La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Compañía 5 De Tercano Nuruva VS. Compañía 3 Del Concilio De Nan Tasarion

2005:02:02:12:47:05

Sildorl

Tiempos de Guerras se avecinaban, entre los Tercanos y los del Concilio, sus componentes se prepararían para dar muerte a todo aquel que se le enfrentara u opusiera resistencia.

No muy lejos de allí se encontraba Nelindë con ordenes del rey de proceder al ataque si ellos querían y sabían que era el momento, así que ansiosa de batalla por una repentina llama en su corazón mandó a llamar a varios mensajeros para que fueran a buscar a sus compañeros de compañía.

-Entregad estos mensajes lo mas antes posible aunque se os vaya la vida con ellos, no me defraudéis. Nos esperan grandes retos en estos días.

Partieron tres jinetes como el viento que azotaba esas tierras desde hacia varios días.

Unos de los mensajeros encontró al enano Flint a los pies de Azandûm, donde le dio el mensaje de Nelindë, este actuando rápidamente juntó a la mayor cantidad de enanos posibles.

Flint y una pequeña parque del ejercito que formo, empezo la marcha hacia el bosque, los demás lo seguirían mas tarde.

En los puertos...

Endien estaba trabajando en el puerto cuando un soldado del lugar la llama:

-Dama Endien alguien la busca y parece importante-

La Elfa salió al encuentro del mensajero y una vez informada, tomo su capa y su espada y montando su caballo salió a todo galope.

Mientras tanto en el desierto...

Allí mientras la lluvia caía torrencialmente y los relámpagos iluminaban a todo Haldanóri. Sildorl montado en su caballo, miraba hacia el norte, allí dos compañías tercanas peleaban por sobrevivir. A grandes millas se podían escuchar los gritos de dolor.

-Vamos amigo-, dijo Sildorl a su caballo, -esa batalla aun no nos concierne-

Y dando media vuelta, empezó a cabalgar a toda velocidad hacia la ciudad, ni más, el fuerte viento ni el agua torrencial podían impedir el galope de aquel caballo.

A lo lejos se veían las antorchas aun prendidas que rodeaban la ciudad, llegando a las puertas se abrieron a su paso y sin detenerse se dirigió a Minas Nimgrond.

-¡Abran las puertas!-, se escuchaba

Eran los gritos de los guardias del castillo que sobre las almenaras veían venir a su Señor.

El crujir de las puertas, se sintió al abrirse, y Sildorl llego hasta el patio del castillo donde era esperado por su capitán de armas.

-¡Señor!-, dijo este haciendo una leve inclinación.

Sildorl desmontó de su caballo y llamó al caballerizo para que se encargara de él, y saludando al capitán comienza a caminar hacia el castillo.

-Capitán, la guerra a comenzado, dos compañías están en territorio telpeniano luchando en este momento-, dijo Sildorl a su capitán mientras caminaban, -creo que reuniré unos hombres y aunque no sea mi compañía iré a ayudar-, continuo.

-No lo creo Señor-, le respondió el capitán que se detuvo en el pasillo del castillo.

-¿Qué dices?-, dijo Sildorl dándose vuelta y mirando al capitán con fiereza.

-Disculpe Señor, pero hace poco llego un mensajero del bosque, fue enviado por la Dama Nelindë, la capitán de su compañía y parece que es importante-, respondió el capitán sin atemorizarse ante aquella mirada.

-¿Dónde se encuentra?-, pregunto el Elfo

-En el salón de juntas-, respondió el capitán y tomando la cabecera lo llevo hacia allí.

Al entrar al salón Sildorl vio un elfo cerca de la lumbre de la chimenea, que al ver entrar al dueño del castillo se acerco a el y haciendo una leve inclinación dijo:

-Señor Sildorl, he venido del bosque, me manda la Dama Nelindë a traerle un mensaje sumamente importante-

-Bien dilo-, dijo Sildorl sentándose en una de las sillas que allí se encontraban.

El mensajero comenzó:

-La Dama Nelindë me manda a informarle que dentro de tres o cuatro días el territorio Tercano va a ser invadido y atacado por el Concilio de Nan-Tasarion, dos compañías fuertemente armadas se dirigen hacia el bosque. Una de ellas se esta desviando un poco hacia el sur para atacar de otro flanco-.

-La Dama Nelindë necesita de su ayuda, así que por favor trate de reunir la mayor cantidad de hombres posibles así podremos detenerlos-.

Cuando el mensajero termino de hablar, Sildorl se paro de su silla y se acerco a la chimenea, su cara tomo un aspecto de furia a pensativa.

-Dile a tu Señora que mañana antes de que se oculte el sol, estaré allí con mis hombres-, dijo Sildorl sin dejar de mirar el fuego de la chimenea.

El mensajero con una reverencia se marcho a informarle a Nelindë, entonces Sildorl miro a su capitán que se encontraba allí presente y le dijo:

-Junte a la mayor cantidad de hombres posibles, que estén listo antes de amanecer-.

-Bien Señor-, dijo el capitán dando media vuelta y saliendo del salón.

Esa noche Sildorl no durmió mucho, en su cabeza le daba vuelta un plan que podría funcionar.

La lluvia había cesado y la noche estaba por terminar, los soldados estaban reunidos en el gran patio del castillo, sus cotas de mallas y sus yelmos plateados con finas hebras doradas formando dibujos extraños brillaban en la penumbra

El ejercito estaba completo, estaban los mejores jinetes con los mejores caballos que se habían criado, también grandes espadachines y los mejores arqueros mostrando sus brillantes y resistentes escudos. Ya estaba todo listo para partir solo faltaba que Sildorl saliera.

Sildorl colocándose su tan preciada cota de malla, y una gran capa de color rojo sangre, tomo solo dos armas, su espada y un arco con algunas flechas, y salió al encuentro de sus tropas. Y allí frente a Minas Nimgrond hablo:

-¡Soldados Tercanos!-, empezó, como todos sabrán la guerra a empezado, y los territorios aledaños nos quieren quitar lo que con tanto esfuerzo nos ha costado construir, y yo dijo que no se los vamos a entregar tan fácilmente, y si hay que derramar sangre para defender esto, ¡la derramaremos!, porque este es nuestro hogar-.

-Así que si hay que morir por el, moriremos-, termino diciendo, y cuando esto sucedió todos levantaron sus espadas y gritaron con fuerza.

Las puertas de la ciudad se abrieron, y allí por el camino principal y con Sildorl a la cabeza desfilaban los guerreros despidiendo a sus familias.

La tropa se dirigió hacia los linde del bosque donde Nelindë los esperaba. El clima empezó a cambiar, la lluvia volvió, pero eso no detuvo a aquella tropa.

Días después los hombres armados comenzaron a llegar.

-Saludos Dama Nelindë –dijo Flint, el enano.

-Saludos maese, veo que haz traído muchos de los tuyos, diles que instalen el campamento.

Salió así el enano y ella quedo sumida en pensamientos extraños, siempre volcados al combate.

El día menguaba cuando él volvió a entrar, esta vez, acompañado de una Eldar.

-¡Buen día Nelindë!, Lamento la demora, he venido apenas llegó el mensajero que me puso al tanto de la situación.- comentó Endien presurosa.

-No te preocupes. Sildorl ni siquiera ha llegado aún, no podemos tardar. Comencemos a planear el ataque...-

La elfa y el enano debatieron abstrusas estrategias, muchas de las cuales se veían imposibilitados de realizar, pero que resultaban simplemente geniales y emocionaban al más frío.

Endien apenas decía palabra alguna; en su mente las propuestas pasaban de manera súbita mientras las rechazaba una por una.

Sildorl se adelanto un poco, el bosque estaba próximo, entonces el la vio, allí bajo la lluvia con una capa verde esmeralda, esperando la llegada de los guerreros para darles la bienvenida. Nelindë fijo la mirada en el Elfo que estaba próximo.

Sildorl llego frente a ella, desmonto de su caballo, se acerco a ella y dijo:

-Dama Nelindë, como vez aquí estoy con mis hombres y espero serte de utilidad, y desde ahora mi espada es tu espada, ¡Mi capitán!- y al decir esto él sonrió, ella le inclino la cabeza a modo de agradecimiento.

Una vez que terminaron de saludarse, Nelindë le dijo a Sildorl que lo acompañase y lo llevo a una especie de campamento que se había armado allí.

Nelindë lo guió hasta una carpa y Sildorl al entrar vio que se encontraba Endien y Flint sentados en una mesa discutiendo sobre el ataque.

-Bueno veo que ya están todos y yo soy el último-, dijo Sildorl al ver a la elfa y al enano que callaron de repente.

-Como andan camaradas-, continuo Sildorl acercándose a la mesa y tomando una silla para sentarse.

-Bien comencemos -, interrumpió Nelindë, -que el tiempo apremia debemos tomar decisiones y no andarnos con cortesías-.

Nelindë se acerco a la mesa y extendió un mapa sobre ella y comenzó a hablar:

-Para empezar les diré la información que me a dado Sincarion sobre el ataque, él me ha dicho que dos compañías del Concilio de Nan Tasaron vienen disputas a atacar el territorio Tercano, una de esas compañías se ha abierto hacia el Sur para atacar de otro flanco, pero de esa ya no debemos preocuparnos porque he recibido un mensaje de Arezol diciendo que el se va a encargar de detenerla-.

-Así que a nosotros nos queda la que viene directa hacia aquí y acepto cualquier sugerencia para formar una buena defensa contra ese ataque-.

- Darles confianza es la mejor manera de ganarles...- comentó Endien que había seguido el relato con una ceja arqueada a modo de reprobación.

-Mis tropas no están completas, llegaran mañana al amanecer- refunfuñó el enano disgustado.

Entonces Endien se levantó del asiento.

-Hasta el momento considerando el número aproximado de nuestros agresores puedo asegurarles una equidad ostensible.-dijo señalando el mapa- Si se dan cuenta el terreno es llano y no podemos llevar a cabo una embestida sin que se percaten. La única maniobra que se puede realizar es enviar un tercio de los mejores elfos, enanos y ents, bien armados y protegidos de sobremanera, que armen gran estruendo haciendo confiar al enemigo de su ventaja numérica. –expuso, con una sonrisa de malicia que se había pronunciado conforme avanzaba la estratagema. -... y cuando la pelea esté comenzada enviamos a los que hayan quedado. – acabó, dando un puñetazo potente contra la mesa, sobresaltando a muchos. Se volvió a sentar y calmó sus facciones.

-Pero somos muy pocos...¡la táctica no dará resultados!-repuso Flint.

-Recuerda que llegaran refuerzos- dijo Nelindë, sin resignarse a perder las esperanzas.

-Es cierto lo que dice Nelindë-, agrego Sildorl, -una parte de mis hombre vienen desde el Norte para ayudar y espero que lleguen a tiempo, aparte si tu gente, Flint, llega al amanecer podremos aguantar con eso-.

-Me parece buena la idea y eso que proviene de un elfo-, dijo Flint sonriendo.

-Bien señores preparemos todo para partir mañana ya que será largo el día-, agrego Nelindë y todos salieron de la carpa y se reunieron con sus hombres.

La lluvia ceso y la noche se hizo tranquila y serena. Igual la preocupación reinaba entre los guerreros ya que a la mañana quizás perdieran sus vidas.

Los rayos del sol empezaban a iluminar la tierra los soldados ya estaban listo, dando la orden todos empezaron a colocarse en formación, así se podían ver las filas de los poderoso ents, filas de jinetes luciendo sus brillantes armaduras, a igual que los arqueros y espadachines. También los resistentes enanos con sus hachas en mano y a la cabeza de toda esta tropa con sus hermosos caballos y brillantes armaduras los cuatro miembros del clan.

Las tropas de Sildorl aún no llegaban, mas aún siguieron con la campaña puesto que el temple de los cabecillas era firme y les esperarían ya empezada la batalla.

-Bien señores estamos listo, es hora de partir-, dijo Nelindë a sus compañeros.

-Flint tendrás que cabalgar conmigo ya que no hay caballos de tu medida aquí-, le dijo Endien al enano extendiendo su mano y ayudando al enano a subir al caballo.

Así Nelindë dio la orden y todos empezaron a marchar.

El viento del Norte levantaba polvo a sus pasos, el atardecer estaba llegando, cuando Nelindë paro la marcha. Nan Tasarion estaba cerca, se sentían sus pasos y golpe de escudos, en la pradera los cuatro jinetes imponentes y desafiantes ninguna criatura pudo evitar volver la vista a verlos sus caras reflejaban una frialdad nunca vista.

-¡Arqueros prepárense!- ordeno Nelindë desenfundando su espada y levantándola a modo de señal un brillo especialmente hermoso broto de ella al contacto con la luz del sol que se proyectó en la cara de varios enemigos deslumbrándolos.

Los arqueros armaron fila y se prepararon para disparar, Nelindë con el brazo alzado esperaba el momento justo para atacar.

Allí cuando el viento disminuyo y el polvo bajo, Nelindë vio al enemigo acercarse.

-¡Disparen!-, grito y el zumbido de las flechas cambio el sonido por gritos de dolor, derribando unos cuantos enemigos.

Antes de que el enemigo pudiera reaccionar, Nelindë dio la orden de disparar nuevamente esta vez con flechas de fuego para dar mayor dolor al enemigo, otra cantidad de hombres cayeron atravesados por las flechas.

Nan Tasarion se agrupó rápidamente y respondieron al ataque, así también varios de los soldados tercanos cayeron muertos por las flechas enemigas. Los jinetes volvieron la vista y furiosos bajaron de sus monturas y se dispusieron a contrarrestar.

-¡Espadas listas!-, grito nuevamente Nelindë, -¡Ataquen!- ordeno, así la gran envestida comenzó, el choque de escudos y espada se podía oír desde lejos. Gran cantidad de sangre salpicaba a varios soldados y capitanes a acusa de los golpes.

Viendo como el primer tropel partía, Flint y Endien aguardaban el momento oportuno para realizar el segundo ataque

La batalla fue dura, Sildorl con su gran habilidad con la espada acababa rápidamente con los enemigos.

El elfo levantando la cabeza logro ver a Nelindë también peleando con gran habilidad.

Varios de los soldados se podían oír gritar mientras otorgaban el ultimo golpe de gracia al enemigo, sin compasión alguna clavaban su espada sin mirar al enemigo mientras este exhalaba su ultimo respiro.

Endien levantó a Glincalan. El momento ansiado había llegado, y dando la señal de partida la segunda tropa se adentró en la batalla.

La batalla parecía terminada, el ataque sorpresa a Nan Tasarion los había debilitado y los tercanos tenían la de ganar

Pero no fue así Nan Tasarion recupero sus fuerzas y la batalla se prolongo.

El escenario no les era muy favorable y ya habían sufrido considerables bajas, pero era menester la ayuda de los demás.

Endien partió rápidamente tratando de ver a los cabecillas, sabiendo que sus tropas estaban en peligro y tenían rodeada a Nelindë mientras en otro extremo Sildorl combatía contra un grupo de humanos que lo superaba por diez en número y al parecer nadie se había dado cuenta del peligro que corría la capitana.

Protegía a sus hombres sin aún percatarse que la tenían rodeada, mientas Endien la buscaba casi con desesperación. La encontró al fin en el medio de la batahola e hizo un intento insensato de ponerla a salvo.

Entró con su caballo y luchando contra los adversarios hizo un lugar por donde podían salir.

Endien la tomó por el talle y la subió con agilidad al corcel que ella misma montaba.

Elfos y enanos tercanos caían uno a uno, algunos ents aunque poderosos y enormes eran incendiados y no pudieron ser salvados. Las armadas tercanas empezaban a caer, pero igual todos permanecían firmes, luchando hasta morir nunca dejarían ni huirían de una batalla por su tierra.

El sol caía lentamente y sus rayos iluminaban los últimos momentos de la batalla.

Los guerreros seguían cayendo de uno u otro bando, pero cuando Nan Tasarion empezaba a tener la victoria, el viento del Norte trajo la esperanza para los Tercanos

Los soldados que Sildorl esperaba le llegaban de sorpresa para el enemigo, aparecieron y con fuerzas renovadas se unió la lucha.

Nan Tasarion confundido por este repentino ataque decidió plantar retirada mientras la batalla les era favorable aun. Pero su capitán antes de marchar miro un momento a los cuatro jinetes aun de pie erguidos sobre los cadáveres de los soldados del Concilio y este con una mirada desafiadora les dijo:

-Esto no es una victoria para vosotros, volveremos y os daremos lo que os merecéis, entre una malévola sonrisa.

Los jinetes no menos desafiantes que el, también le dirigieron unas palabras.

-¡Volved! Y si venís con la intención de sublevarnos seréis recibidos con la misma cortesía de hoy, y su sonrisa fue descarada y abierta

Así la primera batalla termino, ninguno de los dos la gano, la compañía tercana perdió a muchos hombres, los cuales fueron enterrados con honores, pero esto todavía no termina.

Volverían y serian enfrentados con el mismo valor y coraje.

Ealido

Los días pasaban lentos en aquella fortaleza norteña relativamente aislada, y la guarnición instalada allí se desenvolvía como una comunidad en muchas maneras autosuficiente. Y, como en toda comunidad, surgían los roces, más aún cuando se tenía conviviendo en el mismo restringido lugar a grupos de elfos y enanos. Las guardias eran lo más difícil: cuando coincidían ambas razas se volvían tremendamente susceptibles;

- ¿Qué ha pasado?- preguntó la capitana Ealido cuando fue llamada.

- Se me ha difamado criticando mi puesto en la guardia- respondió con orgullo un enano.

- Desde luego. Lo que se necesitan son vigías, y ese enano no puede ver más allá de sus narices. Observad esa mancha en el horizonte- señaló el vigilante Quendi.

Ealido miró hacia donde le apuntaban.

- ¿Qué veis ahí?

- Una mancha oscura. Parece un bosquecillo.

- En esa planicie, al Este, no hay ningún bosque. Y además, un bosque no se mueve: y éste ha ido desplazándose lentamente desde el Oeste durante todos estos días, los he controlado- dijo el elfo.

- ¿Os suena de algo, capitana Ealido?-agregó el enano.

Claro que le sonaba. Los árboles que caminaban habían sido para ella todo un descubrimiento en su momento, y le habían dado muchas sorpresas, no todas agradables. Algunos de estos seres, ocultos por lo general de miradas indiscretas, vivían en los bosques del Concilio, aceptando nominalmente la autoridad de su gobierno, y su labor en los bosques se añadía a las variadas defensas de la oculta capital.

- ¿Podrían ser de nuestro clan? –preguntó.

- Lo dudo mucho. Si procedieran del Taurë Nan-Tasariona, vendrían desde el Sudeste, y estos entraron en nuestro campo de visión hace una semana desde el Oeste. Los ents no viajan usualmente por desierto, evidentemente, les hace demasiado visibles.

- Al oeste… están las tierras de Tercano Nuruva. Buscad a la capitana Ganfika y a ese elfo dormilón de Galadhglir y decidles que se reúnan conmigo en la sala de guardia- ordenó Ealido antes de dirigirse ella misma hacia allí.

Acercarse a la fortaleza que dominaba una llanura con pocas posibilidades de esconderse, era algo arriesgado. Pero hacerlo de aquella manera tan evidente era una temeridad: o estaban muy seguros de su fuerza, o desconocían la locura táctica que estaban cometiendo. Tal vez ambas cosas. En esto reflexionaba Ealido mientras ponía al día a los otros dos capitanes en la sala de guardia

- Debemos enviar un mensaje a Suledaelessar sobre este movimiento, aunque supongo que no podrán ayudarnos- dijo la hobbit Ganfika.

- No podrán, hay rumores de ataque desde otros frentes, pero creo que tenemos suficiente capacidad para rechazar este ataque, si es que lo es- contestó el Laiquendi.

- ¿Y tu crees, Galadhglir, que Tercano ha sacado a pasear a sus ents por el desierto? No, esto es claramente un ataque. Debemos prepararnos.

- Por lo que nos has contado, Ealido, tienen todo un bosque viniendo con ellos. No tenemos suficientes ents como para igualarlos en ese sentido. ¿Alguna idea?

Ganfika los había dejado en silencio con su pregunta. ¿Cómo contrarrestar la ventaja que el enemigo tenía sobre ellos?

-Bueno, los ents son básicamente árboles que caminan. No creo que el fuego y las hachas les agraden- dijo Galadhglir.

- Es obvio que los enanos y sus hachas serán nuestra mejor carta contra ellos, pero, ¿acaso piensas mandarlos en el frente?- preguntó Ganfika, quien comandaba a los enanos.

- No, lo que pienso es no mandarlos. Si los ents ven un montón de hachas, dejarán que los demás hagan el trabajo, no les gustan las hachas. En cambio, si usásemos los túneles...- contestó Galadhglir y Ealido continuó.

- Si usásemos los túneles, se acercarían lo suficiente como para que Ganfika, saliendo por otro lado, los atacase por sorpresa. Me gusta. Pero eso significa que deberemos retenerlos en la ladera de la montaña, porque las murallas no resistirán a los ents.

- Trataré de llegar lo más rápido posible. Y también, mi división puede llevar pequeñas botellas de aceite y antorchas- sugirió la hobbit.- Pero las encenderé sólo cuando estemos cerca, para no ser vistos antes de tiempo y que tengan tiempo de retirarse.

- De acuerdo, manos a la obra, capitanas. No llegarán antes de mañana por la noche, así que tenemos tiempo aún para preparar todo.

El día siguiente se levantó frío y desapacible, y en lo alto de la fortaleza el viento del norte cortaba la respiración. Con el transcurso del día, se iba viendo más cercano el bosque de ents y se hizo visible el hormiguero de guerreros que pululaba entre ellos.

Mientras tanto, la compañía de Orod Eressea preparaba su defensa, preparando las armas y las antorchas, puesto que era evidente que la batalla empezaría al atardecer.

A la caída de la tarde, el ejército de Tercano ya estaba al pie de la ladera y se dirigieron hacia la fortaleza, y entonces, con los últimos rayos tenues del sol, se abrió la fortaleza para la salida de los soldados que resistirían el ataque, hasta que Ganfika y sus enanos llegaran.

Al salir, ents, ents y más ents era todo lo que venían venir. Lo demás, ciertamente, fueran hombres, elfos o enanos, no contaba. Un ent en batalla es todo un espectáculo... si está de tu lado. No necesitan más armas que su fuerza, ni más armadura que su propia corteza. En el bando contrario, un ent es un enemigo muy, muy peligroso.

Así que cuando los elfos que comandaba Galadhglir y los hombres que marchaban a su lado dirigidos por Ealido salieron del fuerte, sabían qué podían esperar si Ganfika no llegaba pronto.

La noche era oscura, Isil estaba casi totalmente ennegrecida, y además, se cubría ocasionalmente con velos de nubes. Entrar en la batalla fue como avanzar sobre la oscura floresta, tantos eran los ents que el enemigo traía a atacarlos. A medida que se fueron acercando, se empezaron a distinguir en medio de ellos los soldados que llevaban las insignias de Tercano. Pero, por muchos que fueran, había que resistir en la ladera, de acuerdo con el plan, puesto que poco durarían las murallas del fuerte contra los Pastores de Árboles.

Los elfos defensores soltaron la primera andanada de flechas apenas estuvieron a tiro; inútilmente, en parte por el viento, y porque el enemigo se escudaba en sus ents, inmunes a los proyectiles. En cambio, algunas de sus flechas sí tocaron a la compañía de Orod Eressea: hubo unos pocos hombres y elfos que ni siquiera llegaron a desenvainar sus espadas en esa loca embestida.

Finalmente, empezó el combate cuerpo a cuerpo. Era algo extraño: en vez de oírse el sonido del acero contra otra espada, aquello tenía mas en común con los ruidos que se esperaría oír en una carpintería. Crujidos y sonidos de madera en movimiento por todos lados. Pocas veces el sonido era el de una espada hendiendo un árbol.

Era muy difícil acercarse hasta los ents, y una vez esto conseguido, era aún más difícil llegar a herirlos: las espadas penetraban en la madera con dificultad, pero sin ningún resultado apreciable. Poco más se consiguió con las antorchas que llevaban: sólo un par de ents empezaron a arder.

Los elfos y enanos de Tercano se dedicaban prácticamente a apoyar a sus ents (estaba claro que contaban con que no se los resistiría mucho tiempo), los primeros enviando desde la retaguardia andanadas de flechas que herían a los defensores y los segundos se empeñaban en detener a los pocos ents que combatían por el Concilio. Uno de éstos se defendió con su terrible fuerza, mandando a volar de un golpe media docena de enanos, pero desde atrás, otros veinte saltaron sobre el, reduciéndolo a astillas, sin que ni Galadhglir o Ealido pudieran detenerlos.

Por mucho empeño que pusieran, eran demasiados. Poco a poco veían las murallas a sus espaldas más cerca. Habían luchado durante horas y eran muchas las bajas.

- ¡Por Elbereth! ¿Dónde se ha metido Ganfika?- le gritó Galadhglir a Ealido cuando la vio junto a él, mientras rechazaba a un enano demasiado osado.

- No lo sé, pero esto no durará mucho más si no viene ya. ¡Cuidado!

Un ent venía hacia donde estaban. Esquivaron su primer manotazo con agilidad, y cuando se disponían a dar un casi inútil golpe con las espadas, llegaron a sus oídos los gritos de batalla de los enanos de Ganfika, que entraron como una tromba. Las antorchas llameaban en el flanco derecho y cada enano llevaba su pequeña botella de aceite, que arrojaron rápidamente sobre los ents del enemigo.

El ent que atacaba a los capitanes fue uno de los primeros en arder. Otros lo hacían por aquí y por allá, y las hachas de los enanos también hacían su trabajo. Al ver esto, grande fue el alborozo de las tropas del Concilio y los enemigos empezaron a caer tan rápido como antes lo habían hecho los defensores. Ganfika, al pasar cerca del elfo y la capitana gritó:

- ¡No sabéis lo difícil que es usar un yesquero con este viento!

Un par de horas más tarde, la situación había mejorado mucho. Anar empezaba a mostrarse en el este, y dejaba ver los cadáveres que la noche había ocultado. Ambos bandos tenían pérdidas, pero era evidente que el ataque sorpresivo de Ganfika había conseguido que el saldo de bajas favoreciera al Concilio, además de obligar a los de Tercano a retroceder hasta el pie de la ladera. Y entonces, los tres capitanes consiguieron hablar una vez más.

- Esto va bien, pero hemos perdido bastantes hombres- dijo Galadhglir.

- Yo aconsejaría una retirada, podemos reagruparnos en la fortaleza y luego volver a atacarlos, no nos seguirán, bastante tendrán con recoger a sus heridos.- le contestó la hobbit.

- De acuerdo,¡Retirada! ¡A la fortaleza!- ordenó Ealido a sus hombres.

Y comenzaron un rápido retroceso a la fortaleza, llevandose rápidamente a los heridos que podían salvarse y, como predijo Ganfika, Tercano no los siguió.

Cuando finalmente traspusieron las puertas y entraron en Orod Eressea, observaron desde las almenas el camino ensangrentado que habían recorrido. Podrían considerar esta batalla como una victoria, dado que las bajas del enemigo eran muchas más que las suyas, pero todavía había un ejército mayor al suyo al pie de la montaña... y había que prepararse para resistirlo otra vez. Sin duda alguna, esta vez ya no habría que preparar la defensa rápidamente, casi sin tiempo, no. Esta vez, el Concilio de Nan-Tasarion conocía ya los puntos débiles de Tercano, sabía pues por donde atacar; esta vez, el Concilio iba a hacer frente a esta nueva batalla que se avecinaba sin ningún miramiento, decidido, y seguro de conseguir la ansiada y gloriosa victoria final.

Delisse Yestariel

RECUENTO DE PUNTOS

Tercano 6-5-6-5-6-5= 5.5, si perdieron 9 armadas ( 315 puntos) pueden recuperar el 33%= 105, así que recuperan 58 puntos, perdiendo en total la cantidad de 257 puntos.

Concilio 8-7-7-6-8-7= 7.2, si perdieron 7 armadas ( 245 puntos) pueden recuperar el 66%= 163, asi que recuperan 117, perdiendo en total la cantidad de 128 puntos.

El Concilio pierde 100 monedas a favor de Tercano, en concepto de retirada de batalla.

El Concilio recibe una bonificación de 75 monedas por batalla ganada.

LAS ACTUALIZACIONES HAN SIDO REALIZADAS, PERO ESTAS COMPAÑÍAS NO PUEDEN ATACAR NI SER ATACADAS YA QUE TIENEN UNA 2ª BATALLA PENDIENTE DE EVALUACIÓN.