendido, un sueve color rojo inundo sus mejillas, pero lo animilo con una sonrisa, la maia le miro y le dijo.
-puedo leer las mentes, no es asi con lo corazones, es algo que debe expresarse,ven mi querido amigo, debes tener hambre- Lairelossë lo guio a un estancia, ahi habia una mesa preparada, para su llegada,Hyriand se sento en silencio y comenzo a comer- mi historia es muy larga....
Neldoriel comenzo su relato, cuidando cada palabra,mientras observaba al hombre, y algo paso en su interior, y aunque lo olvido un deseo se guardo profundamente en su corazon,le hablo Artano y como le habia rechazado, entonces Tholglîn golpeo la mesa enfadado.
-Sauron...susurro
-si el mismo-la maia miro a la chimenea, unas lagrimas cruzaron su noble rostro-el recuerdo mas grato que tengo de el es una melodia,pero el amor que sentia hacia el desaparecio hace ya mucho-alguien llamo a la puerta, una pequeña niña entro-perdona Hyriand me necesitan en las casas de curacion.
Neldoriel salio seguida por la niña dejando al hombre desconcertado.
Hyriand
Esa noche, Tholglîn la paso en la posada principal de Tyelpeösto, \"El Dragón Dorado\" y tardo bastante en conciliar el sueño. Constantemente le acudían a la mente imagenes y recuerdos de Neldoriel, no podía quitarsela de la cabeza.
Se revolvia entre sus mantas pensando qué era lo que tendría que hacer, ¿qué hubiera hecho su hermano en una situacion similar?
Pasaban los segundos, los minutos, las horas de forma muy lenta hasta qué llegó un momento en que Hyriand no pudo más y se puso en pie.
Mientras se ajustaba el cinto y las botas pensaba que aquello era una locura, pero había algo en su cabeza que le impedía no hacer aquello que iba a hacer.
Así que en plena noche, salió de la habitación, y caminando lentamente y sin hacer ruido llegó al recibidor de la posada, salió afuera y el frío viento le golpeó en su cara húmeda nada mas atravesar el umbral. Hyriand estaba llorando, y no sabía si se trataba de lagrimas de alegría o de tristeza, pero algo en su interior se removía y no pudo controlarlo.
Se encaminó a las Casas de Curación, no había ni un alma en las calles, apenas si había comenzado a amanecer, pero muy timidamente. Aun no había ninguna luz. No obstante, el hombre llegó a su destino y se encontró la puerta cerrada. Este era un contratiempo con el que él no había contado, así que decidió ir a las caballerizas y al poco, volvió a lomos de Elvaralas; con el que consiguió elevarse hasta poder trepar el muro contiguo a la casa principal. La casa donde en esos momentos dormía Lairelossë, o quizá le estaba esperando...
Lairelossë
Neldoriel,fue guiada por la pequeña Ireth hacia donde su madre, pues la mujer habia concebido en aquel año,se llamaba Anariel, y un sudor frio recorria su cuerpo, la maia se sento junto ella y le hablo.
-Anariel dime, hace cuanto que comenzo el dolor-Lairelossë poso su mano en el vientre.
-hace poco mi señora,ya viene cierto.
-si ya viene-su voz se dirijio hacia la pequeña-Ireth mi niña ve por tu padre-la niña salio corriendo-Anariel relajate, respira hondo y pronfundo...
Las horas pasaron lentas para la mujer, la maia que habia asistido a muchos partos en Valinor le ayudo lo mas que pudo,los curadores habian cerrado la puerta de la estancia, Ireth y su padre tuvieron que esperar afuera; los gritos de la atani austaron al hombre que temio lo peor,de repente un chillido se escucho al otro lado de la puerta.
-Es un hermoso niño-la maia tenia entre sus brazos a un bebe que al rato se cayo pues lo depositaron en los brazos de su madre-que la gracia de los valar caigan sobre el.
Anariel sonrio y acaricio al niño.
-Hantalë mi señora.
-no hay de que Anariel, ¿cual sera su nombre?-le dijo Neldoriel, que se encontraba cerca lavandose las manos,miro hacia donde se encontraba la madre y el niño, y sonrio para si , aquella escena era muy hermosa-Hyriand.susurro.
-Es un bonito nombre, mi señora porque lo ha dicho.
En ese momento Lairelossë se dio cuenta de sus palabras.
-Porque al hombre al que pertenece es grande-la maia sonrio-no me hagas caso Anariel, ya pensaras en algun nombre, ahora deben descansar, llamare a tu esposo y a Ireth para que vengan.
-no mi señora, en honor a usted le pondre ese nombre: Hyriand-la mujer dijo esas palabras y luego agrego-de nuevo le agradezco.
-te agradezco yo ati Anariel-la mujer no entendio, aun asi sonrio.La maia salio de la estancia ahi estaba Ireth con su padre-todo ha salido bien, fue un niño ahora pueden pasar a verle.
-Gracias.pronunciaron el soldado y la niña, que entraron cual rafaga de viento.
Lairelossë rio contenta y se dirijio a sus aposentos, ahora tenia claro que era aquello que habia en su corazon, al llegar abrio, uno de los ventanales, un viento frio entro, pegandole en la cara, sin embrago no cerro la ventana,asi la dejo y fue acostarse, he intento dormir, mas no podia, volvio a levantarse, y salio de la estancia, sin darse cuenta sus pasos la llevaron al jardin, en el centro habia una hermosa fuente, se sento en el borde y comenzo a cantar, pero esta vez la melodia era diferente,no habia melancolia por el amor perdido, si no alegria y paz, esta vez la cancion hablaba de otra cosa, de una union mas grande.Neldoriel no se habia percatado de que alguien la observaba, pronto el desconocido camino hacia ella, la maia no habia dejado de cantar,fue cuando sintio la presencia del hombre, callo y volteo esperando que el mensaje hubiera llegado a su destino.
Hyriand
Esa era una canción preciosa -dijo Hyriand que se acercaba lentamente y aparecía desde la sombra- casi tan preciosa como quien la cantaba.
Es una antigua y lejana canción que aprendí en las tierras de Aman -respondió muy segura la maia, aunque cierto rubor había teñido sus mejillas- sé que me estabas buscando, ¿estoy en lo cierto?
El hombre de Lindon se acercó a la bella maia y le acarició el rostro, luego su hermosa y negra melena, sus cabellos eran finos como el terciopelo y la luz de la luna los teñía ligeramente de un color castaño oscuro.
La maia intentó resistirse al principio, pero poco más tarde se encontraba acariciando suave y tiernamente a Hyriand y fue entonces cuando se fundieron en un largo y apasionado beso. Mientras se besaban, el hombre alcanzaba a oir palabras que le decía Lairelosse al oido, pero no las entendía, era un lenguaje oculto para él, pero entonces Tholglîn se retiró, la miró a sus ojos, que brillaban con un color azul muy intenso y le dijo \"Te quiero\"...
Lairelossë
Neldoriel sintio mas que paz en aquel momento, sintio amor, esperanza y todas aquellas cosas,que parecian haberse perdido hace ya mucho,y tanta era su alegria que le susurro todo lo que sentia, en forma de versos, al oido, pero el parecia no entenderlos, fue cuando el le dijo \"Te quiero\".Entonces ella comprendio, le abrazo y le susurro de nuevo al oido:
-yo tambien te quiero-la maia le volvio a besar,cuando lo hizo una luz los alcanzo,pero duro poco y despues desaparecio,Hyriand iba a preguntar que era aquello,pero ella le puso un dedo en los labios-es la bendicion,del mismisimo Eru, Tholglîn tu eres al que buscaba y no aquel que me rechazo dos veces, ahora lo se.
Hyriand sonrio y le volvio a besar,despues saco un pequeño brazalete y se lo puso, en su mano derecha.
-Que esto sea el recuerdo de esta noche,y ahora debo preguntarte amada mia¿me concederias el honor de tomar tu mano y unirla a mi corazon?
-Ya sabes la respuesta Hyriand, toma esto-ella saco la pequeña daga que portaba consigo siempre-que te proteja, pues al separarnos te llevaras mi corazon, ella sera el medio para que el viento lleve mi mensaje y sepa que estas bien.
El hombre observo la daga,con finos detalles en el mango,y unas letras grabadas en la hoja.
-Gracias Lairelossë,me has hecho muy feliz. dicho esto volvieron abrazarse y se dirijieron a los aposentos de la maia .
cuando llegaron la maia abrio la puerta, el le dijo.
-Me retiro,que descances amada mia-el hombre de Lindon le dio otro beso-Buenas noches.
-Buenas noches querido mio.
[Editado por tari el 28-01-2005 03:46]
[Editado por tari el 29-01-2005 03:50]
Hyriand
Asi pues, los días posteriores a aquella noche fueron de gran alegría para las gentes de Tyelpeösto, cuando supieron la noticia del futuro enlace entre Neldoriel y el caballero Hyriand, la gente comenzó a engalanar las calles de la ciudad y a prepararlas para la ocasión.
No veo el porqué de tanta patraña -comentaba con otro soldado el joven Isithraril, un inexperto guerrero de la Ciudadela- al fin y al cabo, pocos dias hace que llegaron las noticias de la muerte del rey, no veo como podemos estar festejando algo tan poco tiempo después.
¿Eso piensas en realidad? -dijo un misterioso hombre encapuchado detrás de él- Debo advertirte de que la boda de un valiente amigo mio con la mas bella de las doncellas de Arda no puede ser considerada ninguna patraña. No a menos que te apetezca probar mi frío acero.
Ante esto, Isithraril no supo como reaccionar y si debia tomarse en serio al hombre misterioso que en esos momentos se había quitado la capucha de viaje. Una larga melena oscura relució al viento, el hombre tenía un aspecto similar a los antiguos hombres de la Casa de Beör.
Soy Dregnor, un númenóreano venido de las hermosas tierras élficas de Lindon -dijo- y he de deciros que lo que me ha traido a estas tierras son asuntos de mayor entidad, asuntos que solo atañen al rey de éstas Tierras, ¿Podeis decirme donde encontrarle?
Desde la muerte del amado rey Hiruvalye -respondió el soldado Urebrilas- estas tierras no tienen un verdadero rey, el gobierno de la Ciudadela reside en un administrador del trono, un elfo llamado Túrin Mänkáno.
Gracias -respondió el numenoreano- que Eru te guarde. Dregnor prosiguió su camino y se dirigió al templo para hablar con el Regente sobre las malas nuevas que traía desde lejanas tierras, momentos después sus ojos grises se cruzaron con los marrones de Hyriand, que salia de palacio acompañado de una hermosa dama y los dos se sonrieron y se abrazaron años despues de la última vez que se vieron.
Lairelossë
Despues de que Dregnor llegara, la maia los condujo a una estancia, luego le llevo comida y los dejo solos,tenian muchas cosas de las que hablar y ella no deseaba interrumpirles.Se dirijio a las estancias donde aun tenia trabajo que hacer, se detuvo en el camino,el viento surcaba su rostro y con el un nuevo rumor,pronto los capitanes llegarian de Aran Fortin,y lo que se habia retrasado hacia tiempo pasaria,pero algo mas traia aquel rumor,algo pasaba con Valarúmen y no era del agrado de Neldoriel.
Pues bien, Lairelossë conocio de lleno a Dregnor un hombre inteligente y noble a la vez.Y entre mas tiempo pasaba, el amor que existia entre ella y Hyriand se hacia mas grande.
Asi llego el dia en que los capitanes llegaron a la fortaleza, y la gente lleno las calles con flores de bienvenida,esta vez Turin Mänkáno, el regente enviado por los valar, los recibio y detras de el venia Thoglîn y Neldoriel, junto don Dregnor que se mostraba receloso con los desconocidos.
Árchaon
La llegada de los capitanes desde Aran Fortin fue una alegre noticia que todos acogieron con los brazos abiertos.
Después de ser recibidos por el nuevo regente, por Thoglîn y Neldoriel y por Dregnor se dirigieron a cenar. En la cena todos los capitanes fueron sorprendidos con la gran noticia del enlace matrimonial entre Hyriand y Lareloissë. Todos vieron aquello como una nueva esperanza para un futuro no muy lejano para aquel reino que intentaba organizarse.
Después de la cena Árchaon salió del gran comedor y se dirigió a unos pequeños balcones que disponían de preciosas vistas de toda la ciudadela.
- Hermosas vistas, ¿verdad?- La voz de Laitaine sonaba justo detrás de su hombro.
- Sí, pero no tan hermosas como la mujer que entró en mi corazón.- dijo este sin volverse.
- ¿Por qué siempre me sacas los colores?- La elfa se acercó más a Árchaon y lo besó.
- No pretendo hacerlo, es algo que me dice el corazón y he de decirlo- Este sonrió. -, me inunda la felicidad al pensar que Neldoriel e Hyriand se casen, que se produzca una alianza entre sus corazones...- Árchaon quedó pensativo. <¿Alianza?>pensó, <las alianzas siempre son buenas, ya que la unión es beneficiosa para aquellos que la forjan, ¿y si...?> Laitaine lo interrumpió.
- Árchaon, tengo un poco de frío, vayámonos dentro.
- De acuerdo- y agarrando la mano de la elfa se dirijieron hacia dentro. <Alianza>, seguía pensando Árchaon.
[Editado por legolaragorn el 02-02-2005 12:35]
Valarúmen
A la mañana siguiente Valarúmen despertó temprano,estaba temblando pero a la vez con mucho calor.Se levantó de la cama con la vista borrosa y abandonó las estancias de una pequeña posada en la que se habia acomodado,mientras que los demás durmieron en cómodos lechos a los que solo podía acceder la realeza,pero a Valarúmen se le invitó a permanecer alli como a cualquier capitán pero el pequeño maia rechazó la invitación.Salió con la espada de plata en la mano,dirección a la herrería,caminando siempre con paso lento y apoyandose en su bastón.A pesar de que era todavía temprano, ya habia tránsito por las calles y mucha gente estaba reunida,ya que se celebraba el día de comercio.¿Habeis visto a los nuevos tontitos que llegaron ayer a la ciudad?-exclamo un hombre de aspecto poco agradable que estaba hablando con un gran número de mercenarios como él-.Ya lo creo que los hemos visto-contesto otro-son elfos la mayoria.Esos malditos elfos,siempre tan refinados y creyendose superiores-volvió a hablar el primer hombre,el que tenia el aspecto mas desagradable-¡los odio a muerte!.Mirad-grito un mercenario señalando a Valarúmen con el dedo-aquel espantapájaros tambien es nuevo en la ciudad, y por lo visto amigo de los elfos.Ya me encargaré yo de él-susurró el cabecilla-oh si...si que lo haré...
[Editado por frodillo el 02-02-2005 19:42]
[Editado por frodillo el 02-02-2005 19:43]
Telimektar
Telimektar salió de las estancias que havian sido dispuestas para los capitanes, este fue por las calles de la ciudad, montado sobre su corcel blanco y junto a su espada Orion buscaba un herrero para que la afilara después del ataque al galeón, mas tarde se disponía ir a ver las tareas de reparación de este.
Bajo por las calles y las gentes se le quedaban mirando ya que era de estatura grande mas aun que ningún elfo de la zona, este encontró a una grupo de hombres que increpaban a un niño que intentaba recuperar su sombrero y se acerco a ellos y le dijo:
- Buenos días señores, veo que os divertís atormentando a los niños, no os serian más factible enfrentaros a alguno de vuestro tamaño? –le dijo cogiendo el sombrero de la mano de uno y al mirar al joven reconoció a Valarumen
- Que haces por aquí no tendrías que estar descansando- le dijo dándole el sombrero
- No necesito que me ayudes, ya podía solo con estos hombres acaso no me crees capaz?- le dijo mientras le arrebataba el sombrero y salía corriendo
- Veo que la rata es mas lista que tu, él podrá escapar pero tu no, ahora pagaras tal osadía- le dijo un hombre mientras le daba un estacazo con una lanza y lo derribaba del caballo
Telimektar se levanto y desenvainó la espada y les decía:
- Mirad he tenido un largo viaje y no permitiré que un sucio mercenario me distraiga de mis planes- les dijo mientras se ponía en guardia.
Los mercenarios eran pocos pero al estar en una especie de plaza tenían las posiciones tomadas y empezaron a atacar, dos de ellos cayeron rápidos bajo el frío acero de Orion, la cual brillaba con un fulgor inmenso, unos se le abalanzo y lo derivo al suelo pero se pudo liberar pronto de sus brazos, pero el mercenario con un rápido movimiento le asesto un corte en el brazo.
-Veo que sabes luchar, pero de nada te servirá, yo soy Urtan– le dijo el mercenario que parecía el jefe.
Pronto solo quedaron el jefe del y Telimektar, el cual estaba cansado y la herida le sangraba, encanvio Urjan estaba descansado, este saco una espada curva de acero negro, su mago era en forma de calavera.
Las espadas lanzaban rayos cada vez que se enfrentaban, el mercenario no podía contener las embestidas de Telimektar, el qual aun estando cansado y herido podía blandir la espada como si fuera un tallo, las rodillas de Urjan flaqueaban bajo el peso que cada vez era mayor sobre él, la espada temblaba hasta que se partió en dos y un trozo voló hasta que se clavo en un árbol cercano.
La cara de Urjan canvio rápidamente, su orgullo fue cercenado en poco. Teliemktar viendo A Urjan en el suelo le dijo:
- Desármate del todo, deja todas las armas en el suelo y no intentes nada o te rebanaré la cabeza más rápido que un rayo-le dijo piniendole el frío acero de Orion en la garganta.
Valarúmen
Valarúmen llego corriendo a la herrería, una pequeña casa en una de las calles mas transitadas de la ciudad.El pequeño maia llegó sofocado y se paró cerca de la puerta,apoyandose en la pared.La gente no parecia reparar en la presencia de Valarúmen pero algunos curiosos se paraban cuchicheando entre ellos y empezaron a señalarle.Para esconderse de las miradas molestas, el maia entró en la tienda y el herrero,un viejo calvo con una larga barba blanca le atendió de buen grado.¿En que puedo ayudarle pequeño señor?-pregunto el herrero sin darle importancia al aspcto de Valarúmen-.El pequeño maia, apoyó el bastón sobre una repisa y con la mano derecha desenvaino la quebrada espada plateada y se la ofreció.El herrero la cogió con mucho cuidado y la examinó cuidadosamente.Apuesto a que esta espada tiene mas años que usted y yo juntos-rió el viejo herrero mientras que Valarúmen lo miraba confundido-si la memoria no me falla puede tratarse de una hoja élfica,forjada hace mucho tiempo en las hondonadas oscuras de Beleriand.Es posible que pueda repararla,aunque su tamaño disminuira un poco debido a que es una hoja muy delicada,aunque con su permiso,he de decir que mas que un inconveniente,para usted será una ventaja,ya que podrá utilizar la daga a modo de espada.Valarúmen agradeció los servicios prestados y cuando salía por la puerta el herrero le dijo: Ven a por ella mañana por la tarde ¡y buscale un nombre!
Valarúmen
Caía la tarde del día siguiente cuando Valarúmen fué a buscar la daga a la herrería.Cuando entró el herrero estaba a punto de cerrar.LLegais a punto señor Valarúmen-dijo el viejo herrero-esperad aqui un momento.El herrero se metió dentrod e un almacen dejando al pequeño maia solo por unos momentos.Valarúmen miraba a ambos lados asombrado, largas espadas y grandes hachas yacían colgadas en la pared y poseían una belleza que no se veía en otras armas.Poco tiempo después llegó el viejo,y con él traía una caja.La abrió con cuidado y desenvolviendo viejas telas sacó a la luz una espada pequeña,guardada en una raída vaina de cuero.La desenvainó y la hoja plateada y bien pulida relució de pronto, fría y brillante.Aquí tienes tu daga élfica-exclamo el herrero ofreciendosela a Valarúmen con una sonrisa en los labios-¡ah! y también podeis llevaros esto,hace tiempo que lo tengo por aqui y no le veo ninguna utilidad-abriendo un cofre el viejo herrero sacó un pequeño cinturon resplandeciente,con bordados plateados.Es un detalle en verdad señor-dijo Valarúmen aceptando las dos cosas de buen grado-y el trabajo de el mejor herrero que he conocido.El pequeño maia se llevó la mano al bolsillo de la túnica y sacó un saquito con oro que ofreció rapidamente al viejo,el herrero lo rechazó al principio pero Valarúmen insistió en pagar sus gastos.Se quitó el delgado cinturon de cuero y se puso el pequeño cinto resplandeciente,en el que iba ajustada la espada éfica.¿Habeis pensado en un nombre para la espada?-preguntó el herrero mientras recogia todo.Asi es-contesto Valarúmen-la llamare Pereldar.El viejo se quedo pensando un rato,con la mano apoyada en el mentón y despues mientras sonreia exclamo: cuyo significado es Espina ¿me equivoco?.Sabio sois en verdad señor-contesto Valarúmen-ojalá toda esa gente de ahi fuera pueda aprender algo de alguien como vos.El herrero no supo que decir y alzando la mano se despidió de Valarúmen.
Valarúmen
Valarúmen paseaba pensativo por las calles de la ciudad de plata, era casi media noche.Todo estaba en silencio y solo se oía el sonido de una puerta lejana que se cerraba bruscamente.El maia se detuvo, miro al cielo y contemplo las hermosas estrellas.Sacando lentamente la ocarina tocó una melodía preciosa.Poco tiempo depués notó que otro sonido le llegaba o le contestaba.Comenzó a andar, sin parar de tocar, guiandose por aquel sonido que lo estaba animando de algún modo.En la rama de un viejo árbol, estaba la bella Laitaine, la vista perdida en la lejanía y el hermoso rostro iluminado por la luz de la luna, habia dejado de tocar su violín cuando vió que Valarúmen se acercaba.Ambos se miraron fijamente durante unos momentos hasta que Laitaine le lanzó una sonrisa, en ese mismo instante Valarúmen sintió un fuerte deseo de estar a su lado,aunque tuviese que trepar ese enorme árbol.Sintió que el corazón le presionaba,algo que nunca antes había sentido,guardó la ocarina y se dirigió hacia ella.Cuando ya estaba al pie del enorme tronco apareció Árchaon y con una rapidez asombrosa trepo por la corteza y subió hasta donde estaba Laitaine.Se abrazaron y se besaron y Valarúmen, sintiendose una criatura pequeña e insignificante, se alejó lentamente con el alma apenada..
[Editado por frodillo el 05-02-2005 03:01]
Malenril
Los días pasaron y la alegría retorno a aquellas tierras, en las que se había perdido la esperanza de una vida tranquila y segura frente a las fuerzas que se levantaban en Haldanori. Y llego, por fin la noche anterior a la celebración de la unión entre Neldoriel y Tholglîn, en la que se estaba celebrando un gran banquete para festejarlo por todo lo alto, y donde estaban invitados todos los capitanes del ejercito y las personalidades mas importantes de la ciudad de Tyelpëosto. La cena comenzó con alegría y la comida y la bebida aparecían en abundancia sobre las mesas de la lujosa sala donde se encontraban. Y en el fondo de la sala la música comenzaba a fluir en suaves acordes, que amenizaban las tertulias que mantenían entonces los comensales.
Las horas pasaban lentamente en una noche que seria larga, pues después del banquete, comenzaría el baile, que duraría hasta elevadas horas, puesto que aunque al día siguiente habría otro ágape aun mayor para celebrar la gran boda, el pueblo necesitaba esa diversión, que dejaría atrás días más aciagos. Pero, después de que varias horas pasasen tras de que la fiesta comenzase, Malenril, se dispuso a salir a relajarse en los bellos jardines del patio, pues tras varias horas de bullicio, buscaba momentos de calma y reposo.
A los amplios jardines, llegaban tímidamente las notas de la fiesta a través de los grandes ventanales de la sala, junto con la risa de fiesta que se filtraba.. El elfo, comenzó a caminar, pero pronto se detuvo junto a un árbol, y contemplo el firmamento que se abría por encima de la ciudad. La luna se mostraba casi en su totalidad, pues unas nubes ocurras cubrían en parte su majestuosidad. Pero había algo raro en el ambiente. Algo flotaba en el aire, como una sensación de que algo pasaría, y cambiaria la situación de esas tierras de una manera insospechada.
Telimektar
Telimektar fue a la cena junto a Narairë, la joven elfa irradiaba una luz que lo atraía. La joven vestía un largo traje de seda roja con escote de barco, el pelo delicadamente trenzado y engarzado por la diadema que le regalo en Aran. Los dos se dispusieron a entrar en la sala y muchas miradas se posaron en los dos, entraron en la sala y al fondo estaba una gran caja traída por el gobernador como regalo de boda, de parte de las gentes de Aran Fortín, Narairë le miro y le dijo:
- Que es lo que hay dentro de ella- le dijo intrigada
- Descubrieron en la biblioteca del Templo unos pergaminos que hablaban de la fuente de la capita, dicen que en ella una estatua fue fraguada a la semejanza de la Valier Nienna, la Señora de la Piedad y del Duelo como sabrás, esta estatua fue robada durante las guerras y en vano se busco durante largos años. La mande construir al poco de llegar a Aran para instalarla en el patio del templo pero viendo que la fuente brotaba de nuevo me tome la osadía de traerla para el rey.- le dijo mirándola, sus ojos brillaban como rubíes.
- Cuándo la veremos, Telimektar? – le dijo
- Dentro de muy poco y su belleza se alzara de nuevo, 6 me alto de la plata más pura de Aran esculpidas en ella- le dijo mientras se acercaban a los demás comensales.
Encontró a Archaron y a su dama Laitaine hablando animadamente y se unieron a ellos:
- Como estáis señores y bella dama- le dijo a Laitainë
- Bien aquí esperando a que os dignéis a decirnos que hay dentro de esa gran caja guardada tan celosamente-le dijo Archaron
- Tendréis que esperaros, ya que no la abriré hasta que estemos todos juntos y os futuros Señores de la Fuente entren- les dijo riendo
De pronto las finas notas que salían de las trompetas de plata anunciaron la llegada de los Señores, los dos bajaron por las grandes escaleras de la sala y se dirigieron a la base de estas, mientras los allí presentes bajaban la cabeza en señal de respeto. Hyriand levanto las manos y dijo:
- Bienvenidos mis capitanes y mis fieles señores, grande es el honor de tener ante mis a grandes guerreros y bellas damas no menos fieras en el campo de batalla. Como todos sabréis os hemos reunido para celebrar la unión entre la dama Neldoriel y yo- les dijo mientras la dama se adelantaba y les inclinaba la cabeza.
- Telimektar adelantaos, me han dicho que este presente es de vuestra isla.-le dijo
- Grandes artesanos trabajaron en ella, y ahora os será devuelta después de mucho tiempo, a lo mejor no sabéis de lo que os hablo pero cuando la veáis lo entenderéis todo y la fuente volverá a ser la que era en sus comienzos- le dijo mientras se acercaba al- con vuestro permiso, -Telimektar tiro de la cuerda y delante de todos los presentes apareció, una gran estatua de la plata mas pura, era la Valier Nienna y en sus manos sostenía un globo de cristal perfectamente tallado.
- Nienna? A que se debe esta estatua, no será...?-le dijo Hyriand
- Si es la estatua que había en la fuente, bien la que había no, es una copia exacta de la que en un día estuvo en ella, espero que sea de vuestro agrado.-le dijo mientras Hyriand se acercaba e ella y la tocaba con delicadeza.
[Editado por Tulkas_el_Valar el 05-02-2005 13:58]
Árchaon
Todos quedan maravillados antes la belleza de la estatua de Nienna, cual brillo inmaculado refurgía a la luz de las candelas colgadas en la pared.
Todos la tocaron muy suavemente, y entonces, la hora del baile llegó. Todos danzaban al son de unos acordes perfectamente compaginados, cuyas melodías penetraban en cada rincón de las tierras de Haldanóri. Aquella música llegaba hasta el corazón de los más infelices, y ello hizo que todo el mundo se buscara una pareja para bailar en el gran salón.
Después de danzar dos o tres piezas, Árchaon se sintió mareado, y salió a los jardines a pasear un rato. Allí se cruzó con malenril. Al rato, Laitaine legó a su son, y con una bella sonrisa cogió al medio elfo de la mano para llevarlo a un rincón de los jardines más íntimo. Ambos se tumbaron en el césped, pero aún así, las finas túnicas encueltas en seda preparadas para la ocasión no se macharon ni tan siquiera de polvo. En aquel momento empezaron a juguetear y no pararon de besarse, mas aquel momento se hizo eterno para Árchaon, nunca había estado tan feliz como ahora.
Laitaina se puso en pie y tendió su mano al medio elfo, dirigiéndolo entre los jardines.
- ¿Dónde me llevas?- preguntó este.
- Tranquilo, no te arrepentirás- y la elfa sonrió...
Laitaine Numeniel
Árchaon cogió la mano de Laitaine y se levantó. A lo lejos oyeron las voces de Telimektar y Narairë, y Númeniel dirigió al medio elfo a través del jardín, hacia los aposentos de la elfa. De vez en cuando, entre risas, se detenían y empezaban a besarse en las sombras de los muros y los árboles.
Llegaron al gran mallorn que estaba pegado al muro. De la muralla salían unas escaleras que se enrrollaban en el tronco del gran árbol, hasta llegar al flet de la elfa. Allí entraron los dos, y notaron de repente el calor de la pequeña hoguera en medio de un círculo de cojines que había al fondo de la habitación, y se acercaron a ella. Árchaon besó a Laitaine, como si el mundo fuera a acabarse, y está le rodeó con sus brazos fuertemente. Al poco rato, los dos, casi sin darse cuenta, se despojaron de sus túnicas, que cayeron al cálido suelo de piedra.
Así se amaron Árchaon y Númeniel durante toda la noche, hasta que el fuego de la hoguera se consumió entre sus cenizas.
Telimektar
Los dos jóvenes pasearon por los grandes jardines y se dirigieron hacia la orilla del mar, una pequeña cala quedaba resguardada por las inmensas murallas de la ciudadela. Los dos miraban el gran mar que brillaba por los rayos de Isil, este miraba a la joven mientras en su corazón, los rescoldos de un amor, antaño consumido se reavivan a cada latido de este. La Música no cesaba en los salones y les llegaban las dulces notas, Telimektar mirando a Narairë le dijo:
- Antaño en la ciudad de Gondolin havia una dulce dama, joven era y su voz resonaba en las estancias de Turgon, la joven cantaba para el todas las noches y yo la escuchaba desde los jardines mientras la paz aun reinaba dentro del valle, pero como sabes la maldad entro en él y la joya, la ultima joya elfica cayo bajo el fuego y el terror del Infame. El rey antes de que la ciudad cayera me confío las grandes obras de esta, intente encontrar a la dama Iriel pero no pude ya que el fuego nos separo y pense que había caído con ella, largos años llore recordando los cantos. Pero un día me llegaron noticias de que un superviviente de Gondolin estaba en la corte del Rey Thranduil y que su voz era prodigiosa y hacia ella me dirigí, pero antes de llegar las aves traían l noticia que el ruiseñor de la corte había muerto mientras hiva a Lindon con un pequeño bebe que no encontraron, largo tiempo la busque pero solo encontré desolación y me retire hacia estos parajes.- le dijo mirándola.
- Y por que me contáis eso, acaso so recuerdo a ella?- le dijo
- Sois la viva imagen de esta persona, parece que el tiempo no paso y es como si la viera en el balcón cantándome, - le dijo mientras las lagrimas asomaban por su rostro.
- Una joya conservo de ella, una joya que jamas sé a separado de mi corazón, la e llevado en las batallas y de ella e sacado fuerzas cuando estas me abandonaban.- dijo mientras de su chaqueta aparecía un broche partido en dos, eran dos golondrinas, ella las adoraba y les cantaba, - ella el mismo día que me lo dio lo partió en dos, uno para ella y otro para mi. Pero de eso ya hace mucho tiempo, largas lluvias cayeron sobre mis hombros. Nos unía una gran amistad ya que ella me enseña el arte de tocan los instrumentos y yo le enseñe a manejar la espada, todos decían que hacíamos la pareja perfecta pero nosotros nos reíamos mientras corríamos por los verdes prados del valle. Ella se unió a un soldado amigo mío y los tres fuimos dichosos al enterarnos que estaba en cinta, su voz sé hico mas dulce si cabe y ella era la más bella, solo podía ser comparada por Idril Celebrindal Hija de Turgon y Elenwë. Los dos eran felices y yo me sentía contento por ella. El día de la batalla, vi caer a su esposo mientras cargaba con la Casa de la Golondrina sobre las huestes orcas, el me mando a buscarla pero no pude ya que el fuego que irrumpía en la ciudad como olas quemaban todo lo que encontraba en ella, solo la vi un segundo en lo alto de las murallas de palacio y después desapareció entre las llamas.-le contó Telimektar.
Valarúmen
No se sabia nada de Valarúmen desde la noche en que Laitaine lo vió.Ni siquiera habia asistido a la gran cena aunque nadie habia reparado en su ausencia.El maia se encontraba en los sótanos del palacio, caminando por sus oscuros pasillos.Había angustia y desesperación dentro de él,su corazón sentía odio y tristeza, sin duda algo lo estaba consumiendo lentamente por dentro.Al día siguiente, Árchaon, que había pasado toda la noche con Laitaine, visitó al futuro señor de la Fuente y tuvo una larga charla con él.Después, fué en busca de la biblioteca, tenía que informarse de unas cuantas cosas pero no tomó el camino correcto y fué a parar a una de las enormes galerías que conducían a los distintos sótanos.Esto es demasiado grande-exclamo Árchaon resoplando-será mejor que vuelva.Cuando el medio elfo se dispuso a regresar vió dos ojos rojos reluciendo en la oscuridad.¿Hay alguien ahi?-pregunto Árchaon mientras cogia una antorcha que reposaba en una pequeña argolla de hierro clavada en la pared-.No hubo respuesta, pero avanzando unos pasos con la luz de la antorcha diviso a Valarúmen.No tenía el aspecto de antes, ahora andaba encorvado y parecia una criatura mas debil y vieja que antes.Valarúmen...amigo..-exclamo tristemente Árchaon-¿que te esta pasando?.Vete de aqui...-le respondió una voz fantasmal que procedía del pequeño maia-.Árchaon no hizo caso de estas palabras y siguió avanzando pero se detuvo de golpe cuando el sonido metalico de la espada que Valarúmen habia desenvainado retumbó en aquel pasillo.¡Ahora volverás a sentir la mordedura de esta hoja en tus carnes!-grito Valarúmen y a continuación soltó una risa diabólica-.Árchaon no reaccionaba, ese no era el Valarúmen que el conocía.Un aire frío se levanto de repente y apagó la antorcha del medio elfo, su unico punto de luz para orientarse en aquella oscuridad.Se escucharon los pasos de Valarúmen que venía corriendo hacia él y Árchaon, pese a tener una vista excelente, como cualquier elfo,estaba desarmado y perdido.Retrocedió,intentando huir pero se hizo un silencio pleno,un silencio bastante incomodo.Valarumen estaba detrás de él y cuando fué a descargar la daga contra Árchaon dió un grito y arrojó el arma al suelo, se estaba debatiendo una gran lucha dentro del maia.Árchaon se giró rapidamente y solo pudo escuchar unos pasos lejanos que huian de alli,internandose de lleno en la oscuridad.¡Valarúmen!-grito el medio elfo-¡Valarúmen!....
[Editado por frodillo el 06-02-2005 02:04]
Laitaine Numeniel
Árchaon se quedó inmóvil, cuando vio a Valarúmen desaparecer. Bajó la mirada y se fijó en la espada del maia tirada en el suelo, como en actitud desafiante. El medio elfo sabía muy bien por lo que estaba pasando Valarúmen, y sintió deseos de coger la espada y fundirla en el fuego, destruirla. Pero sabía que no debía tocarla. Podía hacerse daño a él mismo, pero algo en su interior le pedía que la cogiera. Se agachó, y extendió su mano hacia ella. Pero en ese instante apareció Hyriand.
- Mi señor, ¿qué hacéis aquí solo? Pensé que estabais en la biblioteca ¿Y esa espada?
- Hyriand, aquí está pasando algo raro...- en ese momento, el futuro Señor de la Fuente se agachó para examinar la espada.- ¡No! Es mejor que no la toque nadie.- grito Árchaon.
Mientras, la elfa Laitaine paseaba entre los árboles del bosque de las afueras de la ciudad. De repente, en medio del silencio, escuchó un ruido. Se detuvo, parecía una pequeña criatura corriendo. Cuando intuyó que se había parado, la elfa se acercó sigilosamente hacia donde estaba. Se subió a un árbol, y saltando llegó al árbol en donde estaba apoyada la criatura. Se sentó en la rama, y vio que era su querido Valarúmen.
- Vete de aquí. - dijo éste, antes de que la elfa pudiera decir nada.
- ¿Qué te sucede? Últimamente todos te notamos cambiado.- contestó Númeniel.
- ¡Déjadme en paz! - gritó bruscamente. La elfa dio un salto y bajó al lado del maia.- No quiero haceros daño...- Laitaine abrazó a su amigo y le besó en la frente.
- Creo que deberías hablar con alguien sabio, quizás eso podría ayudarte, pues intuyo que lo tuyo es peor de lo que imaginábamos. - dijo la elfa.
- Laitaine, algo en mi interior me pidió hace un rato que matara a Árchaon.
Valarúmen
Laitaine lo escuchaba atenta, sentía una gran pena dentro de su corazón al ver en ese estado al pequeño maia.Valarúmen estaba realmente cambiado, y a quien menos daño queria hacer era a Laitaine, la elfa que le habia hecho sentir algo que nunca antes habia sentido.He de hacer algo antes del fin -dijo Valarúmen poniendose en pie, tenia la vista perdida en el horizonte-.¿Que quereis decir? -pregunto Laitaine preocupada, pero Valarúmen no le respondió-.El pequeño maia se inclino y tomando la mano de la elfa la besó.He de recuperar la espada -exclamo Valarúmen mirando al suelo- si alguien se apodera de ella sufrirá las mismas consecuencias, y yo no podria soportarlo..¿Lo entendeis verdad?.Laitaine asintió con la cabeza y a pesar de que le lanzó una sonrisa, unas lagrimas bajaron por sus mejillas.Valarúmen la miró a los ojos fijamente y sin volver a hablar se precipitó rapidamente otra vez a los sótanos del palacio.Allí encontro a Hyriand y a Árchaon y en medio de los dos, la espada plateada.Valarúmen pasó corriendo y la recogió con una rapidez increible.Antes de que pudiesen retenerlo para intentar ayudarle desapareció adentrandose en otra galería.
Árchaon
Valarúmen pasó justo a su lado con tremenda rapidez y desapareció ante sus ojos. Hyriand y Árchaon se miraron, y sin mediar palabra, ambos guerreros corrieron en dirección hacia donde había corrido el maia.
Cada vez más la preocupación se hacía patente en el futuro señor de la fuente y en el medio elfo.
- Es mejor serpararnos Hyriand, pues estas galerías son amplias y puede estar en cualquier sitio.
El numenoreáno asintió con la cabeza sin dejar de correr, y en la primera bifircuación que encontraron Hyriand se dirigió a la derecha y Árchaon a la izquierda.
No encontraron nada y al cabo de un tiempo Árchaon se dirigó hacia los jardines para apollarse en un árbol, mas las piernas le temblaban, no había parado de correr desde que empezó a buscar al pequeño maia. Laitaine salió desde detrás de un muro y se sentó a su lado.
- No lo habéis encontrado, ¿verdad?- La cara de la elfa denotaba preocupación.
- No, cogió la espada y corrió perdiéndose de nuestra vista.- respiró-, ¡Me intentó atacar! ¡¿ Pero quién se ha creido que es?!- Árchaon comenzó a perder los nervios.
Laitaine abrazó al medio elfo y le susurró al oido:
- Árchaon, por favor, no pierdas los nervios. Piensa que no era él, alguien o algo lo controlaba. Por favor, no culpes al pequeño Valarúmen de sus actos.
- Lo sé, perdóname, pero no pienso buscarlo más mientras dure esto.
El medio elfo se levantó y se dirigió al interior del palacio. Laitaine lo siguió con la mirada, y dos lágrimas le brotaron de sus preciosos ojos...
Valarúmen
Valarúmen corría y corría, todo lo rapido que podían sus cortas piernas. Escuchó unos pasos que se acercaban detrás de él y aunque siguiese corriendo pronto le darían alcance. Casi todo el pasillo estaba oscuro pero un rincon, que se encontraba a la derecha del camino tenía una especie de trampilla, una salida hacia otro pasillo.Valarúmen levantó la trampilla y saltó hacia adentro.Poco después pasó Hyriand corriendo, y aunque no se paró hubiese visto perfectamente al maia.Valarúmen cayó en otro pasillo mas iluminado que el anterior y subiendo unas grandes escaleras salió a los jardines.Sin parar de correr descendió a la ciudad y sus pasos le llevaron hasta la casa del herrero.Era medianoche y la herrería,claro está,estaba cerrada.Valarúmen aporreo la puerta y rogó que el anciano le abriese y por suerte lo hizo.¡Señor Valarúmen!-exclamó el viejo herrero frotandose los ojos-¿que le ocurre?.La espada..-jadeó el pequeño maia-¡tiene que destruirla!.¿Pero por qué?-pregunto extrañado el herrero-.Hagalo por favor-respondio Valarúmen-.El viejo pareció entender las palabras del maia y tomando la espada pidió a Valarúmen que lo acompañase.Entraron en la casa y bajaron unas viejas escaleras de madera.Allí se encontraba la zona de trabajo, muchos martillos y demás objetos reposaban en las agrietadas mesas de madera.El herrero depositó la espada sobre un pedestal de hierro y tomando un martillo le propinó un golpe tremendo, pero en ese mismo instante Valarúmen vió que el martillo se quebró y el viejo,dando un grito ronco se desplomó en el suelo temblando y luego murió.¡No!-gritó Valarúmen con lagrimas en los ojos-.Se acercó a la espada y la blandio con fuerza,descargandola contra las paredes de piedra y contra las mesas.La lanzó contra el suelo y la pateó pero la hoja no sufrió ni el mínimo desperfecto.Alertados por los gritos,los hijos del viejo herrero bajaron al sótano y vieron a su padre muerto y a un extraño ser empuñando una brillante espada plateada.Todos se abalanzaron contra Valarúmen y empezaron a golpearle.La pobre mujer del anciano solo podía contemplar la escena llorando y maldiciendo al fantasma asesino que ellos creian que habia matado al herrero.Valarúmen consiguió escapar, aunque cojeaba y sangraba por la herida que tenia en el costado.Escapó de la casa y otra vez se precipitó a los sótanos del palacio, con el cuerpo destrozado y la mente eloquecida.
[Editado por frodillo el 06-02-2005 15:56]
Valarúmen
Valarúmen evitó a los guardias que montaban guardia por esa entrada al palacio y descendió por el mismo pasillo que había tomado poco antes.Siguió avanzando,siempre girando hacia la izquierda hasta que llegó a una gran sala, una habitación de oraciones que se encontraba en los sótanos del palacio.Valarúmen entro y atrancó la puerta por dentro.A los pies de la puerta dejó caer el pequeño bastón y la reluciente ocarina, para empuñar con ambas manos la hoja maldita.Ni yunque ni martillo pueden contigo -exclamo Valarúmen mirando la espada - pero yo si podré.Y en la hoja resonó una voz diabólica que le dijo: ¡Feliz encuentro Valarúmen! ¡Malas han sido todas tus acciones, miembro inútil de la Alianza, portador de desgracias, matador de tu amigo, ladrón de amor y maldición de tu pueblo!.Valarúmen apretó la empuñadura con odio y gritó: ¡No otro señor ni lealtad conoces, sino la mano que te esgrimió por primera vez!.No retrocedes ante la sangre de nadie, por lo tanto ¿no quieres la mia?.Otra vez contestó la voz pero ahora con una risa desagradable: Si, de buen grado beberé tu sangre y asi recordaré el espíritu de Brodda, mi amo, y el sabor de la sangre leal, ¡como la de Eltharion el Maia!.Muy rapidamente te daré muerte.Entonces Valarúmen aseguró la empuñadura de la espada contra dos enormes pilares de agua bendita y se arrojó sobre la punta de Pereldar,el nombre con que él la habia bautizado y la punta reluciente,antes de partirse,le quitó la vida.
[Editado por frodillo el 06-02-2005 16:10]
Árchaon
Dos días habían pasado sin conocerse noticias de Valarúmen. Todos los capitanes estaban muy preocupados, pues nunca se había ausentado tanto, y además, esos signos de posesión maligna los atormentaban, negándoles del sueño por la noche.
Una buena mañana, templada por los iluminates rayos de sol, unas criadas entraron en palacio gritando, a la vez que gemían profundos llantos de dolor.
- ¡Un niño, ha muerto en las galerías subterráneas!
La voz de alarma surcó rápidamente toda la ciudadela. Los capitanes rápidamente se organizaron, pues el miedo surgió en la gente. Turin, el regente, organizó su guardia personal, y ordenó que no abrieran las puertas de la ciudad bajo ningún concepto. Malenril y Narairë, con parte del ejército, se organizaron para registrar la ciudad.
Hyriand, Laitaine y Árchaon bajaron a las galerías subterráneas. No se atrevieron a entrar en la puerta tra la cual estaba el presunto niño muerto...o asesinado...Espada en mano, entraron a esa especie de sala de oraciones. A la derecha de la puerta se encontraba un pequeño cuerpo, bocabajo, cual era atravesado por una espada a nivel del abdomen. Un sombrero de gran pico yacía a su lado, entonces, al verlo, la vista de Laitaine se nubló, y cayó al suelo desmayada. Árchaon comprobó que la cabeza era una esfera negra, ahora sin dos puntos rojos, estaban apagados. Se arrodilló ante el cuerpo, y a la vez que dos lágrimas surcaban las mejillas del medio elfo gritaba desesperado. Hyriand, desconcertado, se apoyó en la pared, haciéndo un esfuerzo para no desvanecerse.
- ¡¡Por qué!!- Gritó el medio elfo al observar aquella maldita espada.- ¡¡Es mi sangre la que buscabas maldito!!
Como si de un objeto delicado se tratara, Árchaon cogió al pequeño maia y lo colocó en el suelo con sumo cuidado. Allí, a su lado, estaba la espada maldita que había bebido la sabgre de Valarúmen. Una voz se pudo escuchar, una voz diábolica y penetrante: <Toda sangre maia es favorable para un alma maligna como yo. Mi amo odiaba a todo ser artífice de la belleza y la bondad, y codició lo que nadie quiso, un poder que no le fue otorgado como a vosotros los maiar>
- ¡Cállate!- Sin pensarlo, Árchaon agarró a la espada, y un escalofrio recorrió su cuerpo. Un deseo de poder se apoderó de él, y se volvió hacia Hyriand con los ojos inundados de fuego. Una voz tenebrosa salió de sus labios:
- Bienvenido, Hyriand, Señor de la Fuente, a los reinos de las tinieblas caídos bajo el poder de mi ser, Pereldar, me llamó este dichoso maia, mas lo maldigo allá donde more su alma. Vaya nombre para mí, avergonzándome a los ojos del Señor Oscuro Sauron, aunque ya no importa, su alma le fue arrebatada.
[Editado por legolaragorn el 06-02-2005 17:13]
[Editado por legolaragorn el 06-02-2005 17:17]
Árchaon
Hyriand miraba aquellos ojos aterradores de Árchaon, y escuchaba aquella tenebrosa voz que le helaba el corazón. El numenoreáno desenvainó su reluciente espada.
- No te aceques Árchaon, no quiero hacerte daño.
- Daño, ¿dices?- no me importa que dañes este insignificante cuerpo, ya que para mi es solo un medio para acabar con vosotros. A mí no puedes hacerme nada.
Tan rápido como un rayo cual cae a la superficie casi si verlo, Árchaon agarró la espada con las dos manos, la alzó, apuntándo con la punta hacia abajo, y la bajó rápidamente dispuesto a clavársela en el abdomen, pero Hyriand, con rápidos reflejos, pronunció un mandoble con su espada a la hoja maldita, cual fue arrojada de las manos del medio elfo haciéndole un profundo corte en el brazo. La espada cayó al suelo, y en seguida la imitó Árchaon, el cual se desplomó levantando las pequeñas partículas de polvo que allí descansaban.
Un temible rugido se alzó ahora en la oscuridad de aquella habitación. La espada pareció perder la vida, por lo menos de momento, e Hyriand cayó clavando sus rodillas en el frio suelo.
Allí estaban Árchaon, sin conciencia, con un profundo corte en el brazo, Laitaine, tendida en el suelo, cuyos ojos cerrados hacían pensar lo peor, e Hyriand, el único que veía lo que ocurría en aquella tormentosa sala...
[Editado por legolaragorn el 06-02-2005 17:19]
Telimektar
Después del largo paseo, Narairë se retiro no sin antes despedirse de los presentes alegando que no se encontraba bien. Telimektar no tardo mucho tiempo en irse, este monto en su corcel y se fue galopando el viento azotaba su cara mientras las trenzas se deshicieron y estos volaron libres, así estuvo toda la noche, bagando por los bosques como alma en pena.
- Dos veces conocí el amor, una la perdí y por la otra temo perderla, acaso no es e sido fiel? No habéis perdonado el que marchara de las costas imperecederas o es que solo me queréis para la batalla y los placeres del amor me son denegados una y otra vez? –Grito en medio de un claro, el mar bramaba con furia en los acantilados y hacia ellos se encamino lleno de furia.
- La muerte me es denegada, el amor también y solo me queda la soledad de la batalla, si es eso lo que queréis de mí?, Lo tendréis!, Un nuevo temor se alzara y los enemigos de la luz morirán bajo mis manos aunque me tenga que enfrentar al mismísimo Sauron allí estaré, ondeando la bandera de la libertad- dijo levantando el puño.
Pero una voz se alzo entre las olas, una voz potente y que hizo temblar a Telimektar, esta voz la conocía de sobras, era el Señor de las Aguas y Rey del Mar:
- Telimektar, ya se dijo el día en que abandonaste la Casa de los Dioses, grande será el poder pero también el dolor, aunque también conocerás la alegría, pero ahora un mal se cierne sobre aquellos a los que amas busca al enviado, él esta en peligro y con el todos, busca aquello que ama y destrúyelo sin compasión, que las fraguas la destruyan y el fuego la derrita solo tu podrás con el poder que tiene, si alguien la toca, sería de terribles consecuencias. Ahora parte y búscalo antes de que sea tarde- la voz se perdió entre las olas del mar y Telimektar salió galopando a toda prisa hacia la ciudad, el sol ya se levantaba y temía llegar tarde una extraña sensación le recorría el cuerpo, algo se azotaba en la ciudad, algo malo.
Las puertas de las murallas cerradas y un saldado dijo:
- Las puertas están cerradas, señor, por orden de Hyriand, nadie puede entrar o salir de la ciudad- le dijo desde lo alto de la muralla.
- Abridme, soy Telimektar, gobernador de Aran fortín y capitán de la 1 compañía, abrid yo responderé por vos ante el Rey, es urgente, abrid!!!!- le dijo gritando, el fuego lo consumía por dentro
Las puertas se abrieron y este entro a todo galope como rayo en la oscuridad, subió las calles y delante del se alzaba el Gran Palacio de la Ciudad de Plata. Desmonto su corcel y se dirigió en busca de Narairë, pero en sus aposentos no estaba, pregunto a una doncella y le dijo que estaba en palacio con los demás capitanes esperándome que algo había sucedido y por lo que se veía era grande.
- Gracias dulce doncella- le dijo cerrando la puerta tras de sí.
Este salió de las habitaciones y se dirigió a los grandes salones, pero desde las ventanas pudo observar el correr de los soldados y que todos estaban formando en él, este aumento el ritmo y sus pasos resonaban como truenos en los pasillos, entro en la gran sala y en ella solo encontró a una dama llorando amargas lagrimas, este le dijo:
- Que a pasado, decidme, porque están los saldados tan nerviosos que mal a atacado?- le dijo mientras la levantaba del suelo
- Un niño a sido encontrado muerto en los sótanos de palacio, y los capitanes han ido allí abajo y un terrible rugido a salido, temo lo peor por los que han bajado, ningún soldado se atreve a bajar, mi señor- le dijo sollozando
- Gracias y no temáis, ahora mismo bajo haber lo que ocurre- le djo mientras con grandes zancadas bajaba las escaleras hacia el sótano, una luz lo atrajo y en ella encontró a Hyriand de pie sosteniendo la espada y en el suelo los cuerpos de Laitainë y Archaron inertes y solo penso lo peor:
- Que a pasado mi señor- le dijo mientras le quitaba la espada.
- Archaron sostenía esa espada y intento atacarme, pero no era él, era otra persona en nombre del señor Oscuro- le dijo sin mirarlo
- Ahora será mejor que mandéis llevar a Laitainë y a Archaron a la casa de curación y que una fuete guardia custodie sus habitaciones, y a eso pobre niño mándalo a sus familiares para que le puedan honrar, me pregunto que haría en este cuarto –le dijo a Hyriand
- No es un niño, es Valarumen se quito la vida con esa espada, con la misma que me ataco Archaron-le dijo señalándola
- Ahora lo entiendo todo, que nadie toque esa espada, y mandad que las fraguas de palacio esté al rojo vivo para kaundo yo llegue, ahora marcahos porfavor, a lso heridos mi señor, - le dijo mientras Hyrian ordenaba llevarlso a la casa de curación.
Que la gracia de los Valar os proteja amigo –le dijo despidiéndose
[Editado por Tulkas_el_Valar el 06-02-2005 17:44]
Telimektar
Telimektar al ver que el rey ya estaba lejos, se acerco al cuerpo de Valarumen y cogió la espada que estaba cerca del y la cogió un dolor le entro pero lucho contra él y él espíritu que habitada dentro de ella no pudo mas que someterse. La espada vibro y su color cambió a negro, vio aquel que antaño fue su dueño, un esbirro del Señor Oscuro que gran daño infligió a las gentes deste país.
- Hoy morirás, esta será la ultima sangre que derramaras y el fuego te fundirá bajo mis martillos tu perecerás, os lo juro, nadie que ose tocar o dañar a esos a los que proceso amor y afecto quedara en vida.- le decía a la espada.
- Eso no ocurrirá esclavo de los falsos dioses, solo hay uno y te arrodillaras ante él – le dijo una voz proveniente de la espada.
Telimektar con la espada en la mano salió del cuarto y recorrió el camino hacia las fraguas del palacio, en ellas los fuegos ya estaban listos, sacándose la chaqueta, empezó a calentar el metal, este tomando un color incandescente, de ella emanaba sangre que salpicaba a cada golpe, en cielo la oscuridad parecía que estaba en guerra con el sol, los dos luchaban por prevalecer uno contra el otro, a cada golpe de martillo la espada lanzaba un grito escalofriante que recorría en patio infundiendo temor.
- Grita todo que quieras, ya que nada ni nadie podrá salvarte de tu final, que los fuegos de Aulë puedan contigo o esbirro de Sauron- gritaba a cada golpe.
Telimektar estuvo largo tiempo golpeando la espada y su cuerpo aparecía bañado en sangre, sudor y carbón, estos le daban un aspecto más fiero, sus ojos ardían de odio y nadie gozo acercarse mientras sostenía el martillo, el cual retumbaba en el patio cual trueno en tormenta
Turin Mänkáno
Turin, tras conseguir saber realmente quién había muerto y por qué se había producido la muerte, se dirigió en busca de la espada.
Mientras él se encaminaba a las fraguas, su guardia personal tenía órdenes de convocar a los Capitanes y Señores del reino que se encontraban en la ciudad.
Cuando entró en la fragua todo estaba ya en silencio, Telimektar se encontraba sentado con la espada medio fundida entre sus manos.
-El mal la ha abandonado, dame la espada... es momento de que se restaure el equilibrio y de este arma surja algo bueno y hermoso.
Telimektar estaba demasiado cansado para discutir, así que Turin sacó la espada de las fraguas y se dirigió a la Fuente de la ciudad, donde habían sido convocados los grandes Señores, entonces les habló:
-Ved aquí al asesino que se había introducido en la ciudad. Un gran mal ha causado mas un gran bien surgirá ahora de la espada...
Una larga y densa oscuridad lleva largo tiempo cubriendo estas tierras y a los que en ellas habitan... mi llegada desde el sur fue una señal de ello. Vine aquí para combatir esa Oscuridad siguiendo unas señales de los Poderes del Oeste, todo lo que Ellos habían predicho se ha ido cumpliendo poco a poco, señal de que la Oscuridad se debilita.
Primero fue la muerte del antiguo rey, y aún así se mantuvieron fuertes lazos de lealtad con estas tierras. Luego fue la llegada de los Señores de la Fuente, que habrán de gobernarnos con rectitud y bondad pero a la vez con mano firme...
Y si aún ahora hay alguien que no cree que estamos venciendo la batalla a la oscuridad, pronto podrá ver una de las últimas señales que lo indican.
Turin se introdujo en la Fuente con la espada en la mano:
-Mirad ahora cómo aquello que causa grandes males también puede ayudar al bien si la voluntad y el corazón de su portador así lo desean.
El viejo elfo clavó con todas sus fuerzas la espada en la fría piedra de la Fuente y entonces comenzó a brotar de nueva agua en ella.
-¡Acercaos y bebed de la Fuente que nunca habrá de secarse... la Esperanza!.
Todo está listo para los Señores de la Fuente
Hyriand
Todos los Capitanes estaban reunidos en torno a la Fuente de Eithel-Glîn, como en ese momento fue bautizada. Árchaon y la bella Laitaine ya se habían recuperado de sus heridas, todos estaban presentes: Malenril, Nyarel, Telimektar, Narairë, Dregnor...y además infinidad de gentes de la ciudad, incluso habían llegado desde los lugares más remotos del bosque de Taurënúva.
Todos ellos rodeaban la fuente, en cuya parte superior estaba la espada de Brodda y donde permanecería eternamente mientras existiera la Alianza; entonces, Hyriand y Neldoriel entraron en la Fuente y mientras brotaba el agua y recorría sus hermosos rostros, se cogieron de las manos y se besaron.
Toda la gente estalló en vítores a los nuevos señores de Eithel-Glîn, la Alianza acababa de formarse entre Tholglîn y Neldoriel, pero tambien entre todos los allí presentes, que veían ahora un futuro mejor para aquellas tierras. Pero entonces, una suave melodía comenzó a sonar y los Capitanes se giraron sobresaltados ya que era la propia melodía de Valarúmen.
Tristemente y con los ojos empañados por las lagrimas, Númeniel se acercaba a la fuente que en esos momentos resplandecía de un blanco intenso. LLevaba entre las manos la ocarina del difunto maia e iba descalza, con un precioso vestido azul. De este modo se internó en la fuente, entre Tholglîn y Neldoriel y siguió tocando aquella melancólica música, cuando terminó, un gran silencio se apoderó de la Ciudad y los vítores se apagaron...
Árchaon
Un arduo silencio se apoderó de la zona. Los capitanes allí presentes recordaron, todos a son, al pequeño Valarúmen, ahora tras las fronteras de Mandos. Todos se sumieron en una profunda trizteza non-grata para aquella celebración. Entonces Árchaon, el medio elfo, habló a los allí presentes:
- Gente de Eithel-Glîn, todos lloramos en su momento la muerte de nuestro querido Valarúmen. Trágico fue el destino unos días atrás. Pero no podemos darle la espalda a la realidad, hemos de luchar en nuestros adentros y no recordar aquellos momentos infelices, quedándonos tan solo con los mejores momentos que nos dio el pequeño, porque muchos han sido.
Estamos en una celebración que debe ser acogida entre vítores y aplausos, el entusiasmo nos debe inundar el corazón, y las risas han de llenar el gran salón esta noche en la gran cena ofrecida por los Señores de la fuente. Ahora bien, quiero hacer, aquí, a través tales testigos cuales sois vosotros, querida gente de Tyelpëosto, una petición- Árchaon entró en la fuente junto con los nuevos gobernantes y Laitaine, que lo miraba algo confusa. El medio elfo se arrodilló ante la bella elfa, tendiéndole una mano-, mi bella Laitaine, tanto te he querido, y tanto te querré, nuestras vidas impedecederas no serán separadas, espero, ni tan siquiera por la propia muerte, pues, aún más allá de las fronteras del propio Mandos, mi corazón seguirá latiendo por vos. Delante de toda esta gente, quiero deciros, Laitaine, ¿me concederíais el gusto de tomaros como esposa?
Laitaine Numeniel
Aquellas palabras de Árchaon abrieron un rayo de luz entre las sombras que cubrían el corazón de Laitaine. La elfa, sorprendida, o no tanto en el fondo, sonrió:
- Claro que os concedo ese deseo, puesto que también es el mío. Cierta es entonces la leyenda de esta fuente, pues después de momentos oscuros vuelve a manar la felicidad. Seré, entonces, tu esposa.
Entonces, entre gritos de alegría, Árchaon se levantó, y besó a Númeniel.
Laitaine Numeniel
Después del nombramiento de el caballero Hyriand y la dama Neldoriel como Señores de la Alianza de Eithel Glîn, se procedió al enterramiento del pequeño Valarúmen. Su cuerpo recorrió las calles de Tyelpëosto, y fue depositado frente a la Fuente. Allí, el Señor Hyriand roció al maia con el Agua.
- El agua de la Esperanza no permitirá que los cuerpos de nuestros seres queridos se corrompan - dijo - Su alma está ahora junto a Mandos, y su recuerdo en nuestros corazones.
Dicho esto, salió de la Fuente, y el desfile funerario continuó su paso por la ciudad, acompañado de una triste melodía que Laitaine tocaba con la ocarina del Maia. Todos se dirigieron a un gran jardín, con algunos túmulos, y hacia una cripta que había al fondo. Bajaron las escaleras, dentro las enredaderas trepaban por las columnas y por el techo, a pesar de que allí no llegaba la luz. Sobre un pedestal plagado de hermosas flores, depositaron el cuerpo inerte de Valarúmen. En medio de un silencio sepulcral, ni siquiera se oían los llantos de aquellos que le querían.
A la hora del crepúsculo, todos se reunieron frente a la Fuente, y allí, entre cantos, música y bailes, celebraron una fiesta por los días bienaventurados de Eithel Glîn y sus nuevos señores.
Árchaon
Después de que se procediera a dar sepultura a Valarúmen, Árchaon se retiró cansado a sus aposentos. Rápidamente entró en un profundo sueño. En seguida se encontró en mitad de una gran sala, en la cual había un gran trono dorado, y Manwë estaba allí sentado.
- Habéis sido convocado, Valyë, por deseo de nuestro padre Eru. - La voz de Manwë sonaba grave y temerosa-, desea que recuperéis vuestros poderes.
- Pero...¿no se me fueron borrados enteramente de mi?
Manwë sonrió:
- No exactamente. Sabía que vuestras intenciones eran buenas, por eso Él solo os ató los poderes por un tiempo, para después volver a dároslos. Mas los necesitaréis para cumplir la profecía y ayudar a Eithel-Glîn.
- Pero no quiero volver a intentar hacer daño a Laitaine.
- No os preocupéis por eso Valyë, nosotros mismo velaremos para que no ocurra lo mismo que hace unos días, además, la fuerza de Sauron se ha debilitado un poco, no es tan patente como antes. Ahora aceptad los poderes y marchad si preocuparos.
Árchaon se arrodilló ante Manwë, y al poco tiempo despertó en su cama, y tendiéndo la palma de su mano hacia el techo formó una bola de fuego, mostrándole, una vez más, sus recuperados poderes...
Telimektar
Telimektar observo el cortejo fúnebre desde lo alto de las murallas, su alma se debatía, veía alzarse otra vez a grandes reinos y después caer entre llamas, junto a sus amigos, ya eran muchas edades de los hombres por las cuales vago, ahora veía al pobre maia entrar en su última morada antes de Mandos. Este descendió por las calles con su corcel y se dirigió a la cala donde sus navíos eran reparados, detrás de un pequeño bosque de robles se alzaban las velas azules de las galeras, descendió por la blanca arena y un bote le vino a recoger, subió al bote y poco tiempo después, ya dentro de la Gran galera fue a recoger un pequeño cofre, dentro del había una extraña plata que brillaba como el fuego, de ella saldría una grane espada como las que hacia en Valinor en las Fraguas de Aulë. Volvió al bote y este le llevo de regreso a la cala, monto en su corcel y se fue directamente a las fraguas que había en palacio, de fondo escuchaba una música melancólica llena de dolor y sufrimiento, ya la había escuchado antes pero no-savia de quien era.
Tras llegar a la puerta de palacio un soldado le dijo:
- Pensábamos que estabais en el cortejo con los demás, ellos ya regresaron hace rato y están bailando en el patio de la Fuente, pero no os vimos en él– le dijo intrigado.
- No digáis que e llegado, ahora iré a las fraguas tengo trabajo en ellas, que nadie sepa que estoy allí, solo si necesario decidle al Rey donde me encuentro- le dijo mientras desmontaba su corcel y se iba entre las sombras hacia las fraguas.
Largo rato estuvo en ellas, mientras la plata se calentaba y se fundía, veía como tomaba diferentes tonos, golpe tras golpe de ella salió una espada de grandes dimensiones digna de un Rey o un Dios, penso para él. Cincelo la espada con gran sutileza otorgándole, el poder de protección y el de aviso. La empuñadura de oro macizo engarzado con unos diamantes en su base, pulió la espada y la afilo, mas tarde la guardo en su funda, no se dio cuenta de que el sol ya había iniciado su ascenso por los dominios de Manwë, los rayos de Anor entraron por una ventana y dieron en la espada que estaba encima de una mesa, parecía arder, había logrado lo que hacia años no podía crear algo hermoso de esta plata, pocos eran los que podían trabajarla, su mentor Aulë le enseño a dominarla entre fuegos y carbón, salió de la fragua, al salir cerro los ojos por la claridad del nuevo día, su aspecto era desastroso, todo lleno de hollín, se dirigió hacia sus estancias y allí se estuvo largo, limpiando su piel de los rastros de una larga noche de trabajo, se vistió y salió haber a al nuevo Señor de la Fuente, lo encontró en la gran sala junto a su esposa y les dijo:
- Espero no interrumpir nada, os quería dar mi enhorabuena personalmente y daros un presente, no como gobernador sino como Telimektar, tomad esto señor- le dijo dándole la espada envuelta en seda roja.
Hyriand desdoblo la seda y ante él apareció una espada de extraño material y le dijo:
- De que extraño material esta hecha, ya que nunca lo vi antes- le dijo intrigado
- Es un material de los dominios de Osse, él nos lo ofrece raramente, ya que es muy raro de conseguir, pocos son los señores que lo lleven, para el último que la fragüe fue el Rey de Gondolin, pero no llego a usarla y ahora seréis vos quien la esgrimirá con justicia y valor tanto en el campo de batalla como en los tiempos de paz – le dijo mientras se arrodillaba ante el rey.
[Editado por Tulkas_el_Valar el 11-02-2005 15:46]
Árchaon
Una vez recuperados sus poderes y siendo de nuevo un maia, Árchaon se dirigió hacia los aposentos de su amigo Hyriand para pedir una cermonia digna para Laitaine, así que la bosa se planeó para pasadas dos semanas, pues los preparativos eran costosos y trabajosos para realizar, además, los nuevos señores de la fuente deseaban una boda merecida para amobos capitanes de la Alianza.
Todos comenzaron los preparativos para aquella boda, la cual había sido pedida por Árchaon el mismo día que se casaron Tholglîn y Neldoriel, en la fuente, ante toda la gente de Tyelpëosto, y solo por amor a Laitaine...
[Editado por legolaragorn el 12-02-2005 22:36]
Lairelossë
Lairelossë radiaba felicidad en aquellos momentos por su union a Hyriand,sin embargo habia cierta melancolia en sus acciones,la muerte del pequeño maiar le afecto, durante el velorio se quedo callada y por un momento sintio como el viento, se llevaba una parte de aquel pequeño ser,sonrio para si; entrelazo su mano con la de su señor y asi se quedo.
Ya entrada la noche los señores de la fuente se encontraban cenando en la sala, cuando Telimektar, entregandole la espada a Thoglîn, el maia se veia cansado y triste, Neldoriel le tendio la mano.
-vamos mi joven amigo levantate y mira hacia delante, pues aun cuando el viento no sea favorable, saldras triunfante, y ahi estara lo que tanto anhela tu corazon-el maia tomo su mano y se levanto-nos agradaria mucho a mi y a mi señor que te quedaras aqui a cenar con nosotros.
Hyriand asintio y lo invito a sentarse.
Telimektar
Telimektar se sentó en la mesa de los Señores de la Fuente, grandes bandejas de comida llegaban pero no llamaban la atención de este de pronto dijo mirando entre el cristal de una copa:
- Oh mis señores, grande es la gloria que alcanzareis si no os desviáis del camino de la luz, muchas edades de los hombres y de los elfos han transcurrido desde que pise por primera vez las tierras de Aman, añoro su belleza pero esta me es negada. Como os dije vi alzarse los grandes reinos de los Señores elfos, pero en muchos no vi la luz que hay en este, y intentare protejerla.- les dijo melancólico.
- No es momento de lamento ahora tenéis que ser fuerte y luchar por proteger aquello a lo que amáis, mira a Aran Fortín, era la más hermosa joya pero la decadencia había legado a ella desde hacia largos años y ahora recupera su esplendor, mirad las obras que alzáis en ella, la Torre de Anor y la de Isil, su belleza solo queda eclipsada por la ciudad de blancas murallas- le dijo Lairelossë mirándolo.
- Tenéis razón debo ser fuerte por todos aquellos a los que ame durante mi larga vida, aun recuerdo el día en que mi padre partió de las grandes tierras de Aman y fue a luchar junto a los grandes dioses, vi como las más hermosas armaduras salían de las fraguas de aulë y muchas de ellas no regresaron pero con su sacrificio pudimos tener paz durante mucho tiempo, aunque después la sombra se cernió otra vez hasta estos días que parece que desaparece por un tiempo ya taca sin previo aviso, eso estos que mas me preocupa sus alianzas nuevas. Pero dejemos ahora las batallas a un lado y brindemos alto por que el Reino de Manwë perdure muchas edades mas.- dijo alzando la copa de vino.
- Que Eru te escuche, por largos años este sentado en su dorado trono el Señor de los Valar, que su sabiduría nos de protección en estos días- dijo Hyriand.
La suave brisa del mar entraba por las ventanas de los jardines trayendo consigo las notas de las flautas de los Teleri junto al rumor de las olas, las fogatas ardían mientras hablaban de los días pasados, cuando el Sol era joven y la Luna también. Telimektar viendo que ya era hora de descansar dijo:
- Mis jóvenes Señores, este huésped tiene que descansar y los esposos querrán estar a solas, descansad mis jóvenes señores- les dijo mientras salía de la gran sala hacia las habitaciones. Entro en su cámara y saco de un viejo baúl una flauta de la plata del fuego, soplo y la música empezó a llenar las estancias, era una música que recordaba de Gondolin cuando una joven de palacio se la tocaba desde la ventana de este, escondida detrás de las cortinas, nunca supo quien era pero su música quedo prendada en su corazón y ahora tras muchos años sin tocarla empezó y su corazón latía con gran fervor al recordar los viejos tiempos en la ciudad escondida, su música se unió a los ecos de las flautas de los Teleri. Hacia largo rato que no veía a Narairë donde estaría la joven elfa.
Narairë
La boda de los Señores de la Fuente había sido el acontecimiento más esperado en Tyelpëosto de los últimos tiempos ya que significaba el comienzo de una nueva era para sus habitantes. Narairë no entendía a que venía tanto revuelo... al fin y al cabo era sólo una simple ceremonia... Absorta en sus pensamientos salió a pasear al anochecer. Las calles estaban desiertas, todo el mundo estaba ya descansando después de un largo día. El sol cayó deprisa, y pronto la penumbra inundó la fortaleza.
La elfa disfrutaba de la oscuridad, de su amparo. Entonces dos destellos aparecieron frente a ella. Un nudo se le hizo en el estómago... esos ojos... los había visto antes, estaba segura, pero dónde?
Miles de recuerdos cruzaron su mente entonces y se detuvieron en un preciso instante... cuando los corsarios la capturaron. Recordó la ardua lucha, la impotencia... y su repentina aparición. Un hombre, montando un precioso caballo negro desenfundó su espada y comenzó a pelear ferozmente. Quien era ese hombre y por qué intentaba ayudarla? Los corsarios eran muchos, demasiados. Ella estaba en el suelo después de recibir un duro golpe, pero aún blandiendo a Dawar. Intentó incorporarse y fue entonces cuando sus ojos se cruzaron con los de aquel hombre. Sintió un escalofrío que le recorría la espalda y un pinchazo en el corazón... nunca había sentido algo parecido... Durante unos instantes permanecieron inmóviles, con la mirada fija. Y fue esta distracción la que los corsarios aprovecharon. Sintió un fuerte golpe en la cabeza y todo se volvió negro...
Los ojos de aquel extraño fue lo último que vio antes de ser capturada y ahora volvía a contemplarlos, fijamente puestos en ella.
- Volvemos a encontrarnos – dijo el hombre sonriendo- sabía que saldrías de aquel barco con vida, eres fuerte, lo vi en tu mirada.
- Mi mirada... si... quien diablos eres?, de dónde sales y por qué me persigues? – contestó Narairë claramente turbada por el encuentro.
- Muchas preguntas a la vez no crees? Además deberías ser más amable con la persona que intentó ayudarte, no es algo que haga todos los días lo sabías?
Narairë bajó la cabeza y miró al suelo avergonzada... estaba a punto de decir algo cuando el hombre la interrumpió.
- Si tanta es tu curiosidad te daré mi nombre. Soy Dregnor, y no he venido precisamente persiguiéndote. He venido a prestar mi ayuda a la Alianza y a los Señores de la Fuente, como casi todo el mundo aquí.
Narairë recordó entonces haber oído el nombre de Dregnor anteriormente, el día que llegó de desde Aran Fortin, pero no le prestó atención entonces. La elfa levantó la mirada entonces para contemplar a aquel hombre del que apenas sabía algo. Muchas frases pasaron por su mente, pero no dijo una palabra, pues no encontró la precisa para expresar lo que sentía.
Una bella melodía empezó a escucharse entonces, la más dulce y delicada que Narairë había escuchado nunca. Un extraño sentimiento de añoranza se apoderó de ella y pronunció el nombre de Telimektar sin saber muy bien por que.
Sintió que Dregnor seguía mirándola y su corazón latió más rápido y fuerte que nunca. Largo tiempo permanecieron mirándose sin decir nada. Cuanto, ni la elfa ni el humano lo podrían decir con seguridad.
[Editado por Elbereth_Elentari el 16-02-2005 00:21]
Telimektar
Telimektar seguía tocando la música y descendió hasta los jardines que daban cerca del mar, allí en el balcón que daba a la playa diviso un grupo de elfos sentados alrededor de una hoguera y sus flautas sonaban dulcemente como caracolas, les miro atentamente y prosiguió con su música la cual se unía a la suya, tocaban las mismas notas que antaño sonaron en la tierra de Aman. Su cabeza solo pensaba en la gran belleza que vio en Narairë la cual le había robado el corazón, las notas vibraron en la playa, su sonido ahora era mas fuerte como olas rompiendo en tormenta mientras la suya seguía dulce y melancólica como si intentara prevalecer sobre la mas fuerte. De pronto Laurë se sentó a su lado mirando por encima del balcón a la playa, su cola dorada se movía entre las hojas del suelo. Este tras estar un buen rato en el balcón se fue para su cámara seguido de cerca por Laurë su fiel perro que le llegaba ya casi a la mitad del cuerpo.
Anor ya despuntaba por encima del mar, se vistió con un traje azul oscuro y descendió las blancas escaleras que lo llevaron a la gran sala donde estaba Narairë, su belleza iluminada por los rayos de Anor le hicieron estremecer, un escalofrío le recorrió el cuerpo al verla, sus mejillas se sonrojaron, cosa que le extraño a Telimektar por que no le solía pasar, este bajo las escaleras hasta sus pies y le dijo:
- Bello día se alza hoy, no Narairë?- le dijo mientras estas e daba la vuelta y lo miraba.
- Buenos días, Telimektar, tenéis razón hace un espléndido día para quedarse encerado en palacio. – le dijo
- Yo pensaba cabalgar un buen rato si os apetece acompañarme en el paseo- le dijo.
Árchaon
<Largo es el camino hacia los sueños, pero corto el de la esperanza> Estas palabras resonaron fuertemente en la mente del maia. Aquellas palabras, pronunciadas largos años hace por los labios de su hermana Melian eran aplicables a lo sucedido en los últimos días. Un sueño como encontrar el amor verdadero, tiempo hace desde su primer amor, y mucho. a decir verdad, una esperanza, surgida en poco tiempo, la Alianza.
Todo parecía ahora más bello y calmado a los ojos de Árchaon, pues todo salía según su parecer: su próxima boda con Laitaine; la formación de una Alianza que defienda aquellas tierras; la unión de los Señores de la Fuente,...pero en el fondo de su corazón sentía que las cosas no iban lo mejor que podían, algo oscuro le nublaba esa parte de corazón, pero no sabía lo que era.
Árchaon cruzó los inmensos pasillos del palacio y salió hacia fuera. Tendida en un árbol encontró a Laitaine, se acercó a ella:
- Buen día mi querida elfa.
- Buenos días Árchaon- una preciosa sonrisa se dibujo en el rostro de Numeniel.
- He pensado en partir hacia Aran Fortin para ultimar los últimos detalles de nuestra boda. Me gustaria traer conmigo a mi compañero Silvaron, quisiera que estuviera a mi lado en un día tan especial...
Laitaine Numeniel
La elfa bajó de un salto del árbol.
- ¿Que vais a Aran? ¿Navegarás sólo? ¿Y sin mi? - dijo Laitaine a lo que Áchaon contestó con una sonrisa. - Déjame acompañarte, por favor. No soportaría estar tanto tiempo sin ti, aunque sólo fueran unos días.
- Me alegra saber que vendrás. Así se me hará más corto el viaje. - contestó el maia. Laitaine le abrazó, y juntos se fueron a preparar las cosas para el viaje.
Avisaron a los Señores de la Fuente sobre su partida, y al día siguiente un barco les estaba esperando en el puerto. Montaron en sus caballos y partieon hacia allí. A la hora del crepúsculo estaban ya zarpando.
Lairelossë
Aquella mañana, Lairelossë se levanto temprano,dejando que Hyriand durmiera un poco mas, se vistio, salio de la habitacion y se dirijio a las cocinas, cuando entro las muchachas encargadas hicieron una reverencia.
-mis lindas doncellas, no hace falta que hagan eso-la maia se sento-bueno diganme ¿que deliciosos manjares tendries para ofrecerme?
Las doncellas sonrieron y le sirvieron de desayunar, cuando termino, tomo una de las charolas, puso comida y se la llevo a sus aposentos,su querido Hyriand aun dormia, puso la charola en la mesa y se sento cerca de la ventana.
El hombre se removio en la cama, pero no desperto, la maia divertida se acerco y puso una almohada cerca del susodicho, este que se hacia el dormido la trajo para si haciendola caer en la cama, la abrazo y le dio un tieron beso, la maia le susurro:
-buenos dias querido mio,debes levantarte ya.
Hyriand asintio, y los dos se levantaron, para despues sentarse en la mesa, Tholglîn, comenzo a comer, mientras Neldoriel le observaba....
Ya pasaba el mediodia , cuando Neldoriel se encontro mirando hacia al horizonte, Hyriand se reunio con ella despues de tener una charla con algunos capitanes, se tomaron de la mano y asi se quedaron largo rato.Fue entonces que Archaon y Laitane llegaron anunciando su partida hacia Aran Fortin, los señores de la fuente se despidieron con abrazos y bendiciones;al rato los dos capitanes ya partian en sus corceles, mientras los señores los veian desde lasmurallas de la fortaleza.
Telimektar
Telimektar recibió la noticia de la partida de Archaron y Laitaine hacia Aran Fortín y salió deprisa en su corcel para atraparlos antes de que partieran sin despedirse de ellos:
- Pensaba que no llegaba, os vais y no decís nada? Tomad mi galera que y de momento no regresare a Aran y es lo mínimo que puedo hacer por vosotros, partid y traed nuevas de la ciudad, que las protecciones de los Valar so protejan mis amigos.- les dijo mientras estos subían a la gran galera y esta zarpaba del puerto.
Este estuvo hasta que la vela desapareció por el horizonte, una mano se poso en su hombro era Narairë, le extraño la sutil caricia y dio un pequeño brinco y la elfa se rió:
- Telimektar, el enemigo de la oscuridad, el que no teme a orco o hombre se asusta de una elfa?- le dijo mientras sonreía.
- No os esperaba, y no es de una simple elfa, sino del temor de los orcos si no recuerdo mal, con solo pronunciar tu nombre delante de ellos tiemblan como hojas- le dijo mientras la miraba fijamente y su corazón latía encendido.
- Buenos días, Señores de la Fuente, esta radiante mi señora- le dijo mientras agachaba la cabeza.
- Como siempre tan halagador, Telimektar- le respondió Neldoriel.
- Es fácil halagar a una belleza como la vuestra, las palabras se quedan cortas para describiros, igualmente que a Narairë, tendremos que dar noticia a los Señores de Occidente de que dos nuevas diosas están perdidas en la Gran Tierra Media.- le respondió mientras Hyriand y los demás estallaban entre risas.
- Si me disculpan señores, en la fragua me espera una ardua tarea, los martillos y el fuego me llama a ellos, aquí me encontré y hacia mucho tiempo que no cambiaba la espada por el martillo. A vos Neldoriel no os hice regalo alguno, y no es propio dejar a la dama sin regalo, ahora me retiro con vuestro permiso, si me disculpáis – les dijo a los Señores de la Fuente.
Telimektar y Naraire se fueron por las calles menos concurridas de la ciudad y pronto se encontraron en la puerta de la fragua y esta le dijo:
- Bueno hasta qui llego, os dejo trabajar tranquilo.- le dijo mientras se despedía.
- Si queréis pasar no molestareis, al revés acrecentareis la inspiración de estas manos. – Le dijo mientras dejaba al descubierto la parte superior de cuerpo, al darse la vuelta ella pudo observar la señal que tenia por la herida en la batalla de Aran. Unas pocas mas adornaban su espalda pero eran poco visibles ya que eran de hacia muchos años que la había sufrido, en batallas que ella ni conocía.
Dregnor Sereghîr
Dregnor estaba caminando por la ciudad, conociendo los alrededores y conociendo la gente que habitaba alli, su mente estaba habitada por multiples y dolorosos recuerdos, pero ahora solo uno latia con al fuerza necesaria para hacerlo vacilar, aquella elfa que habia visto hacia pocas horas, sus ojos permanecian y prevalecian sobre todos los pensamientos que agobiaban su
mente .
El hombre sacudio la cabeza intentando deshacerse del recuerdo de la elfa, pero cuando levante d enuevo la mirada vio a lo lejos unas figuras, y reconocio a la mujer que lo mantenia insomne y al mismo tiempo alegre.
Dio media vuelta y trato de regresar a su hogar con paso seguro, pero vacilaba continuamente y los deseos de mirar atras y volver a encontrar aquellos hermosos ojos se apoderaban de su mente y de su corazon, finalmente tomo una decisión y se dejo caer al suelo, si volvia debia pasar por alli y el la estaría esperando.
Laitaine Numeniel
Árchaon y Laitaine agradecieron el detalle de Telimektar, y se despidieron de él. Soplaba el viento, así que desplegaron las enormes velas y partieron del puerto. Bajaron al pequeño establo que tenía el barco a dar algo de comer a sus caballos, y más tarde subieron para cenar algo, pues no habían tomado nada desde que partieron de Tyelpëosto. Cuando acabaron, subieron a la popa, y sus ojos élficos divisaron la costa más allá del horizonte.
Árchaon
Iban solos en el barco, pues Árchaon pidió a la tripulacuión que descansaran, más los vientos de Manwë los llevarían raudos a Aran Fortin.
La oscuridad cubría totalmente la cubierta de la nave, solo se veían pequeñas luces lejanas en la costa de la isla. Ambos salieron a la cubierta para dejar que una dulce brisa les acariciara la cara.
- Laitaine, pensaba regalarte algo antes de la boda, pero no he encontrado más que palabras.
La elfa lo miraba con una sonrisa en su cara, y el maia continuó.
- Palabras que me inundan el corazón, me nublan la vista al ver tu preciosa cara, me taponan los oídos al escuchar tu dulce voz, y hasta me dejan sin tacto cuando tu delicada piel se une con la mia...esas palabras pueden resumirse básicamente en dos: Te Quiero. Eres la mujer en la que he encontrado el amor, eres la que me ha despertado de la oscuridad, aquel corazón ennegrecido necesitaba amar y ser amado, y tú lo has conseguido...
Después se acercó a ella y besó sus labios dulcemente y todo lo tiernamente posible...
Narairë
Un escalofrío recorrió a Narairë al ver las cicatrices en la espalda de Telimektar, a sus ojos no sobrepasaría en mucho su propia edad, pero aquellas marcas indicaban una larga vida, más de lo que ella pudiera imaginar. Se sintió ignorante, cuántas cosas habría visto y vivido?
- De veras no quiero importunar, – dijo Narairë- iré a visitar la ciudad, aún hay muchas cosas que no he visto.
- Como quiera mi señora, me encantaría que me vierais trabajar... pero si ese es vuestro deseo lo respetaré.- respondió Telimektar.
La elfa se despidió en la puerta de la fragua y comenzó a descender una de las empinadas calles. Era una calle oscura y en la que no había ni un alma. De pronto al doblar una esquina una mano le agarró del brazo. Narairë se sobresaltó e intentó liberarse, miró hacia su derecha y vio que era Dregnor quien la sujetaba. El corazón de la elfa empezó a latir muy fuerte, la sola presencia del hombre la turbaba. Sus profundos ojos estaban clavados en ella, eso la puso muy nerviosa, pero hizo lo mismo, miró a Dregnor fijamente, entonces él desvió la mirada.
- Tenemos una conversación pendiente, la otra noche no estuviste muy habladora – dijo con un tono serio pero irónico- paseemos juntos, creo que no conoces bien la ciudad, seré tu guía.
Narairë miró con recelo a Dregnor, pero dentro de ella algo la empujaba a decirle que sí.
- Será un placer mi señor – dijo con una voz altiva, no quería que él percibiese su nerviosismo.
Comenzaron a andar. Cada vez que el hombre se acercaba a la elfa, un escalofrío le recorría el cuerpo. Descendieron una calle y llegaron a enorme plaza rodeada de jardines.
- Éste es uno de mis sitios favoritos aquí, se divisa casi toda la ciudad desde el mirador. – dijo Dregnor- No crees que sería un buen momento para contarme tu historia? Qué hiciste para que los corsarios te persiguieran?
Narairë miró al suelo... no había contado a nadie su historia, quizá era el tiempo de hacerlo.
Dregnor Sereghîr
El hombre escucho con atención y no despego ni un segundo su mirada de la d ela elfa, notaba su nerviosismo y en cierta forma lo divertia, pero con eso solo trataba de ocultar el propio.
Tras unos largos minutos la hermosa elfa callo y desvio la mirada de la de Dregnor, el alto numenoreano paso su brazo por la cintura de ella y ambos admiraron la ciudad en silencio por un largo rato, finalmente las palabras brotaron de la boca de Dregnor.
Mi hermosa Dama, siento mucho lo que sucedio y en este momento desearia haber podido hacer algo más para ayudaros en aquella ocasión, y para compensar ese sentimiento me pongo a vuestro servicio humildemente y prometo protejeros de ahora en adelante de cualquier peligro, espero acepteis mi humilde propuesta y me deis el honor de poder servir a tan bella y noble dama -Dicho esto Dregnor se inclino levemente y beso el torso de la mano izquierda a Narairë.
Luego la volvio a mirar a los ojos esperando su respuesta.
Mi señor, por más que quisiera no puedo negar vuestra amable petición y acepto también humildemente, sin embargo no estareis a mi servicio, solo estareis a mi lado -Tras decir esto la hermosa elfa tomo la mano de Dregnor y nuevamente ambos volvieron sus miradas a la ciudad.
Telimektar
Los martillazos resonaban en la fragua entre la portentosa voz de Telimektar que sonaba fuerte pero a la vez alegre, cantaba canciones de Valinor, las cuales no había olvidado en tantos años desde su partida, los golpes acompañaban a la música, el fuego calentaba la plata y esta crepitaba a cada golpe.
Telimektar cargo el fuego con maderos que al quemar desprendían un agradable aroma, de pronto una dama entro y le dijo:
- La señora Neldoriel os manda este refrigerio mi señor, ya que dice que trabajando e tiene sed, por eso me manda a traeros esto- le dijo mientras dejaba una jarra del cristal mas puso encima de una mesa.
- Agradeced a Neldoriel su atención, de muy buen agrado tomare estos alimentos que me ofrecéis- le dijo mientras servia un vaso de limonada fresca.
- Así se lo diré, mi señor, ahora si me disculpáis os dejare trabajar ya que veo que tenéis faena- le dijo señalando el fuego.
- Así es dama, gracias por traerme algo fresquito, mi alma lo agradecerá junto con el cuerpo- le dijo mientras daba un gran sorbo.
La dama salió tan sigilosa como entro en la fragua, mientras Telimektar volvía a su trabajo, los golpes y la música volvieron a inundar las estancias, mientras algunos artesanos de la corte vinieron y se pusieron haber como trabajaba Telimektar, pocos entre los más grandes orfebres habían visto trabajar esta plata, que muy pocos de la corte de Aulë podían dominarla hasta hacer de ella un material mas resistente que el mitrhil y mas bello que este.
Anor ya se alzaba majestuosamente sobre el Reino de Manwë, los rayos entraban por las ventanas que daban al mar y su rostro brillaba como sí fuera de oro puro, tras dominar la plata se disponía hacer un entrincado trabajo con ella, dándole la apariencia de una cortina de gotas de agua, como las que quedan en las telarañas después de llover. Cogió el martillo y un cincel y empezó con el trabajo de cortar y unir las diferentes piezas del gran collar, la faena era ardua y complicada por la gran delicadeza que le confería a las gotas que parecían arder, su destreza era admirable por los presentes que quedaban impresionados por el trabajo. La campana sonó para comer y los presentes se disponían a irse y le dijeron a Telimektar:
- Señor ya es hora que descanséis, ahora comed algo después continuáis.- le dijo uno
- No puedo dejar esto a medias, id a comer y manda traer algo, que comeré aquí- le dijo sin levantar la vista de su trabajo.
Tras irse los hombres, este se quedo solo y no tardo mucho en que la misma dama le trajera algo de comer.
- Veo que el trabajo os absorbe, os dejo esto y me llevo la jarra vacía – le dijo antes de salir
- Gracias, por traerme algo de comer- le dijo levantando un poco la vista.
Lairelossë
Despues de mandar a alimento para su joven amigo , Neldoriel se separo de su bien amado y se dirijio a las estancias de curacion a atender a la mayoria de los enfermos que aun se encontraban internados, pocos sabian de la sangre curativa de la maia y aun menos los que recibirian de aquella ayuda, esa tristeza se reflejaba en los ojos de Lairelossë, fue entonces que Hyriand llego y se la llevo a los jardines pues sintio la tristeza que emanaba de ella, se sentaron y el hombre la miro y asi se quedaron largo rato, fue entonces cuando ella le dijo.
-Ahora ya comprendes la belleza de mis ojos, amor mio.
-Si- le contesto el, la veia profundamente, aquellos ojos tan hermoso eran el reflejo de su don.
-Mi don-la maia adivino entre sus pensamientos- es dulce, pero tambien muy amargo, pues solo debo darselo a aquellos que el destino a tocado, como a Nolad.
Hyriand no dijo nada, la abrazo, pues sabia que clase de tristeza era aquella, solo podia consolarla de aquella forma.
Árchaon
El barco llegó raudo a la costa de la isla de Earondo,la Roca del Mar. La blanca ciudad de Aran Fortin se alzaba majestuosa mas allá de las colinas que se levantaban tras dejar atrás la costa.
La ciudad estaba restaurada completamente, y ambas fortalezas que Telimektar había mandado construir ya estaban casi acabadas.
Árchaon y Laitaine entraron en el palacio y se encaminaron para encontrar al tigre Silvaron, el cual estaba en un gran patio interior. Al verlos, el tigre se levantó rápidamente y se abalanzó sobre el maia, que cayó al suelo. Después se dirigió hacia la elfa y lamió su mano cariñosamente.
La felicidad inundó aquel pequeño patio, el reencuentro de dos viejos amigos se vivió entre ambos con expectación.
Después marcharon hacia la fortaleza de Anor, la cual ya casi estaba terminada. No pararon mucho allí, y montaron de nuevo en la nave rumbo de nuevo a Tyelpëosto, pero con nuevo acompañante: Silvaron
Telimektar
El sol ya empezaba su descenso por los Reino de Manwë, la dama entro en la fragua con una jarra de agua fresca y observo como Telimektar se tiraba un cubo de agua por encima, su figura quedaba entrecortada por los rayos de luz que entraban por las ventanas y se mezclaban con la figura de este y parecía arder, su piel ahora limpia apareció dorada por el sol, su torso musculoso estaba rojo por el calor y en su espalda alguna cicatriz aun visible de batallas ya años olvidadas llamaron al atención de la doncella que le dijo:
- Ya es hora de que descanséis mi señor, la Dama Neldoriel quisiera que los acompañarais en una cena, si no es molestia, os traigo agua fresca para calmar la sed antes de la cena- le dijo mientras dejaba la jarra en la mesa y se disponía a salir de la fragua pero Telimektar la detuvo.
- Esperad quiero que veáis lo que e estado haciendo este día de largo trabajo, ahora solo me queda terminar algunos detalles y ya estará listo, mirad y decidme- le dijo mientras cogía el gran collar y lo alzaba, la luz del sol en el ocaso hizo arder las finas hebras de plata y los pequeños diamantes reflejaron los pequeños destellos de estos.
- Grande es vuestra destreza, la Señora Neldoriel estará encantada por tal regalo, es lo más bello que e visto desde que desembarco la estatua de Nienna, si me disculpáis tengo que ira a preparaos el baño mi señor- le dijo con una reverencia y salió de la fragua.
- Dulce doncella no digáis nada del collar, quiero que la primera en verlo terminado sea Neldoriel aunque vos seáis la primera en verlo casi terminado, no comentéis nada de lo que visteis en esta fragua, me harías tal favor?- le dijo mientras volvía al trabajo.
- Contad con ello, mi boca quedara sellada hasta que em lo digáis vos.- le dijo guiñándole un ojo y salió de la fragua sin hacer el más mínimo ruido.
Pulió y abrillanto las hebras de plata y ahora ya estaba lista, la puso en un pequeño cofre de madera de ébano y la tapo con terciopelo rojo, cerro la fragua tras de sí y subió por la escalera exterior que le llevaba directo a sus aposentos y evitaba ensuciar las bellas estancias de palacio. Entro en su cámara y vio la bañera lista y de ella emanaba un pequeño humo que envolvía todo el recinto, un aroma a jazmín penetraba por la ventana que daba al mar. Se sumergió en ella un buen rato descansando del duro trabajo, se vistió con los ropajes que estaban dispuestos en su cama y se dirigió hacia el gran comedor.
Por el camino escucho el fino sonido de una voz prodigiosa que cantaba desde la muralla, la miro un momento y prosiguió su camino, mientras andaba se encontró con Narairë y esta le dijo:
- Dónde vais tan arreglado, Telimektar y que es lo que lleváis en ese cofre, es otra obra de las tuyas?- le dijo
- Muchas preguntas hacéis, Narairë y alguna tiene contestación si queréis podéis venir a cenar conmigo y los señores de la Fuente, me invitaron a cenar y voy solo, me haríais tal honor.- le dijo mirándola.
- Veo que los Señores nos han citado a los dos a cenar, será mejor que no les hagamos esperar, le dijo mientras loa dos se encaminaban hacia la gran sala, esta llevaban puestos los regalos de Telimektar
La diadema y el collar que le dio al zarpar de Aran Fortín, ahora brillaban como si fueran parte de Anor.
Narairë
Narairë caminó al lado de Telimektar mientras se acercaban a la sala donde los señores de la fuente estaban esperando. Llevaba un vestido blanco q acentuaba su palidez y su negro cabello, pero a la vez hacía que las joyas que portaba destacaran aún más.
La estancia era enorme y en el centro se encontraba una mesa de madera con extrañas figuras talladas, representando héroes caídos. Presidiendo la mesa estaba Hyriand y a su lado, resplandeciente, se sentaba la dama Neldoriel. Pero una tercera figura se levantó al ver que los invitados llegaban, Dregnor también estaba allí.
Narairë pegó un respingo al verle y rápidamente se dirigió hacia él, el cual le tendió la mano, entonces sin percatarse de la presencia de los demás, Dregnor dio un dulce beso en los labios a Narairë, lo cual la pilló por sorpresa.
Neldoriel observó la escena divertida.
- Casi había olvidado la espontaneidad de la juventud – dijo sonriente.
Entonces Hyriand miró a Telimektar y percibió la tristeza en su rostro.
- Deberíamos sentarnos, la cena está lista –dijo.
Dregnor Sereghîr
Dregnor apreto la mado de la hermosa elfa entre las suyas y le llevo a un asiento que habia reservado al lado del suyo propio.
-Estas más hermosa que nunca Narairë -El hombre aun sujetaba la mano de la elfa entre las suyas- si sigues creciendo en belleza me vere obligado no solo a protegerte de tus enemigos, si no también de tus otros pretendientes.
Dregnor habia levantado la vista y mirado fugazmente a Telimektar cuando decia esto ultimo.
La cena se sirvio rapidamente y pronto todos estuvieron charlando, comiendo y riendo alegremente, sin embargo Dregnor notaba que la profunda mirada de Telimektar no se apartaba de el, y por eso y tal vez por un poco de celos besaba ocasionalmente a Narairë tratando de hacerle entender al que lo miraba tan fijamente desde el otro lado d ela mesa que la elfa y el no eran solo amigos y que por lo tanto no aceptaria a ningun otro pretendiente cerca.
Cuando la cena se acercaba a su fin Dregnor se puso de pie, y excusandose se retiro pues tenia un asunto importante que atender, pero antes de dejar la sala beso apasionadamente los labios de Narairë y le dirigio una ultima mirada repleta de cariño a la elfa.
Telimektar
Telimektar mirando a Narairë y a los Señores de la Fuente se alzo y dijo antes de que Dregnor saliera de la sala dijo:
- No penséis que es el amor que tu sientes por ella, el que me hace estar aquí, sino una gran alegría y a la vez tristeza.- les dijoalzando la voz , esta sono como un trueno en la sala.
Narairë extrañada dijo:
- A que os referís Telimektar- le dijo mientras Dregnor se acercaba a la mesa
- No os conté toda la historia, como os dije estuve en la corte del Rey de Gondolin y allí conocí a una dulce dama elfica de una belleza que solo la sobrepasaba Idril hija de Turgon y Elenwë, estaba en la corte del rey y fue la primera mujer que me robo el corazón.Pensareis a que viene esto?, pero escuchad y lo sabréis, me uní a ella poco antes de la caída de Gondolin, antes de la batalla me dijo que estaba en cinta y la alegría me inundo, pero un día el maldito nos ataco y tuve que ir con las fuerzas de Tuor y envíe a Isil junto con Idril, pero no pudo llevar y al retirarnos pude verla entre las llamasque nos separaban una torre cayo y pense que había muerto, la locura me asalto en eso momentos Y si no fuera por Tuor me hubiera unido con ella en el abrazo de las llamas, pero al cabo de un tiempo sentí el rumor que una superviviente de Gondolin de gran belleza habitaba en la corte del Rey Thranduil, investigue un poco entre los elfos que me encontraba en el camino y me dijeron que era de la antigua corte del Rey... - sé paro mientras intentaba recuperar la respiración y las lagrimas asomaban por sus ojos.
Galope día y noche hasta llegar a la corte de Tharanduil y este me dijo, que durante un viaje un grupo de orcos los ataco y murieron todos, la dama que yo buscaba estva enterrada en un monticulo pero de la niña que hiva con ella no sabian nada, de gran belleza aun mas que su madre a juzgar por las palabras que decía este. En ese momento supe quien era y era Isil, la cual creía muerta y ella me creía muerto, ahora a punto de recuperar a mi dama me fue arrebatada, me fui de la corte y estuve largos años buscando a la niña pero no la encontré muchas veces busque la muerte para unirme a ellas, pero esta me fue negada. Pero al llegar a Aran allí pude encontrar un poco de paz, pero esta fue perturbada por una joven elfa que me recordaba alguien amado pero no sabia quien era, los sueños me llevaron haber a mi señora Isil y ella me dijo:
- Tu alegría esta mas cerca de lo que crees, ella es tu hija, mi amado ella es nuestra hija...
[Editado por Tulkas_el_Valar el 22-02-2005 21:43]
[Editado por Tulkas_el_Valar el 22-02-2005 21:56]
Telimektar
- Os estuve observando todo el tiempo, como recordareis os di el collar que lleváis puesto y solo una descendiente de mi casa puede abrirlo, este lo forje en las fraguas de Gondolin, fue el regalo que hice a vuestra madre Isil, el día de nuestra boda. Dentro de una gema hay escrito un nombre, el nombre con cual yo la llamaba dulcemente Narairë, y veo que os lo puso a vos.- les dijo mientras caminaba por la sala con una copa de vino y los demás estaban sentados en la mesa.
- Dregnor si no fue por vos no hubiera dicho nada sin estar mas seguro, pero veía que nos detendríais con las miradas y viendo que esto podía llegar a mas os he dicho todo esto para aclarar todos los malentendidos. No espero que me llaméis padre, solo me conformaría con que me quisierais como un amigo, por el momento, Narairë.- les dijo mirando con atención el fuego.
- A vos Neldoriel os doy mis más sentidos agradecimientos por esta gran cena y por reunirnos a todos para aclarar este tema, y espero que sea de vuestro agrado este humilde regalo que os hago- le dijo dándole el cofre con el collar, ella lo cogió y abrió el cofre y del apareció un destello de gran belleza .
Lairelossë
Lairelossë se habia arreglado para aquella cena, llevando un vestido azul, y un pequeño collar, Hyriand por su parte se habia puesto las ropas de un galante numeroneano, cuando salieron fueron recibidos por Dregnor, que los saludo alegremente, la maia apreto su mano a la de su bien amado, aquella cena no habia sido buena idea...
Ya se encontraban sentados cuando llego Telimektar, acompañado de Nararië que venia radiante con un vestido blanco, al principio la cena estubo tranquila y hablaron de temas diversos, fue entonces cuando Tholglîn, le susurro a Neldoriel.
-Creo que deberiamos dar por terminada esta velada, mirad a nuestro joven amigo Telimektar, la triteza inunda su corazon y la elfa esta incomoda.
Neldoriel asintio, ya se levantarian cuando Dregnor lo hizo y paso lo ya contado antes. La maia miro a Telimektar , luego a Nararië y por ultimo a Dregnor, todos estaban sorprendido por las declaraciones del Maia,menos ella que ya lo sabia desde aquella mañana en que planeo todo.
Cuando abrio el cofre que contenia el collar, se alegro, el maiar era un exelente herrero, le dio las gracias y ayudada por Hyriand se lo puso, entonces Dregnor salio confuso y Telimektar dio la gracias de nuevo dirijio una mirada a su hija y salio con la cabeza baja. el señor de la fuente le dio un tierno beso a Lairelossë y le susurro.
-ahora teneis que hablar con ella, te espero en los aposentos.
-buenas noches querido mio.le dijo ella.
Hyrianda beso la mano de Nararië y las dejo solas, Neldoriel se levanto.
-Nararië, ¿te gustaria tomar un paseo por los jardines?
La elfa aun confundida por la respuesta dada, asintio, las dos comenzaron a avanzar.
Laitaine Numeniel
Tras un día entero de navegación, ya que no había mucho viento, se empezó a divisar la costa. Cuando la orilla estuvo más cerca, Laitaine bajó corriendo a avisar a Árchaon de que debían prepararse para desembarcar. Llegó a la puerta, y la abrió de golpe, cuando de repente algo enorme se abalanzó sobre ella. La elfa dio un salto hacia atrás, pero en ese instante sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del camarote, y se dio cuenta de que aquello era Silvaron.
- Me podrías haber avisado de que Silvaron dormía aquí, contigo, ¡casi me da algo! - dijo la elfa con una sonrisa.
Inmediatamente fueron a preparar a los caballos, y al cabo de un rato llegaron al puerto. Bajó toda la tripulación de la nave, y se encaminaron hacia el bosque que había que atravesar para llegar a la Ciudad de Plata. A la mitad del camino llegaron los Señores Hyriand y Neldoriel a recibirles.
- Saludos de nuevo. - dijo el Señor de la Fuente. - Poco habéis tardado, mas a pasado suficiente tiempo para poder daros noticias.
Dicho esto, Hyriand y Neldoriel les hablaron de la llegad de Dregnor, y de la confesión de Telimektar acerca de Narairë. Cuando el sol estaba en lo más alto, llegaron por fin a Tyelpëosto. Una vez en sus aposenteos, Árchaon y Laitaine cambiaron sus ropas y se dirigieron al gran salón para comer.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 23-02-2005 18:08]
Narairë
Narairë y Neldoriel salieron a los jardines. La cabeza de la elfa no paraba de dar vueltas.
-Tu... tu lo sabías? -le dijo a Neldoriel temblorosa.
- Si, hace tiempo ya, pero no era a mi a quien correspondía decírtelo - respondió la maia.
- Pero esto es imposible, él no puede ser mi padre... yo... él...
Todo empezó a dar vueltas y si Neldoriel no la hubiera sujetado, seguramente hubiera caído al suelo.
- Llevo tanto tiempo buscando mis raíces, esperando este momento... pero no se si estoy preparada... hay demasiadas preguntas sin respuesta... me ayudarías a contestarlas?
- Sí, yo podría... pero tu padre... Telimektar, es él quien debe hacerlo.
- No. No quiero hablar con él. No quiero hablar con nadie.
Entonces Narairë salió corriendo. No sabía donde iba, sólo que quería alejarse de todo y de todos.
Lairelossë
Neldoriel, observo como la elfa corria, penso en seguirla pero se dio cuenta, que era mejor no hacerlo, Nararië necesitaba estar sola, ya hablaria con ella, ahora debia hacerlo con Telimektar.
Salio de los jardines y se encamino a la herreria, sabia que su buen amigo estaria alli, al entrar lo vio trabajando con un metal extraño, no dijo nada se quedo ahi parada, Telimektar comenzo a dar golpes demasiado fuertes, descargando todo aquello que llevaba en su interior, Lairelossë lo observo en silencio, fue entonces cuando se percato que aquellos golpes no iban a dar al metal si no al propio maiar, la maia corrio hacia el agarrandolo del brazo con una fuerza que le sorprendio a Telimektar.
-Basta Telimektar, asi no arreglaras nada-Neldoriel le quito el martillo-Nararië te necesita,ven sientate.
-¿Has hablado con ella es cierto?
-si hace un momento estaba con ella, ay respuestas que los dos deben responder- la maia se levanto y se dispuso a salir- buenas noches, amigo mio, descansa.
Telimektar asintio, Neldoriel se fue a su saposentos, Hyriand ya se encontraba dormido, se cambio y se acostoa su lado, al rato se quedo dormida...
A la mañana siguiente, salieron en sus corceles para recibir a Archaon y Laitane que venian acompañados de Silvaron, le shablaron de lo acontesido la noche anterior, y despues los invitarona a comer.
Telimektar
Esa noche no pudo conciliar el sueño, estuvo sentado en un gran sillón en el jardín que daba a su cámara, soñó con Isil y ella le dijo:
- Mi amado Telimektar, no sufras mas por no que pudiste hacer, tu deber era luchar en al batalla junto a los soldados y orgullosa estoy de ello, ella comprenderá lo que hicisteis, no sufráis y amadla como me amasteis a mi, mi amado Telimektar- le dijo, noto como si unos labios le besaran pero eran fríos y no tenían el calor de un cuerpo.
- Pero bien sabes que os busque y la busque a ella pero me dijeron que estaba muerta y la desesperación pudo conmigo mi amada Isil.- le respondió.
La noche daba lugar al día y el sonido de las olas rompiendo en las rocas le despertaron, alguien le había arropado durante la noche y en su mano un corte delataba que algo había pasado durante esas horas y ahora no podía sino recordar las palabras de Isil. Subió a la habitación y encontró una nota diciéndole Archaron y Laitaine habían llegado a la ciudad, se canvio muy lentamente y salió acompañado por Laurë
su gran que melena dorada engarzada por un collar de mitrhil y rubíes que le hizo en Aran ahora lo llevaba puesto, Laurë era de gran tamaño y cada vez que lo miraba decía:
- Mi amigo tu nunca me defraudaras verdad- le decía mientras le rascaba la cabezota.
Los dos bajaron hasta la gran sala donde suponían estarían los demás, al girar Telimektar dio un pequeño brinco al encontrarse con Sylvarion sentado en al puerta, Laurë rugió y este le contesto con otro, la puerta se abrió y dentro pudo observar a Archaron que se le acercaba y le tendía la mano:
- Buenos días, y felicidades por haber encontrado a tu hija, pero pensaba que le pediríais la mano, eso daba a entender tus miradas Telimektar.- le dijo en voz baja.
- No os negare que lo pense, pero un extraño sentimiento me perturbaba a cada momento y al final lo entendí ella era la viva imagen de mi esposa Isil era por eso que la miraba con tanto amor- le contesto.
Entre eso se acerco Neldoriel y le tendió la mano, él observo que llevaba puesto el collar que le regalo:
- Veo que os gusto y perdonad por lo de ayer en la fragua estaba exaltado pero ya descargue toda la rabia aguantada durante años, vuestras palabras son sabias mi señora, ahora solo queda esperar a que Narairë quiera hablar de ello, no la obligare y esperare a que de ella el primer paso- le dijo.
Árchaon
Las puertas de gran comedor se abrieron para dar paso a una gran fila de capitanes que fueron invitados a cenar. Dos grandes mesas se disponían a lo largo de la sala.
Ya sentados, Árchaon y Laitaine comían junto a los señores de la Fuente. Aunque no sabía por qué, el maia estaba incómodo, y empezó a dolorle la cabeza.
- Disculpad- dijo mientras se levantaba de la mesa y se dirijía hacía los jardines.
Allí se fue hacia un árbol, donde trepó hasta su rama más alta. Miró hacia el noroeste, y unas temibles nubes se alzaban sobre las altas cumbres de los Montes de la Sombra. En ese momento un escalofrío recorrió el cuerpo del maia, y un frio horrendo se apoderó de él, helándole el corazón.
No sabía el por qué, pero un sentía un presagio que no le inspiraba tranquilidad alguna. Así que decidió quedarse en áquel árbol, escrutiñando el horiazonte en busca de alguna señal...
Telimektar
Una oscuridad repentina inundo la sala, los rayos de Anor murieron en el día y los corazones parecieron detenerse, cuando de pronto de la espada de Hyriand se ilumino y un fulgor les cegó los ojos, este miro a Teleimektar y le dijo:
- Que le ocurre a la espada?- le dijo mientras la sostenía en alto
- Algo malo se aproxima ala ciudad y debe de ser algo muy grande para que se ilumine tanto, la ciudad esta en peligro... - decía pero la puerta se abrió de par en par y por ella entro Archaron gritando.
- La tierra clama a guerra, la guerra se aproxima a la ciudad y no es una batalla cualquiera, el cielo se volvió negro y las nubes esconden algo que será mejor no conocer – les dijo mientras dejaba caer al suelo la cota armadura de un orco- lo derribe es un explorador devén de estar a tres día como mucho, debemos prepararnos para la batalla.
- Hacia años que los orcos no osaban pisar estas tierras si no era por extrema necesidad, que les empujara a venir, sabemos de cuantos estamos hablando Archaron- le dijo mientras el rumor de batalla sé hacia más grande en los corazones de los presentes.
- Mi señor ahora mismo contáis con 1000 hombres de Aran y puedo traer a mas si es necesario sin poner en peligro a la isla- le dijo Telimektar acercándose.
- Sus espadas nos serán de ayuda- le respondió Archaron.
- Archaron en el viaje os cargaron tres grandes baúles no?- le dijo mirándolo
- Así es, pero que tiene que ver eso con la batalla – le respondió
- Mucho en ellos, esta la plata de Ossë, con ella podré fabricar innumerables flechas que atraviesan toda armadura por muy dura y resistente que sea, si no os importa Hyriand necesitaré a todos los artesanos de la ciudad en la gran fragua de palacio, que sena enviados allí inmediatamente, de ellos me encargo yo, si necesitáis algo estaré en la fragua- les dijo mientras salía de la sala seguir por Laurë.
Las fraguas de palacio estaban siempre listas para el trabajo y los artesanos no tardaron en aparecer y se reunieron por grupos, unos harían espadas otros flechas y los aprendices las afilarían y pulirían, así empezó el trabajo en ellas mientras los grandes baúles eran descargados en la gran sala donde se ponía el carbón, una gran luz dorada se proyectaba en ella a causa de los fuegos.
Laitaine Numeniel
La noticia de que una guerra se aproximaba a la Ciudad de Plata llegó a los oídos de Laitaine. Rápidamente fue a hablar con Árchaon para informarse mejor, y después regresó a por sus armas para ponerlas a punto. Sacó a Fírenar de su vaina, y siguió el filo con su mano, hacía tiempo que no la usaba pero aún estaba afilada, como el primer día. Junto a su arco tenía un carcaj, pero casi vació de flechas, por lo que bajó a la fragua a pedir más y ya de paso a afilar sus viejas dagas. Cuando llegó allí, estaba Telimektar dando órdenes a los artesanos, estaban trabajando rápido, pero con toda la eficacia de las manos élficas.
- Mi señor, ¿de cuánto tiempo disponemos en este momento? – dijo la elfa.
- No lo sé exactamente, pero no mucho. Ayer estaban a unos tres días de la ciudad, pero me temo que avanzan muy rápido. Pero no nos pillarán desprevenidos - contestó el maia - El señor Hyriand va a enviar a dos de nuestros hombres para inspeccionar la zona.
- No será necesario. - dijo la elfa.
Dicho esto salió corriendo para encontrarse con los señores de la Fuente.
- Hyriand, Neldoriel, no es necesario arriesgar ahora dos vidas, pues hacen falta para la batalla. Si me permitís, puedo enviar a Henmegor, mi preciado halcón, es capaz de sobrevolar el campamento de los atacantes sin ser visto, y su mirada es igual de precisa o más que uno de nosotros.
- Está bien, suelta pues, a tu halcón.
Laitaine dijo algo a Henmegor en voz baja, y luego lo soltó. Al cabo de un rato, éste volvió, y se posó sobre el hombro de la elfa. Graznó algo, inteligible para muchos. Luego, Laitaine habló:
- Están cerca del río Sîrfalla, calculo que estarán aquí en un día o dos. Ójala se den prisa los refuerzos, o la Ciudad estará perdida, pues es una gran hueste lo que se avecina.
Al día siguiente, llegaron los hombres de Aran Fortin, junto con más refuerzos provenientes de toda la Alianza. Tyelpëosto staba casi preparada para la batalla. Había comenzado el reparto de flechas y la puesta a punto de las armas estaba acabada.
Telimektar
Laiteine llego ala fragua y encontró a Teliemktar enfrascado entre los grandes fuegos, su destreza con los grandes martillos era prodigiosa, a esto la vio y le dijo:
- Encima de la mesa hay un carcaj lleno de flechas, te serán de mucha utilidad en la batalla- le dijo mientras volvía a la faena.
- Gracias, ahora voy a ver a Hyriand.
En la ciudad las más grandes catapultas jamás izadas en fortaleza eran puestas en todos los niveles de la ciudad, cada nivel llegaría a una distancia y así poder dañar mas al enemigo, las puertas fueron reforzadas con grandes vigas y estas a la vez unidas por un enjambre de cadenas que estaban siendo creadas en las fraguas, las puertas nunca fueron derribadas en los ataques a la ciudad y hoy no seria el día, en su muralla se colocaron grandes tinajas con aceite que se puso a hervir para ser lanzado a los que osaran subir por escaleras, los martillos no cesaron y la ciudad se transformaba en un gran bastión, las mujeres, ancianos y niños fueron llevados a los últimos niveles de la ciudad lejos de los proyectiles enemigos.
El aspecto de la ciudad era totalmente distinto pero su belleza no era menor que hace unos días, las fuerzas de Aran estaban preparándose para la batalla, 1000 hombres ya estaban en la ciudad desde la llegada de Telimektar y ahora 5000 llegados desde Aran y sus islas menores. Sus armaduras negras resaltaban con las de la ciudad y se instalaron cerca del puerto, las galeras estaban lista por si llegaban algunas fuerzas por mar.
Las grandes columnas de humo se elevaban por encima de la gran torre de la ciudad, a eso Narairë entro en la fragua y le dijo:
- La guerra e aproxima padre y quiero luchar a vuestro lado si me dejáis?- le dijo mirándolo a los ojos
- Sois la más valiente de todos, y me enorgullece tener-os como hija, pero antes de luchar os pediría un favor, veis ese cofre? Abridlo en el hay un regalo- le dijo mientras Narairë se acercaba al cofre
- De quien es esta espada? Y por que me la dais a mí- le dijo
- Es la espada de vuestra madre, es la hermana de Orion, se llama Turing, Poder Frío, la hice para ella en Gondolin, espero que a ti te traiga mas fortuna que a ella, según Tharanduil la llevaba en la mano el día de su muerte.- le dijo mirando la espada. Los dos se unieron en un abrazo, mientras el ruido d elso martillos los envolvia.
Árchaon
Un revuelo de hombres era lo único visible en la ciudad en aquellos días. Telimektar finalizó con éxito sus trabajos en la fragua, y rápidamente se realizó un consejo de guerra. Todos los capitanes se reunieron en el gran comedor formando un círculo. Hyriand habló:
- Amigos, la guerra está próxima. El motivo que me ha movido a formar este consejo es el reparto de los regimientos de la ciudad. Disponemos de arqueros, infantería, lanceros, jinetes,... y trazando una buena estrategia podríamos tener alguna esperanza. Aún no sabemos el motivo de tan osado ataque enemigo, pero solo debemos de pensar en defender nuestras tierras queridas de aquellos que llevan oscuridad por el mundo. He pensado un repato adaptándome a las habilidades de cada uno de los presentes.
Laitaine y Malenril, vosotros os encargaréis de dirigir a los arqueros, pues vuestras flechas son temibles en los que más. Numeniel tu estarás en las murallas de la parte norte y Malenril, tú en las del este. Telimektar y Árchaon, la caballería será vuestra fuerza. Telimektar, disponéis de un noble córcel, y Árchaon, Silvaron será de gran ayuda para montaros. Nararië y Dregnor, os encargaréis de que la infantería contenga a los orcos en las puertas de la ciudad. Neldoriel, estaréis más retirada del combate, pues vuestra magia curativa debe de ser aplicada a todo aquel que lo requiera en cualquier momento. Yo me pondré al frente de los lanceros humanos, cubriendo la retaguardia de la infantería.
Por supuesto este reparto será definitivo mediante la aprobación de todos vosotros. Si alguno tiene alguna objecón que hable ahora.- Hyriand dejó de hablar esperando las respuestas de sus compañeros.
Lairelossë
Neldoriel, se preparo para la batalla; al terminar de hablar Hyriand, la maia se paro.
-Es verdad que mi poder recide en la curacion, pero no te olvides querido mio,soy hermana de Eonwë y por el fui instruida en el arte de la guerra, esta es mi decision, me quedare a contigo en la batalla y junto a ti luchare,me encargare de los heridos,cuando se a el momento de retirarme de la batalla- Hyriand iba hablar, pero ella lo detuvo- no resonges, es mi voluntad y asi se hara, ahora si me disculpan, debo retirarme, las casa de curacion seran resguardadas por una armada,que Eru os guarde.
La voz de Laielossë era tranquila , pero tenia un pequeño quejo de furia en sus ojos, salio de la estancia y se dirijio a la armeria, ahi se encontrabaun herrero elfo.
-Aiya mi buen amigo, necesito un favor....- Neldoriel le explico lo que queria y el elfo asintio-gracias vendre dentro de unas hrs por el .
Dicho esto se dirijio a las casa de curacion, con la armada que las iba aproteger de cual ataque.
[Editado por tari el 27-02-2005 03:18]
Celegorn
Los habitantes de la ciudad durmieron con sueños intranquilos durante toda la noche. Los soldados que montaban guardia en los muros de la ciudad estaban inquietos, moviendose de un lado a otro, intentando ver algo extraño en la oscuridad, hasta que uno divisó una luz en medio de la penumbra. Muchos se acercaron hasta el borde de piedra y centraron sus ojos en un mismo objetivo, un grupo de elfos exiliados se acercaban a la ciudad, no llevaban luces, pero en sus cuerpos parecia haber destellos que iluminasen el terreno por el que marchaban. Los soldados comunicaron la noticia a los guardias de los primeros pisos y estos fueron en su encuentro.
¡Alto!-grito un guardia- ¿Quienes son los forasteros que se atreven a pisar las tierras de Tholgîn Yelmo Resplandeciente?
Los elfos se pararon y murmuraron entre ellos, pero uno se acercó con paso firme a los defensores de la ciudad y les gritó con orgullo:
¡Soy Celegorn, hijo de Celegorm, nieto de Fëanor, príncipe noldo y antiguo rey de Eregion!
Los guardias se quedaron con cara de asombro y apenas se atrevían a acercarse hasta que por fin dialogaron un largo rato y fueron recibidos en algunas habitaciones del primer piso.
¡Llevadme hasta vuestro rey mañana!-grito Celegorn- Es necesario que converse con él sobre asuntos importantes.
Asi llegó Celegorn a Eithel-Glîn, y aunque no fué recibido de muy buen grado, sus habitantes pensaron en los futuros días de paz y de gloria aunque se había empezado a sembrar alli una semilla maligna.
[Editado por Gildor_Inglorion el 27-02-2005 03:19]
Telimektar
La noticia de la llegada de Celegorn hijo de Celegorm, nieto de Fëanor y príncipe Noldor llego a los oídos de los soldados de Aran y el revuelo se alzo entre ellos, ya que eran miembros del pueblo de Dior el bello muerto por los hijo de Fëanor, las palabras de este sonaron altivas en sus oídos y las espadas pudieron ser desenvainadas otra vez entre hermanos pero Telimektar les dijo:
- No seremos nosotros los que atacaremos a nuestros hermanos, aunque sé que muchos tenéis sed e venganza no debéis permitir rebajaros, sed más listos que ellos, ningún habitante de Aran servirán jamas a un pariente de Fëanor, entendido, cumplid les ordenes que os diga y no os metáis en problemas- les dijo seriamente
- Así lo haremos si nuestro señor nos lo pide pero no permitiremos que ningún miembro de su estirpe nos dé ordenes, entendéis- le respondió un soldado.
- Que así sea ahora preparad vuestras monturas – les dijo mientras montaba en su corcel y se dirigía hacia palacio.
Llego a palacio, subió las blancas escaleras y entro en la sala donde estaban Hyriand y otros miembros de las compañías y dijo:
- Dregnor debo hablar con vos, si tenéis la amabilidad de venir a la otra sala- le dijo con voz grabe
- Si ahora mismo voy- le respondió mientras se encaminaba hacia la sala junto a Telimektar, Dregnor miraba con recelo la mirada del Maiar ya que ahora era una mirada furiosa y no le gustaba nada.
- Sentaos - le dijo mientras este se sentaba – como descubristeis soy el padre de Narairë y ahora en tiempos de guerra viendo que el Rey os a puesto con ella, en la compañía. Os digo, o mejor dicho os advierto, cuidadla en la batalla, aunque sé que es muy hábil en ella, os haré responsable, si le ocurriera algo por desgracia me deberías temer mas que al mismísimo Morgoth, ya que os perseguiré hasta que os dé caza y muerte, entendéis?- le dijo mientras le lanzaba una mirada furiosa – otra cosa os pediré, no dejéis que ese príncipe Noldor se acerque a ella, la maldición pesa sobre él y algo malo trae su venida a esta ciudad, recordad lo que os he dicho y pensad muy bien lo que hacéis con ella- le dijo mientras lo dejaba sentado y el se iba de la sala.
- Mi señor los soldados de Aran no servirán jamas ordenes de los miembros de la casa de Fëanor, muchos de los hombres que vinieron de la isla son descendientes del pueblo de Dior el bello, y no atenderán a ordenes del, os rogaría que no se acercara al campamento de Aran mas que nada por su seguridad y la nuestra, no quiero perder a ningún hombre hasta que no llegue la batalla- mientras decía esto un hombre anuncio la entrada de Celegorn.
La puerta se abrió y de ella apareció un elfo de gran tamaño y entro en la sala, los ojos de los presentes se clavaron en el pero una mirada le atrajo hacia Telimektar, sus miradas parecieron arder, Dregnor estaba junto a Narairë y no dejaba de mirar a Celegorn con recelo, este se aproximo al trono y Hyriand le dijo:
- Bien venido a la alianza de Eithel- Glîn, que os trae a estas tierras y cuanto tiempo pretendéis estar entre nosotros- le dijo cortésmente
- Veo que la cortesía a decaído en tu palacio, el anterior Rey me era mas cortes, pero que se le va a hacer, ahora reináis vos- le dijo en tono, muchos de los presentes le recriminaron sus palabras pero Hyriand los hizo callar
- Conque derecho irrumpes en mis tierras entras en mi palacio y osas dirigirte a mí en ese tono, si no estuviéramos en tiempos de guerra y vuestras espadas nos fueran de utilidad seriáis castigados por vuestra insolencia- le dijo alzándose del trono.
Celegorn
Ahora era el príncipe Celegorn el centro de todas las miradas. El noldo alzó la cabeza y miro con orgullo a todos los presentes y lanzando una sonrisa sarcástica le contestó al rey y le dijo:
Si en verdad quisiese haceros daño a vos o a vuestro pueblo, hubiese venido con un gran ejercito dispuesto a conquistar estas tierras -dijo Celegorn con ironía- pero no es ese mi propósito. Somos elfos exiliados -continuo el Noldo- hemos huido del poder de Sauron en la Tierra Media y ahora mismo, ni yo se exactamente donde me encuentro.
Es cierto que al principio, al rey Hyriand, no le habia gustado nada el aspecto de Celegorn, pero ahora lo escuchaba atento y lo miraba con agrado, viendo en él a un príncipe digno de contarse entre los Noldor.Cuando Celegorn terminó de hablar hizo una profunda reverencia y tuvo a Hyriand por rey y señor, y se le sometió, pero se mantuvo silencioso y alerta, porque la dicha y el esplendor de la Ciudad de Plata sobrepasaba todo lo que él habia imaginado cuando la vió a la luz de la luna la noche anterior, y estaba asombrado ante la fortaleza de la ciudad y de los ejércitos, y de las muchas cosas extrañas y hemosas que contemplaba.
Entonces Hyriand se levantó de su trono y aceptó a Celegorn de muy buen grado y grito que tendría los mas grandes honores de su reino.
Cuando la chala terminó, Celegorn abandonó la sala, y justo antes de desaparecer por la puerta le lanzó una mirada horrible a Telimektar, y todos los que estaban con él, pues los había oído hablar mal de él momentos antes de que entrase , y sabía que no sería aceptado de buen grado, pero él tampoco sentia algun tipo de agrado por ellos, mas bien al contrario.
Cuando Celegorn bajo las escaleras del gran palacio, quiso el destino que se encontrase en su camino a Laitaine Númeniel, que marchaba a comunicar las nuevas al rey Hyriand. Cuando Celegorn la miró se enamoró de ella y nada atraía tanto su mirada como la hermosa elfa Sindar, porque se parecía al sol, del que el palacio entero del rey recibía la luz. Laitaine lo miro asombrada y siguió su camino lentamente. Celegorn tenía una pena que se le hacía cada vez mas dura y lo privaba de toda alegría: amaba la belleza de Laitaine y la deseaba sin esperanzas. No estaba bien visto entre los Eldar desposar a gente que ya estaba comprometida, y tampoco nadie lo había deseado antes. Pero sea como fuere Laitaine no quería a Celegorn, ella deseaba a Árchaon con todo su corazón, y cuando se enteró y conoció como pensaba Celegorn en ella, lo quería todavia menos, porque le parecia una cosa extraña y perversa en él. Pero con el paso del tiempo Celegorn continuó observando a Laitaine, y evitaba la mirada de Árchaon, y aguardaba, y el amor se le ennegreció en el corazón. Y tanto mas intentaba imponerse en otro asuntos, sin esquivar faena ni peso, si de ese modo ganaba en poder.
[Editado por Gildor_Inglorion el 27-02-2005 14:45]
[Editado por Gildor_Inglorion el 27-02-2005 14:47]
Árchaon
La llegada de aquel nuevo Príncipe Noldo no agradó mucho en aquellos tiempos de guerra al maia Árchaon. Observaba en el un oscurecido corazón, típico en todos los portadores de sangre nolda. A decir verdad Árchaon no admiraba mucho a los Noldo, y sin querer hacerlo, o a estricta conciencia, los miraba con miradas reprochantes. Pues aún podía contemplar el recuerdo de aquel día en el cual los codiciosos Noldor desenvainaron sus espadas contra sus hermanos Teleri por aquellas bonitas naves que después fueron quemadas.
Sí, todo eso veía Árchaon al observar al Noldo. Al poco, una ira tremenda se apoderó de él, pues veía como Celegorn miraba a Laitaine con deseo e impotencia, y temía que aquel deseo se tornara en locura.
A los dos días de la llegada de Celegorn, Árchaon irradiaba furia. Esperando el momento oportuno, aguardando en un pasillo del palacio, mientras se apoyaba la espalda contra la pared, Celegorn pasó justo delante de él sin mirarlo siquiera.
- Eh tú, elfo- Las palabras del maia no eran nada respetuosas.
Celegorn se detuvo, aún sin mirar los penetrantes ojos del aparente elfo. El maia se acercó a él y comenzó a andar mientras lo iba rodeando, mirándolo amenazadoramente. Y volvió a hablar:
- He observado vuestra mirada en Laitaine, Príncipe.- Una vez más hubo un silencio prolongado, y Celegorn seguía mirando a los adoquines cementados al suelo-, no admiro mucho a los Noldo, siendo sincero, y si a eso le sumamos esa mirada de deseo a mi amada, puede llegar a odio.
Una risa irónica salió de los labios del elfo, que por fin levantó la cabeza mirando a los ojos de Árchaon.
- Árchaon, Árchaon, que incredulidad se denota en vos. Lo habéis dicho ya: la codicia de los Noldor. Es algo non-grato para los Eldar, pero soy descendiente del malicioso Fëanor, y su sangre corre por mis venas.
Entonces un genio y una rabia fervescientes aumentaron en el cuerpo del maia, y casi sin poder advertirlo, Celegorn se hallaba ahora empotrado contra la pared, sintiéndo las frías manos del maia apretando su cuello. La cara de este, a menos de un palmo de distancia de la del elfo, estaba descompuesta, y un fuego rojo se hacía patente en sus verdes ojos.
El maia desenvainó una daga con forma de cimitarra colocándola en el cuello de Celegorn.
- Atrévete a hacer daño a Laitaine y sentirás en tu gaganta el frío acero de esta daga.
Tras decir esto, el maia retiró bruscamente las manos del cuello del Príncipe Noldo y marchó con paso rápido a preparar los jinetes junto con Telimektar, que eran los capitanes de aquellos regimientos.
La guerra externa estaba fuera, a poco de la Ciudad de Plata, pero una guerra interna entre los Noldor recién llegados y los descendientes de Dior estaba casi a filo de espada...
[Editado por legolaragorn el 27-02-2005 17:25]
Telimektar
Telimektar recelaba de Celegorn, algo en él le daba mala espina, sus miradas hacia Laitainë, y el que siempre estuviera dispuesto a hacer todo lo que le mandaban era algo raro en un Noldor de su categoría, Hyriand lo miraba con buenos ojos, pero no eran pocos entre los capitanes que no lo veían con buenos ojos el que el rey confiara tanto en el.
Mientras tanto en la ciudad seguían las obras de defensa, las murallas eran llenadas de catapultas algunas grandes y otras pequeñas, mientras tanto en el puerto los solados de Aran se preparaban, ponían las herraduras nuevas a sus corceles, los soldados practicaban sus ataques, mientras Telimektar los observaba mientras se acerco Neldoriel y le dijo:
- Veo que Celegorn no es de tu agrado, vigila tus pasos no vayas a encontrar a un enemigo en casa- le dijo
- No temo a Celegorn, pero desconfío de sus intenciones aquí, algo planea en su mente y traerá grabes consecuencias sobre todos nosotros- le dijo mirándola
Mientras se disponían a irse a palacio vino Archaron todo exaltado y furioso, sus ojos denotaban una rabia que hacia temer lo peor:
- Ese principito, tendré que arreglar unas cuantas cosas si aun sigue con vida tras la guerra- le dijo mientras golpeaba una jarra del suelo, esta estalló por el impacto de la bota del Maiar.
- Veo que no os cae muy bien que digamos Celegorn, no es verdad- le dijo Neldoriel
- Así es, su voz me produce rabia y no soporto como mira a Laitainë, si no quiere que la muerte le llegue antes será mejor que no se sobrepase con ella- le dijo mientras miraba a la playa.
- Los soldados, están listos, los corceles de Aran son los más fieros en batalla, no se amilanaban por nada – les dijo todo orgulloso.
Laitaine Numeniel
Laitaine recibió a Celegorn, y desde un principio sintió simpatía hacia él, como hacia todos los Noldor exiliados, pues algo de esa sangre corría por sus venas. Pero cuando averiguó los sentimientos de elfo hacia ella habló con él, y le ofreció su más sincera amistad, pero no su amor, pues ese amor lo tenía reservado sólo para Árchaon.
Pero eran tiempos de guerra y no cabía lugar para discusiones. La gran hueste estaría pronto frente a las puertas de Tyelpëosto, y todos los habitantes de la Ciudad estaban ya en sus posicines. Númeniel estaba al mando de los arqueros, todos preparados ya. Estaba ya atardeciendo cuando una gran humareda se divisó sobre los árboles. La batalla iba a comenzar. Todo eran gritos y movimiento en Tyelpëosto, y los orcos ya se divisaban. Los arcos y las catapultas se tensaron. Las antorchas se encendieron, y el Sol empezó a ocultarse entre los árboles.
Malenril
La hora de la batalla se hallaba próxima. Ya todos y cada uno de los soldados de Tyelpeosto se hallaban en sus posiciones, en espera del inminente ataque al que en breve se enfrentarían. Jinetes y soldados esperaban en el interior, dispuestos a pasar a la acción en el momento en que sus fuerzas fuesen necesarias para la defensa de la bella ciudad. Las fraguas no habían descansado en los últimos días, y una multitud de flechas y espadas brillantes, fueron forjadas, Ahora esas armas se encontraban en manos de soldados y arqueros, y su poder era máximo, pues el material con el que habían sido construidas, era mas fuerte y resistente del que se conocía por entonces.
Entonces un cuerno sonó en medio del bosque. El enemigo se encontraba ya en las proximidades de la fortaleza, y solo restaba un pequeño espacio de tiempo para que la sangre bañara esas tierras.
Y el momento llego. Los invasores, portaban escaleras y catapultas, que emplearían en el asedio. Pero cuando el enemigo ya estaba al alcance de las flechas, los capitanes Laitaine y Malenril dieron la orden de ataque. Muchos cayeron victimas de la oleada de flechas, pero también se dieron bajas en el bando defensor. Las catapultas habían comenzado su labor de ataque, en todos los niveles de la ciudad, y para evitar el empleo de las escalas, se procedió al derramamiento del aceite sobre el invasor. Pero pronto se acabo y tras un tiempo, las escalas volvieron y comenzarían a trepar los muros.
En el exterior de las murallas, la situación no era mejor, pues varios arietes, habían emprendido su labor contra los gruesos portones, pero impedir su avance seria complicado, pues una gruesa defensa les protegía. Así en esta situación, pronto se daría la orden de que la infantería y la caballería emprendieran su marcha por la victoria.
Celegorn
La batalla estaba próxima y todos los capitanes, incluidos el rey Hyriand partirian hacia ella. Fué entonces, cuando Tholglîn al ver la falta de capitanes que aguardasen en la ciudad mientras durase la guerra, quiso ofrecer al príncipe Celegorn el cuidado de la ciudad, y que desempeñara el papel de regente del rey, pero Celegorn no quiso hacerlo y marchó a la guerra, junto con sus soldados elfos, y luchó junto a Hyriand y se mostró feroz y temerario en la batalla, y fué el, el protagonista de una gran hazaña que ni el mismo Celegorn aceptó de buen grado, gracias a él, el rey Tholglîn y el valiente Árchaon se libraron de una muerte segura a manos de las huestes enemigas y se dijo que después de la guerra no aceptó ningun tipo de agradecimiento por lo sucedido, pero todo esto se cuenta depués, y a medida que paso el tiempo, Celegorn se engrandeció y prospero en Tyelpeösto, alabado por muchos y alto en la estima de Hyriand.
[Editado por Gildor_Inglorion el 27-02-2005 19:38]
[Editado por Gildor_Inglorion el 02-03-2005 21:58]
Telimektar
Las catapultas no cesaron de lanzar proyectiles, estas apuntaban al grueso del enemigo y grandes fueron sus perdidas, a eso que Aracharon le dijo a Telimektar:
- Si siguen así los portones cederán por muchos refuerzos que les pongamos, debemos cabalgar y atacarles- le dijo mientras agrupaba a su parte de caballería.
- Estoy de acuerdo con vos, atacaremos por los dos flancos así empujaremos al enemigo a las costas- le dijo.
La hueste de Aran estaba formada por bellos corceles blancos y sus guerreros, estirpe de los grandes reinos elfos de antaño, era los más fieros en batalla. Estos salieron por otra puerta y formaron una gran fila, sus cascos hacían temblar el suelo, la hueste orca no se esperaba ese ataque tan decidido y vacilo un poco, antes de presentar batalla, los cascos del corcel de Telimektar lanzaban chispas doradas a cada paso que daba el corcel, sus herraduras eran de plata de Anor.
Los dos capitanes se avanzaron a la columna y esta entro rompiendo las filas enemigas con gran facilidad, los jinetes hicieron retroceder a gran parte de la hueste orca que se apostaba en las murallas, los dos desmotaron y coco con codo lucharon hasta llegar al portón, en el gran ariete golpea el portón mientras las flechas silbaban sobre sus cabezas, Telimektar cogiendo su hacha derribo a un trol que sujetaba una cuerda del ariete y Archaron atravesó la cabeza del otro haciendo que el ariete cayese sobre los orcos que se resguardaban debajo del.
Lairelossë
Lairelossë, no acudio aquel dia en que llego Celegorn, pues se encontraba, en las casas de curacion...
Ya entrada la noche regreso al palacio, Hyriand estaba en la entrada, su semblante mostraba preocupacion.
-Te estaba esperando- le tomo una de las manos y le beso- ven vamos caminar.
Neldoriel, camino callada junto a el, llegaron junto a la fuente de Nienna y ahi se sentaron, fue entonces cuando ella iba hablar, pero Tholglîn la detuvo.
-Escuchame Lairelossë,perdoname, mi intencio era protegerte, no volvere a dudar de tu poder. El hombre la beso tiernamente.
La maia sonrio, y de nuevo se sintio feliz, de tenerlo asu lado, hizo a un lado ese orgullo y le dijo.
-si te hace feliz que yo me quede adnetro de las murallas lo hare.
-eso me hace inmensamente feliz querida mia, vamos hace frio aqui, estaremos mejor en nuestros aposentos. Dicho esto caminaroa asi ahi, una vez dentro la maia le ayudo su trajes, mientras el le hablaba de la llegada de Celegorn el nieto de Fëanor, ella escuho atenta, y aquel elfo, del que le hablaba Hyriand no le dio confianza...
quizo el destino que no se encontrara con el, pero entre mas le hablaban los capitanes de como era su persona, mas desconfiaba, despue escucho de Archaon, que el nieto de Fëanor amaba a Laitane, y eso tampoco le agrado. Es dia en la armeria recibio de un herrero, el trabajo que le habia encargado, cuando lo vio, le gusto mucho.
-mucha gracias amigo mio, un trabajo exelente-la maia desfundo la daga que habian forjado para ella, era identica a la que le habia regalado a Hyriand-gracias otra vez, me retiro.
-Uman ná, mi señora. le dijo el elfo...
La batalla comenzo y la maia se quedo atras en las murallas resguardando la ciudad, reforzo las puertas y con la ayuda de Malenril y Numeniel no dejaron que entrara orco alguno, sin embargo...
Árchaon
En un desesperado intento de evitar la entrada de los orcos en la ciudad, Árchaon, montado en su majestuoso tigre blanco, y Telimektar, alzaron sus espadas para realizar una carga contra los enemigos rodeándolos en dirección a la costa.
La caballería, que contaba con seis mil monturas, entró en las filas enemigas desmembrando su formación. Bastaba un mandoble de la espada para quitar la vida a tan crueles y débiles criaturas cuales orcos se nombran.
En el fragor de la batalla Árchaon desmontó de Silvaron, y lo mismo hizo Telimektar. Desenvainando a Mommênt y a Orion, respectivamente, las estocadas comenzaron a caer por doquier.
Mientras tanto, Malenril y Laitaine seguín disipando flechas a los enemigos que aguardaban aún fuera de las murallas, causando en ellos importantes bajas que afectarían al desarrollo de la contienda.
Justo detrás de Árchaon, Hyriand y Celegorn llegaron luchando hasta aquel lugar. El maia giró su cuerpo 180 grados a la vez que bailaba su espada, y observó entre los luchadores al Príncipe Noldo. Entonces un deseo de asestarle un golpe mortal se apoderó de él. Y sus estocadas se dirigían ahora en dirección a Celegorn. Pero pensó en la guerra que estaban librando y reprimió sus deseos. Fue entonces cuando una hoja intentó clavarse en el hombro del maia, y a la vez que este paraba esa espada con la suya, otro filo se interpuso en el camino de la cimitarra orca. La espada de Celegorn golpeó la cabeza de servidor de Sauron, y una rápida mirada irónica hacia los ojos del maia bastó para que este explotara:
- ¡Maldito Noldo, no necesito de tu ayuda en la batalla, mas bien sino esperas una ayuda por mi parte, una ayuda que jamás te será dada!
Dicho esto, y retirándose del Noldo para evitar una locura sintió una punzada en el corazón. Pensó entonces en Laitaine.
- ¡Telimektar!- gritó el maia-, encargate de esta zona, y repliega a los hombres, una necesidad me urge.
El maia de Aran Fortin solo asintió con la cabeza y se envolvió de nuevo en el mar de sangre que inundaba aquella zona.
Árchaon corrió esquivando flechas y espadas hasta llegar al pie de las murallas. En aquel lugar el combate estaba más fluido, pues la mayoría de los orcos entraron por el lado contrario a este. El lo alto de las murallas estaban Malenril y Laitaine, y a ambos lados de ellos un grupo numeroso de arqueros elfos, que en cada flecha liberada ponían toda su puntería para acertar, incluso, en el entrecejo de los orcos a varias leguas de distancia.
El maia subió raudo las escaleras y se colocó junto a Numeniel.
- Solo quería apresurarme de que estabas bien- le dijo a la par que la besaba, y sin esperar una respuesta deshizo el camino andado para volver al lado de Telimektar. Durante un momento el avance orco se detuvo, y atascando de nuevo el portón, los soldados de Aran utilizaron el tiempo de respiro unos para descansar, otros para consolar a sus caballos que estaban cubiertos por el nerviosismo, y Telimektar lo utilizaba para dar ánimos a los supervivientes.
Árchaon se tendió en el frío suelo ahora cubierto de sangre, y miró al frente, donde los cadáveres de ambos bandos estaban amontonados unos con los otros. Entonces a lo lejos observó el sereno rostro de Celegorn, que, como era habitual en él, lo miraba irónicamente. Sin pensarlo, el maia se levantó con tremendo genio desenvainando su espada, y se dirigió hacia el Noldo. Este, que lo estaba viendovenir se puso en guardia, y sin mediar palabra alguna el maia descargó con violencia su espada contra la del elfo. Cada golpe que era lanzada obtenía una defensa que lo contrarrestaba. Los soldados fueron animando a los dos luchadores haciendo un cículo alrededor de ellos. Apenas habían pasado dos minutos cuando Árchaon, intentando acabar con la vida de Celegorn formó un círculo de fuego que rodeó al Noldo, el cual se quedó paralizado. Con un movimiento de su mano alzándola hacia arriba, ese círculo de fuego se elevó hasta contrarrestar la altuadel Príncipe elfo.
- ¡Alto!- La voz del señor de la fuete hizo callar a todos los presentes. - ¿Qué está pasando aquí?
Entonces observó lo sucedido y mirando a Árchaon gritó furioso:
- Árchaon suéltale. Estamos en mitad de una guerra, no creo conveniente empezar una guerra entre compañeros.
- Sí, supongo que no vale la pena gastar energía en tal ser.
El maia bajó la mano y con ello el fuego desapareció, pero no con eso desapareció la rabia en Celegorn, y a la vez que fue liberado del fuego se abalanzó contra Árchaon, que cayó al suelo. Entonces Hyriand se interpuso entre el maia y Celegorn dando un furioso grito, cuando la puerta de la ciudad volvió a caer bajo los empujones de los arietes orcos....
Luthan
La puerta crujió de una manera sorda, el sonido tuvo tal magnitud que llegó a los oidos de Luthan, la batalla había sido cruel y muchas vidas habían sido perdidas la sangre roja de nobles hombres se mezclaba en el suelo con la inmunda sangre negra de los orcos, los alaridos de batalla se alzaban en todo momento, pero cuando la puerta fue tocada por el ariete , todo pareció guardar silencio y cada golpe del ariete resonaba en la cabeza de Luthan como los latidos del corazón cuando se esta con una persona amada, todo los sucesos anteriores regresaron a la mente de Luthan mientras corría hacia la puerta.
La imagen de Árchaon ahorcando a Celegorn regresó a su mente tan viva como si en ese momento estuviera pasando - tengo que encontrar a Árchaon el sabrá que hacer, la puerta está bajo ataque- dijo Luthan para si mismo.En ese momento una lluvia de flechas pasó cerca de Luthan, el las esquivó hábilmente, un grupo de orcos se le puso enfrente al humano, este los atacó con su espada,el plateado deslumbrante del acero se fue haciendo mas pequeño mientras el negro de las sangre de los orcos se acumulaba en la hoja de la espada.
Derribó a dos orcos con un hábil golpe, pero un orco se acercó corriendo hacia él,Luthan movió su espada rápidamente , pero el orco se hizo a un lado y esquivó el ataque de Luthan, el orco le lanzó una patada a Luthan haciéndolo caer inevitablemente al suelo, el orco se preparaba para dar un ataque final pero la suerte acompañó a Luthan ese día pues un soldado de la Alianza pasaba por el lugar y acudió en su ayuda y asesinó al orco antes de que lanzara su terrible golpe contra Luthan.
Luthan le agradeció a diciéndole- Muchas veces mi vida ha estado en peligro de muerte y la mayoría de las veces yo he podido salvarme, pero sin tu ayuda no estaria con vida hablandote compañero de guerra -le dijo Luthan al soldado , y este contestó así-Aprecio tu gratitud con todo corazón pero la noche es larga y habrá muchas ocaciones para que devuelvas el favor amigo mio, a mi mismo o a otros, así que apresurate hacia la puerta , ahí se necesita mas ayuda que en otro lugar- Luthan escuchó aquellas palabras y se alejó corriendo rumbo a las puertas.
Mientras corría Luthan alcanzó a ver un rostro conocido, era el rostro de un medio elfo con cabellos oscuros,Luthan le gritó al medio elfo
-Espera Árchaon, necesito tu ayuda, la puerta esta bajo ataque- gritó Luthan
-Lo sé debemos apresurarnos-contestó el maia.Luthan al ver como Árchaon acababa de pelear con Celegorn se asombró y le dijo
-No pierdas tu tiempo con ese Noldor, el enemigo es aquel que está atacando nuestras puertas. no es este hijo de Feanor, sus acciones han sido malas pero el pagará por ellas luego- le dijo Luthan al maia.
Pero mientras hablaban la puerta volvió a crujir.......
Lairelossë
Neldoriel, habia dejado la batalla por breves instantes, llevando a la mayoria de los heridos a la zona mas segura, montando a Irimar habia cruzado la fortaleza bastante rapido o asi ella lo penso, fue entonces que un soldado vino en su busqueda.
-Mi señora la necesitan en las puerta,esta a punto de caer.
-Pero que...- La maia le hablo a su corcel- vamos Irimar, corre como el viento, no pares.
Cabalgo lo mas rapido que pudo, ya se encontraba cerca, y los crujidos ya se oian, vio a Luthan buscando a Archaon, pero el maia no se encontraba, le grito desde lejos.
-Luthan, forma una fila rapido, los demas quitense de la puerta, no tarda en caer.
-Neldoriel , van entrar!!-le repondio el hombre.
-No pasaran, de eso me encargo yo.- la voz de la maia sono fuerte, el hombre asintio, siguendo su ordenes al pie de la letra, Lairelossë se bajo de Irimar y este echo a correr en direccion desconocida.- !oh! poderoso viento escucha mi suplica ven y ayudame, que no quede desolacion en la tierra, ni semillas que la maltraten.
Fue entonces que el viento respondio y una gran luz salio del cuerpo de la maia, sus ojos brillaron haciendose mas hermosos, el viento que venia del oeste se hizo mas rapido; la puerta crujio por ultima vez y cayo, los orcos detuvieron su paso, encontrandose con una doncella demasiado hermosa y terrible para soportarla y el viento que venia detras era aun mas terrible.Una voz en extremo chillona salio de la boca de la doncella y sus ojos brillaron como el peor de los fuegos, los orcos chillaron y la mayoria salio disparados por el viento, otros cayeron por el terrible sonido, y los que quedaron miraron a los ojos a la doncella se prendieron en un fuego incandecente huyendo despavoridos. Aquel poder se hizo cada vez mas grande, ocasionando la retirada del ejercito enemigo; Lairelossë aun no salia del trance en el que se encontraba, cuando hablo mentalmente a Luthan.
-\" ve y busca a Telimektar y a Archaon, que vengan rapido, mi espiritu se consume\"
Despues le hablo a Hyriand.
-\" ven a mi , te necesito amado mio\"
La maia se alzo por los aires, una luz mas grande que la de antes surgio de ella e instantes despues ella cayo al suelo, con la mirada perida y los ojos apagados.
Celegorn
Neldoriel yacía de cara al cielo nocturno, agotada y sin conocimiento, mientras los soldados caían bajo los golpes enemigos. La cara de Hyriand estaba descompuesta, el mismo rey agonizaba mientras corría en busca de su amada, pero si dolor hubiese sido mayor si no hubiese llegado Celegorn, como se le contó a Tholglîn posteriormente.
Las filas de orcos ganaban terreno, ya habían penetrado en la ciudad, y ahora marchaban raudos por algunos pisos superiores, y en el medio del camino por el que penetraban, estaba Lairelossë desplomada en el suelo. Los orcos rieron y por un momento pensaron matarla, pero reconocieron su apariencia y vestimenta y se disponían a secuestrarla y someterla a multiples torturas cuando se escuchó el cuerno de Celegorn a pocos pasos, y el Noldo, acompañado por sus herreros elfos embistieron contra los orcos y mataron a la mayoría.
¡Aun no ha llegado tu momento!-grito Celegorn mientras levantaba a Neldoriel y la cogia en brazos-. En ese momento llegó Hyriand y fué el mismo el que tomo a su amada entre sus brazos.
Malenril
Una gran batalla se decidía en los muros de la gran fortaleza, pero aun así, numerosos grupos de orcos intentaban escalar los muros, pues la vigilancia que se establecía en las puertas era feroz. Jinetes y soldados mantenían la atención del enemigo, que aun después de múltiples intentos, no lograban su objetivo.
La situación en las murallas también era complicada, pues a pesar de los grandes esfuerzos por detener su ascensión y evitar que entrasen en la fortaleza. El numero de los defensores había caído y la colocación de las escalas les resultaba mas sencilla. Cuando algunos orcos conseguían abrir una pequeña brecha en la que poder actuar, los arcos dejaban paso a las espadas, para segar sus miserables vidas.
Los ataques se sucedían continuamente, pero se debía evitar a toda costa que los orcos penetrasen en gran numero, pues supondría la perdida de toda esperanza ante la imposibilidad de frenarlos por múltiples frentes, si se tenia un ataque también desde el interior.
Laitaine defendía con gran esfuerzo la muralla norte de la ciudad. Grandes enfrentamientos tenian lugar alli. Las escalas, si bien ya habian sido destruidas en gran numero, aun se dejaban notar y con un disminuido numero de arqueros en la defensa, presentaban una situación complicada.
En la muralla este, Malenril se defendia en una situación similar, pues imponentes trolls sujetaban una gran escalera por la que pronto avanzarían multitud de orcos. Pero no se perdía la esperanza, pues los ánimos seguían fuertes en los corazones de todos. Y fue en ese entonces cuando una de las puertas cayo, pero la intervención de la maia Neldoriel, había resultado devastadora para las intenciones orcas, que habían sufrido grandes bajas en el ejercicio de sus acciones. Neldoriel había quedado exhausta por su esfuerzo, y pronto un grupo de orcos, que se recuperaban de su ataque, se enfrento a ella. Pero la intervención de Celegorn, lo evito, justo en el instante en que Hyriand apareció en ayuda de su amor.
Árchaon
- Árchaon, Neldoriel está insconsiente. Hyriand la ha llevado a las casas de curación, no tiene pulso- La voz de Luthan se elevó por encima del sonido metálico del entrechocar de las espadas.
Sin decir nada, Árchaon partió raudo hacia las casas, y allí encontró, además de muchos soldados heridos, a Lareloissë tendida en una cama. Hyriand lloraba a su lado.
Sin mediar palabra elmia colocó su mano en la fría frente de la maia, y susurró unas palabras en lengua de los Valar.
- Nos os preocupeis Señor de la Fuente. Se recuperará.
Salió entonces con paso ligero de nuevo hacia la puesrta caída. A decir verdad la acción de la dema Neldoriel había causado muchas bajas en el bando enemigo, pero los orcos aún eran abudantes, aunque ahora estaba la zona más despejada.
- ¡Luthan! Organiza la infantería y forma una fila de lanceros para detener su avance aunque sea por unos minutos.
El hombre asintió con la cabeza. El maia montó en Silvaron y se dirijió para ver como se iba desarrollando la contienda en las murallas. Cuando llegó se encontró que el combate cuerpo a cuerpo ya se había desarollado.
Telimektar
La brisa del mar trajo alivio a la ciudad, un gran enjambre de velas azules surcaban en la mar hacia la ciudad, eran barcos de Aran repletos de soldados dispuestos a luchar, estos no tardaron mucho en atracar en el puerto ya que este aun estaba en manos aliadas, 6000 hombres desembarcaron rápido de las embarcaciones y se dirigieron hacia la cima de la ciudad. Telimektar ordeno otra oleada de catapultas y esta lanzaron tal ofensiva que el enemigo se vio cercado entre el fuego y la ciudad, este subiendo a su corcel junto a Archaron atacaron sin compasión:
- Jinetes de Aran ataquemos hoy, la ciudad debe resistir no dejéis que esas inmundas criaturas la mancillen mas- les gritaba Telimektar, al llegar a la altura del puerto se detuvieron al ver a los soldados de aran desembarcar en la ciudad, su llegada les era de mucha utilidad ya que ahora sus fuerzas eran superiores a las enemigas y las llegadas estaban frescas para el combate. Un soldado se acerco a ellos y les dijo:
- Mi señor venimos para socorrer a la capital si ella cae no tardara mucho en caer Aran y eso no lo permitiremos, hoy daremos muerte a los enemigos de la Alianza.- le dijo
- De cuantos hombres hablamos?- le dijo Telimektar
- De 6000 hombres, 3000 arqueros y el resto es caballería mi señor- le respondió
- Envía a los arqueros a las murallas y decidle a Malenril que os envío yo, él sabrá que hacer, no os demoréis la batalla eta pendiente de un hilo, los jinetes que se reúnan conmigo en las cercanías del segundo nivel debemos recuperar la puerta y mantenerla- le dijo exaltado de alegría
- Su llegada es prodigiosa Telimektar, nos vendrán muy bien estos refuerzos pero como sabían que estabamos en apuros? – le dijo Archaron
- No los e pero demos gracias a los Valar por su llegada en tan critico momento, la ciudad de Plata ahora ganara esta guerra- le respondió
Los dos Maiar se agruparon en las cercanías del segundo nivel sus fuerzas ahora contaban con 8 mil jinetes bien perpetrados, las murallas eran otra vez tomadas y la esperanza nacía de la desesperación, las catapultas volvieron silbar y las grande tinajas llenas de aceite ardiendo, las tinajas empezaron a hacer estragos considerables entre las filas enemigas, los arqueros ya estaban en sus posiciones y su puntería era excelente, entonces la caballería que estaba detrás de la segunda puerta, salió cargando contra los enemigos estos retrocedieron al ver que sus fuerzas eran mayores, no habían visto llegar a los barcos, su arremetida fue tan fuerte que se hicieron rápidamente con el control de la puerta y las escaleras que había apostadas en las murallas fueron derribas. En las murallas exteriores los arqueros las dominaron pronto y los orcos tuvieron que retroceder hasta las proximidades del bosque, las catapultas dado que estaban en los distintos niveles de la ciudad hacían aparecer fuegos aquí y allí, dañando a los enemigos por todos los flancos. Mientras tanto ene l interior de la ciudad los lanceros empezaron su barrido, estos se encargaron de aniquilar a todo orco o enemigo que se encontrara dentro de los muros, sus fuerzas estaban intactas ya que solo entrarían en combate de guerrillas.
Celegorn
Una gran embestida cayó sobre las desprevenidas fuerzas enemigas y aunque muchos orcos consiguien escapar, la mayoria de ellos fueron vencidos, sin duda, sin las fuerzas de Aran, la ciudad de plata nunca habría podido resistir, pero finalmente lo hizo y salió victoriosa, aunque el panorama era realemente horrible. Multitud de nobles soldados yacían muertos y mutilados por el suelo, al igual que los repugnantes orcos. Muchos hombres agonizában por culpa de una herida fatal o de un miembro mutilado, y Celegorn nunca olvido ese día. El Noldo se subió a un muro y vió alejarse a las huestes enemigas y pensó que este no sería el final de aquella guerra. Se encontraba exactamente en el tercer piso y se dispuso a guiar a sus elfos a las casas de curación cuando se encontró con Laitaine y Malenril, que bajaban por la escalera principal del cuarto piso. La elfa miró a Celegorn, y su rostro estaba serio y con pena, pero Celegorn casi no quiso observarla y desvió aquella mirada profunda. En ese mismo momento Árchaon aparecio en escena y abrazo a Laitaine, Celegorn paso caminando y ni los miró, sus elfos lo siguieron y casualmente el mismo Árchaon tambien lo hizo. Cuando se encontraban en un gran pasillo de ascenso Árchaon se detuvo y grito el nombre de Celegorn, el cual se detuvo y ordenó a los que le acompañaban que siguieran sin él.
He visto como miras a Laitaine..- dijo Árchaon y aunque su tono no era brusco, estaba furioso- ¡No quiero ni que la mires!
¿Qué ocurre? -contestó Celegorn con un tono burlón- estoy empezando a cansarme de tus tonterías, porque, si insistes tanto, algo debes temer, ¿me equivoco?. Celegorn rió amargamente.
Árchaon no pudo contenerse y empujo a Celegorn pero no lo hizo caer, y el mismo Noldo en otro ataque de furia lo agarró por los ropajes y lo empotró contra la pared y grito con furia:
¿Acaso tu controlas mis sentimientos? ¿eres tu acaso el amo del destino como para ordenarme lo que tengo que hacer? ¡No! -el tono de Celegorn se volvió siniestro- Soy yo el que no te quiere ver cerca de mi, me repugnas, y si sigues molestandome con tus estupidos celos, ni yo mismo responderé de mis actos. Árchaon vio que los ojos de Celegorn brillaban con destellos rojos, como si los tuviese inyectados en sangre, como si una llama ardiera dentro de ellos. Desde ese mismo momento el odio que sentían el uno por el otro aumento considerablemente y nadie podía imaginarse lo que ocurriria tiempo después...
Laitaine Numeniel
Los orcos intentaban desesperadamente tomar las murallas de la ciudad, pero las poderosas flechas de Telimektar dirigdas por Malenril y Laitaine les impedían casi acercarse. Poco a poco el ataque se fue concentrando en la puerta de la ciudad. Parecía por un momento que los orcos huían hacia el bosque, y los disparos amainaron por orden de los capitanes, mas no la defensa. La gran hueste enemiga había entrado en la ciudad, y una cruel batalla se libraba dentro de los muros.
Entonces una horda de orcos empezó a atacar a los arqueros desde dentro de la muralla. A un grito de Laitaine, la fila más interior dispararó una descarga contra ellos, pero algunos consiguieron llegar hacia los arqueros, y éstos desenvainaron sus espadas. Mientras, Malenril se ocupaba de un nuevo ataque desde el bosque. Numeniel colocó su arco detrás de su espalda, y desenvainó rápidamente a Fírenar, pues era de un material bastante ligero. Su espada se movía con fuerza y fiereza, algo que sorprendía por el aspecto frágil y delgado de la elfa. Con un giro rápido segó los cuellos de dos orcos, pero uno de aspecto más grande se abalanzó sobre ella.
Laitaine desenvainó una de sus dagas con la mano izquierda, y agarró su espada y la daga con las dos manos. El orco lanzaba golpes poderosos, obligando a la elfa a bajar de espaldas la larga escalera. De repente, Laitaine se vio empotrada contra la pared, sujetando la cimitarra orca con su espada. Entonces, con un giro rápido de su muñeca, Numeniel clavó su daga en la mano del orco. Cuando éste aflojó su cimitarra por el dolor, Laitaine le empujó, y rápidamente le cortó un brazo, dio una vuelta, y acabó con el orco. Siguió luchando a espada durante bastante tiempo, causando bastantes bajas entre los orcos.
Enseguida subió a la muralla, allí los arqueros podían guardar ya sus espadas, y volvieron a sacar sus arcos, pues Malenril necesitaba refuerzos, ya que un nuevo ataque desde el bosque les estaba amenazando. Los capitanes ordenaron nuevamente una descarga, que arremetió contra los orcos de las primeras filas, cayendo en el suelo y haciendo tropezar a los que venían detrás. Laitaine miró hacia abajo, a la ciudad, intentando encontrar a Árchaon, pero de pronto vio un gran círculo de fuego. En un instante, este se desvaneció, y entonces pudo diferenciar en su interior la silueta del príncipe noldo, y a un lado la de su amado. Hizo un amago de bajar, pero un grito de Malenril quiso que la elfa se diera la vuelta y volviera a disparar sus poderosas flechas.
Por un momento se les hizo muy difícil contener a los orcos, y una bandada de flechas se dirigió contra ellos, causando numerosas pérdidas entre los arqueros. Laitaine vio cómo el elfo que había a su lado caía al vacío, cuando sintió que una elfa se dirigía hacia ella. La esquivó agachándose, pero ésta alcanzo al hombre que estaba detrás suya. Cuando estaba en el suelo, Numeniel se acercó hacia el hombre caído, y se fijó en que había muerto por una flecha amiga. Se levantó, y apuntando con su arco observó cómo los orcos les devolvían el ataque disparándoles con sus propias flechas.
La llegada de los refuerzos de Aran hizo que el ataque orco desde las afueras disminuyera y se centrara otra vez en el interior de la ciudad.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 01-03-2005 19:31]
Celegorn
Cuando la guerra aflojó Árchaon fué en busca de Numeniel pero se encontro a Hyriand, y el rey estaba furioso.
¡Ven ahora mismo!- grito el Señor de la Fuente mientras se acercaba a Árchaon y lo agarraba del brazo-. Llegaron a un patio interior y entonces el rey gritó cerca de la cara del maia:
¡¿Se puede saber porque hicieste eso?!-grito Tholglîn con ira- ¿acaso lo confundiste con un orco, necio?
No se de que me habla, mi señor- respondio Árchaon un poco confuso -
¿Te estas burlando de mi?-la voz de Hyriand parecia aumentar de tono cada vez mas- ¡Lo sabes perfectamente! ¡El ataque a Celegorn!
Árchaon sintió un pinchazo en el corazón y ahora recordaba todo lo sucedido, aunque no quisiese, con bastante amargura, pero no dijo ni una sola palabra.
No quiero que vuelva a repetirse tal estupidez sin antes tener un motivo por el que actuar-dijo Hyriand ahora un poco mas calmado pero con tono orgulloso- ¿entendido?
Árchaon permanecia todavia callado.
¿¡Entendido!?- grito Hyriand de nuevo-.
Entendido..-suspiro Árchaon viendo como el rey se alejaba-.
¡Maldita sea! -gruño el maia mientras le dio un puñetazo a la pared-.
Telimektar
Telimektar fue en busca de Narairë y la encontró en una escalera sentada mientras su belleza ahora estaba encerrada por la sangre que la llenaba, este se acerco lentamente y le dijo:
- Narairë, ¿estáis bien? Anda acompáñame a la fortaleza y que te miren esas heridas- le dijo mientras los dos se encaminaban hacia el palacio, por el camino un grupo de soldados todos ebrios alzaban la victoria gracias a su señor Celegorn, Telimektar airado increpo a los hombres que no tenían ni una sola marca de lucha y les dijo:
- Vosotros, que alzáis la victoria a vuestro señor deberíais cerrar esa boca antes de que os la cierre yo, vuestro señor se escondió como mujer asustada en los últimos niveles y solo salió cuando la dama estaba desfallecida, pero donde estuvo después donde... – les decía mientras Narairë lo freno.
- Ahora no es el momento de discutir, ya tendréis tiempo de eso - le dijo mientras lanzaba una mirada que les helo los corazones a los soldados.
Los dos subieron hasta el palacio y allí, las mujeres atendieron a Narairë y a Telimektar de sus heridas, este aprovechando que Narairë no estaba presente se escabullo y entro en la gran sala y empezó a buscar a Celegorn no tardo mucho tiempo en encontrarlo junto a la dama Neldoriel en un jardín cercano, abrió la reja y se fue directo hacia él, el noldor no tuvo tiempo de reaccionar ante tal ataque y cayo de bruces al suelo, este lo cogió por sus ropas y lo alzo y le grito:
- Cómo puedes tener tal osadía de decir que la batalla se debe a ti, donde estaban tus hombres cuando la puerta cedió, donde estaban tus hombres cuando las murallas fueron tomadas y las huestes orcas llegaban hasta el segundo nivel donde contestad- le decía mientras la dama Neldoriel lo miraba asustada, un odio que ella no podía concebir llenaba el corazón de Telimektar y la grandeza de su poder ahora ya estaba desatado- ¡No respondáis!, Ya que todo lo que soltéis por esa boca serán mentiras, lanzadas para ganarse el favor de los Señores de la fuente, tus hombres que no sirven para otra cosa que el pillaje de los muertos, los encontré ebrios y con las armaduras de la casa de la Golondrina, ¿ cómo explicas eso?- le dijo mientras lanzaba al Noldor hasta una pared cercana desenvainó la espada y esta brillo mas que nunca se disponía a ir hacia él cuando Neldoriel se interpuso y le dijo:
- Guarda la espada, no cometerás tal acto en mi presencia, habéis perdido la cordura o que es lo que os pasa a todos- le grito a Telimektar- levántate Celegorn, deberéis responder ante tales actos si vuestros hombres han dado pillaje envés de defender la ciudad.- le dijo mirándolo
A eso que entro Hyriand enfurecido y les grito a los presentes:
- No quiero mas riñas entre Celegor, Archaron y tu. Es que mis soldados van a demostrar tal acto de desobediencia ante su Rey! Ahora marchaos Telimektar y razona sobre lo que habéis hecho esta tarde os quiero en mi despacho y decídselo a Archaron también- le dijo mientras Telimektar salía del jardín lleno de cólera.
Celegorn
Hyriand no hizo llamar solo a Telimektar y a Árchaon, sino que tambien a todos los capitanes, y en la misma sala del rey se formó un juicio. Celegorn fué el ultimo en llegar y algunos le miraron con recelo, pero ya se habia ganado la confianza de otros. Por orden del rey, Celegorn, príncipe Noldo se sento a su lado y empezaron a lloverle acusaciones de muchos hombres, pero las contestó con frialdad y amargura y los acusadores no supieron que responder.
¿Por qué, oh Noldo, dices que la victoria fue gracias a ti, si todos participamos en ella?- pregunto Telimektar mientras le miraba fijamente-.
Nunca he dicho tal estupidez -contesto Celegorn mirando a un lado-
¡Tus elfos iban gritando tu nombre!- grito Telimektar-
¡Que tiene eso que ver, estupido!- contesto el Noldo que ahora miraba fijamente al maia- ¿Que tiene que ver que mis fieles compañeros griten mi nombre y se contenten con la victoria, con que yo vaya diciendo por ahi que la victoria fue gracias a mi?
Telimektar sin duda, se habia confundido interpretando las cosas pero todavia tenia dudas.
No participaste en la guerra, eres un cobarde -exclamo el maia con orgullo- aguardaste detrás de los muros y la casualidad te llevo hasta Neldoriel, por eso se salvó, y tus secuaces no son menos.
Cuando Celegorn fué a contestar, Hyriand se adelanto y mirando a Telimektar con amargura grito:
¿Como te atreves, tu Telimektar, a opinar sobre cosas que no has visto? ¿Acaso tu viste a Celegorn luchando fuera de la ciudad?
Telimektar callaba.
Este Noldo, que tu y otros tantos muchos no podeis ni ver, ni el a vosotros- continuo el Señor de la Fuente- luchó a mi lado durante mucho tiempo, y no me avergüënza decir que me salvo de muchos ataques varias veces, y después, tuvo el valor de ir en ayuda de los arqueros que se situaban en pisos superiores y gracias al destino se encontro con mi amada Neldoriel, y la salvó de la muerte...-los ojos de Hyriand casi soltaron unas lágrimas- y eso sin contar que habia llegado dos días antes ¡y no tenía ninguna obligación de prestarnos su ayuda! pero aún asi lo hizo...¿ no es cierto Árchaon?
La mirada de Tholglîn se centro en el maia, que estaba sentado al lado de Laitaine.
Árchaon no era ni orgulloso ni cobarde, y a parte de la relación que tuviese con Celegorn, se limitó a decir la verdad y apoyó al rey.
Telimektar se movió en el sitio y sin poder contenerse se puso en pie y grito con furia:
¡Es un hijo de Fëanor, actualmente su heredero! ¡La misma sangre corre por sus venas y multitud de acciones espantosas estan ligadas a él! ¡La Maldición le persigue, oh rey Tholglîn!
Celegorn crispó los puños y pegando un salto se incorporó tambien:
¿Crees que elegí ser hijo de Celegorm? ¿Crees que tengo alguna culpa de la matanza de los hermanos, o el ataque al pueblo de Dior Eluchil? -grito amargamente el Noldo- La sangre de Fëanor corre por mis venas..¿pero que puedo hacer yo?. Solo he sido un orfebre que trabajaba con mi primo Celebrimbor, yo no participé en ningun tipo de guerra contra un pueblo aliado. Para algunos de vosotros merezco la muerte -dijo con tono irónico - pero no me dais ninguna razón coherente como para que merezca morir. El príncipe sintio como la mano de Hyriand se apoyaba en su hombro suavemente. Se hizo un silencio pleno y nadie se atrevía a hablar.
Muchos miraban al suelo, o desviaban la mirada. Telimektar todavía permanecia en pie, y el Noldo Celegorn tambien, acompañado por Tholglîn.
Celegorn no habia olvidado los golpes que le había propinado Telimektar antes, sin motivo, y aguardaba con paciencia.
Es un asesino..- susurro Telimektar burlandose- igual que su abuelo.
Celegorn miro furioso al maia y esperó a que se sentase de nuevo en su asiento, cuando éste lo hizo y se dispuso a hablar con Narairë, el Noldo, rápido como una víbora, echó mano a un cuenco que habia en la mesa y se lo arrojó con fuerza a la cara de Telimektar, que cayó hacia atrás con gran daño, y Celegorn desenvainó con furia el largo cuchillo que colgaba del delicado cinturon y habría atacado al maia si Hyriand, el rey, no llega a retenerlo. Telimektar se incorporó pero no perdió la compostura, escupió sangre sobre la mesa y hablo desde una boca quebrada:
¿Cuanto tiempo daremos albergue a este maldito Noldo?.La ley del Rey es dura para quien hiere a sus súbditos en las salas del palacio; y para quienes desnudan la espada la proscripción es la menor condena .¡Fuera de la sala podría responderte, Celegorn hijo de Celegorm!.
Pero cuando Celegorn vió la sangre sobre la mesa, el ánimo se le enfrió, y mirando con desprecio al maia Telimektar, abandonó la sala sin decir ni una palabra.
¿A este salvaje, que ataca a los servidores del Rey, teneis simpatía? -exclamo Telimektar mirando a Hyriand-.
Por este mal te hago responsable, porque si mal no recuerdas, tu le atacaste a él antes y sin motivo aparente- respondió el rey- y cuida de tus palabras, porque puede que la ley del Rey juzgue que una boca quebrada es una justa retribución por tus estupidas provocaciones.
Celegorn
Como se contó después, Hyriand quiso recompensar a Celegorn, por salvar a su amada Neldoriel de la muerte, y sabiendo, que el nieto de Fëanor amaba la mineria y la extracción de metales por encima de cualquier otra tarea, le dejó a su cargo las montañas de Oron Oiolossë. Estas montañas asustaban a los habitantes de la ciudad de plata, porque no habia apenas caminos y era muy facil perderse, además se producían de vez en cuando algunos derrumbamientos. Nada de esto austó a Celegorn y poco tiempo después, mando a su grupo de herreros elfos a explorar las montañas, y allí con poco esfuerzo, construyeron en el pico mas alto, una morada para su señor, una profunda caverna que se adentraba en la roca, y Celegorn llamo a su nueva posesión, Orod Rûth, la montaña de la ira.
Lairelossë
Neldoriel, solo sintio como unos brazos la cargaron y la llevaron a las casas de curacion, la tendieron en una cama y un ser se sento junto a ella derramando numerosas lagrimas, la maia sabia quien era, pero su cuerpo no respondia y su espiritu estaba muy debil, aquel poder que emano de ella, nunca lo habia experimentado, tenia miedo , aquello que paso no era del todo bueno; entonces sintio una mano en su frente , un ser muy poderoso que le hablo en su lengua, la llamaba a la luz, Neldoriel la siguio...
Abrio los ojos lentamente, Hyriand estaba ahi, sonrio y la beso, se sintio viva, pero demasiado debil para levantarse, su bien amado se despidio , prometiendo que volveria mas tarde, ella durmio y descanso lo mas que pudo. Al dia siguiente, trato de levantarse, sin embargo aun estaba debil, uno de los curadores la ayudo a levantarse y la llevo al jardin, Neldoriel se sento a tomar el sol un poco. Fue entonces cuando, un caballero vestido de negro y con el escudo de la casa de Fëanor, aparecio, el elfo hizo una reverencia en forma de saludo, la maia hizo lo mismo.
-gracias, por salvarme durante la batalla Celegorn, deseaba hablar contigo, mas el destino no lo habia querido asi-el elfo le miro confundido- si se tu nombre y en verdad que eres la viva imagen de tu padre, es una lastima que no hayas heredado un poco de la templanza de tu madre.
Elfo la miro arrogantemente he hizo el ademan para retirarse, la maia hablo de nuevo levantandose del asiento.
-No te he dado permiso para que te retires-el elfo volteo, esta vez enojado-Tu prescencia no me desagrada, pero no te tengo confianza, escuchame nieto de Fëanor, no voy a permitir que separes a mi pueblo, puedes quedarte en la fortaleza, sin embargo, mis ojos te vigilaran, si cometes un solo error, si tu lastimas a mi esposo , entonces, no soportaras mi furia, ya la has visto en la muralla, no querras sufrirla y yo no quiero usarla, lo has entendido.
Termino Neldoriel, su voz se escucho fuerte, Celegorn le miro enfadado
-Porque habria de obedecer su palabra, no es mi reina y no pertenesco a su pueblo.
-No quiero ser tu reina, pero ahora estas al servicio de mi amado Hyriand,escucha mi palabras hijo de Celegorm, no las volvere a repetir....- Lairlossë no termino, pues fueron interrumpidos por Telimektar, haciendo una penosa escena, poco despues llego Hyriand furioso, los capitanes se retiraron y la maia se sento otra vez exausta, su bien amado se sento junto a ella.
-¿Estas bien?.- le pregunto.
-si Tholglîn, no te preocupes por mi- Neldoriel se lo llevo a los brazos, besandolo tiernamente.- mi bien amado tenemos que hablar.
-Es acerca de Celegorn cierto- le dijo el que se levanto - tu tampoco le tienes confianza, Telimektar y Árchaon tampoco confian en el.- Hyriand la tomo en sus brazos y la cargo, la maia no pesaba mucho , esta le paso los brazos por el cuello y se apoyo en su pecho- los convocare a todos, se solucionaran las cosas de una vez.- Entraron en la casa de curacion, el hombre la puso en la cama suavemente y se retiro.
Asi aquel dia se realizo la reunion, Neldoriel supo lo que paso a la perfeccion, asi que ideo un plan, hablaria con Hryriand proponiendole algo, cuando llego y sento junto a ella, esta le dijo.
-Hyriand, yo se que en alta estima tienes a Celegorn, pero primero es tu pueblo y yo-el hombre le miro confundida.- no habra paz, hasta que uno u otro se retire....
Lairelossë le hablo a su amado explicandole su plan, el hombre entendio, y supo que eso estaba bien, asi el no perderia la confianza de sus capitanes ni la amistad de Celegorn.
Poco tiempo despues el nieto de Fëanor, partia hacia Oron Oiolossë.
[Editado por tari el 05-03-2005 05:44]
Telimektar
Telimektar lamentaba la escena que tubo lugar en la cámara de Neldoriel, su comportamiento lo avergonzó y fue a pedir disculpas a la dama, este pregunto a una doncella donde podía encontrar a la señora Neldoriel y le dio que en las casas de curación la encontraría, hacía allí se encamino, llamo a la puerta y dijo:
- Señores, puedo entrar, tengo que decir os unas cosas- les dijo con voz triste.
- Entra Telimektar a ver que tienes que decir- le respondió Hyriand.
- Siento el comportamiento que tuve en la presencia de Neldoriel, jamas y lo sabéis haría daño a mi Reina, daría gustoso mi vida por salvarla y lo sabéis, igualmente que mis hombres lo harían por cualquiera de los dos, pero la presencia de Celegorn me altera hasta mas no poder, muchas y amargas lagrimas, derrame en Aqüalonde, el día en que sus parientes mataron a mis hermanos Teleri, pero eso no es motivo para comportarme así delante de mi Señora, y si creéis que debo pagar por mis actos así lo are, Os pido que me perdonéis y os prometo controlar la furia que me roe las entrañas cada vez que lo veo.- les dijo mientras hacia una reverencia.
- Acertadas palabras y inesperadas ya que sabemos que os cuesta pedir perdón. Aceptamos tus disculpas y solo os pedimos que midáis vuestras palabras en su presencia, sabemos que habéis sufrido mucho y su llegada despertó heridas que creías cerradas- le dijo Hyriad.
- Os doy mis más sinceras gracias, ahora os dejo mis Señores me atañen obras en la ciudad- les dijo mientras salía de la habitación.
Bajo las escaleras vio como el elfo Noldor con sus soldados se iban de la ciudad, bajo las escaleras y allí se encontró con Archaron el cual estaba de buen humor y le dijo:
- ¿Que tal tu boca? Celegorn se marcha de la ciudad a las montañas de Oron Oiolossë, se marcha allí con todas sus fuerzas- le dijo mientras tomaba un sorbo de la copa de vino.
- Esperemos que la montaña los mantenga alejados de nosotros ahora la calma volverá a la ciudad.
Los dos salieron a los jardines y estuvieron largo tiempo hablando de cómo empezar las obras de reconstrucción de la ciudad, Telimektar le dijo:
- Las puertas deben ser más resistentes que las anteriores deben de ser como las de Aran, las nuevas puertas de fuego, en el puerto el barco esta listo con los cuerpos de los caídos en la batalla, aprovechare para que traigan otro cargamento pero este estará formado por plata de Anor y mithirl, las puertas eran las más bellas y resistentes que jamas se hayan forjado jamas en tierras mortales- le dijo mientras miraban al mar.
- Si os puedo ayudar en algo decidme en que y allí estaré- le dijo Archaron.
- Ahora debes ocuparte de asuntos personales, atender a vuestra prometida y disfrutad, si os necesito ya os llamare- le dijo poniendo la mano en el hombro de este.
Laitaine Numeniel
La guerra acabó, y a pesar de todo no causó numerosas bajas, aunque sí produjo muchos daños materiales.
Lo primero que hizo Numeniel después de acabar la batalla, a pesar de que tenía un corte profundo causado por una flecha, fue buscar a Árchaon. No lo encontró por ningún sitio, y ya empezó a desesperarse cuando unos de los ayudantes de Hyriand la dijo que había sido llamado junto a Telimektar por el Señor de la Fuente, debido a una pelea con Celegorn.
Laitaine hechó a correr, aún con el vestido medio rasgado y ensangrentado, y la espada y el arco en las manos. Por el camino vio cómo las tropas del Príncipe Noldo se marchaban de la ciudad.
Llegó a palacio, pero ya se habían marchado todos. Siguió buscándolo por todas partes, hasta que lo vio a lo lejos junto a Telimektar. Éste le puso la mano en el hombro a Árchaon y se marchó, y la elfa corrió hacia el. Soltó su espada y su arco, y el maia se dio la vuelta al escuchar el sonido de las armas al caer. Laitaine se abalanzó sobre él, y lo besó como si hubiera estado toda una eternidad sin él, y así estuvieron durante mucho tiempo.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 05-03-2005 20:08]
Telimektar
Telimektar bajo junto Narairë a los puertos donde el barco cargado con los cuerpos de los soldados de Aran se disponía a zarpar rumbo a la isla, la tristeza pesaba sobre los corazones de los allí presentes y el gran ejercito venido desde Aran estaba apostado a lo largo del puerto y cuando subió él ultimo cuerpo, estos con sus espadas golpearon los escudos y un gran estruendo rompió la calma, Narairë se adelanto y empezó a entonar una canción de honor y valentía, la música se elevo por encima del ruido del mar y los soldados empezaron a entonarla, ahora un gran coro cantaba al barco que empezó su viaje llevando a los guerreros caídos en tal batalla. El viento hinchó las velas azules y las olas coronadas por espumas rompían en la quilla del bajel que pronto desapareció de la vista de los presentes. Los presentes empezaron a ascender a la ciudad lentamente pero Narairë y Telimektar fueron los últimos en subir a ella.
- Telimektar es hora de volver, debemos honrar a los caídos, la cerveza y la comida correrá hoy entre nosotros, os esperan vuestros hombres no les hagamos esperar más.- le dijo Narairë poniéndole la mano en el hombro.
- No les hagamos esperar, subamos ya- le dijo mientras los dos subían por las escaleras a la ciudad. En un balcón pudo ver a los señores de la fuente, los cuales no habían ajado al puerto ya que el estado de la Señora no era aun muy bueno y debía descansar.
Anor empezó su descenso, la ciudad empezó a iluminarse con las luces de las casas y las murallas eran fieramente vigiladas. Llegaron a unos grandes salones donde se encontraban las fuerzas de Telimektar junto a Archaron y Laitainë, los Señores de la Fuente llegarían un poco mas tarde, al ver entrar a su señor los soldados empezaron a jalear ya picar con las jarras llenas de cerveza en la mesa, este se sentó junto a Archaron y Laitainë y dijo:
- Que la cerveza y la comida no escatime hoy, hoy honraremos a nuestros hermanos y hermanas caídos en la batalla, que sé reúnan en las casas de sus antepasados hasta que llegue el día en que sean llamados- les dijo mientras alzaba la copa y bebía un gran sorbo.
Las risas y la fiesta duraron toda la noche, pero los señores solo estuvieron un rato ya que la dama Neldoriel no estaba aun recuperada del todo.
Bien entrada la mañana los soldados se encontraban ya atareados con las obras de reparación de la ciudad, las pilas de ruinas se estaban usando para hacer el puerto de la ciudad más grande ya que muchos barcos de gran calado no podían atracar en él.
Telimektar ocupaba todo su tiempo ya que así creía que pagaría sus actos, este envió a un grupo de exploradores a que fueran a ver si el enemigo había reculado y no se disponían a atacar otra vez a la ciudad, las puertas eran otra vez reforzadas y se intentaba regresar a la normalidad dentro de las circunstancias de una guerra, los pescadores volvieron a faenar en el mar y el puerto volvió a estar abarrotado de gentes y mercancías, pronto lego un pesquero con la noticia que un gran bajel se dirigía hacía la ciudad, nunca había visto ese barco, sus velas blancas y con dos arboles, les contó a los soldados.
- Mi señor un extraño barco se dirige hacía la ciudad, según el pescador lleva velas blancas con dos arboles, ¿sabéis a quien pertenece?- le dijo el soldado.
- Ese bajel me pertenece, lo mande construir poco antes de partir de Aran, veo que se construcción a sido más rápida de lo previsto, en el va lo que tanto nos hace falta, que cuando atraque se me notifique inmediatamente- le dijo al soldado.
- Así se ara mi señor- le respondió mientras volvía al trabajo.
Los planes de Telimektar para la reconstrucción de la ciudad estaban por buen camino, este había hablado con los señores sobre su nueva defensa, viendo que la que tenían no era digna de tal ciudad, ya que estas estaban un poco anticuadas. Una doble muralla se levantaría delante de la ya existente, añadiendo ala ciudad otro cinturón de defensa, este estaría habitado solo por él ejercito ya que así no perderían tantos civiles si se volvía a producir un ataques en tiempos futuros, en él estarían las guarniciones y sus casernas
[Editado por Tulkas_el_Valar el 06-03-2005 21:30]
Lairelossë
Neldoriel, se encontraba en los jardines mirando a la lotanza, la cuidad habia vuelto a la normalidad y la reconstruccion comenzaba a llevarse acabo, la maia quiso cantar, pero no le salio la voz, aun estaba muy debil para hacerlo,lloro por que tal vez aquello era de las pocas cosas que la consolaban un poco , es esto llego Hyriand, se extraño de verla asi, se la llevo a lo brazos y le hablo con dulces palabras,ella sonrio y al poco rato se quedo dormida,Tholglîn la llevo a la cama y se quedo con ella.
Ya entraba el ocaso, los cadaveres de soldados provenientes de Aran, eran llevados en barcos de regreso a su tierra junto a sus familias.Hyriand desperto con cuidado a su bien amada y la ayudo a salir al balcon para despedirlos, la maia alzo la voz para cantar y para su sopresa, esta vez pudo hacerlo, aquellos que la vieron se alegraron, el hombre le hablo.
-Ves Neldoriel, ya comeinzas recuperarte,no sabes cuanta me alegria me das- la beso tiernamente y la alzo del piso. ven vamos a dentro,debes descansar
Lairelossë sonrio y asintio en silencio, una vez adentro, el señor comenzo arreglarse para la cena que se daria esa noche por los caidos, Neldoriel se levanto y con mucho esfuerzo se puso aquel vestido rojo, con el que recibio a Thoglîn, el la miro sorprendido.
-vaya que ya te has recuperado, segura que quieres ir-le dijo tomandola de la mano.
-si estoy segura, no creo que dure mucho, si me encuentro encerrada todo el tiempo.- camino hacia el tocador, y saco el collar que le regalo Telimektar- me ayudas a ponermelo, a nuestro buen amigo les gustara verme con el.
El hombre rio, ante la actitud de su esposa y la ayudo, despues salieron del cuarto y entraron a la sala principal, todo el mundo se levanto y todos se alegraron de ver a su señora ya mejor, se sentaron junto a todos.Ya pasado un buen rato, el señor creyo conveniente retirarse, tomo a la maia de la mano, para salir de la sala,al llegar al cuarto Neldoriel se acosto y repiro hondo, luego se con un gran esfuerzo y ayudada por Hyriand se cambio y se metio entre las sabanas,Hyriand hizo lo mismo, la abrazo y comenzo a hablare de su infancia, la maia escucho y al poco rato se quedo dormida.
Telimektar
El gran barco blanco llego al puerto, las trompetas clamaron a la llegada de tal navío, jamas había atracado ninguno de tan bello como aquel, las velas blancas con el símbolo de la Tierra de Valinor, las gentes del puerto quedaron extrañadas al verlas. Telimektar que estaba en el puerto lo vio entrar y el orgullo lo invadió al verlo. Este junto a un grupo de soldados de Aran fueron a los espigones, el barco empezó las maniobras de atraque, en el palacio la llegada de tal bajel no tardo en llegar y los Señores de la fuente no tardaron en bajar.
El gran barco llevaba en él mascaron una figura de una dama tallada, en una mano llevaba una esfera de cristal y en la otra una espada, de gran belleza era el barco, de blancos maderos estaba echo y tres grandes mástiles soportaban tres inmensas velas blancas. Del barco bajo un hombre y dijo:
- Aquí llega lo que Telimektar, Gobernador de Aran a pedido a la isla. – Les dijo mientras miraba a los soldados de Aran.
- Soy el gobernador y veo que todo lo que pedí me es dado, ¿traéis los cofres que os pedí?- le dijo mientras subía a la nave.
- La bodega esta a rebosar, ¿donde queréis que sean descargados, mi señor?- le dijo.
- Que sean llevados a las fraguas de palacio y que se monte un fuerte guardia en ellas- les dijo a los soldados.
Mientras decía eso los señores de la fuente llegaron al puerto y se acercaron al barco, entonces la dama Neldoriel dijo:
- ¿A quien pertenece este hermoso barco, de blancos maderos y bellas velas?- le dijo mirándolo.
- Como si no lo supierais mi señora, este bajel es el barco de la casa de Telimektar, una fiel copia al barco de que llevo a los guerreros de Tulkas a la batalla de la Cólera. Lo mande construir ya que la galera Real no es propia para mí, os la cedo ya que como su nombre dice es del Rey y al rey se le debe devolver.- les dijo
- Así es, aceptamos y agradecemos que nos des la Galera, ya que te fue dada al morir el antiguo Rey, ese acto te honra.- le dijo Hyriand
Del barco empezaron a bajar innumerables cobres que eran cargados en los carros apostados en el puerto, así estuvieron todo el día y parte de la noche hasta que el último fue descargado y en la fragua ya no entraban más. La gente quedo sorprendida que salieran tantos cofres, los almacenes estaban a rebosar de cofres y la luz brillaba entre ellos al abrirlos. Mientras tanto Telimektar estaba en los almacenes junto a Archaon y la dama Neldoriel y esta le dijo:
- ¿Para que son tantos cofres y que contienen?- le dio intrigada
- Mirad que contienen, Archaon abre uno de esos que yo abriré este- le dijo mientras los dos abrían los cofres delante de ellos un destello de fuego y plata les inundo los ojos.
- Los cofres con la señal roja son de plata de Anor y los de la plateada es de mitrhil, grandes son las reservas de Aran en estos materiales, ya que todo el subsuelo de la isla esta llenos de ellos, tenemos plata y Mitrhil para muchas edades de los hombres y ahora de ellos nacerán mis grandes obras, las puertas de Tyelpeoste.
-¿Todo eso para unas puertas? No sois un poco exagerado, Telimektar- le dijo Archaon
- Exagerado, no soy previsor, la ciudad tendrá las mayores puertas y más resistentes que jamas hayan y serán forjadas en tierras mortales. Así no podrán ser derribadas con tanta facilidad, porque creéis que pedí que se hicieran otra muralla y esta vez doble? Es para ellas las que hay no soportarían tal peso.- les dijo.
Telimektar
La nueva muralla ya empezaba a ser lo que era, una muralla, sus piedras blancas reflejan los rayos del sol y les daban una textura como si fuera el cristal más puro que las hadas pudieran hacer. Telimektar desde sus habitaciones observaba las grandes grúas izadas para levantar tales piedras, la calma entro otra vez en los corazones de las gentes de la ciudad, pero un rumor llegó desde las montañas de Oron Oiolossë, una criatura del maldito había sido despertada, un dragón de gran tamaño había aniquilado los pueblos que allí osaban habitar, estos perecieron como paja en un incendio, nadie salió con vida excepto a los hombres de Celegor, las gentes le echaban la culpa ya que según ellos había despertado al dragón de su letargo. Los capitanes fueron llamados a consulta rápidamente ante el Rey, Telimektar fue y al entrar ya estaban todos sentados esperando a que el rey hablara y este dijo:
- Como sabréis un dragón a despertado de su letargo en las montañas de la Ira, a destruido a los pueblos que allí habitaban.- les dijo
- ¿Y quien a despertado a la criatura, a quien le debemos agradecer que se despertara el bichito?- dijo Telimektar
- Según las noticias que llegan y estas son confusas, fue despertado por Celegorn, el que habita el hogar de un dragón y al final hizo que tal se sacudiera el polvo de sus escamas y nos atacara.- dijo Archaon.
- Osea que debemos agradecer al principito ese, que se despertara el dragón, ni lejos deja de dar problemas, veis deberíamos haberle disparado el día en que apareció ante las murallas de la ciudad.- dio Telimektar mientras algunas risas asomaron entre los capitanes.
- Telimektar controlad la lengua, estáis hablando de un Príncipe Noldor.- dijo Hyriand enfurecido.
- Príncipe y Rey Noldor, sin reino y sin pueblo al que gobernar. Ya vasta de defenderlo, mi señor, sois el Rey y no le debéis pleitesía. Él que intenta dividir a tus hombres, nos encontramos en un dilema, servimos al Rey pero también a la Alianza y esta es el pueblo, el pueblo que Celegorn intento dominar en las montañas, acaso no sabemos que pide impuestos por pasar por esas tierras, aquel al que le disteis la posibilidad de habitar entre tus dominios, ahora reniega de la capital y no rinde tributo, ¿es que él es distinto y tiene normas diferentes a las otras ciudades de la Alianza?- dio mientras el Rey lo miraba furioso.
- Como osas compararte con él, por sus venas corre la sangre del mayor elfo que habito y habitara en el mundo- le dijo mientras la señora le ponía la mano en el hombro y le decía que se calmara.
- Me comparo con él si hace falta y lo supero como todos los hombres que aquí están presentes lo superan y con clara diferencia. Imparcial debéis ser, y defender a tus hombres y no a uno que llega con aires de arrogante y prepotente a tu reino, lo defendisteis siempre aunque no tuviera razón, de acuerdo que salvara a tu dama ya nuestra Reina y se lo agradecemos pero no nos pidáis que le seamos corteses y menos que le prestemos ayuda, al menos Aran no moverá ni un solo dedo para ayudarle aunque el Rey nos lo pida o la muerte caiga sobre nosotros, jamas y tomad atención ningún hombre de Aran ayudara a Celegorn o a algún hombre suyo, y le esta vedada la isla, como ose poner un solo pie en al tierra de Aran, será lo último que haga y la muerte le espera si llega a ella.- dijo mientras los presentes se quedaban un poco trastocados ante las duras palabras de esta.
Celegorn
Esa misma noche, mientras que Telimektar aun vigilaba con los demás soldados desde las murallas vió como Celegorn llegaba a la ciudad de plata. Estaba herido y empuñaba en su mano derecha el largo cuchillo de mithril, pero el arma estaba completamente limpia.
El maia Telimektar lo vió, y una furia se apoderó de él, y adelantando a todos los soldados fué el primero en hablar con Celegorn.
¡Tú, maldito Noldo!-exlamo el maia- ¿como te atreves a venir otra vez aqui?
Tengo tanto derecho ha estar aqui como tú, necio- exclamo Celegorn si dejar de caminar hasta que paso de largo he ignoró por completo a Telimektar-.
El mismo maia hizo un esfuerzo por no perder la compostura y acelerando el también el paso se puso a la altura del príncipe Celegorn y le habló con furia.
¡Tu despertaste al Dragón! -exclamo Telimektar- ¡ no eres mas que una amenaza para la Alianza!
El Dragón no vivía en Orod Rûth -contesto Celegorn sin prestarle atención- esa inmunda criatura de Morgoth viene de las tierras de Telpe, y esta misma noche ha atacado y aniquilado las montañas de Oron Oiolossë, la montaña de la Ira queda ahora vacia y destrozada por dentro.
¿Donde están tus secuaces?- pregunto el Maia- ¿ Acaso han abandonado a su señor?
Celegorn se paró en seco y empujó a Telimektar con fuerza.
¡El Dragón los ha matado, estúpido! -grito Celegorn mientras ponia una cara espeluznante, aunque Telimektar vió que en sus ojos había pena y desesperación- ¡los mató mientras dormían! ¿entiendes?
El nieto de Fëanor siguio caminando todo lo rapido que podía y Telimektar que ahora ya no lo seguia le grito por ultima vez y su voz resonó en todo Tyelpëosto.
¿Donde vas tu ahora, portador de desgracias? ¿vas a envenenar al rey con tus mentiras?
El príncipe noldo no le contestó pero mientras caminaba, en dirección a la torre del rey, giró la cabeza y Telimektar pudo ver que sus ojos tomaban un brillo rojizo y siniestro.
Celegorn
La mente de Celegorn estaba confusa, pensaba en muchas cosas mientras caminaba, y la vista se le nublaba, pero se mantuvo altivo y firme hasta llegar hasta la torre de Hyriand. Los guardias le dejaron entrar, porque lo conocían perfectamente, y durante mucho tiempo, el rey y el Príncipe Noldo, hablaron sobre asuntos de los que nadie supo.
La noche transcurría tranquila y el nieto de Fëanor se ausentó de la torre en la que había tenido una charla con Tholglîn, y bajó rapidamente al piso inferior. Los guardias estaban libres de preocupaciones, y algunos ya se habían ido a descansar y fué entonces cuando Celegorn, hijo de Celegorm se aventuro furtivamente hasta las altas puertas. Las abrió lentamente y sin hacer ruido con ayuda de una enorme correa sujetada a una gran palanca, obra de Telimektar, para que los soldados de la ciudadela pudiesen abrir las puertas con mas facilidad y rapidez.
Asi pués las puertas quedaron abiertas, y los guardias que patrullaban por las murallas paralelas a la entrada no se enteraron de nada, fué entonces cuando Celegorn se subió a la muralla principal y sopló su corno con fuerza, y en ese mismo momento se llevo a cabo la Traición de Celegorn, que crió renombre tiempo después por la gran masacre que aconteció.
Enormes ejercitos de orcos y trolls, que esperaban escondidos en el gran bosque a la llamada de Celegorn, al que habían capturado antes y hubiesen dado muerte sino llega a realizar tal acción, irrumpieron violentamente en Tyelpëosto y mataron a todos los desprevenidos guardias. Masacraron la ciudad por completo y las resplandecientes y hermosas calles pronto se tiñeron de sangre. Los orcos entraban en las casas y mataban a la gente con crueldad, ya fuesen mujeres o niños.
Celegorn, que aún se mantenía firme en la muralla, corrió hasta el piso superior y volvió a entrar sin dificultades en la torre del rey.
El Noldo entro con rostro tranquilo y sereno, y sonriendo se arrodilló ante el rey.
Justas acciones realizadas por míseras acciones que acontacieron en el pasado -exclamo Celegorn mirando a Hyriand y sonriendo-.
¿Que quereis decir? -exclamo Hyriand- ¿Ha pasado algo?
Han pasado muchas cosas Hyriand -contesto Celegorn poniendose en pie- no llegaré a ver la luz del día y tu tampoco, pero mi nombre será recordado y todos pagarán por haberse atrevido a subestimarme.
Estas palabras no agradaron el rey, y retrocediendo unos pasos intento echar mano a la espada que le había regalado Telimektar.
Celegorn desenvainó el cuchillo lentamente mientras Tholglîn lo miraba con frialdad.
¡Deténte, deténte Celegorn! -grito Hyriand- ¡Esta es acción de Orcos salvajes!
¡Acción de Orcos salvajes, por comportamiento de Orcos en el pasado! -grito el Príncipe Noldo con amargura-.
¡Justa recompensa por la magnífica obra de tus súbditos, oh rey Tholglîn! -volvio a gritar el Noldo y esta vez había en sus ojos una negrura tremenda-.
Tholglîn se quedó inmovil y vió como Celegorn se le acercaba, pero no tuvo la fuerza de voluntad para atacarle, puesto que lo apreciaba como a un hermano, pero en un ultimo esfuerzo para intentar defenderse, levantó la mano que empuñaba la espada e intentó parar la estocada, pero la hoja del cuchillo le cortó la mano, y viendo que estaba totalmente indefenso, el mismo rey cayó de rodillas a los pies de Celegorn, quien le cortó el cuello y le dió muerte, asi murió Tholglîn , el rey mas amado y valiente que jamás habitó en Eithel-Glîn.
Cuando Celegorn le cortó el cuello a Hyriand, vió que su cuchillo se había partido, y dejandolo caer a los pies del cadáver, corrió presa del pánico a los pisos superiores.
Cuando salió, vió a la bella Laitaine que marchaba a comunicarle las nuevas al Rey,y Celegorn deseo apoderarse de ella, pero resistiendose, pasó de largo y continuó corriendo, y escuchó la voz de la elfa, que gritaba su nombre, pero no se detuvo.
Subió hasta el pico mas alto y contemplo desde lo alto el paisaje desolador, y se le inflamó el corazón y levantando los brazos grito al cielo.Maldijo a los Valar y a todas las cosas realizadas por los mismos.Poco después se encaminó hacia el borde y mirando de nuevo al cielo dijo:
Perdóname madre...
Y fué entonces cuando él mismo se precipitó al vacío, y su cuerpo golpeó siete veces las rocosas pendientes de la Torre del Rey antes de hundirse en las llamas que ardían abajo.
[Editado por Gildor_Inglorion el 12-03-2005 16:44]
Laitaine Numeniel
Alertada por el ruido mientras paseaba, Laitaine descubrió el ataque orco. Se armó rápidamente y fue a avisar al rey, mientras Árchaon corrió a reunir soldados para repeler el ataque. Cruzó toda la ciudad hasta llegar a palacio, casi sin aliento, y allí se sorprendió de ver a Celegorn, tambaleándose y bañado en sangre. Le llamó, y fue hacia él, pero inmediatamente el Príncipe Noldo hechó a correr. Laitaine quedó desconcertada, y sus gritos no parecían llegar a los oídos del elfo. Le vio alejarse, y la elfa se giró para recorrer lo que quedaba de pasillo hasta la habitación del Rey. La puerta estaba entreabierta, y la luz del fuego asomaba por la abertura. La elfa la abrió, a la vez que decía: \"Mi señor, un ataque...\" Sus palabras se vieron cortadas por un grito de terror. El cuerpo del Señor de la fuente yacía en un charco de sangre, sobre los escalones que llevaban a un pequeño trono. Sus ojos estaban abiertos, y reflejaban las llamas de la lámpara, su mirada irradiaba miedo; y tenía un profundo corte en el cuello. Númeniel se quedó paralizada, pero pronto reaccionó y se acercó rápidamente a los pies del Rey. Al arrodillarse notó algo, que le rajó ligeramente el vestido. Se levantó, y descubrió que era el cuchillo de Celegron. La elfa lo dejó caer, y llevó sus mano a la boca.
- No puede ser...nos ha traicionado... -dijo la elfa en medio de la confusión. En ese instante, entró Telimektar con la espada en la mano, alertado por los gritos de Laitaine, pero al contemplar la escena la dejó caer.- Celegorn...él...- la elfa no pudo acabar la frase, pues el maia recogió su espada y salió a correr para matar al Príncipe Noldo.
Telimektar
Las hordas orcas pudieron ser contenidas antes de que cruzaran el segundo nivel, gracias a la rapidez con que se movilizaron las tropas, se pudo salvar a gran parte de la población que allí vivía. Telimektar tras salir a la carrera pudo ver a Celegorn en lo alto de una muralla allí delante de él se encontraba el asesino del Rey y le dijo:
- !Tu sucio traidor no tenía que haber errado el tiro pero ahora no lo are, la muerte será tu destino, maldito tu y los de tu casa!- le dijo mientras tensaba su arco y una flecha le atravesaba el pecho y caía entre las llamas que devoraban las casas, siete veces golpeo su cuerpo entre las rocas hasta llegar a las llamas que devoraron la carne del elfo.
Este salió a la carrera hacía las murallas donde Archaon intentaba contener a las fuerzas enemigas, pero estas caían muy rápido gracias a que los arqueros no fallaban, este salió montado en su corcel y tras de él la caballería de Aran masacraban a los enemigos, sus cascos resonaban en al ciudad como truenos. Este izo sonar el cuerno y los soldados desmontaron y empezaron la reconquista de la muralla, tal era la furia que tenía el ejercito defensor que el ejercito orco retrocedió hasta las puertas.
Telimektar subió a lo alto de una de las torres de la muralla y grito:
- ¡O Señores a llegado el momento desatada aquello que esta atado desde hace tanto, ya llegó el momento que tal traición sea contestada con el poder que me fue conferido al nacer!- grito mientras los hombres gritaron.
- Las águilas de Manwë están sobre nosotros- decian de pronto un rayo cayo sobre el cuerpo de Telimektar pero no le hizo nada. Este alzo las manos y un gran viento se alzo, un viento que barrio a las hordas enemigas de las murallas.
- Ahora veréis el poder que habeis desatado, mis hombres a la carga- dijo mientras se hacían con la casi totalidad de la muralla, llegaron hasta Archaon.
[Editado por Tulkas_el_Valar el 12-03-2005 19:38]
[Editado por Tulkas_el_Valar el 12-03-2005 19:40]
Árchaon
Todo fue muy rápido. Gritos, estremecedores chirridos de espadas,...
Cuando Árchaon salió de la gran torre que lo acogía se encontró con una panorama desolador. Una gran marea de orcos había irrumpido dentro de Tyelpëosto, algo inexplicable, mas las puertas eran infranqueables hasta para el mismísmo Señor Oscuro, pero a pesar de ello, lo habían conseguido.
Rápidamente formó un pequeño ejército que resistiría por el momento mientras permanecían a la espera de que los demás soldados estuviéran disponibles para defender la ciudad.
- ¡A las murallas!- El maia hizo sonar su voz como si de un rugido se tratara.
Con Silvaron a su lado luchó a espada contra las hordas de orcos. Eran difíciles de contener, pero la furia de aquellos cuales defendían su tierra era mayor que la ambición de los orcos por obstentar la Fortaleza de Plata. Un contingente de arqueros intentaba frenar el avance de las filas enemigas, pero aún eran pocos los que sabían manejar el arco de los presentes en la batalla.
Al cabo llegó Telimektar y se colocó al lado de Árchaon.
- ¿Qué ocurre Telimektar?¿Cómo ha pasado?- preguntó Árchaon sin dejar de blandir su espada.
- Ha sido ese maldito de Celegorn, ha abierto las puertas de la ciudad habiendo pactado con el enemigo. Después de matar a Hyriand ha caido desde lo alto de la torre.
Entonces, como si una ola de fuego lo hubiera cubierto, profirió un estremecedor grito que detuvo a los orcos que lo rodeaban:
- ¡¡Celegorn!!¡Te maldigo en todas las lenguas de la Tierra Media, allá donde te encuentres!
Y con un terrible genio comenzó a liquidar a todos sus adversarios sin piedad ninguna. Fue entonces cuando un rayo cayó sobre Telimektar sin causarle el menor daño.
Los orcos habían sido contenidos en el segundo nivel, pero disponían de trolls que aporreaban puertas de menor tamaño que no estaban tan defendidas como las principales, y pequeños grupos entraron en él.
Entonces la cara de Laitaine se paseó por la mente de Árchaon, y sin pensarlo corrió a buscarla. Quitándoles la vida a los enemigos que se interponían en su camino cruzó las murallas y entró en la torre por la cual había salido. Sin dejar de proferir el nombre de su amada la buscó por todos los rincones de cada habitación, hasta que llegó a la más alta, la morada del Señor Hyriand, el cual se hallaba desollado en el frío suelo cubierto de sangre. A su lado estaba Laitaine, observando aún el cuerpo sin vida del Señor de la Fuente, sin mediar palabra alguna. Entonces el maia observó el inerte cuerpo tendido en el suelo:
- Cada uno es recompensado según los actos que comete. El Noldo ha recibido la recompensa de la muerte, su mejor regalo, pues la amargura y el deseo de poder codiciaban su mente. Tú también la has encontrado, has sido recompensado con ella por confiar en aquellos que no merecen piedad alguna y han provocado tales atrocidades como la que vivimos ahora.- hizo una pausa y cerró los ojos del cadáver-, descansa en paz, Hyriand, y que sepas que lo único que me aflige y me amarga el corazón es la respuesta de la dama Neldoriel a esto.
Acto seguido cogió en brazos a Laitaine, que se hallaba débil debido a tal horrible visión, y salió de la habitación, bañada únicamente por la penumbra de la lámpara colgada en la pared.
Entró en otra habitación y tendió a Numeniel en la cama.
- No demores princesa, no estás en condiciones para luchar, y aquí estarás a salvo. Mandaré soldados para que guarden tu vida, incluso yo estaré en la puerta para que no penetren en la torre.- Besó a la elfa y salió raudo hacía abajo. Tal y como dijo, mandó cinco soldados a proteger a Laitaine, y él mismo defendió la puerta de las acometidas que forzaban los orcos para entrar.
[Editado por legolaragorn el 12-03-2005 20:35]
Árchaon
Aún no se tenía noticias de los demás capitanes de Eithel-Glîn, mas nadie sabía del paradero de la dama Neldoriel, pero los pensamientos de Árchaon y Telimektar se hallaban inmersos en la batalla. Cada vez llegaban más soldados a defender su ciudad, y bajo las órdenes de los dos maiar contenían cada acometida del enemigo. Fue entonces cuando un estruendo arriba de la torre llamó la ateción de Árchaon, pero no temió, porque lo guardias que custodiaban a Laitaine eran de confianza. Al rato, una voz femenina sonó tras ellos, una voz amortiguada en ira, y tras ella, unas estocadas. Al volverse, el maia pudo ver como Laitaine se hallaba inmersa en plena batalla, y a pesar de que su estado era débil, sus enemigos eran mutilados por su afilada hoja al instante. Con un repentino genio, Árchaon se acercó a los guardias y les preguntó:
- ¿Que hace ella aquí? no está en estado para luchar.
- Mi señor, ha amenazado con matarnos si no la dejábamos bajar.
Entonces entendió, y al hacerlo vio como una oxidada espada rasgaba el brazo de la elfa, que se hincó de rodillas en el suelo. El maia corrió hacia ella y rápidamente la cogió en brazos, a la vez que gritaba a los guardias que lo siguieran y que lo cubrieran, y estos desempeñaron bien su trabajo, ya que formaron un círculo alrededor de los dos. Llegaron a un claro en el que la batalla aún no había llegado.
- Llevadla a las casas de curación- Árchaon dio instrucciones a los soldados, que asintieron con la cabeza.
- No Árchaon- se lamentó Laitaine-, no me quiero separar de tí.
- Tranquila, estaré bien, pronto iré a verte, ahora iros, no tardaran en llegar.
Sin dejar de mirarse a los ojos, Árchaon vio como su amada se dirigía a las casas de curación. Tras desaparecer de su vista se dispuso a partir hacia la batalla, pero sin darse cuenta la batalla había llegado a él. Un gran batallón de orcos se encontraban impasibles frente al maia, esperando una señal para acabar con su vida. Sin poder moverse apenas, el maia lanzó una breve sonrisa irónica a los orcos, y pensando en la cara de su amada se lanzó hacia ellos espada en alto. Mató a dos de una sola estocada, y a otro más cuando armaba el brazo hacia atrás para impactar en la cara de otro. Así se mantuvo un rato, forcejeando con los orcos que lo habían rodeado, hasta que una flecha impactó en su brazo derecho. Esa era sólo la primera, pues otras dos se clavaron en su abdomen y en su pecho. Pero tanta era la rabia que tenía que sólo había sentido unos pinchazos. Pero las fuerzas empezaron a flaquearle, y sin querer hacerlo dejó caer su espada al suelo. Cogió su daga de su bota y siguió luchando, ahora bien, sin tener mucho éxito. Su vista se había nublado, y sintió como la sangre manaba, ahora, por un corte surgido en la cintura. También sintió como su cuerpo se desplomaba hacia atrás, a la vez que veía, borrosamente, como unos jinetes a caballo cargaban contra los orcos que lo atacaban...Lo último que vio fue la cara, con una preciosa sonrisa, de su amada Laitaine Numeniel.
[Editado por legolaragorn el 12-03-2005 20:42]
[Editado por legolaragorn el 12-03-2005 20:44]
[Editado por legolaragorn el 12-03-2005 20:45]
Telimektar
Telimektar vio caer a su compañero y una gran rabia ardió en él, sé sacudió el polvo de sus poderes y la tierra tembló bajo sus pies, los enemigos escapaban ante la ira de este, blandía su gran hacha y esta ardía como nunca, cortaba todo lo que se le ponía por delante sin miramientos, este se acercaba al cuerpo de Archaon y hizo sonar su gran cuerno y los jinetes atacaron con gran furia a los enemigos, al poco tiempo el control de las grandes puertas ya era otra vez de los asediados. Mientras tanto las catapultas que se usaron en la guerra volvieron a lanzar su carga mortal contra los enemigos, que empezaron a retroceder pero algo no les dejaba entrar en el bosque, de pronto la tierra tembló con mas fuerza y esta se empezó a quebrar y de ella una cortina de fuego rodeo a las fuerzas enemigas. Ahora estaban atrapadas entre las murallas y la gran cortina de fuego, un mar de flechas fueron lanzadas desde las murallas, unas a la interior y otras al exterior y las fuerzas enemigas nada podían hacer contra ellas. Teliemktar bajo de las murallas y se acerco a Archaon, un grupo de soldados protegían a la dama Laitaine y el cuerpo de su amado y este dijo:
- ¡Llevadlos al segundo nivel ahora, llevadlos que sean salvados, mis hombres haced lo que os ruego!- les dijo mientras luchaba para mantener a los orcos fuera del alcance de ellos.
- No iré, no os dejare solo tengo que vengar a mi amado- decía Laitaine mientras intentaba mantenerse en pie.
- Iras por que os lo mando, ahora no hay Rey y debéis obedecerme, al menos en esto, sed sensata partid al segundo nivel y cuidad del cuerpo de Archaon, el no quisiera veros muerta, salvaos y salvadle a él del ataque, iros- le dijo mientras salían corriendo con los soldados.
De pronto otro estruendo sonó detrás de sus pasos y vieron a Telimektar rodeado de llamas y estas fueron despedidas contra los cuerpos de los orcos que ardían como paja.
- Volveréis al lugar de donde no debisteis salir, hoy habéis despertado a algo que largo tiempo estuvo dormido, provad la furia de aquellos que servimos a los poderes de Aman.- decía mientras blandía la enorme hacha, esta estaba llena de sangre negra igual que el cuerpo de Telimektar, muchos huían ante él, su ira era inmenso y sus hombres ya dominaban casi todo el primer nivel, aunque fueron tomados por sorpresa, sus hombres estaban listos para la batalla y la rabia ardía por los corazones de los traicionados, y mas sabiendo quien era el traidor.
El sol ya empezaba a despuntar y con él la esperanza de los asediados, los orcos se debilitaban y sus fuerzas eran aniquilas con mayor facilidad, la esperanza broto entre los corazones de los presentes, el cuerno de Telimektar sonó y detrás del un gran coro se alzó. Las puertas fueron abiertas y de ellas una marea de jinetes salió detrás de su capitán, las flechas no cesaron de ser disparadas y las filas enemigas retrocedieron ante tal ataque, el traidor había calculado mal el numero y el valor de los defensores, estas eran empujadas hacía las llamas que consumían sus cuerpos con gran rapidez. Los jinetes lanzaban sus poderosas cargas contra los enemigos que no podían hacer otra cosa que intentar huir pero el camino les era negado. De los otros capitanes no tenía noticia ya que las puertas de los niveles superiores fueron cerradas, lo único que sabía era que la ciudad estaba totalmente limpia de orcos y que solo quedaban los restos de las horas que no podían entrar en esta.
[Editado por Tulkas_el_Valar el 13-03-2005 19:13]
Laitaine Numeniel
Laitaine apenas podía mantenerse en pie, pues tenía un corte muy profundo en el brazo y otro en la pierna. A pesar de ello no quería dejar a Árchaon, pues vio cómo éste era abatido por flechas orcas. Soldados de Telimektar cogieron su cuerpo, y Númeniel fue obligada a ir a las Casas de la Curación. Una vez allí, sus cortes fueron curados, y Laitaine fue inmediatamente a ver a su amado. Las flechas de su cuerpo habían sido extraídas, y la elfa utilizó sus artes élficas para curar las heridas de Árchaon. Luego, veló su cuerpo, hasta que al cabo de tres días despertó. La elfa se abalanzó sobre él, no sin olvidar que estaba herido, y le besó. Telimektar llegó para verle, y darle la noticia de que había acabado el asalto orco.
Poco a poco llegó el orden a la ciudad, pero no había rey, y la Dama de la Fuente estaba sumida en una profunda pena, por lo que la Ciudad se autogobernó durante un tiempo. Se continuaron las labores de reconstrucción, y los cadáveres orcos fueron apilados a las afueras de la fortaleza e incinerados como señal de lo que podía pasar a los que osaran invadir la ciudad. En cambio, los cuerpos de los soldados caídos de la Alianza tomaron una sepultura digna en un gran jardín que se preparó como cementerio, y que más tarde fue hermoso, pues la hierba creció alta y verde, y las flores cuyo rocío no se secaba nunca eran las más hermosas del Bosque.
Al cabo de tres días, durante el crepúsculo de amanecer, una gran comitiva funeraria partió de palacio con el cuerpo del rey embalsamado, hacia la gran cripta en la que descansaban todos los gobernantes, y allí fue enterrado el Rey Hyriand.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 16-03-2005 10:26]
Telimektar
Mas en los días posteriores a la traición, las gentes estaban airadas y su sola motivación era terminar las grandes murallas.
La gran comitiva formada por todas las ramas del ejercito del Reino iba detrás del cuerpo del Rey y de la Reina. La cual aunque fuera de riguroso negro no podía ocultar su gran belleza, un largo vestido negro con bordados de oro la cubrían, mas su rostro iba oculto con un largo velo negro que se sujetaba con una delicada tiara y en el cuello llevaba el collar que el regalo en su día Telimektar y que su amado le gustaba tanto. La comitiva iba en total silencio el cual solo fue roto al llegar a la cripta donde los soldados que allí estaban apostados y en los niveles inferiores del gran patio empezaron a cantar una canción de honor y valor en la batalla, mas la música retumbo en la gran pradera, que se extendía delante de la gran cripta, un bello edificio se levantaba por encima de ella y bajaba varios niveles por dentro de la fría roca. El cuerpo Del Rey fue puesto en su lugar y la Reina dejo allí su espada colocada entre las manos de su amado, los capitanes dieron el último adiós a su Señor y capitán, las dos grandes puertas fueron cerradas y la gente empezó el lento descenso hacía la ciudad, don tendría lugar el banquete en honor a los caídos, la señora estaba mirando el gran mar y Telimektar se acerco a ella y le dijo:
- Mi Señora, se por lo que pasáis en estos momentos, mas el dolor que tenéis me es muy conocido. No hay otro remedio que ser fuerte y hacer de tripas corazón, mas debéis ser la Reina que dirija este país, sois fuerte y aunque os cueste, debéis serlo para el pueblo, el os ama y no debéis dejarlo sin la protección de su madre- le dio mientras le cogía la mano.
Lairelossë
Neldoriel , dormia tranquilamente en la torre donde ellla y Hyriand habitaban, el rey habia estado en trono hablando con Celegorn, a la maia no le dio confianza mas aun asi se quedo dormida, sus sueños pronto se convirtieron en pesadillas , la maia desperto llena en sudor, se puso una bata y con un miedo mas grande y terrible que el alba, salio en busca de su amado, al entrar a la sala del trono, se quedo paralizada , Hyriand se encontraba ya muerto el piso y bañado en sangre,Lairelossë corrio hacia el y lo tomo en sus brazos.
-Hyriand, amado mio despierta, por favor, no te vayas.-la maia saco la daga del pecho del hombre, se iba cortar las muñecas para darle su sangre y que el viviera-Hyriand, tu no puedes irte, no me puedes dejar.
Fue entonces que se dio cuenta que en verdad el espiritu de su bien amado ya partia a las estacias de mandos, y frustada por no poder hacer nada, por confiar, lloro y su lagrimas cerraron las heridas del rey, mas no lo trajeron a la vida; el fuego y la descesperacion cundian abajo, pero ella parecia ausente , sin percatarse de lo que pasaba a su alrededor, un sirviente entro y ella alzo la voz fuerte pero triste.
-Traedme su mortaja.- el sirviente la miro con señal de hablar, pero ella se lo impidio- traedme su mortaja, la cuidad estara a salvo, pero el rey...
El sirviente asintio, captando la profunda tristeza de la reina, salio de la habitacion y al rato entro otra vez con las vestiduras de gala del rey...
Paso el tiempo y sola la maia limpio el cuerpo de su bien amado lo perfumo y lo vistio, cuando termino permanecio a su lado largo tiempo, sin importarle lo que pasara a su alrededor y finalmente cuando llego el dia del funeral del rey, ella se vistio de negro y se puso un velo negro para ocultar la belleza de sus ojos , extrañamente mas grande por la tristeza que emanaba de ella.
Camino detras del cuerpo de Hyriand, cuando llegaron a la cripta , poso su mano en la de el, lo beso por ultima vez, despues puso la espada entre las manos del rey y salio de la estancia, camino enfrente de todos, pero al rato se detuvo y miro al mar,un deseo se poso en su corazon, pero tan rapido se fue como llego, porque Telimktar le susurro que debia ser fuerte,despues le tomo de la mano y la guio a la fortaleza, ella asintio y camino otra vez, en silencio y sin decir nada, ausente.
[Editado por tari el 19-03-2005 01:16]
Telimektar
Las más bellas obras se erguían majestuosas dentro de las plateadas murallas de la ciudad, en las dos grandes hojas de las puertas, en cada una de ellas había un árbol, uno en mitrhil y el otro en oro, eran a semejanza de los arboles sagrados de Aman, más la luz del día hacía que las puertas desprendieran una luz dorada y plateada que era la fascinación de los más pequeños de la ciudad. Dos grandes torres se erguían a los lados de cada una de ellas, de piedra blanca pulida como si fueran los más delicados cristales de las hadas y en su alto dos grandes estatuas se colocaron, el Señor de Arda Manwë y su consorte Varda, ahora la ciudad era más bella que nunca aunque el dolor pesaba entre los corazones de los que allí habitaba y sobre todos ellos, el llanto de uno era el que más pesaba a su pueblo, el de la Señora de la Fuente.
En esos días Telimektar ordeno a un gran grupo de sus jinetes que hicieran una batida en los bosques para encontrar algunos restos de las huestes que atacaron. Sus monturas salieron con gran orgullo por las grandes puertas, las cuales se cerraron detrás de ellos, los jinetes estuvieron tres días recorriendo las tierras más cercanas a la ciudad y no encontraron rastro de ningún orco.
- Archaon veo que estáis mejor, tus heridas se recuperan rápido, ¿será por el cuidado de esta bella dama? Seguro que si, es que no hay nada como que te mimen y te cuiden, pero no te acostumbres a la buena vida que os quiero otra vez con la espada en alto si llega el momento.- le dijo mientras se ponía a reír y su risa era contagiosa entre los presentes.
- A la buena vida uno se acostumbra pronto, y más con la compañía que tengo- le dijo mientras miraba a Laitainë, la cual le dijo.
- Es que el pobre esta muy malito, no le veis que esta a las puertas de la muerte, con ese color tan blanco- le dijo mientras reía
- Ya os vale a los dos, ¿es que no tenéis compasión de un pobre moribundo?- les dijo mientras ponía morros.
- Es que ya vemos que estáis mejor, dentro de nada a pasear por la ciudad que necesito tus fuertes brazos, que te recuperes pronto mi buen amigo y no molestes mucho a la bella dama- le dijo mientras salía de la sala riendo.
Este intentaba recuperar la alegría que tenía, pero las penas le pesaba como grandes losas y la mayor era la de la dama de la Fuente, la cual se había encerrado en una ala del palacio y no dejaba entrar a nadie.
Árchaon
Hábían pasado ya algunos días, y cada mañana, el maia Árchaon salía de las casas de curación para pasear por los renovados jardines que aún sentían el fuego en su suelo, pero la bendición de los valar se posó sobre ese suelo negro para volverlo de nuevo verde.
El maia subió a la torre en donde su hermana Neldoriel moraba desde la catástrofe, sin salir, sin comer, sin hablar con nadie, y al llegar a sus aposentos, cuya puerta estaba cerrada, varias guardias le impidieron el paso.
- Mi señor, no se puede pasar, ella no quiere...
- ¡Callaos y apartaros de esta puerta!- interrumpió Árchaon mientras un fuego ardía en sus ojos.
- Pero...- volvió a hablar el guardia. justo entonces la puerta se abrió, y Lareloissë, cubierta por una velo negro, salió.
- Dejadlo pasar- dijo que un tono muy apagado.
Una vez de entró se sentaron en unos cómodos sillones.
- Mi reina, hermana de creación, vuestro bello rostro se ha consumido en la tristeza y en la desesperación, y el brillo de vuestros ojos se ha borrado de ellos. No caigais en la trampa de la desdicha, Neldoriel, todos hemos llorado la muerte del rey, pero vuestro pueblo os necesita más que nunca, necesita una mano que los dirija hacia la salvación.- agarró la mano de la maia-, esta mano.
Ella no dijo nada, sin nisiquiera mirar al maia, el cual continuó.
- Yo estoy bien, y estaré en las casas de curación para cualquier cosa que necesiteis, contad con mi ayuda- Y besó la frente de Neldoriel, para justo después abandonar la habitación.
Bajó entonces hacia un gran patio en donde estaba su amada. La abrazó por detrás y le susurró al oído que era lo que más quería en este mundo, y en el otro, y al darse Laitiane la vuelta la besó con todo el amor que ardía en su corazón...
Lairelossë
En los dias que siguieron Lairelossë se encerro en la torre, sin hablar con nadie sin comer, sin dormir y cuando lo intentaba soñaba con el, con su rostro, con cada unos de los momentos que pasaron juntos aun cuando fueron muy breves, de esos sueños despertaba triste y siempre comenzaba a llorar.
Y despues llego Archaon, diciendole lo mismo que Telimktar, al salir ella volvio a ver hacia la ventana, vio como el maiar llegaba junto a Laitane la abrazaba y le daba todo su amor; Neldoriel se aparto de la ventana mas triste aun y penso que era lo que habia en su ser para que el ser al que le diera su corazon lo perdiera como lo perdio, se sento en la cama y lloro otra vez; al rato se quedo dormida por el cansancio,pero este sueño no fue como los otros que hablaban de recuerdos; la maia se vio en el jardin en el que ella y Hyriand se prometieron, el estaba de frente esperandola, se acerco y le beso la frente y entre susurros le dijo que no debia llorar mas por el, que su encontrarian en el fin y entonces por fin sus caminos irian juntos en Arda inmaculada...
Neldoriel desperto cuando el solo ya se alzaba en el cielo, se levanto de la cama se cambio su ropas, por unas mas alegres se arreglo un poco, se puso el collar regalo de Telimektar y se dispuso a salir,abrio la puerta lentamente, los guardias sonrieron al verla, diferente con aquel brillo y hermosura que existian en sus ojos y que ahora eran mas grandes y ya bo habioa tristeza en ellos; bajo las escaleras saludando a todos los que pasaban, salio del palacio y se dirijio hacia las casas de curacion, tenia que pedir disculpas, ademas de ponerse a trabajar,cuando entro se entontro con Archaon, comenzo a hablarle y su voz sono limpia, mas no alegre pues aun habia tristeza por la perdida del ser amado.
-Perdoname hermano mio, por tratarte de aquella forma, no era mi intencion.-el maia asintio y ella prosiguio.-dime ¿como vas con esas heridas ?y ¿Laitane como esta ella?.
-estamos bien, Neldoriel, preocupados por ti,me sorprende este cambio, es acaso ¿que lo has visto en tus sueños?.
-adivinas bien, lo vi y me dijo lo que necesitaba oir y aun cuando estoy triste por su partida se que lo volvere a ver,pero no hablemos de eso, vamos con Laitane me gustaria verla.
Archaon sonrio y le dio el brazo, asi comenzaron a caminar hacia donde estaba Laitane.
Laitaine Numeniel
Laitaine salió a dar un paseo por los jardines de la ciudad para intentar asimilar lo ocurrido días atrás. La traición del Noldo la había cogido por sorpresa, pues le tenía un gran aprecio; además, encontrar el cadáver de Señor de la Fuente la afectó bastante. Caminaba bajo los árboles cuando vio a la Dama Neldoriel y a Árchaon llendo hacia ella.
- ¡Mi señora! ¿Cómo os encontráis? - dijo la elfa mientras la abrazaba.
- Todo lo bien que puedo estar en estos momentos, gracias. - contestó Neldoriel con una sonrisa.
- Me alegra saber que no habéis sucumbido a la pena, por vos, y por vuestro pueblo, que ahora os necesita más que nunca. Aunque sé que sois fuerte y que no os encerrarías en la oscuridad o evitaríais enfrentaros a la realidad...- un deje de melancolía y tristeza se notó en la voz de Laitaine-...mas no voy a seguir hablandoos de esto, ¡no vaya a ser yo la que abrume ahora nuestras almas! - dijo la elfa mientra reía.
Los tres pasearon durante un largo tiempo, ya que la tarde era hermosa, pues los últimos rayos del sol atravesaban las ramas de los árboles iluminando sus rostros, y también sus corazones.
Cuando el crepúsculo se hizo presente, dejaron atrás el jardín y se dirigieron a palacio para cenar, incluida la Señora de la Fuente, que llevaba tiempo sin probar nada y ya se le empezaba a notar el efecto del hambre en la cara.
Árchaon
A pesar de todo, la ciudad se hallaba ahora completamente reformada tras aquella guerra que había sumido a la fortaleza en un caos absoluto.
Los muertos fueron honrados y enterrados con un funeral digno de sus valores, que habían sacado a relucir para defender a su pueblo.
Los heridos, estaban ya curados, las casas que habían sido derruidas fueron sustituidas por otras más elegantes, si cabe, y con una arquitectura más moderna para aquella época.
Fue así entonces cuando se proclamó la ya aplazada boda que uniría aún más los corazones de Laitaine Numeniel y Árchaon el Maia.
Esta tuvo que ser aplazada, mas no era cuestión de celebrarla en mitad de un guerra que se libraba en el interior de Tyelpëosto. Así bien, la Señora de la Fuente otorgó du bendición a ambos y anunciaron la fecha de la boda, que sería dos semanas más tarde, cuando todo estuviera listo para ello.
Una vez más, y con ayuda de aquellos que urgan en el destino de los elfos y hombres, los valar, las gentes de Eithel-Glîn salieron victoriosos de un sinfín de desafíos llegados desde numerosas tierras, bajo el peso de oxidadas espadas y envenenadas flechas. Donde cualquier criterio de respeto había sido olvidado de tan oscuros cerebros. Donde la inteligencia se había transformado en devoción por matar, y donde...la belleza se había corrompido en diformidad...
Y así, se había saldado, una vez más, otro capítulo de la historia de la Alianza de Eithel-Glîn.
La historia de Tholglîn y Neldoriel finalizó con la muerte de este...
Ahora, comienzan nuevos tiempos para la Alianza, en donde nuevos lazos se alzaran entre los cánticos, y en donde nuevos guerreros nacerán para seguir defendiendo aquella hermosa tierra que por siempre los acogerá...
Lairelossë
Era verdad a caso que su historia y la de su bien amado habia terminado.
Lairelossë lo habia pensado muchas veces,lo penso a darle su bendicion a su hermano y a Laitane, lo penso tambien cuando Telimktar partia ya a su tierra, he incluso lo penso cuando por ultima vez visito la tumba de su amado Hyriand.Habia ido sola,cubriendo su rostro con un velo negro, monto con cuidado a Irimar y avanzo lentamente; paso largo tiempo ahi , hasta advirtio que la oscuridad de la noche ya comenzaba a cubrirlo todo,decidio entonces que debia irse, deposito unas pequeñas flores en el recinto y se alejo de ahi.
Al llegar a la fortaleza bajo del caballo y lo llevo a las caballerizas, a la mitad del camino sintio un mareo y un fuerte dolor de estomago,respiro profundo y siguio avanzando,aunque en su mente algo comenzaba a agitarse.
Ya en la torre ceno poco, pues el apetito no habia tocado a sus puertas, se retiro a su habitacion se cambio y al rato se quedo dormida...
A la mañana siguiente se levanto y comenzo con su rutina diaria,ya entrada la tarde se econtro con Archaon que tenia un cara llena de alegria, por un momento la señora le envidio, por tener lo que lla no tenia, pero ese sentimiento se fue dando paso a uno mas feliz, el maia se acerco y le ofrecio el brazo los dos caminaron por la fortaleza viendo la reconstruccion de la misma, fue entonces cuando Archaòn le pregunto.
-me imagino que ya te sientes mejor hermana mia, pues en tu rostro ya no hay tristeza y si la hay ,sabes esconderla muy bien.
Neldoriel sonrio divertida ante el comentario.
-en verdad que aun hay tristeza, pero ahora se que Hryriand no se fue, se quedo aqui.- la maia toco su corazon y despues su vientre.- y aqui tambien.
por un momento Eltharion no entendio sus palabras, pero despues rompio a carcajadas y abrazo a su hermana que lo veia divertido, entonces ella de nuevo hablo.
-se que te hace muy feliz saberlo, pero promete hermano que no le diras a nadie sobre esto, no hasta que yo lo decida.
-os lo prometo mi querida hermana...
Esa charla quedo en secreto entre ellos dos, la señora de la fuente tampoco hablo de ello a nadie, pues en su corazon sabia muy bien, que ahora su futuro era demasiado incierto...
Una tarde mirando la caida del sol en el oeste Lairelossê supo, que la historia de Hyriand y de ella misma aun no terminaba.