Sildorl
Tiempos de Guerras se avecinaban, entre los Tercanos y los del Concilio, sus componentes se prepararían para dar muerte a todo aquel que se le enfrentara u opusiera resistencia.
No muy lejos de allí se encontraba Nelindë con ordenes del rey de proceder al ataque si ellos querían y sabían que era el momento, así que ansiosa de batalla por una repentina llama en su corazón mandó a llamar a varios mensajeros para que fueran a buscar a sus compañeros de compañía.
-Entregad estos mensajes lo mas antes posible aunque se os vaya la vida con ellos, no me defraudéis. Nos esperan grandes retos en estos días.
Partieron tres jinetes como el viento que azotaba esas tierras desde hacia varios días.
Unos de los mensajeros encontró al enano Flint a los pies de Azandûm, donde le dio el mensaje de Nelindë, este actuando rápidamente juntó a la mayor cantidad de enanos posibles.
Flint y una pequeña parque del ejercito que formo, empezo la marcha hacia el bosque, los demás lo seguirían mas tarde.
En los puertos...
Endien estaba trabajando en el puerto cuando un soldado del lugar la llama:
-Dama Endien alguien la busca y parece importante-
La Elfa salió al encuentro del mensajero y una vez informada, tomo su capa y su espada y montando su caballo salió a todo galope.
Mientras tanto en el desierto...
Allí mientras la lluvia caía torrencialmente y los relámpagos iluminaban a todo Haldanóri. Sildorl montado en su caballo, miraba hacia el norte, allí dos compañías tercanas peleaban por sobrevivir. A grandes millas se podían escuchar los gritos de dolor.
-Vamos amigo-, dijo Sildorl a su caballo, -esa batalla aun no nos concierne-
Y dando media vuelta, empezó a cabalgar a toda velocidad hacia la ciudad, ni más, el fuerte viento ni el agua torrencial podían impedir el galope de aquel caballo.
A lo lejos se veían las antorchas aun prendidas que rodeaban la ciudad, llegando a las puertas se abrieron a su paso y sin detenerse se dirigió a Minas Nimgrond.
-¡Abran las puertas!-, se escuchaba
Eran los gritos de los guardias del castillo que sobre las almenaras veían venir a su Señor.
El crujir de las puertas, se sintió al abrirse, y Sildorl llego hasta el patio del castillo donde era esperado por su capitán de armas.
-¡Señor!-, dijo este haciendo una leve inclinación.
Sildorl desmontó de su caballo y llamó al caballerizo para que se encargara de él, y saludando al capitán comienza a caminar hacia el castillo.
-Capitán, la guerra a comenzado, dos compañías están en territorio telpeniano luchando en este momento-, dijo Sildorl a su capitán mientras caminaban, -creo que reuniré unos hombres y aunque no sea mi compañía iré a ayudar-, continuo.
-No lo creo Señor-, le respondió el capitán que se detuvo en el pasillo del castillo.
-¿Qué dices?-, dijo Sildorl dándose vuelta y mirando al capitán con fiereza.
-Disculpe Señor, pero hace poco llego un mensajero del bosque, fue enviado por la Dama Nelindë, la capitán de su compañía y parece que es importante-, respondió el capitán sin atemorizarse ante aquella mirada.
-¿Dónde se encuentra?-, pregunto el Elfo
-En el salón de juntas-, respondió el capitán y tomando la cabecera lo llevo hacia allí.
Al entrar al salón Sildorl vio un elfo cerca de la lumbre de la chimenea, que al ver entrar al dueño del castillo se acerco a el y haciendo una leve inclinación dijo:
-Señor Sildorl, he venido del bosque, me manda la Dama Nelindë a traerle un mensaje sumamente importante-
-Bien dilo-, dijo Sildorl sentándose en una de las sillas que allí se encontraban.
El mensajero comenzó:
-La Dama Nelindë me manda a informarle que dentro de tres o cuatro días el territorio Tercano va a ser invadido y atacado por el Concilio de Nan-Tasarion, dos compañías fuertemente armadas se dirigen hacia el bosque. Una de ellas se esta desviando un poco hacia el sur para atacar de otro flanco-.
-La Dama Nelindë necesita de su ayuda, así que por favor trate de reunir la mayor cantidad de hombres posibles así podremos detenerlos-.
Cuando el mensajero termino de hablar, Sildorl se paro de su silla y se acerco a la chimenea, su cara tomo un aspecto de furia a pensativa.
-Dile a tu Señora que mañana antes de que se oculte el sol, estaré allí con mis hombres-, dijo Sildorl sin dejar de mirar el fuego de la chimenea.
El mensajero con una reverencia se marcho a informarle a Nelindë, entonces Sildorl miro a su capitán que se encontraba allí presente y le dijo:
-Junte a la mayor cantidad de hombres posibles, que estén listo antes de amanecer-.
-Bien Señor-, dijo el capitán dando media vuelta y saliendo del salón.
Esa noche Sildorl no durmió mucho, en su cabeza le daba vuelta un plan que podría funcionar.
La lluvia había cesado y la noche estaba por terminar, los soldados estaban reunidos en el gran patio del castillo, sus cotas de mallas y sus yelmos plateados con finas hebras doradas formando dibujos extraños brillaban en la penumbra
El ejercito estaba completo, estaban los mejores jinetes con los mejores caballos que se habían criado, también grandes espadachines y los mejores arqueros mostrando sus brillantes y resistentes escudos. Ya estaba todo listo para partir solo faltaba que Sildorl saliera.
Sildorl colocándose su tan preciada cota de malla, y una gran capa de color rojo sangre, tomo solo dos armas, su espada y un arco con algunas flechas, y salió al encuentro de sus tropas. Y allí frente a Minas Nimgrond hablo:
-¡Soldados Tercanos!-, empezó, como todos sabrán la guerra a empezado, y los territorios aledaños nos quieren quitar lo que con tanto esfuerzo nos ha costado construir, y yo dijo que no se los vamos a entregar tan fácilmente, y si hay que derramar sangre para defender esto, ¡la derramaremos!, porque este es nuestro hogar-.
-Así que si hay que morir por el, moriremos-, termino diciendo, y cuando esto sucedió todos levantaron sus espadas y gritaron con fuerza.
Las puertas de la ciudad se abrieron, y allí por el camino principal y con Sildorl a la cabeza desfilaban los guerreros despidiendo a sus familias.
La tropa se dirigió hacia los linde del bosque donde Nelindë los esperaba. El clima empezó a cambiar, la lluvia volvió, pero eso no detuvo a aquella tropa.
Días después los hombres armados comenzaron a llegar.
-Saludos Dama Nelindë –dijo Flint, el enano.
-Saludos maese, veo que haz traído muchos de los tuyos, diles que instalen el campamento.
Salió así el enano y ella quedo sumida en pensamientos extraños, siempre volcados al combate.
El día menguaba cuando él volvió a entrar, esta vez, acompañado de una Eldar.
-¡Buen día Nelindë!, Lamento la demora, he venido apenas llegó el mensajero que me puso al tanto de la situación.- comentó Endien presurosa.
-No te preocupes. Sildorl ni siquiera ha llegado aún, no podemos tardar. Comencemos a planear el ataque...-
La elfa y el enano debatieron abstrusas estrategias, muchas de las cuales se veían imposibilitados de realizar, pero que resultaban simplemente geniales y emocionaban al más frío.
Endien apenas decía palabra alguna; en su mente las propuestas pasaban de manera súbita mientras las rechazaba una por una.
Sildorl se adelanto un poco, el bosque estaba próximo, entonces el la vio, allí bajo la lluvia con una capa verde esmeralda, esperando la llegada de los guerreros para darles la bienvenida. Nelindë fijo la mirada en el Elfo que estaba próximo.
Sildorl llego frente a ella, desmonto de su caballo, se acerco a ella y dijo:
-Dama Nelindë, como vez aquí estoy con mis hombres y espero serte de utilidad, y desde ahora mi espada es tu espada, ¡Mi capitán!- y al decir esto él sonrió, ella le inclino la cabeza a modo de agradecimiento.
Una vez que terminaron de saludarse, Nelindë le dijo a Sildorl que lo acompañase y lo llevo a una especie de campamento que se había armado allí.
Nelindë lo guió hasta una carpa y Sildorl al entrar vio que se encontraba Endien y Flint sentados en una mesa discutiendo sobre el ataque.
-Bueno veo que ya están todos y yo soy el último-, dijo Sildorl al ver a la elfa y al enano que callaron de repente.
-Como andan camaradas-, continuo Sildorl acercándose a la mesa y tomando una silla para sentarse.
-Bien comencemos -, interrumpió Nelindë, -que el tiempo apremia debemos tomar decisiones y no andarnos con cortesías-.
Nelindë se acerco a la mesa y extendió un mapa sobre ella y comenzó a hablar:
-Para empezar les diré la información que me a dado Sincarion sobre el ataque, él me ha dicho que dos compañías del Concilio de Nan Tasaron vienen disputas a atacar el territorio Tercano, una de esas compañías se ha abierto hacia el Sur para atacar de otro flanco, pero de esa ya no debemos preocuparnos porque he recibido un mensaje de Arezol diciendo que el se va a encargar de detenerla-.
-Así que a nosotros nos queda la que viene directa hacia aquí y acepto cualquier sugerencia para formar una buena defensa contra ese ataque-.
- Darles confianza es la mejor manera de ganarles...- comentó Endien que había seguido el relato con una ceja arqueada a modo de reprobación.
-Mis tropas no están completas, llegaran mañana al amanecer- refunfuñó el enano disgustado.
Entonces Endien se levantó del asiento.
-Hasta el momento considerando el número aproximado de nuestros agresores puedo asegurarles una equidad ostensible.-dijo señalando el mapa- Si se dan cuenta el terreno es llano y no podemos llevar a cabo una embestida sin que se percaten. La única maniobra que se puede realizar es enviar un tercio de los mejores elfos, enanos y ents, bien armados y protegidos de sobremanera, que armen gran estruendo haciendo confiar al enemigo de su ventaja numérica. –expuso, con una sonrisa de malicia que se había pronunciado conforme avanzaba la estratagema. -... y cuando la pelea esté comenzada enviamos a los que hayan quedado. – acabó, dando un puñetazo potente contra la mesa, sobresaltando a muchos. Se volvió a sentar y calmó sus facciones.
-Pero somos muy pocos...¡la táctica no dará resultados!-repuso Flint.
-Recuerda que llegaran refuerzos- dijo Nelindë, sin resignarse a perder las esperanzas.
-Es cierto lo que dice Nelindë-, agrego Sildorl, -una parte de mis hombre vienen desde el Norte para ayudar y espero que lleguen a tiempo, aparte si tu gente, Flint, llega al amanecer podremos aguantar con eso-.
-Me parece buena la idea y eso que proviene de un elfo-, dijo Flint sonriendo.
-Bien señores preparemos todo para partir mañana ya que será largo el día-, agrego Nelindë y todos salieron de la carpa y se reunieron con sus hombres.
La lluvia ceso y la noche se hizo tranquila y serena. Igual la preocupación reinaba entre los guerreros ya que a la mañana quizás perdieran sus vidas.
Los rayos del sol empezaban a iluminar la tierra los soldados ya estaban listo, dando la orden todos empezaron a colocarse en formación, así se podían ver las filas de los poderoso ents, filas de jinetes luciendo sus brillantes armaduras, a igual que los arqueros y espadachines. También los resistentes enanos con sus hachas en mano y a la cabeza de toda esta tropa con sus hermosos caballos y brillantes armaduras los cuatro miembros del clan.
Las tropas de Sildorl aún no llegaban, mas aún siguieron con la campaña puesto que el temple de los cabecillas era firme y les esperarían ya empezada la batalla.
-Bien señores estamos listo, es hora de partir-, dijo Nelindë a sus compañeros.
-Flint tendrás que cabalgar conmigo ya que no hay caballos de tu medida aquí-, le dijo Endien al enano extendiendo su mano y ayudando al enano a subir al caballo.
Así Nelindë dio la orden y todos empezaron a marchar.
El viento del Norte levantaba polvo a sus pasos, el atardecer estaba llegando, cuando Nelindë paro la marcha. Nan Tasarion estaba cerca, se sentían sus pasos y golpe de escudos, en la pradera los cuatro jinetes imponentes y desafiantes ninguna criatura pudo evitar volver la vista a verlos sus caras reflejaban una frialdad nunca vista.
-¡Arqueros prepárense!- ordeno Nelindë desenfundando su espada y levantándola a modo de señal un brillo especialmente hermoso broto de ella al contacto con la luz del sol que se proyectó en la cara de varios enemigos deslumbrándolos.
Los arqueros armaron fila y se prepararon para disparar, Nelindë con el brazo alzado esperaba el momento justo para atacar.
Allí cuando el viento disminuyo y el polvo bajo, Nelindë vio al enemigo acercarse.
-¡Disparen!-, grito y el zumbido de las flechas cambio el sonido por gritos de dolor, derribando unos cuantos enemigos.
Antes de que el enemigo pudiera reaccionar, Nelindë dio la orden de disparar nuevamente esta vez con flechas de fuego para dar mayor dolor al enemigo, otra cantidad de hombres cayeron atravesados por las flechas.
Nan Tasarion se agrupó rápidamente y respondieron al ataque, así también varios de los soldados tercanos cayeron muertos por las flechas enemigas. Los jinetes volvieron la vista y furiosos bajaron de sus monturas y se dispusieron a contrarrestar.
-¡Espadas listas!-, grito nuevamente Nelindë, -¡Ataquen!- ordeno, así la gran envestida comenzó, el choque de escudos y espada se podía oír desde lejos. Gran cantidad de sangre salpicaba a varios soldados y capitanes a acusa de los golpes.
Viendo como el primer tropel partía, Flint y Endien aguardaban el momento oportuno para realizar el segundo ataque
La batalla fue dura, Sildorl con su gran habilidad con la espada acababa rápidamente con los enemigos.
El elfo levantando la cabeza logro ver a Nelindë también peleando con gran habilidad.
Varios de los soldados se podían oír gritar mientras otorgaban el ultimo golpe de gracia al enemigo, sin compasión alguna clavaban su espada sin mirar al enemigo mientras este exhalaba su ultimo respiro.
Endien levantó a Glincalan. El momento ansiado había llegado, y dando la señal de partida la segunda tropa se adentró en la batalla.
La batalla parecía terminada, el ataque sorpresa a Nan Tasarion los había debilitado y los tercanos tenían la de ganar
Pero no fue así Nan Tasarion recupero sus fuerzas y la batalla se prolongo.
El escenario no les era muy favorable y ya habían sufrido considerables bajas, pero era menester la ayuda de los demás.
Endien partió rápidamente tratando de ver a los cabecillas, sabiendo que sus tropas estaban en peligro y tenían rodeada a Nelindë mientras en otro extremo Sildorl combatía contra un grupo de humanos que lo superaba por diez en número y al parecer nadie se había dado cuenta del peligro que corría la capitana.
Protegía a sus hombres sin aún percatarse que la tenían rodeada, mientas Endien la buscaba casi con desesperación. La encontró al fin en el medio de la batahola e hizo un intento insensato de ponerla a salvo.
Entró con su caballo y luchando contra los adversarios hizo un lugar por donde podían salir.
Endien la tomó por el talle y la subió con agilidad al corcel que ella misma montaba.
Elfos y enanos tercanos caían uno a uno, algunos ents aunque poderosos y enormes eran incendiados y no pudieron ser salvados. Las armadas tercanas empezaban a caer, pero igual todos permanecían firmes, luchando hasta morir nunca dejarían ni huirían de una batalla por su tierra.
El sol caía lentamente y sus rayos iluminaban los últimos momentos de la batalla.
Los guerreros seguían cayendo de uno u otro bando, pero cuando Nan Tasarion empezaba a tener la victoria, el viento del Norte trajo la esperanza para los Tercanos
Los soldados que Sildorl esperaba le llegaban de sorpresa para el enemigo, aparecieron y con fuerzas renovadas se unió la lucha.
Nan Tasarion confundido por este repentino ataque decidió plantar retirada mientras la batalla les era favorable aun. Pero su capitán antes de marchar miro un momento a los cuatro jinetes aun de pie erguidos sobre los cadáveres de los soldados del Concilio y este con una mirada desafiadora les dijo:
-Esto no es una victoria para vosotros, volveremos y os daremos lo que os merecéis, entre una malévola sonrisa.
Los jinetes no menos desafiantes que el, también le dirigieron unas palabras.
-¡Volved! Y si venís con la intención de sublevarnos seréis recibidos con la misma cortesía de hoy, y su sonrisa fue descarada y abierta
Así la primera batalla termino, ninguno de los dos la gano, la compañía tercana perdió a muchos hombres, los cuales fueron enterrados con honores, pero esto todavía no termina.
Volverían y serian enfrentados con el mismo valor y coraje.
