Morna
Morna descansaba a las orillas del Sirion, junto a las escarpadas montañas, Ered Wethrin, cuando una ligera brisa la despertó en el alba.
Se había situado junto a unos matorrales que la ocultaban frente al río, al despertarse se dio cuenta de que había dormido sujetando la daga con la mano, comprobó que la espada aún seguía en el cinturón y el arco al alcance de su mano.
La hoguera aún echaba humo, eso significaba que se había olvidado de apagarla en un intento de seguir despierta toda la noche, no se fiaba de aquellos parajes, tan solo llevaba cuatro jornadas desde que salió de la morada subterránea del mago Almur y ya se había encontrado con tres grupos pequeños de orcos, a los que había logrado despistar, pero en el tercer caso, tubo que enfrentarse a ellos, por suerte no eran demasiados y pudo librarse de las bestias sin demasiada dificultad, tan solo le costó algunas heridas y rozaduras.
Desde entonces Morna no dormía con demasiada regularidad, esta vez tan solo habían sido un par de horas más o menos.
Al levantarse, terminó de apagar la hoguera y se armó de nuevo para disponerse a andar su quinta jornada. Tomó algo de pan de las tierras de Mithrim y comenzó su marcha hacia algún lugar.
Arawen Tindomë
Seis días después Morna llegó al espeso bosque de Brethil. Decidió internarse en él, al menos tendría la posibilidad de conseguir alimentos frescos.Varias jornadas transcurrieron sin ninguna novedad, hasta que, en la mañana del septimo día, Morna se despertó sobresaltada, bajo ella el suelo temblaba, y a sus oídos llegó el ruido de pisadas orcas, estaba segura, esos malditos seres estaban persiguiendo algo - Por fin un poco de acción- pensó mientras cogía el arco y aseguraba que disponía de suficientes flechas para matar a un regimiento de esos seres.
Ya no podía más, las piernas comenzaban a fallar, pero si paraba ahora ya no lo contaría. Un grupo de orcos estaba tras sus pasos, y cada vez más cerca. Sabía que su única opción era enfrentarse a las horrendas criaturas, pero no lo haría en el bosque, donde los malditos seres podían atacar por cualquier lado,y no estaba dispuesta a ponérselo tan fácil, lucharía hasta el final. Pero para eso, tenía que llegar a la orilla del Sirion, donde, al menos, tendría un lado protegido. El bosque comenzó a hacerse menos denso, empezó a oír el sonido de las aguas del Rio, estaba cerca, pronto llegaría a su orilla. Descendió por una suave pendiente y apareció en un hermoso lugar, el margen el rió era como una pequeña playa, se alegró - Al menos moriré en un precioso lugar-. El ruido de los orcos cada vez estaba más cerca. Se acercó al agua, se agachó y se mojó la cara. Se quitó el broche que sujetaba la capa, la cual calló al suelo- No permitiré que sus sucias manos lo toquen- y lo oculto debajo de una piedra, dentro del agua. Se levantó y desenvainó su espada. Dos orcos acababan de aparecer, el resto no tardaría en llegar.- Mettanna!An mauya maite nurunna - Gritó.
Morna llegó a las lindes del bosque y vio que era lo que estaban persiguiendo los orcos, junto a la orilla había una elfa, de oscuros cabellos con un vestido azul marino, que esgrimía una espada. Estaba luchando contra dos orcos y lo hacia bien, así que decidió internarse en el bosque y disparar flechas a las malignas criaturas a medida que iban apareciendo, si alguno se le escapaba aquella elfa podría con él. Y así fue, al poco tiempo, Morna, tenía a sus pies una pequeña pila de orcos. Cuando estuvo segura de que ya no quedaban más en el bosque, recogió las flechas que aún eran útiles y marchó al encuentro de aquella elfa.
No se lo podía creer, seguía con vida sólo se había enfrentado a cuatro orcos, podrí afirmar que el número que le perseguía era mayor pero por la razón que fuera sólo habían aparecido cuatro. Del bosque no venía ningún ruido, allí no había ningún orco. Metió su espada en el río para que el agua limpiase la ponzoñosa sangre de esas pestilentes criaturas, entonces vio que tenía un corte un poco profundo en el brazo izquierdo.Estaba buscando en la bolsa medicinal que llevaba en el cinturón cuando, del bosque, apareció una elfa de largos cabellos rojos con un arco en la mano.
Morna se acerco lentamente, la elfa se agacho y cogió la espada del río
-No os acerquéis, ni un paso más- Dijo con la espada señalando hacia Morna,
-No os voy a hacer ningún daño a menos que me deis un buen motivo, además a cabo de matar a 10 orcos ahí atrás y estoy un poco cansada.
-Entonces si mantengo mi vida es gracias a vos.Me habéis salvado de una muerte segura, ruego que me disculpéis- dijo envainando su espada- extrañas gentes recorren últimamente esta tierra. Soy Eldin de Lórien ¿y vos?- se agachó y limpió la herida con agua.
-Soy Morna.Y perdonad si os ofendo pero no tenéis aspecto de guerrera.
-Ah ¿no?- dijo Eldin mientras se vendaba el brazo- y como lo habéis deducido.
-Aunque es verdad que sois buena con la espada, no lleváis más armas encima y vuestro vestido no es apropiado para recorrer estos bosques y menos a pie.
-Sois muy buena observadora. No soy guerrera, soy sanadora y tenéis razón acerca del vestido, pero es mi indumentaria y estoy muy acostumbrada a ella, lo de a pie es discutible, perdí el caballo en los Pantanos del Sirion cuando regresaba y a partir de ahí he hecho el camino a pie, bueno menos este último tramo que lo he hecho corriendo delante de ese grupo de orcos.
-Pero ¿qué es lo que hacíais?
-Buscar a mi sobrina, pero ya sé que ha partido hacia el sur con una tropa -dijo con tristeza- Vuelvo a casa, es inútil seguir buscando, la Tierra Media es inmensa. Y vos, deduzco por vuestra descripción que sois una guerrera y si es así, ¿qué hacéis por Brethil?- preguntó a la vez que sacaba del agua un precioso broche plateado.
- Atravesar el bosque es el camino más corto para ir a mi pueblo, Thargelion.
-Yo me dirijo a Doriath y si vuestra dirección es esa podríamos compartir camino- dijo poniéndose la oscura capa.
-Pues si os dirigís hacia allí vamos al mismo lugar entonces,
Las dos elfas comenzaron a seguir el curso del Sirion buscando algún vado por el cual atravesarlo. Caminaban en silencio hasta que Morna pregunto:
- ¿Fuisteis vos quien pronunció esas extrañas palabras?
- ¿Extrañas?- dijo Eldin pensativa-Ay! Las dije en quenya, fue un involuntario, me salieron del alma
- Esa es la lengua que hablan los elfos venidos del Occidente ¿no?
- Sí, la misma que el rey Thingol prohíbe hablar en Doriath. -afirmó con tristeza
- Entonces ¿sois una de ellos?-pregunto con curiosidad.
- Sí
- Por favor, contadme vuestra historia
- Es muy larga y no quisiera aburriros
- Tambien es largo nuestro camino y que mejor manera de amenizar el viaje que una larga historia- dijo alegremente
Así fue, Eldin le contó a Morna toda su historia hasta el momento. Y ya fuera por la compañía o porque no encontrarón más dificultades en el camino, el viaje se les hizo corto