La Guerra de los Clanes

C4 De Valle Del Ingenio Vs C5 De Concilio De Nan Tasarion

Terminada
Escrito el 08-02-2005 18:50 #1

Sulëdaelessar, grande en orgullo y dones como ninguna otra en Haldanóri se levantaba delante de Ântleïntzar y Mhord. Muchos habían sido los agotadores e intrincados caminos que, una vez superados, dieron aquella visión a las huestes del Valle del Ingenio, dejando atrás Taurë Nan-Tasariona.

En la memoria de la elfa estaba presente el día que había iniciado el largo viaje. Allí estaba, sentada en su habitación de la posada, cuando su halcón regresó después de una difícil misión. Traía consigo un mensaje, marcado con el sello de los Señores de Nurn. Con gran presteza, la elfa se dirigió a la Torre de Cristal. Después de que Yandros, el rey del clan, leyera el pergamino, Mhord y Nulk habían sido convocados junto a ella. Los tres comandaban la compañía número cuatro del Valle del Ingenio.

Ésta había partido al cabo de pocos días, acudiendo a la petición de sus aliados. Más de un centenar de barcos zarparon del puerto de Nardazda...

Habían atravesado el mar interior inmersos en un fuerte temporal. Los altos navíos sesgaban las olas, capitaneados con enorme pericia por los marineros del Valle. Ântleïntzar, susurrando en las mentes de los otros dos comandantes, había organizado la estrategia para el desembarco de sus tropas en el puerto enemigo, mientras la mar golpeaba los cascos de sus naves con fuerza.

Su paso por Tilondë había sido veloz como el viento, sin encontrar resistencia alguna. El puerto estaba desierto, la compañía que lo defendía estaba luchando más al norte y sus habitantes no pudieron evitar el avance de las tropas del Valle por sus calles. Atravesando la región sin dilación, habían entrado en el bosque protector, donde el gremio de los druidas, conocedores de la naturaleza, los había guiado por los senderos del laberinto de árboles hasta llegar al corazón de la zona, la capital del Concilio.

Una mágica niebla envolvía la ciudad, dificultando la visión de las defensas y calando en el ánimo de los soldados. Muchas eran entonces las pegas para un asalto, y todo auguraba que la Capital de Nan-Tasarion no serviría en bandeja las llaves de sus puertas, como hiciera Tilondë.

Bien,-dijo Mhord- al alba organiza a tus hombres y sírvete de los que necesites, pero para entonces las máquinas deben estar listas para el envite. Dispón catapultas hacia las almenas y los torreones, y las que llevan el fuego de nuestros alquimistas que apunten hacia el interior de las puertas, donde puedan sembrar la confusión…

Tras un intercambio de miradas, juntos entraron a la tienda de campaña, donde Nulk los esperaba. Allí se discutieron los planes y la información traída por el eficiente servicio del gremio de los espías que se encontraban entre las tropas enemigas. Reveladoras eran las noticias de que el grueso del ejército de la capital conocía de su presencia, y tenía a sus tropas preparadas detrás de las puertas de la urbe. Su falta de acciones hasta ahora era simplemente una manera de esconder y reservar sus fuerzas, una hábil maniobra. Los líderes del ejército enemigo tenían que ser respetados....y estudiados, por supuesto. Durante toda la mañana, mientras empezaban los preparativos para el combate, los capitanes hablaron de las acciones que les llevarían a la victoria, no sin que surgiesen dificultades.

-Mhord, -dijo el Gran Enano- alto será el precio que van a pagar estas gentes por culpa de las alianzas de sus gobernantes. Pero no menos malo, me dice el corazón, es el luchar en nombre de otros cuando no se amenaza a nuestras familias. ¿Es justo, pues, que vendamos nuestras vidas y las de los que nos aguardan tras los muros, por asuntos que no nos incumben?

-Acaso tú, Nulk, vas a esperar a que tu hacha vea luz cuando tengas al enemigo en la entrada de tu mansión? ¿Desde cuándo la casa del Martillo Chispeante pone en duda las decisiones del rey? ¿No son los enemigos de tu aliado los tuyos? Y así, ¿esperarías a que arrasasen a tus vecinos para luego ser simplemente el siguiente? Amigo, en asuntos de oro y gloria tanto el bien como el mal pecan de ambición.

“En el continente soplan vientos de guerra, no tardarían en llegar a nuestras costas estos que ahora vemos acorralados tras las murallas. Preparados vendrían contra nosotros sin piedad ni amistad, en pos de nuestra liquidación con el fin de eliminar toda sombra a su poder y grandeza.

No Nulk, no dejaré en manos de otro mi país, ni veré como se engrandecen a mi costa.”

La noche se cernía sobre Sulëdaelessar. Todo estaba listo. Un destacamento del Concilio había hecho una pequeña salida hacía pocas horas, pero los arqueros de vigilancia de Ântleïntzar, sobre los árboles, los habían rechazado sin apenas problemas.

La hora de la verdad se tornaba real, la inquietante calma de aquella noche parecía presagiar la tempestad que se avecinaba. Sin miramientos, ya chocaban los bloques de piedra contra las almenas y recias murallas, apenas visibles por las nebinas protectoras de la ciudad. Se oía el impulso y crujir de las piedras al colisionar, el fuego de las alquimias prendía el horizonte, la ciudad estaba en llamas…

Los comandantes ordenaron el paso ligero hacia las murallas, bajo sus escudos protegerían el acercamiento de los hombres hacia las puertas que, junto a unos cuantos enanos acorazados, transportarían el ariete y las escalas con sus propulsores. Ântleïntzar, una vez hubo dispuesto en hileras a sus elfos, dio la orden de cubrir los preparativos dirigiendo una lluvia de dardos contra las murallas.

Desde lo alto de las torres y almenas de la ciudad, las maniobras no pasaron desapercibidas y con arrojo se asomaron para repeler con brutalidad a los atacantes. Después de comprobar la inutilidad de las flechas normales contra el asalto del Valle, de las alturas llegó la segunda lluvia de proyectiles, esta vez flechas de punta especial que atravesaban las partes más débiles de las armaduras de los atacantes. Con fiereza respondieron los arqueros elfos que, con firme pulso, hacían caer a muchos defensores. Las escalas se elevaban cargadas de luchadores, soldados expertos em el cuerpo a cuerpo. La furia de Mhord ante las pérdidas alentaba las ganas de guerra. -¡Luchad!¡Seguid así!-Gritaba el asesino.....

Los enanos situados delante de las murallas movían con furia a “gor”, el ariete de acero, contra las puertas, haciéndolas rechinar en sus goznes. La desesperación y los gritos de muerte cubrían el campo, la sangre se mezclaba con la tierra arcillosa enfangando el lugar y vertiendo un peculiar hedor.

Fue entonces cuando “gor” consiguió derribar las puertas de la ciudad. Una oleada de guerreros del Concilio, que había estado esperando este momento, embistió a los soldados. Las fuerzas del Valle, incapaces de defenderse de tan violento ataque, dejaron que éste atravesara sus filas, dividiendo a sus tropas en dos grupos. La desesperación invadió al ejército del Valle, estando separados perecer sería fácil....

Pero fue entonces el momento en que llegaron los luchadores y asesinos de Mhord Alomeg al centro del combate, aquellos que no habían subido a las murallas. La estampa del terror se cernía entre las filas enemigas. Rápidos certeros, menospreciando su vida se abrían paso entre los defensores. Aún heridos aguantaban el dolor y partían por la mitad a sus adversarios. Los guerreros más temibles del Valle masacraban a los soldados del Concilio, mientras que los asesinos se centraban en los comandantes enemigos, matando a cualquier oficial que se cruzara en sus caminos.

Muchos flancos en las defensas abrieron estos cuerpos del ejército, y rápidamente los siguieron la segunda oleada de lanceros e infantes para asentar las posiciones.

Y cuando los guerreros del Concilio parecían recuperar la iniciativa llegó el golpe de gracia. Los enanos de la casa del Martillo Chispeante hicieron su presencia en Sulëdaelessar a través de un túnel oculto, antiguo y secreto, descubierto por los espías del Valle días antes del ataque. Actuando con sigilo, Nulk y los suyos habían penetrado en la ciudad a través de aquel pasaje, dejando en la batalla sólo a unos pocos, encargados del ariete, mientras el grueso del ejército del Concilio combatía fuera de las murallas. Blandiendo sus hachas, y con gran ferocidad, los enanos salieron de un callejón y ganaron las puertas de la capital, cortando así la posible retirada del enemigo hacia el interior y uniendo otra vez a las tropas.

Los elfos de Ântleïntzar empezaron a lanzar una cortina de flechas sobre las desmoralizadas fuerzas del Concilio, quienes retrocedieron para salir del alcance de tan mortal lluvia. Los comandantes de Nan-Tasarion tenían dificultades para mantener unido a su ejército.

El curso de la batalla había virado a favor de Valle del Ingenio, que, movidos por las ciegas ganas de lucha, no contaban a los caídos sino la constante progresión de pérdidas de los defensores. Mhord no prestaba atención ni a las bajas de sus propios asesinos...

Los cuernos de batalla sonaron desde las filas enemigas, y en los oídos del asesino se oyó la clara y susurrante voz de Ântleïntzar que, en su pensamiento, le comunicaba que el grueso del ejército de Nan-Tasarion estaba huyendo a través del bosque, dejando la ciudad a su suerte.

Las tropas del Concilio, superadas en esta batalla, se internaban en el Taurë Nan-Tasariona, buscando protección e intentando organizarse. Los guerreros del Valle daban caza a los más rezagados, capturando a aquellos que preferían rendirse. Lentamente, se mentalizaron de que habían vencido su primer combate. Sus caras se llenaron de alegría por el triunfo.

……………………………………………………………………………………….

Tras erradicar la resistencia de las calles más cercanas, las compañías de Mhord comprobaron como los enanos de la casa del Martillo Chispeante apresaban a defensores que mucho antes habían formado trincheras en la ciudad. Tardarían aún en conseguir el control de todos los barrios...

Las casas de curación, recién levantadas, estaban llenas de heridos. Los sanadores no tenían ni un segundo de respiro. La batalla había sido dura, y pasarían meses antes de que muchos guerreros pudiesen luchar, o tan siquiera alzarse, otra vez....

También se construyeron grandes túmulos y piras para aquellos que no habían tenido la suerte de poder ser sanados. Enemigos y amigos recibieron el mismo honor, pues su única diferencia se encontraba en sus alianzas. Caras de tristeza y dolor asistían a las ceremonias....

Pero antes, reunidos, Ântleïntzar, Nulk y Mhord, partieron con sus guardias a requisar el tesoro de la ciudad y buscar un lugar provisional en el que residir. En los palacios de los antiguos gobernantes ya habría tiempo de festejar y enviar informes al Valle. Sulëdaelessar tenía nuevo amo.

Escrito el 11-02-2005 17:10 #2

Dos Compañías del Valle del Ingenio se dirigían hacia tierras del Concilio de Nan-Tasarion, el destacamento del puerto de Tilondë era débil y carecía de naves, pues todas se encontraban luchando en la defensa de Losselen Tirion.

“Thorjil, organiza el desalojo de la capital, que las mujeres, niños y ancianos se dirijan a la seguridad de Telda Minya. Entrega este paquete a Isiloth.

Thorel, ve en busca de Thinedhel y pídele el Cuerno del Árbol Férreo.”

Con esas apresuradas palabras, Eärondûr abandonaba la ciudad de Sulëdaelessar y se internaba en el bosque.

En el norte del Taurë Nan-Tasariona, flanqueado por el hermoso árbol que sirve de hogar a Ian, se encuentra un antiguo y muy rústico poblado hobbit en parte en el suelo en parte en los árboles. Eärondûr entró en el poblado en busca del líder, entró en su choza y se encontró ante un mediano de aspecto salvaje con la tez verdusca y vestido con pieles, como representación de su cargo llevaba además una extraña máscara y un collar hecho con huesos de animales que había cazado en el bosque.

-Noble Ewôk Cascador, el bosque está en peligro y debemos defenderlo todos los que habitamos en él.

-Extraño elfo del Oeste, antaño hicimos un juramento de fidelidad con vuestro Concilio, si este es el momento de demostrar nuestra amistad, nosotros estamos dispuestos.

-No os pedimos que combatáis en la vanguardia de la batalla, sólo que despistéis y confundáis a los atacantes.

-Haremos todo lo que podamos. ¡Agr Bânh señor elfo!

-¡Agr Bânh maestro hobbit!. Me gustaría quedarme y ayudaros en lo que necesitéis pero se me requiere en la ciudad. Recordad que os necesitaremos cuando el bosque ruja de ira, no temáis la niebla pues es nuestra aliada...

El silencio reinaba en Sulëdaelessar cuando Eärondûr regresó del norte, hacía un par de días se había ordenado a todos los habitantes que no podían combatir, que se marchasen al sur de las tierras del Concilio, donde la guerra estaba aún lejana. El Capitolio, centro de la actividad del Concilio se hallaba ahora vacío y gris. Desde que los Capitanes partieron a defender las tierras del Nan-Tasarion nadie había vuelto a hablar en aquellas salas.

El elfo entró en las defensas de la ciudad y enseguida se encontró en el círculo de afiladas rocas con grabados rúnicos que rodeaban la piedra Sulëdaelessar que da nombre a la capital.

-Es el momento de darle un empujón a esta hermosa piedra –murmuró Eärondûr-. ¡Guardia! Convoca a los príncipes elfos, necesito verlos cuanto antes. Les esperaré en la biblioteca.

Eärondûr se encontraba revolviendo entre los libros más antiguos de la biblioteca cuando los elfos entraron en la habitación. El tono violeta de la piel de los elfos se veía acentuado por su creciente inquietud ante un inminente ataque y por la oscuridad que comenzaba a amortajar el bosque.

-Hermosa Daeriel, siempre es un placer verte –saludó Eärondûr a la princesa elfa-. Aunque siento que nos tengamos que encontrar en esta situación... nunca dispongo de tiempo de tiempo para visitar vuestra parte de la ciudad.

-Cierto es, joven Eärondûr, que siempre andáis de un lado para otro, pero siempre en la parte construida para el Concilio, aún cuando tengo entendido que os agradan más nuestras edificaciones.

-Sí, prefiero aquella parte de la ciudad, en ella se respira un aire más unido con la naturaleza... más élfico que el de la ciudad nueva. Pero últimamente tengo mucho trabajo con los nuevos soldados, más ahora que los demás señores han partido a la guerra.

-Eso hemos oído, que los demás señores partieron en busca de la batalla, pero que es ahora la batalla la que viene en nuestra busca...

-Triste pero cierto. Para eso os he llamado, necesito que invoquéis el poder de las runas de Sulëdaelessar mientras nosotros defendemos la ciudad.

-Haremos lo que podamos, el poder de la piedra será mayor que en cualquier ocasión anterior. Suerte Eärondûr.

Durante un par de días, una ingente cantidad de mensajeros y montaraces entraban y salían de la capital con noticias. Por fin, Thorjil regresó de Telda Minya.

Thorjil entró en el Cuartel de Adiestramiento pues Eärondûr le había convocado allí. El viejo guerrero atravesó el patio de entrenamiento y se dirigió a donde solía estar el elfo, una pequeña sala con un balcón que mira al bosque, toda repleta de libros, pergaminos y mapas para enseñar a los alumnos estrategias militares; Thorjil al entrar se llevó una sorpresa:

-¿Qué ha pasado con lo que había en esta habitación?

-Lo envié al oeste –respondió Eärondûr-. No voy a proporcionar a los atacantes una educación militar gratuita... que den gracias porque no me he llevado el mapa del Nan-Tasarion...

Hemos recibido noticias de Tilondë... malas noticias, el puerto ha caído y dos Compañías del Valle del Ingenio se dirigen hacia aquí. Estarán en los lindes del Taurë Nan-Tasariona mañana al mediodía, y si nadie lo impide llegarán a las puertas de la ciudad antes de la medianoche del día siguiente...

-¿Quién podría impedirlo? -le preguntó Thorjil.

-He ahí el mayor de nuestros problemas... las tropas del este están defendiendo Losselen Tirion del ataque de Nurn, por eso cayó el puerto. Con las tropas acuarteladas en Orod Eressëa no podemos contar y con los soldados de Puertas del Fin aún menos.

-Para eso fui al sur entonces... para pedir ayuda a la compañía de Isiloth. Pero entonces, ¿dejaremos indefenso el sur aún siendo el lugar donde hemos enviado a nuestras mujeres y niños?

-¿Te crees que estoy tan loco como para enviarlos hacia un lugar desprotegido?... No contestes... Tenemos aliados en el sur, ellos nos defenderían en caso de un ataque meridional.

Prepara a las defensas de la capital, cuando regrese, ya debe estar todo preparado para la defensa.

-De acuerdo... tú sabrás lo que haces ¿a dónde vas ahora?

-Bueno, ya que estamos en nuestro bosque lo usaremos para mejorar nuestra defensa... envié a Thorel Eladan a por el Cuerno del Árbol Férreo que se lo llevó Thinedhel a Puertas del Fin, con él podremos pedir ayuda a los Ents que viven por aquí. Sólo necesitamos su permiso para tocar el Cuerno sin que los Ents se vuelvan en nuestra contra. Volveré en cuanto pueda, date prisa con las defensas.

Eärondûr se encaminó a lo más oscuro e intrincado del bosque, necesitaba buscar ayuda para la defensa de la capital por todos los rincones del Concilio, por ello se dirigía ahora en busca del mejor apoyo que podía proporcionarle el bosque: los Ents que antaño protegían la capital.

En un pequeño refugio a los pies de una enorme formación de roca gris, toda ella tapizada por verdes enredaderas se hallaba un viejo sauce reclinado hacia un lado, tenía el tronco lleno de líquenes colgantes por lo que parecía que estaba vestido con una hermosa túnica de color verdoso.

Eärondûr se acercó al viejo tronco y se inclinó ante sus raíces:

-Héruonya -dijo en voz suave, pero el sauce no se movió...

Héruonya, I sure lausta nu aldar... -repitió el elfo en voz alta, cuando vio que el ent abría los ojos continuó-. Elve maure ohtar sí.

El Ent se enderezó y con una voz profunda y gutural respondió a la petición del Concilio:

\"Yuhta i Rasse ar elme lelyauvar nurunnar \"

-Que así sea Maestro Veorl.

Eärondûr regresó a la ciudad, la niebla era más densa que de costumbre, el poder de Sulëdaelessar estaba siendo acrecentado.

Por fin, cuando terminaba la tarde llegó a la ciudad Thorel Eladan con el Cuerno del Árbol Férreo que estaba en posesión de Thinedhel.

-Llegas justo a tiempo Thorel, suerte que recordamos quién era el Portador del Cuerno... ahora los Ents nos protegerán en el bosque y esperemos que puedan entrar en batalla.

Ahora preparémonos y descansemos, el bosque ya ha sido mancillado... los árboles se quejan. Mañana al anochecer llegarán los atacantes al círculo de la niebla.

La mañana anterior al ataque fue tensa, los tres capitanes se encontraban en el puesto de los vigías escuchando a su alrededor.

-¿Qué es eso que se mueve inquieto en el norte? Cada vez está más cerca... ¿es la segunda compañía del Valle? –preguntó Thorjil.

-No, ni mucho menos. Son hobbits... inusuales guerreros, pero igual de válidos que los arqueros elfos. Escuchad en el este... nada canta allí... ni el más mínimo grillo, el bosque no está conforme con esta visita.

El sol se ponía entre las hojas de los sauces, Eärondûr bajo a ver a los príncipes elfos que seguían con los encantamientos de las runas. Luego, mientras Thorel y Thorjil comandaban la defensa alta de la ciudad, salió de la capital, el Cuerno del Árbol Férreo resonó entre los árboles perdiéndose en el sur, los pájaros de los árboles cercanos huyeron volando. Al poco tiempo un grito profundo y cavernoso respondió a la señal hecha por el elfo, los Ents vigilaban el sur. Eärondûr regresó a la ciudad y las puertas se cerraron.

Los soldados del Valle consiguieron burlar la protección de la niebla y llegaron ante Sulëdaelessar, la respuesta del Concilio no se hizo esperar y una lluvia de proyectiles cayó sobre los atacantes. Pero aquello no fue suficiente, los enanos consiguieron que las puertas de la capital cedieran, Thorjil llegó a tiempo para salvar a los príncipes elfos que se encontraban en el círculo de las runas pero fue herido mientras se retiraban a un lugar más seguro.

Ante este contratiempo, Eärondûr decidió usar su arma secreta, hizo sonar un cuerno y los hobbits entraron en escena: cientos de pequeños seres escurridizos, armados con pequeñas dagas, cerbatanas y hondas corrían entre los atacantes cabalgando sobre los grandes jabalíes que se criaban al norte de Sulëdaelessar.

Gracias a ellos cayeron numerosos enemigos, pero la suerte no estaba de parte del Concilio, un gran número de enanos consiguió entrar en la ciudad mediante un túnel oculto.

Eärondûr sintió un estruendo a su espalda, al girarse para ver de qué se trataba, un pequeño hobbit lo embistió y el elfo cayó en mitad del campo de batalla con una pierna rota. Enseguida los atacantes se dieron cuenta la herida del elfo y corrieron a su encuentro, pero por suerte Thorel también le vio caer y fue en su ayuda. En esa precipitada carrera ambos fueron heridos por el enemigo, finalmente un grupo numeroso de soldados consiguió sacar a los dos capitanes malheridos del campo de batalla.

-Si teníamos pocas posibilidades de ganar antes de la entrada de los enanos en la ciudad, ahora tenemos menos... la ciudad está perdida, por suerte dentro no queda nada realmente de valor. Thorjil ha ayudado a salir a los elfos por la parte oeste.

Eärondûr sacó el Cuerno del Árbol Férreo y lo hizo sonar con todas sus fuerzas, la defensa de Sulëdaelessar había caído:

-¡¡Hobbits y defensores de la capital. Al sur, al sur ahora!! ¡¡Los Ents cubrirán nuestra retirada!!

Todos los soldados del Concilio de Nan-Tasarion corrieron al sur, atravesando la barrera de Ents que impedía que cualquier atacante los siguiese, ahora ellos debían reorganizarse en la espesura del bosque... por suerte lo conocían mejor que los atacantes, además al bosque no le gustaban los intrusos...

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Traducción de la conversación entre Eärondûr y Veorl:

-Señor de los Ents, el viento brama bajo los árboles... nosotros necesitamos guerreros ahora

-Usa el Cuerno y partiremos hacia la muerte

Escrito el 16-02-2005 16:06 #3

Valle del Ingenio Concilio de Nan-Tasarion Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 24

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 32 04-02-2005

VALLE DEL INGENIO:

Armadas perdidas 24: 840 puntos

8+ 8+ 8+ 8 = 32 / 4 = 8

Recuperables: 560

Recuperan: 448

Pierden: 392

CONCILIO DE NAN TASARION:

Armadas perdidas 32: 1120 puntos

8+ 8+ 9+ 8 = 33 / 4 = 8

Recuperables: 373

Las heridas sufridas por los personajes son del 90%

Recuperan: 298+315=613

Pierden: 507

Valle del Ingenio gana 300 monedas en concepto de batalla ganada.

El Concilio cede a Valle 100 monedas en concepto de retirada de batalla, más 500 monedas en concepto de saqueo de la capital.

LAS COMPAÑÍAS HAN SIDO ACTUALIZADAS Y ACTIVADAS, PUDIENDO ATACAR Y SER ATACADAS.

[Editado por Indil el 16-02-2005 22:44]

[Editado por gaurwaith el 19-02-2005 14:05]

Historia finalizada.