La Guerra de los Clanes

Compañía 4 De Tercano Nuruva Vs. Compañía 4 Del Concilio De Nan Tasarion

Terminada
Escrito el 26-01-2005 23:00 #1

¡Al ataque!- Alarmó Arezol, mientras un elfo llamado Arlest estaba a su lado, comentándole algunas cosas que los demás no llegaron a oír.

Arlest, en pocas palabras describió como un gran ejército con las insignias del Concilio de Nan-Tasarion se preparaba para atacar aquí, según contaba también, esto era obra del rey del Concilio y vendría en persona a la lucha.

Los capitanes prepararon a todos para la batalla, mas aun faltaba trazar los últimos planes del fugaz ataque.

Durante ese tiempo, lo único que se escuchaba era el sonido del metal al chocar, y un ligero retumbar de la tierra a causa del movimientos de los Trolls y de los Ents, mientras se alistaban a formar las filas.

Tras unas horas de duros esfuerzos, dónde los capitanes trazaban planes y los soldados afilaban armas, el sol empezó a caer, indicando el mediodía comenzaba a despedirse. Se apostaron a renovar fuerzas con una comida abundante, que posiblemente sería la última para algunos, a no ser que retrasasen la marcha hacia el territorio enemigo

Con el primer Sol de la mañana, todos estaban ya listos y en las respectivas filas, aguardando instrucciones.

Y estuvieron así hasta que, al salir de la tienda, el Sol pudo iluminar los rostros de los tres capitanes: Arezol, el enano que iba a la cabeza, seguido de Istanna y detrás de ellos salía Elladan.

Explicaron brevemente los estratagemas generales que habían ideado, indicando cómo, por dónde y a quién debían bloquear para lograr una mayor efectividad en el resto de estrategias.

Cuando todos comprendieron como se desarrollaría el ataque, un cuerno sonó indicando la partida hacia el este. Hacia la batalla.

La marcha fue lenta y tortuosa. El camino seguía rodeando al verde Taurelindomë, mientras que los Ents se introdujeron en ellos y rápidamente se confundieron con los árboles que allí habitaban. Ya nadie bromeaba, los pájaros no cantaban, y los sonidos existentes se limitaban a los pasos de los soldados y al leve susurro del viento chocar contra los árboles.

El ocaso se apoderó del firmamento en matices anaranjados que auguraban con desembocar en rojos candentes, para dar paso posteriormente a la noche.

Aquí fue que levantaron pequeñas tiendas, y descansaron brevemente para las reponer energías perdidas en el trayecto, ya más o menos estarían en la frontera del territorio enemigo, colocaron exploradores en diversos sitios, mientras los demás intentaban vencer al sueño.

Pasado ese lapso de tiempo, todo estaba dispuesto para la batalla.

Al poco rato de avanzar, los elfos más hábiles atisbaron en la lejanía el campamento enemigo que, a pesar de la oscuridad que aun se mantenía, un cielo salpicado de estrellas y una luna creciente, alumbraban la faz de la tierra dormida.

Ninguno daba el primer paso, pues el temor a equivocarse parecía abrumar sus mentes.

- Elladan, vamos a enviar nuestro saludo de bienvenida como debe ser.- comentó el enano que se mantenía risueño a pesar de lo que se avecinaba.

Éste sonrió, cogió el arco pendía que de su espalda, y del carcaj, dos flechas que colocó con delicadeza, mientras apuntaba y tensaba la cuerda, después de lo cual presenció como estas silbaban en el aire y ascendían hacia el cielo para luego caer donde estaban dispuestos unos pocos a caballo. Dos cayeron.

Arezol levantó una mano y se dirigió a sus compañeros:

- Señores, no pienso decir nada, pues he entrenado junto a vosotros, y se muy bien de que sois capaces de hacer y de que no, así que, solo pido que los nervios no os traicionen pues sé que conquistaremos la victoria. – concluyó solemnemente.

El cielo se llenó de flechas procedentes de Nan-Tasarion en un abrir y cerrar de ojos, y por parte de Tercano, grandes piedras salían disparadas por los árboles cercanos e iban a parar hacia el enemigo, el cual, se percató muy tarde la inocente trampa en la que había caído, esos árboles eran en realidad Ents, un bosque creado en mitad de la nada y ellos son los causantes de que aquellas piedras llegaran a estrellarse contra ellos.

Poco después, las flechas cambiaban de sentido, y en vez de caer sobre los soldados de Tercano, iban a parar hacía los Ents, esta vez cubiertas de fuego, pero por alguna razón aún misteriosa, no conseguían quemar, ni a los árboles, ni a los Ents, cosa que por supuesto no habría sucedido sin la presencia Istanna, la maia que hacía compañía a aquellos soldados.

Mientras las espadas eran blandidas con fuerza, los soldados lloraban la caída de sus líderes, indiferentemente de que raza eran, pues la sangre bañaba ya la tierra calcinada por el desastre y los cuerpos sin vida de los ya caídos.

Mientras tanto, Istanna buscó a sus compañeros, los demás capitanes y cuando los encontró, los cuatro avanzaron hacia el enemigo, ayudándose mutuamente, como un gran equipo, aunque veían que estaban poco a poco retrocediendo, el ánimo menguado de los soldados y el cansancio que sufrían, hacia que los soldados de Tercano Nuruva vieran la muerte cada vez más cerca de sus rostros.

Un buen líder sabe cuando terminar con la masacre y cuando no se discute con el peso amargo de la derrota inevitable

En Tercano Nuruva, no estaban dispuestos a masacrar a sus gentes, pues aquella no era ni la primera ni la última de las batallas que se llevaban a cabo en las Haldanóri, y no iba a arriesgarlo todo por una victoria pasajera.

Istanna, cogió un gran cuerno que escondía entre su malla, y sopló como nunca antes lo había hecho. Poco después, todos los soldados de Tercano huían hacia sus tierras.

Con todo esto, Arezol, no pudo dejar de mirar como conquistaban sus tierras, así pues, en un arrebato de odio e ira, dio la vuelta y se encontró, con que Istanna al parecer, estaba pensando lo mismo, poco después, lo que había sido una huida, era una victoria, los adversarios no creo que llegasen a darse cuenta cuando iban ganando y cuando pasaron a ser vencidos, en esa noche algo místico sucedió, no por embrujos ni encantamientos, si no por el simple hecho de levantar la moral de los soldados con el hecho de que dos capitanes prefirieran morir a huir. Después de este acto, todo pareció cambiar, hasta incluso el resultado de la batalla, pues era el Concilio de Nan-Tasarion quien abandonaba sus tierras. Tras esto, ningún soldado de Tercano Nuruva se alegro, pues muchos de sus compañeros habían muerto por salvar a sus familias.

Escrito el 27-01-2005 10:46 #2

El sol ya comenzaba a elevarse por el horizonte, las primeras luces del nuevo día comenzaba a caer sobre los muros y edificios blancos de la ciudadela de Puertas del Fin. La dorada llama en la cumbre de Carcimbar parecía entonces, con la llegada de la luz, brillar con menos intensidad, mientras que las cúpulas de los seis grandes capitolios parecían estar envueltos en un brillo dorado.

Las pesadas puertas de acero se abrieron y el regimiento de formado por los hombres comenzaron a cruzar las últimas murallas de la ciudad mientras que muchos aún no habían ni siquiera cruzado el cristalino lago, la formación de hombres que parecía no tener fin y recorría la ciudad como un enorme gusano plateado que atraviesa una manzana engalanados con un millar de estandartes. Pell´kán abría la marcha, pues era él quien comandaba a los hombres, ataviado con ligeras ropas en las cuales la única protección era la cota de malla y unos brazaletes pues el resto nada más era unos blancos pantalones holgados un chaleco de un oscuro azul y unas viejas sandalias, aferraba fuertemente la alargada arma que portaba que blandía en un extremo una maza y el otro una hacha. A las afueras de la ciudad ya la esperaba Thinedhel junto al regimiento de los elfos. Ambos se saludaron y volvieron sus rostros hacia la ciudad, pues allá al horizonte comenzaba a divisarse al extenso ejército de enanos de los Khazâd-Angroth.

Thrym, rey de los enanos encabezaba la marcha junto a su buen amigo Ian Jeckyl el cual iba a lomos de su fiel loba Annawen. Se decía que Thrym era la viva imagen de su antedecesor, el gran rey Thyr, los mismos ojos sagaces, la misma melena plateada, el mismo torso alto y fuerte, una semejanza que llevaba sobre el joven Thrym toda una carga de su responsabilidad, por sus venas corría la sangre real que habían logrado mantener miles de años de glorioso reinado pese a enfrentarse a millares de adversidades, algo que no permitía aceptar otro resultado que una rotunda victoria, su pueblo la deseaba y él debería encargarse de otorgársela en bandeja de plata. A su lado Ian cabalga a lomos de Annawen mucho más despreocupado, apenas había tenido que luchar por su vida y esta iba a ser una de las pocas veces que lo hacía lo que más que preocuparle le fascinaba. Quizás no todas las leyendas hablaran por siempre de hombres, elfos y enanos y comiencen a hablar de hobbits.

-Bienvenidos mis eternos amigos- dijo Thinedhel, esbozando una amable sonrisa.

-Saludos cordiales rey elfo- dijo Thrym con su grave y áspera voz, mientras que clavaba su mirada en los ojos del elfo. Thinedhel palpaba que el humor del rey enano no era del todo bueno, era más que la vida lo que se jugaba, era sobre todo honor y puede que no haya nada quizás más preciado para un enano.

-Saludos Thinedhel- dijo Ian con una inmensa sonrisa dibujada en el rostro. Thinedhel devolvió la sonrisa al hobbit, era curioso aquel pequeño personaje por muchos años que lo conociese jamás le dejaba de sorprenderle.

-Saludos Pell´kán- dijo Ian volviéndose hacia su otro compañero que en esos momentos parecía ausente, pero tras volver de sus pensamientos dirigió una mirada en forma de saludo a mediano. Eran escasas palabras las que cruzaba aquel hombre extraño pero algo le decía que en su silencio se guardaba una gran sabiduría, quizás por ello el no tuviera ninguna.

El resonar de un cuerno despertó a las formaciones de su sueño, la llamada no era otra cosa que una orden de elevar las trampillas subterráneas para poder transportar el armamento de asedio. Las armas comenzaron a agruparse en el anillo exterior comenzando a salir al fin por la puerta oeste, Puerta de Nuruva. La mayoría de ellas eran lanzapiedras, escorpiones pesados, onagros y balarderos, de un funcionamiento similar al de los onagros o catapultas normales pero de un alcance y precisión algo mayor, todos ellos eran arrastrados por enormes toros de lanuda piel y cortas astas, excepto algunos de los balarderos de mayor tamaño arrastrados por los escasos olifantes criados.

De nuevo otro cuerno volvió a resonar, esta vez más profundo, bello y claro, como el susurro de un junco al que el viento ha hecho sonar, pero tan profundo que parecía llenar toda la llanura. Los ojos de Pell´kán y Ian se volvieron hacia Thinedhel, sobre las manos del elfo descansaba ahora el cuerno del Árbol Férreo, tras hacer sonar el cuerno una última vez miro a sus compañeros esbozó otra nueva sonrisa:-Los ents van a la guerra-.

Un temblor inundo entonces las tierra, las mismas raíces de esta parecían estar alzándose, pues en realidad lo hacían. El bosque se movía y con él una manada de animales comenzaba a recorrer la llanura. Un enorme regocijo invadió el corazón del hobbit, no solo los ents, sino que también su pueblo iba a la guerra. Centenares de hobbits salvajes recorrían ahora la llanura a lomos de osos, lobos y en su mayoría jaurías de perros salvajes, a la vez que muchos otros colgaban de los ents blandiendo cerbatanas, hondas y arcos.

-Todas las piezas están ya sobre el tablero, es hora de hacer el siguiente movimiento-

A lo largo del día las nubes comenzaron a congregarse en los cielos mientras que del norte comenzaba a rugir el viento soplando con cada vez más fuerza un aire húmedo y frió que calaba hasta los huesos y que levantaba tras de si hojas y tierra. El ejercito apostado junto a las murallas luchaba contra el viento intentaban protegerse como podía de las molestias de la polvareda, mientras intentaban tener lo más justos los escudos al cuerpo.

-¡¡IAAANN!!- aulló Thrym intentando alzar su voz por encima de la ventisca.

El grito llegó a Ian aplastado y debilitado por el rugir del viento que retumbaba fuertemente en sus oídos. Ian se encontraba a escasos metros de Thrym y aún sentir la potente voz del enano le era realmente costoso.

-¡¡¡¿¿QUÉ??!!!- gritó Ian tan fuerte como su pulmones podían, tras girarse hacía la figura que parecía ser Thrym que se afanaba en que el escudo no se llevara el viento.

El enano se giró y tras asentarse de nuevo el yelmo señaló un punto en la lejanía, una silueta encapuchada aparecía por el horizonte.

-¡¡¡CREO QUE ES THINEDHEL!!!- aulló de nuevo el enano mientras que los mechones plateados de su melena y su larga barba se agitaban alrededor de su cabeza con violencia.

Thinedhel hacía horas que se había adelantado y ahora traía noticias de los movimientos de tercano, al parecer éstos avanzaban ahora rumbo noreste, muy posiblemente para enfrentar a los hombres del concilio a las fuerzas del viento durante el combate. Debían moverse para evitar una carnicería, dicho y hecho, los hombres, elfos, enanos, ents y hobbits recorrieron la llanura rumbo al norte mientras que el sol comenzaba a alejarse por el horizonte como si también fuera empujado por el inmenso vendaval.

Antes de caer el sol el ejército de Tercano hizo acto de presencia con un número de hombres mayor del esperado. Desde el occidente avanzaba Arezol, el enano sabiendo que de esta manera toda la luz recaería sobre el ejército del Concilio al momento del encuentro, así como los fuertes vientos que hasta el momento no habían dejado de soplar. Enceguecido por la furia de batalla veía un enemigo, un rival, no una causa, aunque creía tenerla, había obviado meditar acerca de ello. Istanna, en su apariencia élfica, montaba junto con los arqueros elfos. Destellaba su piel blanca radiante, preocupada por el peligro que suponían los que ahora había tomado como suyos, su semblante era angustiado, aunque su espíritu en realidad iba cargado de vehemencia a la hora de defender lo que amaba. También estaban Meldacar, poderoso noldo, llevando una fuerte tropa de jinetes. Y Menelcar, gran guía de hombres, aportando su capacidad en el tratamiento de relaciones entre nacidos en pos de arengar a los hombres y elfos que avanzaban a pie.

El ejército tercano se detuvo en seco, delante de ellos se encontraba el ejército del Concilio mientras que a varios metros por encima de este, apostados sobre sus muros, millares de arqueros tensaban ya sus arcos. Arezol hizo una señal y de las entrañas de su formación comenzaron a brotar numerosas bolas de fuego que surcaban los cielos para luego al caer arrollar columnas enteras de tasarionanos.

-¡¡¡FUEGO!!!-

Lazapiedras y balarderos retumbaron al unísono desplegando una lluvia de piedras que regó parte del campo ocupado por los tercanos.

Los cuernos sonaron, gritos de furia y el retumbar de las pisadas y cascos sobre la tierra comenzaron a llenar todos los rincones del campo de batalla, hasta el viento parecía haberse vuelto mudo ante la exaltación de ambos bandos. La ira y las ansias por perdurar segundos más unas vidas que se negaban a ser sesgadas comenzaban a cargar de una extraña electricidad el campo de batalla. Un rayo rasgó los cielos para llevarse tras de si un par de almas.

La batalla se había convertido en una auténtica locura dejando a un lado toda condición estratégica convirtiéndose en una simple lucha por salvar la vida.

-EEEENNNTTTTSSS- dejo escapar Veorl Rama Seca mientras observaba con sorpresa el horizonte. Ahora los vientos soplaban con menos fuerza corriendo el velo de la ventisca dejando a la vista todo lo que el horizonte escondía.

Allá a lo lejos el bosque parecía avanzar sobre la tierra. No cabía duda los tercanos habían conseguido el favor de los ents y también luchaban bajo su bandera.

-NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA EENNTTSS- dijo Veorl a Thinedhel a pocos metros bajo él -NNOOSSOOTTRROOSS NNOO SSOOMMOOSS CCOOMMOO VVOOSSOOTTRROOSS, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA NNUUEESSTTRROOSS HHEERRMMAANNOOSS.-

La réplica de Thinedhel no se llegó a pronunciar, la contestación a las palabras de Veorl llegaron por si solas a través del viento.

Una inmensa roca cayó sobre donde Veorl debería haber tenido un estómago haciéndole caer al suelo. Los ents que luchaban bajo las órdenes de tercano estaban ronciando con peñascos el cielo, abatiendo a sus hermanos con saña deliberada.

-NNOO, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO SSOOMMOOSS CCOOMMOO VVOOSSOOTTRROOSS, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA NNUUEESSTTRROOSS HHEERRMMAANNOOSS- volvió a decir Veor pero esta vez con gran enfado, como el de la de un amigo que ve pagada su fidelidad con una puñalada por la espalda. El bosque andante se encontró entonces en una inusual batalla, una feroz reyerta por algo más que unos pocos rayos de sol más.

Los soldados de uno y otro bando corrían de un lado a otro dejando por momentos el combate de lado para poderse escapar de ser aplastados. Las raíces abatían más vidas de las que se podía imaginar y ambos bandos estaban siendo demolidos por la furia de los espíritus del bosque mientras que el campo de batalla lo llenaban el continuo crujir de ramas y troncos. Solo algo se sobreponía a tal estruendo.

En la lejanía, sin que se hubieran enterado la flota de tercano surcaban las aguas de ambos ríos en dirección a la ciudad, mientras los cuernos de emergencia de esta llamaban a los navíos del concilio a la batalla, mientras la artillería de los barcos de Tercano golpeaba las murallas de la ciudad.

Ian contemplaba la escena con una máscara de terror, su preciosa ciudad estaba siendo asediada, el que había organizado gran parte de las obras que la reconstruyeron estaba viendo como tantos esfuerzos quizás estaban a punto de ser en vano.

Un intenso dolor y una profunda oscuridad lo alejaron de aquella visión. El dolor le recorría el cuerpo y era casi incapaz de abrir los ojos a causa de dicho dolor. Alzó momentáneamente la vista y vió como una masa indudablemente sólida de madera acortaba distancia con el suelo sobre el cuál él estaba. Un pinchazo de dolor invadió de nuevo su brazo e Ian comenzó a ser desplazado involuntariamente sobre el suelo.

Annawen lo agarraba con los dientes y lo arrastraba entre las raíces de los ents a lugar seguro. Ian reconoció la suerte que había tenido pues primer golpe asestado por el ent no le había matado y parecía tan solo haberle roto algún que otro hueso del brazo.

A las afueras del bosque animado le esperaban Thinedhel y Pell´kán. El elfo lo recogió en sus brazos subiéndolo a su caballo, mientras Pell´kán montado en uno de los olifantes hacía resonar su cuerno.

-Los tercanos se retiran, al parecer no tienen pensado alzarse con la victoria a cambio de una carnicería- dijo Thinedhel mientras señalaba al hobbit la desbandada de hombres que se perdían por el horizonte -parece que al final tuvimos suerte, si se le puede llamar así.-

Elfos, hombres, enanos y hobbits se congregaban bajo la llamada de Pell´kán. La guerra había acabado. Había transcurrido todo un día, quien lo hubiera dicho, ahora, en el atardecer de un nuevo día la flota de barcos de Tercano abandonaba las aguas del concilio perdiéndose en el horizonte junto con el sol.

Escrito el 02-02-2005 12:32 #3

Tercano 6-6-6-6-6-6 = 6

Concilio: 9-7-7-7-6-7= 43/6= 7.1

El resultado de la batalla fué, si no me equivoco de batalla, que ya estamos tos liaos....xD, que Tercano perdía 20 armadas y el concilio 22, por tanto:

Tercano ha perdido 700 puntos, y puede recuperar el 66%= 467 Recupera 280 puntos, así que pierden en total 420 puntos. A esto, se le restan 105 en concepto de un 10% de vida de cada uno de los siguientes personajes: Arezol, Istanna y Menelcar. Por lo tano, se le han restado 315 puntos.

Concilio ha perdido 770 puntos, y puede recuperar el 33%= 257 Recupera 182 puntos, así que pierde 588 puntos.

Además, Tercano pierde 100 monedas en favor del Concilio, en concepto de retirada de batalla.

Además, Tercano recibe una bonificación de 300 monedas en concepto de batalla ganada.

LAS ACTUALIZACIONES HAN SIDO REALIZADAS, PERO ESTAS COMPAÑÍAS NO PUEDEN ATACAR NI SER ATACADAS, YA QUE TIENEN PENDIENTE EL RESULTADO DE UNA 2ª BATALLA.

Historia finalizada.