La Guerra de los Clanes

Compañía 3 Del Concilio De Nan Tasarion VS. Compañía 5 De Tercano Nuruva

Terminada
Escrito el 31-01-2005 22:44 #1

La primera batalla había terminado, pero la guerra aun no y eso se respiraba en el aire intranquilo, dejando atrás la sangre derramada por los mejores soldados de ambos clanes pero más de los Tercanos los cuáles no serian olvidados en el próximo encuentro pues pagarían por la vida de todos muy caro.

Cerca del lugar donde se había desarrollado la batalla, los tercanos habían construido un campamento para atender a sus heridos y también prepararse para la próxima batalla, que no tardaría mucho en acontecerse y debían estar totalmente recuperados.

Nelindë se encontraba hablando con varios soldados, en su mano había una especie de papel el cual sujetaba muy fuerte casi destrozándolo.

Cuando termino de hablar con los soldados, llamo a tres de ellos y dándoles unas indicaciones, estos salieron rápidamente hacia distintos lugares.

Uno de estos soldados entra a la tienda donde se encontraba Sildorl atendiendo a un soldado herido por una flecha.

-Señor Sildorl, la dama Nelindë solicita su presencia-, dijo el soldado

-Bien voy enseguida-, dijo Sildorl que ya estaba terminando con el herido el cual tenia una cara de total serenidad y su herida se recuperaba totalmente.

Una vez que Sildorl llego al lugar donde se encontraban sus compañeros, Nelindë adelantándose mirando seriamente a los demás, comenzó:

-Ya que estamos todos empecemos, Nan Tasarion sé a refugiado en Orod Eresseä, su fortaleza que se encuentra sobre nosotros-.

-Ellos pueden estar preparando algo o quizás estén esperando ser atacados, así que hay que estar listos, y necesitamos la mayoría de nuestros soldados ya que creo que esta batalla va a ser difícil-.

-Sildorl ¿cómo se encuentran los heridos?- , pregunto Nelindë mirando al elfo

-Son fuertes y sus heridas curan rápido, así que cuenta con ellos para esta batalla. Unas cuantas heridas no amainan sus ganas de luchar.-dijo Sildorl orgulloso

Yo pienso que no nos conviene atacar, seria un suicidio tratar de entrar en esa fortaleza-, interrumpió Endien.

-Es cierto-, dijo Flint, -lo que tenemos que hacer es dejar que ellos ataquen, total ahora tenemos a todos nuestros soldados y estamos listos para cualquier ataque-, añadió el enano colocando voz autoritaria.

-Pero recuerda que las huestes están cansadas y la pelea las ha dejado mal, ello influirá en el resultado. Digo que retrocedamos a un lugar seguro y que ahí aguardemos hasta que los hombres estén recuperados, no podemos atacar ni defendernos si ellos están malheridos- la voz de Endien se mostraba preocupada, nunca le gustó enfrentar una batalla sin tener las de ganar.

Este cometario perturbó el corazón de los presentes, haciéndolos dudar, pero Sildorl hablo:

-Tienes toda la razón Endien, pero si nos marchamos ahora, Nan Tasarion nos seguirá y nos atacara y allí si no podremos enfrentarles-, cuando el elfo dijo esto Endien inclino la cabeza preocupada.

-Bien entonces este será el plan-, comenzó diciendo Nelindë, -esperaremos donde estamos sin movernos, el Concilio se cansara de vernos acá sin hacer ningún movimiento y les haremos pensar que nuestras defensas están bajas, así cuando ellos ataquen, se llevaran una sorpresa-, una sonrisa se formo en el rostro de la elfa y los ojos le brillaron.

-Esta bien Nelindë-, dijo Sildorl, -y propongo que utilicemos toda la fuerza ents posible, ya que su fuerza y resistencia podría hacernos tomar la ciudad-, agrego el elfo mirando a Nelindë.

-No sé Sildorl, prefiero no intentar nada aun hasta que estemos bien preparados, en la ciudad pueden tener mas de una sorpresa que no sabemos no quiero poner en peligro mas que lo suficiente, hay tiempo depende de cómo se suceda esta batalla se decidirá sobre el terreno-, dijo Nelindë, - y como ultima cosa desearnos a nosotros que la sombra no caiga sobre nosotros y salgamos victoriosos aunque solo sea en no perder a muchos de los nuestros -. dijo con un brillo en sus ojos.

Ese día soldados y capitanes se prepararon para la defensa, seguramente Nan Tasarion no tardaría en atacar.

Anar empezaba a ocultarse, y los últimos rayos ya iluminaban la tierra, cuando Sildorl salió de su carpa, se sentía renovado y los deseos de pelear que surgían de sus venas no lo dejaban dormir. Allí bajo el cielo estrellado vio a Flint sentado en una roca fumando con su pipa y a Endien afilando su espada.

-¿Qué pasa elfo, no puedes dormir?-, dijo el enano en voz cargosa cuando lo vio acercarse.

-Así es Flint, mis deseos de luchar son más grandes cada vez que se acerca la hora de la batalla-, respondió Sildorl.

-A todos nos pasa lo mismo-, agrego Endien que continuaba afilando su espada.

Sildorl pudo divisar a Nelindë que se encontraba sola mirando hacia Orod Eresseä.

-¿En que piensas?-, pregunto Sildorl una vez que llego junto a ella.

-Pienso en lo que estará planeando Nan Tasarion, y creo que esta noche tenemos que estar atentos, ya que mis presentimientos no son buenos-, respondió la elfa con cierta preocupación.

Cuando Nelindë termino de decir esto, las puertas de Orod Eresseä comenzaron a abrirse, Nelindë y Sildorl vieron salir de ellas las tropas armadas del Concilio que se dirigían hacia ellos.

Sildorl salió corriendo hacia el campamento, -¡¡A sus puestos, a sus puestos!!-, gritaba, -¡prepárense para pelear!-.

-¿Qué sucede?- pregunto Flint que salió de su tienda cuando escucho los gritos.

-Nan Tasarion ataca prepárate- dijo Sildorl y continuo corriendo

Flint mira hacia el cerro y ve una gran columna negra que bajaba con rapidez, -Maldición-, gruño el enano y tomando su hacha salió a su puesto, -ahora van a saber lo que es un enano enojado-.

Nan Tasarion ataco con fuerza, los soldados tercanos no se esperaron el ataque tan pronto, así que muchos murieron en la envestida de Nan Tasarion.

Cuando los Tercanos reaccionaron se lanzaron contra los del concilio como una feroz ola, sus fuerzas se emparejaron con la de sus enemigos.

Gritos de dolor acompañados de muchos otros de furia se oían resonar en toda la zona, cada vez que una espada atravesaba un cuerpo.

Sildorl tomo un arco y formando una fila con los mejores arqueros, empezaron a disparar, los enemigos caían con las flechas atravesadas en sus ojos o cuerpos.

Los arqueros de Nan Tasarion se estaban reuniendo apuntado a los soldados

-¡Retrocedan, estamos a la merced de sus flechas¡ ¡atrás¡-

Pero en la batahola que se había generado no muchos escucharon las ordenes de Endien, y flechas con fuego alcanzaron a los soldados, que con gritos terroríficos morían calcinados.

Endien y Nelindë, ambas eran rodeadas por varios soldados enemigos pero con sus espadas ensartaban o decapitaban a todo aquel que se acercaba sin miramiento alguno, la sangre salpicaba a cada uno de los que se encontraran cerca.

Flint reagrupo a varios enanos y atacaron a los capitanes de Nan Tasarion, que estos al darse cuenta también reunieron a unos hombres y atacaron con mayor fuerza haciendo que los enanos retrocedieran.

Isil se había escondido, las nubes pasaban rápido y las estrellas sabiendo la sangre que continuación se derramaría ocultaron su brillo.

Elfos, enanos y hombres de ambos bandos habían caído, pero los Tercanos eran los mas perjudicados, pero estos todavía no estaban vencidos.

Había comenzado a llover convirtiendo el suelo en un mar de sangre en estos momentos y los relámpagos le mostraron a los capitanes de Nan Tasarion algo que no se esperaban ver, las moles se movían y con entonces un grito estremecedor hizo reinar el silencio en el campo de batalla, grandes pasos que hacían que el suelo temblara cada vez mas al acercarse, eran los ents que hasta entonces habían estado quietos, ahora empezaban con su ataque, así con su temible furia aplastaban con pies y rocas a los enemigos, sus manos agarraban al enemigo con tal dureza que lo arrojaban muy lejos de tal manera que el impacto contra el suelo era mortal para tales soldados, imposible de evitar implacables soldados de la naturaleza se enfrentaban, era su momento su hora de acabar con tales seres que se atrevieran a intentar dañarlos serian aplastados sin más.

Los ents de Nan Tasarion no tuvieron mucha participación, ya que unos enanos de Tercano los atacaron con hachas y estos no se defendieron muchos y huyeron hacia Orod Eresseä.

Los capitanes de Nan Tasarion, ante este ataque y ver que sus hombres caían ante estas criaturas decidieron retirarse de la batalla y volver a la fortaleza.

Los Tercanos también se detuvieron cuando estos empezaron a retirarse, pensando que si seguían con la batalla perderían a muchos de los suyos y preferían esperar a caer sobre ellos con todos sus soldados, así sabrían lo que seria la ira de esta compañía.

La batalla había terminado, pocos soldados Tercanos quedaron de pie, los ents que habían entrado al final de la batalla no habían sido dañados muchos, solo algunos que sufrieron algunos hachazos y otros que fueron incendiados, pero la lluvia los apagó.

Sildorl, Nelindë y Endien se encontraban juntos, sus espadas ensangrentadas eran lavadas por la lluvia.

-¿Dónde se encuentra Flint?-, pregunto Endien mirando a todos lados

-No se, pero busquemos-, dijo Nelindë mientras miraba entre los caídos.

Sildorl empezó a caminar por entre los numerosos muertos cuando encontró a Flint que estaba tapado por unos hombres del concilio, estaba herido, no de gravedad pero su cabeza estaba sangrando, el ataque a los capitanes de Nan Tasarion, había sido mala idea, y cuando fue el contraataque, recibió un golpe que lo dejo inconsciente, que lo hizo pasar por muerto salvando su vida.

Así Sildorl ayudado por Endien levantaron al enano y lo llevaron a un lugar seguro para que descansara.

Endien ordeno enterrar a todos los caídos, aunque eran muchos todos fueron sepultados, y los muertos de Nan Tasarion fueron apilados a los pies del cerro donde se encontraba la fortaleza de Orod Eresseä y fueron quemados, dando a entender que esto todavía no termina.

Y así fue como la segunda batalla de la quinta compañía Tercana y la tercera de Nan Tasarion termino. Los Tercanos obtuvieron una victoria así como también la perdida de muchos de sus hombres. Por ahora pues el fuego de los corazones es imposible de apagar la sangre seguramente correrá.

[Editado por sauron_ el 02-02-2005 15:48]

Escrito el 03-02-2005 22:50 #2

En su cama, Galadhglir descansaba de la batalla del día anterior y, aun profundamente dormido, su mente estaba en otra parte... Estaba en el desierto, ese desierto que se extendía desde Orod Eressea hasta los bosques en Tercano, solo en el medio de la desolación. Pero en la ladera de la montaña, donde había tenido lugar la batalla, había cuerpos, muchos cuerpos. Y mientras los observaba, nuevos cuerpos empezaban a surgir de la tierra, desde el pie de la montaña hasta donde él se encontraba. Elfos, enanos, hombres, ents, todos destrozados, con las marcas del hierro y el fuego en ellos.

Un arroyuelo de sangre corría a sus pies, nutrido por los hilos rojos que corrían desde la ladera. Y en la orilla del tenebroso arroyo, empezó a crecer la hierba verde, cubriendo el suelo reseco y los cadáveres. Surgieron también árboles, los sauces que crecían en el Taure Nan Tasariona, pero de sus lángidas ramas, caían, como es lógico, rojas lágrimas en vez de transparentes.

De pronto, un dragón color plata surgió de la tierra. Su piel gris rielaba en el sol y sus pasos dejaban profundas marcas en la hierba, quemándola. La bestia echó su aliento sobre los árboles, que se retorcieron y marchitaron bajo el poder candente del interior del dragón. Y cuando de los árboles no quedaron más que carbones al rojo, el dragón vió a Galadhglir, parado en la llanura.

El elfo buscó sus armas, pero no tenía ninguna; estaba indefenso. Y al intentar correr, sus pies se trababan en la espesa melaza de tierra, sangre y restos. El dragón iba tras de él, estaba a diez pasos, a cinco, a dos; y con una de sus garras, lo hirió en el hombro y Galadhglir cayó en la oscuridad.

Abrió los ojos y en medio del deslumbramiento del despertar, creyó ver a Aglarel, la maia. Pero era Ealido.

- Despierta y ven conmigo, tenemos mucho que hacer.

Desde lo alto de la fortaleza, se veía en la llanura el doloroso resultado del ataque de Tercano Nuruva. Los capitanes pasaron revista a sus tropas, que no habían sufrido demasiadas bajas, pero aun así las ausencias eran demasiado perceptibles para una guarnición aislada. Tercano aún contaba con más efectivos que ellos.

-Ahí siguen, en su campamento, al otro lado de la explanada- señaló Galadhglir.

-Está claro que esto no es un golpe rápido, han decidido asediarnos. Sólo una derrota contundente los alejaría- pregonó Ganfika

- ¿Cómo podremos hacerlo?. Necesitamos tiempo y soldados, no creo que podamos hacerlo solos. La vez anterior los tomamos por sorpresa, pero ahora...- contestó Ealido

- En un asedio, el tiempo corre a favor del que está fuera- dijo la hobbit con un brillo belicoso en los ojos.

-Tiene razón. No debemos dejarlos recuperarse de este combate. Nosotros estamos debilitados, pero ellos fueron los que tuvieron más bajas en la última batalla. Hay que atacarlos, aunque nos estén esperando- dijo el elfo, sin comentar sus oscuros presentimientos.

La decisión estaba tomada y se realizaron los escasos preparativos. Al atardecer, los soldados del concilio estaban listos para salir a la lucha.

Ante ellos, la Capitana Ealido gritó desde su caballo:

-El lema es: ¡unión y avance imparable!

El grito de la capitana recorrió las filas del Concilio, voces de toda clase sonaron como una sola, atronadora y llena de fuerza. Las puertas de la fortaleza se abrierony se lanzaron como una avalancha en dirección al campamento enemigo. Así comenzó la batalla, que por segunda vez se realizaría bajo la bella Isil.

El primer ataque fue rápido y ensordecedor, como la ola implacable que se eleva en alta mar. El campamento estaba en ese momento tranquilo y desorganizado, y no fue difícil romper la primera resistencia del otro clan. Pero la respuesta no se hizo esperar, y la reorganizada compañía hizo de muro de contención contra el ímpetu del Nan Tasarion. Las flechas de ambos clanes silbaban en el aire sobre aquella marabunta, progresivamente oscurecida por la falta de luz de Isil.

En el fragor de la batalla, Galadhglir gritó a Ganfika:

-¿Dónde se ha metido el bosque que traían con ellos? Veo sólo enanos y elfos.

- No lo sé, estarán reservándolos después de lo que ocurrió en la batalla anterior...- e interrumpió para defenderse del hachazo de un enano.

Ealido, cerca de ellos, vislumbró a dos capitanes de Tercano por un flanco, dirigiendo un regimiento de enanos. Venían en su dirección, probablemente para capturarles. Dio la voz de alarma y pidió apoyo a las tropas cercanas, a tiempo para repeler su ataque. Sin embargo, había sido rápido y violento; Ganfika mostraba un corte profundo en su antebrazo, que se apresuró a vendar.

Desde aquel lugar no había manera de evaluar los daños; la oscuridad se había apoderado del campo de batalla y sólo el mortecino brillo de las espadas y las flechas incendiadas que surcaban los cielos, donde no asomaba ninguna de las estrellas de Varda.

Aquella noche, Elbereth había retirado sus luces, cubriendo piadosamente el sangriento escenario. Pero allí donde los ojos ocultaban la cruda realidad, los oídos denunciaban la carnicería, por los gritos y el sonido de armas quebradas. La línea de batalla se quebraba y serpenteaba, las divisiones se intercambiaban, caballería, infantería enana, lanceros humanos, todo era confusión y bullir de escollos entre las olas, como si el viento de la jornada anterior arrollara, dilatara y dispersara aquella marea humana.

Una gota cayó. Y otra. Y más. Y en el suelo, revuelto por las pisadas de tantos soldados y caballos de guerra, aterrizaron convirtiendo la ya dañada llanura en un barrizal sangriento, más aún, casi en un pantano donde los caballos al galope trastabillaban y caían, siendo sus jinetes pasto de la infantería. Ya la poca visibilidad obtenida por las antorchas que portaban algunos soldados desapareció en el aguacero.

Galadhglir llamó a uno de los pocos ents que peleaban de su lado. -Súbeme!, ordenó, y desde la ventajosa altura de un ent, a la luz de un relámpago, pudo ver la negra mole que se

acercaba detrás de las tropas de Tercano. - Los ents! Vienen los Ents!, aulló mientras saltaba al suelo.

Entonces, frente a ellos, en la oscuridad sólo rota por los rayos que rompían el cielo, avanzó bajo la lluvia el ejército ent, como una selva que se abatiera sobre ellos. El acuoso sonido de sus raíces en el barro construía a cada paso un espantoso contrapunto al sonido de los truenos. La lluvia de rocas se sumó a aquella que caía del cielo, empeorando aún más el barrizal.

Con sus garras -ramas- barrían todo a su paso; a su lado, vio Ealido como de un golpe saltaban dos compañeros, al mismo tiempo que ella caía hacia atrás. La salvó el hecho de que sólo fuera un golpe lateral, no dirigido directamente a ella, pero la caída le golpeó en el mismo brazo que aún tenía débil por su accidente en la costa. Sacó fuerzas de flaqueza para intentar retirarse, hundida en el barro y malparada como estaba, pues podía más la voluntad de sobrevivir al inexorable avance enemigo que el dolor. Hubiera sido imposible de todas formas si no fuera porque uno de los pocos soldados a caballo que quedaba sobre su montura la recogió.

Galadhglir la vió subiendo a la montura, llevada por el jinete. Estaba pálida y

desde lo alto del caballo, advirtió lo que el elfo ya había notado: la alfombra de cuerpos convertidos en guiñapos les mostraron la verdad de la derrota.

- Vete con Ganfika y llevense a todos los que puedan caminar! Yo los cubriré con los elfos! Esto es una masacre!- gritó el Laiquendi

-¡Rápido, el cuerno! ¡Toca a retirada!, fue la respuesta de Ealido, dirigida al jinete.

El oficial de a caballo obedeció, y a su cuerno respondieron otros muchos. De la forma más ordenada posible, más bien poco dado el estado de todos, volvieron las espaldas y empezaron a retorceder . Mientras tanto, Galadhglir y sus elfos combatían como podían la embestida de los ents, lanzando un flechazo ocasional contra los elfos de Tercano. De esos intercambios de flechas, muchos elfos cayeron en ambos bandos, y los del Concilio tambíen recibían los zarpazos de los ents. Combatiendo y retrocediendo, Galadhglir no pudo evitar que una flecha los atravesara a la altura del hombro derecho.

Pero en aquel estado, ninguno de los dos ejércitos quería seguir luchando; los caídos eran demasiados, muchos más que la anterior batalla. Así es como el ejército de Orod Eressea pudo cubrir rápidamente el espacio entre el lugar de la batalla y la fortaleza, sin que Tercano los siguiera nuevamente. El último grupo fueron los elfos, que el herido capitán, apoyandose en uno de ellos, condujo a través de las puertas.

Ya reagrupados y a salvo dentro del fuerte, por fin se percataron del alcance de la batalla. Varios batallones de infantería habían perecido, y parte de la caballería había sido diezmada; aproximadamente, sólo la mitad de los soldados que se habían salido de allí el atardecer volvería a ver a Anar nuevamente.

Reunidos los tres capitanes (el elfo sostenido por un soldado, había perdido bastante sangre), hicieron un balance de la batalla.

- Casi perdemos la fortaleza- dijo Ganfika

- Por no mencionar nuestras vidas- dijo el elfo, pálido.

- Pero no nos desanimemos, la suya ha sido una victoria costosa; hemos perdido muchos soldados, pero ellos también- dijo Ealido, entre un par de órdenes sobre los heridos, siempre eficiente.

- Es cierto, pero siguen allí. No podemos perder el fuerte, pero no podemos tampoco seguir sin un refuerzo- contestó Galadhglir.

-Ya he enviado el mensaje a Suledaelessar... ahora sólo nos queda esperar.

Y bajo la copiosa lluvia, esperaron. La gran batalla de Orod Eressea no parecía haber terminado.

[Editado por galadan el 04-02-2005 00:19]

Escrito el 16-02-2005 15:20 #3

Votaciones concluidas y valoración final:

TERCANO:

Armadas perdidas 30 = 1050 puntos

6+ 6+ 6= 18 / 3 = 6

Recuperables: 700

Recuperan: 420

Pierden: 630

CONCILIO NAN TASARION:

Armadas perdidas 34 = 1190 puntos

9+ 7+ 8= 24 / 3 = 8

Recuperables: 396

Los personajes tienen heridas por un valor total del 50%

Recuperan: 316+175=491

Pierden: 699

Se han restado los puntos perdidos a cada una de las compañías.

Tercano ha ganado además 300 monedas en concepto de batalla ganada.

Además, el Concilio cede 100 monedas a Tercano en concepto de retirada de batalla.

Nuevamente, recordamos que podeis consultar las razones esgrimidas por los Valar y los Clanes para las puntuaciones asignadas.

SE DA LA BATALLA POR FINALIZADA. AMBAS COMPAÑÍAS VUELVEN A ESTAR ACTIVAS, PARA ATACAR Y SER ATACADAS.

[Editado por gaurwaith el 19-02-2005 13:51]

Historia finalizada.