La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla C1 Del Concilio De Nan Tasarion Vs C3 Del Valle Del Ingenio

2005:02:19:11:04:10

Thralor

Año 3262 de la Segunda Edad

UNA VICTORIA, UN NUEVO DÍA

Por fin hemos llegado a los lindes del Taurë Nan-Tasariona. Tras un arduo viaje desde Azdakadar atravesando el Gran Mar, atracamos en el puerto tasariano Losselen Tirion. Allí nos esperaban con las armas en la mano, pero al ver la diferencia entre sus defensas costeras y nuestros barcos cargados de expertos luchadores, no nos interrumpieron. Un día de marcha es lo que nos costó alcanzar nuestra posición actual. Nada más llegar, nos dispusimos a acampar bajo el abrigo del bosque, que se mostraba amenazante y acogedor a la vez. Decidimos apostar unos cuantos elfos en las copas de los árboles, ya que, a pesar de las facilidades para entrar en el puerto, nunca es demasiada la prudencia cuando se está en territorio enemigo.

Dispusimos el campamento en círculos (como es costumbre entre las gentes del Valle), de tal forma que partiendo de la tienda central, propiedad del capitán Thralor de la casa de El Martillo Chispeante, cuanto más se aleja uno, va disminuyendo la jerarquía de los soldados. La tienda central era considerablemente más grande que las demás, y tenía el estandarte del ejército clavado en la entrada, de tal forma que se podía divisar desde lejos a pesar de niebla o lluvia.

Allí se reunieron el capitán Thralor y los tenientes Morna, Gil-Edhel y Erekan, todos pertenecientes a la casa de La Joya Dragón. En mitad de la noche, cuando todos los demás soldados estábamos dormidos, unas trompetas sonaron en los bosques; eran los elfos vigías que apostamos en los árboles.

-Mi capitán, una gran tropa se acerca desde el sur, no sabemos exactamente cuántos son -informó el elfo interrumpiendo en la tienda central mientras jadeaba por el esfuerzo de la carrera-, calculamos que serán unos 100 efectivos, pero con esta oscuridad no me atrevo a precisar más.

-Gracias Belenthrond, pensaba que nos dejarían dormir en paz, pero no va a ser así. ¡Todo el mundo a las armas! -ordenó Thralor.

-Capitán -interrumpió Erekan-, el tiempo apremia y no conocemos el terreno tan bien como ellos, pero aún contamos con la ayuda de este bosque y la oscuridad. Cómo decía mi padre: Muchas batallas se ganan, no por el valor de las armas, sino por saber apoyarte en tu entorno

Mientras los dirigentes debatían el plan a seguir, los soldados se preparaban para la guerra. En ese momento empezó a llover y todas las hogueras se apagaron. Por lo menos así los tasarianos que se dirigían a la batalla no podrían saber dónde estaban exactamente sus rivales. Empezaron con los preparativos. Por el centro de la formación, se dispusieron los enanos encabezados por Thralor; justo detrás de ellos y en posición semicircular se apostaron los elfos de los que disponía Gil-Edhel, de tal forma que pudieran disparar desde la lejanía de la batalla mientras los enanos, además de luchar en primera línea (como a ellos les gustaba), pudieran defenderlos de las descargas de flechas con sus escudos.

La lluvia chocaba contra las armaduras de los guerreros y mojaba las cabelleras de los elfos. Tilion se alzaba en lo alto del cielo. Los soldados esperaban con impaciencia la llegada de sus adversarios mientras los humanos de Morna y Erekan se adentraban en el bosque para la emboscada. Los cuernos de guerra se oían cada vez más cerca. El pesado paso de los soldados del concilio era lo único que se escuchaba entre el caer del agua.

Al cabo de unos minutos, un manto negro apareció desde el borde del bosque, era el ejército tasariano que venía en pos de nuestra muerte. Avanzaban con paso firme y desafiante, pero su número era inferior al calculado. La lluvia aumentaba y el suelo se iba convirtiendo en barro, lo que dificultaba el paso de la caballería del Concilio.

Al llegar al claro, y durante un instante, ambos ejércitos estuvimos quietos, desafiando al rival. En ese momento, para subir la moral, Thralor gritó:

-¡Baruk Khazad!

-¡Khazad ai-mênu! -le respondieron los enanos al unísono mientras golpeaban sus escudos con las armas.

El ejército de Concilio decidió continuar la marcha y cuando estuvieron a tiro, los elfos combinaron la lluvia con una de flechas, que hizo estragos entre los enemigos. Con la intención de eliminar a los arqueros elfos, la caballería se abalanzó contra nosotros a la mayor velocidad que el suelo permitía. Ante tal visión, los elfos dejaron sus arcos para tomar sus armas de filo. A su vez, los enanos dejaron sus escudos para coger las lanzas que tenían en el suelo, donde las clavaron apuntando a los jinetes que se acercaban cada vez más.

Casi la mitad de los jinetes cayeron, ya fuera muertos, heridos, o, simplemente, sin su cabalgadura presa de las lanzas enanas. El resto de la caballería resistió nuestro ataque dando el tiempo necesario al grueso del ejército a venir hacia donde nos hallábamos.

Tras este primer ataque de las tropas de Concilio, parecía que aquello podría ser nuestra tumba y que nuestra última palabra sería el grito de la muerte. Sus hombres aprovechaban su mayor corpulencia para ir ganando terreno a los enanos, y su caballería superviviente estaba haciendo estragos entre nuestros arqueros. Pero entre toda aquella matanza, con un último esfuerzo y antes de ser alcanzado por una flecha enemiga, Belenthrond consiguió dar la señal a los humanos de Morna y Erekan. Al verla, los hombres escondidos surgieron como fantasmas desde la impenetrable oscuridad del bosque en busca de su presa.

Los tasarianos, al oír el grito de guerra de aquellos soldados del Valle se sintieron desconcertados. Aún más reinó la confusión cuando se vieron rodeados por sombras invisibles que disparaban desde todos los ángulos posibles. La batalla que parecía perdida, se tornó a nuestro favor aumentando la moral de nuestros soldados. A lo lejos oí a Thralor volver a gritar Baruk Khazad y a sus hombres responder.

Entonces, y para sorpresa de todos, dos ents aparecieron ante sus caras, los más grandes que habían visto los integrantes de la compañía. Las estrellas quedaron escondidas tras sus cuerpos. Un momento de duda y miedo reinó en aquel momento. Aquellos seres enormes se acercaban despacio, disfrutando de la sensación que causaban, hasta que uno de ellos se desplomó al frente gracias a los enanos que, con sus hachas, debilitaron sus piernas. Los dirigentes tuvieron que dar un salto atrás para no ser aplastados por su cuerpo. De entre los enanos apareció Thralor que, blandiendo su hacha, dio un salto sobre la espalda del ent. Una vez arriba, alzó a Grugnír y la clavó en la espalda de la criatura.

El otro, al ver la muerte de su congénere, hirvió de cólera y con un rugido de ira asestó tal golpe con su gran porra de puntas, que envió al enano contra un árbol, con tan mala suerte que Thralor quedó atravesado por una rama y con un tremendo golpe en la cabeza que, a pesar de su yelmo, le dejó inconsciente.

Viendo este desastre, y con deseos de vengar a su capitán, los tres compañeros elfos asaltaron al ent con todas sus fuerzas. Morna y Gil-Edhel clavaban sus armas en las piernas de la criatura mientras Erekan subía por la espalda de éste. Una vez arriba, con rabia y un grito de guerra, el elfo clavó su espada en la cabeza del pastor de árboles, vengando así a su amigo.

Al ver caer otro de sus ents, los tasarianos decidieron retirarse. Los soldados escapaban hacia el sur y los nuestros les perseguían con intención de acabar con sus vidas. Pero en ese momento, Gil-Edhel se subió a la espalda de un ent muerto y se dirigió a los soldados:

-¡Quietos! Dejadles marchar, no hemos venido hasta aquí para masacrarlos, nuestros planes son diferentes y no tenemos autoridad para cambiarlos; pues son órdenes de nuestro rey, Yandros, y seguiremos con lo pactado hasta recibir nueva orden. Es hora de recoger a los caídos y llevarlos a casa, para honrar su muerte, gracias a la cual hoy podremos ver la luz del sol.

>>Cuando hayamos recogido a nuestros soldados, enviaremos un mensaje a los tasarianos y dejaremos que se lleven a sus caídos. Dejemos que vayan a las Estancias de Mandos en paz; ya se ha vertido demasiada sangre por hoy.>>

Mientras algunos se dedicaban a recoger los cadáveres, los druidas y los pocos sanadores de los que disponíamos hacían lo posible para no aumentar el número de víctimas.

Erekan estaba agachado junto al cuerpo de Thralor lamentando su muerte. Con ayuda de unos sanadores le quitó la rama, que se rompió por el peso del enano, clavada en el hombro izquierdo, tan cerca del corazón que perforó uno de sus pulmones, dificultando su respiración; pero el enano estaba frío como una piedra. Cuando lo iban a subir a una carreta para depositar su cuerpo, de repente el enano tosió y se llevó la mano al hombro. Los allí presentes nos sobresaltamos al ver que seguía con vida, y éste al abrir los ojos, vio a su amigo con cara de sorpresa diciendo:

-No puede ser, ¡Ese golpe hubiera matado a cualquier hombre!

-Je, je, je -rió el enano antes de que le viniera un ataque de tos-. Se necesita mucho para acabar con este enano, además, te prometí que beberíamos cerveza juntos en un palacio de estas tierras y pienso cumplir mi promesa.

-Eres terco incluso para dejar este mundo -contestó el elfo con lágrimas de alegría-, de lo cual me alegro en este momento. Tenemos que hablar de lo sucedido, pero antes debes recuperarte. Deja que te lleven y te curen esa herida. No te preocupes por Grugnír, yo te la guardaré hasta que puedas blandirla de nuevo.

En medio del asombro general por la suerte corrida por su capitán, la lluvia cesó y en el cielo Arien comenzaba su camino cotidiano. Aquel amanecer fue el más hermoso de cuantos hubiéramos visto los integrantes de la compañía, pues la presencia de la muerte que se palpaba de noche se esfumó con los primeros rayos de ese sol que calentaba los huesos que otrora estuvieran empapados.

De pronto, el astro se oscureció y todos nos asustamos, hasta que Morna nos tranquilizó diciendo que era un buen presagio, ya que lo que lo nublaba era el humo que provenía desde el interior del bosque. Sulëdaelessar había caído.

Sí, hemos ganado esta batalla, pero la guerra no ha hecho más que comenzar.

Otik, escriba y cronista de la Compañía 3, Barukbizar

[Editado por Thralor el 16-02-2005 19:53]

Galadhglir

En la fortaleza isleña de Losselen Tirion, las banderas seguían ondeando a media asta en recuerdo de los caídos en batalla contra los Señores de Nurn. Muchos habían sido heridos y muchos habían muerto, pero estaban claramente en tiempos de guerra, así que no podían prescindir de ningún hombre. Por eso, el jefe de los pescadores (y soldado del concilio) que había partido en la noche anterior con un grupo de barcas a buscar sustento para las tropas, llevaba un brazo vendado cuando se presentó al amanecer ante el duque Arioch en estado de alarma.

-Mi señor, los barcos que hace días venimos viendo acercarse a las costas están desembarcando, son muchos soldados con las insignias y banderas del Valle del Ingenio. Creo que van a atacarnos.

El Duque, que había previsto tal eventualidad y viendose imposibilitado de impedir tal avance de tropas, le ordenó a uno de sus hombres con oscuro acento:- Que la barca con los mensajeros más rápidos salga inmediatamente, para dar aviso a las compañías de Suledaelessar y Telda Minya.

Mientras observaba partir la barca con los mensajeros, Arioch reflexionaba acerca de los múltiples ataques. La sombra se acercaba al mediodía del Concilio y la promesa y la esperanza parecían eclipsarse en sangre y humo.

Las nubes cubrían la luz de Anar sobre la antigua ciudad Telda Minya, donde un soñoliento vigía escrutaba el llano que se extendía al norte, en una mañana pesada y silenciosa. Cuando estaba calculando cuántas horas de guardia le restaban hasta su descanso de mediodía, una nube de polvo en el camino llamó su atención. Pudo distinguir al jinete solitario que venía al galope directo a la ciudad, mucho antes de que el caballo cayera para no volver a levantarse, exhausto; luego vió como el elfo que lo montaba se levantaba y seguía corriendo hacia la ciudad. Reconociéndolo como uno de los mensajeros del Concilio y temiendo lo peor, mandó dar aviso a los capitanes.

Poco después, la capitana Sibila salía al encuentro del mensajero en su corcel alazán. Al rato, una preocupada Sibila entraba por las puertas de la ciudad portuaria con el mensajero en la grupa de su caballo, siendo recibida por un no menos preocupado grupo de oficiales.

Llamad a los capitanes!- les dijo aún antes de desmontar- Y preparaos para movilizarnos al norte: el ejército del Valle ha invadido nuestras tierras!

Mientras todos los soldados de la ciudad corrían de un lado a otro haciendo los preparativos de la campaña, los capitanes Sibila, Encaitar e Isiloth discutían la situación.

- ¿Hacia dónde creen que se dirigen? -preguntó la medio elfa Isiloth.

- Es muy probable que se dirijan a Suledaelessar... ya deben haber sabido que la capital sólo está defendida por su guardia regular, ya que las compañías del este combaten contra Tercano y en Losselen Tirion están ocupados con los nurnitas....- contestó Encaitar.

- Por eso Arioch nos envió el mensajero a nosotros... según su informe, han desembarcado muchos soldados de Valle, dos compañías completas al menos; Suledaelessar no podrá resistirlos sola y lo saben. Desde allí no ha llegado ninguna orden, pero estoy segura de que cuentan con nosotros- agregó la peliazul Sibila.

- De todas maneras, no podemos dejar esta ciudad indefensa ... nuestros aliados de la Fuente pueden apoyarnos aquí?- preguntó Encaitar.

Sonriendo, Sibila le dijo:- Ya les he enviado un mensajero, si los de Eithel-Glin parten apenas les llegue la noticia, estarán en la ciudad esta noche.

-Entonces deberemos confiar en que lleguen, no tenemos tiempo para esperarlos... Por lo pronto, vayamos al Taure Nan Tasariona, donde los habitantes del bosque o alguien de la capital podrá indicarnos algo más concreto- sugirió Isiloth y así se hizo.

Al medíodía, las tropas salieron de la bella Telda Minya, algunos quizás para no volver. Largo fue el camino hasta adentrarse en el sur del Bosque y allí era complejo mantener el orden de los soldados en la espesa floresta. Pero al encontrar a uno de los ents leales al Concilio, pudieron ver que no se habían equivocado al acudir: Suledaelesar ya estaba bajo asedio, sus defensas mágicas habían caído, quizás por algún artificio de los de Valle, y se combatía en las arboladas fronteras de la capital.

Los capitanes dudaron: ¿debían acudir a la defensa de la capital, o buscar la otra mitad del ejército que según el ent no había entrado al Taure Nan Tasariona? Optaron por esto último, pensando que si eran derrotados fuera del bosque, aún podían buscar su refugio y retroceder a la capital. En cambio, en Suledaelessar, sólo podían esperar el final; amargo o dulce, sólo Eru lo sabía.

Así fue como marcharon al norte, conducidos por secretos senderos de la floresta por el ent, de nombre Caradorn. Tortuosos eran sin embargo estos senderos, por lo cual recién cuando la noche convirtió el bosque en un mar de oscuras ramas llegaron a la zona norte. Avanzaban con cautela, porque los mismos árboles que los ocultaban, les impedían ubicar a distancia las fogatas del campamento enemigo y no era cuestión de toparsélos imprevistamente. En la humedad del aire se sentía la proximidad de la lluvia, lo cual sólo dificultaría las cosas.

Finalmente, uno de los exploradores de vanguardia afirmó haber visto brillo de hogueras en linde del bosque, al noroeste de su posición, a menos de media milla. Fue apropiado entonces acercarse con sumo sigilo, a fin de sorprenderlos, pero, repentinamente, el sonido de unas trompetas les hizo saber que eso no sería posible.

- Prodigiosa vista la de los Elfos del Valle, para vernos avanzar en la oscuridad de la noche y el bosque! Avancemos rápidamente!- gritó Encaitar, sus palabras enfatizadas por un trueno que abrió las fuentes de la lluvia... y de la batalla.

Corriendo casi desorganizadamente fuera del bosque, esperaban que su embestida fuera arrasadora, pero los enemigos fueron rápidos en prepararse: los elfos, detrás de las primeras filas de enanos, los recibieron con una bandada de emplumadas flechas. Los arqueros del Concilio contestaron inmediatamente y Sibila, rápida en tomar decisiones, dividió la caballería para que atacaran a los arqueros enemigos por los flancos. De su casco de mithril salía su melena color cielo, que hubiera ondeado en el viento en esa cabalgata desesperada, si no estuviera empapada como el suelo. Muchos caballos resbalaron en el barro y otros tantos fueron abatidos por las lanzas de los enanos, pero la caballeria estaba bien entrenada y a pesar de las cuantiosas pérdidas, pudieron distraer a los elfos y acabar con muchos de ellos.

El choque fue terrible cuando la infantería del Concilio llegó a las primeras filas enemigas. El grito de guerra tradicional de los enanos se escuchaba en ambos lados y los cuchillos y espadas élficas brillaban a la luz de Isil que se escurría ocasionalmente entre los nubarrones, convirtiendo el campo de batalla en destellos de plata aguada. Los ents combatían feroz y pesadamente, como era su costumbre, Caradorn entre ellos; Isiloth, al mando de los Hombres, enterró su espada Andüne inumerables veces en enanos y elfos. Sibila e Encaitar, aunque ambos heridos -ella por una lanza en la primera embestida; el elfo tenía todavía una flecha atravesada en el brazo izquierdo- podían ver que por el momento, las suerte les favorecía: los muertos del enemigo eran más numerosos que los propios.

Así continuó la batalla; en la mezcla del barro y la sangre reposaban los caídos y heridos, los ayes y los chirridos metálicos sólo se sentían débilmente, ahogados. Pero aún así, los tasarianos pudieron oír unos gritos de guerra desde el bosque a sus espaldas. Eran los Hombres del Valle, que evidentemente habían permanecido ocultos; habían caído en una trampa.

De esta manera, lo que parecía ser una victoria, cambió súbitamente con este nuevo movimiento enemigo: la fuerza y resistencia de los Hombres de Valle hizo estragos en todas las líneas del Concilio.

Los capitanes veían sus fuerzas disminuir peligrosamente, y la confusión dominaba a la mayoría de los que aún estaban en pie. Tocó a Encaitar ver la caída de un gran ent bajo las hachas y la embestida furiosa de Caradorn sobre el capitán del grupo, para luego caer ante la furia de sus compañeros, sin que él pudiera hacer nada por auxiliarlo.

Fue la gota de sangre que colmó el vaso; el elfo dió la señal de retirada y sus compañeras lo secundaron rápidamente al considerar también que ya eran demasiadas las pérdidas.

Al tener bloqueado el escape hacia el bosque, huyeron al sur, combatiendo mientras lo hacían; Valle no quería soltar la presa que ya tenía entre los dientes. Pero finalmente dejaron de ser perseguidos, y en Anlad, entre el bosque y el mar, la compañía de Telda Minya se reagrupó y acampó.

La derrota era grave para el Concilio: el ejército que dejaban atrás probablemente sumaría sus fuerzas al que ya sitiaba la capital y ellos estaban demasiado debilitados como para ser un apoyo eficaz. Pero más grave y preocupante para los capitanes fue que al ascender Anar en el este e irse la lluvia junto con la noche, una columna de humo salía desde donde estaba Suledaelessar. La bella ciudad, con sus edificios-árboles y sus antiguos monolitos, había sido tomada; no sabrían cuánto daño había provocado el enemigo hasta mucho más tarde.

Ahora, los soldados e incluso los capitanes parecían apesadumbrados y tristes; lágrimas en los ojos de quienes tenían familia allí. La arbolada ciudad era el orgullo y la gloria del Concilio, la piedra preciosa en la cual se cimentaba el reino y la fe del pueblo.

Pero Isiloth, con la pierna vendada y pálida por la pérdida de sangre, quiso luchar contra la desesperación como contra otro enemigo más, pues de su padre, un mortal, había aprendido mucho sobre la esperanza.

Entonces dijo a todos, en voz alta pero calmada: -El sauce no pierde sus hojas ante el invierno cruel... y un árbol quemado puede reverdecer- y sonrió.

[Editado por Galadan el 15-02-2005 02:49]

Delisse Yestariel

Concilio de Nan-Tasarion Valle del Ingenio Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 6

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 0 02-02-2005 21:36

9 Concilio de Nan-Tasarion Valle del Ingenio Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 12

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 14 08-02-2005 21:40

Resultado final de las dos tandas......

Concilio pierde 18 armadas= 630 puntos. Recuperables 210.

Valoración: 8+8+8+8+8= 8.

Las heridas de los personajes suman un 60%.

Luego recuperan 168+210=378

PIERDEN 252

Valle pierde 14 armadas= 490 puntos. Recuperables 327.

Valoración: 9+9+8+9+9= 8.8, luego recuperan 288. El personaje de Thralor ha recibido heridas de un 40% por lo que pierden 4 armadas menos, o sea, 140 puntos menos. PIERDEN 62

Además, Valle del Ingenio cobra 225 en concepto de batalla ganada.

El Concilio cede a Valle 100 monedas en concepto de retirada de batalla.

AMBAS COMPAÑÍAS HAN SIDO ACTUALIZADAS, Y ESTAN ACTIVAS POR LO QUE PUEDEN ATACAR Y SER ATACADAS.

[Editado por gaurwaith el 19-02-2005 14:20]