El sol ya comenzaba a elevarse por el horizonte, las primeras luces del nuevo día comenzaba a caer sobre los muros y edificios blancos de la ciudadela de Puertas del Fin. La dorada llama en la cumbre de Carcimbar parecía entonces, con la llegada de la luz, brillar con menos intensidad, mientras que las cúpulas de los seis grandes capitolios parecían estar envueltos en un brillo dorado.
Las pesadas puertas de acero se abrieron y el regimiento de formado por los hombres comenzaron a cruzar las últimas murallas de la ciudad mientras que muchos aún no habían ni siquiera cruzado el cristalino lago, la formación de hombres que parecía no tener fin y recorría la ciudad como un enorme gusano plateado que atraviesa una manzana engalanados con un millar de estandartes. Pell´kán abría la marcha, pues era él quien comandaba a los hombres, ataviado con ligeras ropas en las cuales la única protección era la cota de malla y unos brazaletes pues el resto nada más era unos blancos pantalones holgados un chaleco de un oscuro azul y unas viejas sandalias, aferraba fuertemente la alargada arma que portaba que blandía en un extremo una maza y el otro una hacha. A las afueras de la ciudad ya la esperaba Thinedhel junto al regimiento de los elfos. Ambos se saludaron y volvieron sus rostros hacia la ciudad, pues allá al horizonte comenzaba a divisarse al extenso ejército de enanos de los Khazâd-Angroth.
Thrym, rey de los enanos encabezaba la marcha junto a su buen amigo Ian Jeckyl el cual iba a lomos de su fiel loba Annawen. Se decía que Thrym era la viva imagen de su antedecesor, el gran rey Thyr, los mismos ojos sagaces, la misma melena plateada, el mismo torso alto y fuerte, una semejanza que llevaba sobre el joven Thrym toda una carga de su responsabilidad, por sus venas corría la sangre real que habían logrado mantener miles de años de glorioso reinado pese a enfrentarse a millares de adversidades, algo que no permitía aceptar otro resultado que una rotunda victoria, su pueblo la deseaba y él debería encargarse de otorgársela en bandeja de plata. A su lado Ian cabalga a lomos de Annawen mucho más despreocupado, apenas había tenido que luchar por su vida y esta iba a ser una de las pocas veces que lo hacía lo que más que preocuparle le fascinaba. Quizás no todas las leyendas hablaran por siempre de hombres, elfos y enanos y comiencen a hablar de hobbits.
-Bienvenidos mis eternos amigos- dijo Thinedhel, esbozando una amable sonrisa.
-Saludos cordiales rey elfo- dijo Thrym con su grave y áspera voz, mientras que clavaba su mirada en los ojos del elfo. Thinedhel palpaba que el humor del rey enano no era del todo bueno, era más que la vida lo que se jugaba, era sobre todo honor y puede que no haya nada quizás más preciado para un enano.
-Saludos Thinedhel- dijo Ian con una inmensa sonrisa dibujada en el rostro. Thinedhel devolvió la sonrisa al hobbit, era curioso aquel pequeño personaje por muchos años que lo conociese jamás le dejaba de sorprenderle.
-Saludos Pell´kán- dijo Ian volviéndose hacia su otro compañero que en esos momentos parecía ausente, pero tras volver de sus pensamientos dirigió una mirada en forma de saludo a mediano. Eran escasas palabras las que cruzaba aquel hombre extraño pero algo le decía que en su silencio se guardaba una gran sabiduría, quizás por ello el no tuviera ninguna.
El resonar de un cuerno despertó a las formaciones de su sueño, la llamada no era otra cosa que una orden de elevar las trampillas subterráneas para poder transportar el armamento de asedio. Las armas comenzaron a agruparse en el anillo exterior comenzando a salir al fin por la puerta oeste, Puerta de Nuruva. La mayoría de ellas eran lanzapiedras, escorpiones pesados, onagros y balarderos, de un funcionamiento similar al de los onagros o catapultas normales pero de un alcance y precisión algo mayor, todos ellos eran arrastrados por enormes toros de lanuda piel y cortas astas, excepto algunos de los balarderos de mayor tamaño arrastrados por los escasos olifantes criados.
De nuevo otro cuerno volvió a resonar, esta vez más profundo, bello y claro, como el susurro de un junco al que el viento ha hecho sonar, pero tan profundo que parecía llenar toda la llanura. Los ojos de Pell´kán y Ian se volvieron hacia Thinedhel, sobre las manos del elfo descansaba ahora el cuerno del Árbol Férreo, tras hacer sonar el cuerno una última vez miro a sus compañeros esbozó otra nueva sonrisa:-Los ents van a la guerra-.
Un temblor inundo entonces las tierra, las mismas raíces de esta parecían estar alzándose, pues en realidad lo hacían. El bosque se movía y con él una manada de animales comenzaba a recorrer la llanura. Un enorme regocijo invadió el corazón del hobbit, no solo los ents, sino que también su pueblo iba a la guerra. Centenares de hobbits salvajes recorrían ahora la llanura a lomos de osos, lobos y en su mayoría jaurías de perros salvajes, a la vez que muchos otros colgaban de los ents blandiendo cerbatanas, hondas y arcos.
-Todas las piezas están ya sobre el tablero, es hora de hacer el siguiente movimiento-
A lo largo del día las nubes comenzaron a congregarse en los cielos mientras que del norte comenzaba a rugir el viento soplando con cada vez más fuerza un aire húmedo y frió que calaba hasta los huesos y que levantaba tras de si hojas y tierra. El ejercito apostado junto a las murallas luchaba contra el viento intentaban protegerse como podía de las molestias de la polvareda, mientras intentaban tener lo más justos los escudos al cuerpo.
-¡¡IAAANN!!- aulló Thrym intentando alzar su voz por encima de la ventisca.
El grito llegó a Ian aplastado y debilitado por el rugir del viento que retumbaba fuertemente en sus oídos. Ian se encontraba a escasos metros de Thrym y aún sentir la potente voz del enano le era realmente costoso.
-¡¡¡¿¿QUÉ??!!!- gritó Ian tan fuerte como su pulmones podían, tras girarse hacía la figura que parecía ser Thrym que se afanaba en que el escudo no se llevara el viento.
El enano se giró y tras asentarse de nuevo el yelmo señaló un punto en la lejanía, una silueta encapuchada aparecía por el horizonte.
-¡¡¡CREO QUE ES THINEDHEL!!!- aulló de nuevo el enano mientras que los mechones plateados de su melena y su larga barba se agitaban alrededor de su cabeza con violencia.
Thinedhel hacía horas que se había adelantado y ahora traía noticias de los movimientos de tercano, al parecer éstos avanzaban ahora rumbo noreste, muy posiblemente para enfrentar a los hombres del concilio a las fuerzas del viento durante el combate. Debían moverse para evitar una carnicería, dicho y hecho, los hombres, elfos, enanos, ents y hobbits recorrieron la llanura rumbo al norte mientras que el sol comenzaba a alejarse por el horizonte como si también fuera empujado por el inmenso vendaval.
Antes de caer el sol el ejército de Tercano hizo acto de presencia con un número de hombres mayor del esperado. Desde el occidente avanzaba Arezol, el enano sabiendo que de esta manera toda la luz recaería sobre el ejército del Concilio al momento del encuentro, así como los fuertes vientos que hasta el momento no habían dejado de soplar. Enceguecido por la furia de batalla veía un enemigo, un rival, no una causa, aunque creía tenerla, había obviado meditar acerca de ello. Istanna, en su apariencia élfica, montaba junto con los arqueros elfos. Destellaba su piel blanca radiante, preocupada por el peligro que suponían los que ahora había tomado como suyos, su semblante era angustiado, aunque su espíritu en realidad iba cargado de vehemencia a la hora de defender lo que amaba. También estaban Meldacar, poderoso noldo, llevando una fuerte tropa de jinetes. Y Menelcar, gran guía de hombres, aportando su capacidad en el tratamiento de relaciones entre nacidos en pos de arengar a los hombres y elfos que avanzaban a pie.
El ejército tercano se detuvo en seco, delante de ellos se encontraba el ejército del Concilio mientras que a varios metros por encima de este, apostados sobre sus muros, millares de arqueros tensaban ya sus arcos. Arezol hizo una señal y de las entrañas de su formación comenzaron a brotar numerosas bolas de fuego que surcaban los cielos para luego al caer arrollar columnas enteras de tasarionanos.
-¡¡¡FUEGO!!!-
Lazapiedras y balarderos retumbaron al unísono desplegando una lluvia de piedras que regó parte del campo ocupado por los tercanos.
Los cuernos sonaron, gritos de furia y el retumbar de las pisadas y cascos sobre la tierra comenzaron a llenar todos los rincones del campo de batalla, hasta el viento parecía haberse vuelto mudo ante la exaltación de ambos bandos. La ira y las ansias por perdurar segundos más unas vidas que se negaban a ser sesgadas comenzaban a cargar de una extraña electricidad el campo de batalla. Un rayo rasgó los cielos para llevarse tras de si un par de almas.
La batalla se había convertido en una auténtica locura dejando a un lado toda condición estratégica convirtiéndose en una simple lucha por salvar la vida.
-EEEENNNTTTTSSS- dejo escapar Veorl Rama Seca mientras observaba con sorpresa el horizonte. Ahora los vientos soplaban con menos fuerza corriendo el velo de la ventisca dejando a la vista todo lo que el horizonte escondía.
Allá a lo lejos el bosque parecía avanzar sobre la tierra. No cabía duda los tercanos habían conseguido el favor de los ents y también luchaban bajo su bandera.
-NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA EENNTTSS- dijo Veorl a Thinedhel a pocos metros bajo él -NNOOSSOOTTRROOSS NNOO SSOOMMOOSS CCOOMMOO VVOOSSOOTTRROOSS, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA NNUUEESSTTRROOSS HHEERRMMAANNOOSS.-
La réplica de Thinedhel no se llegó a pronunciar, la contestación a las palabras de Veorl llegaron por si solas a través del viento.
Una inmensa roca cayó sobre donde Veorl debería haber tenido un estómago haciéndole caer al suelo. Los ents que luchaban bajo las órdenes de tercano estaban ronciando con peñascos el cielo, abatiendo a sus hermanos con saña deliberada.
-NNOO, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO SSOOMMOOSS CCOOMMOO VVOOSSOOTTRROOSS, NNOOSSOOTTRROOSS NNOO PPOODDEEMMOOS LLUUCCHHARR CCOONNTTRRAA NNUUEESSTTRROOSS HHEERRMMAANNOOSS- volvió a decir Veor pero esta vez con gran enfado, como el de la de un amigo que ve pagada su fidelidad con una puñalada por la espalda. El bosque andante se encontró entonces en una inusual batalla, una feroz reyerta por algo más que unos pocos rayos de sol más.
Los soldados de uno y otro bando corrían de un lado a otro dejando por momentos el combate de lado para poderse escapar de ser aplastados. Las raíces abatían más vidas de las que se podía imaginar y ambos bandos estaban siendo demolidos por la furia de los espíritus del bosque mientras que el campo de batalla lo llenaban el continuo crujir de ramas y troncos. Solo algo se sobreponía a tal estruendo.
En la lejanía, sin que se hubieran enterado la flota de tercano surcaban las aguas de ambos ríos en dirección a la ciudad, mientras los cuernos de emergencia de esta llamaban a los navíos del concilio a la batalla, mientras la artillería de los barcos de Tercano golpeaba las murallas de la ciudad.
Ian contemplaba la escena con una máscara de terror, su preciosa ciudad estaba siendo asediada, el que había organizado gran parte de las obras que la reconstruyeron estaba viendo como tantos esfuerzos quizás estaban a punto de ser en vano.
Un intenso dolor y una profunda oscuridad lo alejaron de aquella visión. El dolor le recorría el cuerpo y era casi incapaz de abrir los ojos a causa de dicho dolor. Alzó momentáneamente la vista y vió como una masa indudablemente sólida de madera acortaba distancia con el suelo sobre el cuál él estaba. Un pinchazo de dolor invadió de nuevo su brazo e Ian comenzó a ser desplazado involuntariamente sobre el suelo.
Annawen lo agarraba con los dientes y lo arrastraba entre las raíces de los ents a lugar seguro. Ian reconoció la suerte que había tenido pues primer golpe asestado por el ent no le había matado y parecía tan solo haberle roto algún que otro hueso del brazo.
A las afueras del bosque animado le esperaban Thinedhel y Pell´kán. El elfo lo recogió en sus brazos subiéndolo a su caballo, mientras Pell´kán montado en uno de los olifantes hacía resonar su cuerno.
-Los tercanos se retiran, al parecer no tienen pensado alzarse con la victoria a cambio de una carnicería- dijo Thinedhel mientras señalaba al hobbit la desbandada de hombres que se perdían por el horizonte -parece que al final tuvimos suerte, si se le puede llamar así.-
Elfos, hombres, enanos y hobbits se congregaban bajo la llamada de Pell´kán. La guerra había acabado. Había transcurrido todo un día, quien lo hubiera dicho, ahora, en el atardecer de un nuevo día la flota de barcos de Tercano abandonaba las aguas del concilio perdiéndose en el horizonte junto con el sol.