Nada aquel día era igual al anterior. El sol no parecía querer salir en aquella jornada y hasta bien avanzada la mañana no clareó un poco en el horizonte. Pesadas nubes negras encapotaban el cielo y hacían ver con dificultad el movimiento y la agitación en el campamento enemigo.
Nada aquel día era igual al anterior. La gruesa cortina de agua que caía del cielo separaba aquel campamento de los muros exteriores de Grishûz Faal y las continuas embestidas de la lluvia azotaban duramente aquel llano, dandóle un aspecto aún más tétrico bajo la oscuridad casi reinante.
Nada aquel día era igual al anterior. Los cánticos desafiantes y alegres de la llegada habían cesado, las risas se habían apagado y, a diferencia de la jornada preterita, las largas filas de tiendas de vivos colores montadas a media milla del puerto de Nurn, aparecían ahora sumidas en la más mortecina de las oscuridades.
Solo una cosa mantenía la rutina de los días anteriores. Una figura vestida de negro apostada en la torre de defensa deGrishûz Faal, el poderoso puerto militar de Nurn; acudía puntual a su cita con el amanecer, como cada día. Pero incluso esa misma figura no era aquel día como en el anterior. Su mirada era más glacial que de costumbre, si eso era posible; y de sus ojos parecían emanar los cientos de relampagos que iluminaban constantemente la llanura, pues tal era el brillo de los mismos en aquella mañana. Escrutaba de nuevo fijamente los movimientos de sus enemigos y nisiquiera un leve gesto en su rostro perturbó su faz sombría. No era fácil ver emociones reflejadas en el rostro de Andir Moredhel, nisiquiera en los días de batalla.
Pronto aparecieron dos figuras en el dintel de la puerta de la sala superior de la torre. Estas, de más baja estatura que el capitán de Nurn, esperaron unos instantes antes de acceder a la misma.
- Todo presto, Capitán.- le indicó Lómine mirando al horizonte por la ventana justo cuando se detuvo a la altura de Andir. Este sin apartar la vista de la tempestad del exterior asintió con la cabeza aprobatoriamente.
Allase se giró entonces en dirección al noldo oscuro y le miro a los ojos. La elfa esperó unos instantes antes de hablar, instantes que fueron los que tardó este en girar su mirada hacía ella.
- El ejercito está saliendo de la ciudad. Las puertas se abrieron ya hace rato.- le dijo.
- Vamos los tres, no os privaré de esto. La hora ha llegado, no esperaban la lluvia... ni el barro....- les habló Andir mientras con un gesto de su mano les indicaba la salida de la sala donde se encontraban. Dejó pasar a las dos elfas primero y salió él mismo el último de allí, no sin antes echar un ultimo vistazo al exterior, a aquel día lluvioso y oscuro.
Una larga y rapida marcha de muchas millas había llevado a aquella compañía del Concilio de Nan-Tasarion ante las puertas de Grishûz Faal en pocas jornadas. Su idea de cojer por sorpresa a los defensores de la ciudad y plantear una batalla en superioridad númerica había sido perfectamente planeada. Pero no contaban con aquella lluvia que azotaba aquel día la zona. La tarde anterior habían llegado en grandes grupos y habían instalado su campamento entre los ultimos arboles del bosque que precedía la explanada de entrada a la ciudad. Llegaban cansados y con la intención de sitiar durante varias jornadas la ciudad, pero los Señores de Nurn no iban a permitirles descanso alguno y ya desde la noche anterior habían comenzado los preparativos para la batalla. No iban a esperar dentro de los muros de la ciudad, sabían que la diferencia númerica podría decantar el asalto a la ciudad del lado del Concilio e iban a sorprender al mismo con un ataque fuera de los muros de la misma, algo que nunca podrían esperar sus enemigos.
Acogidos por la oscuridad de aquel día plomizo y cobijados por la lluvia que caía incesante sobre Grishûz Faal y sus alrededores, el grueso de la guarnición del puerto de Nurn había salido sigilosamente por la puerta norte de la ciudad. Se habían apostado en largas hileras. Delante los orcos, que vociferaban menos de lo habitual, pues esas eras las ordenes de los capitanes, y ciertamente sabían que no les convenía contravenir a aquellos jefes tan crueles. A su lado la caballería, hombres y algunos elfos oscuros. Serían los encargados de comenzar la batalla, la rapidez era algo vital en este ataque. El objetivo nurnita era plantear una batalla rápida y disminuir las huestes del Concilio, pues sabían que los refuerzos llegarían pronto a su ciudad, y sus enemigos estaban muy lejos de su país como para recibir ayuda. Con una hueste disminuida en número tendrían que desistir de su idea de asaltar Grishûz Faal. Pero todo el plan pasaba por la rapidez y no dejar descansar a los soldados del Concilio tras el largo viaje hasta tierras de Nurn. Por la rapidez, y por la lluvia...
Cuando salieron los Señores de Nurn de la ciudad, ya estaba todo listo. Sus figuras, aún más oscuras que aquel día lluvioso, se distinguian sobre las del resto de soldados. Avanzaron rapidamente montados en sus caballos negros y seguidos por el estandarte de su Clan se encaminaron al lugar donde se encontraba la caballería. Dieron orden de avanzar a la infanteria orca mientras esperaban unos minutos a que esta se encontrara a medio camino del campamento de los Nan Tasarianos. Entonces Andir Moredhel levantó su brazo izquierdo y desenvainando a Anailosoy hizo sonar los cuernos de guerra, que asemejaron a los truenos que traía aquel día la tormenta.
- ¡ Adelante ejercito oscuro! ¡ hagamos que nuestros enemigos no vuelvan a reir en los bosques de su niñez! ¡ que sus ojos jamás vuelvan a ver sus lagos!¡ que sus cuerpos no vuelvan a sentir el agua fría de sus rios! ¡ que lo último que oigan sean sus propios gritos de pavor al morir!.- gritó mientras galopaba frenéticamente en pos del campamento enemigo. La batalla había comenzado.
Casí al unísono llegaron la infantería y la caballería nurnita junto a las prietas filas del Concilio, que habia logrado organizarse para la batalla a pesar de la sorpresa inicial. Aún así, no esperaban entrar en combate tan pronto y el nerviosismo los dominaba. Mientras cabalgaban, Allase y Lómine iban dejando atrás a sus propios soldados, muchos de ellos caidos ya por las flechas enemigas, y fueron las primeras en llegar hasta sus enemigos. Y cuando llegaron hasta ellos pudieron percibir su miedo y su desconcierto, y ver los mismos reflejados en sus ojos, ojos diferentes a los de los nurnitas, ojos poco acostumbrados a ver cabalgar a aquellas dos hermosas elfas atraidas hacía lo oscuro. El barro dificultaba los movimientos de los ents y de la caballeria del Concilio, atrapados entre el bosque y la súbita embestida nurnita y, poco a poco, fueron hundiendose en el barro. La caballeria de Nurn, comandada por las dos Señoras, más ligera y menos pertrechada aquel día para la batalla que la del Concilio, comenzó a hacer estragos entre las filas de sus oponentes. Los orcos remataban a los ents medio hundidos en el barro mientras la lucha se hacía cuerpo a cuerpo. La lluvia dificultaba la visión a poca distancia y ahogaba los gritos de dolor de los Tasarianos y los aullidos guturales de los orcos nurnitas cuando abatian a uno de sus enemigos.
Las dos elfas acababan con un enemigo tras otro, en violenta competencia entre ellas, mientras Andir hacía lo propio incrustado entre la infanteria Nan Tasariana. Pronto la sorpresa inicial de las huestes del Concilio fué remitiendo, se estaban recuperando del terror que les había provocado la acometida de la guarnición del puerto, pero ya fué demasiado tarde. El duro e inesperado envite nurnita les había provocado muchas perdidas y casi la mitad de su ejercito jamás volvería a ver más la luz de sus bosques. En el momento indicado Andir lanzó un grito, y su voz se alzó atronadora sobre el fragor de la batalla.
- ¡ Atrás! ¡ Hacía el puerto!, ¡ replegaos y corred si no quereís morir, Nurn os necesitará en jornadas venideras!.- ordenó.
Y comenzó el repliegue. Mientras las Señoras de Nurn contenían a los enemigos, lo que quedaba de la infanteria orca fué replegandose ordenadamente hacía los muros de la ciudad. Andir se unió a la vanguardía del ejercito y apoyó al resto de la caballería que luchaba en inferioridad por contener a unas ya recuperadas huestes Nan Tasarianas. Flechas empenachadas de vivos colores silbaban junto al rostro del elfo, quien las esquivaba montado en su córcel, mientras repartía mandobles junto a Lómine. Allase se había quedado metida en lo más peligroso de la batalla, en mitad de la hueste del Concilio. Buscó la mirada de la elfa. Cuando pudo ver sus ojos verdes y naranjas y sus miradas se cruzaron esta comprendió que la batalla había llegado a su fin. Ensartó con su hoja elfica al último enemigo que tuvo a su alcance y con un silbido ordenó a sus jinetes que se replegaran. Andir y Lómine ya se batían en retirada hacía los muros de la ciudad.
La lluvia de flechas que cayó sobre los nurnitas apenas causó bajas entre su caballería que, para cuando el Concilio pudo reorganizar sus tropas, ya se encontraban casi fuera del alcance de las mismas. Justo antes de entrar en Grishûz Faal Andir detuvo su caballo y permaneció allí plantado bajo el aguacero para ver como entraba el resto de sus tropas en la ciudad. Acompañado de Lómine esperó a que llegara Allase cabalgando resuelta a su altura junto a la puerta.
Los tres nurnitas se miraron entre sí sin decir nada. Luego se giraron hacía el campamento enemigo, apenas vieron nada entre la cortina de agua que caía del cielo, pero los tres eran elfos, y de los más poderosos, y su mirada penetrante les permitió calcular que el Concilio había perdido con aquella acometida la mitad de su ejercito. El objetivo estaba cumplido. Nurn había ganado la batalla. Y todavía en silencio se adentraron en la ciudad mientras las puertas de la misma se cerraban tras ellos. Andir Moredhel iba con una sonrisa glacial en su rostro. Nada aquel día fué igual que en el anterior, pensó.

Compañía 2 Del Concilio De Nan Tasarion Vs. Compañía 2 De Los Señores De Nurn
TerminadaLa figura triste y solitaria del Duque abría el paso de los supervivientes de la compañía del Concilio de Nan-Tasarion, tras él lo que fue un ejército perfectamente organizado y preparado, ahora no era más que un multitud de soldados desorganizados y diezmados, que caminaban a paso lento, confortándose entre sí, tirando con sus últimas fuerzas de las improvisadas carretas repletas de heridos, a las cuales los sanadores acudían para administrar ungüentos y pociones a los heridos, intentando calmarles y aliviarles el dolor y confortándoles en sus últimos momentos, pues muchos de ellos nunca regresaron a su hogar, frutos de las terribles heridas que sufrían. Todos aquellos que perecieron en el camino de regreso a casa fueron enterrados en él, dejando a su paso un macabro rastro de improvisadas tumbas anónimas por toda la costa de Haldanóri.
Muchas habían sido las bajas, y más numerosos eran los heridos. La alegría, la risa y la esperanza de la ida habían sido arrastradas por la lluvia, y substituidas por el lamento, el llanto y la desesperanza tras ser derrotados a las puertas de Grishûz Faal dos días atrás.
“Todo comenzó casi dos semanas atrás cuando un mensajero de Sulëdaelessar llegó con un pergamino a Losselen Tirion.
-Malas noticias –dijo Silme nada más verlo -. Viene lacrado con cera oscura y con el sello del Concilio...
La elfa de rojos cabellos leyó con atención el mensaje y luego se lo comunicó a Hecil y Arioch:
-El momento ha llegado, lo que hace meses decidió el Concilio ha de ser ahora puesto en marcha, la guerra ha comenzado y nuestra primera batalla tendrá lugar en las lejanas tierras de Nurn. Preparadlo todo, mañana al anochecer partiremos, debemos ser silenciosos pues cuanto más tarde se entere el enemigo de nuestros planes, más favorable nos será la batalla.
Así fue como durante un hermoso anochecer partió casi la totalidad de la flota del Concilio. Su deseo era pasar la ruta marítima del puerto de Hecilondë sin ser vistos y desembarcar en las tierras de Nurn al oeste de Túrelondë. Luego la marcha se realizaría a pie. Se decidió que fuese Arioch quien encabezara la marcha hacia el objetivo de Nan-Tasarion, sus habilidades y experiencia en campo de batalla lo hacían el hombre ideal para llevar acabo aquella misión, mientras Hecil y Silme se quedarían a bordo de las naves, protegiendo así la retaguardia a Arioch y si las cosas se torcían proporcionarles un lugar donde retirarse y poder ser evacuados con rapidez.
Al atardecer del décimo día desde que el Duque y sus hombres partieran hacía las tierras de Nurn, para conquistar la fortaleza marítima de Grishûz Faal como cabeza de puente para una futura invasión de las tierras de Nurn y así poder poner freno a la maldad que se alzaba en el norte, la tropa alcanzó a ver la fortaleza, tras salir del bosque ante ellos se extendía una gran planicie, y en el otro extremo se divisaban los muros y torreones de Grishûz Faal. La visión era fantasmagórica, una gran oscuridad comenzaba a apoderarse de lo que pronto se convertiría en el campo de batalla, el velo oscuro tan solo era rasgado por los relámpagos que iluminaban tenuemente la fortaleza, y el silencio era roto por el sonido del viento que rugía como una jauría de lobos hambrientos, a su paso por la planicie.
El Duque ordenó que se levantara cuanto antes el campamento, antes del anochecer las tiendas se habían levantado extendiéndose por todo el lindero del bosque, en la parte central del campamento se alzaba la tienda más grande, sobre la que ondeaba una bandera de fondo blanco, con una estrella de plata de ocho puntos, símbolo de la guardia blanca de Thangistarion y el distintivo Ducal.
Esa misma noche la tormenta estalló con gran fiereza, las gotas caían con fuerza sobre las lonas de las tiendas.
Muy de madrugada el Duque convoca a los señores y capitanes a su tienda para discutir el plan de batalla que se seguiría aquella mañana. La tiendas estaba presidida por una improvisada mesa, sobre ella esparcidos de manera aleatoria se acumulaban cartas marítimas, planos topográficos del terreno y de la ciudadela, todos ellos comprados con la sangre de los informadores y espías del Concilio que habían arriesgado sus vidas para conseguir dicha información y que fuera lo más fiable y precisa posible. Alrededor el Duque y los señores estudiaban y discutían la mejor manera de asediar la ciudad con la ayuda de todos aquellos que disponían, poco podrían sospechar que la batalla no se disputaría en las puertas de Grishûz Faal, sino a las puertas del campamento.
El amanecer llegó ceniciento, una pálida y enfermiza luz conseguía atravesar las pesadas nubes para iluminar el cenagal en el que se había convertido el campo de batalla. Arioch habló entonces con los soldados:
-Caballeros, muy lejos nos hallamos ahora de nuestro hogar en lo que pudiera parecer una batalla inútil y estúpida... Todas las batallas son inútiles y estúpidas en realidad, pero en estos días oscuros y difíciles, ésta es la única manera de defender la paz y la libertad de nuestras tierras.
Las huestes de Nurn ya han salido de su ciudad y vienen hacia aquí, pronto comenzará una cruel batalla bajo la lluvia. Pero que ni la lluvia ni la lejanía de vuestro hogar anulen vuestra voluntad y vuestro buen corazón.
¡Alzad vuestras cabezas! Las tropas de Nan-Tasarion nunca combaten cabizbajas aunque luchen una contra un millar. Vuestras armas más poderosas son vuestra voluntad, vuestro coraje y vuestra determinación, el enemigo debe saberlo.
Más temible debe ser el brillo acerado de vuestras miradas que el brillo de las armas que portáis.
¡A formar!¡La Batalla es ya inminente!
La Guardia Blanca formó alrededor del Duque, pero el Duque no era hombre que se escondía tras sus hombres, se adelantó y gritó:
“¡¡¡Saliendo de la Niebla;
a un grito de vuestro corazón
saliendo del Terror;
llegaremos a la refriega;
y lucharemos con Honor!!!”
“Fuego, y Armas, y Dolor;
habrán de darse paso;
en su terrible fragor;
¡No hablo en Vano!”
“Como dijese un Rey de Antaño;
Galopad al Fin del Mundo;
ni Trampa ni Engaño;
¡¡¡Terrible será el Iracundo!!!\"
Los hombres allí convocados gritaron al unísono:
\"¡¡¡Terrible Será el Fragor, Terrible el Iracundo!!!\"
Comenzó la batalla bajo la lluvia, la primera acometida de Nurn fue terrible y parecía que la batalla se decantaría a su favor, pues tenían la sorpresa y la climatología como aliados, la carga de la caballería amparada bajo el manto de oscuridad que les brindaba la tormenta, penetró en lo profundo del campamento dejando un rastro de muerte y destrucción a su paso, muchos soldados murieron sin saber lo que había pasado en el interior de sus tiendas. Aquellos que lograron escapar de la primera envestida, perecieron bajo el cuchillo de la marea orca que llego tras la carga de la caballería Nurnita. Pero poco a poco el Duque consiguió unir bajo su estandarte a más y más soldados, organizando la defensa del campamento y ganando poco a poco terreno frente las tropas de Nurn.
Fue una batalla corta y al atardecer, yendo ambos ejércitos muy igualados, Nurn decidió terminar y regresar al interior de la ciudad. El ejército nurnita se replegó y las puertas de Grishûz Faal se cerraron.
Entonces la voz de Arioch retumbó en el campo de batalla:
-Nurn nos ha vencido, ahora no tenemos fuerzas para tomar la ciudad... pero lo nuestro no ha sido una derrota total, el Concilio ha mostrado sus dientes a los enemigos aunque no ha podido morder, pues intentamos hacerlo demasiado lejos.
Pronto deberemos luchar más cerca del hogar, pero ahora el atacante se lo pensará dos veces, pues ya saben que no evitaremos el combate... no nos encerraremos en nuestras casas mientras ellos destruyen todo lo que nosotros amamos.
¡¡El Concilio de Nan-Tasarion presentará batalla siempre, no nos rendiremos sin luchar!!
Estoy enormemente orgulloso de vosotros, nobles soldados de Nan-Tasarion. Ahora, regresemos a nuestro hogar.”
Y así, tristes y abatidos, recordando todo lo sucedido desde que aquel mensaje llegó a Losselen Tirion, los soldados encabezados por Arioch se encontraron con la flota que debía llevarlos a casa.
Silme y Hecil reconfortaron a los combatientes y por ellos supieron todo lo que ocurrió la lluviosa mañana de la batalla y se sintieron muy complacidos por el valor que mostró su compañía en un lugar totalmente hostil y desconocido para ellos.
Aquellos cuyo ánimo aún seguía bajo se sintieron totalmente reconfortados cuando en un cálido anochecer pudieron ver la torre de Losselen Tirion como una flecha que atravesaba al rojo sol que se ocultaba en el verde horizonte de Nan-Tasarion.
Con grandes honores fueron recibidos por los habitantes de la isla en el puerto y durante varios días las banderas ondearon bajas, en recuerdo de los que quedaron en las lejanas tierras de Nurn.
La primera mañana desde su regreso a la isla, Silme hizo llamar a Hecil y Arioch:
-Caballeros, aunque estemos en casa ya nada será igual... las tormentas del norte nos han alcanzado. Me han llegado malas noticias... Puertas del Fin y Orod Eressëa han sido atacadas, y naves extranjeras se acercan a nuestras costas...
RECUENTO TOTAL DE PUNTOS:
Nurn 7-8-6-7-8= 7.2, Perdió 22 armadas ( 770 puntos) y podía recuperar el 66% ( 517 puntos), en base a esta nota recupera 372 puntos, con lo cual pierde en total 398 puntos.
Concilio 8-8-8-7-8= 7.8, Perdió 24 armadas ( 840 puntos) y podía recuperar el 33% ( 280 puntos), en base a esta nota recupera 218 puntos, con lo cual pierde en total 612 puntos.
Además, Nurn pierde 100 monedas a favor del Concilio, en concepto de retirada de la batalla.
Y Nurn gana 300 monedas por batalla ganada.
Igual que en otros casos, cualquiera de las dos compañías puede consultar las razones esgrimidas por los votantes.
LAS ACTUALIZACIONES HAN SIDO REALIZADAS, POR LO QUE EN ESTOS MOMENTOS AMBAS COMPAÑÍAS PUEDEN ATACAR Y SER ATACAS.
Historia finalizada.